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viernes 26 feb 2021 | Actualizado a 11:25

Facebook y los excesos

Las redes parecen haberse convertido en los árbitros que deciden lo que está bien y lo que está mal.

/ 27 de mayo de 2016 / 10:53

En la sociedad conectada, el poder de las redes sociales parece no tener límites. Para muchos teóricos de la comunicación son el quinto poder (suponiendo que la prensa sea el cuarto). Actúan a gran escala para oponerse a los dictados de Putin o encender la mecha de la primavera árabe y al mismo tiempo tienen una dimensión doméstica. En cualquiera de los dos ámbitos (el macro y el micro), estas herramientas de comunicación parecen haberse convertido en los árbitros que deciden lo que está bien y lo que está mal.

Facebook, con sus cerca de 1.500 millones de usuarios, dictamina en asuntos tan resbaladizos como la estética. La empresa de Mark Zuckerberg eliminó las imágenes de la famosa modelo de prendas XXL Tess Holliday (talla 54) con el argumento de que las fotografías “mostraban partes del cuerpo de una manera no deseable”. Su figura ilustraba la campaña lanzada por la organización australiana Cherchez La Femme bajo el título Feminismo y gordura. Facebook explicó que censuraba esas instantáneas porque “violaban su política sobre salud y estado físico” y recomendaba que en lugar de las fotos de Holliday posando con poca ropa usaran la imagen de alguien realizando una actividad saludable, como corriendo o montando en bicicleta.

Esta polémica ha llevado a Facebook a probar su propia medicina. La influyente red social se vio desborda
da de quejas de usuarios contra una decisión tomada por sus directivos. Tras esta avalancha, a la compañía no le quedó más remedio que rectificar. Ha aceptado las fotografías de la modelo no sin antes explicar que, como suele ocurrir en estos casos, todo había sido un malentendido, un error lamentable de un equipo que cada semana se ve obligado a procesar millones de anuncios.

¿Acierta Facebook cuando prohíbe la campaña publicitaria o cuando se retracta? ¿Hubiera hecho lo mismo si se tratara de una modelo extremadamente delgada? ¿Existen dos varas de medir, una para la obesidad y otra para la anorexia? Pese a intentos como los de Cherchez La Femme, es obvio que la moda de la alta costura prefiere esqueletos en las pasarelas y que los desfiles de modelos rellenitas o maniquíes con sobrepeso son poco más que anecdóticos.

Menos obvio es si una campaña tiene un fin meramente publicitario o persigue un efecto de denuncia. Véase el caso de Isabelle Caro, una enferma de anorexia que en 2007 protagonizó un polémico anuncio de Benetton a través del cual esta marca pretendía concienciar sobre el horror de aquella patología. Pese a todo, la imagen fue censurada en Italia por “violar los artículos del Código de la lealtad publicitaria y las convicciones morales, civiles, religiosas y de dignidad de las personas”. Claro que hace nueve años Facebook apenas había echado a andar.

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Crímenes transmitidos en directo

Asesinos, violadores y suicidas se exhiben cada vez con más frecuencia en las redes sociales.

/ 30 de abril de 2017 / 12:45

El domingo 16 de abril por la mañana, un hombre de 33 años, trabajador social en una clínica de la ciudad estadounidense de Cleveland, publicó en Facebook su intención de cometer un asesinato. Dos minutos más tarde retransmitió en la red social imágenes en las que se acerca a un jubilado de 74 años, al que no conocía de nada, y le dispara un tiro. El móvil del crimen: el despecho amoroso. El instrumento necesario para su difusión: el teléfono móvil. La multiplicación del mensaje: una red social que cuenta con 1.800 millones de usuarios en todo el planeta.

La gran ventaja de Facebook es que cualquiera puede, con un mínimo equipamiento, emitir en directo un acontecimiento de interés general o un sucedido familiar totalmente banal. En las redes sociales cabe todo. No hay puerta de entrada y la censura es selectiva. Por eso la compañía no detectó el video del asesino de Cleveland, como tampoco descubrió a los tres jóvenes que retransmitieron la violación de una adolescente en la ciudad sueca de Upsala, o la paliza que una pandilla le propinó a un discapacitado mental en Chicago.

También se le coló el suicidio en directo de un joven turco que se pegó un tiro tras un desencuentro amoroso, así como la brutal agresión en Brasil de un grupo de hombres a una transexual, a la que finalmente mataron de un disparo.

