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lunes 1 mar 2021 | Actualizado a 09:36

Lecciones de los atentados terroristas del EI

El pensamiento radical takfirí que sustenta el terrorismo no tolera ninguna opinión en su contra.

/ 1 de julio de 2017 / 04:13

El pasado de 7 de junio fuimos testigos de dos atentados terroristas perpetrados por el Estado Islámico (Daesh, en árabe) en Teherán. Casi dos semanas antes, el 21 de mayo, el Presidente de Estados Unidos se reunió en Riad con autoridades de algunos países árabes, invitados por Arabia Saudí. Según se anunció, el objetivo principal de ese encuentro era movilizar y articular esfuerzos para enfrentar al terrorismo. Sin embargo, la verdadera intención de Arabia Saudí era aprovechar aquella reunión para organizar y coordinar una campaña contra la República Islámica de Irán.

Desde el inicio de la revolución islámica, Arabia Saudí ha adoptado un enfoque destructivo para expandir la iranofobia con infundadas y falsas acusaciones, y así poder destruir los constructivos esfuerzos de Irán destinados a reducir las tensiones en Medio Oriente. El aumento de las tensiones por la millonaria compra de armamento bélico estadounidense por parte de la monarquía saudí también forma parte de este enfoque destructivo.

Tras la reunión en Riad y el lobby por presentar a Irán como una amenaza para la paz y la seguridad del mundo, en lugar de a los terroristas, los yihadistas de Daesh mostraron una mayor determinación en su afán por perpetrar ataques en diferentes partes del mundo. Los atentados ocurridos posteriormente en Inglaterra, Egipto y Teherán constituyen una muestra clara de la errónea e irresponsable política saudí.

No es la primera vez que somos testigos de una política de esta naturaleza en contra de Irán. Por ejemplo, la invasión impulsada por el exdictador iraquí Saddam Husein contra Irán en los 80 contó con el respaldo financiero, militar y de inteligencia de Arabia Saudí. Otra muestra de esta política constituye su apoyo a los grupos terroristas para infiltrase en Irán, especialmente por las fronteras del sureste de nuestro territorio.

Ahora bien, la comunidad internacional puede aprender algunas lecciones a partir de los atentados registrados recientemente en Teherán y en otras ciudades del mundo.

Primera lección: este nefasto fenómeno tiene su origen en el pensamiento que deviene de las enseñanzas takfiríes proporcionadas por Arabia Saudita. El pensamiento radical que sustenta el terrorismo de hoy en día no tolera ninguna palabra u opinión en su contra, rechaza todo lo que le es contrario. Además, se atribuye la autoridad de poder cometer actos de terrorismo contra aquellos que se le oponen.

Todas las personas conscientes, informadas, buscadoras de la verdad y la justicia en diferentes países están al tanto de que el terrorismo actual está siendo alimentado por Arabia Saudí.

Segunda lección: no se puede luchar contra el terrorismo sin combatir el pensamiento takfirí. Esta doctrina es el punto común entre los grupos extremistas como Daesh y de Al-Qaeda, cuyos miembros provienen de diferentes países, árabes, europeos, asiáticos, de EEUU, etc. Este pensamiento hoy es promovido por Arabia Saudí, cuna de su aparición. Es un hecho histórico que el wahabismo saudí ha crecido gracias al respaldo de Arabia Saudí, país que se ha convertido en el patrocinador de grupos que han asumido esta escuela de pensamiento, lo que constituye un factor clave para la inestabilidad e inseguridad en el planeta.

Por lo tanto, con el fortalecimiento y el apoyo político a la monarquía saudí se debe esperar asimismo un mayor crecimiento del pensamiento takfirí, así como también de los ataques terroristas. No hay que olvidar que 15 de los 19 terroristas que perpetraron los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos eran súbditos de Arabia Saudí, donde fueron entrenados. Los otros cuatro eran ciudadanos de países árabes amigos de Arabia Saudí. Mientras no se adopten acciones concretas para detener este pensamiento, habrá que preocuparse por incidentes similares en el futuro.

Tercera lección: como parte de la tergiversación de la verdad respecto a este fenómeno, entre 2012 y 2015 Estados Unidos y algunos de sus países aliados hicieron hincapié en que la cuestión más importante de Medio Oriente era el alejamiento del poder en Siria de Bashar al Assad. Incluso impulsaron la división entre terroristas “buenos” y “malos”, siendo que en realidad no existen los terroristas buenos. Si durante esos años en lugar de fortalecer a los terroristas hubieran combatido junto a Irán, seguramente la magnitud de este fenómeno hoy sería mucho menor.

