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Sunday 14 Aug 2022 | Actualizado a 09:36 AM

Gracias Pepe

Mujica derrumbó la idea de que transitar por el poder implica siempre contaminarse con sus aguas turbias

/ 24 de febrero de 2015 / 04:00

A pocos meses de convertirse en octogenario, este 1 de marzo dejará la presidencia de Uruguay José Pepe Mujica. Este hombre, cuyas canas van expandiéndose por sus cabellos y bigote, se asemeja más a un abuelito bonachón que a un líder con una dilatada vida política, a lo largo de la cual apostó por un mundo mejor, con un encierro carcelario a cuestas. Su alejamiento de la presidencia uruguaya pasaría inadvertido si no fuera porque el Pepe, cual Quijote contemporáneo, deja un legado inmenso para todos aquellos que seguimos soñando con una nueva forma de hacer política, desterrando aquellas miserias humanas que impregnan su práctica convencional.

Ese legado imperdurable tiene una enorme significación, pues Mujica derrumbó la idea de que transitar por los recovecos del poder implica inevitablemente contaminarse con sus aguas turbias. Él logró zafarse de esas aguas y trazó un derrotero distinto, entreviendo un horizonte alternativo a esa práctica convencional de hacer política, sintetizado en una palabra: coherencia.

Me refiero a la coherencia entre el discurso y la práctica, o la coherencia entre el hacer y el ser, que fue una constante de las acciones de Mujica en el poder. No es casual que expresara la siguiente frase: “Me comí 14 años en cana (prisión) y dos horas después de que salí, ya estaba militando”.

De allí se desprende, por ejemplo, la ética del Pepe tan desdeñable en la política convencional, donde la voluntad de poder nietzscheana se interpreta como la demostración de fuerza y la victoria del más fuerte a cualquier precio. A Mujica esa voluntad de poder arrogante no le hizo mella. Más bien, el sentido de la política ejercida por él continuó asociado al servicio del bien social. Así sentenció: “La política no es un pasatiempo, no es una profesión para vivir de ella, es una pasión con el sueño de intentar construir un futuro social mejor; a los que les gusta la plata, bien lejos de la política”.

En esa ruta, no traicionar sus propias convicciones fue casi uno de sus insistentes designios, para impregnar a la política de valores distintos a los de quienes encuentran su argumentación en aquella mentada frase: “El fin justifica los medios”. Por el contrario, ante esa manía inicua de no asociar la ética y la política, el Mandatario uruguayo logró articular la ética con su acción desde el poder. Posiblemente allí estriba el valor intrínseco de su paso por aquellos senderos tortuosos del poder, proporcionándole un nuevo sentido y posibilidad otra a la política.

El Pepe nos enseñó con su ejemplo que la práctica política nunca debe sucumbir a las miserables tentaciones humanas emergentes del poder, para así recuperar el verdadero sentido de la felicidad. Como él dice: “Vivir mejor no es solo tener más, sino que es ser más feliz”. En esta felicidad la sencillez aparece como fundamentalmente natural, el propio Mujica lo explica a modo de cuestionarnos: “¿Qué es lo que le llama la atención al mundo?, que vivo con poca cosa, una casa simple, que ando en un autito viejo, esas son las novedades. Entonces este mundo está loco, porque le sorprende lo normal”.

En suma, sencillez y coherencia, dos atributos que deja el Pepe como herencia inconfundible en un mundo enloquecido por alcanzar el poder y a partir de allí montar una pervertida imagen de barro opulento, cuando como él mismo enfatiza: “En política lo normal tendría que ser mi forma de vida”. Simplemente, por eso y mucho más, gracias Pepe.

Es sociólogo.

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¿Una ley contra el desastre climático?

/ 14 de agosto de 2022 / 01:05

Pues sí lo hicieron. La Ley de Reducción de la Inflación (IRA, por su sigla en inglés), que en resumidas cuentas es un proyecto de ley contra el cambio climático con un poco de ayuda para la reforma sanitaria, se aprobó en el Senado y en la Cámara de Representantes.

