Voces

viernes 23 abr 2021 | Actualizado a 07:52

Teoría de juegos

La teoría de juegos supone que el comportamiento de los jugadores está condicionado por su egoísmo.

/ 23 de mayo de 2016 / 11:00

El núcleo de la teoría de juegos es fácil de entender: primero es una teoría de las decisiones racionales a través de la simulación de un juego; segundo, considera que los participantes del juego son todos racionales y que solo les interesa ganar; y tercero, que el comportamiento de los jugadores se encuentra guiado exclusivamente por su egoísmo y cálculo racional. Se considera a John Von Neumann, John Nash y William Poundstone como sus más conocidos expositores y divulgadores.

Veamos el ejemplo de la repartición del pastel para comprender la teoría llevada a la práctica. Imagine el cumpleaños de dos niños caprichosos. Imagine también a un padre aterrado al momento de cortar el pastel en dos partes, cada una para cada chamaco tarambana. Por mucho cuidado que el padre tenga en cortar el pastel, uno de los niños (o incluso ambos) pensará que se le ha dado el pedazo más pequeño, incluso pese a que el padre hubiera realizado el corte con todo el cálculo posible. La solución a este problema, desde la teoría de juegos, es la siguiente: que uno de los niños corte el pastel en dos y que el otro elija el pedazo que quiera. El primer mocoso no podrá quejarse de que se partió mal el pastel porque él fue quien lo hizo. El segundo niño no podrá reclamar que le dieron la porción más pequeña, pues él ha sido quien ha elegido el pedazo de pastel con el que quiere quedarse.
Examinemos el ejemplo aplicando la teoría de juegos. El primer niño tiene muchas opciones posibles, puede dividir el pastel en dos trozos desiguales (con varias posibilidades de desigualdad) o dividirlo de la manera más equitativa. El segundo pequeñín tiene dos estrategias posibles, puede elegir uno u otro trozo, puede elegir el mayor o el menor. Si pensamos que ambos están guiados solo por su egoísmo personal, el primero deberá de garantizar que al cortar el pastel él no salga perjudicado, y el segundo deberá elegir de manera que tampoco él resulte con el trozo más pequeño de pastel.
La tarea más complicada la tiene el niño que corta el pastel, en tanto el otro niño, el que escoge el pastel, tiene la última decisión. En este sentido, la teoría de juegos nos pide concentrar nuestra atención en la acción que realizará el niño que cortará el pastel. Sabe que si lo corta desigual, él se llevará la parte más pequeña; en tanto que si corta con justicia, sabe que se llevará casi la mitad del pastel. Esta operación en busca de llevarse la mejor parte del pastel se denomina regla maxi-min, que quiere decir maximizar lo mínimo; en este caso, maximizar el mínimo que le dejará al que escoge.
Italo Calvino explicaba la regla maxi-min con una frase pronunciada por uno de los personajes de una de sus novelas: —Sabes ya que a lo más que puedo aspirar es a evitar lo peor. Sabio consejo para una crisis.*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Lazzarato

/ 28 de diciembre de 2020 / 02:18

Michael Löwy señalaba que el poder de la clase dominante no es solo el resultado de su fuerza económica y política, o de la distribución de la propiedad, o de la transformación del sistema productivo, sino siempre implica un triunfo histórico en el combate contra las clases subalternas. Por ello todo repunte del neofascismo, el racismo y el sexismo es percibido como una derrota escalofriante.

En 1977 Friedrich Hayek, una de las voces defensoras de la libertad, visitaba Chile y declaraba que “con Pinochet la libertad es mayor que con Allende”, es decir la dictadura puede ser necesaria para detener, si no matar, todo aquello que no se someta a la aparente libertad de mercado, la única manera de crear las condiciones para disciplinar a los gobernados que tengan la osadía de pensar en la revolución o en el socialismo. Chile pudo avanzar en un programa económico neoliberal con Pinochet porque allí, como señala Löwy, había una subjetividad devastada por el golpe militar.

