Voces

lunes 25 oct 2021 | Actualizado a 01:14

Crímenes incomprensibles

/ 16 de noviembre de 2014 / 05:30

Hace pocos días en este mismo espacio lamentábamos la muerte de tres niñas (una de cuatro, otra de cinco y la mayor de nueve años) que fueron violadas entre el 18 y 31 de octubre antes de fallecer, es decir en un lapso de apenas dos semanas. El país aún no terminaba de digerir estos hechos, cuando, de nueva cuenta, ha ocurrido otra tragedia similar, con el agravante de que esta vez el infante que falleció como consecuencia de un abuso sexual tenía apenas ocho meses de edad; además, se trataba de un bebé en estado de orfandad que vivía en el Hogar Virgen de Fátima, considerado hasta ahora uno de los mejores orfanatos del país.

Si bien aún no se tiene la certeza de quién es el responsable de este terrible delito, ni dónde fue cometido realmente (aparentemente habría ocurrido en el orfanato, sin embargo, las autoridades de esta institución señalan que fue durante el traslado del bebé al hospital para ser tratado por una dolencia); ciertamente éste y los otros casos antes mencionados ponen en evidencia que algo anda mal en el país, toda vez que existen personas enfermas capaces de cometer aberraciones contra lo más preciado que tiene la sociedad, los niños,     y no solamente en las calles y hogares, sino también en instituciones médicas y probablemente en centros de acogida.

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Infantino sale a vender el mundial cada dos años

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 24 de octubre de 2021 / 22:35

A meses de llegar a la presidencia de la FIFA, Gianni Infantino consiguió que el Congreso le aprobara elevar los Mundiales de 32 a 48 equipos, con lo cual se pasará de los 64 partidos actuales a 80. Y de 27 días que insumirá Catar 2022 a 39 en 2026. Dieciséis encuentros más significan una millonada de ingresos adicionales. No satisfecho con ello, ahora Infantino quiere duplicar todo organizando el Mundial cada dos años. Muy ambicioso. E insistente. La UEFA y la Conmebol ya le han dicho que están en contra; la FIFpro (Federación Internacional de Futbolistas Profesionales) y la ECA (Asociación de Clubes Europeos) lo mismo. La Federación Nórdica, que reúne a Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Islandia e Islas Feroe fue más allá, señaló en un comunicado que si se aprueba el Mundial cada dos años consideraría salirse de la FIFA. O sea, del fútbol asociado. Y muchas otras voces balompédicas reprueban la iniciativa. No obstante, el ítalo-suizo ha comenzado por Sudamérica una gira país a país tratando de convencer a cada asociación de las bondades del proyecto.

Aunque FIFA dijo que el tema está en fase de consulta, va con todo. Infantino no debe ser subestimado, es un hombre que, sin haber presidido nunca un club, una asociación o una confederación, llegó a la presidencia de la FIFA a los 46 años tras una carrera meteórica. Sabe nadar en ese oficinesco mar de intrigas, votos, negociaciones, acuerdos. Es Messi en el mundo de saco y corbata. Habla idiomas, sonríe justo, palmea lindo y tiene la palabra exacta para cada ocasión. Si todos le dijeron de antemano que no y él se empeña en una recorrida mundial de persuasión, es porque advierte que puede ganar. A su vez, si el rechazo universal ha sido tan rotundo y él igual se sube a un avión y recorre los 211 países miembro de la FIFA, los intereses en juego deben ser gigantescos. Aunque señaló que “la prioridad será lo deportivo y no lo comercial». Sí…

En un contexto del futbol internacional saturado de partidos y campeonatos, donde los calendarios explotan y los jugadores no dan más, su solución para arreglarlo es agregar un Mundial cada dos años, con lo cual se añaden también las correspondientes Eliminatorias. Y un Mundial ampliado, de 80 partidos. El argumento de Infantino -y del extécnico Arséne Wenger, ahora director de desarrollo de la FIFA- es agregar juegos de más calidad. “Los aficionados quieren ver partidos más importantes”, argumentan. “Y los de un Mundial lo son”.