Esto es algo muy importante. El acto en sí mismo no es suficiente para evitar un desastre climático, pero es un gran paso en la dirección correcta y sienta las bases para más acciones en los años por venir. Catalizará el progreso de la tecnología verde; sus beneficios económicos facilitarán la promulgación de leyes adicionales; le da a Estados Unidos la credibilidad que necesita para encabezar un esfuerzo mundial para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero.

Claro está que hay escépticos dispuestos a denigrar el logro. No obstante, los verdaderos expertos en energía y medioambiente están entusiasmados por lo que se ha logrado y los economistas serios no están preocupados por el efecto en la inflación.

Empecemos por el aspecto medioambiental. Muchas personas con las que hablo dan por hecho que la agenda medioambiental del presidente Joe Biden, contenida en su propuesta original de Reconstruir Mejor (BBB, por su sigla en inglés), debe haber quedado muy diluida en la legislación conseguida.

Sin embargo, los analistas de los energéticos creen que cualquier efecto climático adverso proveniente de esas concesiones se verá anulado por los beneficios de los créditos fiscales para las energías limpias. El Proyecto REPEAT, compilado por el ZERO Lab de la Universidad de Princeton, hizo una comparación entre los recortes de emisiones con la Ley de Reducción de la Inflación y la versión anterior de la Cámara de Representantes de Reconstruir Mejor. Para 2035, calculan que la IRA habrá logrado más del 90% de las reducciones de las emisiones que BBB habría alcanzado. Después de todo ese drama legislativo, la política climática de Biden salió casi ilesa.

¿Cómo fue posible? Desde el principio, el gobierno de Biden decidió que su política climática se trataría sobre todo de zanahorias y no de palos: es decir, que proporcionaría incentivos para hacer lo correcto y no castigos por hacer lo incorrecto. Se esperaba que esta estrategia resultara viable desde el punto de vista político de un modo que, por ejemplo, no lo sería un impuesto sobre el carbono. Y esta esperanza ha sido confirmada. Además, es una estrategia que parece probable que dé sus frutos políticos en el futuro.

Entonces, ¿qué perdió el gobierno de Biden? Por desgracia, hubo un recorte de buena parte del gasto social que BBB incluyó en un principio (créditos fiscales para los niños, educación preescolar universal y otros). Eso es una tragedia, aunque los subsidios mejorados para el seguro de salud se han extendido. Pero los demócratas cumplieron sus promesas climáticas más o menos en su totalidad.

¿Qué dicen las críticas de la derecha? Además del intento patético por hacer pasar la IRA como un enorme aumento de impuestos para la clase media, republicanos como Mitt Romney intentan meter esta legislación en el mismo saco que el Plan de Rescate Estadounidense del año pasado, que según ellos provocó un repunte de la inflación.

No importa si esa afirmación es cierta. Lo importante es hacer las cuentas. La Ley de Reducción de la Inflación prevé un gasto de menos de $us 500.000 millones a lo largo de una década, en comparación con los $us 1,9 billones del Plan de Rescate Estadounidense en un solo año, y en realidad reducirá el déficit. Por eso los analistas independientes consideran que tendrá poco efecto sobre la inflación.

Pero si el gasto no es muy grande, ¿cómo puede tener un impacto tan grande? La respuesta es que ahora mismo estamos en una especie de encrucijada. La tecnología de las energías renovables ha avanzado de forma revolucionaria, lo que hace que las energías renovables sean ya más baratas en muchos ámbitos que los combustibles fósiles. Basta con un impulso moderado de las políticas públicas para hacer posible la transición hacia una economía mucho más ecológica. Y la Ley de Reducción de la Inflación proporcionará ese impulso.

Sin embargo, teniendo en cuenta todo esto, ¿por qué todos los senadores republicanos votaron en contra de la IRA? No todos son ignorantes e incapaces de hacer cuentas; estoy bastante seguro de que Romney, por ejemplo, sabe que está diciendo tonterías.

Tampoco podemos invocar diferencias en la ideología con facilidad. El impulso climático de la IRA se basa casi en su totalidad en créditos fiscales y los republicanos también han usado los créditos fiscales para lograr metas sociales, como los (tan abusados) créditos de la Zona de Oportunidad en el recorte de impuestos de 2017 de Donald Trump.

