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Sunday 14 Aug 2022 | Actualizado a 09:41 AM

Andenes de Italaque

Los andenes son terrazas agrícolas artificiales que permiten la siembra en las laderas andinas

/ 2 de mayo de 2015 / 04:04

El cantón Italaque se encuentra en el municipio paceño de Mocomoco. En todo el paraje que circunda este territorio se observa altos e inmensos cerros verdosos llenos de andenes agrícolas de cultivo. Se trata de terrazas agrícolas artificiales que sirven para obtener tierra útil para la siembra en las laderas andinas. La estructura de los andenes está constituida por un muro de piedra que encajona una superficie de capas, sostenida en la base con piedras grandes, cubiertas por otras más pequeñas que sirven de detraje; en la parte superior existe una capa de gravilla y arena a manera de filtro. Todas estas capas son recubiertas por la tierra de cultivo. Los diversos niveles están comunicados por canales que transportan agua para el regadío desde el primer andén hasta el último. El trabajo de siembra se realiza con: chaki-taclla o taclla, típico “arado” de pie indígena, que es una herramienta para remover la tierra y abrir huecos donde se siembran las semillas.

Muchos autores mencionan que esta tecnología fue desarrollada por la cultura kallawaya, de la cual Italaque fue parte en tiempos prehispánicos. Este método fue utilizado en el periódico incaico para aumentar las áreas de cultivo, frenar la erosión, retener el riego y crear condiciones aptas de humedad; así como también para la construcción de centros ceremoniales como en Machu Picchu.

Con la llegada de los españoles, el uso de los andenes se mantuvo por su alta productividad. Algunos estudios estiman que 6.500 km2 de suelo boliviano han sido adaptados con andenes agrícolas.

En la región de Italaque existen dos tipos de andenes: los que funcionan con la lluvia y los de regadío. Los primeros reciben el agua de las precipitaciones pluviales y solo dan frutos en épocas determinadas; los segundos están instalados generalmente en lugares cerca de ríos y con mayor acceso.

La papa y el maíz eran los principales cultivos en los andenes, las culturas kallawaya e italaqueña utilizaban esta técnica para producir también plantas medicinales, como la chillk’a y la muña que, por su fuerte olor, alejan las especies de insectos dañinos. Además, protegen las ramas de los vientos, retienen la capa productiva de la tierra, el agua, atraen pájaros que abonan la tierra y armonizan el paisaje de la zona.

Ahora bien, científicos, sabios indígenas, instituciones y activistas plantean la recuperación de los andenes como sabiduría agrícola milenaria, por ser un método económicamente rentable, ecológicamente estable y agronómicamente viable; virtudes que contribuyen a mitigar las consecuencias del calentamiento global, constituyéndose además en una excelente alternativa para la consolidación de nuestra soberanía alimentaria.

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Arcángel San Miguel de Italaque

¿Por qué San Miguel, el ángel de mayor rango en la tradición católica, es el Guardián de Italaque?.

/ 8 de mayo de 2022 / 12:11

DIBUJO LIBRE

Pueblo de Archángel San Miguel de Italaque, San Miguel de Italaque o Italaque a secas, la adjudicación a esta “villa de Su Majestad” de un patrono celestial de tanto rango como un arcángel, y el primero entre ello, fue sin duda un timbre de honor para esta población. En efecto, dentro del sentimiento barroco colonial, la importancia atribuida a San Miguel es destacada. En simbología y en representación pictórica, el excelso Arcángel aventaja a otros competidores celestiales. Por lo que, si el pueblerismo existía también entonces — cosa mas que verosímil— los habitantes de este pueblo —“Vecinos españoles, caciques e indios”, según una clasificación del archivo— podían sacar a colación, en alguna posible pica con algún pueblo limítrofe, el carácter de superior jerárquico de su Patrono celestial…” (Cejudo, pág. 51)

Esta descripción pertenece al sacerdote Pablo Cejudo Velázquez en su libro Colorista del Collao de 1966, al referirse a la población de Italaque y su vínculo inseparable con el Arcángel San Miguel.

Italaque, localidad ubicada en la actualidad en el municipio de Mocomoco de la provincia Camacho del departamento de La Paz, remonta su creación con la denominación de Arcángel San Miguel de Italaque a épocas coloniales, así lo describen los registros del Archivo General de Indias de Sevilla, España, de 1570, que habla de la doctrina de San Miguel de Italaque, que se consolida en su actual ubicación como parroquia en 1596.

¿Por qué el interés de construir en Italaque una parroquia católica?

Para entender el contexto de ese tiempo nos remitimos al libro de Teresa Gisbert: El Paraíso de los Pájaros Parlantes, en el cual se cita a Pierre Duviols.

Al tratar los antecedentes de la extirpación de idolatrías nos explica cómo en 1451, en tiempo del arzobispado Loayza, a instancias de Fray Luis de Morales se emitió el primer texto oficial contra la idolatría, en el que se ordenaba la construcción de iglesias, la búsqueda y destrucción de los monumentos paganos y la refundación de la idolatría. El doctrinero personalmente debía ir “por todos los pueblos del repartimiento y detenerse en cada pueblo seis u ocho días entendiendo si tienen guacas u otros lugares donde acostumbran hacer algunas ceremonias o ritos y deshacerlas, y si fuere lugar decente para ello, pondrán una cruz”.

