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Wednesday 28 Sep 2022 | Actualizado a 18:31 PM

Representación política

La democracia  boliviana requiere de organizaciones políticas sólidas y consolidadas

/ 5 de septiembre de 2013 / 05:15

Una de las asignaturas pendientes del régimen democrático es el establecimiento de un nuevo sistema de organizaciones políticas. Y es que del viejo sistema de la democracia pactada, que gobernó el país durante dos décadas, sólo quedan remanentes. Y tras siete años del actual proceso de cambio, aún no tenemos una estructura consolidada de representación política.

Según información del Tribunal Supremo Electoral, actualmente hay 11 partidos políticos y una agrupación ciudadana habilitados para postular candidaturas  en las próximas elecciones generales de 2014. Nuestro “sistema” formal de representación política, pues, tiene nada menos que 12 organizaciones. Pero este número, siendo significativo, puede resultar engañoso. Es necesario considerar la fortaleza de dichas organizaciones y, en especial, su articulación en un sistema.

¿Doce organizaciones políticas habilitadas para participar en comicios? ¿Y al menos otras cuatro en trámite de reconocimiento de su personería jurídica? Estos números, decíamos, constituyen una falacia. Y es que en rigor solamente cuatro partidos tienen posibilidades reales, hoy, de postular candidaturas a la presidencia del Estado Plurinacional: el dominante Movimiento Al Socialismo, los opositores Unidad Nacional y Movimiento Sin Miedo, y el recién reconocido Movimiento Demócrata Social.

Los demás partidos políticos, en tanto, en su mayoría, son residuales de la otrora “partidocracia”. ¿O es que, por citar algunos, ADN del extinto Hugo Banzer, MNR del gonismo en juicio de responsabilidades, UCS de la familia Fernández, PPB del fugado José Luis Paredes o la siempre concurrente Democracia Cristiana están en condiciones de presentar candidaturas propias? Lo más probable es que para mantener su existencia se adhieran a otro partido a cuenta de una alianza.

Pero, más allá del número de partidos de alcance nacional no sólo existentes sino efectivos en el país, lo más relevante es cómo se articulan entre ellos en un sistema de representación política, que como queda dicho está en lento y difícil proceso de edificación. Además, es importante su vinculación, en el ámbito subnacional, con las agrupaciones ciudadanas y organizaciones políticas de las naciones y pueblos indígena originario campesinos. Y también cómo se sitúan respecto a las democracias participativa y comunitaria.

La democracia intercultural boliviana, es importante asumirlo, requiere un sistema de organizaciones políticas fuerte y consolidado. Ello sólo será posible con organizaciones políticas, en sí mismas, también sólidas y consolidadas. Con la salvedad, que no es menor, de que la representación de la sociedad no pasa solamente por los partidos, sino también por diversos movimientos sociales, organizaciones indígenas, sindicatos y entidades cívicas, cuya capacidad de acción política excede ampliamente al voto en elecciones.

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No necesito que mi vida sea extraordinaria

/ 28 de septiembre de 2022 / 00:49

Hace muchos años, antes de que tuviésemos hijos, una vieja amiga de la familia que era psicoterapeuta le dio un amable consejo a mi pareja, Ian, que estaba preocupado dándole vueltas a su futuro tras su salida prematura del Cuerpo de Paz: no quieras que todos los momentos sean de 10 sobre 10, le dijo. A veces tienes que celebrar los que son de cuatro, de cinco o de seis.

Cuando me lo contó Ian, nos reímos. Nos hacía sentir conformistas, o directamente unos fracasados, no aspirar a algo mejor. Hasta entonces siempre habíamos puesto la mirada más allá de donde estuviésemos, en otros tiempos más prometedores. Se convirtió en una especie de broma familiar para nosotros, y si algo salía mal, decíamos: “¿Se puede celebrar un uno o un dos?”.