Wenger es el principal defensor del proyecto y Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, le fue al hueso: “Cuando dirigía al Arsenal, Wenger se quejaba de que la Copa Africana de Naciones se llevaba a cabo cada dos años. Lamentaba que ese torneo continental interfiriera con las temporadas de liga en Europa”.

Los jugadores terminan actualmente cada curso anual con cerca de 60 partidos, más de uno por semana, lo cual es muchísimo en el fútbol de alta intensidad actual, además de los viajes y los entrenamientos. Algún mal asesor le sopló a Gianni la idea de comparar el Mundial con el Super Bowl estadounidense. E Infantino se largó: “El Super Bowl se organiza todos los años, ¿por qué no tener un Mundial cada dos?”, declaró. Arreciaron las críticas. El Super Bowl es apenas un juego de un país, la final del torneo de fútbol americano; que es una liga de clubes y que dura muy poco: cuatro meses al año. En volumen es incluso menos que la Champions League, que tiene más participantes y más encuentros. Y la Champions es sólo una de las centenares de competiciones que tiene el fútbol en las 211 asociaciones que lo practican. No pudo elegir un ejemplo peor.

Una verdad escondida es que el fútbol de club ocupa el 80% de la actividad y el de selecciones el 20%. La FIFA no participa económicamente de los torneos de clubes, pero sí del de selecciones, está claro que busca aumentar su trozo de pastel. FIFA dice que, agrupando los partidos de eliminatorias, reducirán los viajes de los futbolistas y esto permitirá más descanso y más fechas libres. La verdad es que quiere achicar las Eliminatorias actuales, pero las asociaciones viven prácticamente de la venta de derechos televisivos, de las taquillas y de la publicidad y mercadeo de las clasificatorias mundialistas, en las que juegan nueve partidos de local. Eso en el caso de Sudamérica. Si les quitan esa entrada deberán compensársela.

Pero, básicamente, un Mundial cada dos años minimizaría a todos los demás torneos, de clubes y selecciones. La centenaria Copa América, si se jugara, perdería gravitación, lo mismo la Libertadores, la Champions. Un Mundial ensombrece todo lo demás. Y otras competencias, como la Liga de Naciones recientemente ganada por Francia, desaparecerían. No hay fechas. Además, los jugadores son siempre los mismos para todo.

Fernando Costa, presidente de la Federación Boliviana de Fútbol, señaló en una entrevista reciente que el tema fue hablado en el ámbito continental y las diez asociaciones están en contra del proyecto. Por eso Infantino viene a persuadirlas una por una, para dividir la opinión. Ya estuvo en Colombia, Ecuador, Venezuela, Chile y Argentina.

“No al Mundial cada dos años. El fútbol no es sólo dinero”, es el título de una columna en el diario El País, de Madrid, firmada por Philipp Lahm, el excapitán de Alemania. “Sobrecargar más el calendario internacional afectaría física y mentalmente a los jugadores. Un torneo anual sería como otra red social en el móvil. Nunca ha habido tanto fútbol. Cada día, alguien, en algún lugar, se enfrenta a alguien, y el encuentro se puede seguir en todo el mundo con cualquier dispositivo, ya sea en directo, a la carta, o solamente las mejores jugadas, a través de YouTube, DAZN o Twitter. Y todavía habrá más: pronto la Liga de Campeones dará cabida a 100 partidos adicionales cada año. Nuestra atención colectiva, como la denominan los expertos, va disminuyendo en el proceso, pero es difícil parar esta tendencia”.

Dato de apoyo a Lahm: Pedri, el talentoso volante del Barcelona de 18 años, jugó en la pasada temporada 73 cotejos entre su club y la selección. A los 30 años tendrá 200.000 kilómetros recorridos en una cancha.

Es verdad, a uno se le pasan de largo partidos, resultados y campeonatos. Si el Mundial cada dos años llegara reemplazando otras competiciones, bueno, pero nada desaparece, porque cada torneo es un gran negocio y nadie lo quiere dejar. Simplemente se agregaría. El fútbol está sufriendo una transformación acelerada y no parece que sea para mejor. No pinta bien.

