Voces

martes 13 abr 2021 | Actualizado a 03:03

Una ciudad, una escritura

Una ciudad inspira a ser escrita cuando cuenta con cualidades singulares y profundas.

/ 27 de octubre de 2016 / 04:44

Desde siempre la ciudad ha inspirado a poetas, literatos y arquitectos a pensarla y escribirla, intentando entenderla. Sin embargo, nunca han faltado quienes repudian la vida urbana. Tanto es así que esa mirada conservadora ha colaborado de alguna manera en desvalorizarla. A pesar de ello, todos los pensadores han tenido que sumergirse en la cultura de los pueblos rastreando rincones célebres y, por qué no decirlo, secretos de sus cualidades. Así, esos lugares se han convertido en el escenario de inspiración para la creación de obras de la literatura universal.

Existen escritos sobre la antigua Grecia que relatan poéticamente (X. Palaú) cómo ciertos caminos llevaban a “bajar al individuo al submundo, pero los mismos podían abrir espacios que desemboquen en sueños”. De esta forma, el laberinto de casas que conformaron la red de ciudades griegas equivalían “a la conciencia diurna, pero al llegar la noche se transformaban en lugares donde surgía la espesa oscuridad”.

Imposible olvidar también a escritores como Jorge Luis Borges (1933), quien rimaba sobre la ciudad de Buenos Aires y quizá en particular sobre Palermo, el barrio donde vivía: “(…) las memorias de los álamos harán temblar bajo rigideces de asfalto la detenida tierra viva que oprime el peso de las casas (…) en vano furtiva noche felina inquieta los balcones cerrados (…) yo soy el único espectador de la calle que si dejara de verla, moriría”.

Otros, en cambio, no solo destacaron a las ciudades en su valor poético, sino que además las proyectaron al futuro mostrando las cualidades de la vida urbana. En la época moderna, gracias a los cuerpos que transitaban en las calles de París, logró trascendencia el concepto del ciudadano en movimiento, quien hoy no solo recorre las ciudades de forma acelerada, sino que también es capaz de captar de paso las sensaciones que éstas expresan.

Asimismo no faltan las reflexiones que afirman que toda metrópolis es el canal para el flujo de imágenes, las cuales demuestran la rápida y arrolladora mutación de la existencia humana. Esto porque la vida citadina es capaz de confluir los horizontes de los individuos con una vida inhóspita, instigadora de discordias y agresividad. Realidad evidente de un individualismo desmedido e inobjetable que está cambiando la vida en las megaciudades.

Es notorio cómo últimamente los escritos han olvidado todo contenido poético y se han convertido solo en definiciones técnicas que deben seguir las urbes si quieren incorporarse a los tiempos actuales. Algo innegable debido a que el uso de la tecnología se ha tornado en una especie de extensión del individuo y la ciudad. Empero, modifica la sensibilidad humana, porque convierte esas extensiones comunicacionales en determinantes para el devenir de la vida del ciudadano. También se afirma que toda aglutinación (espacio público) será cuarteada y la vivienda futura propiciará nuevas habilidades.

A pesar de todo ello, la ciudad debe inspirar no solo el descifrarla, sino también el crear formas de seguir construyéndola, redescubriendo sus valores, reinventándola en sus potencialidades casi olvidadas o no escritas, las cuales, por su elevado sentido de seguro, requerirán de propuestas concebidas con gran talento e imaginación.

Una ciudad, cuando inspira a ser escrita, es porque cuenta con cualidades y esencialidades singulares y profundas, que producen sentimientos de valor simbólico y poético, pues eso es lo que transmite la sociedad que la cimienta.

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Pandemia, crisis y populismo ‘remake’

/ 13 de abril de 2021 / 01:02

Sin necesidad de explicitar, cuando usted leyó “crisis” enseguida sabía que iba a tocar su bolsillo —y el de los suyos, claro está— en las elecciones cercanas en Bolivia —las de octubre—, Ecuador y Perú. 