Casi con toda seguridad, lo que realmente estamos viendo es la política del rencor. Todos los republicanos del Senado estaban dispuestos a echar por tierra nuestra mejor oportunidad de evitar el desastre climático, solo para negarle una victoria al gobierno de Biden.

La buena noticia es que la legislación se aprobó a pesar de su pesar. Y el mundo es un lugar más esperanzador que hace unas semanas.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía y columnista de The New York Times.

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La fecunda vida del maestro Cavour

/ 14 de agosto de 2022 / 01:04

Durante los dos días de velorio, el Museo de Instrumentos Musicales de Bolivia, creación y esfuerzo personal del maestro Ernesto Cavour Aramayo (1940- 2022), el desfile de decenas de músicos de todas las edades, convirtieron la ceremonia velatoria en un concierto de despedida de muchas horas que llenó la casona del siglo XVIII hasta sus últimos rincones. Como dice la canción de pascua tarijeña que se la cantaron varias veces: una despedida mezcla de pena con alegría, una conjunción de emociones por todo lo que este ser humano excepcional hizo por su país, el charango y por las personas que lo conocieron. Un niño grande travieso y generoso que se asombraba de todo, que recuperaba su niñez cada Navidad al organizar a los niños para que interpretaran villancicos y sus extravagancias musicales para demostrar que todo está rodeado de música, que lo único que hay que hacer es develarla. Así, armaba con una caja de fósforos y una liga y creaba una percusión inédita, o piedras que se golpeaban entre sí para simular pasos de caballos o lluvia, a una bacinica golpeada con una baqueta y lograr el sonido de una campana de convento. Fue uno de los pocos músicos que compuso tonadas, cuecas, taquiraris y un sinfín de melodías a las cosas simples que nos rodean: los panes, las sillas, las hormigas…

Los espectáculos que presentaba en la Peña Naira eran inolvidables, un despliegue de creatividad que nunca se repetía y del cual salía agotado y después de un breve descanso volvía al ataque, para hacer bromas. Era un hermano mayor, un amigo a toda prueba y hasta un padre.

El día de la inhumación en el Cementerio General, la cantidad de personas que lo conocían y sus múltiples ahijados y comadres colmaban la estrecha callejuela de la Jaén. La plaza Riosinho colapsó interrumpiendo el tráfico, un taxista malhumorado y agresivo intentaba pasar violentamente, entonces un grupo de personas dolientes se acercaron y le espetaron al unísono: ¡Es Cavour! El taxista frenó su malacrianza y se pidió disculpas y la caravana se desplazó hasta el cementerio donde una columna de cientos de personas esperaba el cuerpo de su charanguista, multitud que lo lloró y a quien Cavour hizo bailar y alegrar desde la fundación del célebre grupo Los Jairas, que irrumpió con la música de cholos e indios, tumbando los prejuicios y la infamia racista que se manifestaban con virulencia en los años 60 del siglo pasado.

La herencia que nos dejaron Édgar Yayo Jofré, el gringo Favre, Godoy y Cavour desencadenó un torrente musical proscrito en un estado que es eminentemente musical. Cada rincón de Bolivia tiene un tesoro guardado en cada fiesta del santoral, fundidas con los ciclos agrícolas y cósmicos indígenas.

El interés por la cultura popular y su afán de preservarlo impulsó a Cavour a conformar y dirigir equipos para plasmar en trabajos de etnomusicología todo el legado ancestral en valiosos textos. Su filiación urbana al barrio de Chijini le permitió ser un centro de irradiación de la cultura popular urbana, Cavour conocía cada resquicio, era un gourmet de estos bulliciosos espacios donde se generan las formas de entender la felicidad y la tristeza. Eso lo llevó a candidatear para alcalde de La Paz en 1989 por Izquierda Unida (IU), cuando la izquierda estaba hundida y no existía una figura para evitar una dispersión mayor. Si bien Cavour no militaba en ningún partido, su vinculación con las clases populares era muy intensa.

En la última década, junto a su compañera María Antonieta, organizaron en el museo el Teatro del Charango, acompañado por el maestro Orlando Encinas y Franz Valverde, donde tocó en sus últimas presentaciones públicas. Además, concluyeron la catalogación, gracias al apoyo de una institución extranjera y la indiferencia estatal. Era una tarea que lo inquietaba.

