Voces

Sunday 4 Dec 2022 | Actualizado a 14:11 PM

Elogio de la biografía

Las biografías de los escritores deberían contar aspectos que ayuden a comprender mejor su obra

/ 7 de septiembre de 2013 / 04:49

Dice Lezama Lima que un lector de literatura puede tener un libro en sus estantes durante años, hasta que de pronto una fuerza misteriosa decide que ha llegado el momento de leerlo. En otros casos, por el contrario, hay libros que uno lee apenas los compra. Hablaba de esto para resaltar el papel agraciado y venturoso que cumple el azar o el capricho en el consumo personal de la literatura, o incluso de cualquier producción libresca. Ahora que se puede disponer de los libros con gran facilidad, me parece que este papel del albur en su consumo se ha vuelto tanto más saludable, para no desesperar de la avalancha a disposición.

Hace días encontré en una librería la famosa biografía de Proust escrita por George Painter (que andaba buscando hace tiempo), pero sólo el segundo tomo, y la compré, aun sabiendo que quizá ya no lea el primero. Decidí obedecer a este otro azar, mucho más si esa segunda parte es la volcada precisamente a describir los años en que un Proust ya maduro para su obra, la emprende finalmente hasta su muerte. Es que, tratándose de grandes escritores, el interés básico de sus biografías es, o debería ser, contar los aspectos de su vida que ayudan a comprender mejor su obra, y no iluminar, como a menudo ocurre, sus intimidades o secretos.

Éste de la biografía, se sabe, es un tema polémico y muy trajinado, sobre todo desde que la llamada nueva crítica del siglo XX, tanto en el contexto latino como en el anglosajón, despreció ocuparse de la vida de los escritores en aras de lo que éstos dejaron como obra (bajo el argumento conocido como falacia biográfica), pero también por el señalado problema espinoso de la privacidad a que tiene derecho un escritor, incluso después de muerto.

Leon Edel, el biógrafo de Henry James, tiene un precioso e inteligente librito dedicado a explicitar en sus múltiples y apasionantes aspectos lo que con justicia llama el arte de la biografía. Y si lo llama arte ya no es necesario abundar en la decidida apuesta que hace por el valor estético de la narración de las vidas no sólo de los artistas. Se llama en español Vidas ajenas. Principia Biographica, y en él, entre muchas otras cosas de un valor sin desperdicio, cuenta a modo de anécdota que I. A. Richards, entonces uno de los gurús de la nueva crítica en inglés, le había reprochado observar detalles de la vida de James en Una vuelta de tuerca, uno de los célebres relatos del novelista norteamericano. “¡Nada de biografía! Aténgase al texto”, le habría espetado triunfante el crítico. Minutos más tarde, sin embargo, se le había escapado el comentario de cuánto le había ayudado a entender los cuentos de James enterarse de la actitud que éste tomaba frente a los comentarios. ¿Nada de biografía?

En nuestro medio, Carlos Medinaceli se ha ocupado del tema, aficionado como era a leer vidas de gente eminente. Se llama Apuntes sobre el arte de la biografía, y está incluido en el libro que se conoce como La inactualidad de Alcides Arguedas (digo se conoce porque, como casi todos los libros de Medinaceli editados por Amigos del Libro, es una “juntucha” de textos, hecha con las mejores intenciones del mundo, pero sin mínimos requisitos editoriales. No se sabe, por ejemplo, dónde ha sido publicado este artículo, de manera que hay que presumir por su lectura que se lo hizo por entregas en algún periódico paceño, en 1944 o poco después).

Aunque extenso y pleno de información, este texto no es lo mejor que Medinaceli ha hecho. Pese a ello, como todo en él, muestra más seriedad y conocimiento que la mayoría de sus contemporáneos. Pondera, por ejemplo, presuntas biografías de un nivel bajísimo, como el que Moisés Alcázar hace de Abel Iturralde, politiquero nacional de la primera mitad de siglo XX, pero al mismo tiempo demuestra un notable grado de erudición sobre la biografía internacional y nacional de la época.

No se puede decir que en Bolivia tengamos buenas biografías, no sólo literarias, sino en general, así que, como adscrito a la posición Leon Edel, espero que algún miembro de las entusiastas nuevas generaciones literarias se anime a encarar el arduo arte de la biografía literaria.

