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Tuesday 27 Feb 2024 | Actualizado a 04:01 AM

¿Calatayud por Colón?

El debate sobre el cambio del nombre de la plaza Colón no responde a un proceso descolonizador

/ 10 de septiembre de 2013 / 05:44

Casi como si fuera parte de un designio irreversible, el Concejo Municipal cochabambino debatió furibundamente la posibilidad del cambio de nombre de la inconfundible plaza Colón por el de plaza Alejo Calatayud. Cuando uno pronosticaba que las celebraciones septembrinas de este año serían una repetición al unísono de esa mirada complaciente de la historia cochabambina, resulta que aparece un condimento imprevisto para azuzar la disputa sobre la memoria valluna. Este debate en torno al cambio de nombre de la plaza Colón aparentemente aparece como un gesto descolonizador en la memoria cochabambina; empero, hilando fino es sólo un continuum de una narrativa historiográfica valluna que no precisamente se caracterizó por ser descolonizadora.

Una de las asignaturas pendientes es comprender a la Cochabamba de hoy tan compleja y diferenciada a través del pasado. La historia cochabambina se erigió en torno a una historia en la que los mestizos tenían un lugar privilegiado en menoscabo de los indígenas (inclusive de los criollos, véase el caso de Francisco de Rivero). Esta apelación a la historia del mestizo no fue neutral, sino, por el contrario, tenía un propósito legitimador acorde a aquel discurso del mestizaje. Y claro, como todo discurso, como diría Javier Sanjinés, “el mestizaje es un espejismo” para ocultar, por ejemplo, las tensiones raciales existentes en Cochabamba que se expresaron de manera lacerante el 11 de enero de 2007.

El mestizaje fue un continuum del colonialismo. No es casual que Silvia Rivera localice el origen del mestizaje en la propia Colonia para dar cuenta sobre lo traumático de este proceso. De allí que recuperar héroes o heroínas mestizos/as es el caso específico de Alejo Calatayud, inclusive ignorando el sentido de sus propias luchas es un contrasentido al discurso descolonizador. Es relevante recordar que Calatayud en 1731 encabezó la rebelión de los artesanos cochabambinos por el incremento de los impuestos por parte de la burocracia local, y no buscaba en ningún momento poner en jaque al orden colonial que se condensa en su arenga plasmada en un documento de la época: “Viba el rey y Muera el mal Govierno” (sic).

Calatayud, como todo héroe, necesitaba tener una muerte trágica: decapitado en el morro de la Coronilla para que a posteriori se erigiese como un héroe indiscutible y, sobre todo, como un ícono imperecedero para la consolidación de la identidad mestiza cochabambina. En contrapartida, la historiografía local silenció sistemáticamente las rebeliones indígenas en Cochabamba de 1781 con el dizque argumento que no encajaban en ese modelo de sociedad imaginado por las élites mestizas y criollas cochabambinas.

Hace poco, el historiador cochabambino Gustavo Rodríguez escribía: “si el contexto (histórico) se modifica, no cambiará el pasado, sino el valor en la huella mnémica que se le otorgue”. En rigor, tal fenómeno está sucediendo hoy con Calatayud, aunque con un discurso descolonizador. Empero, todavía existe una renuencia en una nueva lectura de la historia cochabambina; de allí que se explica que el debate sobre el cambio del nombre de la aristocrática plaza Colón sigue anclado en un imaginario mestizo que no responde precisamente a un proceso descolonizador, sino más bien es un eco de esa historiografía convencional local. ¿En vez de reapropiación de héroes/heroínas no sería oportuno que esa mirada al pasado sirviese para zanjar con algunos espectros que rodean a la historia cochabambina?

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Turismo como herramienta de ingreso de divisas

/ 26 de febrero de 2024 / 09:53

En un mundo cada vez más globalizado e interconectado, el turismo se ha convertido en una de las actividades económicas más importantes a nivel mundial. Su impacto va más allá de la simple generación de ingresos, ya que también juega un papel fundamental en la creación de empleos, el desarrollo de infraestructuras, la promoción de la cultura local y la diversificación de las economías nacionales.