Apartándose de los análisis del neoliberalismo que llevaron a cabo Foucault, Boltanski y Chiapello, el profesor italiano Maurizio Lazzarato, en un libro reciente titulado El capital odia a todo el mundo, emprende un análisis de los orígenes fascistas del neoliberalismo y la derrota de la idea de revolución que se suscita después de 1968. La derrota convirtió a los vencidos en gobernados y endeudados. En un texto anterior titulado La fábrica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal, Lazzarato había empezado el análisis de la gran apuesta del neoliberalismo: endeudarnos a todos, hacernos culpables y responsables de esa deuda frente al capital, que aparece como el gran acreedor universal. El crédito termina siendo el arma más abstracta y formidable del capitalismo. Lazzarato nos recordaba el trabajo de Nietzsche, quien encontraba las cercanías etimológicas entre deuda y culpa en sus trabajos de genealogía de la moral.

Entonces, el neofascismo, el racismo y el sexismo patriarcal, para Lazzarato, solo se despliegan a partir de una serie de tecnologías y aparatos que precisan de una subjetividad derrotada. El nuevo fascista claro que hablará de libertad, de democracia, pero cuando se le reclame el uso de estas palabras —si es que después de la derrota se las puede reclamar— aclarará que se trata de otra libertad, de una otra democracia que fue negada por la masa de la población, esa masa que calificará de salvajes u hordas. El horror siempre estará disfrazado de otra cosa, y al igual que Hayek, que se desdijo del apoyo a Pinochet pero no reprochó las muertes que causó y causa el neoliberalismo, tendremos a sonrientes presentadores de noticias, diciéndonos que es una pena la muerte de tanta gente, y que tal vez se dispararon entre ellos mismos, pero que igual es una pena.

Farit Rojas T. es abogado y filósofo.

Comparte y opina:

Byung-Chul Han

/ 15 de noviembre de 2020 / 23:41

Byung-Chul Han es un filósofo surcoreano, que después de estudiar metalurgia comprendió que lo suyo era la filosofía. Se instaló en Alemania y se interesó en la filosofía de Hegel, Nietzsche y Heidegger, y hoy es uno de los filósofos alemanes más leídos disputando su popularidad con Sloterdijk, Habermas o Richard David Precht. Aunque la popularidad nunca es buen compañero de la calidad del filósofo, Byung-Chul Han es una excepción.

En una entrevista señalaba, con cierta ironía, que mientras estudiaba filosofía también aprendía el idioma alemán pues “para estudiar a Hegel, la velocidad no es importante. Basta con leer una página por día”. Sin embargo, en la filosofía de Han también está presente las lecturas atentas que ha realizado de Foucault, Arendt y Heidegger.

Es posible considerar a Han como uno de los filósofos que ha tematizado el ciberespacio que ha generado el internet. El ciberespacio es una especie de no lugar, propiamente contemporáneo en el que fluyen identidades anónimas. En su obra En el enjambre, Han describe la manera de coexistencia de los usuarios de internet, un enjambre como el de abejas o avispas, donde no hay silencio ni distancia sino un exceso de información que desvanece el silencio que se precisa para pensar.

Sin embargo, el ciberespacio está transformando la subjetividad humana. Cambia nuestra conducta, sensaciones, pensamiento y convivencia. En 2015, un estudio de eMarketer reveló que los ingleses consultan el teléfono unas 221 veces al día. Lo digital es el medio que actúa de modo totalizante, llega a influir cómo leemos, escribimos, compramos, y nos relacionamos con nuestros seres queridos. Byung-Chul Han afirma que nos hemos convertido en homo digitalis, una realidad en la que tenemos dos cuerpos: el físico y el digital. Nuestro yo digital se ha vuelto más real y tangible que nuestro yo físico.

Nuestro yo digital lanza al ciberespacio cantidades enormes de información, llamado Big Data, que es comercializado y procesado en algoritmos que tienen la capacidad de predecir lo que vamos a desear y en cierto sentido condicionan lo que podemos desear, a través de patrones de comportamiento colectivos de los cuales no somos conscientes. La tecnología digital resulta ser altamente performativa, es decir, nos transforma y cambia por completo, y al mismo tiempo que nos individualiza, predice nuestros próximos pasos digitales; de esta manera, nuestra conducta y subjetividad van siendo moldeadas y construidas. Esta posibilidad de transparencia genera una información excepcional para el uso político, en tanto es más sencillo gobernar personas, una vez se han tornado transparentes para quien las gobierna.