Ya no me río de ello. He acabado entendiendo el buen sentido de buscar la alegría, y saber encontrarla, en lo mundano, en lo común y corriente, incluso en lo francamente aburrido, sobre todo en esta época de afección global (y personal). Soy consciente de que no soy ni mucho menos la única que se esfuerza en valorar el momento presente. Es la esencia de la conciencia plena o mindfulness, y en lo que consisten mis esfuerzos (a menudo fallidos) de meditar. Pero me ha permitido permanecer quieta cuando quizá de otro modo nunca habría dejado de moverme.

A principios de junio, nuestra hija Orli, de 13 años, volvió a casa, en Washington DC, de un viaje escolar a Nueva York que llevaba tiempo esperando. El viaje le hacía mucha ilusión; fue lo que la animó durante su operación de pulmón para eliminar una lesión cancerosa, la tercera de ese tipo a la que se sometía desde que le hicieron un trasplante de hígado para tratar un cáncer hepático en marzo de 2020. Tras la operación tuvo que permanecer ingresada y pasar por una ardua convalecencia. Por un tiempo tuvimos tanques de oxígeno en casa, y detestábamos su presencia.

La mañana después de su vuelta de Nueva York, Orli se levantó muy enferma. Al cabo de 10 días, los cirujanos le extirparon un tumor cerebral maligno. A Orli dejó de funcionarle de pronto el lado derecho del cuerpo; ya no podía levantarse de la cama sin ayuda. Después la balanza se reequilibró una vez más. Orli se recuperó rápidamente de su cirugía cerebral. A las dos semanas de recibir el alta del hospital ya estaba montando en bicicleta. Empezó a leer más que nunca, y devoraba libros enteros; volvió a subirse a una tabla de surf.

Cada uno de esos valiosos días fue de 10, en realidad, pero lo que empecé a ansiar fueron los momentos de 4 y de 5. Incluso los unos y los doses nos parecían victorias. Al menos estábamos juntos, y no en un hospital.

Durante todo el verano —con las sucesivas sesiones de radioterapia, los números de los marcadores tumorales que se empeñaban en no decrecer, incluso la pesadilla de un breve ingreso en la UCI en otra ciudad de vacaciones— intenté vivir en lo que para mí es ahora el hiperpresente. No es que hubiese dejado de preocuparme lo que pudiera ocurrir al cabo de un mes, o de dos semanas, o el año siguiente, ni mucho menos. Era que solo podía concentrarme de verdad en el minuto presente.

Vivir en el hiperpresente puede tener sus inconvenientes. Me resulta difícil hacer planes con más de una semana de antelación; temo los momentos perdidos hasta un punto irracional; me da pánico no llegar a tiempo de darles las buenas noches a mis hijas, sabiendo que el día ha pasado ya y que no volverá.

Sin embargo, la insistencia de vivir en el presente significa que cada vez que Orli y yo discutimos no puedo seguir enfadada mucho tiempo. Le he pedido a su hermana, que cumplió nueve años este verano, que intente hacer lo mismo. A veces funciona y todo. Así que me tumbo ahí cada noche, a charlar con Orli y Hana; a veces sobre alguna cosa importante, y otras muchas no. Pero antes de permitirme preocuparme por el trabajo, los platos por limpiar o incluso un futuro viaje, intento simplemente estar aquí. Solo estate aquí, me digo, como una aplicación de autoayuda en modo repetición. Esta época del año es buena para eso.

A principios de septiembre, justo después de que empezara las clases, le realizaron a Orli una segunda craneotomía para eliminar una nueva lesión cerebral. Afortunadamente, salió de ella sin déficits. Antes de que acabara la semana después de su operación, ya se había leído otro libro; me dijo que no quería perderse los ensayos de la obra de teatro de la escuela.

Es extraordinario. Estoy cansada de que ella tenga que ser extraordinaria. Resulta que, en realidad, no necesito que la vida sea siempre de 10. Un buen seis, sólido, estaría bien. Esta noche incluso nos valdrá un cuatro. Estaríamos muy contentos de descansar aquí, en el cuatro.