En 1551 se realiza el primer Concilio Limense; la Constitución 3, manda “destruir y quemar los ídolos y santuarios que se encontrasen en los pueblos de los indios bautizados, y de construir una iglesia sobre su emplazamiento”. (Gisbert, 2012: 117)

Es así que, dando cumplimiento al Primer Concilio Limense de 1551- 1552 sobre las “Constituciones de los Naturales” en sus numerales 1, 2 y 3, se crea en 1570 la parroquia del Arcángel San Miguel Italaque en el sitio Usata (Merque Italaque).

¿Por qué la imagen del arcángel San Miguel?

San Miguel es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia: Miguel, Gabriel y Rafael. La Iglesia Católica da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama “Príncipe de los espíritus celestiales”, “Jefe o cabeza de la milicia celestial”.

En el Antiguo Testamento aparece descrito como el gran defensor del pueblo de Israel contra el demonio. El Nuevo Testamento refiere en Apocalipsis 12,7-9 a San Miguel:

“Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero”.

Ahora bien, desde el punto de vista indígena (Inca) los ángeles arcabuceros, son quienes manejan el rayo, el trueno, el relámpago y las centellas. Dominan los fenómenos celestes, pero no por ellos mismos.

Otro punto que debe tenerse en cuenta al relacionar los ángeles con los fenómenos celestes, es el texto del tercer concilio limense, concretado en el libro Doctrina cristiana y catequismo para instrucción de indios, de 1583, donde se tratan conjuntamente los ángeles y los astros. En la página 419, se lee: “Veis aquí pues el creador hizo los cielos, y en ellos pues a los ángeles criados suyos y compañeros de los hombres santos. El mismo Dios hizo el sol, la luna y las estrellas”. La relación Ángeles- astros está insinuada en el catequismo, pues ambos seres ocupan el mismo espacio y responden, con similitud, al mismo creador (Gisbert, 2012: 117).

Con esa referencia y con datos obtenidos de la primera investigación interdisciplinar en el sitio arqueológico de Merque Italaque (Usata) en 2019, podemos afirmar que este sitio arqueológico estaba dedicado a ser un observatorio astronómico inca, por tal razón es que a la llegada de los españoles colocaron la imagen de San Miguel Arcángel, un astro celestial. A manera de comentario: nos parece importante resaltar que la práctica de observación de estrellas, aun se realiza en Italaque en la fiesta del 3 de mayo, en la víspera, en el calvario de este pueblo.

Por otro lado, la imagen de los Ángeles fue utilizada por los españoles, ya que en Los Andes la imagen de seres alados estaba presente, así lo registra el cronista Cieza de León, cuando relata la fundación del imperio incaico que indica:

“Venían por el aire con alas grandes de plumas pintadas”.

Del inventario realizado por el Ministerio de Culturas sobre los cuadros y esculturas de Italaque, registra varias imágenes que contienen la imagen del Arcángel San Miguel: el primero se encuentra en el pórtico de piedra; el segundo, en el cuadro denominado “La Virgen y el Dragón” de la serie de la Virgen María, en éste se observa a la virgen junto al Arcángel San Miguel enfrentando a un Dragón; el tercero, el Arcángel San Miguel de autor anónimo de estilo barroco mestizo, donde se observa a San Miguel y el Dragón; y, por ultimo, existe una escultura de San Miguel que se encuentra en el retablo principal de la iglesia.

Así, la población italaqueña originaria tiene como guardián al Arcángel San Miguel, al que honran cada 29 de septiembre desde hace más de 450 años. Pese a que desde 1855, por instrucción del presidente Isidoro Belzu, se impuso la fiesta del 16 de julio y a la Virgen del Carmen como patrona de varias poblaciones rurales, siendo una de ellas Italaque.

(*)Boris Bernal M. es escritor, italaqueño

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Arquitectura de la complementariedad

Los ‘cholets’ son un ejemplo de la conjunción entre el pragmatismo occidental y la reciprocidad andina.

/ 11 de febrero de 2015 / 06:35

Las culturas varían, innovan, crean, según contextos y circunstancias, de acuerdo con ciertos arquetipos y/o modelos mentales previos. Las culturas no solo incluyen lo que les ofrece el entorno, sino que además lo metabolizan según las reglas de su propia sintaxis.

Los “cholets” constituyen un ejemplo de la complementariedad entre el pragmatismo capitalista occidental y la reciprocidad andina. En medio del caos positivo de El Alto, estos coloridos edificios sobresalen por su volumen y altura. Desde 2006, tras la toma del poder de Evo Morales (primer gobernante indígena) y el ascenso de la economía boliviana, surgen estas construcciones.