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¿Cómo China perdió la guerra contra el COVID?

/ 4 de diciembre de 2022 / 01:08

¿Recuerdas cuando el COVID iba a instaurar a China como la potencia dominante del mundo? Todavía a mediados de 2021, mi bandeja del correo estaba llena de alusiones a que el aparente éxito de China en contener el coronavirus mostraba la superioridad del sistema chino respecto al de las sociedades occidentales que, como dijo un analista, “no tenían la capacidad de organizar con rapidez a todos los ciudadanos en torno a un objetivo particular”.

En este momento, sin embargo, China se tambalea mientras otros países están regresando, más o menos, a la vida normal. El país continúa con su política de cero COVID, imponiendo restricciones draconianas en las actividades cotidianas cada vez que surgen casos nuevos. Esta situación está provocando grandes dificultades personales y entorpeciendo la economía; las ciudades en confinamiento representan casi el 60% del PIB de China.

A principios de noviembre, según informes, muchos trabajadores huyeron de las instalaciones de Foxconn, una enorme planta que fabrica iPhones, no solo porque temían quedar confinados, sino también por temor a pasar hambre. Y en los últimos días, muchas personas en ciudades de toda China se han enfrentado a una represión férrea por manifestarse en contra de las políticas gubernamentales.

No soy experto en China, y no sé qué consecuencias tendrá esto. Por lo que entiendo, los verdaderos especialistas en el país tampoco lo saben. Pero creo que vale la pena preguntarse qué lecciones podemos sacar del paso de China de ser un posible modelo a seguir a convertirse en un ejemplo de debacle.

Es importante enfatizar que la lección no es que no debamos implementar medidas de salud pública durante una pandemia. A veces esas medidas son necesarias. Pero los gobiernos deben ser capaces de cambiar las políticas públicas ante circunstancias cambiantes y a partir de nueva evidencia.

Lo que estamos viendo en China es el problema de los gobiernos autocráticos que no pueden admitir sus errores y no aceptan evidencia que no les gusta.

En el primer año de la pandemia, las restricciones severas, incluso draconianas, tenían sentido. Nunca fue realista imaginar que los mandatos obligatorios del uso de mascarilla e incluso los confinamientos podrían evitar la propagación del coronavirus. Lo que podían hacer, más bien, era ralentizarla.

En un inicio, el objetivo en Estados Unidos y en muchos otros países era “aplanar la curva” y evitar un pico de casos que desbordaran los sistemas de atención médica. Después, cuando quedó claro que habría vacunas efectivas disponibles, el objetivo fue o debería haber sido retrasar las infecciones hasta que la vacunación generalizada lograra brindar protección.

Vimos esta estrategia en lugares como Nueva Zelanda y Taiwán, que al comienzo de la pandemia impusieron reglas estrictas que mantuvieron los casos y las muertes en niveles muy bajos y luego, cuando sus poblaciones alcanzaron la vacunación generalizada, flexibilizaron las reglas. Incluso con las vacunas, la apertura derivó en un aumento pronunciado de casos y muertes, pero no tan grave como habría ocurrido si estos lugares se hubieran abierto antes, por lo que el total de muertes per cápita ha sido mucho más bajo que en Estados Unidos.

Pero los líderes de China parecen haber creído que los confinamientos podrían acabar con el coronavirus permanentemente, y han estado actuando como si todavía creyeran eso, incluso cuando hay una cantidad abrumadora de evidencia que prueba lo contrario.

Al mismo tiempo, China fracasó en diseñar un plan B. Muchos chinos de edad avanzada —el grupo más vulnerable— aún no tienen su esquema completo de vacunación. China también se ha rehusado a utilizar vacunas fabricadas en el extranjero, a pesar de que las vacunas creadas en el país, que no usan tecnología de ARNm, son menos efectivas que las que están recibiendo en el resto del mundo.

Todo esto deja al régimen de Xi Jinping en una trampa creada por él mismo. Está claro que la política de cero COVID es insostenible, pero eliminarla significaría admitir el error, algo que no les resulta fácil a los autócratas. Además, relajar las reglas significaría un aumento importante en los casos y muertes.