Sarah Wildman es columnista de The New York Times.

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Aberrantes percepciones de democracia

/ 28 de septiembre de 2022 / 00:43

No ha sido la mejor opción, pero fue lo que desbloqueó el boicot de la oposición a la elección del Defensor del Pueblo durante cinco sesiones fallidas de la Asamblea Legislativa. Lo ideal hubiera sido que oficialismo y oposición elijan al funcionario con dos tercios de voto compartidos.

Lo que comenzó como una sorprendente concertación, terminó mal, con mayorías eludiendo la concertación y minorías evitando el derecho de las mayorías a hacer prevalecer su representación mayoritaria. Con minorías bloqueando una decisión democrática, que al final se destrabó el viernes con la elección de Pedro Callisaya.

Los siete postulantes que llegaron a la elección bicameral lo hicieron con la firma de senadores y diputados de oposición y oficialismo de la Comisión Mixta de Constitución de la Asamblea Legislativa. Incluso la calificación de requisitos, entre ellos de no militancia, y la meritocrática.

Sin embargo, no sirvió para validar la selección; la oposición pateó el tablero con el argumento de que el MAS cerró el paso a dos postulantes mejor calificados y que se decantó por uno de su línea política, como pasó en 2010 con Rolando Villena (+), que fue elegido con el mote de “masista”.

Atenido a su condición de fuerza mayoritaria, el MAS se decantó por Pedro Callisaya, tildado sin derecho a defensa de masista y ahora nuevo Defensor del Pueblo. Sucesivamente en las cinco votaciones, éste recibió el voto mayoritario del oficialismo y de algunos disidentes de Comunidad Ciudadana (CC) y de Creemos.

Pero nunca pudo conseguir dos tercios, CC optó por bloquearle el paso y Creemos, votar en blanco. La consigna no varió hasta que ambas fuerzas políticas fueron madrugadas por la elección del viernes, al calor de 32 legisladores de oposición con licencia, muchos por las celebraciones de Santa Cruz.

“Somos estúpidos”, “hay Defensor del Pueblo” y “a llorar al río”, admitió el diputado de CC Gustavo Aliaga.

Fue el más sensato, a diferencia de su alianza política, que, a través de un comunicado público, evitó reconocer a Callisaya y consideró su elección de “fraudulenta”, “violenta” e “ilegítima”.

La diputada Luciana Campero se puso al frente de la posición de su alianza y dijo que el comunicado de CC no la representa, que correspondía asumir culpas. “Las cosas están mal, debe existir autocrítica, autoevaluación y, sobre todo, reflexión”, dijo.

Sin embargo, el fin de semana, el jefe político de CC, Carlos Mesa, fiel a sus calificativos (recuerden lo de “fraude monumental” y “sucesión impecable”), desahució la elección de Callisaya, la que consideró de “espuria” y “maniobra artera”.

¿Qué había que hacer? Ni el MAS fue capaz de insistir con el diálogo (en la quinta sesión, el vicepresidente David Choquehuanca sorprendió con la convocatoria), y CC y Creemos se mantuvieron firmes en su decisión de boicotear la designación.

Ni lo uno ni lo otro fueron democráticos, menos abiertos a la concertación. Pero al MAS se le abrió la oportunidad de aprovechar la ausencia de casi la mitad de los legisladores de oposición y lograr dos tercios.

Más allá de la jugada política, Callisaya tiene legalidad y legitimidad, pero su designación forzada por las circunstancias no es buena señal de convivencia política ni de madurez democrática. No podemos esperar los bolivianos vivir de estrategias legislativas en decisiones importantes.

