Voces

sábado 4 dic 2021 | Actualizado a 22:46

Deseos

Lo mínimo que uno podría desear, además de salud, es que el porvenir venga generoso y amable.

/ 24 de diciembre de 2016 / 05:04

El periodista Fortunato Esquivel anunciaba el fin de año, con unos dos meses de anticipación, con este apretado resumen: “otro año que se va y sigo pobre”. Facundo Cabral le habría respondido con la anécdota de su hermano que un día dijo una queja parecida y su madre le respondió que si mal no recordaba, cuando nació estaba desnudo, de modo que esa camisa y ese pantalón ya eran ganancia. Igual don Fortu, con su titular periodístico sobre su evaluación personal del año, nos hacía sonreír en la sala de redacción y ése era el santo y seña para empezar a hilvanar deseos.

Lo mínimo que uno podría desear, para todos y para uno mismo, es que el porvenir (año nuevo se le dice en estas épocas) venga generoso y amable; que los pronósticos se equivoquen y los deseos acierten.

San Francisco de Asís, decía Cabral, tal vez encontró una de las fórmulas de la felicidad: deseo poco y lo poco que deseo lo deseo poco. Y con su compañero de canto, Alberto Cortez, hablaban de que había que desear solo pequeñas cosas: “un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna, una pequeña…”. Pero la canción mexicana nos advirtió que tampoco hay que creerse de buenas a primeras todos los consuelos o buenos deseos: “dicen que no se sienten las despedidas, dile al que te lo cuente, cielito lindo, que se despida”.

Si de algo no hay duda es que los bolivianos somos campeones para desear. Si no, qué es la feria de Alasita, y, en agosto, el agradecimiento a la Pachamama, y las entradas del Carnaval y la del Señor del Gran Poder, y las piedras de Urkupiña y las romerías a pie hasta Copacabana en Semana Santa. Sin contar las 12 uvas; y cargar las maletas subiendo y bajando escaleras; contar dinero; y los calzones amarillos y los calzoncillos rojos y del color que nos digan si trae suerte para el año nuevo; y comer chancho porque el animal se pasa la vida (hasta que nos lo comemos) empujando con su trompa la tierra hacia adelante y, se ha nos dicho, que eso es señal de progreso.

El deseo mejor guardado y más expresado debe ser el de buena salud. Si ese no se cumple, ningún otro tiene sentido. Se me ocurre que ése debe ser el primer mandamiento de los deseos.

Desear y soñar deben ser parientes, porque en esa familia no hay límites. Se puede dar cuerda infinita. Y no puede haber peor señal si en esto se nos para la cuerda. Sería algo parecido a los dolores y los achaques de los viejos si uno aplica la fórmula de un primo mío: “si después de los 50 despiertas y no te duele nada, empezá a sospechar. Puede ser que estés muerto”.

Uno de los mejores deseos que he escuchado tiene que ver con un divorcio en “noche de bodas”. En esa canción, con su voz ronca, Joaquín Sabina desea que el calendario no venga con prisa, que el diccionario detenga las balas, que los que esperan no cuenten las horas, que el fin del mundo te pille bailando, que el escenario te tiña las canas, que nunca sepas ni cómo ni cuándo. Pero sobre todo que el corazón no se pase de moda, que los otoños te doren la piel, que cada noche sea noche de boda y que no se ponga la luna de miel. Todo rematado con un previo: “que se divorcie de ti el desamparo”. Todos estos deseos los he sumado a las listas de fin de año. Por ahí… quién sabe.

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Una plaza, un monumento

/ 23 de noviembre de 2021 / 00:53

Por presión internacional, el gobierno de Jeanine Áñez instruyó los dos únicos procesos abiertos (en la justicia ordinaria) por las masacres de Sacaba y Senkata (2019). Esa fue la recomendación 13 del informe preliminar de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, del 10 de diciembre de 2019, a poco más de 20 días de las masacres. El país seguía convulsionado y esa investigación de la CIDH y la presencia de Jean Arnault, negociador internacional, enviado personal del secretario general de la ONU, António Guterres, demostraban el esfuerzo por reducir la tensión. Las fiscalías de Cochabamba y La Paz abrieron los procesos en los que este año una decena de exjefes militares y policiales fueron “cautelados”. La situación de ambos procesos es un misterio. Están declarados en reserva.

Los familiares y víctimas fueron convocados a declarar y presentar pruebas. Allí dejaron todos sus originales de certificados de nacimiento, forense, médico, etcétera, que piden fiscales, abogados y jueces. Intentaron luego constituirse en parte civil para empujar el carro de la Justicia y se les negó porque “deben demostrar que son víctimas”.