No solo muchos de los chinos más vulnerables no se han vacunado o han recibido vacunas de menor eficacia sino que, como se ha buscado erradicar el coronavirus, pocas personas tienen inmunidad natural. También el país tiene muy pocas camas de cuidados intensivos, lo que hace que China no tenga la capacidad de lidiar con una ola de COVID.

Es una pesadilla, y nadie sabe cómo terminará. Pero ¿qué es lo que el resto de nosotros podemos aprender de China?

Lo primero es que la autocracia no es, en realidad, superior a la democracia. Los autócratas pueden actuar con rapidez y decisión, pero también pueden cometer grandes errores porque nadie puede decirles que se equivocan. En un nivel básico, existe una semejanza clara entre la negativa de Xi a rectificar su política de cero COVID y el desastre de Vladimir Putin en Ucrania.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía y columnista de The New York Times.

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La venganza será terrible

/ 4 de diciembre de 2022 / 01:01

Hace un par de semanas estuve en Rosario, hermosa ciudad con jacarandás. Fui a Argentina después de varios años, debido a la pandemia. El motivo de mi viaje fue especial porque estaba invitado al Congreso de la Democracia, un evento que organiza la Universidad Nacional de Rosario y al que asisto desde hace varias versiones. Es un excepcional espacio de encuentro con amigas y amigos para compartir, dialogar, chismear y debatir acerca de la política y la democracia en nuestros países y en la región. Así es en cada oportunidad, sin embargo, ahora ocurrió algo extraordinario.

En esta ocasión presenté mi libro Transiciones. Ensayos sobre democracia en tiempos de crisis (Bolivia 2019-2021) y me solacé con los comentarios de Esteban Iglesias y Mel Argento, colegas argentinos de lectura profunda y palabra precisa. También fui invitado a integrar el comité asesor de un Centro de Estudios en Teoría Política y Social. Un verdadero honor. En el acto de presentación de ese centro empezaron a ocurrir cosas raras. En mi intervención resalté mis múltiples vínculos con la cultura argentina y destaqué que mi próximo libro estaba dedicado a un intelectual de ese país: Alejandro Dolina, cuyo talento traspasa las fronteras disciplinarias o las anuda para contarnos múltiples historias con un estilo peculiar y transmitir lúcidas y poderosas ideas. Lo hace en su programa radial La venganza será terrible que se emite cada medianoche desde hace varias décadas. Es tal su fama que realiza giras por diversas ciudades para transmitirlo en teatros colmados de gente. Entonces, una colega me avisa que el programa de Alejandro Dolina se emitirá en el cine Broadway ese fin de semana. Nada menos. El asombro me condujo a postergar mi viaje y esperar el sábado para asistir al espectáculo.

Fui a comprar una de sus novelas —sí, también perpetra literatura— para pedirle una dedicatoria “a la salida”. Me puse a leer Notas al Pie mientras esperaba la visita de mi amiga Cecilia Lesgart que había conseguido boletos para asistir a esa función. Sin embargo, decidí no llevar ese libro porque es muy pesado, hace calor, será difícil acercarse al autor, etc., y tomé el ascensor del hotel para salir al encuentro con la calle. Para mi asombro, cuando se abrieron sus puertas, mi encuentro fue con Alejandro Dolina. Estaba tomando café y leyendo notas en el salón. Solo. Tomé coraje y le pregunté si era molestia. Dijo que no y le conté que era boliviano, que escribía sobre política y que presentaría —en dos semanas— un libro titulado Resistir y retornar. Avatares del proceso decisional en el MAS-IPSP y que ese libro estaba dedicado a él. Sí, a Alejando Dolina, que también es un anagrama.

Y le conté las razones de mi dedicatoria: después del golpe de Estado en 2019 en mi país, le dije, para mitigar la rabia, el miedo y la incertidumbre opté por tomar whisky y escuchar La venganza será terrible para conciliar el sueño. Esa compañía, cada noche, fue mi refugio para reflexionar y escribir… y salió ese libro. Él estaba perplejo, pero no se notaba. Le dije que le mandaría mi libro para que ojee la dedicatoria. No es necesario, respondió, y me pidió que vaya por el ejemplar de su novela y, obviamente, corriendo fui. Esbozó una sonrisa mientras sus ojos brillaban y escribió pausadamente: “Tu aparición fantasmal en la tarde restituye la fe en la política. Tal vez la casualidad nos ayude, ante la ausencia de las ideas. Un abrazo queda”. El resto no merece comentario alguno.