Lamentablemente hoy en día tampoco se realizan los esfuerzos necesarios para luchar contra los terroristas. Lo exhibido hace poco en Riad fue un claro ejemplo de este espectáculo de desviar la opinión pública mundial respecto a la lucha contra el terrorismo y sus patrocinadores; esfuerzos que no van a arribar a soluciones concretas mientras los países poderosos, especialmente Estados Unidos, traten de ocultar la verdad del terrorismo, a las naciones que lo patrocinan y los pensamientos que lo apoyan. Y esta situación es aprovechada por los gobernantes wahabíes para fortalecer a los terroristas, directa e indirectamente, por intermedio de su riqueza petrolera con el objetivo de consolidar su dominio, y que las potencias mundiales les acompañen con su silencio. El atentado del 7 de junio en Teherán pone en evidencia que el grupo terrorista Daesh es la principal amenaza contra la paz y la seguridad en el mundo.

Cuarta lección: si no se controla al terrorismo, sus efectos se van a extender a todas las regiones del mundo. Los atentados registrados en días pasados en Filipinas, Irak, Siria, Líbano, Manchester, Londres, París y Teherán ponen en relieve que los riesgos del terrorismo takfirí no se limitan a uno o a unos cuantos países.

Quinta lección: la única manera de combatir el terrorismo hoy en día es a través de la suma de esfuerzos colectivos. El alcance de sus acciones muestra que solamente es posible detener el terrorismo takfirí combinando esfuerzos unilaterales y bilaterales, y que la lucha contra este devastador fenómeno requiere la cooperación colectiva y multilateral.

Hoy en día el terrorismo tiene muchas metas, y hacer frente a este desafío requiere la colaboración de todas las partes involucradas. Pero el reciente apoyo político de Estados Unidos a Arabia Saudí, a pesar de la certeza del respaldo de ese país a los terroristas, no solamente constituye un obstáculo en el combate antiterrorista, sino que además aumenta la determinación de los terroristas. La comunidad internacional escuchó en boca del Ministro de Defensa saudí que el reciente atentado terrorista llevaría la batalla al suelo iraní.

La República Islámica de Irán no solo es el principal promotor de la lucha contra el terrorismo en Irak y Siria, sino también es la mayor fuerza de lucha contra Daesh en la esfera regional, desde Siria hasta Irak, Yemen y otras partes. Por ello, el atentado registrado en Teherán puede entenderse como una venganza de la lucha iraní contra Daesh en la región.

Si Irán no se hubiese erigido como el abanderado de la lucha antiterrorista en Medio Oriente, hoy en día el mundo sería testigo de una presencia más fuerte de terroristas a lo largo y ancho del planeta. Por ello, la República Islámica de Irán continúa realizando actividades antiterroristas, pero además cree que los esfuerzos colectivos son la mejor manera enfrentar a este siniestro fenómeno. Cada día resulta más necesaria la lucha antiterrorista, y cada día que el inicio de esta cooperación colectiva se demora refuerza a los terroristas y a sus actividades.

Para finalizar, considero necesario subrayar la permanente disposición de la República Islámica de Irán de cooperar en cualquier política, regional e internacional, que esté encaminada a erradicar el nefasto fenómeno del terrorismo. Creemos que ningún país está a salvo de las amenazas terroristas y que por tanto la seguridad de los países debe entrelazarse.

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40 años de lucha del pueblo iraní

Irán no pretende dominar a los demás y no acepta el dominio de otros.

/ 20 de febrero de 2019 / 04:27

El 12 de febrero se celebra el cuadragésimo aniversario de la victoria de la Revolución Islámica y el Día Nacional de la República Islámica de Irán. La Revolución Islámica fue orientada hacia el rechazo de la opresión  interna, el dominio y la intervención externa y la materialización de la libertad, la justicia y la independencia.

Esta revolución posee características únicas que a pesar de todas las hostilidades con las que se enfrentó durante estos largos  años, siguieron manteniendo la revolución sólida y firme. Esas características son las siguientes: Esta revolución fue cien por ciento popular. No hubo presencia ni actividad de ningún grupo guerrillero armado ni un partido político militar ni un grupo de oficiales revolucionarios y libertarios. Estuvo allí solo el propio pueblo y nadie más.

La Revolución de Irán se inspiraba en las enseñanzas religiosas del islam y tomó todo su propósito, sus principios e incluso los métodos de lucha, así como la forma del nuevo sistema y su tipo de administración de esta religión.