Sin embargo, la mayoría tiene derecho a hacer prevalecer su representación legislativa, sin que esto implique abusar de la fuerza para imponer y forzar. A juzgar por los méritos calificados, Callisaya tenía el derecho de ser designado y Cossío, no; más allá de la opinión subjetiva sobre sus antecedentes políticos e ideológicos.

Pero decir que la designación del Defensor del Pueblo es “aberrante” es una aberración. Es una percepción aberrante de la democracia el entender las cosas como uno quiere, como ciertos intereses propugnan, más allá de los valores reales.

¿Murió la democracia con esa elección? En ciertas oposiciones creen que sí. Sin embargo, esas mismas oposiciones validaron en 2019 la proclamación de Jeanine Áñez en una Asamblea Legislativa sin quorum ni mayorías, menos leyes; con sola una fuerza devenida de la conspiración y la mediación hegemónica que hasta quiso que se crea que esa sucesión “fue impecable”.

Rubén Atahuichi es periodista.

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Camacho apura el Censo pero no hace obras

/ 28 de septiembre de 2022 / 00:40

El aniversario de Santa Cruz encontró a este hermoso departamento oriental con una Gobernación sumida en el descrédito por los escándalos de corrupción y un ejecutivo incapaz, que no ha cumplido sus promesas electorales y que, hasta ahora, ni siquiera ha ejecutado la quinta parte de todo su presupuesto anual.

A esto se suma la soberbia del gobernador Luis Fernando Camacho, que, con su actitud beligerante contra el Gobierno y su insólita postura de no invitar a las autoridades nacionales a su festejo, lo único que ha conseguido es autoaislarse y deteriorar aún más su imagen ante las y los cruceños, que no ven obras en su departamento de parte de la Gobernación, aunque afortunadamente sí del Gobierno nacional.

El aplazo del gobernador Camacho contrasta con el dinamismo del gobierno del presidente Luis Arce Catacora, quien este mes ha recorrido Santa Cruz entregando obras importantes. Entre ellas, cabe destacar el Centro de Medicina Nuclear y Radioterapia, que da esperanza a miles de personas que requieren tratamiento médico contra el cáncer y otros padecimientos.

La agenda del gobierno del presidente Arce para Santa Cruz es amplia, y está referida a la infraestructura energética y vial, a la producción, la industrialización, el desarrollo humano, salud, educación y equipamiento. Igualmente, Arce Catacora tiene una política de diálogo abierto no solo con los productores, sino también con el empresariado cruceño, para trabajar coordinadamente por el desarrollo global del departamento.

Entretanto, en el lado opuesto, el gobernador Camacho, sin tener obras que ofrecer a Santa Cruz, se aferra a su única bandera de lucha que es pretender apurar el Censo Nacional de Población y Vivienda. Entonces, nos preguntamos ¿si Camacho no ha podido siquiera ejecutar el presupuesto departamental, por qué quiere apresurar el Censo?

Obviamente, la razón de la confrontación de Camacho es la de no perder vigencia política ante su ineficiente gestión, en una Gobernación que, además, está manchada por actos de corrupción y un exsecretario de Salud y hombre de confianza prófugo.

Numerosos representantes del pueblo cruceño y de sus instituciones, incluida la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), han manifestado su rechazo a los nuevos actos de confrontación y paros que impulsa la Gobernación, así como la realización de otro cabildo, señalando que el único objetivo que persigue Camacho es disimular su mala gestión.

Si Camacho y el Comité Cívico siguen sin mirar y entender a Santa Cruz y menos al país, propiciando solo paros, huelgas y violencia, como única propuesta, seguirán perjudicando a este hermoso departamento oriental, que indudablemente merece una gobernación que trabaje por y para las cruceñas y cruceños.

Patricia Montaño Durán es licenciada en Historia.