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Las bestias malagradecidas

/ 24 de octubre de 2021 / 01:15

Durante más de cuatro siglos, los descendientes de criollos hispánicos y emigrantes, sobre todo alemanes, serbio croatas, sirio libaneses, entre otros, gobernaron territorios de Abya Yala como dueños. Los conceptos de raza superior e inferior, como criterios pseudocientíficos, fueron el acicate para generar genocidios y ultrajes a la dignidad humana en diversos lugares del mundo. Durante la Edad Media surgió el antisemitismo, originado por la creciente fagocitación de otras formas religiosas (judaísmo, islamismo) para implantar, vía militar, el cristianismo. Este proceso, fundado en la intolerancia que no permitía la diversidad política y religiosa, promovía el logocentrismo autoritario como único discurso legitimado por un grupo humano (la realeza, los militares y religiosos) y su expansión imperialista.

Después de las primeras expediciones marítimas en el siglo XV y las sucesivas invasiones colonialistas, los grupos de poder, adueñados del dogma cristiano, adoptaron el estatuto de limpieza de sangre y los justos títulos para probar una supuesta superioridad sobre las naciones avasalladas, sustentadas en argucias jurídicas, teológicas y filosóficas y de esa manera, justificar la trata de esclavos africanos y la explotación de los habitantes de las naciones originarias. ¿Qué es una nación originaria? Un conglomerado de habitantes que convive en un territorio ancestral y desarrolla, durante siglos, sus sistemas económicos, religiosos, de parentesco; tiene su idioma, sus conceptos de belleza y sus valores morales, políticos y filosóficos concebidos desde su relación con el cosmos y su territorio.

A la llegada de los conquistadores militares y religiosos, todo ese orden simbólico fue alterado y sustituido por otro, para facilitar el dominio y legitimar su propiedad sobre un territorio ajeno. Este avasallamiento de más de cuatro siglos, y pese a la sedimentación religiosa, nunca fue total. La resistencia constante, las estrategias y tácticas para subsumir las principales líneas rectoras se expresan, hasta el día de hoy, en las manifestaciones pagano religiosas vinculadas a los ciclos agrícolas que permitieron la vigencia cultural y su emergencia histórica.

En el siglo XIX, el imperialismo y su correlato colonialista encontraron otra justificación para evadir las críticas de algunos Papas católicos que fustigaban los modos de trato y explotación a punta de arcabuz y cruz, desmantelando de esa manera el dogma cristiano y convirtiéndolo en un escudo para la impunidad. Los sectores conservadores que se suponen portadores de la civilización y a las naciones sojuzgadas como la barbarie y el salvajismo, reinventaron sus feudos con el nombre de repúblicas, excluyendo a los habitantes originarios a un papel de convidados de piedra y recluyéndolos en museos como algo pasado y exótico que no formaba parte de la construcción de un Estado. Así, el imaginario republicano blancoide y racista consideraba que su imposición simbólica había engullido a las naciones originarias y que su proyecto de Estado era el único e incontrastable con otras visiones del mundo.

La aparición del texto del Conde Gobineau (1853-1857), Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, aseguraba, sin ninguna comprobación científica, que la raza nórdica blanca era superior sobre otras. Alentadas estas aseveraciones por el darwinismo social, las ideas de Nietzche y el nacionalismo mítico germánico del músico Wagner encontraron en el escenario de miseria de la Primera Guerra Mundial (1914- 1918), en Alemania, el abono perfecto para exaltar la idea de superioridad racial. Hitler la llevó a todos los extremos y desató la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Así, las “razas superiores” eran incapaces de resolver sus problemas a través de un diálogo civilizado y superior y generaron una carnicería salvaje en la que murieron millones de personas. Muchos de estos habitantes emigraron a Abya Yala, entre ellos varios criminales de guerra nazis, como Altman que intervino en la política interna de Bolivia e influyó en esferas racistas ancladas en el siglo XVII. La ciencia biológica ha demostrado que el individualismo a ultranza es incompatible con la lucha por la vida, la gametogénesis es la respuesta irrebatible y no sobrevive el más apto, sino el que se asocia en comunidad.

La ilusión del neofascismo criollo que desea desintegrar la “raza maldita”, ignora que la fuerza de la comunidad ha sobrevivido y fortalecido su poder.

Ahora podemos contestar a la pregunta: ¿Quiénes son las bestias malagradecidas que encontraron refugio y comida en territorios de Abya Yala?

Edgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Criar cuervos

/ 24 de octubre de 2021 / 01:11

Así como en las películas de vaqueros los buenos llevan el sombrero blanco y los malos el sombrero negro, en la mitología europea medieval el negro cuervo era de mal agüero, mientras la blanca paloma era la mensajera de Dios. La cultura occidental ha sido pródiga en ese tipo de encasillamientos: todo lo oscuro es peligroso, sucio, malvado; todo lo blanco es bello, puro y angélico. En ese proceso mientras la paloma es símbolo de paz, el pobre cuervo ha terminado siendo símbolo de cobardía, de envidia y de traición.

Por eso resulta especialmente problemático que el señor Rómulo Calvo, presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz, se haya referido a ciertos habitantes de ese departamento como “cuervos”. Ante el revuelo que se produjo, afirmó después que lo habían sacado de contexto. Vamos, pues, a poner sus palabras en contexto.

La declaración estaba específicamente referida a los habitantes de Santa Cruz que participarían de la movilización de desagravio a la wiphala convocada por el Gobierno. A ellos los calificó como “gente malagradecida que viene a esta tierra buscando mejores días”, les solicitó que no vayan “en contra de la tierra que les da de comer” y les advirtió “que no sean cuervos”.

Hace poco más de un año, el mismo señor hizo unas declaraciones parecidas. Esa vez, en el contexto de los bloqueos de caminos exigiendo la realización de elecciones, llamó a quienes bloqueaban carreteras en Santa Cruz “bestias humanas indignas de ser llamados ciudadanos”. Afirmó además que se trataba de “colonos que muerden la mano de la tierra que les abre sus brazos para que salgan de la pobreza”.

En ambas declaraciones el insulto y la advertencia va dirigido a un grupo específico: los habitantes de Santa Cruz que no han nacido en tierras cruceñas. Esas personas, para Calvo, deberían estar agradecidas por tener el privilegio de ser aceptadas en su territorio, que además les da de comer y las ha sacado de la pobreza. Esos bolivianos, para Calvo, son por definición “colonos”.

Más allá de su significado en el diccionario, esa palabra tiene en Bolivia importantes referencias históricas. Se llamó colonos a los migrantes de todo el país que se trasladaron a Santa Cruz en los años 50 como parte de un plan de diversificación económica llamado “la marcha al Oriente”. Con el tiempo, la palabra colono se usó como sinónimo de peón para referirse a los trabajadores rurales que no poseen tierra propia y trabajan para un patrón. Llamar a todo migrante a Santa Cruz colono implica jerarquizarlo como peón de la “tierra que les da de comer” y, por extensión, de quienes se autoproclaman sus “líderes morales” (o sea, su Comité Cívico).

Asumiendo que las definiciones de Calvo se aplicaran a toda Bolivia, de mí podría decirse que soy una colona, puesto que nací en Cochabamba pero vivo en La Paz. ¿Deberían entonces los paceños nacidos en La Paz advertirme que no sea cuerva? ¿Deberían sus autoridades pedirme agradecimiento porque se han dignado recibirme? Que yo sepa, como boliviana tengo el derecho de vivir en cualquier ciudad o departamento, que es tan mío como el lugar donde he nacido. Desde que soy mayor de edad, además, nadie “me da de comer” — menos una ciudad o un departamento. Yo misma, con mi esfuerzo personal, genero mis propios ingresos y de paso contribuyo al bienestar común al pagar impuestos.

Que yo sepa, solo en Santa Cruz hay quienes se atribuyen la propiedad del territorio nacional y se atreven a jerarquizar a sus habitantes de acuerdo al lugar de su nacimiento. Al menos yo, en La Paz nunca he sentido que me traten como a peón o colono. Todo boliviano es tan dueño de Santa Cruz, tiene tanto derecho a habitarla y quererla, a vivir allí y contribuir a su desarrollo, como lo tiene Calvo. Aquí los únicos cuervos son quienes se apropian de lo que es de todos.