La democracia no abrió un solo juicio por las masacres, pero firmó compromisos. Por ejemplo, plantear, mediante el Ministerio de Justicia, una nueva demanda de juicio de responsabilidades contra Jeanine Áñez que debe ser autorizado por dos tercios de votos que el MAS no tiene y, la oposición legislativa, cuyos jefes participaron activamente en el golpe de Estado de 2019, anunció que no apoyará.

La Justicia en democracia es una caja de sorpresas. Para concretar la nueva demanda de juicio de responsabilidades, el Ministerio de Justicia exige a las víctimas demostrar que son víctimas con documentos originales (que tienen los fiscales de los procesos ordinarios).

La Majestad de la Justicia es complicada para quien la busca. La esposa del asesinado debe presentar certificado de matrimonio o probar que vivió con él más de dos años. Si convivieron menos de 24 meses no puede reclamar nada. Papelitos cantan, y los heridos tienen que presentar facturas de medicinas, atenciones médicas, hospitalización, etc., en un periodo en que ser herido era un estigma. Las por lo menos seis investigaciones nacionales e internacionales, la última del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), confirmaron que en los hospitales eran sometidos a torturas para que confiesen “cuánto te pagó Evo Morales” (para salir a protestar). En las cárceles, a buena parte de los 1.800 detenidos les aplicaron todo el recetario de torturas y también les exigen certificado médico forense. No es nuevo: a las mujeres víctimas de violación durante las dictaduras militares, para incluirlas en los planes de reparación, 30, 40 años después, les exigían certificado forense que pruebe la violación sexual.

Hay una fórmula que nunca falla tras cada masacre: las víctimas están divididas. Hay tres grupos: el que confía en David Inca, de Derechos Humanos de El Alto; el de un Comité Impulsor de Juicios cercano a la exdiputada del MAS Lidia Patty, y otro que confía en el Ministro de Justicia. Cada uno desconfía y habla pestes de los otros dos.

Dos años después las masacres pasaron desapercibidas. En El Alto, la Alcaldía les construye una plaza y un monumento a dos cuadras de donde ocurrió la matanza. Pero la plaza no honrará solo a los de Senkata (11 muertos), sino también a los 64 asesinados en el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003, a quienes tampoco se ha hecho justicia. Allí, en esa plaza aún sin nombre, se reunió una parte de las víctimas, para compartir una comida comunitaria (apthapi). Apenas restituida la democracia, allí se pintó un mural con la leyenda “Senkata no olvida”. Habría que añadirle: “La justicia y la democracia sí”.

Freddy Morales es periodista.

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Plegarias

/ 9 de noviembre de 2021 / 03:25

La derecha y sus medios de comunicación quedaron atrapados por el golpe de Estado. En las elecciones de 2019 se jugaron por la segunda vuelta y le asignaban a su candidato Carlos Mesa una segura victoria. Pero dudaron de sus encuestas y optaron por el golpe que les ofrecieron los comités cívicos bajo el liderazgo de Luis Fernando Camacho. El argumento fue la desobediencia del gobierno de Evo Morales al resultado del referéndum del 21F que rechazó su habilitación como candidato. Decían entonces que luchaban por la democracia y el respeto a la Constitución, lo que caló en varios sectores. Y por si no fuese suficiente se añadió el fraude electoral cantado semanas antes de la elección.

Optaron por el golpe, sacaron del gobierno a Evo Morales y al MAS, nombraron a su propio gobierno en reuniones de personas sin ninguna autoridad para hacerlo (solo el Legislativo puede definir una sucesión presidencial constitucional). Les encandiló tanto su victoria que no tuvieron reparo, la derecha y sus medios de comunicación, en avalar masacres, violaciones de derechos humanos, corrupción, ineficiencia, asalto al Estado y cuanta tropelía ejecutó su gobierno. Quienes ahora dicen que no fueron parte no pueden negar que lo promovieron y crearon. Después vivieron su peor pesadilla, el Movimiento Al Socialismo ganó las elecciones por 55,1%.

Derrotados democráticamente, la derecha y sus medios de comunicación, casi de inmediato, volvieron a la conspiración, con lo que dejan claro que no era ni por el respeto al 21F, ni la defensa de la democracia, ni de la Constitución, sino deshacerse del MAS. Sus líderes les avergüenzan por su falta de liderazgo, que incluye a sus parlamentarios. Tal vez por ello, desde su derrota, optan por rogativas y plegarias: ¿por qué Evo Morales que repetía “patria o muerte” fue cobarde y al renunciar no se quedó en el Chapare a enfrentarse con los militares? No ocultan que no solo querían a Morales fuera del gobierno, sino que lo prefieren muerto. Arroparon al vicepresidente David Choquehuanca para animarlo en sus presuntos ataques a Evo Morales y la previsible división del MAS. Rogaban que se convierta en nuestra versión del ecuatoriano Lenín Moreno. Y más plegarias para que el presidente Luis Arce se aleje de Evo Morales, su jefe de campaña y de partido. Que se imponga el ala “conciliadora”. Que haya reconciliación sin justicia, porque de otro modo es venganza. Y nada, las plegarias no llegan al sordo cielo.

