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Bolivia, ¿economía emergente?

Bolivia podría ingresar al grupo de las economías emergentes (BRICS) por varios factores

/ 29 de julio de 2015 / 05:09

Este último tiempo se ha estado hablando en los círculos económicos acerca de si Bolivia podría incorporarse al grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Al respecto, yo considero que el país sí puede ingresar al grupo de las economías emergentes por varios factores. Primero, porque gracias a la bonanza económica de precios favorables de los hidrocarburos y materias primas que vivió Bolivia se ha tenido un crecimiento sostenido durante los últimos cinco años a una tasa superior al 5%. Si las autoridades gubernamentales tienen la audacia de seguir haciendo crecer a la economía y evitar la crisis que parece venirse sobre América Latina, podría revertir la situación y crecer a un promedio hasta de dos dígitos.

Segundo, porque Bolivia es el corazón de Sudamérica y se podría transformar en el centro financiero internacional de América Latina con la entrada masiva de capitales bancarios, financieros y empresariales, para construir el motor que les falta a las economías de la región para salir de la pobreza y constituir un pilar de la nueva arquitectura del sistema monetario y financiero internacional, pues el actual sistema se encuentra en desequilibrio.

Tercero, porque habría que hacer conocer al mundo entero que Bolivia es el depósito alimentario de la humanidad y que se desea atraer inversión masiva al sector agrícola para transformarlo en agroindustrial, con producción a gran escala, con el fin de incrementar las exportaciones a la región y al resto del mundo.

Cuarto, China está dispuesta a invertir en América Latina miles de millones de dólares, por lo que se debería atraer a Bolivia estos recursos, con la llegada de al menos cinco bancos chinos, entre otros, el banco de reliquidación Reminbi. Asimismo se debería firmar otros acuerdos de cooperación con el primer ministro chino, Li Keqiang, con el propósito de financiar proyectos energéticos, agroindustriales, de infraestructura y otros rubros de la economía boliviana, incrementando en este sentido las relaciones comerciales y financieras con China y otros países asiáticos, como los “tigres del Asia”. Esto permitiría facilitar el ingreso del yuan a través de Bolivia a toda la región latinoamericana.

Quinto, se debería seguir atrayendo a los inversionistas europeos, dando todas las facilidades en materia de negocios para atraer bancos de distintas nacionalidades, facilitando las transacciones monetarias y financieras de las empresas del Viejo Continente. Para tal efecto, se podría invitar a por lo menos 25 bancos, tanto chinos como europeos (como a la banca de la Unión Europea), lo que permitiría introducir el euro en toda América Latina a través del país, y así disminuir la hegemonía del dólar norteamericano.

Sexto, se deben dejar de lado todos los agravios hacia la economía estadounidense y reanudar sin demora las relaciones diplomáticas y comerciales con el país del norte, invitando a bancos norteamericanos, que son los más grandes del mundo y tienen capitales superiores a todo el PIB boliviano, a instalarse en el país, a fin de cooperar con el desarrollo del sector industrial, agrícola y ganadero bolivianos. Con todo lo que se hizo y considerando los aspectos antes señalados, Bolivia podría ser parte de los BRICSAB (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Australia y Bolivia) como una economía emergente.

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Prosperidad

Vivimos en un país con muchos recursos, pero los mecanismos de distribución de la riqueza están fallando.

/ 3 de septiembre de 2016 / 04:03

A pesar de todo el adelanto que se ha registrado en Bolivia durante los últimos años, desde la aplicación de una nueva política económica y acciones gubernamentales orientadas a luchar contra la pobreza, como país seguimos ocupando casi el último lugar de la región latinoamericana en términos de riqueza, precedidos únicamente por Haití.

No cabe duda de que para vivir una vida plena las personas necesitan cubrir mínimamente sus necesidades básicas. De allí que los ciudadanos continuamente pedimos a los gobiernos de turno ciertos beneficios y sobre todo condiciones para prosperar. Por otro lado, es un deseo general de todos los bolivianos erradicar la extrema pobreza en el país; sin embargo, hasta ahora no hemos encontrado la manera de materializar este anhelo. Ello a pesar de que Bolivia es un país riquísimo en recursos naturales, que bien explotados, en beneficio de todos, nos llevaría a ocupar uno de los primeros lugares en términos de bienestar en la región. Contentarnos con menos es hasta pecaminoso. Podríamos disponer de una gran cantidad de recursos financieros, lo que nos permitiría mejorar la calidad de vida de todos los bolivianos, y en especial de los sectores menos favorecidos.