La pandemia ha sido un desastre para la región —y lo seguirá siendo tiempo más. Los tres países han sufrido con intensidad los embates de la pandemia: Hasta el sábado pasado (todos datos de la Johns Hopkins University), Bolivia alcanzó una morbilidad x 100.000 habitantes de 2.420,4, letalidad (mortalidad respecto morbilidad) de 4,4% —la mayor letalidad fue de 6,2% entre el 28 de octubre y el 10 de diciembre y nunca hubo el 10% de algunos discursos fantasiosos— y 107,0% la mortalidad por 100.000 habitantes; Ecuador tenía 2.025,9, 5,0% y 101,5% respectivamente, mientras en Perú llegaban a 5.103,3, 3,3% y 170,1% (ésta la mayor de Sudamérica); comparando los tres países, solo Ecuador tiene menos morbilidad y mortalidad que Bolivia pero con más letalidad, lo que demuestra que en Bolivia, hasta ahora al menos, la pandemia ha sido moderadamente manejada. En vacunación hasta el sábado (Our World In Data), Bolivia estaba en 0,13 por 100 habitantes (2,9% de las dosis a administrar) y Perú 0,04 —Ecuador el día 6/5 reportaba 0,08, igual que Bolivia ese día—, lejos de los campeones sudamericanos: Uruguay (0,93) y Chile (0,90) —Paraguay estaba en el fondo, con menos de 0,01.

Toda esta parafernalia sobre la incidencia del COVID-19 es más penosa cuando estremece cruzarla con las caídas de las economías: Según la CEPAL, en 2020 Bolivia se contrajo 8,0%, Ecuador 9,0% y Perú 12,9% y para 2021 las recuperaciones pronosticadas serán de 5,1% (aún -2,9% respecto de 2019), Ecuador 1,0% (-8,0%) y Perú 9,0% (-3,9%), peor si se le suma la aceleración extraordinaria en el crecimiento de la deuda de cada país, por lo que el FMI considera que el crecimiento del PIB en Latinoamérica retornará a los niveles previos a la pandemia en 2023 —a muy diferentes velocidades— y el PIB per cápita lo hará en 2025. El regreso a niveles de 2019 para estos tres países estará entre fines de 2022 y 2024 (Banco Mundial).

Es el caldo de cultivo de la demagogia populista: el populismo del socialismo 21, remake ya no tan del Foro de São Paulo —sin Brasil de Lula— sino más del Grupo de Puebla —con México de AMLO— en comicios Bolivia (2020) y Perú y Ecuador (ahora) en plena crisis del COVID-19.

En octubre, Bolivia optó mayoritariamente (55,11%) por repetir una maquillada Historia de Éxito —la del pretendido “milagro económico” de 2014-2018, indulgencia totalmente ajena— y por un gobierno asaz moderado que superaría la confrontación de 2019 y las incertidumbres de 2020 —pandemia por medio—; ni una ni otra: la economía va en peor, priman la confrontación y las falaces narrativas. Por contrario, Ecuador fue a balotaje pugnando entre un remake de Correa que no encantó en primera a casi el 68% de votantes y una visión conservadora que, por tercera vez, parecía no aglutinar al electorado: A diferencia de Bolivia, Ecuador decidió frenar el correísmo y Guillermo Lasso gobernará, aunque con una Asamblea con mayoría relativa correísta.

Las elecciones en Perú se dan en el descrédito de la clase política —cuatro presidentes en tres años; cinco de los ocho presidentes tras el fujimorismo juzgados por corrupción, uno de ellos suicidado—, la segunda mayor contracción en la región y un mal manejo de la pandemia. Siendo el único de los tres países donde nunca gobernó el socialismo 21, un denunciado afín al ultramaoísta Sendero Luminoso —Pedro Castillo— puntea (16%) a medio escrutinio.

Acá, variando por departamento entre el 36 y el 64% escrutado, el MAS pierde en las cuatro gobernaciones y, hasta ahora, quedaría solo con las tres ya ganadas.

Esperemos resultados. Y consecuencias.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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Ser niña en Bolivia

/ 12 de abril de 2021 / 02:03

Cuando encendemos el televisor para ver las noticias del día, hojeamos el periódico para informarnos o revisamos nuestras redes sociales, siempre estarán ahí. Son esos titulares y narraciones que no quisiéramos ver pero que lamentablemente nuestra realidad nos lo impide. Las noticias de feminicidios, infanticidios, violencia de género y contra la niñez no dejan de estar presentes en nuestro contexto.

En Bolivia, solo en el primer trimestre de 2021 se registraron cinco infanticidios y 282 casos de violación a niñas, niños y adolescentes —más del doble de casos presentados el pasado año—. Esta es la realidad que atraviesan muchas niñas, además de ser madres antes de los 18 años —varias veces producto de violaciones— o afrontar las uniones forzadas tempranas, hecho que limita sus posibilidades de estudios, salud integral, libertad e igualdad de condiciones.