En este contexto, el ingreso de divisas proveniente del turismo extranjero se configura como un elemento vital para la estabilidad financiera de los países. Estas divisas, que son obtenidas a cambio de la prestación de servicios turísticos a visitantes internacionales, permiten financiar proyectos de desarrollo, fortalecer la seguridad social, mejorar la calidad de vida de la población y, en general, contribuir al crecimiento económico sostenible.

El turismo no solo genera ingresos directos a través de la actividad turística en sí misma (alojamiento, alimentación, transporte, actividades), sino que también tiene un efecto multiplicador en otros sectores de la economía. Por ejemplo, la construcción de hoteles y resorts genera empleos en el sector de la construcción, mientras que la compra de souvenirs y artesanías beneficia principalmente a los productores locales. Además, puede ayudar a promover la agricultura local, la producción de alimentos y la industria artesanal.

Por otra parte, el desarrollo del sector puede generar un impacto positivo en la sociedad en su conjunto, como reducir el desempleo y la pobreza, contribuir a la mejora de la educación y la salud de la población local, así como a la promoción de la cultura y la diversidad. Sin embargo, su desarrollo no está exento de desafíos. Es importante que se gestione de manera sostenible para evitar impactos negativos en el medio ambiente y la sociedad local. La planificación y gestión del turismo debe tener en cuenta la capacidad de carga del territorio, la protección del medio ambiente y la participación de las comunidades locales.

Ahora bien, para comprender la importancia del sector turismo como generador de divisas, tomo como ejemplo tres países: Costa Rica, Perú y España.

Costa Rica es un ejemplo paradigmático del éxito del turismo como motor de desarrollo económico. En 2022, el sector turístico representó el 8,2% de su Producto Interno Bruto, generando $us 3.900 millones en divisas. Este flujo de ingresos ha permitido financiar proyectos de infraestructura, fortalecer la seguridad social y mejorar la calidad de vida de la población. El turismo de naturaleza, ecoturismo y aventura son los principales subsectores que impulsan la economía costarricense.

Por su parte, Perú ha experimentado un crecimiento sostenido del turismo en los últimos años. En 2022, el sector representó el 3,9% del PIB peruano, generando $us 5.400 millones en divisas. El turismo cultural, el turismo gastronómico y el turismo de aventura son los principales subsectores que impulsan el crecimiento del sector en Perú. La riqueza cultural y natural del país, junto a la mejora de la infraestructura y la promoción internacional, han contribuido a posicionar a Perú como un destino turístico de primer nivel.

Por otra parte y en una escala mucho mayor, España, con una larga tradición turística, es uno de los líderes mundiales en este sector. En 2022, el turismo representó el 14,3% del PIB español, generando $us 154.000 millones en divisas. El turismo de sol y playa, junto al turismo cultural y urbano, son los pilares de la industria turística española. La diversificación de la oferta y la apuesta por la calidad han sido claves para el éxito del turismo español.

Ahora bien, en comparación con los países mencionados anteriormente, Bolivia aún tiene un largo camino por recorrer en materia de desarrollo turístico. En 2022, el sector representó solo el 2,7% del PIB boliviano, generando $us 780 millones en divisas (en comparación: 20% de Costa Rica; 14,4% de Perú y 0,5% de España). El turismo cultural, el turismo de naturaleza y el turismo comunitario son los subsectores con mayor potencial de desarrollo. Asimismo, la falta de infraestructura, la débil promoción internacional y la escasa inversión pública son algunos de los desafíos que enfrenta el sector turístico boliviano.

Es de suma importancia establecer estrategias de crecimiento económico a partir del sector turismo, con la finalidad de que sea sostenible en el tiempo y beneficioso para la población en general, como lo es en los países mencionados y en nuestro caso en particular, para el ingreso de divisas que fortalezcan la economía nacional.

Mauricio Rocabado Rocabado
es economist
a.

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Fracaso de la ultraderecha boliviana

Yuri Torrez

/ 26 de febrero de 2024 / 09:47

Cuando los medios de comunicación, y específicamente la prensa boliviana, hacen los anuarios de fin de año, la mayoría se centra en los grandes acontecimientos sociales/políticos que tuvieron efectos mediáticos. En la revisión de 2023 quedaron soslayados aquellos hechos no producidos, aunque en años anteriores eran hechos noticiosos. Uno de esos hechos fue el protagonismo de la acción colectiva del movimiento cívico cruceño, a partir de 2019, que incluso condujo a un golpe de Estado. Posteriormente, en octubre de 2021, otra movilización fue para evitar el impuesto a las ganancias y, finalmente, en 2022, por la demanda de la fecha del Censo.

