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Friday 23 Feb 2024 | Actualizado a 22:18 PM

Estafas inmobiliarias

Los delincuentes  se aprovechan de la ingenuidad de las personas que buscan un anticrético.

/ 6 de julio de 2014 / 04:00

El último reportaje de Informe La Razón advierte sobre la gran cantidad de personas que han sido estafadas por intentar tomar en anticrético un inmueble. No se trata de un fenómeno nuevo, sin embargo, el número de casos se ha incrementado en los últimos años. Lo que debiera servir como una alerta para quienes ponen en riesgo su capital en este tipo de transacciones.

Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 54% de las familias que habitan en zonas urbanas del país carecen de vivienda propia. Situación que los obliga a tomar un anticrético o bien a alquilar un inmueble. Naturalmente la mayoría prefiere la primera opción, pues les permite conservar su capital.

No obstante, esta figura es cada vez más escasa, y quienes encuentran una vivienda en buenas condiciones ofertada en anticrético se apresuran a tomarla, entregando en tal sentido un adelanto, teniendo como contraparte tan solo la palabra del oferente plasmada en un recibo o bien un documento que puede ser apócrifo. Una vez que la víctima desembolsa un anticipo, que puede ser hasta el 50% del monto total, los estafadores inventan excusas para postergar la entrega del inmueble. Lapso que suele ser aprovechado para engañar a más personas. Cuando la situación se vuelve insostenible, los delincuentes huyen con el dinero de las víctimas.

Esta es una de las seis formas de estafa en esta clase de transacciones detectadas por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC). Se trata de una peligrosa combinación entre necesidad, escasez e ingenuidad, que está siendo aprovechada por gente inescrupulosa para quedarse con el ahorro de otros.

Otra forma bastante extendida es la de ofrecer bienes inmuebles que están hipotecados. En este caso, los dueños a veces prefieren huir con el dinero de los anticresistas sin honrar la deuda financiera que tienen. Y cuando el banco procede a incautar el inmueble, el inquilino se queda sin soga ni cabra. La mejor forma de prevenir este te tipo de engaños es asegurarse de que el inmueble no esté hipotecado e inscribir el anticrético en Derechos Reales, para evitar que la vivienda sirva de garantía para un préstamo en el futuro.

Solo en 2012, la Policía registró 63 estafas de esta naturaleza en La Paz, y se estima que muchas otras no fueron denunciadas. En 2013, esta cifra subió a 115, 82% más. Los afectados ahora no solo carecen de una vivienda, sino que además han perdido sus ahorros. Incluso algunos han contraído deudas para pagar el anticrético.

Por estos y otros motivos, la justicia no se puede mostrar indolente con este tipo de delincuentes, que muchas veces truncan proyectos de vida. Urge establecer sanciones más duras (la ley contempla solamente entre uno y cinco años de cárcel, se haya estafado a una o a mil personas), pero también medidas que garanticen la recuperación del capital de las víctimas.

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Megalópolis

Carlos Villagómez

/ 23 de febrero de 2024 / 10:06

¿Se puede tener conciencia de escala y temporalidad en una megalópolis? ¿Cómo viven los habitantes de las ciudades mastodónticas del planeta? ¿Cómo sobrellevan la tensión de un espacio infinitamente inabarcable? Va una respuesta: por la resiliencia humana que se adapta más que ninguna especie animal sobre la tierra y soporta los meganúmeros de las grandes ciudades: Tokio, en Japón, 37.400.000 millones de habitantes; Delhi, en la India, 31.200.000; Shanghai, China, 27.800.000; o Ciudad de México (CDMX) con 22.000.000 (sin contar lo que ahora se conoce como la megalopolitana Zona Metropolitana del Valle de México).

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Una forma de experimentar el vaciamiento existencial de las megalópolis es usando su transporte masivo.  El Metro de CDMX transporta 4,6 millones de usuarios al día; es decir, en tres días el Metro mexicano mueve la población de Bolivia. Se inauguró en 1969 y su infraestructura ingenieril, tan bien concebida y construida, ha soportado honrosamente el trajín. Un detalle impresiona: los pisos de mármol de las interminables estaciones están repulidos hasta la deformidad por los infinitos pasos del torbellino humano que transita sin parar hace más de medio siglo. Es una ciudad subterránea que se desarrolla en varios niveles, llegando en algunos casos hasta 40 metros por debajo de la superficie. Y ese mundo soterrado es el espacio del pueblo profundo, un pueblo sometido por un Leviatán urbano con forma de un gigantesco hormiguero donde van y vienen millones de rostros con un rictus entre resignación y jactancia.