Freddy Mamani Silvestre, quien ha construido hasta la fecha más de 150 edificios con estas características, se erige como uno de los principales promotores de esta nueva arquitectura andina. “Los tonos brillantes de verde y amarillo que empleo son los colores que representan la prosperidad y la esperanza”, afirma.

Estas edificaciones no son solamente casas para vivir. La planta baja es un salón lujoso de fiestas, en los pisos superiores hay departamentos o galerías comerciales y en la terraza se erige un chalet que sirve de vivienda para los propietarios. De allí el nombre de “cholets”.

Cabe resaltar que Mamani Silvestre pide por respeto no llamar “cholets” a la arquitectura andina: “Siento que algunos se refieren de forma despectiva. El diseño se hace en la ciudad de El Alto, que tiene raíces culturales andinas. Entonces, no podemos llamar ‘cholets’, ‘choletito’, ‘coetillo’ y no sé qué otros denominativos más dan. Como precursor del diseño, que tiene su propia identidad, el estilo se llama Arquitectura Andina de Bolivia, que surge en la ciudad de El Alto”, declara.

Este nuevo estilo de arquitectura ha llamado la atención de propios y extraños (empresarios, turistas, investigadores, cineastas, antropólogos, sociólogos, etc.). Es así que en junio de 2013, a iniciativa de la agencia de viajes Gastón Sacaze, se creó la primera ruta turística de la arquitectura chola en La Paz y El Alto. En febrero de 2014, la italiana Elisabetta Andreoli publicó el libro La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre, texto que promovió una escalada de documentales y un sinfín de publicaciones nacionales e internacionales.

Con estos antecedentes cabe analizar este fenómeno desde una perspectiva ontológica. Hablando en términos filosóficos, los aymaras atraviesan diferentes niveles de la realidad, se equiparan como semejantes e interconectados a espacios como el campo (la chacra) y la ciudad (el khatu). En ese sentido, “El cholet” es incluido en redes de relaciones y de comunicación con la gran familia cosmobiológica andina, en una relación que no es capitalista, ya que no es occidental patriarcal monoteísta, es animista: no conoce la separación sujeto/objeto. Todo tiene vida.

La casa (uta en aymara) no puede estar estática o muerta, tiene vida, debe bailar, moverse entre la comunidad, servir a los suyos, generando interés y acumulación de capital para toda comunidad.  Pues el capitalismo se basa en el postulado patriarcal de la escasez y la deuda; y la reciprocidad, en el postulado matriarcal de la abundancia y la variedad de lo necesario; generando un tercer incluido: compartir la abundancia del capital.

 

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Colonización castrense

El cuartel y el servicio militar tenían el rol de educar a los indios, de occidentalizarlos

/ 18 de junio de 2014 / 05:10

Muchas de las instituciones del viejo Estado republicano dejaron un sello indeleble en aquellos bolivianos que fueron víctimas de la extirpación de su esencia indígena, amerindia. Una de esas instituciones era el cuartel y el servicio militar. El cuartel tenía el rol de educar a los indios, de occidentalizarlos. En aquel espacio se sobreentendía que la cultura occidental era superior.

La wiphala, la vestimenta, el idioma y todos los símbolos de la cultura amerindia eran mal vistos y hasta subversivos. Muchas veces fueron ridiculizados. No había ni el más mínimo intento de formar una institución intercultural. ¡No! La cultura que valía era la occidental. La otra era la inferior, la atrasada, la que se debía superar.

Por esa razón, los soldados aprendían modales de mesa y de comportamiento: cómo agarrar la cuchara y el tenedor, cómo amarrarse los cordeles de los zapatos, cómo “comportarse”, hablar en castellano, etc.

Muchos indígenas quedaron marcados con estas lecciones, y hoy desprecian el modo de vivir indígena. Los que fueron atrapados por este adoctrinamiento se quedan soñando cómo llegar a ser como un blanco, como uno de la ciudad, haciendo todo para adaptarse a los occidentales, presos de estos pensamientos. Pocos se atrevían a romper este sello, a cuestionar el cuartel y a cuestionar sus enseñanzas; y los que se atrevían solo lo hacían en silencio.

El rechazo a su origen y cultura muchas veces se manifestaba cuando los jóvenes no querían interpretar la música que desde niños escucharon, bailaron y cantaron, o vestir su vestimenta típica.

Por otra parte, la comunidad, inconscientemente y debido a ese reiterado y permanente mensaje que viene desde la Colonia, reforzaba este tipo de conducta, puesto que los reservistas volvían a la comunidad con corbata y los símbolos del cuartel, siendo recibidos con aplausos y fiesta.

A pesar de este gran recibimiento, en su interior quedaba esta inseguridad y miedo de ser inferior, de ser indígena. Situación que pasaba a ser una constante en Bolivia, puesto que la enseñanza mostraba que un indígena nunca podía ser como un blanco. Y aunque el soldado indígena rechazaba formalmente y expresamente a su cultura y además se proponía ser igual, la discriminación le enseñaba lo contrario. De hecho, esta inseguridad y ese sentimiento de inferioridad acompañaban al indígena hasta la muerte.
 

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