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jueves 17 jun 2021 | Actualizado a 17:19

Consumidores verdes

En Bolivia, los criterios ambientales a la hora de adquirir un producto aún son poco relevantes

/ 8 de marzo de 2016 / 07:55

Los bosques en el mundo siguen siendo una fuente única para la innovación de las empresas de productos cosméticos, salud y alimentos. Son cada vez más las empresas que aprovechan la variedad y riqueza de la naturaleza para crear nuevos productos. Esta riqueza en biodiversidad posibilita un enorme potencial para contribuir al desarrollo sostenible y una economía más verde. Según Lorini (2016), en Bolivia se tienen registradas 685 especies naturales que se comercializan como ingredientes o productos terminados.

¿Y cómo podemos contribuir a la conservación y uso sostenible de la biodiversidad? Entre otras acciones, los gobiernos podrían crear leyes, promover buenas prácticas ambientales, implementar campañas educativas y de sensibilización por un consumo más responsable. Las empresas también pueden ser grandes aliadas en este tema, invirtiendo en la investigación y desarrollo para la creación de productos verdes, impulsando mecanismos de certificación de sus productos y/o apoyando la sostenibilidad de la cadena de abastecimiento y fortaleciendo a sus actores, como las comunidades locales.

De acuerdo con el barómetro de la biodiversidad 2015 (Union for Ethical Biotrade) el 83% de los latinoamericanos entrevistados aseguran haber consumido algún producto compuesto por ingredientes naturales, y los productos consumidos con mayor frecuencia son alimentos naturales (58%), cosméticos naturales (32%) y medicamentos naturales (26%). Además, el 67% de los latinoamericanos consultados concuerdan en que resulta esencial contribuir de manera individual a la conservación de la biodiversidad.

En Bolivia, estudios recientes señalan que el interés por productos saludables va en aumento, pero aún son poco relevantes los criterios ambientales a la hora de comprar. Cuando se consulta cuáles son los intangibles que impulsarían la decisión de compra de una nueva bebida, el 57% elige el atributo que beneficie su salud, frente a solamente un 7% que elige como principal atributo la conservación de la naturaleza (CSF 2015). Sobre la percepción que tiene el consumidor cruceño respecto a las características de los productos con ingredientes del bosque, califican como aspecto positivo la categoría “naturales y buenos para la salud”; también mencionan que se trata de productos que “contribuyen a preservar el medio ambiente” (Aguilera & Camarata 2014).

A nivel mundial, las cifras revelan una oportunidad para pensar audazmente sobre la biodiversidad. Al crecer la demanda por productos con ingredientes naturales, las empresas innovan y mejoran, se incrementa el nicho de consumidores verdes y, por ende, se generan oportunidades para la participación de comunidades locales en la cadena de abastecimiento.

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Asaí, fruto que promete

Por su elevada concentración de antioxidantes, el asaí es   uno de los 10 superalimentos del planeta.

/ 20 de septiembre de 2016 / 04:37

El asaí o acai berry, como es comercialmente conocido, es un superalimento que desde los años 90 ha comenzado a ganar popularidad en Estados Unidos y Europa, reconocido como muy beneficioso para la salud debido a su acción natural antioxidante. Este fruto, que proviene de una palmera, tiene un tamaño similar al de una uva (pequeño, redondo y morado) y está presente en el país en Santa Cruz, Pando y en el bosque amazónico del Beni.

En el libro The Perricone promise se califica al asaí entre los 10 superalimentos del planeta por su notable concentración de antioxidantes, que ayuda a combatir el envejecimiento prematuro. Asimismo, es de destacar que el antioxidante que posee el asaí (el Euterpe precatoria, especie nativa de Bolivia) es 80% superior al de los frutos de la Euterpe oleracea.

En Bolivia existen varias comunidades en las que la palmera de este fruto crece de manera silvestre y constituye un elemento vital para su alimentación y economía. Estas localidades, a fin de otorgarle un mayor valor agregado al asaí y aprovechar las oportunidades de mercado, han puesto en marcha emprendimientos comunitarios para procesar pulpa.

A pesar de su delicioso sabor y sus enormes propiedades nutritivas, el asaí sigue siendo poco conocido y consumido en nuestro país. La demanda mínima por pulpa de asaí asciende a 115,4 toneladas; de este volumen, aproximadamente el 71% se transforma en asaí liofilizado (secado por congelación), producto destinado principalmente a la exportación.