Sin embargo, en Bolivia parece un delito aspirar a la riqueza, aunque sea resultado de la propia iniciativa, por intermedio de emprendimientos que nos permitan desarrollar negocios lucrativos. En cuanto al ámbito público, no son pocos los políticos que luchan por llegar al poder no para servir al pueblo, sino con el fin de enriquecerse gracias a las arcas del Estado. A su vez, la mayoría de los empresarios capitalistas no distribuyen su riqueza, porque no lo ven como un buen negocio, sin entender que aquello beneficiaría a todos.

Todos los bolivianos, sin excepción, debemos estar conscientes de que vivimos en un país de increíble abundancia; sin embargo, los mecanismos de distribución de la riqueza son los que están fallando. Los ricos pueden aumentar su riqueza, y los pobres podemos volvernos ricos abriendo nuestras fronteras al mundo de los negocios y de la inversión, al mundo de la riqueza que tienen los países altamente industrializados que desean expandir sus actividades a los países en vías de desarrollo, donde viven más de 6.000 millones de personas que desean pertenecer a una economía de mercado para desarrollar sus talentos y prosperar, sin tener que contentarse con poco. Es mi deseo, al igual que el resto de los ciudadanos, que nuestro país prospere y que ocupemos el primer lugar en cuanto a los indicadores de riqueza y calidad de vida, no el último.

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Banca privada internacional

La banca privada internacional puede contribuir a nuestro desarrollo y en la lucha contra la pobreza.

/ 29 de junio de 2016 / 04:05

Muchos gobernantes, políticos, economistas y analistas en general se preguntan si se debe intervenir y salvar a la banca privada internacional en casos de crisis como la que se vivió en 2008, luego de que se evidenciara que los bancos privados internacionales actuaron de manera imprudente e irresponsable. Al respecto, muchos consideran que se debería dejarlos a su suerte en caso de repetirse una nueva crisis financiera. Sin embargo, muchos otros tenemos una forma distinta de apreciar las cosas.

Respecto a la debacle financiera de 2008, puede decirse que su origen empezó con la crisis de deuda externa declarada por México en agosto de 1982. Desde entonces, los bancos privados internacionales empezaron a sufrir grandes pérdidas, y se inició un largo proceso de reconversiones, renegociaciones y recompra de deuda, que duró casi toda la década de los 90 y hasta fines del siglo pasado. Para hacer frente a las cuantiosas pérdidas que sufrieron, los bancos privados internacionales tuvieron que idear nuevos mecanismos e innovaciones financieras, como la titularización o los créditos sub prime en la banca estadounidense, utilizados principalmente para la adquisición de viviendas y orientados a clientes con escasa solvencia, y por tanto, con un nivel de riesgo de impago superior a la media del resto de créditos.

Éstas y otras medidas desataron la crisis financiera que estalló entre 2007 y 2008 en Estados Unidos, y cuyas repercusiones arrastraron a las economías europeas, que hasta la fecha no han logrado recuperarse por completo. En defensa de los créditos sub prime se puede afirmar que éstos fueron una primera posibilidad para contrarrestar la elevada deuda financiera en el sector real de la economía estadounidense; además, contribuyeron a democratizar el crédito, haciéndolo accesible a las personas con menos recursos y que representaban un mayor riesgo.

Por otro lado, es posible afirmar que gracias a la banca privada internacional en general, conformada sobre todo por Estados Unidos, Canadá, Japón y países europeos, fue posible la industrialización de países latinoamericanos como Brasil, México y Argentina; así como el surgimiento de los tigres asiáticos, encabezados por Taiwán, Corea del Sur y Singapur.

Por ello, en lugar de condenar a la banca internacional deberíamos reconocer su contribución al desarrollo, ya que gracias a sus inversiones y al riesgo que asumieron, millones de personas que otrora estaban sumidas en la extrema pobreza hoy tienen acceso a créditos bancarios y capitales para invertir, lo que les ha permitido mejorar su situación económica y social.

No obstante, para contribuir aún más en la lucha contra la pobreza, en lugar de otorgar créditos de ultramar, la banca privada internacional debería instalarse y expandir sus actividades en los propios países, a través de una eficiente supervisión de los proyectos que financian. Esto sobre todo en el caso de Estados Unidos, que de la noche a la mañana se convirtió del mayor acreedor del mundo en el mayor deudor; y que, a través de un juego contable, debería transformar sus deudas en activos en los balances de los países acreedores. Solo así se podría, en algún momento, equilibrar los mercados financieros sobredimensionados artificialmente con los sectores reales de las economías a donde vaya la banca y la de su propio país.