Verónica Córdova es cineasta

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La recuperación regional con orientación estratégica

/ 24 de octubre de 2021 / 01:08

El país está crispado. A poco de cumplirse un año de la posesión de Luis Arce persisten profundas discrepancias entre la atención prioritaria de los intereses excluyentes del MAS, que han dado lugar a movilizaciones y protestas de amplios sectores sociales y a un paulatino aislamiento de Bolivia en el escenario internacional, por un lado, y las prioridades de la sociedad boliviana, derivadas de las crisis sanitaria, económica e institucional, por otro.

La crispación social y la inestabilidad política caracterizan también a varios países latinoamericanos en esta época marcada por el deterioro de los mecanismos de mediación entre la sociedad y el Estado, atribuible en particular al descrédito en que han caído los partidos políticos. Se suma a todo esto la fragmentación regional debida a las divergentes orientaciones políticas imperantes en América Latina, que no expresan la disyuntiva entre derechas e izquierdas, sino entre autoritarismo y democracia.

Todo eso es tanto más preocupante ahora que es más urgente que nunca la cooperación regional efectiva ante las cambiantes circunstancias en el tablero de las relaciones internacionales y de las confrontaciones geopolíticas. En efecto, con un 8% de la población mundial, los países latinoamericanos registran el 20% de los contagios y el 30% de los fallecidos por causa del COVID- 19, siendo además la región que más daño ha sufrido en términos de empleo e ingresos.

A pesar de que la región en promedio ha hecho un esfuerzo fiscal comparativamente menor que los países desarrollados en la atención del COVID-19, el margen fiscal se ha estrechado y los niveles de endeudamiento externo han aumentado considerablemente, lo que coloca el tema del financiamiento externo como una de las prioridades de la región.

Al respecto conviene tomar en cuenta que la enorme emisión de Derechos Especiales de Giro del Fondo Monetario Internacional ha sido acaparada por los países más ricos. De acá se derivan dos cuestiones importantes. En primer lugar, la necesidad de plantear una redistribución de dichos recursos en favor de los países de menor desarrollo, sin excluir a los países de desarrollo medio, que es la situación de la mayoría de los países latinoamericanos. En segundo lugar, se requiere reponer la discusión de la reforma de la arquitectura financiera internacional, que incluye el establecimiento de un sistema financiero latinoamericano y caribeño donde se articulen los bancos de desarrollo y los fondos de reserva regionales, entre otras entidades pertinentes. La viabilidad de tales iniciativas depende ciertamente de una gestión regional, y pierde posibilidades si es presentada por países individuales.

Es importante que el nuevo financiamiento se asigne principalmente a la transformación cualitativa de las economías latinoamericanas, con miras a superar la vulnerabilidad estructural ante los ciclos de los productos primarios, y en su lugar establecer la autonomía latinoamericana colectiva en el sector sanitario, farmacéutico y ambiental. A tales efectos, cabe señalar que la liberación de las patentes relacionadas con las vacunas anti COVID-19 en el seno de la Organización Mundial del Comercio, mejoraría sus perspectivas si es presentada por la región latinoamericana en conjunto.

La recuperación de América Latina no debería limitarse por consiguiente a restablecer las condiciones previas a la pandemia, sino contemplar como objetivos prioritarios la reorganización estratégica de las economías con la mira puesta en una pauta de desarrollo con bajas emisiones de efecto invernadero e impulsada por un incremento sustancial de las inversiones reales en las esferas de la infraestructura, la digitalización, la reingeniería del sistema educativo alrededor de las tecnologías informáticas y la creación de empleo decente para mujeres y jóvenes.

Horst Grebe López es economista.

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Cuatro historias, dos preguntas

/ 24 de octubre de 2021 / 01:04

Antonio Costas, exvicepresidente del Tribunal Supremo Electoral, contó hace días, en esta casa periodística, su irregular detención después de las elecciones de 2019: primero le dieron la bienvenida con un «callejón obscuro» en el Comando General de la Policía después de detenerlo en su casa a las 20.30 de aquel domingo. Patadas y puñetes estando él ya enmanillado. Les dicen, a él y a la entonces Presidenta del Tribunal Supremo Electoral, que los llevarían a la Fiscalía, pero en realidad los conducen al Comando de la Policía para exponerlos como vulgares delincuentes a los medios. Lo que sigue es tres meses en la cárcel de San Pedro. Suficiente tiempo para dar un curso de computación a los presos. Sigue un año y cuatro meses con detención domiciliaria. “En mi casa miraba el sol, no tomaba el sol; lo tomé cuando me fui a vacunar”, cuenta. «Acusados con un informe apócrifo de la OEA; nos acusaron de nueve delitos», recuerda Antonio. «11 delitos», corrige Idelfonso.