Si bien la demanda por pulpa de asaí es creciente, existen factores que deben ser considerados por los actores involucrados (organismos gubernamentales, organizaciones y productores) a fin de generar la dinamización sostenible en la cadena de valor de este fruto. Disminuir la complejidad y diversidad de los instrumentos de gestión de bosques ayudaría a su real implementación. Las mejoras en la infraestructura de transporte, comunicación y agua facilitarían la producción y comercialización. Por otro lado, una mayor capacidad para el desarrollo de negocios en emprendimientos basados en el asaí aumentaría las probabilidades de éxito.

El caso del asaí pone en evidencia que el aprovechamiento sostenible de productos forestales no maderables ofrece oportunidades reales para diversificar la economía de poblaciones campesinas e indígenas; pero también revela la necesidad de asegurar que estos recursos sean manejados de manera sustentable, garantizando que las iniciativas económicas indígenas y campesinas participen en el mercado en condiciones justas y equitativas.

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Biodiversidad sostenible

La riqueza natural del país es una gran  oportunidad para la generación de alternativas de desarrollo

/ 25 de agosto de 2015 / 06:53

Bolivia es uno de los países con mayor biodiversidad del planeta. Existen al menos 60 especies entre flora y fauna con alto potencial de uso y comercialización, relacionados a la cosmética, construcción, textiles y alimentos. En este contexto, resulta de gran relevancia implementar acciones de conservación, puesto que la biodiversidad es importante para la supervivencia a largo plazo de nuestro planeta.

La riqueza y diversidad de los recursos naturales de nuestro país también representan una extraordinaria oportunidad para la generación de alternativas más sostenibles de desarrollo, pues muchos insumos nativos, como plantas o frutos del bosque, constituyen la base de productos farmacéuticos, cosméticos, y productos alimenticios que utilizamos en nuestra vida cotidiana.

Para la promoción del uso sostenible de esta biodiversidad, a escala mundial se promueve una estrategia denominada biocomercio, entendido como aquellas actividades de recolección, producción, transformación y comercialización de bienes y servicios derivados de la biodiversidad, que involucran prácticas de conservación y uso sostenible. En otras palabras, el biocomercio se produce cuando existen iniciativas empresariales que se aprovisionan de la biodiversidad, pero respetan el conocimiento tradicional y garantizan la distribución justa y equitativa de beneficios a lo largo de la cadena de abastecimiento. Hoy en día, diversas organizaciones de la sociedad civil promueven proyectos de biocomercio, impulsando el desarrollo de cadenas de valor como la del cacao, la castaña y el asaí, entre otros.

En el caso del asaí, con el apoyo de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), se han logrado implementar experiencias exitosas en el Bajo Paraguá (Santa Cruz), así como en el norte amazónico (Beni y Pando), demostrando que es posible un aprovechamiento sostenible de los recursos forestales. En este caso, la palmera que produce el asaí es la misma de la que se extrae el palmito, pero para hacerlo hay que tumbarla. Entonces, ¿cómo se pasó al aprovechamiento sostenible?, pues las comunidades comenzaron a cosechar el fruto de la palmera, manteniéndolas en pie y conservando el bosque, generando así ingresos para los hombres y mujeres de las comunidades que transforman el fruto del asaí en pulpa, que tiene una alta demanda por su alto valor nutricional.

Este modelo muestra que si el comercio de productos basados en la biodiversidad se hace correctamente, se puede agregar valor de uso a la biodiversidad a nivel local, motivando esfuerzos de conservación y promoviendo el desarrollo socioeconómico.

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La riqueza natural del país es una gran  oportunidad para la generación de alternativas de desarrollo

/ 25 de agosto de 2015 / 06:53

Bolivia es uno de los países con mayor biodiversidad del planeta. Existen al menos 60 especies entre flora y fauna con alto potencial de uso y comercialización, relacionados a la cosmética, construcción, textiles y alimentos. En este contexto, resulta de gran relevancia implementar acciones de conservación, puesto que la biodiversidad es importante para la supervivencia a largo plazo de nuestro planeta.