La no dependencia a Oriente ni al Occidente fue otra característica excepcional de esta gesta, y sigue siendo la política decisiva de nuestro sistema revolucionario.

Otra característica es resistir ante “las hostilidades y los golpes excepcionales” en su contra. La Revolución todavía no había llegado a su triunfo que la hostilidad hacia ella, mayormente por parte de Estados Unidos, comenzó y se mantiene aún; como último ejemplo se puede mencionar el rechazo de la resolución del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

La primera conspiración contra la Revolución Islámica del pueblo persa comenzó en los primeros meses de su victoria, con  el intento de dividir a Irán, pero la nación iraní jamás lo permitió.

El siguiente paso fue el intento de hacer un golpe de Estado contra la Revolución de ese pueblo, que tampoco tuvo éxito. Intentaron realizar un golpe militar, pero los mismos comandantes del ejército filtraron los planes de EEUU e impidieron tal golpe.

La tercera conspiración contra la nación iraní fue que Irak con todo el apoyo de Occidente, impuso una guerra a Irán, en la que se entregó todo tipo de armas avanzadas a Irak y, bajo un silencio significativo internacional, incluso nos bombardeó con armas químicas y dejó víctimas con lesiones graves que después de muchos años siguen sufriendo una muerte paulatina horrible.  

Después de que fracasaron la división, el golpe de Estado y la guerra comenzó el cuarto y último movimiento que no era nada más que imponer sanciones injustas y crueles sobre ella. El pueblo iraní ha salido victorioso ante tantas atrocidades y problemas,  basándose en la autoconfianza y apoyándose en sus capacidades, y así reconstruyó las ruinas que había dejado la guerra, eliminando los efectos de las sanciones y ha logrado grandes éxitos.

El pueblo iraní nunca ha tenido la intención de atacar e invadir a otros países ni ha iniciado alguna guerra en los últimos 200 años, y siempre ha ayudado a sus vecinos sin ninguna expectativa cuando ellos la necesitaban.

El lema  de la República Islámica de Irán en su política exterior siempre ha sido no agredir a los demás y no aceptar el intervencionismo ni la opresión. Irán no pretende dominar a los demás y no acepta el dominio de otros. Mantenemos relaciones de hermandad y amistad por excelencia con cualquiera que no pretenda oprimirnos, sea cual fuese su religión y su creencia, tratándole de la mejor forma posible.  

* Embajador de la República Islámica de Irán

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ISIS y la seguridad en Medio Oriente

La seguridad debe ser integral. No puede ser posible que un país tenga seguridad y su vecino no.

/ 13 de enero de 2018 / 04:00

El pasado 9 de diciembre, el primer ministro iraquí, Haider al-Abadi, anunció oficialmente el fin de la guerra contra el Estado Islámico (Daesh) en Irak, y declaró el 10 de diciembre Día de la Victoria y fiesta nacional. Las pérdidas económicas ocasionadas en Irak por la guerra contra el ISIS (por sus siglas en inglés) se estiman en más de $us 150.000 millones, pero el daño material no es el único. Cientos de miles de personas fueron oprimidas, miles de inocentes fueron asesinados e innumerables familias perdieron a sus cabezas de hogar. Asimismo, es necesario recordar que los yihadistas del ISIS asesinaron brutalmente a los varones de la minoría kurda izadí, capturaron a sus mujeres y a sus niñas, y las vendieron como esclavas.

Estos son los costos que los financiadores y patrocinadores de armas al Daesh han impuesto al pueblo iraquí, con el objetivo de desviar la atención del problema palestino para apoyar al régimen sionista. En Siria también apoyaron al Daesh para que, con el derrocamiento de Bashar al-Assad (presidente legítimo electo por el pueblo de ese país), pudiesen eliminar una de las líneas de resistencia contra el régimen de Israel y reemplazar al ISIS en su lugar.

En términos militares, el Daesh está destruido, pero todos los países del mundo deberían luchar para eliminar su pensamiento e ideología, que devienen del wahabismo, la ideología radical de Al-Qaeda, de su filial en Siria (ISIL), y del resto de los grupos fundamentalistas que ejecutan ataques terroristas desde Karachi hasta Manchester. De lo contrario, este pensamiento se manifestará con otros nombres y en otras formas religiosas en todo el mundo.