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Retomando a la naturaleza en las urbes

/ 28 de septiembre de 2022 / 00:36

Hace unas semanas veía cómo mi vecino cortaba un árbol que “ensuciaba” su acera. Sentí una gran impotencia y pena al ver cómo este maravilloso ser era tumbado en cuestión de horas. Día a día, somos testigos de cómo nuestras ciudades van “comiéndose” a los árboles y a los espacios verdes, dando paso a la infraestructura de cemento en una paulatina desvalorización de la naturaleza y desconexión con ella.

La pérdida de la biodiversidad, los ecosistemas naturales y sus funciones ambientales esenciales, dan paso a un sistema urbano funcionalmente incompleto que depende de otros ecosistemas a grandes distancias, donde ocurren los procesos imprescindibles para su subsistencia, como la producción del agua.

Asimismo, las evidencias muestran que lejos de lo estético, las áreas verdes, como bosques urbanos, parques, jardines y calles arboladas, cumplen un papel fundamental para aportar a dicha funcionalidad ecosistémica que la ciudad necesita, y contribuyen significativamente al bienestar de sus habitantes.

Gracias a estos espacios, la purificación del aire, la regulación microclimática, la reducción de los ruidos, el hábitat y refugio para diversidad de especies son posibles. Además, eventos extremos debidos al cambio climático, como las inundaciones, pueden ser controladas reduciendo los flujos de agua de lluvia, permitiendo la infiltración y mejorando la permeabilidad de los suelos. No menos relevantes son otros beneficios como el esparcimiento y recreación que mejoran la salud mental y emocional de la gente. Inclusive un solo árbol urbano es capaz de proporcionar todos estos beneficios.

La crisis del COVID-19 nos mostró que las ciudades no están aisladas de los desafíos globales y cuán importante es que estén preparadas para dar a las personas buenas condiciones de vida. Retos como la lucha contra el cambio climático, la pobreza y la desigualdad deben ser encarados desde y en las ciudades. A su vez, éstos son clave para definir qué tipo de ciudades necesitamos para soportar un futuro impredecible.

Las cifras muestran que el crecimiento urbano es una tendencia mundial. Hasta 2021, el 56% de la población del planeta estaba concentrada en ciudades y se espera que hasta 2050 llegue al 68%. En Bolivia, la población urbana alcanza el 65% y se estima que llegue al 75% en 2025. Las ciudades demandan gran cantidad de recursos, consumen el 70% de la energía mundial, emiten el 75% de los gases de efecto invernadero (GEI), generan grandes volúmenes de residuos sólidos y contaminación del agua.

A medida que éstas crecen, su exposición al cambio climático y el riesgo de desastres también aumenta. En los países en desarrollo este proceso es más marcado, a medida que las ciudades crecen aceleradamente, y mayormente sin planificación, también aumenta la cantidad de población pobre y vulnerable a eventos extremos como inundaciones, olas de calor y sequías.

Nos enfrentamos a un futuro urbano que nos ofrece la oportunidad de construir ciudades más saludables, inclusivas, resilientes y sostenibles retomando a la naturaleza y asignándole un rol central a favor del bienestar integral de las personas. Mantener y aumentar la cantidad, calidad y diversidad de nuestros espacios verdes es una posibilidad para hacer frente al cambio climático y mejorar nuestra calidad de vida. Estamos llamados a poner nuestro granito de arena, mantener nuestros jardines y nuestras aceras, apreciar y respetar nuestras áreas verdes, y especialmente a reconstruir una relación más consciente con la naturaleza.

Heidy Resnikowski es subgerente de Planes de Manejo de la FAN.

