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El brindis del economista

Hay fundadas razones para brindar por Bolivia; empero, no deberíamos emborracharnos con las cifras

/ 11 de noviembre de 2014 / 06:11

Las justas electorales son el mejor pretexto para la autocrítica, las reflexiones, en fin, la búsqueda de la catarsis que nos permita ser fiscalizadores ante un nuevo gobierno, pero sin dejar de lado las ilusiones y esperanzas de un mejor futuro. Exacto, vemos las elecciones en dos momentos, la primera, una introspección de lo que nos dejó el Gobierno que pronto pasará a engrosar nuestra memoria, y el otro momento captura nuestros deseos. En las siguientes líneas trataré de hacer una breve reflexión del crecimiento económico de este vertiginoso periodo llamado “proceso de cambio” y qué deberíamos esperar para el periodo 2015-2020.

Comenzaré haciendo eco de las múltiples noticias del exterior, destacando el desempeño económico del país. El último boletín del Fondo Monetario Internacional anunció que el PIB de Bolivia crecerá el 5,2% a final de año, muy por encima del crecimiento promedio de América Latina, que se estima estará en torno al 1,3%. A su vez, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señala que Bolivia encabeza el ranking de crecimiento acumulado previsto entre 2012 y 2015. El país presentará una expansión del 24,1% a fines del próximo año. Detrás aparecen Perú (22,1%), Paraguay (22%), Colombia (19,2%) y Ecuador (18,8%).

Para muchos economistas el crecimiento boliviano encuentra su correlato en el precio de las materias primas. Existe amplia evidencia empírica a favor entre el precio de las exportaciones y el crecimiento económico. Pese a ello, hay que cuestionarnos si los anteriores gobiernos, respaldados en los precios internacionales, hubiesen tenido los pantalones para nacionalizar Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), decisión tan incuestionado en las últimas elecciones; si hubiesen podido bajar los niveles de pobreza extrema de 38,2% en 2005 a 21,6% en 2013; si hubiesen podido reducir la desigualdad entre el 10% más rico y el 10% más pobre de 128 veces a 46 en 2012; si los depósitos en el sistema financiero habrían crecido 273,6% entre 2005 y 2013; si la inversión extranjera hubiese alcanzado un nivel histórico de 2.030 millones de dólares el año pasado, si habríamos tenido superávit fiscal ocho años consecutivos, si hubiésemos obtenido legitimidad y estabilidad política…

Al menos yo no les doy esos poderes per se a los precios internacionales. De lo que sí estoy consciente es del poder del voto, y que para el periodo 2015-2020 tendríamos que esperar y demandar una mejora en los indicadores de salud: Bolivia ocupa los últimos lugares en la región en varios indicadores de este ámbito. Asimismo deberíamos demandar mejores condiciones en educación: ya no se trata de dejar atrás el analfabetismo, sino dejar de ser analfabetos técnicos (para eso es necesario dar incentivos a la ciencia, investigación y tecnología, y así ponernos a competir con el mundo); completar la fase de industrialización de los recursos naturales; dejar de ser una economía de base chica y exigir seguridad ciudadana en sus diferentes facetas. Cada lector tendrá sus demandas, ilusiones o esperanzas para una mejor Bolivia, éstas son las mías.

Como podrán darse cuenta, hay fundadas razones para alzar las copas y brindar por Bolivia. No obstante, hay que ser prudentes y, al menos los economistas, no deberíamos emborracharnos con las cifras, más bien, debemos concentrarnos en la Bolivia que se viene.

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Nuevo mito boliviano

Debemos negar la tragedia y dejar inhabitado el miedo. Solo así aminoraremos la desesperanza

/ 18 de diciembre de 2015 / 04:11

En la mitología griega, Poros representa la disponibilidad, el recurso, la posibilidad, como quien dice, un nacido en cuna de oro. Resulta que durante la boda de Afrodita (diosa del amor), llamó a la puerta una mendiga que venía por las sobras del banquete, su nombre era Penia. Cuando logró entrar a la boda y pudo saciarse de comer y beber se propuso seducir a Poros. No le fue difícil, pues acudió a aquello a lo que Poros era más sensible: la adulación. Poros y Penia se refugiaron en el jardín huyendo de las miradas del resto de los invitados y allí copularon una y otra vez.