A pesar de haber logrado superar el desafío militar del Estado Islámico, Irak enfrenta todavía grandes retos de seguridad emanados de la supervivencia del ISIS y de los baazistas; brechas sociales, étnicas y religiosas profundas; problemas económicos y la destrucción masiva de infraestructura; intervenciones extranjeras y rivalidades políticas internas, especialmente en vísperas de las próximas elecciones parlamentarias de mayo de 2018.

La República Islámica de Irán siempre, con todas sus fuerzas, ha intentado garantizar la estabilidad política, mejorar la seguridad, impulsar el retorno de la calma y asegurar la provisión de las necesidades del pueblo y del Gobierno de Irak. Y a partir de ahora, utilizará esos buenos lazos con Irak para fortalecer la cohesión nacional y consolidar el proceso político en ese país. Pero parece que algunos países poderosos de Occidente consideran beneficiosa la crisis en Medio Oriente para sus intereses y el régimen de Israel. Por lo tanto, interfieren en los asuntos internos de los países de la región.

En Irak prácticamente ayudan al ISIL a sobrevivir; y con el planteamiento de cuestiones como la autonomía del Kurdistán iraquí están impidiendo un entendimiento nacional en ese país. Por otro lado quieren que Irán abandone su industria de misiles de defensa; y en Yemen están impulsando una tragedia humana, al patrocinar los ataques y los bombardeos impulsados por Arabia Saudita contra el pueblo indefenso de esa nación.

Aunque el imperialismo estadounidense trata de ocultar su fuerte apoyo a Arabia Saudita en la guerra contra Yemen, todo el mundo sabe que el viaje de Trump a Riad en mayo de 2017 y los contratos de armas con este país han potenciado las ofensivas militares saudíes. Estos ataques son tan brutales e inhumanos que muchos países occidentales se han visto obligados a oponerse contra ellos, y en la práctica han apoyado el plan de cuatro elementos propuesto por Irán para poner fin a la crisis en Yemen, consistentes en garantizar el alto el fuego inmediato, la entrega inmediata de ayuda humanitaria, apoyar el diálogo entre grupos yemeníes y ayudarlos a crear un gobierno inclusivo de unidad nacional con el apoyo de los vecinos.

La seguridad en una región debe tratarse de manera integral. No puede ser posible que un país tenga seguridad y su vecino no. Esto también es cierto respecto a Irak, Siria, Yemen y otros países de Medio Oriente. Sobre esta base, de lograrse establecer la resolución de los problemas a través de diálogos nacionales en Medio Oriente, sería posible erradicar la crisis en la región. Pero si un país continúa bombardeando a otro, o si quiere desarmar a los grupos defensores del pueblo, o quiere eliminar las armas nacionales de un Estado para volverlo vulnerable a los ataques de otros, obviamente ninguna de las naciones de esa región tendrá seguridad.

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Ha pasado el tiempo de las amenazas

Las potencias en la esfera mundial optaron por la racionalidad en sus conductas con Irán.

/ 12 de febrero de 2017 / 03:39

Este mes se cumplen 38 años desde que  triunfó la revolución del pueblo iraní en febrero de 1979.

La revolución islámica de Irán se hizo en oposición a la dominante e inhumana hegemonía como la continuación de una línea dorada de la civilización humana para su progreso.

El filósofo griego Aristóteles declaró más de 300 años antes del nacimiento de Cristo que la felicidad humana depende de su cooperación en un entorno tranquilo. El renombrado científico político francés de la era de La Ilustración, Marqués de Condorcet, esperaba que los avances en las ciencias naturales conllevaran para el ser humano el progreso moral, la justicia y la felicidad.

Este fue el mensaje que los profetas divinos que han hecho llegar reiteradamente al ser humano: que las diferencias culturales y las diferencias entre los seres humanos deben ser como herramientas para la prevención del absolutismo, así mismo debería ser planificado el progreso moral de todas las personas en la tierra a base del respeto mutuo y el aprendizaje de diferentes culturas y perspectivas.

Afortunadamente, hoy en día, los pueblos han alcanzado este desarrollo intelectual para comprender que el destino de todas las naciones en este planeta está correlacionado y ninguna nación puede preservar por sí sola su medio ambiente.

Ya ha pasado el tiempo de las amenazas, coerciones, la construcción de muros y las prohibiciones raciales, religiosas y regionales. Si uno quisiera resucitarlas, no solo no tendría éxito, sino que dejaría por el suelo su reputación.

