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Los Juegos Olímpicos en Brasil

En los últimos años, Brasil ha acumulado experiencia en megaeventos de nivel internacional.

/ 5 de julio de 2016 / 04:57

Falta un mes para el comienzo del evento deportivo más grande del mundo y Brasil puede afirmar con seguridad: estamos completamente listos para recibir los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, que serán los primeros en realizarse en el continente sudamericano.

Ya fue inaugurada la Villa Olímpica, que recibirá la mayor parte de los 17.000 atletas que participarán de los juegos en uno de los escenarios más hermosos de Río de Janeiro. Las instalaciones deportivas, en especial el Parque Olímpico, en Barra da Tijuca, también ya fueron entregadas.

El país preparó un sólido programa de seguridad, que contará con 85.000 profesionales de distintas fuerzas del Gobierno federal, estatal y municipal, para garantizar que la fiesta deportiva se lleve a cabo en un ambiente de total tranquilidad y paz. Esa fuerza actuará de manera integrada para asegurar la protección de los atletas, comisiones técnicas, jefes de Estado, autoridades, turistas, residentes y periodistas.

No será la primera vez que mostramos al mundo nuestra capacidad de organización y recepción segura y acogedora de los visitantes. En los últimos años, el país ha acumulado experiencia en megaeventos de nivel internacional. Fuimos sede del Mundial, los Juegos Panamericanos, los Juegos Mundiales Militares, la Jornada Mundial de la Juventud y la Copa de las Confederaciones. Todos alcanzaron un éxito rotundo, ejecutados con excelencia, responsabilidad y con la alegría propia de los brasileños. Repetiremos ese éxito una vez más.

Los Juegos Olímpicos mostrarán al mundo una nación con democracia consolidada y una de las principales economías globales. Un país con un gran potencial para los negocios y también referente en políticas de reducción de la desigualdad. Río de Janeiro recibirá cientos de miles de turistas nacionales y extranjeros durante este evento. Las otras cinco ciudades del fútbol (San Pablo, Salvador, Manaos, Brasilia y Belo Horizonte) también estarán repletas de aficionados brasileños y extranjeros. Ser anfitriones de un evento de esta magnitud es un gran logro del pueblo brasileño y un motivo de orgullo nacional.
Es importante destacar que el 60% de las inversiones en las instalaciones olímpicas, que totalizan 7.070 millones de reales ($us 2.175 millones), son financiadas por el sector privado. Y los recursos y empeño aplicados dejarán un legado para todo el país.

En primer lugar, los Juegos difunden en todo el Brasil los valores del deporte: cooperación, solidaridad, disciplina y superación. En el plano más concreto, también dejarán como herencia para los brasileños una red nacional de entrenamiento, con excelentes instalaciones en las cinco regiones del país destinadas, tanto a la iniciación deportiva como al alto rendimiento. En Río de Janeiro, los Juegos han tenido un impacto importante en la ejecución de las políticas públicas. La ejecución de distintos proyectos de infraestructura y movilidad en la ciudad fue acelerada, ampliada o posibilitada por el hecho de ser la sede del evento. El beneficio directo que tendrán esas acciones sobre la calidad de vida de los habitantes es evidente.

En las últimas semanas, difundieron por el mundo la posibilidad de ocurrencia de brotes de enfermedades tropicales durante la competición. Podemos garantizar, como lo ha hecho la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es prácticamente inexistente el riesgo de que ocurran casos del virus zika durante los Juegos. El invierno en el hemisferio sur registra históricamente bajísimos índices de enfermedades transmitidas por el Aedes Aegypti. Los casos de zika han disminuido drásticamente en las últimas semanas en Brasil y en Río de Janeiro. Recuerdo que, en la Copa Mundial de Fútbol de 2014, cuando 1.400.000 visitantes extranjeros vinieron a Brasil, hubo un pronóstico de epidemia que nunca se registró. El área de salud contará con un ambiente favorable para los turistas durante los Juegos.

Brasil está preparado para recibir a todos los visitantes que tendrán el placer de seguir de cerca las competiciones que reúnen a la élite de los deportistas internacionales. Y, seguramente tendremos mucho que mostrar a las 5.000 millones de personas que verán los Juegos alrededor del mundo. Brasil los espera con los brazos abiertos.