La riqueza y diversidad de los recursos naturales de nuestro país también representan una extraordinaria oportunidad para la generación de alternativas más sostenibles de desarrollo, pues muchos insumos nativos, como plantas o frutos del bosque, constituyen la base de productos farmacéuticos, cosméticos, y productos alimenticios que utilizamos en nuestra vida cotidiana.

Para la promoción del uso sostenible de esta biodiversidad, a escala mundial se promueve una estrategia denominada biocomercio, entendido como aquellas actividades de recolección, producción, transformación y comercialización de bienes y servicios derivados de la biodiversidad, que involucran prácticas de conservación y uso sostenible. En otras palabras, el biocomercio se produce cuando existen iniciativas empresariales que se aprovisionan de la biodiversidad, pero respetan el conocimiento tradicional y garantizan la distribución justa y equitativa de beneficios a lo largo de la cadena de abastecimiento. Hoy en día, diversas organizaciones de la sociedad civil promueven proyectos de biocomercio, impulsando el desarrollo de cadenas de valor como la del cacao, la castaña y el asaí, entre otros.

En el caso del asaí, con el apoyo de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), se han logrado implementar experiencias exitosas en el Bajo Paraguá (Santa Cruz), así como en el norte amazónico (Beni y Pando), demostrando que es posible un aprovechamiento sostenible de los recursos forestales. En este caso, la palmera que produce el asaí es la misma de la que se extrae el palmito, pero para hacerlo hay que tumbarla. Entonces, ¿cómo se pasó al aprovechamiento sostenible?, pues las comunidades comenzaron a cosechar el fruto de la palmera, manteniéndolas en pie y conservando el bosque, generando así ingresos para los hombres y mujeres de las comunidades que transforman el fruto del asaí en pulpa, que tiene una alta demanda por su alto valor nutricional.

Este modelo muestra que si el comercio de productos basados en la biodiversidad se hace correctamente, se puede agregar valor de uso a la biodiversidad a nivel local, motivando esfuerzos de conservación y promoviendo el desarrollo socioeconómico.

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Bosques y alimentos

Los bosques constituyen una importante fuente de alimentos e ingresos para millones de personas

/ 5 de mayo de 2015 / 06:20

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) define la seguridad alimentaria como una situación que permite asegurar que todas las personas tengan en todo momento acceso físico, social y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos, a fin de llevar una vida activa y sana.

La seguridad alimentaria ocupa la agenda global por la preocupación de cómo alimentar a una población creciente, que se estima llegue a los 9.000 millones de habitantes en 2050. Este objetivo está ligado a continuar con el modelo actual de producción de alimentos basado en la producción agrícola, que deberá aumentar en 60% para satisfacer las necesidades de alimentación mundial. Este sistema, por lo general intensivo, trae consigo graves consecuencias ambientales, porque implica conversión de ecosistemas naturales en tierras de cultivo, y por ende, implica la desaparición de bosques.

Paradójicamente los bosques constituyen una importante fuente de alimentos e ingresos para millones de personas, porque suministran alimentos como frutos, nueces y hojas.

Los cálculos elaborados por la FAO sugieren que cerca de 1.600 millones de personas dependen en mayor o medida de los bosques y otros sistemas naturales para sus dietas y medios de vida en general. Por lo tanto, la producción de alimentos no solo necesita basarse en la agricultura intensiva de unos pocos cultivos de alto rendimiento, sino que además hay que reconocer el rol de los bosques como fuente importante de alimentos nutritivos para las familias.

Aunado a lo anterior, los bosques también son una fuente importante de ingresos económicos y de innovación para el sector empresarial. Por ejemplo, muchas familias en la Amazonía boliviana viven de la recolección de castaña, cacao o asai, alimentos que complementan su dieta alimentaria y a la vez les permiten generan importantes ingresos por su comercialización como materia prima o como ingredientes naturales para la industria cosmética, farmacéutica y alimenticia.

Bolivia posee 53 millones de hectáreas de bosques y es uno de los países con mayor biodiversidad, sin embargo, los beneficios que éstos nos ofrecen están constantemente amenazados por la degradación y deforestación (se estima una pérdida anual promedio de entre 195.000 y 205.000 hectáreas por año). Esta situación merece nuestra atención y acción para cuidar nuestros bosques y promover que las políticas sectoriales visibilicen las muchas maneras de contribución de las áreas forestales, que va desde la seguridad alimentaria, pasando por la producción agrícola y la generación de agua, hasta la regulación climática.

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