Las megalópolis se reconocen por esos múltiples niveles construidos para su transporte masivo. Son kilómetros por debajo o por encima de la superficie como en la clásica película Metrópolis. La superficie naturalmente disponible no es suficiente para albergar el crecimiento poblacional y la migración, urge construir múltiples pisos artificiales para que hombres/hormigas u hombres/pájaros se trasladen.

Pero no me voy sin ensayar otra respuesta más afinada a las preguntas del inicio: los seres humanos, como animales comunitarios, tendemos a establecer círculos de referencia o áreas de control territorial que nos permiten subsistir en escalas urbanas que van más allá de nuestra comprensión física y mental. Los urbanitas de las megalópolis de este siglo no tienen conciencia plena de la totalidad espacial y temporal, pero su capacidad resiliente genera reducidos espacios referenciales.

Nosotros no necesitamos sobrevivir con esas referencias. Vivimos en una ciudad tan pequeña que es una micrópolis cuya totalidad vemos y controlamos socialmente, aunque, de tanto en tanto, nos mortifiquen pinches bloqueos de “mil” esquinas.

(*) Carlos Villagómez es arquitecto

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Periodo ‘estelar’ de la inversión privada

Llama la atención de que en el periodo ‘estelar’ de la inversión no se haya generado esa industria pujante que el análisis liga al ejercicio de lo privado

Rafael Villarroel

/ 23 de febrero de 2024 / 10:02

La publicación El capital corrosivo en Bolivia y los retos de buena gobernanza, de la Fundación Milenio, constituye un aporte intelectual de considerable valor para el análisis de la coyuntura y, en ese contexto, también contiene elementos que merecen ser apreciados y analizados a la luz de un filtro diferente, y contrastados con elementos que incorporados permiten una reflexión en torno a este documento, que lo enriquecen e invitan a formular una posición distinta.

En su primer capítulo, la publicación presenta un análisis que declara como “estelar” para el mundo de la inversión privada el periodo inmediatamente posterior a la recuperación de la democracia y el inicio del nuevo milenio, pero no hace el reconocimiento expreso de que en ningún momento de esta época “estelar” se registraron cifras similares a las vividas en el periodo que bautiza como populista, cuyo surgimiento lo atribuye a una crisis económica que se contradice con la “estelaridad” del periodo que se reputa como exitoso.

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Ese acápite señala la implantación de un modelo de capitalismo de Estado al que le atribuye medidas recalcitrantes que “maniatan” al sector privado, que se habría visto reducido a actuar en resquicios que dejaría el “omnisciente” Estado y que este sector se encontraría condenado a actuar como un proveedor estatal.

Sobre esto, llama la atención de que en el periodo “estelar” de la inversión no se haya generado esa industria pujante que el análisis liga al ejercicio de lo privado; pero, además, se muestra al modelo calificado como capitalista de Estado como si hubiera arrebatado del mundo privado sus inversiones y sus iniciativas olvidando que, en primer término, el Estado poseía más de dos centenares de empresa publicas antes del inicio del periodo “estelar” que fueron privatizadas, incluso en precios irrisorios que indignaron a la población, que en casos puntuales obedecieron a negociados para la apropiación del activo de la empresa que era muy superior al valor de “privatización” y terminó en un simple negocio inmobiliario. En otros casos, recibieron, por precios indignantes para el ciudadano promedio, compañías a punto de entrar en marcha, luego de haber superado su periodo de maduración y que fueron a engrosar emporios monopólicos que, a la postre, fueron entregados a manos extranjeras en operaciones de bolsa (diseñadas en ese periodo “estelar”) que permitieron la omisión de impuestos.

