Voces

viernes 26 nov 2021 | Actualizado a 22:51

G77+China: horizontes emancipatorios en Bolivia

Requerimos un  nuevo orden económico mundial que se sustente en la dignidad de los pueblos

/ 14 de junio de 2014 / 08:10

Quienes piensan que la pobreza es un destino fatal para los países que estamos al lado sur del planeta Tierra tienen en Bolivia un ejemplo extraordinario de que esa idea es parte del arsenal ideológico que usan los nortes para evitar un nuevo orden económico mundial.
Bolivia es hoy un ejemplo de crecimiento económico basado en la recuperación de los recursos naturales. Con razón, Eduardo Galeano señalaba que “los países que son dueños de sus recursos naturales son países ricos, y lamentablemente son pocos”. Bolivia está entre los pocos, la pobreza no es un destino fatal. Y es que tanto el desarrollo desigual y combinado como la distribución desigual de la riqueza que se produce socialmente constituyen los dos vectores que explican la pobreza de unos y la riqueza de otros.

La economía mundial se mueve al ritmo de la reproducción ampliada del capital, un capitalismo que a estas alturas ha demostrado ser (como dicen los economistas alemanes) un killer kapitalismus (capitalismo asesino), un asesino en serie, un genocida loco. Por el otro lado, por el lado de las economías locales, la distribución de la riqueza que se produce socialmente se realiza de modo desigual e injusto, de tal modo que las mujeres, los niños, los adultos mayores y los pueblos indígenas (tal como lo reconocen sendos estudios de las Naciones Unidas) son los que pagan los platos rotos, los que tienen que financiar la riqueza ajena que disfrutan los del norte (aunque a estas alturas Europa está pagando el costo de su propia gula y EEUU ha perdido el control de su economía).

La pobreza no es un destino fatal, ni la riqueza el resultado exclusivo del ahorro y el trabajo, como nos dicen los manuales de economía para ingenuos, sino un orden económico injusto, asesino y genocida. Este orden económico, que regula a la vez que favorece las tasas de ganancia de las grandes transnacionales y las potencias económicas del mundo, no mira a los pobres. En realidad, para las cifras de sus estudiosos y economistas, los pobres son una cifra más entre muchas, cifras descartables para colmo. Este orden económico ya le ha mucho daño al planeta Tierra, que está pronto a convertirse en planeta basurero. No se puede continuar así, no es aceptable que un revolucionario o una revolucionaria admitan el paso de los días sin combatir tenazmente este orden injusto y desigual.

La Cumbre del G77 + China, que se está llevando a cabo en Santa Cruz de la Sierra, se constituye en un espacio político fuerte para los horizontes emancipatorios que provienen de los sures. Ciento treinta y tres países, que constituyen dos tercios del planeta (con sus diferencias), apuestan por la dignidad de la humanidad entera, tal como en sus orígenes aconteció allá por 1964, incluida la presencia del Che Guevara.

El G77 constituye un espacio emancipatorio e insurgente no solo por los países que lo componen, sino además por el locus ideológico en su interior. Por ello, no es un lugar más entre los tantos que tienen las Naciones Unidas (la OEA o la UE), sino uno que por la cantidad de miembros puede direccionar las políticas generales de la ONU, y con ello construir un nuevo escenario de combate contra el capitalismo.

No se puede hacer cambios sustanciales sin construir los escenarios territoriales. Hoy se está construyendo ese espacio intergubernamental, y es uno que llevará las tesis de Bolivia para el mundo. La pobreza no es un destino fatal, requerimos un nuevo orden económico mundial que se sustente en la dignidad de los pueblos y las personas, la igualdad del género humano, la paz como política global y la convivencia en armonía con la Madre Tierra.

El capitalismo no es el camino, nunca fue el camino. El capitalismo es el principal problema que el G77+China puede perforar a la vez que ensanchar la fisura abierta hace 50 años, una fisura que apuesta por el género humano y no por el dios dinero.