El amor de Ernesto Cavour Aramayo a su país nunca fue enunciativo, su figura ya pertenece al imaginario popular y su nombre será recordado por el homenaje que le hará el gobierno municipal a través de la ordenanza que instruye la nominación de una calle con su nombre y cuyo proyectista fue el vicepresidente del Concejo Municipal, Javier Escalier. ¡Gracias por tanto, Coco Cavour!

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Iniciativas concretas para grandes objetivos

/ 14 de agosto de 2022 / 01:04

La compleja situación global requiere un seguimiento analítico riguroso puesto que no se asemeja a ninguna época pasada comparable. La guerra en Ucrania no muestra perspectivas de alcanzar pronto el momento de las negociaciones diplomáticas. Han aumentado las tensiones en el mar de China en torno a Taiwán. Y la inflación amenaza prolongarse hasta entrado 2023. Si el alza de las tasas de interés tiene éxito en bajar la inflación, eso traerá consigo una contracción del crecimiento global, acompañada de mayores niveles de desempleo y reducciones del comercio exterior.

La interpretación de la coyuntura debe completarse necesariamente con el examen de los factores estructurales de la economía mundial y de sus componentes regionales, así como del reagrupamiento que ya está ocurriendo en cuanto a las corrientes del comercio internacional.

Al respecto conviene detenerse a considerar el rezago latinoamericano en términos de los obstáculos estructurales que impiden que la región alcance su nivel potencial de desarrollo, si se toman en cuenta su dotación de recursos naturales, sus indicadores sociales y culturales, así como sus arquitecturas institucionales.

Las dificultades que tiene América Latina para alcanzar un nivel potencial de desarrollo acorde con su dotación de recursos derivan de varios factores. El primero de ellos consiste en la división interna que impide que la región actúe en el plano internacional con una sola voz en un momento en que se están definiendo las reglas del orden internacional del futuro. Y los egoísmos nacionales y el sectarismo impiden a su vez que funcionen los mecanismos de integración y cooperación.

América Latina está atrasada en cuanto a la infraestructura física, al alcance de la digitalización y a la calidad de sus sistemas de salud y de educación, entre los aspectos más relevantes.

Por otra parte, los países latinoamericanos están muy atrasados en cuanto a la adopción de una estrategia integral respecto del cambio climático. Los esfuerzos aislados no condicen con el potencial conjunto de la región, habida cuenta de los recursos de agua dulce, enormes extensiones de bosques húmedos y de una enorme riqueza en materia de biodiversidad.

Baste mencionar las posibilidades que contiene la Amazonía para desplegar una iniciativa que potencie la capacidad negociadora de la región en su conjunto en materia de mitigación del cambio climático y la absorción en gran escala de los gases de efecto invernadero. Sería suficiente poner en funcionamiento efectivo el Tratado de Cooperación Amazónica, suscrito por los ocho países amazónicos hace 44 años.

La preservación conjunta del potencial climático y biodiverso de la Amazonía constituye una de las iniciativas que podrían considerarse para establecer mecanismos de nuevo tipo para impulsar la integración y cooperación a geometría variable en la región.

La profunda división política e ideológica que se ha establecido en América Latina es ciertamente un obstáculo para la retoma de la integración regional en gran escala, pero quizás podría superarse si se enfocan iniciativas parciales que atiendan, bajo el sistema de adscripción voluntaria y gobernanza adecuada, algunos problemas críticos de la región, donde uno de los objetivos mayores podría consistir en la sustitución paulatina del extractivismo prevaleciente por una articulación regional de proyectos individuales caracterizados por su elevado potencial innovativo y de creciente incorporación de valor agregado intelectual.

Otro objetivo podría consistir en impulsar un mayor grado de autonomía regional en materia alimentaria y energética en el contexto de la perspectiva de la fragmentación del sistema internacional en bloques rivales de poder, donde los países latinoamericanos tendrían que evitar el alineamiento con cualquiera de los bloques.

Horst Grebe es economista.

