Voces

viernes 23 abr 2021 | Actualizado a 10:28

Imposturas alteñas

/ 7 de junio de 2015 / 04:15

Apenas amanece y desde las alturas en las que despierta El Alto muchos ojos inocentes miran un horizonte de esperanza. El bullicio de las calles, las bocinas y el grito ronco de los voceadores en busca de pasajeros siempre le han dado a esta ciudad una mística incalculable. Sin embargo, ahora hay un ruido que no es el cotidiano, hasta hace poco imperceptible por la densa humareda del poder. Las elecciones del 29 de marzo develaron algunos de los “secretos” que escondía la Alcaldía de El Alto en sus lúgubres pasillos.

Tras la pérdida de uno de sus principales bastiones, el Movimiento Al Socialismo (MAS), encabezado por el presidente Morales, se mostró dolido, y con justa razón. No estaba dentro de sus cálculos esta posibilidad. Pero todo tiene un trasfondo, y ésta no es la excepción. Denuncias de corrupción irresueltas, nepotismo, desvío de recursos, proyectos “fantasma” o con sobreprecios habían cansado al alteño, a aquel ciudadano que aún a pesar de las grandes limitaciones sueña con un proceso de cambio que se empezó a forjar en octubre de 2003 y que sostiene con jornadas de 16 y 18 horas laborales.

Al final parece ser un espejismo. Hoy la opositora Soledad Chapetón está al mando de la urbe, pero sectores que por largos años gozaron de “privilegios” en desmedro de la mayoría pretenden boicotear su administración. Más allá de la polémica sobre la elección de autoridades por “usos y costumbres” existe una sola verdad: Chapetón es una autoridad que ha sido electa con los votos de la gente. Por tanto, lo menos que pueden hacer las organizaciones sociales, sindicales, fabriles y toda la ciudadanía es respetar lo que por esencia se ha defendido en estas alturas: la democracia.
El Gobierno, y desde luego el MAS, debe activar los mecanismos necesarios para impulsar auditorías que identifiquen a los responsables de semejante catástrofe y expulse de sus filas a esta lacra dirigencial. De hecho, el mismo presidente Morales felicitó el “voto castigo” que se registró en las justas de marzo. Por tanto, es inadmisible que seudodirigentes pretendan mantener sus viejas prácticas prebendalistas para acaparar el poder. Es inadmisible que ante la pasiva mirada de los alteños se pretenda destruir un proyecto que no tiene un color político ni una sigla partidaria, sino que es de todos los que habitan en esta urbe y lo único que anhelan es desarrollo.

Peor aún, es inadmisible que se hable de revocatorio cuando la nueva autoridad no alcanzó a ordenar ni su escritorio. Recuerdo un despropósito similar cuando bloques opositores pretendieron alejar al Jefe del Estado de sus funciones por su cualidad de “indio”. Apenas anochece y desde las alturas en las que se sumerge esta urbe en la noche, muchos ojos inocentes miran un horizonte de esperanza.

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Transiciones difíciles

/ 3 de enero de 2016 / 04:00

Todo olía mal, pero al parecer las turbulentas aguas vuelven a su cauce. Al menos eso es lo que afirman las autoridades de El Alto tras los conflictos laborales y administrativos que enfrentaron a la empresa de Tratamiento de Residuos Bolivia (Trebol) y al Gobierno Municipal de esa urbe, a la que entramparon en un mar de desperdicios y, sobre todo, de dudas que nadie supo explicar.

Los trabajadores de Trebol, ante la amenaza de ver afectados sus derechos laborales, pararon el recojo de basura por al menos dos semanas, abriendo así la posibilidad de internar a la ciudad en una emergencia sanitaria sin precedentes.

La alcaldesa, Soledad Chapetón (que llegó a la Alcaldía con la opositora Unidad Nacional, UN), tuvo su primer duro examen en este conflicto. Ya en noviembre analizó una posible rescisión del contrato con la empresa encargada del recojo de basura, arguyendo incumplimiento. Además, denunció que dirigentes de organizaciones sociales recibían pagos por asistir a cada sesión del directorio de la Empresa Municipal de Aseo El Alto (Emalt).