Por todo lo mencionado, la banca privada internacional debe ser bienvenida en los países en desarrollo, por cuanto puede contribuir a nuestro progreso y en la lucha contra la pobreza.

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Las transnacionales y el ‘suma qamaña’

Hacen falta políticas que impulsen la llegada de transnacionales vinculadas sobre todo a la agroindustria

/ 19 de mayo de 2016 / 02:38

Desde su fundación y hasta nuestros días, en Bolivia hemos hecho todo lo posible por estrellarnos contra las transnacionales extranjeras, tratando de ahuyentarlas del país a como dé lugar, cuando en realidad deberíamos hacer todo lo posible por atraerlas, ya que las empresas multinacionales aportan capitales, mano de obra altamente calificada y tecnología de punta, que es justamente lo que necesitamos para desarrollarnos como país.

Por este motivo, se deberían desarrollar políticas para impulsar su llegada, sobre todo de las grandes compañías agroalimentarias, para que elaboren en el país productos con alto valor agregado destinados al consumo interno y a la diversificación de nuestras exportaciones. Asimismo se debería fomentar su implantación en las áreas rurales, creando a su alrededor polos de desarrollo, junto a entidades bancarias establecidas en el lugar para que financien iniciativas privadas vinculadas a la actividad de la empresa transnacional y a otros rubros.

Un banco rural —nacional o extranjero— de estas características no solamente crearía empleos para los pobladores locales, sino que además podría otorgar créditos a tasas de interés preferenciales y largos plazos de amortización para proyectos que contribuyan con el crecimiento local. Asimismo podría financiar obras de infraestructura como agua potable, alcantarillado e incluso educación y salud; áreas a las cuales el Estado muchas veces no pueda acceder por tener recursos limitados.

A su vez las empresas transnacionales, además de traer personal calificado, contratarían mano de obra local. Pero en lugar de ser empleados asalariados sería deseable que ingresen como socios que reciben dividendos por el aporte de su trabajo, participando así de las utilidades de la compañía. De esta manera los trabajadores/socios, conscientes de que les convendría generar la mayor utilidad posible para recibir más dividendos, se verían fuertemente motivados para contribuir con el aumento de la productividad de su empresa, dando lo mejor de sí mismos y de su trabajo; evitando al mismo tiempo disconformidades por motivos salariales que lleven a huelgas y paros o a producir menos. Lo cual además les permitiría ser sujetos de crédito de la entidad bancaria para poder adquirir otros bienes y servicios que mejoren su calidad de vida. Todo esto dentro del concepto del suma qamaña (vivir bien), que justamente reclaman los habitantes de las áreas rurales.

Todo lo anterior permitiría mejorar el nivel de vida de los habitantes del país, logrando un mayor crecimiento económico y social; además, impulsaría el desarrollo del sector privado en áreas en las que no puede ni debe incursionar el Estado. Asimismo aumentaría el grado de bancarización de los habitantes del área rural, que en Bolivia actualmente es el más bajo de la región, ya que no llega ni al 10% de la población rural.

En resumidas cuentas, la llegada de inversión extranjera, a través de compañías transnacionales, y de la banca privada y estatal a las áreas rurales del país contribuiría grandemente al desarrollo armónico del país, dentro de un contexto de economía plural, tal como lo establece la Constitución Política del Estado, que es lo que todos deseamos.

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Parque industrial y financiero

Bolivia podría crecer a tasas de dos dígitos si permite el desarrollo de la iniciativa privada

/ 28 de noviembre de 2015 / 05:16

En la actualidad están vendiendo cientos de terrenos a empresas grandes, medianas y pequeñas para que se instalen en el Parque Industrial Latinoamericano de Santa Cruz. Sugeriría ampliar este proyecto, que está entre los más grandes de Bolivia, en el sector privado para que se vendan terrenos a la banca privada e ir más allá con la atracción de inversionistas extranjeros para atraer a la banca internacional de Estados Unidos, Europa, Japón, Canadá, China y otros países asiáticos como de la región, así ampliar el concepto de parque industrial con un área importante destinada al desarrollo e implantación del sector financiero, siguiendo nuestra idea de que en algún lugar estratégico de Bolivia se debería desarrollar y transformar al país en un centro financiero.

Esta idea se debe a que las empresas, cualquiera sea su tamaño, para su crecimiento deben ir acompañadas de bancos que las financien y éstos deben velar porque los fondos que otorgan sean en condiciones ventajosas en tasas de interés y plazos de amortización, velando por financiar sobre todo al sector productivo y cuidando que las empresas aumenten cada vez más valor agregado a sus productos y que éstos no solo satisfagan el mercado interno, sino que puedan ser exportados.

