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jueves 2 dic 2021 | Actualizado a 17:45

Narco qaqachacas

/ 13 de mayo de 2015 / 06:31

La semana pasada, una patrulla de la FELCN fue atacada con armas de fuego por comunarios del ayllu Qaqachaca, luego de un operativo en el que los efectivos policiales descubrieron que muchos de los pobladores de esa región del suroeste de Oruro, frontera con Potosí, se han especializado en producir pasta base de cocaína empleando un método desarrollado por narcotraficantes colombianos.

Previsiblemente la ausencia de policías y de instituciones públicas sólidas, junto a la falta de oportunidades para luchar contra la pobreza, explican en gran medida esta irreverencia que manifiestan algunos pobladores hacia la ley, así como su tendencia a desarrollar actividades delictivas como el contrabando y la producción de drogas.

De allí la importancia de sentar soberanía en regiones alejadas de los centros políticos y económicos del país como el ayllu Qaqachaca, pero no solo a través de contingentes militares y/o policiales, sino también y sobre todo con alternativas viables de supervivencia y proyectos de desarrollo elaborados con la participación de los pobladores. Solo así se podrá evitar que estas actividades ilícitas continúen incrementándose en zonas alejadas de Bolivia y terminen arraigándose en el imaginario de las nuevas generaciones como algo normal, dando lugar a pueblos sin ley y sin Dios.

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Titanes de la tecnología, aburridos

/ 2 de diciembre de 2021 / 01:12

En 2015, cuando Jack Dorsey se reincorporó a Twitter como su director ejecutivo interino, alabó la aplicación con un fervor casi religioso, llamándola “lo más parecido a una conciencia global”. Sin embargo, el lunes, Dorsey abandonó el púlpito. Dimitió, diciendo en un correo electrónico a los empleados de Twitter que creía que la empresa debía “valerse por sí misma, libre de la influencia o dirección de su fundador”.

En cierto modo, la salida de Dorsey está lejos de ser sorprendente. Se ha enfrentado durante más de un año a la presión del inversor activista Elliot Management para impulsar el crecimiento de Twitter y mejorar sus resultados financieros. También ha estado dirigiendo Square, la empresa de servicios financieros de rápido crecimiento que cofundó, y siempre pareció que en algún momento decidiría que un puesto de director ejecutivo era suficiente.

No obstante, a Dorsey y a algunos de sus compañeros magnates de la tecnología les pasa algo más. Parece que están aburridos e inquietos con sus trabajos y están saliendo en busca de aventuras.

El afán viajero de Jeff Bezos lo llevó a abandonar Amazon este año y a cumplir su fantasía de la infancia de ir al espacio. Los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, dejaron su puesto en 2019 y desde entonces invierten en proyectos futuristas como aeronaves y taxis voladores. Mark Zuckerberg sigue dirigiendo Facebook, pero ahora se llama Meta, y el gran eje del metaverso de la compañía parece estar diseñado en parte para infundir algo de novedad y emoción de nuevo en una cultura de gran empresa estancada.

Como escribió Peter Kafka de Recode a principios de este año, la gran oleada de salidas de ejecutivos de tecnología de este año refleja en parte el hecho de que los mayores gigantes de Silicon Valley son tan grandes y rentables que ya no necesitan fundadores visionarios al mando, sino solo gestores competentes que puedan mantener las máquinas de imprimir dinero en funcionamiento y evitar cualquier error catastrófico.

Pero también es un indicio de lo poco que parecen divertirse los titanes de la tecnología. Los fundadores de los principales gigantes tecnológicos de hoy se están cansando de gestionar sus imperios, cada vez más agobiados por la controversia política y los problemas difíciles de solucionar, como la desinformación y el discurso de odio. No ven una salida fácil y les entusiasma más construir cosas nuevas que arreglar las antiguas. Así que están entregando esos imperios a otros y partiendo en busca de nuevas fronteras.

Parece obvio cuál será la próxima frontera de Dorsey. Está obsesionado con el bitcóin (es lo único que aparece en su biografía de Twitter) y habla de la criptomoneda y la web descentralizada con el tipo de celo que alguna vez utilizó para describir Twitter.