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Aprender a estar bien en sindemia

/ 26 de noviembre de 2021 / 01:00

En la actualidad, muchos investigadores afirman que el COVID-19 en realidad es sindemia y no pandemia. Sindemia, anglicismo derivado de dos palabras: sinergia y epidemia, según su creador, el antropólogo médico Merrill Singer, ocurre cuando “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma”. No solo enfrentamos una enfermedad de carácter biológico con funestas consecuencias, sino también a una enfermedad social expresada en pobreza e inequidad, carencia o debilidad de servicios básicos, así como con grandes problemas socioemocionales. Asumir un enfoque “sindémico” supone una visión amplia que involucra acciones en el sector salud y en la generación del bienestar físico, mental y social de los individuos y la comunidad, lo que supone estrategias de carácter multidisciplinario, donde la educación tiene un papel fundamental.

El COVID-19 trastocó absolutamente todo, la cotidianidad de las personas y sus familias, y la dinámica de los países y el mundo. Además de afectar la salud y pervivencia, en el sector educativo, ha puesto en serio riesgo la continuidad de los procesos formativos, la protección y bienestar de los estudiantes. También originó un fuerte impacto psicológico en la comunidad educativa, según Unesco, “El cierre de los centros educativos, la necesidad del distanciamiento físico, la pérdida de seres queridos, del trabajo y la privación de los métodos de aprendizaje convencionales han generado estrés, presión y ansiedad, especialmente entre los docentes, el alumnado y sus familias.” El coronavirus, entre otros aspectos, además originó: a) “Fatiga sindémica”, la excepción se alarga y crea incertidumbre causando cansancio expresado en cefalea, ansiedad, insomnio, dolores musculares, pérdida de apetito, temor, además que deriva en maltrato y violencia; y b) “Ensimismamiento tecnológico”, muchos estudiantes han convertido su habitación, la internet y televisión “en su mundo”, perdiendo capacidades de socialización y convivencia. De manera directa, la situación socioemocional de estudiantes, maestros y familias afectó a la calidad de los aprendizajes e incrementó en las tasas de acceso, permanencia y término de los sistemas educativos.

En tiempos que se propone revisar la currícula, leyendo tiempos y contextos, además de cuidar un mejor desarrollo de aprendizajes cognitivos es prioritario que el sistema educativo escuche y entienda la situación de los estudiantes y, de manera sistemática e intencionada, colabore a desarrollar capacidades y habilidades sociales y emocionales que necesitan para relacionarse y desarrollarse en bien de su formación integral. La incorporación de la Educación Socioemocional contribuirá a que los aprendizajes de los estudiantes integren a su vida valores, actitudes y habilidades que les permiten comprender y manejar sus emociones, coadyuvando a construir su identidad personal, cuidado, convivencia, a analizar la realidad y tomar decisiones, y fundamentalmente a ser resilientes, tan necesarios en la actualidad. La Educación Socioemocional es tan importante como aprender a hablar, escribir o cualquier otro conocimiento intelectual considerando que las emociones influyen en cada cosa que hacemos. En tiempos de sindemia las y los estudiantes tienen que aprender a estar bien.

Considerando las consecuencias de la sindemia: ¿Volvemos a la misma educación o hacemos cambios de trascendencia en la currícula y gestión? Por supuesto, para contribuir al desarrollo de capacidades sociales y emocionales de los estudiantes tenemos que realizar ajustes de relevancia en la currícula. Por ejemplo, tenemos que: fortalecer el desarrollo de comunidades en los que los aprendizajes sean construidos en la interacción social; sabernos poner en el lugar del otro desde principios de solidaridad; trabajar en el cuidado y la formación de maestros y familias, su ejemplo ante la incertidumbre es valioso. En el caso específico del desarrollo profesional de equipos directivos y maestros, debemos desarrollar procesos formativos en temas como Pedagogía de la vida y Educación socioemocional.

