Voces

lunes 26 jul 2021 | Actualizado a 15:52

Estado Plurinacional

El hecho en sí muestra hasta qué punto el tema Che-guerrillas sigue desatando las pasiones políticas.

/ 8 de octubre de 2017 / 13:44

Tal vez quienes representan hoy a España podrían aprender de la Bolivia plurinacional, una de sus antiguas colonias: la capacidad de poder ser a la vez un Estado unitario y también pluri-nacional. El punto de partida es que el concepto de “nación” tiene una historia mucho más antigua que el de “Estado”, dentro de un amplio margen de maniobra de ambos en su concepción.

Tanto la nación como el Estado ya estaban presentes desde antes de la Colonia, aunque con otros nombres. Por ejemplo el Tawa-ntin-suyu (los cuatro suyus unidos). El nombre mismo nos habla de cuatro categorías territoriales “estatales” que confluían en la ciudad capital del Cusco; cada suyu con sus muchas “naciones” (culturales) hasta llegar a cubrir todo el imperio incaico: Qulla y Chinchay, siguiendo las serranías andinas; y de forma perpendicular cruzando esas diversas serranías, hacia la selva amazónica (Anti), y hacia el mar (Kunti). A niveles inferiores había otros suyus (territorios) sean “estatales” o “nacionales”.

Ya en la Colonia, el célebre lingüista Ludovico Bertonio (1612) habla de las numerosas naciones aymaras que confluían en la mita de Potosí, la principal proveedora de plata para el imperio español. En las grandes insurrecciones de 1780-1783, que abarcaron desde el sur de Perú hasta el norte de Chile y Argentina, las tropas indígenas insurrectas venían de numerosas “naciones” quechuas, por el lado de los Amarus; y aymaras por el lado de los Kataris. Y ambos ponían en jaque al Estado colonial español y a sus virreyes de Lima (ya antiguo) y de Buenos Aires, recién creado.

Con la independencia en el siglo XIX, todo se repartió a los vencedores en función del uti possidetis (“tal como lo poseíais antes”). Por eso, la “nación” aymara quedó dividida al norte para el Estado del Perú, incluyendo el departamento (estatal) de Puno, que antes de crearse el virreinato de Buenos Aires era “posesión” del virreinato (estatal) de Lima y de la audiencia (estatal) del Cusco. Y el resto era para el Estado de Bolivia. Fue recién entonces que estos nuevos Estados empezaron a reservar (o usurpar) también para sí la posibilidad de ser también una nación-Estado. Fue un acto fallido, porque, reconózcanlo o no, son muchos los Estados plurinacionales.

Ahora, desde el ascenso del aymara Evo, Bolivia se denomina Estado Plurinacional porque cada grupo étnico es reconocido como “nación”, con sus propias autonomías, que en este caso les vendría desde antes de que Bolivia, Perú, ¿España?, etc. fueran un “Estado”.

Cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) incluye una sección de “naciones sin Estado” se refiere sobre todo a naciones que pretenden ser Estado, como Cataluña. La ONU debería llamarse “de Estados Unidos”, si no existiera una nación-Estado así llamada.

Aterricemos en el actual conflicto entre el Gobierno central de España y los catalanes, que tiene una historia mucho más larga y compleja, sobre la que no puedo ni quiero entrar. Desde mi distante perspectiva boliviana, me parece que un momento clave fue cuando el Tribunal Constitucional de España, después de deliberar cuatro años, rechazó en 2010 el Estatuto catalán, que ya había sido refrendado por todas sus instancias locales con una aprobación del 70% de los electores.

Dijo Rajoy: “No cabe que Cataluña sea una nación, ya que desde el punto de vista constitucional, no hay más nación que la nación española”, y a esa nación “no pueden equipararse las nacionalidades y regiones que integran su indisoluble unidad”. Desde entonces se han multiplicado las voces y banderas catalanas por su independencia. ¿No podría ensayarse también en España lo del Estado plurinacional?

Es antropólogo lingüista y jesuita.

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Solución de dos Estados y condiciones favorables

/ 26 de julio de 2021 / 00:56

Han pasado más de dos meses desde la última escalada militar israelí contra los territorios palestinos y más de un mes desde la elección del actual gobierno israelí encabezado por el colono Neftalí Bennett, y todavía no se ha observado ningún movimiento para la reconstrucción de los edificios destruidos por la aviación militar israelí, a pesar de la promesa de enviar ayuda de muchos países.