Hasta el pasado 5 de abril se reportaron 32 feminicidios, esto quiere decir que 32 mujeres fueron asesinadas en Bolivia solo por su género. ¿Ese es el futuro que estamos construyendo para las niñas? ¿Una vida en la que ellas teman por ser acosadas en las calles, no sean escuchadas cuando denuncien hechos de violencia o tengan miedo de decir lo que piensan porque podrían ser insultadas?

Hoy, en el Día de la Niña y Niño en Bolivia quiero recordar el motivo por el cual se declaró esta conmemoración: visibilizar la situación de los menores de edad en el país, identificar sus necesidades y cuidados específicos requeridos para alcanzar su derecho a la igualdad y equidad de género. La primera declaración fue en 1955, por Decreto Supremo, y tres días después de la redacción de la Declaración de los Principios Universales del Niño realizada por las Naciones Unidas; y en la segunda, en 2013, se instituyó la fecha —mediante la Ley 357— como el Día de la Niña y del Niño en el Estado Plurinacional de Bolivia.

Los hitos históricos nos permiten identificar que estamos persiguiendo el derecho de la igualdad para las niñas en Bolivia hace más de 60 años. Sin embargo, los datos que refleja la realidad nos dicen que debemos invertir más esfuerzos por lograr este propósito. Además, será necesario reflexionar cuál es la ruta que seguiremos para eliminar la violencia, o por lo menos impedir que sea normalizada. Un elemento central es la participación activa de todos los sectores involucrados, uno de los principales: las niñas. Debemos escucharlas, saber qué piensan, qué sienten y qué proponen.

Por ejemplo, en un estudio global de Plan International se identificó que 83% de las niñas afirmó sentirse preocupada por la violencia sexual y un 73% por la violencia de género. Esta es tan solo una muestra que representa la conciencia que tienen las chicas sobre la realidad que atraviesan día a día y debería ser una alerta para las instituciones, autoridades, organizaciones y sociedad civil para considerar la problemática y, sobre todo, el valioso espacio de dialogar y escucha activa con las niñas.

Esperamos que los 12 de abril no se conviertan en un día para recordar tragedias de niñas víctimas de violencia grupal, agresiones físicas y psicológicas o maltratos. Sigamos trabajando para que este día sea el que nos permita sentir la paz de abrir el periódico, encender la televisión y ver las redes sin un solo titular que nos recuerde que la violencia contra las niñas, niños, adolescentes y mujeres aún existe. Todo esto, como resultado de haber escuchado sus voces, buscado soluciones de raíz e implementado una estructura que combata cualquier tipo de violencia.

 Emma Donlan es directora País de Plan International Bolivia.

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¿Y la conspiración?

/ 12 de abril de 2021 / 01:50

A los pies del Cristo Redentor, el 4 de octubre de 2019, en medio de un atiborrado de gentío asistente al cabildo, el líder cívico cruceño Luis Fernando Camacho lanzaba una profecía: “Hemos definido rebeldía y desobediencia, ante un posible fraude. Es nuestro derecho y no es sedición, es soberanía”. Acto seguido, a las dos semanas, el 20 de octubre, noche de los escrutinios, gracias a la suspensión de los datos electorales preliminares no vinculantes, Carlos Mesa, candidato presidencial, llamaba a una movilización arguyendo un “descomunal fraude”. Entonces, para el bloque opositor al Movimiento Al Socialismo (MAS), la profecía se autocumplía.

Pero, no fue profecía —o plegaria divina obispal. Fue parte de una confabulación conspirativa que desembocó en un golpe de Estado. Esta tramoya política se ajusta a un delito penal: la sedición. El Código Penal establece que los culpables de esta transgresión “serán sancionados con reclusión de uno a tres años los que, sin desconocer la autoridad del Gobierno legalmente constituido, se alzaren públicamente y en abierta hostilidad, para deponer a algún funcionario o empleado público, (…) ejercer algún acto de odio o de venganza en la persona o bienes de alguna autoridad o de los particulares o trastornar o turbar de cualquier otro modo el orden público”. En concordancia a los hechos, hay indicios inequívocos que hubo una sedición para el derrocamiento del expresidente Evo Morales.