Lo que es primordial, hay que generar una pedagogía de la vida, donde la vida de todos los seres vivientes sea la base de la construcción de nuevos saberes y conocimientos. En términos de sinergia, la educación debe contribuir a vivir en armonía interna y con la comunidad, madre tierra y cosmos, y a curarnos entre unos y otros.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Desarrollo minero y planificación regional

/ 26 de noviembre de 2021 / 00:56

En el vaivén del tiempo siempre se repiten sucesos y tendencias en todas las actividades de la vida, después de décadas hoy el tema recurrente es la planificación del desarrollo y su correlato con las autonomías consignadas en la Constitución Política del Estado (CPE). Hay condiciones relevantes en cada uno de estos contextos y lo primero es obviamente determinar qué se tiene para planificar, el área de influencia y las posibilidades de éxito dentro de un contexto de costo beneficio que justifique la inversión que sería necesaria para llevarla a buen puerto. Recuerdo que en años recientes se habló de planificar las actividades del sector minero para adecuarlas a la demanda actual de minerales necesarios para la transición energética en curso a nivel global, la revolución industrial conexa y paralelamente para diversificar nuestra propia producción. Se empezó a hablar de cobalto, níquel, platino, tierras raras, litio, potasio, boratos, etc., como prioridades para planificar la actividad del sector y la captación de nuevas inversiones, se hicieron algunos intentos aislados como iniciativa del sector estatal (v.g. litio y potasio) que se llevaron adelante sin una adecuada participación de las regiones y con la mira puesta en “quemar etapas” y tener resultados a corto plazo. Éstos resultaron hasta hoy frustrantes, no tenemos presencia internacional ni como productores ni como desarrolladores y hoy la industria está obviando al país como destino de nuevas inversiones y/o como parámetro de desarrollo industrial a corto y mediano plazo.

En una antigua columna mía en el semanario Pulso (29/06 al 05/07 de 2007), en tiempos donde se generaban la CPE y la legislación del sector (Ley 535 de Minería y Metalurgia), comentaba sobre re-inversión y administración regional en minería y concluía en la importancia de estos dos parámetros para armar una estructura de desarrollo eficiente. Sin una adecuada legislación que garantice la inversión en nuevos emprendimientos, sin un flujo sostenido de capitales y sin re-inversión de utilidades en rangos adecuados para reposición y generación de nuevas reservas de mineral, es imposible planificar el mediano y/o el largo plazo del sector o el de otros sectores económicos. Nadie va a disponer parte de sus utilidades para estos trabajos en un clima adverso como el actual y sabiendo que la renta generada por la actividad minera se dispone en todo menos en desarrollar el sector, concluían las recomendaciones de esa época. La administración de la minería nacional está hoy ajustada a la Constitución en su artículo 298 I y II y a la Ley 535 en su artículo 8, por tanto, la definición de políticas mineras es potestad privativa del nivel central del Estado como así también la creación de entidades y empresas públicas en toda su cadena productiva. Sin embargo y en mi opinión, la generación de proyectos mineros debería ser parte de la planificación regional del desarrollo y debería haber una estrecha relación entre ambos. No parece racional, por ejemplo, que regiones que tienen todavía grandes recursos de oro, plata y litio como Potosí y Oruro, de oro y hierro como Santa Cruz o de oro aluvional como La Paz, Beni y Pando, no puedan decidir ni administrar su patrimonio acorde a las expectativas regionales en cada caso y en cada época. Una cosa es ver un proyecto como un evento económico aislado y sin conexión con la dinámica regional que verlo como parte de una planificación e inmerso en la dinámica de desarrollo de infraestructura, servicios y control medioambiental. La rueda del tiempo volvió a detenerse en estas contradicciones, ojalá esta vez haya una luz al final del túnel y las regiones jueguen el papel que la historia les depara.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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De espacio público a espacio político

/ 26 de noviembre de 2021 / 00:51

Estos últimos días, por los problemas sociales que se presentaron, nos pusimos a reflexionar sobre cómo han evolucionado las expresiones sociales hasta convertirse en extremo violentas. Esto ha llevado a que aquellos lugares donde se realizan se transformen, hasta el punto que sorprende la fuerza negativa que exhalan, la cual se acentúa con los rostros de los manifestantes que irradian su tremendo malestar.