Dorsey, cuya oracular barba y extravagantes rutinas de bienestar lo han transformado en una especie de figura de culto en Silicon Valley, se ha convertido en un criptoinfluente en los últimos meses. Los fanes del bitcóin aplaudieron su renuncia el lunes, asumiendo que pasaría su nuevo tiempo libre defendiendo su causa.

Actualmente, dirigir una empresa gigante de redes sociales es, por lo que parece, una tarea bastante miserable. Claro, eres rico y famoso, pero te pasas el día gestionando una burocracia hinchada y siendo culpado del deterioro de la sociedad. En lugar de innovar, te sientas en aburridas reuniones y vuelas a Washington para que los políticos te griten. Los chicos geniales ya no quieren trabajar para ti —están ocupados intercambiando los TNF (tokens no fungibles) y construyendo aplicaciones DeFi en web3— y los reguladores te respiran en la nuca.

En muchos sentidos, el panorama actual de las criptomonedas ha heredado el espíritu suelto y libre de las primeras empresas de redes sociales. Las empresas emergentes de criptomonedas están recaudando toneladas de dinero, atrayendo enormes cantidades de publicidad y partiendo en misiones que suenan utópicas para cambiar el mundo. El universo de las criptomonedas está lleno de genios extraños con pedigríes inusuales y un gran apetito de riesgo, y web3 —una visión de una internet descentralizada construida en torno a las cadenas de bloques— contiene muchos de los tipos de problemas técnicos complejos que los ingenieros adoran resolver. Estos factores, más las enormes sumas de dinero que fluyen hacia las criptomonedas, las han convertido en un tentador lugar de aterrizaje para los empleados tecnológicos agotados que buscan recuperar su optimismo juvenil, y quizás también para los directores ejecutivos.

Una interpretación cínica de lo que está sucediendo con Dorsey y sus compañeros es que simplemente están tratando de evadir la responsabilidad: lanzándose al espacio y haciendo tonterías en cripto mientras otras personas limpian los desórdenes que hicieron en sus antiguos trabajos.

Sin embargo, hay que saber cuándo pasar la antorcha. Y después de ver lo que es acabar en el centro del poder, es difícil culpar a Dorsey por querer descentralizar el internet, empezando por él mismo.

Kevin Roose es columnista de The New York Times.

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Misiones electorales frente a cartas de la exvocal

/ 2 de diciembre de 2021 / 01:08

Por el escenario previo y los acontecimientos de 2019, las elecciones del 18 de octubre de 2020 fueron las elecciones técnicamente más observadas de nuestra historia. Varias misiones internacionales de observación electoral arribaron al país desde meses antes de los comicios. También hubo importantes misiones nacionales. Algunos de los informes finales sobre el proceso, en sus partes salientes, señalan lo siguiente:

Organización de Estados Americanos (OEA): Bolivia tiene una autoridad electoral independiente y tuvo una contienda más equitativa, lo que dio como resultado una jornada electoral exitosa.

Unión Europea (UE): Las elecciones generales repetidas el 18 de octubre de 2020 fueron creíbles y reflejaron la libre voluntad popular. Las elecciones otorgaron la necesaria legitimidad a un nuevo gobierno y a la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Centro Carter: Durante la jornada electoral, bien organizada y libre de incidentes, predominó un clima de civismo que se prolongó durante los conteos de mesas, a las que tuvieron acceso los delegados de los partidos, los observadores y la ciudadanía en general. Este clima de transparencia se mantuvo durante el cómputo oficial de los resultados, en el que cada acta fue tomada en cuenta.

UNIORE: La misión concluye que, si bien hay puntos por trabajar, el OEP logró en un periodo reducido de tiempo, y a pesar del contexto de la pandemia, organizar una elección general en condiciones que garantizaron la certeza y la transparencia, y en las que se fortaleció la confianza ciudadana.

Observa Bolivia (IDEA-AECID): La recomposición del OEP constituyó inicialmente un elemento clave para recuperar la credibilidad institucional. Asimismo, la manera en que el TSE ha venido tomando y comunicando sus decisiones en materia electoral ha sido un indicador de transparencia de la administración electoral.