Y retornan a la disyuntiva de 2019: democracia o golpe. Siguen atrapados por los únicos que tienen iniciativa política, los golpistas y su “marcha indígena” que, al estilo de Jeanine Áñez, autoproclamó su “Parlamento” al margen de todas las organizaciones indígenas del país. Con la consigna “aquí no hay izquierda ni derecha sino los derechos y la democracia de todo el pueblo”, promueven las alianzas que no pudieron para la disputa democrática. Y encontraron su veta en anular al Gobierno, toda posibilidad de gobernar, mediante una campaña y paros contra todos los proyectos de ley que analiza la Asamblea Legislativa, mientras vuelve a la carga su vocal del Tribunal Supremo Electoral que intentó, en las elecciones de 2020, que Luis Almagro y su OEA repitieran su santo y seña contra la democracia, como sucedió en 2019.

Los consentidos de la derecha y sus medios de comunicación son antiguos izquierdistas, o que por lo menos eso hicieron creer alguna vez. Y ahí están entrampados, atrapados por la peor de todas sus opciones: racistas, violentos, golpistas y un largo etcétera comprobado en el gobierno de Jeanine Áñez. Rogando y a la espera de que papá “arregle con militares y policías”.

Freddy Morales es periodista.

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Ofendidos

/ 27 de septiembre de 2021 / 01:37

Luis Fernando Camacho, gobernador, y algunos otros dirigentes de Santa Cruz se declararon ofendidos porque el presidente Luis Arce, en la inauguración de la Feria se refirió al golpe de Estado. Como es de su estilo, algunos medios de comunicación hicieron coro de la supuesta ofensa para predisponer a la población, especialmente cruceña, contra el intruso atrevido, en una nueva cruzada para deslegitimar al gobierno democrático y reemplazarlo. La Feria se inauguró el 17 de septiembre y una semana después era la fiesta grande de Santa Cruz, donde no solo era previsible, sino obligatoria, la presencia de las autoridades del Gobierno nacional. La campaña sobre la supuesta ofensa sabía hacia dónde iba.

Participó el presidente en funciones David Choquehuanca, quien unió a la bandera nacional tricolor y la bandera nacional wiphala para izarlas en los mástiles de la plaza 24 de Septiembre. Eso encendió la bronca de los “ofendidos” una semana antes que, a gritos, bajaron las banderas y sustituyeron a la multicolor por la de la flor de patujú, tan símbolo nacional como la otra. Los indignados, seguidores del gobernador y del Comité Cívico Pro Santa Cruz, dolidos por la ofensa de Choquehuanca expulsaron a chicotazos a quien parecía colla, Camacho dijo que ponía fin a los supuestos insultos y cerró el acto a gritos, como sus seguidores, para cerrarle la boca al Presidente en ejercicio de Bolivia. Los indignados golpearon a un camarógrafo del canal estatal de televisión y el presidente del Comité Cívico, Rómulo Calvo, dio la espalda a los asambleístas del MAS, quienes luego de desfilar se acercaban a saludar a las autoridades locales. Calvo no solo dio la espalda, además levantó las manos para que no lo toquen y, pasado el peligro, regó con alcohol sus manos, las de las autoridades y el sitio por donde pasaron los asambleístas del MAS.

Un locutor de radio de La Paz inmediatamente justificó. Dijo que era un despropósito que el Gobierno no llevara la bandera con la flor del patujú a ese tipo de actos. Camacho explicó que se había decidido no izar la wiphala. Una de sus senadoras, con la voz entrecortada por la bronca, dijo que no es posible soportar tanto insulto del Gobierno nacional, y que las agresiones habían empezado en la inauguración de la Feria.