Byung-Chul Han es un filósofo necesario para conocer lo que las redes y el ciberespacio hacen con cada uno de nosotros.

es abogado y filósofo.

Comparte y opina:

Lentitud

El movimiento Slow propone la noción de tempo giusto, un concepto musical que quiere decir el tiempo adecuado.

/ 2 de noviembre de 2020 / 00:46

Todos los meses de octubre en la ciudad de Wagrain (Austria) se celebra la conferencia anual de la Sociedad por la desaceleración del tiempo. Es el lugar donde se reúne el movimiento Slow, que tiene un principio de declaración: la lentitud es bella.

Para entender a este movimiento vayamos al otro extremo. En el Japón se denomina karoshi a la muerte por exceso de trabajo. Una de las víctimas más famosas de la karoshi fue Kamei Shuji, un agente de bolsa que trabajaba 90 horas a la semana. Su empresa pregonaba su hazaña en boletines y textos de adiestramiento, era el ejemplo a seguir. Puntual, sin familia ni distracciones y por sobre todo acelerado. Shuji murió de karoshi a los 27 años, le dio un ataque cardiaco por concentrar tanta tensión y trabajo.

El movimiento Slow denuncia esta aceleración del tiempo en nuestra forma de vida, por ejemplo, la prisa que tienen los fabricantes de software que sacan sin las pruebas necesarias las nuevas versiones de programas que luego registran una serie de fallos técnicos justamente porque muchas cosas no deben hacerse a un ritmo tan acelerado. Continuando con las nociones de lectura veloz, comida rápida, fast thinkers, la aceleración del tiempo se ha convertido en una mercancía que está causando mucho daño a la humanidad. 

Para el movimiento Slow esta tendencia a acelerar el tiempo vivido es el resultado del capitalismo industrial que se alimenta de la velocidad de los trabajadores desde el siglo XIX, y es que a mayor velocidad el consumo se encuentra garantizado.

El movimiento Slow propone la noción de tempo giusto, un concepto musical que quiere decir el tiempo adecuado. En este sentido, cada ser vivo, cada relación, proceso u objeto tienen su propio tiempo, el ser humano debe buscar este equilibrio en su vida cotidiana para hacer las cosas a su debido tiempo y con su debida aceleración. El movimiento Slow propone llevar esta idea a cosas tan básicas como el sexo, la lectura, la comida. ¿Tiene sentido leer a Stieg Larsson o a Bolaño aplicando lectura rápida, hacer el amor en la mitad de tiempo normal, o cocinar todas las comidas con un microondas? La respuesta es sin duda no.

En materia política el tiempo puede ser concebido como la medida de la legitimidad, hay medidas que deben tomarse rápidamente, pero otras que deben de sopesarse lentamente. Una decisión equivocada más que acelerar el tiempo político, lo restringe, lo limita y la legitimidad que se logró para mantener la estabilidad necesaria para un buen gobierno se contrae y empieza la crisis.  La lección de la lentitud es sencilla: recuperar intensamente el presente y evitar su captura por el pasado o por el futuro. El vivir a destiempo es una falta de contacto con la realidad, una factura muy cara para la política y para nuestra vida cotidiana.  

*Farit Rojas T. es abogado y filósofo

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Democracia

Debate: el voto, las elecciones (lo que hoy pasa en Bolivia) no es la única forma de legitimidad del futuro gobierno

/ 21 de octubre de 2020 / 07:34

Momentos como el que hoy vivimos nos muestran la complejidad que se encuentra detrás de una palabra como democracia. El término proviene de la unión de dos palabras griegas: demos y kratos. La primera hace referencia al pueblo que participa en lo público, y la segunda hace mención al poder, no al poder como titularidad, sino al poder en tanto ejercicio y praxis. Literalmente podemos entender democracia como poder del pueblo, poder en el pueblo y poder sobre el pueblo.