La República Islámica de Irán cree que las controversias han de ser resueltas mediante la prudencia y el diálogo. Por eso mi gobierno acudió a un proceso negociado para resolver el problema nuclear. Esta es una convicción correcta, verdadera y permanente, lo testifica el hecho de registro en las Naciones Unidas del Fatwa o Decreto Religioso emitido por el líder supremo de la República Islámica de Irán, el Ayatollah Ali Khamenei, respecto a la prohibición del uso no pacífico de la energía nuclear. Otra muestra de esta convicción es la declaración explícita del Ministro de Asuntos Exteriores de Irán respecto a la no utilización de las armas contra otros países como una iniciativa primaria. Pero otros países de la región no se atreven de hablar de esta afirmación.

Frente a la resistencia y perseverancia del pueblo iraní ante las sanciones crueles impuestas, las potencias en la esfera mundial optaron por la racionalidad en sus conductas con Irán, al darse cuenta de la invalidez del uso de la fuerza en la nueva era. Este enfoque acabó con el entorno de seguridad y chantaje, sustentados en falsedades contra Irán y desde ese momento empezó una cooperación racional de la cual hemos sido todos testigos. Lo que se ha cambiado es que la comunidad internacional actualmente considera a la República Islámica de Irán como parte de la solución especialmente en la región de Medio Oriente; como resultado, Irán con sus planes y propuestas e iniciativas está dirigiendo el asunto. Hoy Irán está desempeñando un papel determinante en las negociaciones de la paz en Lausana, Suiza y Astaná. Lo ejecutado por la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas respecto a las conversaciones de paz para Siria fue lo planteado por Irán.
Me gustaría aprovechar esta oportunidad para informarles acerca de las cuatro valiosas lecciones aprendidas a costo de la vida de muchísimos seres inocentes en nuestra región:

1. La lección aprendida con respecto a la situación de Libia: desde el punto de vista de la seguridad, se puede llegar a la conclusión de que la existencia de una persona con autoridad en el poder sería mejor que la situación de caos.

2. La lección aprendida en cuanto a Yemen, es que no se puede imponer una receta desde afuera.

3. La lección aprendida respecto a Irak, es que se incrementaría la inestabilidad si se destruyen las entidades estatales y no se puede considerar sustituto alguno para éstas.

4. La lección aprendida con relación a Afganistán es que se puede derrocar a un país mediante armamentos y fuerzas militares, pero no se puede asegurar la imposición del orden y la estabilidad por la opción militar.

Por eso pueden observar que las amenazas militares, la construcción de muros así como aislarse, ya no tiene eficacia alguna y sería mejor moverse hacia el diálogo y negociaciones, como bien dice el refrán español: hablando se entiende la gente. Hablando y dialogando de forma que tenga el mejor resultado: ganar-ganar, no como la transacción de una agencia inmobiliaria que quiera vender una propiedad o un casa para su propio beneficio y punto.

Para finalizar, un poco acerca de relaciones de Irán con el país amigo, hermano y querido de Bolivia:

El desarrollo de relaciones con los países latinoamericanos, particularmente con el país amigo y hermano de Bolivia, constituye una de las políticas principales del Gobierno de la República Islámica de Irán. Irán está dispuesto a tener reciprocas colaboraciones económicas con todos los países de la región y se ha entablado este proceso desde hace muchos años.

Creemos que Irán y los países de América Latina pueden tener una mayor cooperación en las diversas esferas: política, económica, cultural, industrial, académica, sanitaria, agrícola, minera, construcción de carreteras, viviendas, etc. Tales cooperaciones, en consonancia a los programas de desarrollo nacional como el derecho inalienable de los pueblos, serían beneficiosas para los pueblos de ambas regiones.

Estos son ejemplos de la importancia que Irán da a esta región, especialmente a Bolivia. Y para que conste, decir que nosotros no olvidaremos a nuestros amigos de tiempos duros.

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Ilegítimo ataque saudí contra Yemen

Los bombardeos contra Yemen han causado numerosas pérdidas entre la población civil

/ 23 de mayo de 2015 / 06:12

Arabia Saudita inició una agresión militar contra Yemen anunciándola como una respuesta al pedido que hizo el presidente dimisionario yemení Abdrabbo Mansur Hadi para luchar contra los rebeldes huties en ese país, sobre la base del principio de legítima defensa, enmarcado en la Carta Fundacional de las Naciones Unidas, para lo cual se prevé emplear todos los medios posibles, incluyendo la intervención militar. El propósito del presente artículo es el de analizar la legitimidad de esta intervención desde tres puntos de vista: a) la legislación interna, b) el derecho internacional y c) el derecho humanitario de Yemen.

a) Según la Constitución yemení, las condiciones que posibilitan la intervención de un país extranjero para estabilizar la situación interna no coinciden con la situación existente. Existen dos vías para legitimar el uso de fuerzas militares foráneas en Yemen, una debe contar con la aprobación del Parlamento, y la otra, por el Consejo de Defensa Nacional.