Esta derecha ya ni pestañea al hacer el ridículo. Pretenden imponer en la sociedad boliviana que incluso el Presidente de Bolivia debe pedirles permiso para hablar de lo que decida, necesite o quiera. Que si no les gusta lo que otro piensa pueden golpearlo, cerrarle la boca, el micrófono, el acto. Que estamos obligados a pedirles permiso para izar o exponer un símbolo nacional. Bolivia vivió el retorno de Jeanine Áñez, sus ministros de Gobierno y Defensa y su gabinete en pleno. Quienes pensaron que Áñez fue una equivocación están equivocados, no es Jeanine, ni Murillo, ni López. Es una corriente ideológica, intolerante, asaltante, racista y depredadora que aún aprovecha de la antipatía de algunos que supo cultivar el MAS como gobierno.

Pero, ¿de qué están ofendidos? ¿No fue Luis Fernando Camacho quien en el clímax de la victoria del golpe de Estado relató cómo su papá arregló con militares y policías para que “no salgan” y los golpistas y sus paramilitares pudieran actuar a sus anchas? ¿No fue Camacho quien inflamado de orgullo relató y mostró cómo policías lo vestían de policía y le protegían para que gestionara, en cualquier lugar del país, la caída de Evo Morales?

Fue Camacho quien, a los pies del Cristo Redentor, en las previas al golpe, se disculpó por su ignorancia, por haber creído que la wiphala representaba al MAS. “No. Es la bandera del país, representa a los indígenas”, dijo mostrándola. Y allí mismo insistió en otro “cabildo”: “Hay que aprender a respetar esta bandera porque representa a los indígenas, no solamente porque los representa sino porque se encuentra estipulado en nuestra Constitución Política del Estado”.

Ésta, de las y los Áñez, Murillo, Camacho, Calvo, Almagro, que se ofenden y castigan por lo que dicen y hacen, ¿es la sociedad, la democracia y el sistema de gobierno que nos proponen algunos medios de comunicación, algunos periodistas y algunos obispos católicos, cuando los apoyan incondicionalmente?

Freddy Morales es periodista.

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Impensable en democracia

/ 14 de septiembre de 2021 / 00:33

Es imposible imaginar al gobierno de Luis Arce reprimiendo, en la frontera común, a centenares de bolivianos que retornan de Chile, con policías disparándoles gases lacrimógenos, para que no regresen. Pero ocurrió mientras era presidenta la señora Jeanine Áñez. Al extremo que las autoridades de Chile instalaron campamentos para auxiliar a los bolivianos que intentaban volver concluida la época de cosecha de frutas.

Tampoco es imaginable que el actual ministro de Defensa amenace a un ciudadano que reclame por los excesos militares en una provincia del Beni, con un “éste (señalando a un uniformado) te puede hacer desaparecer en 10 segundos”, como hizo Luis Fernando López, ministro de Defensa de Jeanine Áñez.

Imaginemos al actual ministro de Gobierno anunciando a los cuatro vientos que está de cacería como hizo Arturo Murillo con el añadido de que se practicaban “rastrillajes” en las oficinas estatales para detectar masistas (y despedirlos).

¿Cómo reaccionaría la derecha y sus medios de comunicación si se revelara una carta del cónsul de Bolivia en Barcelona en la que informa al canciller que hay que apurar la decisión de compra de 170 respiradores españoles porque hay ofertas de los mismos equipos por mitad de precio, como sucedió con la señora Karen Longaric, quien se justificó señalando que viceministros y funcionarios de su gabinete le escondieron ese informe? (Y el negociado se concretó con doble sobreprecio porque esos respiradores no sirven y ocurrió en plena pandemia).

Cómo reaccionarían ambos, (la derecha y sus medios) que cada día buscan o inventan algún detalle para promover escándalos, si el gerente de Entel alquilara un avión privado para ir y venir de Santa Cruz el momento que se le antoje, y se aumentara el sueldo a sí mismo y a 13 amigos a los que pagó hospedaje en hotel de cinco estrellas y casi Bs 900.000 de beneficios sociales por menos de 90 días de trabajo.

¿Cómo reaccionarían si hubiese miles de detenidos porque el régimen los considera no amigos o por “parecer” afines a alguna tienda política y se los sometiera a torturas? Si se produjeran masacres y ejecuciones extrajudiciales como las de Senkata, Sacaba, El Pedregal y el ministro de Defensa justificase las muertes con un “son alcohólicos y drogadictos”.

Alguien, en su sano juicio, ¿puede imaginar, en democracia, a la señora Jeanine Áñez encadenada a una cama mientras se recupera de sus dolencias, incomunicada y sin asistencia médica? (Casos Lorgia Fuentes y Patricia Hermosa).

¿O la suspensión de la señal de CNN u otra cadena internacional de noticias como hizo la señora Áñez con TeleSur y Rusia Today? Tan impensable como que los trabajadores de un medio de comunicación, aterrorizados por las amenazas de un grupo político rueguen que se despida a un compañero solo por publicar su opinión, como sucedió en La Razón con el caricaturista Al Azar.