De su unión nació Eros, que metafóricamente viene a representar ese sentimiento de insatisfacción ante la falta del otro, amor dirán los soñadores. Eros es, pues, el hijo del recurso y la necesidad, del exceso y la pobreza; coloquialmente es aquello que une el hambre y las ganas de comer, el queso y el ratón.

En el nuevo mito boliviano presenciamos el nacimiento de un dios capaz de esconder el sol y hacer huir a la luna, un dios sin el cual no seremos capaces de ser felices y nuestras vidas no tendrán sentido. Al igual que Poros, el nuevo dios es sensible a la adulación, es más, diría que se hace más fuerte a cada halago de sus lisonjeros creyentes que vendrían a jugar el papel de Penia, la otrora mendiga que sació su hambre y se emborrachó de poder.

De la unión del nuevo dios y de sus creyentes nació el miedo, el miedo a que un día nos falte este dios, a que se acabe el mundo como lo conocemos, a que nuestros hijos no tengan esperanza, ni destino, miedo a pensar que no se trate de un dios, sino de un hombre. Pero como sucede a menudo, el miedo termina apoderándose de sus creadores, porque la revolución, que es la vida misma, termina desterrando a los que se consideran elegidos para el eterno destino del mando. Una vez que el miedo entra en los corazones de los creyentes, éstos usan todos sus recursos para atacar a la revolución y mantener la continuidad, pero la revolución que nace de la inconformidad prevalece al miedo y a los mitos.

Los bolivianos tendríamos que tener un poco más de amor propio, más fe en nosotros mismos, dejar de pensar que nuestra felicidad depende de un dios o de un hombre. No debemos permitir que se nos menosprecie. Debemos negar la tragedia y dejar inhabitado el miedo. Solo así aminoraremos la desesperanza de un destino que se cree predeterminado.

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La misteriosa ecuación del amor

Nash debe estar sacudiéndose en su cripta por la cada vez más latente falta de valores en la sociedad

/ 27 de junio de 2015 / 04:15

El 13 de junio John Nash hubiera cumplido 87 años. Este matemático, ganador del Premio Nobel de Economía en 1994, posiblemente sea recordado por usted gracias a la interpretación de Russell Crowe en la película Una mente brillante.  En el epílogo de la película, el discurso atribuido a Nash se viste de sutileza con la siguiente frase: “Solo en las misteriosas ecuaciones del amor puede uno hallar lógica o razón”.

Por supuesto Nash no recibió el Premio Nobel por el desarrollo de una ecuación del amor (la imaginación del ser humano aún no ha llegado a tanto). Sin embargo, consideremos por un minuto que se pueda medir el amor en una sociedad. Para ese trabajo primero, y tal vez lo más difícil, tendríamos que definir qué entendemos por amor, luego tendríamos que identificar qué variables nos van a ser de utilidad para medirlo.

Ramón Gómez de la Serna define el amor como el deseo repentino de hacer eterno lo pasajero, en un arrebato de romanticismo podríamos considerar el número de matrimonios como la expresión de amor en una sociedad convencional, pero para que sea un amor eterno evaluemos el porcentaje de divorcios. Si es amor verdadero debe existir respeto; por tanto, consideremos los casos de violencia intrafamiliar y el porcentaje de violencia contra la mujer para darnos una idea sobre el amor en Bolivia.