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No te quiero perder

/ 14 de agosto de 2022 / 01:03

“No vivimos en un reino de violencia, sino en un reino de información que se hace pasar por libertad”. Así de alto está el volumen de la reflexión, desde el prólogo, del texto No cosas de Byung-Chul Han. Este filósofo coreano mira nuestros tecnológicos cotidianos desde una posición muy crítica del proceso de digitalización que desmaterializa y descorporeíza el mundo. Es el paso de los recuerdos al almacenamiento de grandes cantidades de datos. Sin embargo, estamos ante una enorme cantidad de información que puede, silenciosamente, falsear los acontecimientos, como una substancia que logra deformar la realidad de carne y hueso, es decir, la esfera de las cosas que ocupan una forma duradera, las cosas que componen el entorno estable donde vivimos. Éstas son el sostén del mundo en el que vivimos y que, sin prisa pero sin pausa, están siendo sustituidas por el orden digital. Es el pasaje de la era de las cosas a la era de las no-cosas.

“Ya no habitamos la tierra y el cielo sino Google Earth y la nube”, lanza este filósofo para ilustrar que nada es sólido o tangible. Y en efecto, desde hace ya un tiempo bicicleteamos entre nuestro entorno real y ese planeta paralelo que administramos desde un teléfono, tableta u otro chiche. Sin ser filósofos, nos hemos dado cuenta de la irrupción de estas pantallas en gran parte de la dimensión de nuestras vidas: facilitándonos llegar a una dirección desconocida con sus mapas o padeciendo una cena con nuestros cercanos/alejados prendidos del teléfono y ausentes de lo que sucede en la mesa del des/encuentro. El cambio es para bien y para mal: es la comodidad de solucionar problemas mandando documentos por WhatsApp en cuestión de segundos al mismo tiempo de tener que masticar la frustración de una reunión con colegas colgados a sus teléfonos que, como acto de enorme bondad, regalan su mirada un par de segundos a quien se dirige al grupo. Cal y arena.

Nos guste o no, este tiempo de la información trae consecuencias sobre lo que estaba instalado como base de convivencia. Para Byung-Chul Han, los impulsos de la información viven del estímulo que es la sorpresa, no de las unidades estables. “Carecen de la firmeza del ser”. Así, nuestra obsesión no es tanto las cosas como son la información y los datos. Es lo que más producimos y consumimos. Llegó el tiempo de la infomanía y de los infómanos. Y reparamos poco en la paradoja: la infoesfera nos regala libertad y al mismo tiempo nos somete a una vigilancia y control crecientes. Seres humanos bajo el control de los algoritmos; no nos queda más que adaptarnos a estas decisiones que ni siquiera podemos entender.

En este bosque al que entramos sin grandes precauciones, la información, tan abundante y veloz o simultánea, puede convertirse en información no informativa sino deformativa. La información circula sin ton ni son y en este caos, las fake news pueden ser más efectivas que los hechos porque lo que importa es el efecto a corto plazo y, así, la eficacia sustituye la verdad. Esta última lleva las de perder en la medida en que necesita de mucho tiempo; de hecho, todo lo que estabiliza requiere de tiempo. Y de tiempos largos nadie quiere saber. La sed de información inmediata y abundante nos hace, como dice este intelectual, ciegos y precipitados. Y, como concluye, corremos detrás de la información sin alcanzar un saber, tomamos nota de todo sin obtener un conocimiento, nos comunicamos sin participar de una comunidad, viajamos a todas partes sin adquirir una experiencia, almacenamos grandes cantidades de datos sin construir recuerdos que conservar, acumulamos amigos y seguidores, sustituimos afectos por likes, encontrándonos cada vez menos con el otro. Uno de los síntomas: no entramos en contacto directo con el otro, preferimos escribir mensajes; preferimos poner caritas en lugar de palabras. El smartphone es la burbuja que nos blinda del otro y la comunicación sin la dimensión física debilita una parte esencial de la comunidad. La ausencia de la mirada taladra la empatía, la confianza original.