Fernando Mayorga es sociólogo.www.pieb.com bo/blogs/ mayorga/ mayorga.

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Nuevos acomodos geopolíticos

/ 4 de diciembre de 2022 / 00:53

A pesar de la inestabilidad e incertidumbre que caracterizan al panorama internacional, se pueden identificar los principales vectores que impulsarán el largo proceso de transición geopolítica global. En efecto, Estados Unidos y la China ya han fijado en sendos documentos estratégicos sus posiciones respecto de la visión y los objetivos de su política internacional de largo plazo.

No es la primera vez en la historia del mundo que el orden internacional sufre profundas transformaciones cuando cambia la correlación de fuerzas entre las principales potencias. Un ejemplo bien conocido es el traslado de la hegemonía internacional desde Gran Bretaña a los Estados Unidos, como consecuencia de dos guerras mundiales y una gran depresión entre 1914 y 1945.

Con miras a establecer los efectos de dicha transición respecto de las opciones de desarrollo de América Latina, Raúl Prebisch estableció la metáfora del Sistema Centro-Periferia, que sirvió durante varias décadas de base analítica en el ámbito de la CEPAL. Lo esencial de dicha interpretación radica en la diferenciación estructural entre las economías del Centro y las de la Periferia, así como en las asimetrías consiguientes que se derivan de la división internacional del trabajo entre ellas, puesto que los beneficios de la especialización internacional se apropian de manera desigual.

Siendo las economías del Centro el origen del ciclo económico y del progreso tecnológico, las economías de la Periferia serán dependientes e incapaces de retener el total del excedente que generan, a menos que un conjunto de políticas económicas, comerciales y financieras adecuadas contrarresten la propensión concentradora inherente al funcionamiento espontáneo del sistema. A tal efecto, resulta imprescindible tomar en cuenta las diferencias estructurales entre la economía central anterior y la que la sustituye en el nuevo orden.

El acierto innegable de la interpretación de Prebisch consistió en proporcionar los argumentos analíticos suficientes para que los países latinoamericanos respondan en su época al cambio hegemónico en el Centro con una importante transformación de su aparato productivo y de su inserción internacional.

La metáfora de Prebisch es ciertamente una estilización inicial, pero sirve bastante bien para añadirle los rasgos estructurales de la economía internacional fragmentada entre dos grandes potencias con vocación de supremacía, algo más de unas cuarenta economías de desarrollo avanzado y más de cien economías periféricas y semi periféricas, ubicadas en América Latina, Asia y África, que constituyen los territorios en disputa entre los Estados Unidos y la China, con sus respectivos aliados y zonas potenciales de influencia.

A partir de una tal visión esquemática de la constelación internacional de fuerzas al comienzo de la transición geopolítica global en que nos encontramos, es posible proponer algunas consideraciones sobre las opciones de América Latina en ese contexto.

En primer lugar, ninguno de los países latinoamericanos está en condiciones de plantear con éxito sus intereses en los diferentes foros y escenarios de la negociación de las reglas del juego del sistema económico internacional. Únicamente la participación de América Latina como un jugador global agrega la capacidad necesaria para terciar en las negociaciones internacionales de los grandes temas de la época.

Segundo, en vista de las diferentes modalidades de relacionamiento actual de los países de América Latina con Estados Unidos y la China, una tarea primordial para el futuro inmediato consiste en la articulación de los diferentes mecanismos de integración y cooperación existentes, de manera que se incremente la capacidad negociadora de la región como tal, se contrarresten las tendencias centrífugas y se evite la indeseable bifurcación geopolítica de la región.