Idelfonso Mamani, vocal del TSE en 2019, vivió hostigamiento los días previos. Un viernes a las 17h00 se presentó a la Fiscalía. El Fiscal le dice que está ocupado y que vuelva el lunes. Así lo hace y el lunes lo detienen antes de tomarle su declaración informativa. No quisieron darle ni un vaso de agua. «No me permitían ni hablar», insiste. Misma receta: celdas policiales, celdas judiciales y a la cárcel. Fiscales y policías abusaron, a todas luces y en plena obscuridad mediática. A diferencia de Antonio, a Idelfonso le tocó un año en la cárcel de San Pedro. Hubo etapas en las que no permitían la visita de sus familiares, no le permitían el contacto con su abogado, tampoco salir a un centro de salud, repasa el abogado. Plena pandemia, se contagia de COVID. Es junio de 2020: sale a un centro médico custodiado pero no lo querían recibir. Por la amistad con un médico es internado y en algunos días se restablece. Como no había espacio allí, es trasladado a un centro de recuperación con una lista larga de medicamentos. En cuanto llega, las patrullas lo devuelven al penal; una vez que pasa la puerta de la prisión, le quitan los medicamentos, lo ingresan solo, a una celda, en el fondo de un callejón donde están estas carceletas de castigo. “No hay cama, puro cemento”, nos comparte Idelfonso. No hay nada. Sin tomar agua, sin alimentación, sin ropa. Prohibido ver a su familia durante días, otra vez. “No se podía ver ni al policía”. Se apiada un interno que intercede por él y lo sacan otra vez a un centro médico. Ni una palabra en los medios.

Esta semana la Embajada de Estados Unidos pidió en una carta al Gobierno boliviano el «desmantelamiento de grupos de seguridad paraestatales violentos». Solicitó que se apliquen las recomendaciones del informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y que se cumpla el anuncio de Luis Arce. Hay que saber que Kathryn Ledebur, activista de derechos humanos y directora de la Red Andina de Información, recibe hace dos años amenazas a su seguridad física. El documento enviado al Viceministro de Seguridad Ciudadana hace referencia a otras personas estadounidenses amenazadas por su trabajo en derechos humanos. La carta enfatiza la urgencia de la situación de Ledebur y solicita por tanto una acción inmediata. Imposible no pensar en Thomas Becker, abogado de las víctimas de la masacre de octubre 2003. Este norteamericano hoy está apoyando a las víctimas de las masacres de Senkata y Sacaba del gobierno de Jeanine Áñez. Thomas denunció en este mismo medio que en los últimos días recibió «ataques». El lunes del último paro cívico en el país, «grupos cívicos» lo rodearon en La Paz: que lo detendrían, que lo expulsarían o matarían. «Una posición irónica para quienes supuestamente protestan contra la persecución», escribió Thomas en su cuenta de Twitter. Kathryn, por su lado, apunta a la Resistencia Juvenil Cochala (UJC) cuando describe las amenazas recurrentes y el hostigamiento en su contra hace dos años. Circulan videos señalando dónde vive, la tildan de terrorista. Los abogados de los líderes de la UJC la acusaron de ser partidaria del MAS. En el actual contexto, no es un dato menor que la Embajada norteamericana haya reconocido el peligro de estos grupos paraestatales. Paulo Abrao, exsecretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, aplaudió el gesto. Mientras tanto, el actual Gobierno haría mal en olvidar por un minuto que el informe del GIEI confirmó la complicidad de miembros de fuerzas policiales con los grupos de choque de las resistencias civiles que operaron en su momento como fuerzas policiales y los bolivianos haríamos mal en pretender que aquí nada pasó.

Antonio Costas, Idelfonso Mamani, Kathryn Ledebur, Thomas Becker. ¿Qué une estas historias? ¿Y qué las diferencia?

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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