En este sentido, surge la duda respecto a ese periodo “estelar” que se indica en el análisis, hasta con saudade, ¿por qué no se ha formado ese capital competitivo en el periodo “estelar”? ¿Por qué las cifras de crecimiento no se reputaron como exitosas, y ese sector privado “vigoroso“ no pudo reaccionar a la crisis que reputa como el coletazo que produjo su colapso en pro del surgimiento de ese “periodo populista”? Sin dejar de tener presente que se entregó a ese sector privado pujante y protagonista “estelar” de la inversión las principales generadoras de los recursos más importantes de este país, con compromisos de inversión contra la oferta de convertirse en socios, a cambio de solamente pagar por el 50% más una de las acciones de las empresas que se conformaron para la entrega de los recursos e inversiones en contratos de “capitalización”.

En conclusión, parece urgente incorporar estos elementos para la definición de un “capital corrosivo” que se constituye en un tema de actualidad innegable y debe llamar a la reflexión de la bolivianidad en su conjunto, sin dejar de lado el esfuerzo editorial que cumple su labor de ser una invitación al debate y la reflexión.

(*) Rafael Villarroel es economista

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Irán: 45 años de bloqueo y sanciones

Irán se consolidó como potencia regional por sus avances y logros en ciencia, medicina, educación

Sdenka Saavedra Alfaro

/ 23 de febrero de 2024 / 09:58

Transcurridos 45 años de la Revolución Islámica de Irán liderada por el ayatolá Ruhollah Al Musavi Jomeini, que condujo a la liberación de todo un país al expulsar al régimen totalitarista de Reza Sha Pahlavi, tras 2.500 años de una monarquía que se había enriquecido sobre el dolor y el sufrimiento de un pueblo que, flotando en mares de riqueza, vivía en la miseria sirviente de EEUU, la corona británica y Francia, continúa siendo un referente en la lucha y resistencia frente a las injerencias del imperialismo y el sionismo para Latinoamérica y el mundo.

Y en esa visión multilateralista, la que fortalece a los pueblos con conciencia y cosmovisión contra el terrorismo hegemónico, es que hoy Irán es un soporte al progreso económico, político y científico de los países de la Patria Grande, demostrando su solidaridad más allá de las posturas multipolares, como su apoyo a Bolivia, con el aporte a la salud, traducido en la existencia de sus dos hospitales, uno en la ciudad de El Alto y el otro en Cochabamba, brindando atención gratuita y de excelencia en sus diferentes campañas; también en la cooperación e inversión en la industria petrolera, así como la exportación de tractores, variando su número entre 700 y 900 unidades.

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Esa solidaria percepción de la lógica de su política exterior vigente: no intervenir, no oprimir, ni ser oprimido, la vemos también en el constante envío de buques tanqueros de gasolina a la República Bolivariana de Venezuela, país doblegado y sancionado por EEUU. Al mismo tiempo vemos su ayuda a países como Cuba, que ya cumplió más de 60 años de bloqueo económico impuesto, a Nicaragua y a todo país que es vetado, bloqueado y sancionado en apoyo a las demandas de libertad e independencia de las naciones oprimidas del orbe, frente a la crueldad de países arrogantes.

Pese a la iranofobia, la guerra mediática que creó EEUU, Israel, Europa para cultivar una política antiiraní; la guerra psicológica, las amenazas militares, el haber cometido una serie de atentados, asesinatos, las sanciones inhumanas, el bloqueo económico no solo a sus empresas estatales, sino también a directivos y personas particulares —claro ejemplo de ello el cobarde asesinato en 2020 del general de la Guardia Revolucionaria de Irán, Qasem Suleimani, y los continuos ataques que se cometen recordando sus cuatro años de su martirio—, la Revolución Islámica de Irán sigue latente, ya que sus enemigos no han podido doblegarla.

La revolución iraní continúa viva en el Eje de la Resistencia, siendo un baluarte ante los ataques bélicos que en este momento lleva a cabo Israel con el apoyo de Estados Unidos y los países europeos, contra la Franja de Gaza y Rafah en Palestina, genocidio avalado por la comunidad internacional y los organismos internacionales como la OTAN, la ONU, la OEA, la UE, etc… que no hacen nada —o no pueden hacer nada— para poner un alto al fuego; pues mientras se escriben estas líneas, un niño pierde la vida cada 15 minutos, si no es por las bombas es por la hambruna existente, o las enfermedades y lesiones, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los procesos de integración que han llevado a la creación de organizaciones internacionales como la Organización de Cooperación de Shanghai y el BRICS son también el fruto del anhelo de las naciones emergentes de romper su dependencia frente al sistema financiero impuesto por EEUU. Y otra de tales manifestaciones es el proceso de desdolarización y la construcción de un modelo financiero internacional independiente, siendo Irán un pionero en la resistencia y en la cooperación con las naciones latinoamericanas que han sido objeto de sanciones por parte de Washington.