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Agua: derecho de cada uno, desafío de todos

La preservación de nuestras fuentes de agua pasa por la protección de nuestros ecosistemas

/ 23 de marzo de 2018 / 03:42

El acceso al agua potable y al saneamiento básico es un derecho, es uno de los objetivos del desarrollo sostenible de la ONU, es una condición para la vida humana. Y, sin embargo, llegan a 2.000 millones las personas en el mundo que no tienen una fuente segura de agua en casa, y a 2.300 millones las que sufren con la falta de saneamiento básico y alcantarillado. Cerca de 260 millones, más que toda la población brasileña, precisan caminar más de media hora para recoger agua. Garantizar su acceso está entre los principales desafíos de nuestro tiempo.

El Brasil concentra el 12% del agua dulce del planeta, y a pesar de ello no estamos inmunes a problemas relacionados con el agua. Grandes ciudades han enfrentado escasez de abastecimiento. Aún persiste un inaceptable déficit de saneamiento básico y alcantarillado. Y es bien conocido el sufrimiento que las sequías causan a la población nordestina.

Es en busca de respuestas a cuestiones tan urgentes que presidiremos, esta semana en Brasilia, el 8º Foro Mundial del Agua. El foro recibirá a más de 40.000 participantes, provenientes de más de 160 países. Recibiremos jefes de Estado y de gobierno, gobernadores e intendentes municipales, parlamentarios y magistrados, representantes de organizaciones internacionales y de la academia, del sector privado y de la sociedad civil. Una gran diversidad de actores que enriquece el foro.

La elección de Brasil como anfitrión del más importante evento global sobre recursos hídricos no sorprende. Nuestro compromiso internacional con el tema es histórico. Fuimos sede de las cumbres de Río 92 y la de Río+20, encuentros que reconocieron la íntima relación entre la sostenibilidad hídrica y el desarrollo. Más recientemente estuvimos entre los primeros países que ratificaron el Acuerdo de París, que trata de una de las principales amenazas al derecho al agua: el cambio climático.

Ese tradicional protagonismo externo está anclado en medidas concretas en el plano interno. Brasil sabe que agua y saneamiento básico son sinónimos de preservación ambiental, y hemos hecho de la seguridad hídrica un pilar de nuestras políticas para cuidar el medio ambiente. Con el propósito de preservar nuestros cursos de agua, implementamos el programa Plantadores de Ríos, que usa herramientas digitales para defender nuestras nacientes y nuestras áreas de preservación permanente.

También avanzamos mucho en la protección de nuestros bosques. Ampliamos áreas de conservación forestal. Revertimos la curva de deforestación en la Amazonía, que encontramos en ascenso. Y estamos a punto de crear dos vastas áreas de conservación de la biodiversidad marina. Es así, protegiendo nuestros ecosistemas, como protegeremos nuestras fuentes de agua. Tener agua es esencial, pero no basta; precisamos que ella llegue a quien la necesita.

De eso se trata la transposición del Río São Francisco. Es un proyecto antiguo que ahora estamos finalizando en beneficio de 12 millones de nordestinos. Ya concluimos el eje que lleva agua a Pernambuco y a Paraíba, y estamos en la fase final del trecho que llegará a Ceará. Al realizar esa obra grandiosa no descuidamos la sostenibilidad: lanzamos el plan Novo Chico, dedicado a la revitalización de São Francisco.

Nuestra atención se dirige también hacia el saneamiento básico, en que tanto queda por hacer. Estamos ultimando un proyecto de ley con miras a modernizar nuestro marco regulatorio en saneamiento e incentivar nuestras inversiones. Lo que nos mueve es la búsqueda de la universalización de ese servicio básico.

Este es el Brasil que será sede del Foro Mundial del Agua: un Brasil en búsqueda de soluciones comunes para problemas globales; un Brasil que hace y continuará haciendo su parte por la preservación de nuestro recurso natural más precioso.
(Nde: este artículo fue publicado originalmente el 19 de marzo en el periódico brasileño Coreio Braziliense).

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Davos, lo que el mercado no es

Cuentas públicas en orden y un sector privado competitivo son esenciales para el crecimiento sostenible.

/ 3 de febrero de 2018 / 04:11

La semana pasada inicié mi primera actividad internacional de 2018: la reunión del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. En diferentes momentos tuve la oportunidad de dirigirme a una audiencia global, compuesta por líderes políticos, hombres y mujeres de negocios, formadores de opinión sobre la agenda de reformas que está transformando Brasil.