Episodios de este calibre ponen de manifiesto la cara más amarga y lacerante de Facebook, muy alejada de la que le gusta exhibir a su fundador, Mark Zuckerberg: la de una red social convertida en la fuente de noticias más grande del mundo. Los medios de comunicación tradicionales han encontrado en este canal un fabuloso vehículo de difusión de sus contenidos, pero, al mismo tiempo, asesinos, violadores, suicidas o delincuentes de poca monta utilizan cada vez más Facebook Live para exhibir sus acciones.

En el caso del criminal de Cleveland, la compañía ha sido criticada por carecer de controles capaces de impedir que un video de estas características circulara por el ciberespacio y también por demorar su retirada. Sus responsables han explicado que dieron de baja la cuenta del criminal 23 minutos después de haber recibido el primer aviso sobre la existencia del video en cuestión, algo que ocurrió casi dos horas después de su publicación. En este tiempo pudo haber sido compartido infinidad de veces.

La red social tiene ante sí varios frentes abiertos. Además de activar fórmulas para combatir el intercambio de contenidos violentos o de imágenes macabras, los usuarios reclaman medidas efectivas para evitar que sea un coladero de noticias falsas y de informaciones prefabricadas con un indisimulado fin manipulador.

El reto de los gigantes de internet es cómo hacer compatible un foro abierto a todos y que al mismo tiempo garantice la seguridad, la credibilidad y la fiabilidad de los contenidos. ¿Dejarlo todo exclusivamente en manos de la inteligencia artificial es lo más sabio?

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Sentencias eternas en la red

Los datos que dañan la privacidad de una persona sin relevancia pública no prescriben

/ 14 de mayo de 2014 / 04:07

Más de dos centenares de reclamos relacionados con el derecho al borrado de datos de los buscadores de internet estaban a la espera de la sentencia del Tribunal de Luxemburgo. La empresa ePrivacidad defiende algunos de esos casos que tienen como trasfondo el derecho al olvido y la protección de la intimidad de los usuarios. Aunque se trate de personas sin relevancia pública, sus datos siguen vivos en la red, y su divulgación general les está causando un daño personal.

La compañía solicitó a Google la cancelación de los datos de un hombre sin relevancia pública que aparecía con su nombre y apellidos, y la entidad en la que trabaja en el contexto de una noticia publicada por un medio de comunicación. Las referencias a esa persona se limitaban a que había comprado un inmueble a otra acusada de un fraude por Hacienda aprovechándose de sus relaciones con empresarios. En realidad, la persona que reclamaba el borrado de datos no tenía nada que ver con los implicados en ese delito, según ePrivacidad. Los hechos se remontan a 1994, pero el agravio para el afectado vino por la réplica que de la información hicieron otros medios de comunicación y que la misma fue rastreada posteriormente por Google.

Pese a que se solicitó el borrado al medio de comunicación, éste se negó amparándose en el derecho a la información. El buscador sostuvo que era un medio intermediario, pero la Agencia Española de Protección de Datos le instó a retirar de sus resultados de búsqueda los datos de la persona afectada y dejar de enlazar a la noticia en los medios. Google interpuso entonces recurso ante la Audiencia Nacional.

Otro caso que ha gestionado ePrivacidad derivó de la  publicación de la condena de una persona en un medio de comunicación, condena de varios meses de suspensión de empleo y de cargo público y de varios años de inhabilitación por malversación de caudales públicos y prevaricación, delito que cometió siendo alcalde de un municipio de 1.800 habitantes. La  publicación se realizó a finales de 2011, pero la condena se dictó cuatro años antes, en 2007, tras unas investigaciones que se remontan a 2004 y 2005. Desde años, el interesado no se dedica a la política, no es personaje público y cumplió la pena que le fue impuesta, pero hoy sigue apareciendo en internet pegado a aquella condena.

También los datos de una familia al completo fueron publicados en el Boletín Oficial del Estado en 1996. Se le notificaba que el juzgado había decidido embargar su vivienda y subastarla. Con la digitalización del BOE en 2009 se volvió a airear el suceso y Google la amplió a todo el mundo. El afectado solicitó a Google y al BOE que no mostrasen sus datos,  pero hicieron caso omiso y presentó una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos, que le dio la razón. Pero falleció no viendo cumplido su deseo de ganar la batalla al gigante buscador.

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