ONU: Naciones Unidas desplazó equipos de acompañamiento técnico durante todo el proceso y por medio de su máximo representante calificó las elecciones generales celebradas el domingo 18 de octubre como “pacíficas y altamente participativas”.

La exvocal Baptista, que formó parte del Tribunal Supremo Electoral que organizó y administró las elecciones de 2020, ha venido lanzando denuncias como la del supuesto “bloque de dato alterno, técnicamente reservado, que pudiera haber inducido o condicionado el resultado final”, que provocó titulares y comentarios explosivos en las redes, pero de lo cual se retractó casi de inmediato en noviembre de 2020. Lo irónico es que su firma está estampada en actas, resoluciones y credenciales de todas las autoridades que fueron electas.

Últimamente, la exvocal difundió cartas desde fuera del país con afirmaciones genéricas, que nuevamente han provocado comentarios sobre la transparencia de los resultados de las elecciones de 2020. Los informes de las misiones establecen también importantes recomendaciones y quienes hemos acompañado el proceso sabemos que es importante hacer ajustes técnicos y normativos, modernizar los procedimientos, evitar injerencias y hasta plantearnos la posibilidad de una reforma constitucional que aborde temas electorales.

Está claro que tirar bombas y esconder la mano no es el camino correcto. Suficiente con la falta de madurez y responsabilidad que reflejan permanentemente los actores políticos adictos a la polarización. El análisis, la discusión y reformas sobre la temática electoral deben tener otros canales y métodos, puesto que de por medio están las construcciones más valiosas de nuestra democracia en sus 39 años: el voto, la participación y la representación, que deben ser fortalecidas, pero no destruidas.

Daniel Valverde Aparicio es docente de la UAGRM de Santa Cruz.

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Otras pandemias

/ 2 de diciembre de 2021 / 01:04

“Mis hijos no han podido ir a la escuela este año, era imposible para mí comprar megas. Tengo cinco hijos y un solo celular… no he podido… ellos trabajan conmigo”. Esto dice una mamá de niños en edad escolar, no hay clases presenciales por la pandemia del COVID-19 y sobrevivir es la principal urgencia para esta familia con una sola jefa de hogar y cinco menores de entre 5 y 16 años. Todos comienzan sus tareas a las 05.00, los hijos venden pañuelos, barbijos y pequeños aspersores de alcohol, en el centro paceño. La madre vende gelatinas y refresco de mocochinchi. Estos niños no pasaron clases porque no pueden acceder a un celular, menos a una computadora, o una tablet, sus ingresos son muy limitados, el único camino que les quedó fue postergar su educación.

El trabajo infantil es una forma de esclavitud moderna y la pandemia ha agudizado la situación de pobreza de las familias obligándolas a utilizar a todos los miembros más jóvenes, sin importar su edad, en las actividades de sobrevivencia que han tenido que emprender para hacer frente a la crisis que ya lleva dos años. Lo peor radica en que, además de trabajar a una edad en que no deberían, han tenido que dejar la escuela, lo que significa que está en riesgo absoluto su pasaporte para salir de la pobreza. Estos dos últimos años han carcomido las raíces del crecimiento que a duras penas se estaba construyendo.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y Unicef dieron a conocer que por efecto de la pandemia del coronavirus, en Bolivia ingresaron al mercado laboral unos 31.000 niños, niñas y adolescentes, por supuesto que en condiciones de absoluta precariedad. Sin embargo, existe otra alarma que suena incesante, aunque no lo suficientemente fuerte para terminar con la sordera que oculta la trata de niñas y niños incrementada en esta época, sea por la falta de escuela, mayor exposición a las redes sociales o la urgencia de conseguir cualquier actividad que les genere ingresos económicos. Estas necesidades hacen que niños y adolescentes sean presa fácil para los traficantes de menores, insertándolos en trabajo esclavo o en redes de prostitución y pornografía infantil, engañándolos con falsas promesas primero y encadenándolos con amenazas después.