Irán se consolidó como potencia regional por sus avances y logros en ciencia, medicina, educación, obteniendo el cuarto puesto en robótica y en nanotecnología a nivel mundial, o siendo el primer país en nacionalizar su petróleo; asimismo, es una potencia en tecnología y producción de drones, misiles, satélites, cohetes, y se sitúa en el puesto 18º entre las mayores economías del mundo y ocupa el décimo cuarto lugar en función de su poderío militar, Global Firepower (GFP), desempeñando un papel clave de afronte incólume al imperialismo, otorgándole a la comunidad internacional un equilibro de poder frente a las naciones invasoras y opresoras.

(*) Sdenka Saavedra Alfaro es escritora y corresponsal de HispanTV

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Creer es ver

¿Cómo vamos a funcionar como país cuando un gran número de personas simplemente ven una realidad diferente a la del resto de nosotros?

Paul Krugman

/ 23 de febrero de 2024 / 09:55

Lo más sorprendente del reciente viaje de Tucker Carlson a Rusia no fue su servil entrevista con Vladimir Putin, sino sus días efusivos sobre lo maravilloso que es Moscú. Pero claro, él era un invitado especial del país que inventó las aldeas Potemkin (incluso si la historia original es dudosa), y asegurarse de que solo viera cosas buenas debe haber sido fácil.

La verdad es que, si bien partes de Moscú ofrecen a una pequeña élite un estilo de vida opulento, Rusia en su conjunto está más que destartalada. Para muchos rusos, la vida es pobre, desagradable, brutal y corta: la esperanza de vida es sustancialmente menor que en Estados Unidos, a pesar de que la esperanza de vida en Estados Unidos ha disminuido y está por detrás de la de otros países avanzados.

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De todos modos, mientras elogiaba a Moscú, Carlson destrozaba las ciudades estadounidenses, especialmente Nueva York, donde, dijo, “no se puede usar el metro” porque “es demasiado peligroso”. Sin duda, hay algunos neoyorquinos que temen tomar el metro. Sin embargo, de alguna manera, antes de la pandemia había alrededor de 1.700 millones de pasajeros cada año (sí, tomo el metro todo el tiempo) y el número de pasajeros, aunque todavía deprimido por el aumento del trabajo desde casa, se ha ido recuperando rápidamente.

Es posible, por supuesto, que Carlson nunca haya viajado en el metro de Nueva York, o al menos no desde los días en que Nueva York tenía alrededor de seis veces más homicidios cada año que hoy en día. En esto podría parecerse a Donald Trump, quien probablemente no ha realizado vuelos comerciales en décadas, declarando el otro día que los aeropuertos de Estados Unidos, que tienen colas molestamente largas en seguridad pero tienen muchas más comodidades que antes, nos hacen parecer como una “nación del tercer mundo”.

Pero los derechistas parecen inamovibles en su convicción de que Nueva York es un infierno urbano (solo el 22% de los republicanos la consideran un lugar seguro para vivir o visitar), a pesar de que es una de las ciudades más seguras de Estados Unidos.

En términos más generales, existe una sorprendente desconexión entre las percepciones de los estadounidenses sobre la delincuencia en el lugar donde viven y su evaluación mucho más pesimista de la nación en su conjunto. Esta desconexión existe para ambos partidos, pero es mucho más amplia para los republicanos. Esto es parte de un fenómeno más amplio. Estados Unidos se ha convertido en un país en el que, para muchas personas, especialmente pero no solo de la derecha política, creer es ver. Las percepciones sobre cuestiones que van desde la inmigración hasta la delincuencia y el estado de la economía están impulsadas por posiciones políticas y no al revés.