Horst Grebe es economista

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Stéphanie, Manuela, Camila

/ 4 de diciembre de 2022 / 00:48

Stéphanie Frappart fue la primera mujer árbitra (y no árbitro, con o) en un Mundial. Solo por este hecho que marca en la historia del fútbol y en la historia a secas, me instalé frente a la tele 15 minutos antes del pitazo de Stéphanie. No le iba ni a Alemania ni a Costa Rica en ese 1 de diciembre a las 14h45; le iba a las mujeres que alcanzan sus sueños y rompen el celofán del arco para que miles las sigan. No les dije nada a las amigas feministas porque es posible que muchas piensen que el fútbol es el universo macho que no tiene por qué estar en el campo de consideraciones de las luchas de las mujeres. Y de repente, con lo anterior solo confirmo prejuicios. El caso es que las mujeres ya votan; las mujeres ya pueden ir a la escuela; las mujeres ya pueden soñar y hacer estudios universitarios; las mujeres ya se ganaron puestos en la dirección de empresas, de organismos internacionales, ya son presidentas de países, ya son ministras, ya son directoras de cine, ya son directoras de orquestas, ya hacen volar aviones y desde el pasado jueves, ya imparten justicia en los mundiales de fútbol. Sin permiso de nadie, a punta de querer, luchar y lograr. La emoción que esas páginas de Extra y después LA RAZÓN despertaron con la noticia de Frappart se parece mucho a la que hizo sentir mi ahijada Manuela Paz con sus primeras atajadas en el arco y con su amor por el fútbol. Vamos, que se puede.

Así, por el debut de Stéphanie, quedó a un lado ese espectacular encuentro España y Japón. Esta francesa de 38 años ya dirigió la final de la Supercopa de Europa 2019 y fue parte de la Champions League. No llegó a este impredecible Alemania-Costa Rica sola. Llegó, para satisfacción de todas las mujeres que miramos este partido, acompañada por Karen Díaz y la árbitra asistente Neuza Back. Emocionante. Prometedor. Vamos, que se puede.

Disculparán las y los lectores futboleros, pero esta A amante recién esta semana tomó conciencia del papel fundamental del arbitraje. Tenía razón aquel árbitro entrevistado en la transmisión de Marcas cuando lamentaba que el álbum de fútbol no haya contemplado a los árbitros. Tienen un papel definitivo y su función requiere la fuerza de un elefante y la delicadeza de un colibrí. Estar omnipresente y al mismo tiempo hacerse imperceptible para el inesperado giro del juego en la cancha. Y cómo hay que correr. A la par de todos los jugadores. Esa tarde de jueves, ahí estaba la Frappart, más bien pequeña, más bien menuda, corriendo sin hacerse sentir en medio de veintidós hombres, luchando desenfrenadamente, hambrientos de un gol, con sus países sobre las espaldas. Por fuera de la cancha, corría también la mexicana Karen Díaz, más que firme señalando las fronteras y la brasileña Neuza Back, despejando dudas en los instantes más tensos. Las tres chicas impartiendo justicia en el mundo que erróneamente se creyó para hombres. Todavía escucho a mi papá, una tarde familiar, hace algunos años: “¡Cómo vas a tener una mujer columnista en Marcas! ¡Qué saben de fútbol las mujeres!” Saltó como resorte la respuesta y la defensa de la columnista Camila Urioste. Su mirada femenina, su pluma siempre perceptiva me acercó al fútbol y hoy me pregunto por qué cuernos no la volvimos a invitar. ¿Camila? ¿Estás por ahí? Sería un honor volver a leerte en esta casa de papel. Vamos, que se puede.

Volvamos al Alemania-Costa Rica. Por unos minutos, los del 2-1, Costa Rica fue inmensamente Rica y el latir latinoamericano fue un corazón concentrado en esa cancha de césped, como si la historia pudiera ajustar tantas cuentas pendientes en un partido de 90 minutos, como si un gol nos aliviara de siglos de heridas. Alemania vivía una pesadilla y salían chispas de cualquier contacto físico entre los jugadores. Ahí vimos a Stéphanie, con autoridad, sin aspavientos, poniendo orden cuando la cosa desbordaba. Cuando se anuló un gol alemán y luego hubo que desdecirse, la Frappart no mostró ni un pelo de debilidad. Cero quejas del arbitraje. Vamos, que se puede.