De acuerdo con datos del Órgano Electoral Plurinacional, entre 2006 y 2012 se registraron 269.149 matrimonios, de los cuales el 40% se encuentra en el departamento de La Paz, en Santa Cruz el 19%; y en Cochabamba el 12%. Por otro lado, entre 2007 y 2011 se registraron en el país 30.832 divorcios, el 27% corresponde a Santa Cruz, el 24% a La Paz y el 23% a Cochabamba. Estos datos corresponden al Servicio de Registro Cívico (Sereci). Sin embargo, estas cifras están subestimadas, puesto que no todos los divorcios realizados en instancias judiciales llegan a ser registrados en el Sereci (su registro no es obligatorio). Un trabajo de la Coordinadora de la Mujer informó que al menos la mitad de los matrimonios registrados terminan en divorcios, otro trabajo de la Cooperación Técnica Alemana indica que esta relación es del 72%. 

Las principales causas de divorcio identificadas son el adulterio, la violencia intrafamiliar, la falta de madurez en la pareja y la falta de comunicación. Por ejemplo, en 2013 los casos de violencia física y sexual atendidos en establecimientos de salud señalan que de 9.091 casos de violencia, 6.770 fueron contra la mujer y 2.321 contra el varón. En la mayoría de los casos el consumo de alcohol fue el catalizador. Un dato más actual y preocupante es el presentado por el Centro de Información y Desarrollo de la Mujer, que registró al menos 34 feminicidios en Bolivia entre enero y mayo de este año. También se indicó que Bolivia es el país latinoamericano con el nivel más alto de violencia contra la mujer y el segundo después de Haití en violencia sexual, según datos de ONU Mujeres.

Nash debe estar sacudiéndose en su cripta, y no por mi tendenciosa relación del amor con las cifras presentadas, sino por la cada vez más latente falta de valores en la sociedad boliviana, en mi humilde opinión, producto de una sociedad que transita hacia el lado más perverso del capitalismo como es el consumismo, el individualismo, la insensibilidad ante demandas justas y el “vale todo, métale no más…”. En ese escenario Bolivia no encuentra lógica o razón en esta misteriosa ecuación del amor.
 

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La apuesta para 2015

El fortalecimiento del dólar erosiona los términos de intercambio en los países emergentes

/ 7 de enero de 2015 / 04:02

Blaise Pascal hacía notar que, a pesar de no tener certeza en la existencia de Dios, las personas racionales tienden a creer que sí existe. El argumento plantea que, “aun cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña”, las ganancias potenciales (una vida eterna en el paraíso) derivadas de “creer” hacen que ésta sea la decisión racional. Este famoso planteamiento recibe el nombre de la Apuesta de Pascal (Pascal’s wager).

Considere lo siguiente, el precio de las materias primas, y más precisamente el precio del petróleo, están a la baja y hay fundadas razones para creer que en 2015 seguirán cayendo. ¿Qué fundadas razones? Pues la principal razón es el ligero repunte de la economía estadounidense, traducido en un dólar más fuerte. Y un dólar apreciado presiona a la baja a todos los precios internacionales que cotizan en esta divisa, entre otros, los de todas las materias primas.

Ante los últimos datos de empleo y señales alentadoras de crecimiento para 2015, algunos economistas creen que el Banco Central estadounidense (Fed) podría elevar las tasas de interés referenciales a mediados de 2015. ¿Cómo afectaría esta medida a la economía global? Mayores tasas de interés pueden modificar los flujos internacionales de capital hacia el norte, en desmedro de las economías emergentes, afectando la cuenta capital del balance de pagos, ya castigada por el lado del balance comercial, si es una economía exportadora de materias primas.

El fortalecimiento del dólar erosiona los términos de intercambio en los países emergentes. Además, reduce el poder adquisitivo de la gente que consume productos importados, añadiendo presión para intervenir la política cambiaria que, de no hacerse con cuidado y a tiempo, puede tener severas consecuencias para una economía. Fenómeno  que conocen muy bien los chilenos que  se acuerdan de la década de los 80 y más recientemente los argentinos. Las alzas del dólar, además, aumentan la deuda externa, si los créditos fueron contraídos en esa divisa.