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Bolivia sí está saliendo adelante

/ 27 de septiembre de 2022 / 01:41

La crisis económica que viene azotando al mundo dejó a muchos países con las posibilidades limitadas de poder alcanzar mínimas tasas de crecimiento asociado a altos índices de inflación y endeudamiento (organismos internacionales han vaticinado la caída del crecimiento que hubo en 2021 de 6,1% en el mundo, al 3,2% para este 2022), esto provocó que analistas y otras instancias empiecen a lanzar propuestas de política económica y, como en repetidas ocasiones, se formulan recetas únicas para todo un conjunto de sociedades en el mundo completamente diferentes, que además tienen ya una data histórica de desastres sociales y económicos, fruto del ya conocido modelo neoliberal.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), como no podía ser de otra manera, pone nuevamente de manifiesto su acérrima posición de defensa al achicamiento del Estado, la reducción de gastos que tienen finalidades sociales y la deconstrucción del Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP, implantado en Bolivia desde 2006), que viene siendo la antítesis de lo planteado en otra hora por sesudos artífices del caos socioeconómico que vivió el continente latinoamericano a finales de los años y principios de los 2000.

El informe del artículo 4 presentado por el FMI está profundamente contradicho dentro del mismo documento, ya que elogia nuestra reducción de pobreza, pero critica las políticas que generaron esos resultados; el mismo encontró un nicho de defensa de sus recomendaciones en las publicaciones de Juan Antonio Morales, expresidente del Banco Central durante la que fue la época mas calamitosa en lo que se refiere a indicadores de orden macroeconómico en Bolivia. No solo el crecimiento que se tuvo en este periodo no superó el 3%, sino que las reservas internacionales no llegaron a más de $us 1.000 millones. Menciona además una preocupación intensa sobre el déficit fiscal en su último artículo, olvidando que cuando él era autoridad, tanto en la política fiscal como monetaria, todo el gobierno era fielmente obediente a los empoderados directores del FMI; pese a esa dócil posición, en Bolivia existía un déficit fiscal incluso en la cuenta corriente, que no pudieron solucionar hasta su estrepitosa salida del poder.

Por otro lado, es bueno recordar que el neoliberal gobierno de Juan Antonio tuvo otro boom de precios internacionales de los commodities que representan gran parte de nuestras exportaciones, sin embargo todo este excedente que se generó tenía como grandes ganadores a empresarios privados por una parte, pero principalmente a extranjeros que tenían el control absoluto de empresas que fueron creadas originalmente por el Estado y lograron ser privatizadas supuestamente para conseguir inversiones que nunca llegaron.

Hoy Bolivia, en un contexto sumamente complicado por todas las externalidades a su economía, logra tener una tasa de crecimiento económico de 4% para el primer trimestre, una política de control inflacionario efectiva que hace que nuestro país tenga 1,6% de tasa de inflación, la más baja del continente y una de las más bajas del mundo. Un saldo de la balanza comercial de 2,8% respecto al Producto Interno Bruto (PIB), otro indicador que nos pone en el primer lugar de Latinoamérica. El déficit fiscal se redujo de 12,7% (obra y gracia del gobierno de facto) a 9,7% para 2021 y para 2022 se espera un 8,5%, con una tendencia a la baja, lograda a través del control de gasto corriente e incremento en el gasto de inversión que mejora la calidad de vida de la gente. Y por último, y no por eso menos importante, mercados abastecidos con bienes y servicios siendo transados con total normalidad en todo el territorio nacional.

Otro punto que se hace menester poner sobre el tintero es que a través de un control efectivo del gasto público, la calificadora de riesgo Fitch Ratings mantiene la calificación riesgo país del Estado Plurinacional de Bolivia en B, con perspectiva estable; esto significa que la proyección de déficit fiscal de 8,5% respecto al PIB, planteado en el programa fiscal del Gobierno, podría ser mucho más bajo para fin de año; además de que indicadores como deuda pública, reservas internacionales netas, producción hidrocarburífera, balanza comercial, transformación de la matriz productiva y energética, entre otros, fueron analizados y encontrados satisfactorios para la firma internacional, dejando claro que Bolivia no solo está en un sitial privilegiado dentro de las economías regionales, sino que viene mostrando cómo un MESCP logra hacer que los bolivianos salgamos adelante.

Mike Gemio es economista. Tiene una maestría en Gestión y Políticas Públicas.

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