Hace mucho tiempo, la tramoya golpista se fue gestando. Su clímax fue en octubre/ noviembre 2019. El politólogo Gene Sharp, con relación a los novedosos golpes de Estado del siglo XXI, señala que son resultado de estrategias conspirativas para derrocar gobiernos democráticos. Las fases conspirativas delineadas por Sharp se ajustaron a la maquinación golpista contra la democracia boliviana. La primera de ablandamiento, se remonta al referéndum constitucional del 21 de febrero de 2016, donde se estableció las matrices discursivas; luego, en la segunda fase se orientó a deslegitimar el liderazgo político de Morales posicionando la idea del “tirano”. La tercera fue del “calentamiento en las calles” con movilizaciones promovidas desde las plataformas ciudadanas con la consigna “Bolivia dijo NO”. La cuarta etapa fue un pastiche de diversas estrategias desplegadas (guerra psicológica, racismo, violencia física, etc.) en el curso de la movilización “ciudadana”, poselecciones de 2019. Finalmente, la etapa de la fractura institucional, o sea, el golpe de Estado.

Hoy el debate sobre el golpe de Estado esquiva la etapa conspirativa previa. Se hace imprescindible investigar este periodo sedicioso para esclarecer las fuentes de financiamiento, descifrar el modus operandi; esclarecer la participación directa e indirecta de políticos, dirigentes cívicos, militares, policías, diplomáticos extranjeros, religiosos, periodistas e inclusive intelectuales. Al parecer, las movilizaciones urbanas poselecciones de 2019 no fueron el inicio para la renuncia presidencial forzada de Morales, como se esfuerza en señalar la inteligentsia golpista, sino, todo lo contrario, el corolario de una cruzada conspirativa que desembocó en la ruptura constitucional.

Entonces, las pesquisas deberían empezar con una pregunta del entrañable Sherlock Holmes: ¿A quién benefició el crimen? O sea, ¿a quiénes benefició el golpe de Estado? Quizás, por esta ruta holmesiana se identifique a los responsables de la conspiración, ¿quiénes pactaron con policías y militares?, y, finalmente, en el periodo posgolpe, ¿quiénes se beneficiaron con la liberación de impuestos?

Yuri Tórrez es sociólogo.

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Facebook y los DDHH

/ 12 de abril de 2021 / 01:39

El 16 de marzo de este año, Miranda Sissons, directora Global de Derechos Humanos de Facebook Inc., presentó la Política Corporativa de Derechos Humanos de esa empresa que es válida para todas sus apps. Es la primera política empresarial de este tipo emitida por una plataforma digital, como se les dice de manera genérica a las empresas de redes sociales, mensajería instantánea, streaming o cualquier otro servicio que se da en Internet de manera masiva.

La directora ha expresado el compromiso empresarial con un sinfín de cuerpos legales de defensa de los Derechos Humanos como los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos, la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial y contra la Mujer, la Convención sobre los Derechos del Niño, la de las personas con discapacidad, los Principios de Libertad de Expresión y Privacidad del Global Network Initiative (GNI) y los Principios de la OCDE sobre Inteligencia Artificial, entre varios otros.

Sin duda es un enorme trabajo y un enorme cuerpo de principios al que se compromete Facebook y lo hará además con un fondo de apoyo a los defensores de Derechos Humanos en el mundo. ¿Por qué lo hace siendo que esto implica recursos y un esfuerzo importante de cambio en sus procesos empresariales?

Es una respuesta a presiones que viene recibiendo hace varios años acerca de vulneraciones de Derechos Humanos en sus plataformas relacionadas a libertad de expresión, privacidad, discriminación, discurso de odio, entre otros. Estas denuncias hicieron crisis con el escándalo de Cambridge Analytica que implicó el uso de millones de registros personales de usuarios y no usuarios de la plataforma para la supuesta manipulación de elecciones. Mark Zuckerberg confesó ante el Parlamento norteamericano que no entendía plenamente los efectos que su plataforma podría estar provocando en la democracia. Se dio cuenta de que se había metido en temas grandes y serios que necesitaban otro tipo de soluciones, no solo las tecnológicas.

Será interesante seguir el desarrollo de estas iniciativas que juntan dos mundos, el privado y el público; dos intenciones: la búsqueda de beneficios y la defensa de derechos.

Este debate y sus soluciones están en inglés, responden a la opinión pública de Estados Unidos y conversan con Asia y África en inglés, por el momento. Es de esperarse que algo más adelante lleguen a América Latina y conversen acerca de nuestras propias preocupaciones en castellano.

 Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com

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Desalojo de la casa propia

/ 10 de abril de 2021 / 23:05

La clase obrera es producto de la revolución industrial. Se fue formando en la comprensión de que la técnica y la ciencia aplicadas a la producción pueden sustituir el duro trabajo físico del hombre, a la vez que generan una enorme producción y ganancia.