Aún peor, circularon voces, que prefieren sumirse en el anonimato, que vincularon a comunicadores y seudoperiodistas en varios cobros ilegales. “Era un secreto a voces”, aseguran algunos periodistas que han recorrido los barriales y las polvorientas calles de esta urbe que concibió en octubre de 2003 una de las máximas expresiones de resistencia a la intolerancia. Aún así, los alteños ven en el derrotero de sus vidas que poco o nada ha cambiado desde entonces.

Chapetón, como en el caso de Trebol, debe indagar los contratos vinculados con la municipalidad que firmó su antecesor Édgar Patana, del gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS), quien está aprehendido por efecto del proceso que le inició la actual administración por la entrega de 14 vehículos de la Alcaldía a dirigentes de sectores sociales de la región.

Lo ocurrido en esta ciudad desveló el grado de complejidad que tienen las transiciones gubernativas en el ámbito subnacional. La situación se agrava más cuando las líneas políticas de las autoridades salientes y entrantes son diametralmente opuestas.

Los casos de las gobernaciones de La Paz y Tarija, además de las alcaldías de Cochabamba y El Alto, han desvelado el poco compromiso de las autoridades de garantizar una transición transparente. El Gobierno alista una ley para generar, de manera más coordinada, los cambios de gobierno en las entidades subnacionales; no obstante, hace falta un remezón en el sistema de gobierno público, que considera que su función es un favor y no un servicio social.

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Bolivia te espera…

En el país existe una gran deficiencia en muchos sectores relacionados con el turismo

/ 18 de enero de 2015 / 07:00

Mochila en mano llegamos a la plaza principal del pueblo que acoge a uno de los centros arqueológicos bolivianos más visitados. Hay una necesidad imperante de beber al menos un poco de café caliente para combatir el inclemente frío del altiplano. Golpeamos muchas puertas para conseguir el líquido elemento sin éxito. “Más tardecito va a haber”, indica una señora que sirve a un comensal algo parecido a una taza de café.

El 11 de enero pasado, el diario estadounidense The New York Times, a través de su edición especial “52 lugares para ir en 2015”, posicionó a Bolivia en el sitial ocho de los países recomendados para visitar en el mundo. La publicación describe de Bolivia la peculiar cocina callejera, las excursiones de aventura, los atractivos de los Yungas y el paradisiaco salar de Uyuni, que fue escenario del paso del rally Dakar.

“Estamos convencidos de que el Dakar se ha convertido en el motor y el impulso al desarrollo turístico”, señaló el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana.

Indudable. El país tiene un inminente carácter turístico. Su diversidad de paisajes, climas y culturas hacen de esta tierra un destino digno de visitar.
El Gobierno invirtió e invierte fuertemente para consolidar al país como uno de los destinos turísticos más relevantes en el ámbito internacional.

No por nada se difunden spots en redes televisivas que tienen alcance mundial. Así, el posicionamiento de la marca “Bolivia te espera” genera los primeros resultados. Reportes del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirman el incremento de la afluencia de turistas al país. Incluso los nuestros decidieron conocer el territorio boliviano antes que optar por destinos extranjeros, como se solía.

¿Es suficiente? La respuesta ante tal interrogante es un rotundo no. Los testimonios de turistas nacionales y extranjeros dan fe de ello, cada día.
En las localidades destacadas por su carácter turístico existe una gran deficiencia en muchos sectores relacionados con el área.

Los paraderos en la red vial fundamental, aquellos donde el transporte interdepartamental hace una pausa para que los viajeros se alimenten, son un caos. Un cartel anuncia la tarifa por el uso del mingitorio. No tiene las mínimas condiciones pero cuesta “1 boliviano”. Pasa lo mismo con la alimentación, el transporte y otros servicios. Mientras más “gringuito”, más hay que cobrarle. Esa es la premisa.

El Gobierno central y los regionales deben implementar políticas que mejoren los servicios que ofrece el país en el sector turístico. Capacitar a los operadores y la ciudadanía. Invertir en el sector. Mientras tanto, a pesar de su belleza, Bolivia te espera… pero mal.

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