El llamado cambio de gobierno encabezado por Bennett ha acordado con los colonos el mantenimiento y la ampliación de los asentamientos y la continuación de la política de los hechos consumados entre el ex primer ministro Benjamín Netanyahu y los líderes de los colonos respecto a la aprobación de la construcción de asentamientos, la continuación de la política de confiscación de tierras palestinas y la judaización de la mayor parte de Cisjordania.

El gobierno actual de ocupación destina la mayor parte de su presupuesto financiero a los asentamientos, apoyando y fomentando el robo de tierras palestinas.

Yair Lapid, el ministro de Relaciones Exteriores de Israel, en la reunión con sus homólogos europeos, durante el Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea en Bruselas, dijo: «No es ningún secreto que apoyo la solución de dos Estados», pero agregó: «Desafortunadamente, esto no es posible actualmente, no pueden pedirnos que construyamos una nueva amenaza con nuestras propias manos”. Por lo tanto, cualquier negociación futura no conducirá a un Estado palestino.

Lo más peligroso de sus declaraciones es este pensamiento de referencia, derivado de la ideología sionista, que no acepta la idea de que habrá un Estado palestino. Y esto a pesar de todas las garantías ofrecidas por los palestinos, que prometen un Estado pacífico, democrático y desmilitarizado. Estas declaraciones significan que el techo de Israel en las próximas negociaciones con los palestinos no se elevará por encima de otorgar más poderes a una autoridad autónoma que es menos que un Estado con algunos derechos en el ámbito económico.

Cuando el movimiento sionista anunció el 15 de mayo de 1948 el establecimiento de Israel, muchos países lo reconocieron, pero lo importante es que Naciones Unidas estipuló que para la entrada de Israel en la membresía de las Naciones Unidas, debía proporcionar mapas de sus fronteras dentro de los seis meses y hasta este momento, Israel no los ha presentado; aun así, obtuvo el reconocimiento de los países del mundo.

Las declaraciones de Lapid de que «la solución de dos Estados no es posible actualmente» son fruto de que sabe que aún no ha llegado el momento de implementar todos los planes de Israel hacia el control, anexión, expansión, asentamiento y carreteras de circunvalación en las tierras palestinas. Cuando Israel termine de implementar todos sus proyectos, quizás anunciará sus fronteras geográficas al mundo entero, momento en el que ya no habrá posibilidad de establecimiento de un Estado palestino.

No existe otra situación similar en este mundo moderno donde la solución sea reconocida y consensuada internacionalmente como la cuestión de Palestina, pero la comunidad internacional no ha asumido sus responsabilidades ni ha garantizado el cumplimiento por parte de Israel del derecho internacional humanitario. Considerar a la potencia ocupante como una excepción no solo destruye las perspectivas de justicia y paz, sino que destruye los cimientos del derecho internacional y la credibilidad del sistema multilateral.

Solo una acción política, jurídica y diplomática eficaz garantiza la rendición de cuentas y crea presiones para detener estas violaciones y los crímenes israelíes en curso contra el pueblo palestino. La situación actual brinda una oportunidad para que la comunidad internacional mejore sus esfuerzos diplomáticos para afrontar la ocupación colonial israelí ilegal por todos los medios políticos, diplomáticos y legales legítimos, activando el proceso de rendición de cuentas por los crímenes de Israel, incluso apoyando la investigación de la Corte Penal Internacional y tomando medidas efectivas para lograr una solución política justa y sostenible.

La continuación del sangriento escenario impuesto por la fuerza de la ocupación israelí sobre nuestro pueblo palestino convierte las posiciones internacionales en meras palabras desprovistas de contenido y en una forma absurda de administración del conflicto.

El pueblo palestino tiene derecho a disfrutar de una vida libre, de vivir lejos de las prácticas de genocidio y de violación diaria de los derechos humanos.

Mahmoud Elalwani es embajador del Estado de Palestina en Bolivia.

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Paz social y recuperación económica

/ 26 de julio de 2021 / 00:52

Es —relativamente— poco común hacer explícita la relación entre paz social y economía. Nocionalmente, quienes nos dedicamos a pensar la sociedad, la política y la economía —ya más profesionalmente, ya en charlas de café con nuestras amistades— solemos tender esporádicas líneas de vinculación, percibiendo algo más allá, pero las novedades del análisis de la relación entre economía y política resaltan por su escasez.