Para tomar un tema al que obviamente he dedicado mucho tiempo: durante los años de Biden, la mayoría de las medidas de confianza del consumidor han sido mucho más bajas de lo que cabría esperar, dadas las medidas estándar del desempeño de la economía. Esto sigue siendo cierto, a pesar de que el sentimiento ha aumentado sustancialmente en los últimos meses. Existe prácticamente todo un género de análisis dedicado a argumentar que la gente en realidad tiene razón al sentirse mal con la economía por una cosa u otra.

Así que aquí va un consejo profesional: ignoren a cualquiera que diga que los estadounidenses están deprimidos en cuanto a la economía sin darse cuenta de que la realidad es que los republicanos están deprimidos.

Los demócratas parecen sentir que la economía ahora es tan buena como a fines de 2019, que es lo que cabría esperar, dado que la tasa de desempleo es aproximadamente la misma y la inflación solo un poco más alta. Los republicanos, sin embargo, han pasado de la euforia sobre la economía bajo Donald Trump a una visión muy crítica bajo el presidente Biden.

¿Qué pasa con los independientes? No importa: en su mayor parte, se inclinan hacia un partido u otro y se comportan como partisanos.

Como escribí la semana pasada, la naturaleza de creer para ver de la opinión pública puede significar que las percepciones de la economía, y tal vez de la delincuencia, no importarán mucho para las elecciones de este año: los estadounidenses que creen que las cosas van terribles probablemente no lo harían. Pero para adoptar una visión más amplia: ¿cómo vamos a funcionar como país cuando un gran número de personas simplemente ven una realidad diferente a la del resto de nosotros?

(*) Paul Krugman es premio Nobel de Economía y columnista de The New York Times

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El peligro monta una motocicleta

Lucía Sauma, periodista

/ 22 de febrero de 2024 / 06:59

Cada día es más frecuente que un motociclista aparezca a toda velocidad en contrarruta y el transeúnte que está cruzando la calle salte asustado y se quede quieto, atónito, pensando que acaba de librarse de un grave accidente. Tampoco es de sorprender que el conductor de una moto repartidor de pizzas o cualquier otro encargo se suba a la acera para pasar por sobre todos, esquivando una trancadera. Tocan bocinas, pasan por el carril derecho cuando los pasajeros de un transporte público están descendiendo del mismo. Los motociclistas están por todo lado, siempre apurados, siempre otorgándose prioridad absoluta, siempre creyendo que lo que sea que transportan es parte de Misión Imposible y como Tom Cruise tienen pase libre para arrasar con lo que o quien tengan por delante.

En el primer semestre del año pasado se registraron más de 4.000 accidentes ocasionados por motociclistas, según datos proporcionados por UNIVida, es el motorizado con mayor siniestralidad; la aseguradora estatal pagó Bs 17 millones por los siniestros cometidos principalmente por motociclistas entre enero y julio de 2023.

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Detrás de los accidentes ocasionados por los conductores de motocicletas están las víctimas, personas que sufrieron golpes de los que se recuperaron relativamente rápido; otras más graves por golpes en la cabeza, que tuvieron que ser intervenidas y terminar con una placa de platino en la cabeza; están quienes perdieron una pierna o un brazo, y finalmente quienes perdieron la vida. Entre estas últimas están las personas que dejaron huérfanos o personas dependientes que quedan en el desamparo

El problema tiene aún mayores agravantes, muchos de estos motociclistas no tenían permiso de conducir en el momento del accidente, no tenían SOAT, eran menores de edad y en un número preocupante se dieron a la fuga, dejando a sus víctimas sin auxilio, con absoluta irresponsabilidad, amparados además en lo engorroso que se convierte el trámite de la denuncia, la verificación en cámaras de vigilancia si es que existen en el lugar del accidente y la buena voluntad de las autoridades para continuar con la investigación hasta dar con el autor.

Tienen que tomarse medidas serias frente al peligro que representan los motociclistas irresponsables. Tiene que aumentar la vigilancia en las calles, hay ausencia total de personal de tránsito, no se ven patrulleros que controlen la velocidad ni detengan a los infractores, como los que hacen caso omiso de la luz roja, el que conduce en contraflecha, los que no tienen placas en sus vehículos, los que usan su celular mientras conducen, etc., etc. Todo esto es parte de la seguridad ciudadana, que por los datos conocidos está a la zaga de quienes se creen superhéroes de dibujos animados mientras están montados en una motocicleta.

(*) Lucía Sauma es periodista

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