La idea de desarrollar el parque industrial y financiero latinoamericano podría impulsar la iniciativa privada cuyo crecimiento vaya paralelo al estatal coadyuvando al crecimiento de la economía nacional.

Este proyecto en Santa Cruz es acompañado por el desarrollo de áreas comercial y habitacional emprendidas por otras empresas en los alrededores. Es importante dotar de los servicios básicos, de infraestructura y de vías de acceso como el proyecto de tren bala que unirá la capital con Warnes y Montero, pasando por el parque industrial.

Bolivia podría crecer a tasas de dos dígitos si permite el desarrollo de la iniciativa privada con la atracción masiva de capitales extranjeros en particular bancarios, financieros y empresariales que trabajen en estrecha coordinación con la inversión nacional creando los empleos que tanto se necesitan que es lo que todos deseamos.

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Una coyuntura excepcional

Es necesario que todos hagamos de Bolivia un país próspero, aprovechando esta coyuntura excepcional

/ 18 de marzo de 2015 / 08:04

Hacer de Bolivia el centro financiero de América Latina ha sido mi idea desde que llegué al país hace 25 años procedente de Europa, donde estuve siete años como estudiante. En esas épocas muchos se reían de este mi proyecto de gran envergadura, como me gustaba llamarlo, y los inversionistas bolivianos lo consideraban utópico, por las dificultades de que la comunidad internacional se interesase en un pequeño país desorganizado e indisciplinado como Bolivia, que además tenía el inconveniente de ser el más pobre de la región y estar a merced del narcotráfico.

Muchos profesionales de izquierda se interesaron en mi idea, pero no veían la forma de hacerla realidad, y todo quedaba en nada. Incluso la presenté a todas las representaciones diplomáticas occidentales. Por ejemplo, el anterior Embajador de EEUU en Bolivia consideraba que mi idea era una excelente tesis académica, digna del Premio Nobel, pero nada más. Algunos diplomáticos europeos se entusiasmaron con algunas propuestas como la de crear el Banco boliviano europeo, que contribuya a abrir mercados para los productos bolivianos en Europa y financiar las exportaciones del Viejo Continente. Sin embargo, por falta de capitales, todo quedó en la nada.

En un estudio de la GTZ sobre Bolivia leí que si el país se hubiese dedicado a la oferta de servicios financieros a comienzos de los 90, tal como yo gritaba a los cuatro vientos, probablemente el país no hubiese vivido la crisis que se inició en 1998 y que culminó con los terribles eventos y muertes de octubre de 2003, que muchos consideran como el punto de inflexión en el que los bolivianos comenzaron a preguntarse seriamente hacia dónde íbamos y cuál sería nuestro destino. Entonces llegó el MAS, y al igual que todos los partidos políticos precedentes ejecutó una masacre blanca en los puestos del Estado para poner a sus acólitos y simpatizantes, dejando sin empleo a muchos profesionales que ya trabajaban cerca de 20 años para el Estado, sin preocuparles su honradez, experiencia o capacidad profesional.

He escrito mucho sobre la idea de traer inversión extranjera bancaria por estos lados. En uno de mis libros detallo la lista de todos los bancos que financiaron a Bolivia en los años 70 y que luego renegociaron su deuda, comprándola a 11 centavos de dólar en el mercado secundario. Muchas de estas entidades podrían estar ahora nuevamente interesadas en invertir en Bolivia en condiciones diferentes a las de los años 70 y 80.

En otro libro analizo cómo se podría transformar a Bolivia en el centro financiero de la región, y las ventajas que este proyecto traería consigo, como la generación masiva de empleos en todos los niveles. Si muchos bolivianos apoyamos esta idea, el país podría convertirse en 20 años en una de las naciones más prósperas del planeta, generando riqueza en lugar de pobreza. Se podría crear el motor que falta en nuestra economía con la iniciativa privada, que administraría todo el dinero que llegue al país y a la región en un futuro próximo. Muchas de esas entidades financieras podrían instalarse en Bolivia y crearse muchas más, como el Banco boliviano de comercio exterior, para ayudar a los exportadores e importadores; el Banco boliviano-europeo, o el Banco de la construcción, en un país donde hay tanto déficit habitacional. Además de atraer a la banca extranjera, se podría apoyar al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al Banco Mundial o a los fondos existentes en el país. Es necesario que todos hagamos de Bolivia un nuevo país rico y productivo, aprovechando esta coyuntura excepcional.

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