Dado este panorama le planteo las siguientes apuestas: 1) no creer que los precios del petróleo nos afectarán, si en verdad no nos afectan, no se preocupe; 2) creer que los precios del petróleo nos afectarán, si en verdad no nos afecta, no se preocupe; 3) creer que los precios del petróleo nos afectarán, si en verdad nos afectan, no se preocupe (pues debe estar preparándose) y 4) no creer que los precios del petróleo nos afectarán, si en verdad nos afectan, pues, encomiéndese a Dios. ¿Por cuál opción apostará en 2015? A propósito, feliz Año Nuevo.  
 

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La goleada de Bolivia a la Argentina

Este texto busca dar un pincelazo sobre el momento económico que atraviesan Argentina y Bolivia

/ 12 de septiembre de 2014 / 06:24

No, no me refiero al inolvidable 6 a 1 que la Verde le propinó al combinado argentino el 1 de abril de 2009, el título del presente artículo hace referencia a un partido económico. Seré más claro, en las siguientes 532 palabras haré una comparación de variables económicas, en las cuales Bolivia tiene mejor desempeño que su vecino, y consecuencia lógica, Argentina tiene su gol consuelo. El objetivo de este artículo es dar un pincelazo del momento económico que atraviesa Argentina y qué pasa con Bolivia en esa materia, salvando diferencias institucionales y coyunturales. Que corra el balón.

Dos goles de camerino. Argentina enfrenta una estanflación, esto es, la combinación de recesión en la actividad económica y una inflación persistente. Según fuentes oficiales, en junio el Estimador Mensual de Actividad Económica, que anticipa los resultados del PIB, presentó una variación nula (0%) frente a junio de 2013. Además, la inflación registró un incremento de 1,4% en julio y una inflación acumulada de 16,7%. Consultoras privadas estiman que Argentina cerrará con una contracción del PIB de 1,2% y una inflación cercana al 40%.

Bolivia, en cambio, tiene previsto crecer en torno al 5,7%, con una inflación de 5,5%. Respecto a la meta inflacionaria, de acuerdo con el INE, existe una inflación acumulada a agosto de 3,9%; así, la inflación mensual promedio en los restantes cuatro meses no debe sobrepasar del 0,41%.

El autogol rioplatense. Un problema transversal en Argentina es el déficit de las cuentas públicas. De acuerdo con datos del Ministerio de Economía de ese país, el déficit total llega a unos 10.909 millones de dólares; lo que representa 174% más que el desequilibrio total de la primera mitad de 2013. Bolivia, en cambio, desde el 2006 al 2013 registra superávit fiscal. La posición de las cuentas públicas el año pasado fue de Bs 1.376 millones (198 millones de dólares).

A un gol de las grandes ligas. Argentina se encuentra en cesación de pagos, más allá que ésta sea selectiva, técnica o el nombre que se le quiera poner, tiene una fuerte connotación en el mercado financiero internacional y está relacionado linealmente con la confianza. Si un país carece de la confianza de los inversionistas, se hace más costoso hacer que lleguen divisas a su economía, las primas por riesgo se hacen más altas y es una invitación abierta a los fondos de capital especulativos, pero principalmente, se limitan los financiamientos productivos y la provisión de bienes públicos.

Bolivia, en cambio, viene experimentando una mejora en la calificación de su deuda soberana desde mediados de 2000, la última mejora del país fue la calificación de Standar & Poor’s en mayo de este año (BB). La mejora en la calificación de riesgo es resultado de una evaluación positiva al desempeño de la economía, la estabilidad política y la capacidad fiscal de endeudamiento, que al final del día, es lo que les interesa a los inversionistas.

El gol consuelo. Hace un par de semanas el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina se posicionó en el puesto 79 del ranking internacional que mide a casi 5.000 instituciones científicas de todo el mundo, un lugar al que accedió tras escalar 72 posiciones desde 2009.

Argentina a principios del siglo pasado era la promesa del desarrollo, del futuro… Bolivia, hoy, empezó a forjar su mañana. La industrialización, la ciencia y tecnología será lo que nos permitirá ganar el partido en el largo plazo. Sí, dije Bolivia. 

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