No se puede olvidar que el primer lugar que develó al espacio para una infinidad de actividades nació en Atenas, el sitio más fluctuante y mágico del ayer.

Allí germinó el espacio público a partir de actividades sencillas como la práctica de danzas religiosas hasta ritos, sin olvidar la instalación de stoas, pequeños negocios destinados a la venta de alimentos. De esa manera, ese primer espacio público se convirtió en el más concurrido de la vida representativa de una parte de la sociedad; un lugar vivencial que no fue sustituido por otro, debido al vigor que le otorgó a la ciudad, elevando la calidad de vida del personaje principal: el ciudadano griego.

Mucho más en la época medieval, cuando los espacios públicos eran instalados en plazas enteramente cubiertas, como la Villefranche. Una realidad que no evitó que, aun así, la vida ciudadana fuese por demás dinámica. Único ejemplo inspirador de la palabra democracia.

Así nacieron otros espacios como el foro romano —ubicado en el centro de la ciudad de Pompeya—, que funcionaron como vínculos entre los monumentos y las plazas, y que adoptaron otro significado urbano: el del recorrido, posiblemente para el intercambio de ideas.

Lo particular es que el espacio público desde sus inicios fue el lugar más popular y cercano a los mercados. Un sitio abierto que fue adquiriendo la fuerza y vitalidad del pueblo, lo que generó expresiones singulares, sin olvidar que el poder de su sentido público le enseñó al mundo la elucubración de temas sociales. Con ello, se fue consolidando como uno de los lugares más importantes para la concentración y el relacionamiento ciudadano. Su fortaleza creció durante su conversión como parte del ordenamiento de las urbes, por su ubicación estratégica.

Evolución y dualismo dentro de una visión cada vez más objetiva en cuanto al significado político, que se expresaba más en las concentraciones populares. Así nacieron los actos en los que se trataban los temas de interés común de la ciudadanía.

Lo interesante es que hoy esa cualidad sigue evolucionando, pero no solo eso: el espacio público se ha convertido en aquel lugar trascendental de las urbes, dejando en segundo plano a los sitios de descanso de la población, como es el caso del Montículo en La Paz.

En contraste, la plaza San Francisco ahora tiene una doble función: de recreo para la población y centro político, cuyo valor de sentido popular sigue en aumento. Doble rostro: el de recepción de la ciudadanía y el de efervescentes concentraciones y expresiones logradas a través de las travesías políticas.

A pesar de todo eso, en los dos últimos años surgió otro tipo de actividad política desarrollada en una especie de espacios flotantes estratégicos, donde grupos de personas aparecen, expresan sus ideales y reivindicaciones políticas, y luego desaparecen. Una planificación sumamente singular, ya que en rápidas acciones los grupos se trasladan a distintos barrios, donde expresan su apoyo a su líder o defenestran al opositor para luego desaparecer.

Está claro que hoy se puede hacer política por medio de diferentes tácticas y esta última —la flotante— ha sido capaz de sembrar en diversos lugares el nuevo sistema de sentido político, el cual demuestra que los ideales de un partido son capaces de despertar la creatividad de sus adeptos para dar el salto a la práctica de métodos contemporáneos.

Patricia Vargas es arquitecta.

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La anexión progresiva de Cisjordania es colonialismo

/ 25 de noviembre de 2021 / 01:31

El gobierno colonial de Israel no está satisfecho con la superficie del 78% de la Palestina histórica que le otorgó Naciones Unidas para establecer su Estado; no obstante, está tratando de completar la judaización y anexión del resto de los territorios palestinos ocupados en 1967. Los últimos episodios de este proyecto colonial fueron una amplia gama de planes de construcción de asentamientos en territorios palestinos ocupados, fruto de una decisión oficial israelí que rechaza soluciones políticas al conflicto hostil y a la paz, e insiste en completar los episodios del régimen de apartheid en la Palestina ocupada. Las últimas declaraciones del primer ministro israelí, Neftalí Bennett, sobre que su gobierno se opone firmemente al establecimiento de un Estado palestino, son inaceptables y constituyen una flagrante violación de las leyes internacionales y de la legitimidad internacional.