Qué tarde. España, tan futbolera, tan Real Madrid, tan Barça, tan tan, perdía frente a un Japón esmerado, esforzado, ordenado y talentoso. Del otro lado, Costa Rica puso contra las cuerdas a los alemanes, nos emocionó hasta que la fuerza alemana salió como sea para irse con un triunfo a casa. De infarto, todo. Infantino, con impecable traje y más impecables zapatillas blancas, miraba el primer tiempo en un estadio y el segundo tiempo, en el otro. Infantino, miraba con cara de póker. En esas mismas horas, muchas mujeres vivimos esa tarde inédita con la más orgullosa de las alegrías, con la más grande de las sonrisas. Las alegrías tienen nombres de mujeres. Stéphanie, Manuela, Camila… Vamos, carajo.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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El tiempo pasa…

/ 4 de diciembre de 2022 / 00:44

Pablo Milanés canta, acompañado de un tenue piano: nos vamos poniendo viejos. La nostalgia me instiga a buscar su voz de siempre, esa que escuchábamos una y otra vez en casetes y discos de vinilo; la que tratábamos de imitar en las guitarreadas del tiempo en que no podíamos invocarlo con solo apretar una tecla en la computadora o el teléfono.

Recuerdo la última vez que Pablo vino a La Paz. Nos reunimos en un departamento muy cerca al Teatro al Aire Libre, para ir juntos a verlo. Pero nos entretuvimos conversando y llegamos cuando el concierto ya había empezado. Bajo una intensa lluvia paceña Pablo cantó y Jorge y yo coreamos sus canciones a voz en cuello.

El tiempo pasa y se nos fue Pablo, se nos fue Jorge, se nos fue Enzo… el recuento de ausencias duele más que un disparo de nieve.

Recuerdo que mi abuelo recibía el periódico cada mañana de un canillita amigo. Y antes de leer titulares o columnas, saltaba directamente a los necrológicos para enterarse de “quién se le había adelantado”. Yo sentía esa costumbre un tanto mórbida, pero él sonriente me decía que no había que espantarse. Todos caminamos en la misma carretera hacia la tumba, decía. La diferencia no está en el destino, sino en la manera en que hacemos el recorrido.

Mi hermano Jorge lo recorrió muy rápido, dejando florecer su sentir más puro (como diría Pablo). Su partida me dejó sin palabras. Aun ahora lucho por encontrar una combinación de letras que le haga justicia a su vida, a su muerte, a todo lo bello y doloroso que dejó – como una estela, cuando se nos adelantó en el camino.

Algo muy distinto me pasa con Enzo. No es que su partida haya sido más predecible o menos triste, lo que sucede es que su recorrido fue tan intenso que habría sido impensable que dure más. Dejó a su paso un legado de imágenes con olor a cigarrillo y cientos de anécdotas que quedarán pegadas a la memoria como si las hubiera embadurnado con su inevitable silicona.

La muerte nos deja sintiéndonos vulnerables a la muerte. Nos hace percibir que el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos y hemos dejado de reflejar el amor como lo hacíamos antes. La muerte de seres queridos y contemporáneos nos hace mirar detrás del hombro hacia ese camino que inexorablemente todos recorremos, menos para calcular cuánto nos queda y más para sopesar lo que hasta ahora hemos ido dejando. Qué tipo de estela denuncia nuestros pasos al alejarnos. Entiendo ahora que era con ese sentimiento que mi abuelo leía los necrológicos. Y la comprensión me hace sentir más cercana a la edad de mi abuelo, que a la que yo tenía cuando compartíamos el periódico del desayuno.

Despedimos a Enzo esta semana encontrándonos entre amigos que compartimos con él un tiempo luminoso, cuando teníamos veinte años y entre las conversaciones, los besos y los abrazos no se imponían ni los más pequeños pedazos de razón. Si algo me queda claro es que Enzo fue capaz de escapar a la madurez, al acomodo, a esa tremenda armonía que pone viejos los corazones (como diría Pablo). Él nunca dejó que el paso del tiempo le impida ser fiel a sí mismo. Por eso llegó al final del camino tan joven como lo había empezado. Ay, caraspas! Ojalá seamos capaces de seguir su ejemplo.

Verónica Córdova es cineasta.

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