En el primer caso (el poder del pueblo), nos referimos al poder como potencia que se produce por y en la cooperación de los seres humanos que de manera conjunta configuran al pueblo. En este caso, la individualidad se transforma por la presencia de la alteridad, es decir, por la presencia de los otros que transforma a los individuos en un “nos-otros”, pues el pueblo supone colectividad. Esto quiere decir que el sujeto pueblo se transforma constantemente por la interacción de los mismos seres humanos. El pueblo no es solo la suma de individualidades, sino es la transformación de esas individualidades por la presencia del otro. Como señalaba Spinoza, la potencia de un ser humano es solo potencia porque se multiplica por la potencia de otros seres humanos. Lo que diez personas pueden hacer por separado es mucho menos de lo que estas mismas diez personas puedan hacer juntas, cooperando. Y no solo el producto de su potencia es lo que se pone en juego, sino la misma subjetividad se transforma y potencia en la cooperación. Lo que Marx denominaba modo de producción no es otra cosa, desde una lectura spinoziana, que la potencia coordinada de los seres humanos. Potencia del pueblo o poder del pueblo es, entonces, lo que los seres humanos en conjunto y afectados por la presencia de la alteridad, hacen y construyen, no sin conflictos, porque esta cooperación está atravesada por relaciones económicas y de clase, relaciones de dominación coloniales y de género, entre otras. Es decir, esta unidad no supone una presencia pacífica, sino altamente conflictiva. ¿Qué es pueblo? Es una pregunta sin una respuesta final.

En el segundo caso (el poder en el pueblo) se tiene como condición al poder del pueblo. Es decir, la potencia de la cooperación se constituye en el dispositivo de constitución y transformación de todo tipo de gobierno. No es posible el gobierno como ejercicio de poder si la condición de éste se encuentra en el pueblo. Por ejemplo, el mismo pueblo que elige y legitima a sus gobernantes retiene también el poder de deslegitimarlos. El poder en el pueblo, entonces, es potencia de un gobierno futuro, pero el pueblo no es en sí mismo el gobierno, pues el pueblo, como lo decíamos antes, es el lugar del conflicto y el antagonismo, aunque también de la cooperación y la potencia, por ello el gobierno no podría perder su nexo y relación con el pueblo, pues es de éste que viene su condición de gobierno. Pero pensar el gobierno sobre el pueblo precisa reflexionar sobre el medio, el método de traducción y transformación del poder del pueblo, el poder en el pueblo, en el poder sobre el pueblo, que es el tercer caso de nuestra exposición. 

El tercer caso, el poder sobre el pueblo, solo es posible por medio de la democracia, a partir del gobierno que crea y elige el pueblo. El pueblo es el productor de la potencia, el sujeto de la potencia y la fuerza misma del gobierno que constituye. No es posible ningún tipo de gobierno sobre el pueblo sin que el mismo lo haya producido, consentido y a la vez limitado. La democracia es, en consecuencia, el medio que posibilita el gobierno sobre el pueblo, cuya fuente y naturaleza descansa en el mismo pueblo. La democracia no es la posibilidad de un gobierno absoluto, sino de un gobierno limitado y controlado por el pueblo, esto no quiere decir que la democracia sea el gobierno, sino que la democracia es el medio de constitución del gobierno.  

Por lo señalado, el término democracia no es un significante sencillo, el problema, como se ha podido ver, se encuentra en lo que entendemos por pueblo. El pueblo es en sí una pluralidad de sujetos antagónicos, depositarios del conflicto y de la política. Pueblo es el nombre de una querella discursiva que se realiza todo el tiempo sobre sí mismo, esta querella tiene momentos complejos en los cuales una parte puede pretender negar la existencia de esta diversidad que le es constitutiva. Y hoy lo podemos ver en expresiones de una parte de la población que quiere negar a otra parte la posibilidad de elegir a sus representantes, bajo la idea de que aquellos que sean elegidos no los representan, al punto de que quienes los elijan no sean tomados como parte del pueblo. Pero el gobierno precisa un pueblo y las elecciones son un dispositivo ficcional que pretende, en el acto de votación y representación, unificar una imagen de un pueblo, pero ni el gobierno elegido por una mayoría puede eliminar el antagonismo que se encuentra en idea misma de pueblo.   