Hemos pasado la página de la crisis económica porque supimos decir no al populismo y actuar con responsabilidad. Movido por una visión de largo plazo, nuestro gobierno está construyendo, en diálogo permanente con el Congreso Nacional y la sociedad, las bases de un Estado eficiente, que presta al ciudadano servicios de calidad, dentro de un presupuesto público equilibrado. Son esas, también, las bases del crecimiento sostenido, imprescindible para llevar adelante el desarrollo del país y efectivamente sacar de la pobreza a millones de brasileños.

En poco más de un año y medio de gestión afirmamos, en la práctica, nuestro compromiso con el equilibrio fiscal. Los resultados están a la vista. La inflación cayó y está nuevamente bajo control. El cambio se estabilizó. Los intereses retrocedieron a su menor nivel histórico. Fue con realizaciones y no con voluntarismos que restauramos la confianza en la economía brasileña, confianza que ya se refleja en el aumento de la actividad industrial, en la vitalidad del comercio exterior, en la recuperación del empleo.

El inversor que observa el Brasil de hoy percibe un gobierno que trabaja con diagnósticos precisos y aplica soluciones que funcionan. Percibe una administración comprometida con la dinamización del ambiente de negocios. Por todas partes hemos eliminado las trabas burocráticas que obstruían el camino al emprendedor; se hizo más fácil abrir una empresa, importar, exportar. La modernización laboral, que ya está en vigor, es un marco especialmente relevante de nuestros esfuerzos para sintonizar al Brasil con las realidades de la economía contemporánea, sin afectar los derechos del trabajador. Está en nuestro horizonte, además, una simplificación tributaria que haga ágil y racional el pago de impuestos. En todo eso, la tendencia que se anuncia es la de un Brasil donde hay cada vez más libertad económica.

Cuentas públicas en orden y un sector privado competitivo son esenciales para el crecimiento sostenible; así como es esencial una infraestructura de calidad, compatible con el vasto potencial de nuestro país. Por eso también presenté en Davos las múltiples oportunidades del programa Avançar, parcerias (Avanzar, colaboraciones), de concesiones y privatizaciones del Gobierno federal. El modelo que instituimos ofrece reglas bien definidas y estables, que refuerzan la seguridad jurídica.

No es casualidad, por tanto, que haya suscitado un fuerte interés en el mundo. Hasta ahora hemos finalizado más de 70 proyectos que comprenden redes de carreteras, puertos, aeropuertos, líneas de transmisión, yacimientos de gas y petróleo. La estimación de las inversiones es de $us 44.700 millones. En 2018 se ofertarán otros 75 proyectos, que también incluyen vías férreas y que deberán captar más de $us 41.000 millones.

La reforma reforzará la credibilidad de la economía, llevándola a entrar en un ciclo duradero de crecimiento.

Los cambios por los cuales está pasando Brasil, y que ya lo preparan para enfrentar mejor los desafíos del siglo XXI, no se limitan al ámbito interno. Fuera de nuestras fronteras hemos actuado también con espíritu de apertura, pues es falso pensar que puede haber, en el mundo actual, desarrollo en ambiente de clausura económica. Nuestro empeño por una mayor y mejor integración comienza en la región, en el Mercosur: con los demás socios, Brasil viene poniendo en marcha una agenda que tiene en la promoción del libre mercado uno de sus pilares principales. Además de la eliminación de barreras al comercio intrabloque, hemos fomentado una aproximación con los países de la Alianza del Pacífico. Por primera vez en 20 años tenemos una perspectiva realista de conclusión de un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, acuerdo que queremos amplio y equilibrado, que de hecho atienda a los intereses de la sociedad brasileña. Y hemos abierto, también, nuevos frentes de negociación, con socios de todo el mundo.

Es un hecho innegable, para quien conserva el sentido de la objetividad, que Brasil ya recorrió bajo nuestro gobierno un largo camino, y a pasos rápidos. Hemos logrado mucho, siempre con base en el diálogo, materia prima de la democracia y en la disposición sincera de aproximar posiciones y articular respuestas eficaces para las necesidades del país.