A la par que se lucha por terminar con la pandemia del COVID-19, hay que luchar contra estas otras pandemias tanto o más amenazantes para niñas, niños y adolescentes. Es necesario que el Estado tome medidas urgentes que protejan a los menores, que se asuman todos los recaudos de precaución y se retorne a clases presenciales. Urge que desde los gobiernos municipales se programen campañas informativas sobre el peligro de la trata y tráfico, pero sobre todo ser creativos para que el tiempo libre sea útil para niños y adolescentes.

Lucía Sauma es periodista.

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Alto Beni y su actualidad

/ 2 de diciembre de 2021 / 01:00

Alto Beni es parte del proceso de “colonización dirigida” desde hace 60 años aproximadamente. En 1960 llegó un pequeño camino, casi senda, a Palos Blancos y de allí a Covendo o San Miguel de Huachi. Antes de este periodo se explotaba quina. Luego fue ampliado con asentamientos humanos de “colonización espontánea”. Hoy se comunica con Beni y pronto lo estará con Cochabamba.

La región es parte de una extensa selva de alta montaña y con grandes ríos como Alto Beni o Bopi, que atraviesa toda la región hasta llegar a Beni. Hace cerca de 25 años se explotaba madera mara, roble, cedro y otras de gran valor comercial y de calidad.

Hoy es productora de frutas de diversa variedad y de cacao. Las frutas que se comercializan en los mercados de El Alto, La Paz y las provincias son en buena parte de esta región. El cacao es un producto industrializado en chocolate (en la Ceja de El Alto) y exportado al exterior vía la Cooperativa El Ceibo, que tiene una gran cantidad de comunidades socias con producción ecológica en la zona.

Su población es de aproximadamente 35.000 habitantes organizados en comunidades, subcentrales y centrales agrarias alrededor de los pueblos de clima húmedo, lluvioso, de 23 a 30 grados centígrados de temperatura (según época). En resumen, es una región rica en suelos para la producción agrícola y la actividad comercial. Es interesante observar además cómo se han extendido comunidades a una altura de 1.000 metros sobre el nivel del mar, alrededor de los pueblos centrales.

Sin embargo, sus carreteras no han recibido un adecuado trato por la Gobernación, el Gobierno central y los gobiernos locales. Desde hace aproximadamente 40 años se mantienen con ripio, que con el transporte se convierten en polvo y de tierra. Los puentes sobre diferentes arroyos datan de hace aproximadamente 26 años y desde ese tiempo hasta el presente no han cambiado. La situación es aún peor en las “comunidades espontáneas” que están ubicadas por encima de los pueblos principales, dado que allí no existen puentes y el camino es de barro. Si se toma en cuenta que es una región tropical y lluviosa, pues esto es una necesidad fundamental. Asimismo, sobre el río Alto Beni no hay puentes que comuniquen, por ejemplo, a Palos Blancos con San Antonio o Huachi con Puerto Carmen. De su parte, este río sigue siendo uno de los medios de transporte fluvial a motor para embarcaciones pequeñas. En tiempo de lluvia se hace caudaloso y de gran envergadura.

Su población está constituida mayoritariamente de migrantes de los Andes relacionados con los mosetenes, como Covendo (que es una TCO) o Santa Ana de Puerto Linares. Los matrimonios son un nuevo fenómeno de producción de lo aymara-quechua o aymara-mosetén. Existen muchas familias con esas características.

A partir de todo esto, la región se ha convertido en eje de la dinámica del comercio, transporte, y del movimiento de población por su relación densa con Caranavi y San Borja o Rurrenabaque (Beni) y Brasil. Mediante esta dinámica poblacional y económica, Palos Blancos se ha convertido en una ciudad intermedia de importancia.

Actualmente su gente debate entre ser llamada yungueña o ser altobeniana porque lo primero es visto como pertenecer a Chulumani, mientras que lo otro es propio de su proceso de constitución como identidad y sentido histórico de lo aymara-quechua tropical.

Pablo Mamani Ramírez es sociólogo.

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Chile: ¿cambio de modelo o de políticas?