Así las cosas y las no-cosas, la ecuación por resolver desde nuestro cotidiano colado a estos aparatos es gestionar con inteligencia (no artificial) para que el mundo real no se transforme drásticamente en solo imagen; para que el mejor amigo de nuestras manos no se convierta en un vigilante/informante de casi toda nuestra actividad hasta controlarnos y programarnos. Solo resolviendo esta ecuación podremos cantar el mejor himno al celular, No te quiero perder, del Papirri: Eres mi luz, mi alegría, mi fiel compañía, no puedo sin ti. Y todavía más: mi celular/ no sé qué haría sin tu existir/mi celular/ la vida se resume en tu latir/ como te llevo tan cerca/si desapareces me muero sin más/eres joven y constante/veloz y brillante/ mi buen celular. Ay laray lay lay la la ra lai la

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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Canción de amor a un cocodrilo

/ 14 de agosto de 2022 / 01:03

Cuando te encontré todo era desconocido… Tenía veintiún años cuando vi por primera vez la forma de cocodrilo, verde y expandido, desde la ventana del avión. Anochecía. Escribí en mi cuaderno: Cuba, estrellas dispersas en un mar de cielo.

No había luz cuando toqué tierra y recorrí por primera vez los 30 kilómetros del aeropuerto a la Escuela de Cine que me acogería por los siguientes años. Recuerdo la oscuridad de la carretera, el olor a humedad, las personas sentadas en sus portales tomando el fresco de la noche caribeña. Recuerdo haber pensado: Aquí es. Esto es. No hay nada más hermoso.

Y lo que encontré, se fue haciendo grande. En los años que viví en Cuba no solo aprendí el misterio y la técnica del cine. Me enseñó mucho más que eso. Lo más importante: que el Hombre y la Mujer nuevas no son un mito, existen, yo los he conocido. He conversado con ellos por horas en la oscuridad del apagón, mirando la luna y rodeados de insectos. Me han brindado café negro y azucarado. Me han abrazado en los momentos malos. Me han explicado cómo es que para ellos aprendió el ala a volar y el cielo a ser infinito. Y me han desafiado a que lo replique.

Viví en Cuba en tiempos especiales y duros, como los de ahora. Las privaciones, las burocracias, las incógnitas y las dificultades no son exclusivas de la realidad cubana. Existen en Bolivia y en todas las otras patrias. Lo que cambia es la escala, la explicación, las perspectivas. En Cuba, sin embargo, entendí que una sociedad no es la suma de sus individuos, sino el vínculo que los ata. Y ese vínculo se construye de actitudes cotidianas. Lo que más me impresiona de la sociedad cubana es la horizontalidad y la familiaridad con que la gente se trata. No sé si es por su cultura caribeña o resultado más contemporáneo de una Revolución que iguala, pero el vendedor de maní, el taxista o el Ministro te trata con el mismo respeto amable y desenfadado, con el que también espera ser tratado. Lo que ata y une a los cubanos más allá de su color político, de sus argumentos o sus demandas, es una solidaridad horizontal y humana y un amor profundo por su isla hermosa.

Lo que los une también es la voluntad inmensa de protegerla y de preservarla así como es: violenta y tierna. Lo que los une es la conciencia de lo logrado, del rol fundamental que su pequeña isla juega en la dignidad y la esperanza del planeta entero. Todos lo vimos esta semana, cuando columnas de fuego se elevaban sobre el mar y se quemaban las reservas de petróleo con las que contaba Cuba para restaurar su economía después de la pandemia. El dolor y la angustia eran reales y densos como el humo, pero también lo eran el coraje, el sacrificio y el amor de todos los que luchaban contra el incendio. Se hizo presente una vez más, como tantas veces antes, la fraternidad con que los cubanos se tratan unos a otros y el espíritu humano con que la Revolución maneja las situaciones límite. Y se hizo presente también la solidaridad y esperanza que Cuba sembró en el mundo.

No será suficiente, por supuesto. Se vienen tiempos malos, porque reconstruirse nunca es fácil —menos aun cuando se lucha contra un bloqueo más intenso, más cruel y más insensible que el peor de los fuegos. Menos aun cuando los medios oportunistas, las redes sociales y todos los enemigos tratan de horadar lo más esencial, importante y bello: el vínculo que los hace cubanos. No lo lograrán, por supuesto. Todos gritarán: Será mejor hundirnos en el mar antes que traicionar la gloria que se ha vivido.

Verónica Córdova es cineasta.

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