El desafío que se impone, ahora, y al cual estamos enteramente dedicados, es reformar la Seguridad Social. En Davos ratifiqué mi compromiso con un sistema de seguridad social justo y sostenible, que responda a la evolución demográfica de nuestra población. Ese es un compromiso que renuevo, en primer lugar, frente a los brasileños, sobre todo los más pobres. Al final, el sistema, tal como está, transfiere renta de quien menos tiene para quien menos precisa. La reforma eliminará privilegios y garantizará el pago de las pensiones de hoy y de mañana. Reforzará la credibilidad de la economía brasileña, haciéndola ingresar en un ciclo duradero de crecimiento. Estamos enfrentando, con coraje y ánimo redoblados, las cuestiones que el momento histórico presenta para toda la nación. No me cabe duda de que, una vez más, los desafíos serán superados y prevalecerá el bien común.

Brasil es un gran país, que reúne activos de todo orden. Es un mercado consumidor de más de 200 millones de personas, con recursos naturales abundantes. Nuestro pueblo es creativo y trabajador. Tenemos una industria diversificada, una agricultura altamente productiva. Nuestra matriz energética está entre las más limpias del mundo. Somos un país continental, distante de los focos de tensión geopolítica. Esas son razones que siempre hicieron de Brasil un destino atrayente para inversores. En los últimos tiempos, el problema era que el país había perdido el rumbo.

Lo que nuestro gobierno hizo fue devolver el rumbo a Brasil. Desde el principio, tuvimos claridad sobre el camino que deberíamos seguir: el camino de la responsabilidad, de la apertura, de las libertades. Y de ese camino no nos desviamos, ni nos desviaremos. Este es el mensaje que he transmitido a los brasileños y es el mensaje que llevé a Davos. (Nde. Este artículo fue publicado originalmente en el periódico brasileño Valor Económico).

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Un Mercosur de resultados

Esta nueva etapa del Mercosur se caracteriza también por una mayor apertura hacia el mundo.

/ 27 de diciembre de 2017 / 04:19

La Cumbre del Mercado Común del Sur (Mercosur) que realizamos el 21 de diciembre en Brasilia marcó la conclusión de la presidencia brasileña del bloque, que se inicio en julio. En ese periodo hemos continuado los esfuerzos por rescatar la vocación original del Mercosur para la democracia, los derechos humanos y el libre mercado.

En los primeros días de la presidencia brasileña, ante el deterioro de la institucionalidad democrática en Venezuela, los socios fundadores del Mercosur suspendieron al país del bloque, cumpliendo con el Protocolo de Ushuaia. Con esa medida transmitimos un mensaje inequívoco de que no existe alternativa al orden democrático en América del Sur. Queremos que Venezuela retome el camino de la democracia y que, de esa manera, pueda regresar al Mercosur.

A lo largo de 2017 hemos tratado de fortalecer, asimismo, el pilar económico del Mercosur. En el primer semestre, bajo la presidencia argentina, firmamos un acuerdo que refuerza la seguridad jurídica para las inversiones entre los países del bloque (un instrumento de iniciativa brasileña). Bajo la presidencia del Brasil, nos acercamos a la conclusión del Acuerdo sobre Contrataciones Públicas. Además de crear nuevas oportunidades para empresas de los países del Mercosur, el acuerdo estimulará la competencia y, consecuentemente, la reducción de los precios pagados por los gobiernos en sus licitaciones.

En el área comercial dimos continuidad a la eliminación de las barreras al comercio. Modernizamos la dimensión regulatoria del bloque para que los reglamentos técnicos garanticen la calidad y la seguridad de nuestros productos, sin constituir trabas innecesarias al comercio. Dimos un nuevo impulso a temas como el aumento de la participación de las pequeñas y medianas empresas en el comercio regional, la liberalización de servicios, la protección de indicaciones geográficas, el comercio electrónico.

En América Latina, el Mercosur busca un creciente acercamiento con la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú). Dentro de poco entrará en vigencia un nuevo acuerdo comercial entre Brasil y Colombia que favorece especialmente a nuestros sectores automotor, siderúrgico y textil.  

Esta nueva etapa del Mercosur se caracteriza también por una mayor apertura hacia el mundo. Después de cerca de dos décadas de negociaciones, por primera vez tenemos la perspectiva realista de concluir un acuerdo con la Unión Europea. Avanzamos también en negociaciones con la Asociación Europea de Libre Comercio (Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein), con India, y con Túnez. En septiembre entró en vigor el acuerdo Mercosur-Egipto, que en 10 años liberalizará prácticamente todo el comercio entre las partes.