Todas esas movilizaciones cívicas adquirieron una tonalidad particular: la expresión de la ultraderecha. En rigor, esas movilizaciones, no solo por la violencia desenfrenada sino, fundamentalmente, por la discursividad propagada por sus principales promotores, responden inequívocamente al dispositivo ideológico de la extrema derecha de hoy.

Detrás de ese discurso aparentemente democrático que cabalgaba sobre las movilizaciones cívicas, se escondían propósitos desestabilizadores sobre la democracia. Umberto Eco, cuando se refería al fascismo, ya advertía que es “una colmena de contradicciones”. Esa frase cuaja en el proceder de la extrema derecha boliviana.

Los enunciados racistas de esa derecha, en un momento como el fortalecimiento del Estado Plurinacional, no sintonizan con los tiempos actuales, a excepción de bastiones de la clase media donde anidan resabios coloniales. Además, el discurso religioso propagado en esas movilizaciones devino en un discurso político de la extrema derecha.

¿Por qué fracasó la ultraderecha en Bolivia? En 2023 no hubo ninguna movilización del ente cívico cruceño, que presentó, entre otras cosas, una debilidad posacción colectiva de noviembre de 2022. La misma fue desbaratada y uno de sus efectos adyacentes fue la detención del gobernador cruceño y, al mismo tiempo, líder de esas manifestaciones, Luis Fernando Camacho.

Nada se evapora rápidamente, siempre quedan cenizas que al ser atizadas en cualquier momento pueden prender el fuego. Sin embargo, en el caso específico de las movilizaciones promovidas por la extrema derecha, hoy presentan una incapacidad en su convocatoria colectiva. Obviamente, la sociedad boliviana en su globalidad tiene asentada en su genética su opción por la democracia. Cosa que no sucede con la extrema derecha o el camachismo en el caso boliviano —cuestión similar pasa con los simpatizantes de Trump o Bolsonaro—, que mostraron su inclinación irreversible hacia posturas rupturistas con relación a la democracia.

Esa extinción de la ultraderecha boliviana se constata actualmente en la disputa de liderazgos en la entraña del ente cívico cruceño, entre la facción camachista y la más renovadora. Más allá de la disputa por el liderazgo, esa trifulca tiene un aditamento ideológico. O sea: esa ala renovadora en el ente cívico tiene el desafío de desprenderse de esa telaraña tejida por la ultraderecha para encontrar otras vías más democráticas para su devenir institucional.  

En suma, en el campo político boliviano, específicamente en el polo opositor, la irrupción de la ultraderecha conllevó que, en la crisis poselectoral de 2019, como si fuera una fuerza centrífuga concéntrica, atraiga a la derecha más democrática y la condujo a un golpe de Estado. Hoy en el mismo campo opositor de la derecha, el debilitamiento de la ultraderecha tiene un efecto inmediato: incertidumbre y confusión política e ideológica.  

Yuri Tórrez
es sociólogo

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El año electoral

Eliana Quiroz

/ 26 de febrero de 2024 / 06:59

El 2024 será un gran año electoral en el mundo y es la antesala para nuestras elecciones presidenciales de 2025. Cerca de 100 países celebrarán comicios, de los que la mitad serán presidenciales. En América Latina, ya tuvimos elecciones presidenciales en El Salvador, en febrero, y para los siguientes meses están México, Venezuela, Uruguay, República Dominicana y Panamá. Además, Estados Unidos también irá a las urnas.

Este dato preocupa a muchos porque varias de las últimas elecciones han inspirado actos violentos, polarización, campañas de desinformación y atentados contra los procesos e instituciones democráticas. En Estados Unidos, el asalto al Capitolio que probablemente fue lo que inspiró acciones violentas similares en Alemania con el asalto al Bundestag y en Brasil, el asalto al Congreso Nacional, que han puesto nerviosos a más de uno y han dejado impávidas a las fuerzas de seguridad que quedaron en offside.

Probablemente, el fenómeno que resulta más retador es la desinformación durante las elecciones, aunque también acompañan a otros eventos de importancia social como las dos guerras que estamos viviendo en estos días: la de Ucrania y la de Gaza. Tal su importancia que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha expresado en varias ocasiones que el principal problema de las democracias actualmente es la desinformación.

Cuando la desinformación (o las noticias falsas, como calificábamos al fenómeno en los inicios de su salto a la popularidad, allá por 2011) toma el espacio informativo, la desconfianza y el tremendo sentido de ambigüedad dan paso a la credulidad de teorías conspirativas y finalmente de las “posverdades”. Entonces, las personas nos refugiamos en ecosistemas informativos más pequeños, incluso barriales o construimos unos propios, como ocurrió en la crisis de 2019 en Bolivia, cuando los grupos de WhatsApp barriales, de edificio, de rotonda, de plataforma ciudadana, se convirtieron en la principal fuente informativa para muchos, llevando a la extrema desvalorización de la función periodística.

La circulación de desinformación sucede en redes sociales, servicios de mensajería y medios de difusión masiva tradicionales, es una vorágine que toma por asalto nuestras interacciones sociales, las digitales y las presenciales. Sin duda, hay varios actores a quienes hay que reclamar soluciones, están los gobiernos, el OEP, los partidos políticos, las y los candidatos, las empresas de marketing político que venden servicios sanos e insanos, los medios, las y los influencers y líderes de opinión, y claro, también las usuarias y los usuarios. Todos y todas tenemos una gran tarea en frente, en la preparación de las elecciones del 2025.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata.

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Acuerdo Gobierno-empresarios

Horacio Valle

/ 26 de febrero de 2024 / 06:54

El acuerdo firmado entre el Gobierno y el empresariado ante la situación económica actual, que toca aspectos relacionados a exportaciones, subvención al diésel, incentivos a la inversión privada y tributarios para el cambio del parque automotor, entre otros, ha desatado una ola de opiniones a favor y en contra, al considerar que son medidas insuficientes, lo cual llama a la reflexión sobre este tema.

Al respecto, algunas personas argumentan que se debe reducir el gasto público, otras señalan que en los 10 puntos alcanzados en el acuerdo no se tocaron “puntos neurálgicos” para la economía, como la inversión pública para la generación de fuentes de trabajo, y otras califican a estas medidas como extemporáneas. Sobre estas opiniones, se debe indicar que no correspondía que se traten las dos primeras en el marco de la reunión y las metas previstas, debido a que este tipo de cuestiones conciernen al programa fiscal gubernamental y su presupuesto de la gestión en curso, por lo cual este aspecto deberá ser tratado por los órganos Ejecutivo y Legislativo; además de ser contradictorio pedir que se reduzca el gasto público por un lado, y por otro se exija incrementar la inversión pública.

No obstante, dentro los acuerdos logrados, como la subasta de diésel a grandes compradores, la agilización en la importación de diésel para empresas privadas para su propio consumo, la promoción de la inversión privada en plantas de biodiésel y la gestión de una ley de modernización del transporte de carga, se libera en cierta medida al Estado de cargas como la subvención al diésel, además de buscar la eficiencia en su empleo con la promoción de una ley del sector que permita mejorar el transporte de grandes volúmenes de carga.

Así, el precio al constituir la síntesis de información de una vasta interacción entre agentes en los mercados; cuando se incrementa, se producen dos efectos importantes: el primero se relaciona a la sustitución del bien que tuvo un alza en su precio y el segundo se manifiesta en el aumento en su eficiencia al usarlo, toda vez que el consumidor buscará soluciones que optimicen la eficiencia en su empleo, como la aplicación de nuevas tecnologías o mejoras organizacionales, por mencionar algunas, lo cual generará efectos positivos en las distintas empresas.

Sobre si la medida fue asumida oportunamente, es necesario considerar que las empresas privadas representadas por los distintos entes de asociación y cámaras, manifestaron su conformidad con los acuerdos alcanzados, toda vez que se encuentran actualmente operando y son capaces de financiar sus pasivos operativos y financieros, en razón que no se demandaron soluciones adicionales para este tipo de obligaciones, motivo por el cual resulta difícil comprender el desacuerdo de ciertas opiniones vertidas que no provienen de los actores directamente involucrados.

Finalmente, si bien podemos avizorar que se necesitan medidas adicionales que permitan mejorar el escenario actual y que sean asumidas de forma gradual, es importante resaltar que este acercamiento y trabajo conjunto serán importantes para que se puedan contrarrestar los efectos negativos coyunturales y evitar la destrucción de la economía, que conlleva impactos adversos como el cierre de empresas, desempleo masivo, incremento de la pobreza, escasez de productos y servicios, disminución en las tasas y calidad de la educación, reducción del acceso a servicios básicos, inestabilidad política y social, menor acceso a salud, entre otros. .

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El G20 y América Latina

/ 25 de febrero de 2024 / 00:39

En el proceso de reacomodo de bloques y alianzas de países y regiones en el mundo, la presidencia del G20 en manos de Brasil durante 2024 podría ser una gran oportunidad para que América Latina recupere una posición política regional más allá de representar la mayor reserva de recursos naturales del planeta. En efecto, los recientes eventos internacionales (la Conferencia de Seguridad de Munich, el veto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad a una resolución que pedía un alto el fuego inmediato en la Franja de Gaza, así como la reciente reunión de Ministros de Relaciones Exteriores del G20 en Río de Janeiro) han demostrado que ya no existen alineamientos automáticos respecto de los grandes temas de la seguridad y la paz internacionales, el cambio climático y la desigualdad en sus diversas manifestaciones. Para cada tema existe un abanico diferente de posiciones y perspectivas, a diferencia de lo que ocurría durante la Guerra Fría (1946-1991).

Tal dispersión de posiciones responde ciertamente a la transición global desde un ordenamiento bipolar hacia un sistema multipolar en que se combinan a geometría variable materias de confrontación y competencia, pero asimismo algunos pocos asuntos de cooperación entre las grandes potencias. Esto explica en buena medida el creciente debilitamiento del sistema multilateral de las Naciones Unidas.

Y de ahí se deriva por consiguiente la demanda de una reforma en profundidad del Consejo de Seguridad con miras a que en su composición y atribuciones refleje las nuevas realidades económicas y geopolíticas, que son ahora muy distintas de las circunstancias prevalecientes en los meses inmediatos al final de la Segunda Guerra Mundial. Los cinco miembros permanentes con derecho a veto (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia) requieren una ampliación, así como también los 10 miembros no permanentes que se eligen por la Asamblea General por un período de dos años, según la siguiente distribución: i) cinco miembros de África y Asia; ii) un miembro de Europa oriental; iii) dos miembros de América Latina, y iv) dos miembros de Europa occidental.

Es muy poco probable que la reforma necesaria del Consejo de Seguridad se lleve a cabo mientras no se superen las diversas crisis geopolíticas del presente. Es por eso que el G20, autoconvocado a fines de 1999 para tratar temas monetarios y financieros, ha incorporado cada vez más asuntos políticos, estratégicos y ambientales en sus deliberaciones anuales. Cada país ejerce la presidencia del Grupo20 durante un año y le está permitido priorizar sus intereses en la agenda de las Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno, así como invitar a países que considere conveniente.

Es posible afirmar que en el G20 se abordan las cuestiones más relevantes de la coyuntura global puesto que además de las 20 representaciones estatales a las reuniones asisten organizaciones internacionales y regionales en calidad de entidades de asesoramiento.

No es de extrañar por lo tanto que también desde esta perspectiva se debilite aún más el sistema multilateral de las Naciones Unidas, contribuyendo además al debilitamiento y frustración de los países que no están en el G20.

Mientras dure la transición del orden internacional, la región latinoamericana podría establecer algunos acuerdos pragmáticos a fin de que Argentina, Brasil y México lleven a cabo consultas sistemáticas con el resto de los países latinoamericanos y caribeños con miras a incorporarlos en sus participaciones en reuniones del G20 y otras equivalentes.

A pesar de todas las diferencias que caracterizan por de pronto a la región latinoamericana y caribeña es posible identificar una plataforma común de intereses compartidos, que podrían organizarse y priorizarse paulatinamente mediante un ejercicio de consultas horizontales pertinentes.

Horst Grebe es economista. 

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