La experiencia del proletariado minero boliviano es ejemplificadora. Confinado en la desolación de la montaña, obligado a constituir familia permanente en el campamento, su lucha se volcó a garantizar la educación para sus hijos. Desde el establecimiento de escuelas primarias como obligación patronal, las conquistas se fueron ampliando a los establecimientos secundarios en los municipios y posteriormente en los de la empresa. El deseo de aprender los llevó a plantearse lograr becas en las instituciones de educación superior como la Escuela Industrial Pedro Domingo Murillo en La Paz o el Politécnico de Oruro; en este abanico también se encontraba el Colegio Militar y la Academia de Policías. La creciente necesidad les planteó la creación de centros de profesionalización en los mismos campamentos mineros: la Escuela de Enfermeras de Catavi y los colegios industriales de Colquiri y Telamayu. A éstos se sumaban los esfuerzos de las propias familias mineras que se preocupaban de mandar a sus hijos a profesionalizarse por cuenta propia.

El avance social no es lineal. La ocupación de las minas llevó a que el poder del Estado utilice a estos profesionales en su acción represiva, su resistencia era sancionada con despidos y transferencias a minas alejadas, la preservación de un status adquirido y la seguridad de la familia hacían que se sometan y sean los ejecutores de las acciones represivas. Por otro lado, numerosos jóvenes que habían logrado el bachillerato ante la imposibilidad de continuar estudios superiores se incorporaron a la vida productiva minera.

Así surgió la necesidad de establecer una Universidad en los campamentos mineros, para evitar el desarraigo y continuar con la profesionalización de los trabajadores. El célebre XIV Congreso Minero de Siglo XX en 1970 formuló la creación de la Universidad Obrera. Su planteamiento coincidió con un momento político de ebullición de las ideas en el movimiento universitario nacional; la juventud retomaba las banderas autonomistas de la década de los 30, para liberarse de una conducción apoltronada en los privilegios del status académico de una Autonomía traicionada. Volvieron a relucir las consignas: exámenes de competencia y evaluación permanente para el desempeño docente, libertad de cátedra, llevar la Universidad al seno del pueblo, una educación para el desarrollo nacional, compromiso con la defensa de los recursos naturales y la lucha contra la opresión imperialista. En ese ambiente el planteamiento de la Universidad Obrera tuvo el respaldo del IV Congreso de la Asociación Universitaria Boliviana.

La dictadura banzerista (1971-78) frustró estos sueños. Proscribió el movimiento sindical minero y cerró las universidades por dos años, para abrirlas bajo la tutela de la dictadura. Sin embargo, el pueblo se levantó y en 1980 los mineros replantearon su proyecto de Universidad Obrera: solo el 1 de agosto de 1985 se concretó la creación de la Universidad Nacional Siglo XX.

La criatura nació en momentos aciagos. El mismo mes se lanzó el DS 21060 que destruyó la industria minera y condenó a la desaparición al movimiento sindical minero. El modelo de formación adoptado estaba basado en el estudio en el trabajo. Los laboratorios, los talleres, el tope de la mina, los problemas operativos de la producción debían ser incentivo para explicar el fenómeno y encontrar una solución científica. Los hospitales de especialidades debían mostrar el origen y desarrollo de la enfermedad, el seguimiento del tratamiento debía explicar las mutaciones del organismo humano. La red de radios mineras, que promovía la creación y cohesión de la identidad minera, sería los inicios de una comunicación alternativa a nivel nacional, ampliando su acción a la prensa escrita y la televisión.

El modelo neoliberal llevó a la UNS-XX a una lucha por su sobrevivencia, titánica tarea que hoy la tiene en pie, pero ¿cuánta de su genética se mantiene? Esta rememoración amplía la interrogante al sistema universitario nacional, cuyos documentos de compromiso con el desarrollo nacional y la liberación nacional están presentes desde la década de los 70, pero su práctica es la formación profesional para el mercado y no para las necesidades del país. En la minería hay pocas industrias de punta en explotación, pero nadie conoce cuántos minerales se van en los concentrados de complejos, ni los costos reales de su realización; se ha paralizado el proceso de fundición de los minerales y no se ha dado un solo paso en su industrialización. Por otro lado, hay una minería de sobrevivencia artesanal, con baja eficiencia, altos índices de riesgo profesional y ninguna previsión ambiental que debiera conmover a la sociedad, pero ante todo a los profesionales conscientes de esta realidad.

José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.

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