Lo descrito, que ni siquiera resume lo ocurrido durante el gobierno de la señora Áñez, es imposible de imaginar en un gobierno democrático. Si la derecha y sus medios entonces no reclamaron, solo se explica porque estaban convencidos que se trataba de un periodo extraordinario donde la democracia era lo de menos. Además, era “su gobierno” (no un gobierno salido de las urnas). Se era cómplice consciente a cambio de anular a un enemigo político y económico. Y porque no había forma de hacerlo democráticamente (como después de la experiencia se reconfirmó). La única vía era el golpe de Estado (aunque fuera con un Legislativo en contra y funcionando a medias como fue otra de las opciones que tomaron).

Freddy Morales es periodista.

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Nuestro desprecio

/ 24 de mayo de 2021 / 01:00

Si Alexis fuese boliviano, ya estuviera acusado, en proceso judicial penal, por difamación, incitación al racismo y más, conminado a retractarse y pedir disculpas por haber dicho que tal ciudad del país huele mal o es sucia. Así le fue a Milena Fernández en julio de 2012, en Oruro, cuando dijo que tras las fiestas olía fétido. En febrero de este año, Frances Peláez padeció el mismo acoso por decir que la ciudad de Uyuni es fea. El secretario de la Alcaldía Roberto Guzmán anunció “todos los procesos legales para que esta persona sea sancionada”.

Pero Alexis Dessard, rubio y joven turista francés de 25 años, no es boliviano. Cuando en un video mostró la basura en el Cementerio de Trenes de Uyuni y dijo que había que limpiar (que es una forma de decir que está sucio o feo), se convirtió en héroe. En vez de acusarlo en proceso judicial penal, la Alcaldía de Uyuni, las juntas vecinales que declararon a Peláez “persona no grata”, el Regimiento de Infantería IV Loa y voluntarios se pusieron a órdenes y le ayudaron a limpiar. Pasó lo mismo en el lago Uru Uru de Oruro, en el río Rocha de Cochabamba, el Titicaca, el Choqueyapu… El miércoles por la noche, un presentador de Bolivisión le ofreció mujeres: “Tres amigas están enamoradas de ti, ¿qué respondes?”, preguntó el aprendiz de Celestina. “No me importa”, replicó Alexis. Periódicos y radios hablan del romance del francés con una boliviana y dicen que si esos amores prosperan podría quedarse a vivir en Bolivia.

¡Qué bendición! Antes de Alexis, otro europeo también hizo furor: Alejandro Entrambasaguas, joven periodista de Vox, un medio como él sin escrúpulos y ultraderechista de España. A nuestros presentadores y presentadoras de televisión al entrevistarlo se les caía la quijada de admiración. El español insultaba, acusaba y practicaba contra bolivianos el peor periodismo (si periodismo se puede llamar), a “investigar” relaciones sexuales y varios etcéteras del sensacionalismo ruin. A quien apuntaba con el dedo era detenido y encarcelado. Eran los tiempos del gobierno de facto de Jeanine Áñez. Y muy obvio que de allí salían las “revelaciones” que fluían por la boca de Entrambasaguas en nuestros medios de comunicación. Sus entrevistadores lo anunciaban con redoble de tambores porque Alejandro decía lo que ellos no se atrevían pero, que no ocultaban que les encantaba oír y divulgar.

“El votante medio del Movimiento Al Socialismo es un votante de un nivel intelectual nulo, prácticamente inexistente, ya no te digo cultural, no, no, no, no tienen prácticamente nivel. La mayoría de gente que ha votado a Evo Morales es gente que vive en el campo, no sabe lo que es un teléfono móvil, no sabe lo que es internet y mentalmente no tiene absolutamente idea de prácticamente nada, son analfabetos literales. Hay mucha gente que no sabe hablar el español, hablan aymara, quechua o idiomas nativos indígenas y no tienen ni idea de lo que es la civilización”, declaró Entrambasaguas a un medio de su país. Un periodista boliviano sugirió a la Asociación de Periodistas crear un premio especial para el español. En estos días, residentes bolivianos en España le rindieron homenaje y depositaron en sus manos la democracia de Bolivia. “Yo tengo un compromiso con Bolivia, con los bolivianos y sobre todo con la libertad, porque lo que está ocurriendo en vuestro país es una aberración, es una barbaridad… me tenéis para lo que queráis”, dijo el español y recibió una lluvia de aplausos.

Estos dos europeos (el bueno y el ruin) desnudan nuestro desprecio por nosotros mismos (y cosas peores).

Freddy Morales es periodista.

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