/ 1 de diciembre de 2021 / 02:32

Los “sorpresivos” resultados electorales en la primera vuelta en Chile muestran que las dos fuerzas políticas “extremas” lideradas por José Antonio Katz y Gabriel Boric pasarán a dirimir en la segunda vuelta, que más parece un verdadero plebiscito presidencial, al alcanzar apenas cada fuerza menos del 30% de los votos. Lo curioso es que las dos corrientes políticas autotituladas de centro derecha (Sichel) y centro izquierda (Provoste), que dominaron vía coaliciones el panorama político en los últimos 30 años, se ubicaron en cuarto y quinto lugar, superados por el Partido de la Gente, un partido emergente con la candidatura virtual de Parisi, porque prácticamente no pudo hacer una campaña física por estar fuera del país.

Desde el punto de vista de los programas económicos, se considera que las propuestas de Katz básicamente son de preservar el modelo neoliberal que tiene cerca de medio siglo de vigencia y que Boric representaría, de una u otra forma, el fin del modelo con un cambio hacia el “Estado de Bienestar basado en derechos sociales garantizados”.

Uno de los puntos clave de ambas propuestas es el relativo a la política fiscal. Katz plantea continuar con las AFP y minimizar el papel del Estado mediante la reducción de impuestos de todo tipo, que serían absorbidos por un menor gasto fiscal. De esta forma se elevaría la tasa de inversión privada desde 19% hasta 28% del PIB, lo cual haría que Chile crezca a tasas de 5% a 7% anual, logrando de esta manera duplicar en una década el ingreso por persona. En el recorte de impuestos, está la rebaja del impuesto de primera categoría, que grava las rentas provenientes del capital, del 27% al 17%, la reducción del IVA del 19% al 17% y la eliminación de los impuestos que afectan al patrimonio personal como contribuciones, herencias y donaciones.

Boric, por el contrario, plantea impuesto a los súper ricos y a las actividades contaminantes. Según su programa “La reforma tributaria recaudará del orden del 8% del PIB… y la implementación será gradual, en un periodo de seis a ocho años, contribuyendo así a la estabilidad del sistema tributario”. El nuevo régimen de impuesto a la renta implicará una mayor contribución de aquellas personas (cerca de un 1,5% del total de contribuyentes) que obtienen rentas mensuales de más de $ 4.500.000 ($us 5.600), el fin de las exenciones tributarias y un impuesto al patrimonio neto de aquellas personas naturales de alto patrimonio (0,1% de la población adulta). Adicionalmente está el impuesto a las empresas contaminantes y el royalty a la minería del cobre.

El programa de Boric contempla cuatro reformas estructurales: acceso garantizado universal a la salud, pensiones dignas sin AFP, un sistema educativo público gratuito y de calidad y la condonación de deudas educacionales que van a significar una expansión del gasto público estimado en un 8% del PIB.

Es así que en la disyuntiva electoral de Chile vuelve la vieja discusión entre los neoliberales, de las épocas de Thatcher y Reagan, basados en la Curva de Laffer que se utiliza para bajar los impuestos, aumentar la recaudación e impulsar el crecimiento económico versus la política clásica keynesiana de aumentar el gasto público financiado por el aumento de los impuestos, dilema que está desarrollado en mi libro digital Neoliberalismo vs. Neopopulismo, un falso dilema, que ya está en las principales plataformas digitales como Amazon y Google Play.

Los dos extremos en materia de política fiscal están tendiendo a moderarse para ganar no solo los votos dispersos del centro sino también para lograr consenso en un parlamento donde no tienen mayoría. En palabras de José Pablo Arellano: “La ciudadanía dijo pónganse de acuerdo, construyan acuerdos y consensos y eso es muy importante para la economía”.

Es decir que en el campo económico van a tener que buscar diversas opciones de política económica y especialmente en el área de la política fiscal donde las diferencias son muy notorias, puesto que en materia de política monetaria existe un consenso relativo sobre la independencia del Banco Central y el control de inflación.

Por tanto, no creo que un modelo neoliberal recargado llegue a imponerse, si gana Kast, ni tampoco leeremos el obituario de la muerte del neoliberalismo, si triunfa Boric en la segunda vuelta el 19 de diciembre.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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