Y estamos abriendo nuevos frentes. Estamos listos para iniciar negociaciones, en los primeros meses de 2018, con Canadá y con Corea del Sur. La reunión de cancilleres del Mercosur y de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, en septiembre, abrió puertas para tratativas con mercados dinámicos, con elevadas tasas de crecimiento. También ya iniciamos el diálogo con Singapur, el primer paso hacia un futuro acuerdo de libre comercio.

Este es el Mercosur que queremos y estamos construyendo: un Mercosur sintonizado con los valores de nuestras sociedades, un Mercosur al servicio de los intereses de nuestros pueblos, un Mercosur de resultados.

NdE. Este artículo fue publicado originalmente en el periódico brasileño O Globo.

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Brasil ha vuelto a su rumbo

Se ha revertido la recesión y la economía brasileña ya ha crecido en dos trimestres consecutivos.

/ 11 de noviembre de 2017 / 04:16

Hace poco más de un año y medio asumí el Gobierno de Brasil con la tarea de enfrentar la más grave crisis económica de la historia y sus profundos impactos sociales en el país. Frente a ese desafío, propuse una agenda de transformación sin recurrir a medidas populistas. Dicha agenda consiste en el más amplio conjunto de reformas estructurales de los últimos 30 años y tiene como fundamentos el equilibrio fiscal, la responsabilidad social y el aumentode la productividad.

Los resultados son visibles. Se revirtió la recesión y la economía brasileña ya ha crecido en dos trimestres consecutivos. Los analistas prevén un aumento cercano al 1% del PBI en 2017. La inflación de cerca de un 10% en mayo de 2016 está hoy por debajo del centro de la meta: 2,54% en septiembre. El poder de compra mejoró con el aumento de más del 6% en el rendimiento real de los salarios. La tasa básica de interés, que en mayo de 2016 era de 14,25%, cae de forma continuada. La tasa de interés de referencia (Selic) está hoy en 7,5%, su nivel más bajo en cuatro años, y el spread bancario se redujo considerablemente. Solo con la caída responsable de la tasa de interés se garantizó el ahorro de 80.000 millones de reales ($us 24.800 millones) a las arcas públicas.

La balanza comercial rompe récords sucesivos: el superávit llegó a $us 58.477 millones entre enero y octubre de este año (un crecimiento del 51,8% con respecto al mismo periodo de 2016). La producción industrial aumentó 1,6% en el mismo periodo (en mayo de 2016 caía 9,8%). Las exportaciones de vehículos crecieron 55,7% con relación a 2016 y ya superan las 560.000 unidades en 2017. La venta de coches nuevos en el mercado interno creció 9,28% este año en comparación con el mismo periodo de 2016. La cosecha de granos debe alcanzar el número histórico de 242 millones de toneladas en 2017, un aumento del 30% con relación al año pasado. Como reflejo de la reactivación de la economía brasileña, el movimiento en los puertos ha crecido un 5,7% en 2017, y el mercado nacional de aviación creció un 6,6% con respecto a septiembre de 2016.

Este ciclo virtuoso está en la base de la recuperación de la confianza en la economía brasileña. El Índice de Confianza Empresarial, de la Fundación Getúlio Vargas, llegó a 90,3 puntos en octubre, el nivel más alto desde julio de 2014. El Riesgo Brasil cayó de 544 puntos base (enero de 2016) a 239 (octubre de 2017), una reducción del 56,1% del “spread soberano”. Por otra parte, el índice CDS-5 años, otra forma de mensurar el riesgo al crédito, que estaba en 328 puntos, hoy es de 173,5 puntos. El Índice de la Bolsa de Valores de San Pablo (Ibovespa) superó los 76.000 puntos en septiembre de 2017, luego de haber quedado debajo de los 38.000 puntos en enero de 2016. En el primer semestre de 2017 la inversión extranjera directa (IED) acumulada fue de $us 40.300 millones, frente a un total de $us 78.900 millones en 2016. En los remates de energía realizados bajo el nuevo modelo regulatorio, incluso de los yacimientos de la capa presal, se recaudaron más de 22.000 millones de reales ($us 6.820 millones). Solo en ese sector se esperan inversiones de 444.000 millones de reales ($us 137.640 millones) en los próximos años y la creación de hasta 500.000 nuevos empleos.