El primer ministro está implementando un proceso político israelí que está muy alejado de las resoluciones de la comunidad internacional y de las Naciones Unidas sobre la cuestión palestina para resolver el conflicto. Está utilizando la fuerza y la arrogancia de la ocupación. Bennett y su equipo extremista están tratando de marginar la causa palestina y de desplazar el proceso político de Medio Oriente de los intereses de la comunidad internacional con diversas excusas y pretextos.

Los asentamientos ilegales y los continuos intentos de anexión constituyen una violación directa de las resoluciones de las Naciones Unidas, incluida la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad y de todas las que la precedieron, reafirmando la ilegalidad de los asentamientos israelíes en el territorio palestino ocupado, incluida Jerusalén Oriental.

El Gobierno palestino advierte sobre las consecuencias y repercusiones de la desvinculación oficial israelí de las decisiones de legitimidad internacional y del derecho internacional, especialmente sobre las posibilidades de lograr la paz justa, la seguridad y la estabilidad en la región, y destaca que si no hubiera sido por el fracaso de la comunidad internacional y del abandono de sus responsabilidades legales, humanitarias y morales hacia nuestro pueblo, su sufrimiento y la injusticia histórica que le sobrevinieron, Israel no habría continuado con el colonialismo, con sus invasiones de la voluntad internacional de paz, y con su continua revocación de los acuerdos firmados y del derecho internacional.

La complacencia de la comunidad internacional con los crímenes de los asentamientos y de los colonos, amenaza con hacer explotar el polvorín en el Oriente Medio. La escalada de crímenes de las organizaciones terroristas de colonos israelíes y de sus milicias armadas desplegadas en Jerusalén y en toda la Cisjordania ocupada está provocando que la situación en Cisjordania se parezca más a un barril de pólvora a punto de explotar, tal y como indican los informes israelíes que monitorean y dan seguimiento a los ataques de los colonos a ciudadanos palestinos, incluidos los que confirman la existencia de una escalada sin precedentes de estos ataques, así como de un aumento notable en el uso de balas reales por parte de terroristas colonos israelíes contra ciudadanos palestinos.

Esta escalada israelí surge a la luz de la insistencia de la comunidad internacional en adherirse a la política de indiferencia y desprecio por estos planes coloniales expansionistas, como resultado de su miserable manejo del conflicto, con un abominable uso del doble rasero, indiferencia intencionada en la esencia y rechazado solo en la forma.

La comunidad internacional debe poner fin a este engañoso “juego” internacional con el que conviven la potencia ocupante y su política colonial, que se basa por un lado en acumular posiciones y decisiones de la ONU a favor de la causa palestina pero sin efecto, decisiones que no se implementan, al mismo tiempo que hace la vista gorda y coexiste con los intereses coloniales de Israel en la Cisjordania ocupada.

Día tras día, la comunidad internacional y sus instituciones internacionales están registrando un absoluto fracaso y una rotunda pérdida de la defensa de la justicia de la causa palestina. La continua complacencia de la comunidad internacional con los crímenes de los asentamientos y los colonos ahora presagia la inminente explosión del barril de pólvora.

Mahmoud Elalwani es embajador del Estado de Palestina en Bolivia.

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Libertad y democracia de Calvo

/ 25 de noviembre de 2021 / 01:26

Bolivia asiste desde 2005 a un nuevo escenario donde los actores de la política ya no son los partidos, sino las organizaciones sociales, sindicales, territoriales urbanas y rurales, los comités cívicos, empresarios, medios de comunicación, las iglesias evangélicas y católica.

La crisis estatal de comienzos de siglo, su superación vía Asamblea Constituyente, ha transformado sustantivamente los ejes y los sentidos políticos de la organización y funcionamiento del Estado y de la sociedad, afectando a los beneficiarios del viejo sistema liberal, republicano, colonial y confesional, esto explica los motivos ideológicos de quienes se autoidentifican como oposición.

Tomaremos dos ejemplos que son relevantes en esta coyuntura: democracia y religión. Con la vieja CPE, el alcance de la democracia liberal representativa llegaba solo a la elección de parlamentarios y concejales: los parlamentarios — 130 diputados y 27 senadores—, por disposición constitucional elegían al Presidente y Vicepresidente de la República; los concejales, de entre sus miembros al alcalde. Una cúpula minúscula se arrogaba la soberanía del pueblo para decidir. Los prefectos, desde la fundación de la República hasta 2005, los elegía el Presidente a dedo.

Los púlpitos de las catedrales, desde donde emitían los sermones políticos celestiales los obispos en cada aniversario cívico, eran los guías espirituales del poder, pero además tenían el mandato “constitucional” porque Bolivia se definía como un Estado confesional católico; intervenían en momentos de crisis para salvar no al oprimido, sino al amo estatal de clase que nos gobernaba.

En nombre de esa democracia restringida, de esa religión del viejo poder colonial, que hoy pregonan su lucha por la “libertad y democracia”.

Pero nuestra democracia, la que hoy tenemos, tan satanizada, ¿cómo funciona? El pueblo mediante su voto elige a todas las autoridades ejecutivas y legislativas que nunca eligió, es decir, Presidente, Vicepresidente, gobernadores, alcaldes, asambleístas departamentales. Qué malo es que el pueblo decida, por eso las derechas llaman a recuperar la democracia, pero la elitaria.

Nuestra Constitución dice que somos un Estado laico, que reconoce y respeta la libertad de religión y creencias espirituales, que se terminó el monopolio de nobleza eclesial de la Conferencia Episcopal Boliviana, por eso proclamaron en el golpe que Dios disfrazado de Jeanine y Camacho volvía a ingresar al Palacio, ingresaron a ese histórico epicentro del poder oligárquico neocolonial confesional para desatar la masacre y persecución de los profanos que solo enarbolaban la wiphala.

Lo nacional popular que se manifestó democráticamente en las elecciones para elegir a sus autoridades, fue condenado por los feligreses de las iglesias que no están inspirados en la fe del Mesías, fueron a las puertas de los cuarteles para arrodillarse, orar y pedir a los militares que impidan que los que fueron electos por los plebeyos vuelvan a gobernar, porque no nos consideran dignos de sus plegarias.

Las transformaciones constitucionales emergieron desde lo nacional popular, no fue ninguna concesión estatal, no vulnera derechos sino privilegios de una élite; hoy se sienten afectados, asumen como banderas suyas eslóganes genéricos que en el fondo están reivindicando lo anacrónico como sinónimo de “libertad y democracia”.

Pero los comités cívicos que pregonan la lucha por la libertad y la democracia no emergen de la democracia popular, sino de la democracia censitaria que es corporativa, empresarial y gremial, es decir que son elegidos por votos calificados y selectivos; la legitimidad surge de los acuerdos grupales y no así de la voluntad popular.

Los abanderados de la democracia censitaria, envueltos en las bendiciones celestiales de la nobleza, bloquean nuestro presente, proclaman la buena nueva con la represión a los habitantes del Plan Tres Mil en Santa Cruz, o golpeando y expulsando a los campesinos del centro urbano de la ciudad de Potosí, de la plaza 10 de Noviembre.

A nombre de su libertad y democracia han normalizado en su cotidianidad acciones de violencia simbólica, discursiva, religiosa y racial, como la única forma pública de aparentar acciones políticas de oposición, forzando y creando un clima constante de inestabilidad política; su estrategia es crear caos, anarquía, en el imaginario urbano imponer la idea falsa de ausencia de gobierno, es decir, su proyecto es la destrucción para presentarse en los momentos electorales como los paladines de la democracia y la libertad.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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