La Constitución de ese país establece que “tras la aprobación del Parlamento, corresponde al presidente anunciar la movilización de las tropas”. Sin embargo, el presidente no puede decidir una intervención militar sin la aprobación parlamentaria. Además, el Consejo de Defensa Nacional, hasta antes de la agresión saudí, no había sido convocado para este particular ni tampoco se había aventurado a tomar una decisión al respecto. Por lo tanto, la agresión militar en Yemen, además de vulnerar su Constitución, constituye una violación del derecho internacional, empleando el uso de la fuerza en asuntos internos, con el riesgo de desmembrar la integridad territorial de Yemen.

b) Según la Carta Fundacional de las Naciones Unidas, los miembros de esa organización se comprometen a “arreglar sus controversias por medios pacíficos, de tal manera que no se arriesguen ni la paz y la seguridad internacionales ni la Justicia”. Este principio prohíbe la recurrencia a cualquier medio no pacífico. Asimismo prohíbe a todos los miembros recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza, así como a cualquier otro método incompatible con los propósitos de la ONU contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. “Todo miembro de las Naciones Unidas que haya violado repetidamente los principios contenidos en esta Carta podrá ser expulsado de la organización por la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad”.

Como se puede colegir, la agresión saudí contra Yemen no corresponde con los propósitos internacionales. La Carta de las Naciones Unidas establece que los Estados antes de cualquier acción militar deben apelar a la negociación, la investigación, la mediación y otros medios pacíficos. Lo significativo de estos principios internacionales es que establecen el modo de intervención del Consejo de Seguridad de la ONU en la solución de diferendos entre dos o más Estados. Sobre esta base, primero el Consejo debe pedir a las partes involucradas que solucionen las diferencias por dichos medios. De no ser posible esta vía, las partes deben someter a un diferendo al Consejo de Seguridad; y más importante aún es el rol que se le ha asignado a esta instancia de la ONU respecto a recomendaciones a las partes. La Carta establece que “ninguna disposición menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectivamente, en caso de ataque armado contra un miembro de las Naciones Unidas, hasta que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales. Las medidas tomadas por los miembros en ejercicio del derecho de legítima defensa serán comunicadas inmediatamente al Consejo de Seguridad”.

Por tanto, la justificación saudí para una intervención militar en Yemen, basada en la solicitud del expresidente yemení (Hadi presentó su dimisión al Parlamento en enero ante las crecientes exigencias de los rebeldes), es injustificable, y es imposible referirse a tal solicitud como un pedido legítimo. Riad solamente podría justificar su acción en caso de que el exmandatario fuese presidente.

Segundo, Arabia Saudita, antes de la agresión, habiendo informado de la situación al Consejo de Seguridad, debería haber obtenido el permiso necesario. Abdrabbo Hadi solamente era la persona encargada del proceso de transición de poder en Yemen, y carece de la atribución para solicitar la intervención militar del Gobierno saudí.

En resumidas cuentas, según la Carta Fundacional de las Naciones Unidas, la invasión a Yemen es un hecho ilegítimo e ilegal. Este documento establece que los países deben contar primeramente con la aprobación del Consejo de Seguridad antes de realizar acciones contra cualquier otro país. Éste es un paso que de ninguna manera han dado las autoridades saudíes antes de la invasión a Yemen, vulnerando lo establecido en la Carta. Es obvio que el Consejo de Seguridad se vendó los ojos ante esta notoria violación de los sauditas, que está ocasionando una matanza de inocentes, así como la destrucción de la infraestructura de Yemen.

c) Los ataques contra Yemen han causado numerosas pérdidas humanas entre la población civil. Los objetivos de los sauditas para doblegar al pueblo yemení incluyen la destrucción de la infraestructura urbana, las redes de los servicios básicos y los hospitales. Tales daños y agresiones entran en contraposición con las declaraciones y resoluciones de la ONU en referencia al respeto a los derechos humanos y a los principios básicos sobre el apoyo a los civiles en situaciones conflictivas. Pese a que estos documentos vinculantes prohíben los ataques contra los civiles, Arabia Saudita continúa realizando estas acciones.

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