El pueblo como depositario del poder, no puede resolver por sí mismo el ejercicio de este poder; dicho de otra manera, el pueblo, que es a la vez el origen del gobernante y el sujeto gobernado, precisa de mecanismos para resolver esta transmisión, traducción y transformación, de ser a la vez soberano y gobernado, y allí es donde se precisan otras formas de democracia para ir más allá del mecanismo ficcional de las elecciones. No hay una sola forma de resolver esta transmisión y transformación del sujeto de poder y el destinatario del mismo. Así como no hay una sola temporalidad de las relaciones que se ponen en juego en la democracia.

Las formas, los mecanismos y los niveles institucionales que permiten al pueblo el ejercicio de poder, precisan concebir en la democracia a otras democracias (en plural), pues la sola democracia representativa es insuficiente. Los gobernantes que crean que su legitimidad radicará en la imagen ficcional de un pueblo que los ha elegido, se engañarán a sí mismos, pues el pueblo no es una unidad y no aprender a gestionar la conflictividad que posee el pueblo en su seno (no a eliminarla pues no es posible, por ello me refiero a gestionarla) lo llevará de manera acelerada a una crisis. Si bien todo gobierno llegará a una crisis de poder y legitimidad, lo que está en juego cada vez que elegimos gobernantes son los tiempos de estabilidad que ficcionalmente se les ha otorgado.

(*) Farit Rojas Tudela es docente de Teoría del Derecho y Pluralismo Jurídico. UMSA

Comparte y opina:

Constitución no escrita

/ 19 de octubre de 2020 / 07:00

Una clásica división de la teoría constitucional distingue entre Constitución escrita y Constitución no escrita. Suele darse como ejemplo a Inglaterra como un Estado con una Constitución no escrita, es decir no reunida en un solo texto codificado.

Una mirada más compleja de esta división la encontramos en la diferencia entre Constitución material y Constitución formal. La primera, atiende a la tensión entre procesos político-sociales y las transformaciones normativas, sean que adquieran forma de Constitución escrita o no, de esta manera la Constitución material trata de una revivificación permanente de procesos político-sociales. La segunda, la Constitución formal, se refiere a la existencia comprobada de cambios normativos en el texto mismo de una Constitución. La Constitución formal suele contar con una estrategia de rituales para su modificación pues si se la entiende como norma suprema no podría ser reformada de manera sencilla. En cambio, la Constitución material solo sucede, es decir, se dan los cambios sin la exigencia de los rituales y muchas veces sin las modificaciones de la Constitución.

En Bolivia un ejemplo de Constitución material no escrita la tenemos en las reformas fundamentales que llevó a cabo la revolución de 1952: sufragio universal, nacionalización de las minas y reforma agraria. La revolución de 1952 no dejó sin efecto la CPE de 1947, pero posibilitó que las normas fundamentales se encuentren además en una serie dispersa de normas (decretos-ley) hasta que se constitucionalizaron en 1961.    

 A partir de la ola de reformas constitucionales de los años 80 y 90 en Latinoamérica, así como la aparición de los tribunales constitucionales, se ha ido gestando una Constitución de los jueces, que tiene que ver con las interpretaciones que éstos hacen de la CPE, las mismas que son vinculantes y de cumplimiento obligatorio por todos los órganos de poder por mandato del artículo 203 de la CPE. Una vez más, para comprender las normas fundamentales en Bolivia, además del texto constitucional se precisa coleccionar las sentencias del Tribunal Constitucional Plurinacional que muchas veces reescriben la CPE.

Sin embargo, un fenómeno ha sucedido recientemente, pese a estar en plena vigencia la Sentencia SCP 0084/2017, que mediante una interpretación de la CPE ha permitido la reelección sin límite, la Ley 1266 de 24/11/19 ha prohibido la reelección de las y los ciudadanos que hubieran sido reelectos de forma continua a un cargo electivo. El proceso electoral del pasado domingo se llevó a cabo conforme a esta ley y no conforme a la Sentencia SCP 0084/2017, este cambio se llevó a cabo por un acuerdo tácito de las fuerzas políticas que concurrieron al proceso electoral. Una curiosa reforma tácita de las normas fundamentales.

Farit Rojas es abogado y filósofo.

Temas Relacionados

Comparte y opina: