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Wednesday 7 Dec 2022 | Actualizado a 15:47 PM

El riesgo de caer en el fondo del Fondo

El caso del Fondo Indígena no es un asunto desdeñable para las disputas electorales

/ 15 de diciembre de 2015 / 06:03

Debe ser el caso más complicado, incómodo y vergonzoso para el Gobierno y sus bases en los últimos años, que a un poco más de dos meses del referéndum constitucional deben lidiar con el zumbido permanente de sus implicaciones. El desfalco millonario del otrora Fondo Indígena está arraigado en la agenda de los medios de información y es asunto de vital estrategia para la oposición de la administración de Evo Morales.

Ha salpicado a sus principales aliados políticos y sociales, y está nublando poco a poco los muchos éxitos de casi diez años de gestión. Y puede significar un factor gravitante en los resultados de la consulta del 21 de febrero de 2016, que deberá definir la modificación o no de la Constitución Política del Estado para la habilitación o no del presidente Morales y del vicepresidente Álvaro García a una nueva repostulación con miras a los comicios de 2019.

Su particularidad radica en que este caso de corrupción alcanza a la base social más sólida del oficialismo después de los cocaleros, mineros o cooperativistas: el movimiento indígena originario campesino, representado por el Pacto de Unidad.

En el tiempo de las especulaciones, investigaciones y develaciones, el expediente Fondo Indígena ha tocado las esferas altas de los aliados del Movimiento Al Socialismo (MAS), de exautoridades y legisladores de este partido, y no deja de acosar a la exministra de Desarrollo Rural Nemesia Achacollo, la cabeza de área del fondo creado en la Ley 3058, de Hidrocarburos, de 2005. Además de dirigentes medios y directivos del Fondo Indígena, las principales implicadas que guardan detención preventiva son la exministra de Desarrollo Rural Julia Ramos y la secretaria ejecutiva de la oficialista Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob), Melva Hurtado.

Tres elementos cruciales se desprenden de este hecho de corrupción velado inicialmente por la Contraloría General del Estado y difundido por los medios de información: ha puesto en serio riesgo la alianza del movimiento indígena originario campesino del país con el Gobierno, por las implicaciones en el caso de algunos cuadros orgánicos, calificados de “chivos expiatorios”; ha desnaturalizado la “reserva moral” y la condición del movimiento que tanto propugnó Morales y que se ganó el respeto y la adhesión en los ámbitos nacional e internacional, y ha desportillado la fe del Gobierno sobre la lucha contra la corrupción y el éxito en algunas áreas de su gestión, que puede tener consecuencias en el referéndum de 2016.

Con todo, el caso del Fondo Indígena no es un asunto desdeñable para las disputas electorales. La oposición del MAS no deja de citarlo en su arremetida contra el Gobierno y éste pretende capitalizar el hecho para mostrarse inclemente contra la corrupción en vista de la detención de una veintena de personas de su círculo político y social.

Hablar del tema siempre va a tener connotaciones electorales. Es menos complicado para los detractores del oficialismo, aunque de tanto insistir en el caso puede ayudar a desempolvar viejos hechos de corrupción “de la derecha”, como ya reaparecieron a través del ministro Juan Ramón Quintana. El Gobierno, interesado en la repostulación, tiene un panorama más complejo en el asunto: mientras más se vea involucrado, por las investigaciones o las denuncias de su parte, está en riesgo de ahondar su crisis de credibilidad y, por tanto, su continuidad en 2020.

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Mar, la hora de la resiliencia

¿Habrá algo que hacer más que el juicio perdido? La necesidad de retornar al mar continúa intacta.

/ 2 de octubre de 2018 / 04:10

Aún mascullando la desazón por la decisión de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de otorgarle la razón a Chile en la demanda que le interpuso Bolivia en aras de un acceso soberano al mar, es posible encontrar un resquicio para hallar el camino para la resiliencia. Hay que sacudirse y reponerse pronto del fallo injusto para el país.

Debería indignarnos tremendo golpe judicial, por el espíritu que nos sostiene la necesidad histórica de recuperar el mar avasallado, y no obligarnos a buscar culpables del caso. Pero no siempre puede esperarse algo así; las conjeturas comienzan a abundar y no faltan algunos que plantean sinsentidos o criterios inoportunos.

Antes del fallo de ayer —hay que admitirlo— había un optimismo en los resultados de la demanda. El presidente Evo Morales había expresado su esperanza de izar la bandera tricolor en las costas del océano Pacífico (muy triunfalista, cierto), el vocero de la demanda y expresidente Carlos Mesa repetía que la argumentación boliviana estaba bien sustentada y que la demanda implicaba una política de Estado, y la oposición, en consonancia inusual con el oficialismo, se había avenido a la decisión de sentar en el banquillo a Chile, por primera vez. Con ellos, todo un país también.

Ayer, hasta los primeros minutos de la lectura del fallo —cuando se decantaba lo peor al descartarse uno a uno los ocho argumentos de Bolivia— los bolivianos habían alistado una serie de actos cívicos, con autoridades en grandes ciudades y pueblos remotos ensalzando la tricolor, con niños de emoción hasta las lágrimas y ataviados con motivos del mar, y con mujeres y ancianos con mucha euforia siguiendo las transmisiones previas del acto en La Haya.

Eran sinceras esperanzas en un fallo favorable. Otros, en cambio, parecían esperar lo peor de parte de la CIJ al creer que una sentencia adversa a Bolivia implicaba la derrota política de Morales. Al punto, ahora, de sugerir un juicio de responsabilidades contra el Mandatario, como lo hizo el diputado Rafael Quispe.

Y las declaraciones inoportunas del líder de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, que, como su partido, exigió ayer una explicación sobre el fallo adverso. Sus palabras contradicen a las expresadas en abril de 2013, cuando, luego de su reunión con el agente Eduardo Rodríguez, había dicho que la que Bolivia iba a presentar a la CIJ “es una demanda muy bien trabajada”.

Pero en este mar de discrepancias políticas, existe también sensatez, como la de Mesa, que dijo que “con el espíritu templado, Bolivia respeta el fallo aunque no lo comparte”. O el gobernador Rubén Costas, que escribió en su cuenta de Twitter que “el fallo de La Haya marca el final de un ciclo y el principio de otro”. O el periodista y escritor Robert Brockmann, que escribió que “el boliviano que se alegre por el fallo de La Haya porque crea que significa una derrota de Evo Morales, ha perdido los papeles y es despreciable”. O Ricardo Paz Ballivián, que dijo que “hoy estamos con el alma lacerada pero mañana volveremos a la carga. ¡Jamás renunciaremos al mar!”.

Son expresiones que demuestran capacidad de resiliencia, tan necesaria para pensar qué hacer en adelante.

¿Habrá algo que hacer más que el juicio perdido? La necesidad de retornar al mar continúa intacta —como lo recordaron el oficialismo, la oposición y los gestores del juicio en la CIJ— y plantea otros escenarios quizás no explorados aún, a sabiendas de que la primera opción sigue siendo el diálogo. Atrás queda este episodio triste, los bolivianos sabemos redimirnos.

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Ser la hija del Presidente

Es insulso reclamar sensatez a sabiendas del odio político campeante en un país dividido en dos aguas.

/ 18 de septiembre de 2018 / 04:45

Claudia, la mamá de Jhonatan (Quispe, el estudiante fallecido en el conflicto de la UPEA) no va a poder ver graduarse a su hijo; Jhonatan quería ser periodista. Por el otro lado, vemos un escenario de la hija del Presidente que se gradúa…”. Así argumentaba una entrevista la periodista Roxana Lizárraga, del programa Cabildeo, de Amalia Pando.

¿Qué motivó la entrevista? La graduación de Evaliz Morales Alvarado como abogada, en la Universidad Católica Boliviana (UCB), en La Paz. La hija del Presidente había sido motivo de escarnio político a pocos minutos después del acto de colación: los titulares de algunos medios de información del país decían que la joven se había graduado en medio de silbidos, gritos de “Bolivia dijo no” y aplausos.

El hecho, sobredimensionado por la prensa al calor de las disputas políticas, ha puesto a Evaliz ante una cobarde actitud, que muchos padres de familia no quisieran sufrirla con sus hijas e hijos.

Gonzalo Chávez, economista y docente de la UCB, además de recalcitrante detractor de Morales y del Gobierno, dio luces de sensatez al cuestionar los titulares “exagerados” que el 1 de septiembre aludían a Evaliz. Dijo en un mensaje en la red Facebook que en el acto de graduación de la ahora joven profesional hubo “aplausos y respeto”, y “tal vez un par de desorejados que silbaron y uno gritó ‘Bolivia dijo no’”, y “que fueron callados inmediatamente por la gente” que asistió al acto.

Al contrario de Lizárraga, que en su afán de descalificar la graduación de Evaliz encontró una “oportuna” entrevista con el exsenador y exprefecto de Oruro Carlos Börth quien circunstancialmente fue docente de la joven en la UCB. En la entrevista, el político recordó que cuando se postuló a vocal electoral Evo Morales lo descalificó y que entendió que esa actitud como una represalia a su decisión de evitar que la entonces estudiante pudiera someterse al examen final de Ciencias Políticas sin haber asistido nunca antes a clases ni haber presentado sus prácticas.

La declaración puso en entredicho la graduación de Evaliz y la misma institucionalidad de la UCB, y las redes sociales, a las que sumaron muchos políticos de oposición, se encargaron de descalificar la condición profesional de la joven, al punto de que otro docente, Rafael Loayza, a su vez director de la carrera de Comunicación Social de la UMSA, se ocupó de refutar a Börth. “Me da vergüenza que se le de crédito al señor Borth (sic), militante campante de todos los partidos de la democracia pactada, que violó el derecho a la intimidad de una estudiante sin ponerse siquiera colorado”, escribió en su cuenta de Facebook.

En otro mensaje, Börth retrucó y dijo que Loayza se echó contra él “como perro rabioso, echando baba por la boca”.

Y la propia UCB, a través de un comunicado de prensa sobre el caso, quiso despejar todas las dudas. Informó que Evaliz, como todos los estudiantes, cumplió “con los requisitos académicos y administrativos prescritos por ley y por las normas y reglamentos” de la universidad.

Pero las dudas y el escarnio están en la opinión pública, el video sobre el “par de desorejados” circula en las redes, y en versión aumentada (“¿por qué no estudió en una universidad pública?” o que lo hizo “con dinero público”), como las “develaciones” de Börth. La víctima de acoso virtual del momento es Evaliz, quizás consciente de las consecuencias en su contra por solo ser la hija del Presidente.

Es insulso reclamar sensatez a sabiendas del odio político campeante en un país dividido en dos aguas. Pero quizás es posible encontrar un resquicio para no dañar a seres inocentes, que no tienen que pagar las culpas, errores o acciones de los padres. Evaliz se merece todo nuestro respeto.

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Plataformas, la reinvención

Las plataformas tienen fuerte incidencia en las redes sociales y los grandes medios de información.

/ 4 de septiembre de 2018 / 05:04

En los últimos años los partidos políticos en el país han ingresado en un declive interesante. De haber sido sustituidos en algún momento por algunos medios de información (Ignacio Ramonet decía en una entrevista con La Razón en 2012 que “son los medios los que han tomado el relevo”), debido a la influencia de sus agendas en la opinión pública, se han decantado en otras formas de incidencia política y toma del poder.
No todos los partidos, cierto. Ante la crisis política y la necesidad de ampliar la participación social en la gestión pública, los partidos políticos acordaron una ley de agrupaciones y pueblos indígenas. Fue (es) una opción para la reinvención.

Así, por ejemplo, una facción importante de la extinta Acción Democrática Nacionalista (ADN), del converso exdictador Hugo Banzer, terminó en Poder Democrático Social (Podemos), o el Movimiento Sin Miedo (MSM), en la agrupación Soberanía y Libertad (Sol.bo); de Juan del Granado al actual alcalde de La Paz, Luis Revilla. Y el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) o el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), otrora partidos tradicionales, se desgajaron también en agrupaciones ciudadanas locales en Tarija, Beni, Santa Cruz y otros departamentos.

Ahora esos partidos históricos no se encuentran en vigencia, salvo el Partido Demócrata Cristiano (PDC), que acogió en el último periodo político a quien fuera militante de ADN y fundador de Podemos, Jorge Quiroga.

Son otros tiempos, de hegemonía del Movimiento Al Socialismo (MAS), que había competido con ellos en las elecciones de 2002 y 2005 hasta ver sepultarse sus aspiraciones.

Salvo Unidad Nacional (UN) y Demócratas, los partidos de mayor importancia, no hay organización política capaz siquiera de incomodar al MAS ante sus aplastantes dos tercios legislativos.

En ese cuadro de situación surgen las llamadas “plataformas ciudadanas”, que, sin una representación real, resultan instituciones sociales dispersas, quizás con capacidad de movilización pero sin posibilidad alguna de toma del poder, al menos en las actuales circunstancias.

No todas, no obstante. Emergen ante la desacreditación de los partidos —ahora— de oposición, como una necesidad de una representación colectiva sin un fin más que reaccionario ante ciertas políticas gubernamentales y, en los últimos meses, contra la decisión del Tribunal Constitucional de avalar la repostulación de Evo Morales.

Sin embargo, muchas de ellas son financiadas (panfletería, indumentaria o emblemas) incluso por partidos políticos e impulsadas por políticos y activistas de oposición, como Julio Alvarado (excandidato de PDC), Iván Arias (MIR), Víctor Cárdenas (MNR-MRTKL) o Guillermo Paz (ADN), algunos de los cuales participaron del “segundo congreso” de los grupos en Sucre.

Tienen fuerte incidencia en las redes sociales y los grandes medios de información, que recogen para su agenda hasta sus más mínimas acciones. Ahora propugnan la defensa de los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016 que rechazó la modificación de la Constitución Política del Estado para una eventual repostulación del Presidente y del Vicepresidente.

El “Bolivia dijo No” es la principal premisa. Logran posicionar cualquier incidente con ese eslogan y, últimamente, su estrategia es incomodar actos del Gobierno, acción que rápidamente repercute en los medios de información y las redes sociales.

Implican un intento de reinvención de la acción política partidaria. Transcurren la circunstancia, no tienen proyección ni tienen una plataforma de gobierno ni potenciales candidatos. Muchas se mimetizan en la ciudadanía para pasar como algo ajeno a la confrontación partidaria.

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Francia-Inglaterra, inclusive

Colombia bordeó la gloria y la injusta derrota, y en esas circunstancias siempre apareció Mina.

/ 10 de julio de 2018 / 04:00

Alemania y Brasil, finalistas. ¿Era posible que no se cruzaran antes? Quizás. Pero al comienzo del Mundial Rusia 2018, ambas selecciones tenían la performance necesaria como para pelear por el trofeo, sin dejar de lado a Argentina, España, Inglaterra, Bélgica, Portugal, Uruguay y Rusia, en ese orden. Y miren cómo quedaron en el camino, contra todo pronóstico y la ilusión de sus millones de seguidores en el mundo.

Como ellas, otras selecciones. Nada más en el primer partido, México humilló al campeón y Corea del Sur terminó —otra vez contra todas las apuestas— sepultándola y privándonos así de la magia de Neuer, Kroos o Müller.

Argentina, otra de las favoritas, sucumbió con la inseguridad de Caballero, con el escarnio injusto contra Messi y con el despropósito de Sampaoli, al punto de ceder las decisiones propias al camarín. Pudo ser el Mundial de Messi si es que los restantes 10 jugadores engranaban tan bien con él como lo hacen en el Barcelona español.

En Portugal fueron solo una ilusión los tres goles de Ronaldo contra España. Al 7 del Real Madrid le faltó equipo para consagrase en Rusia, de donde retornó sin gloria y con las puertas abiertas para su partida del club madrileño que acogió su éxito.

España fue la más golpeada. Nunca pudo reponerse de la salida intempestiva de Lopetegui, la improvisación técnica de Hierro y las manos de cera de De Gea. Una pena de selección para la despedida del interminable Iniesta.

Uruguay ilusionó hasta que Cavani se lesionó. Fue el equipo más regular de los sudamericanos, incluso por encima de Brasil en la primera fase. Se fue aclamado, con una envidiable garra, un solitario Suárez, una triste sentencia de Muslera y la sabiduría de su eterno técnico, el maestro Tabárez.  

Colombia siempre bordeó la gloria y la injusta derrota, y en esas circunstancias siempre apareció Mina con goles de cabeza sobre el límite del partido. El último solo sirvió hasta los penales ante Inglaterra, que causó desazón en el país y lágrimas en su jugador ausente e impotente, James.

México tuvo la mala suerte de toparse en octavos con un envalentonado Brasil y un recuperado Neymar. La revancha verbal de Guardado con el 10 brasileño quedó solo para la anécdota: ambas selecciones se fueron a casa, lo que dejó a Rusia 2018 en una especie de solo Eurocopa.

Los culpables fueron Bélgica, de Courtois, Lukaku y el sorprendente Hazard; Croacia, del heroico Subasic, Rakitic y del líder Modric;  Francia, del inesperado Pavard, del decisivo Griezmann y de la revelación del momento, Mbappe, e Inglaterra, del consagrado Kane, que apunta a ser la “bota de oro” del Mundial Rusia 2018; tiene hasta el momento seis goles con su firma.   

Francia tiene, ahora, grandes posibilidades de consagrar a Mbappe, cuya velocidad fue un factor clave en su camino. Se medirá con Bélgica, cuyos antecedentes son todos los partidos que jugó ganados y la eliminación en sus manos (pies) de Brasil.

Kane puede llevar a los ingleses a la gloria, pero tendrán al frente a una inesperada Croacia. Francia-Inglaterra quizás sea una final, aunque este torneo ha mostrado que las grandes selecciones no siempre estuvieron a la altura de sus viejos logros.

Lo sabremos el domingo. Corren las apuestas. Lo cierto es que los shows de Maradona terminaron, como las estrepitosas caídas de Neymar, la tristeza de Messi o los lamentos de Iniesta en el césped.

Hay fútbol para disfrutar todavía, para alegrarse de victorias ajenas; hay homenajes aún que entregar por esas estrellas que quedan en la lejana Rusia.

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Evo Morales y el #21F

Hay molestia en buena parte de la ciudadanía por la intención de Morales de buscar un nuevo mandato.

/ 26 de junio de 2018 / 04:03

Evo Morales está condenado a convivir unos largos meses con la arenga del “Bolivia dijo no”, pronunciada con recurrencia por sus detractores, opositores a su línea y “activistas ciudadanos” rentados. Ante su persistencia, el Gobierno dispuso una medida poco habitual para contrarrestar la arremetida: discreción en la agenda presidencial.

En las últimas semanas, varios actos públicos del Gobierno, especialmente los dirigidos por Morales y el vicepresidente Álvaro García, fueron interrumpidos por el coro de la consigna política. El que mayor repercusión tuvo fue la inauguración de los Juegos Suramericanos, en Cochabamba, cuando un grupo de jóvenes, entre ellos la asambleísta de La Paz de Unidad Nacional (UN) Claudia Bravo, impulsaron la arenga y contagiaron a parte del público.

Ante una campaña electoral anticipada, la consigna del “Bolivia dijo no” resulta muy “noticiosa”, y funciona con la cobertura de muchos medios de información que inmediatamente se hacen eco del hecho a través de titulares o aperturas de los informativos de televisión, que incluso soslayan la condición de los actores y les atribuyen el título de “activistas”, como pasó con la asambleísta Bravo, de UN, a quien la identificaron solo como “una joven activista”.

Es cierto, hay molestia en buena parte de la ciudadanía por la intención de Morales de buscar un nuevo mandato en las elecciones de 2019 a pesar del referéndum del 21 de febrero de 2016 que negó la modificación constitucional para una eventual postulación nueva del actual Presidente del Estado. Esa indignación es canalizada e impulsada por varios partidos, especialmente por UN, que incluso costea la impresión de poleras y carteles (ya es muy conocido el diseño de la tricolor encima de los textos de protesta), y Demócratas.

La estrategia tiene repercusiones mediáticas. Y funciona con solamente movilizar a unos cuantos para hacer ruido como si se tratara del “hecho” informativo y “la” manifestación. Seguramente seguirá irrumpiendo los actos de entrega de obras gubernamentales, la asistencia de autoridades a un evento público o simples acontecimientos deportivos.

Salvo las movilizaciones llamadas con ese fin, que tuvieron hace unos meses gran participación de colectivos ciudadanos, militantes políticos de oposición y “gente de a pie”, la resistencia a la cuestionada repostulación de Morales todavía no logra efectos reales. Y la apelación a organismos internacionales solo consigue premisas políticas y cobertura mediática.

No hay fuerza política capaz de contagiar una movilización mayor, que haga siquiera trastabillar la aspiración oficialista y que plantee al país una respuesta más efectiva sobre lo que creen que es más democrático y una opción más revolucionaria que el actual proceso político. Mientras, Morales y el Movimiento

Al Socialismo (MAS), su partido, parecieran estar convencidos de su camino expedito con miras a un nuevo periodo al frente del gobierno que rigen desde enero de 2006.

A tanto ha caído la ineptitud de la oposición política, que su única acción pareciera ser la estrategia del desgaste del contendor: que el viaje de Morales al Mundial, que el título no logrado de García o los distintos casos de corrupción del Gobierno —que está bien develarlos—, que no logran una movilización real.

Ahora que el Presidente no comunica su agenda como antes, seguirá recorriendo el país en busca de respaldo, hasta legitimar sus aspiraciones, en las narices de la oposición y su discurso del “Bolivia dijo no”. ac

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