Las medidas de racionalidad y previsibilidad económica han mejorado el ambiente de negocios por medio de iniciativas de desburocratización en los sectores agrícola, de servicios, minorista y comercio exterior. La ley de responsabilidad de las empresas estatales permitió la profesionalización de las empresas públicas. Antes desacreditadas, las empresas estatales brasileñas han vuelto a valorizarse. Del perjuicio de 32.000 millones de reales ($us 9.920 millones) en 2015, pasaron a obtener ganancias de 4.600 millones de reales ($us 1.426 millones) en 2016 y de 17.300 millones de reales ($us 5.363 millones) en el primer semestre de 2017. Con el objetivo de promover la productividad, se aprobó la reforma laboral. Sin quitar derechos, la legislación fue modernizada e incorporó a la formalidad a trabajadores antes excluidos.

El éxito de esa agenda ya se refleja en la recuperación del empleo, como el aumento del índice de ocupación. El saldo acumulado del año, según el Registro General de Empleados y Desempleados (CAGED), es de 163.000 puestos de trabajo, en comparación con la pérdida de 448.000 puestos entre enero y mayo de 2016. Según mediciones del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), solo en el tercer trimestre de 2017 se crearon 1.061.000 puestos de trabajo y 524.000 personas salieron del contingente de desempleados. La masa de rendimiento real de los trabajadores aumentó un 3,9% en el tercer trimestre de 2017 con respecto al mismo periodo de 2016.

La restauración de la responsabilidad fiscal y el crecimiento económico han permitido aumentar los recursos destinados al área social. Programas antes amenazados por la ruina fiscal se han revalorizado con relación al techo constitucional y a la eficiencia en los gastos públicos. El beneficio del programa Bolsa Familia aumentó un 12,5% (después de más de dos años sin ningún reajuste) y la lista de espera fue saldada. El Gobierno fue más allá y lanzó el programa Progredir, que ayuda a las familias beneficiarias a conseguir empleo y crédito y, de esa manera, alcanzar la autonomía. Con audacia, liberé las cuentas inactivas del Fondo de Garantía del Tiempo de Servicio (FGTS) y anticipé la extracción del Programa de Integración Social/Programa de Formación del Patrimonio del Empleado Público (PIS-PASEP), beneficiando a millones de brasileños e inyectando 60.000 millones de reales ($us 18.600) en la economía.

El presupuesto en salud y educación aumentó. La racionalización de la gestión en salud trajo más recursos a servicios esenciales: 4.000 millones de reales ($us 1.240 millones) fueron adjudicados a la compra de equipamiento, creación de nuevas unidades y contratación de personal. El Programa Farmacia Popular utilizaba el 80% de su presupuesto en gastos administrativos. La nueva forma de transferencia de fondos amplió en 100 millones de reales ($us 31 millones) al año los recursos para la adquisición de medicamentos básicos. En la educación, la aprobación de la reforma de la educación secundaria actualizó el plan de estudios de los alumnos según las aptitudes personales y la realidad del mercado de trabajo. El Fondo de Financiamiento Estudiantil (FIES) se revalorizó con 75.000 nuevos cupos y es hoy sustentable. Se adjudicaron 700 millones de reales ($us 217 millones) al fondo, evitando atrasos en la transferencia de recursos. Con el lanzamiento del Satélite Geoestacionario se dio un paso decisivo en la universalización del acceso a internet de banda ancha en Brasil.

Los resultados muestran que la estrategia propuesta y ejecutada por el Gobierno es correcta. Dejamos atrás la crisis y retomamos las vías del desarrollo. Con la convicción de que no hay tiempo que perder, seguiré adelante con la aprobación de la agenda de reformas. El próximo paso será la continuidad de las reformas, que garantizará la solvencia y la sobrevivencia del sistema, además de eliminar privilegios. La simplificación de la legislación tributaria, otra prioridad, aumentará la competitividad de la producción nacional. Con el apoyo imprescindible del Congreso Nacional, de los trabajadores y del empresariado, estamos poniendo a Brasil de vuelta en su rumbo.

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Brasil y los DDHH: diálogo y compromiso

El compromiso efectivo con los DDHH requiere planificación y cuidado con la cosa pública.

/ 19 de marzo de 2017 / 13:32

Brasil vuelve al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La elección del país es un reconocimiento de la importancia de una de las mayores democracias del mundo y del compromiso inequívoco de Brasil con los derechos humanos. Trabajaremos a lo largo de nuestro mandato en el Consejo guiados por nuestra Constitución y por las demandas de la sociedad por un país más justo.

Honramos ese mandato al enfrentar, con osadía, nuestros desafíos. Brasil tiene problemas. Todos lo reconocemos. Lo que es necesario reconocer también es que Brasil sí enfrenta esos problemas. Avanzamos con base en el diálogo y en el entendimiento de que las soluciones son construidas, en un Estado de Derecho, por la sociedad y por el Gobierno.

Nuestro país extiende la invitación permanente para que todos los relatores especiales de la ONU nos visiten, y estamos entre los países del mundo que más los recibieron. Así debe ser en sociedades democráticas.

La presencia de Brasil en el Consejo de Derechos Humanos posibilitará presentar nuestra coyuntura y contribuir para que la comunidad internacional pueda de ella extraer lecciones. Mucho se dice sobre el impacto de medidas de austeridad fiscal sobre los derechos humanos. Lo que se dice menos es que el costo de economías desorganizadas recae desproporcionalmente sobre los más pobres. Sabemos, y en Brasil muy agudamente, que la irresponsabilidad en el manejo de las cuentas públicas y el populismo fiscal trajeron consigo un elevado costo social.

La situación que vivimos en Brasil es sintomática del impacto de la irresponsabilidad fiscal sobre el ejercicio de los derechos humanos. La crisis económica que ahora comenzamos a superar tiene origen sobre todo fiscal. El desorden de las cuentas públicas en los últimos años llevó a la mayor recesión de nuestra historia, al desempleo de cerca de 12 millones de personas. Puso en serio riesgo la sobrevivencia de programas sociales. Puso en serio riesgo la viabilidad de nuestros sistemas de educación y salud. Esa crisis autoinfringida puso en serio riesgo, en suma, derechos humanos que son conquistas de los brasileños, alcanzadas por el esfuerzo de generaciones.

La verdadera responsabilidad social presupone responsabilidad fiscal. El compromiso efectivo con los derechos humanos requiere planificación, progresos sostenibles, cuidado con la cosa pública. Esa postura nos permitió, también en 2016, aumentar la Bolsa Familia, después de dos años y medio sin reajuste. Permitió igualmente que el presupuesto para 2017 trajera más recursos para salud y educación. Permitió retomar y ampliar programas como el Fondo de Financiamiento al Estudiante de la Enseñanza Superior (FIES) y Mi Casa, Mi Vida, cuya sobrevivencia está comprometida. Permitió, en fin, ver el inicio de la recuperación económica en nuestro país.

Esa misma postura de responsabilidad está detrás de nuestra propuesta de reforma de la Previsión Social. Dejarla como está simplemente no sería una actitud aceptable y consecuente. Hemos dialogado con el Congreso Nacional y con la sociedad brasileña sobre este tema, que no es fácil de admitir. Pero si no hacemos nada, los jóvenes de hoy mañana no tendrán jubilación. Más que eso, los jubilados de hoy ya tendrán sus beneficios puestos en jaque. Propusimos una reforma en línea con la práctica en otros países que pasaron por la transición demográfica que atravesamos, reforma que busca la convergencia entre regímenes, eliminando privilegios. Nuestro objetivo es una previsión social sostenible y ecuánime.

En el Consejo de Derechos Humanos cabrá también a Brasil contribuir con debates internacionales sobre la promoción y la protección de esos derechos en el mundo. En todo, lo que nos anima son los compromisos fundamentales de nuestro pueblo con el respeto a la dignidad humana. Nuestra posición será siempre la del diálogo sin omisión, no la de los discursos vacíos. Diálogo desarmado para hablar de compromiso en la agenda internacional. Con ese binomio daremos, en el Consejo, nuestra contribución para la promoción de los derechos humanos en nuestro territorio y más allá de nuestras fronteras. Siempre pautados por el sentido mayor de responsabilidad: “responsabilidad con la promoción verdadera, sostenible y de largo plazo de los derechos humanos en Brasil y en el mundo”.

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