Para tener una idea del grado de conflictividad de un sector o una región, un primer dato importante es conocer qué tipo de demandas va a tener un sector y qué capacidad de movilización puede tener. Por ejemplo, si se movilizan los cooperativistas mineros, el tipo de demanda tradicional será referido a la presión tributaria que ellos reciben. Y sabemos que en ese caso, la ciudad de La Paz recibirá enormes cantidades de visitantes munidos de dinamita.

Si, por otro lado, son los profesores quienes sienten que el Gobierno “les mete la mano al bolsillo”, las marchas masivas, persistentes y de largo aliento se apoderan de las calles. Los transportistas pelean centavo a centavo bloqueando esquinas con sus motorizados.

Comerciantes gremiales tienen mucha mayor capacidad de movilización que los pequeños productores urbanos y entran en conflicto con las autoridades municipales. Los microproductores prefieren estar fuera de la vista del Estado y aparecen poco en público. Pero cuando la cosa aprieta, como en la crisis del microcrédito a inicios de los 2000, salen todos.

Menos evidente es el tipo de pelea/resistencia que tendrán, por ejemplo, los conciudadanos y conciudadanas de clase media en un contexto de crisis. Y, si bien su capacidad de movilización es escasa, tienen capacidad de propagar agenda pública y sentidos comunes que, en tiempos de crisis, se convierten en consignas de pesimismo. Luego de la consigna (está todo mal), viene la búsqueda de culpables.

Aunque el país continúa resintiendo los efectos económicos y sociales de la pandemia, mal que bien estamos sintiendo alguna recuperación; los pequeños negocios que no vendían absolutamente nada hace un año, mientras estábamos en cuarentena “dura”, ahora tienen la opción de activarse; albañiles, transportistas y gremiales ahora circulan y retoman su actividad, aunque con niveles de dinamismo aún muy tenues.

Adicionalmente, en términos macro, el país ha llegado a un equilibrio —a regañadientes— de las fuerzas políticas: el MAS ha impuesto su mayoría a nivel nacional y las oposiciones se han hecho fuertes en las capitales del eje troncal y han copado varias gobernaciones. Todos sienten que tienen un pedazo del poder y las voces que querían incendiar al tribunal electoral (con su presidente dentro), en el momento de la victoria del MAS, se quedaron sin agenda.

La estridencia de la pelea en los medios de comunicación entre los políticos profesionales y sus consignas partidarias, a veces nos hace olvidar que “la calle” está tranquila. La gente está ocupada en recuperar su situación económica y las energías no dan para que se movilicen por cuestiones ético/políticas.

Entonces la conflictividad se acota a los espacios regionales y sectoriales: el tema del censo, que hace pocas semanas parecía tener potencial de crecimiento, con la posibilidad de que varias regiones converjan y se levanten (siempre por las implicaciones financieras del asunto) ha sido desactivado con el anuncio de su realización para fines de 2022. En el muy corto plazo queda en agenda el conflicto por tierras (o por la renta de éstas) en Santa Cruz y —de manera mucho más tenue— la discusión sobre la fecha de llegada de las segundas dosis de la Sputnik V.

Potosí y Oruro creen que están peleando por un conflicto de límites e impuestos municipales, pero aquellos que quemaron el hotel no afectaron al municipio vecino, sino a cualquier esbozo de proyección de turismo medianamente seria para nuestro país.

Estamos en un momento de baja intensidad de conflictos y si son bien manejados, pueden convertirse en una victoria política para el Gobierno. Pero como vimos en el salar, una vuelta inesperada puede tener consecuencias más serias.

Pablo Rossell Arce es economista.

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Ciudadano

/ 26 de julio de 2021 / 00:48

Ciudadano era aquel que vivía en la civitas romana. Ciudadano era, entonces, la condición que tenía el habitante de estas ciudades. Para acceder a esta condición el ciudadano debía ser un jefe de familia (hombre libre y con recursos). Las mujeres, los hijos y dependientes de ese pater familias no podían ser ciudadanos. Después de la caída del Imperio Romano, el término perdió relevancia hasta que resurgió en la Revolución Francesa en la que se la usó como herramienta política para eliminar el uso de los vocablos madame y monsieur, democratizando la otrora elitista condición de ciudadano.

El término, aparentemente simple, esconde un debate que va más allá de la posibilidad de ejercer los derechos políticos; para algunos sociólogos, detrás de este concepto se halla una distracción para allanar las diferencias sociales y así evadir el problema de las clases sociales. Por ejemplo para Alfred Marshall, en su obra El futuro de las clases trabajadoras la igualdad que aportaba el ciudadano como pertenencia plena a una comunidad, era suficiente para invisbilizar otro tipo de desigualdades.

En un sentido jurídico el ciudadano es un sujeto de derechos por la pertenencia, en rango de “igualdad”, al conjunto de la comunidad; de esta pertenencia se desprenden tres elementos principales: civil, político y social. El elemento civil se caracteriza por aglutinar los derechos necesarios para el ejercicio de la libertad individual, vale decir que reúne a los derechos de expresión, religiosidad y pensamiento. El elemento político es el que contiene a los derechos de ejercicio activo (ser elegido) como pasivo (elegir). Finalmente, el componente social se refiere al bienestar del individuo dentro de su sociedad, es decir busca la generación de condiciones mínimas aceptables para el desarrollo de la vida

El concepto de ciudadano está íntimamente ligado a la idea liberal de individuo, por lo que en el discurso marxista es virtualmente inexistente, a menos que se lo vincule con la clase social a la que pertenece, dentro de la cual ejerce los derechos, ya sea en calidad de burgués o proletario. No olvidemos que cuando se pregunta a Blanqui cómo se identifica, él responde: proletario como una manera de desplazar la noción de ciudadano que evitaba referirse a las condiciones sociales que posibilitaban la eficacia del ejercicio de derechos.

Pese a las críticas que puede tener la noción de ciudadano, hoy se habla de una ciudadanía multicultural y de una ciudadanía universal en busca de problematizar fenómenos como la diferencia cultural, las herencias coloniales, la migración, las precariedades laborales, la globalización, y todo ello respecto al ejercicio efectivo de derechos políticos, sociales y laborales en particular, sin más requisito que la condición humana.

Farit Rojas T. es abogado y filósofo.

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El Tigre te vacuna

Ricardo Bajo, periodista

Por Ricardo Bajo H.

/ 25 de julio de 2021 / 20:42

Introducción: los dos equipos llegan al clásico con técnicos cuestionados e hinchadas enojadas. Florentín vuelve a cambiar sistema y posición de los jugadores. Las novedades son éstas: los hermanos Sagredo son los laterales; Gómez es el cinco y el mixto es Barbosa; en el tridente aparecen Ramiro Vaca de enganche, Chura muy abierto por derecha y Arrascaita pegado a la banda izquierda; Reinoso es el nueve. Zago quiere repetir el último “eleven” pero Saavedra se lesiona en el calentamiento (Abrego ocupa su lugar). Insiste con Granell de enganche. Sadiku no está ni en la banca. Pablo Escobar observa el «match» desde las butacas de la preferencia, pegadito a la sur.

Nudo: el Tigre apuesta por la contra y cede la pelota a la «Academia». La primera parte es mala/muy estudiada, hay miedo a perder. La banda izquierda de Roberto Carlos Fernández es un coladero. Los stronguistas perdonan al contragolpe en varias muestras de falta de contundencia. Ramiro Vaca se obsesiona con imposibles pelotas filtradas que terminan en ataques celestes. Un palo de Granell ha dado el aviso y sobre el final, Ramos vacuna ante una defensa gualdinegra mal parada y sin marca.

Desenlace: si perdonas al Tigre, el Tigre te mata/vacuna. Zago regala toda la segunda parte y mete al equipo atrás. Florentín hace dos cambios arriesgados: saca del partido a Chura y mete a Blackburn para que Reinoso caiga a la posición de «wing» derecho y ponga centros para el panameño. El otro cambio es marca de la casa: el paraguayo Aldo Quiñónez entra por un golpeado Richet Gómez. En el medio, con un acomplejado Ramiro Vaca, la batuta la toma Willie Barbosa, que se pone al equipo al hombro, mete la quinta y destroza la contención celeste. La remontada es cosa de coser y cantar, incluido un golazo del brasileño sobre el cierre al ángulo de cordano. Antes, la curva sur ha cantado el “olé, olé, olé” ante un Bolívar desconcertado. Antes, Zago se vuelve a equivocar y mete/quema en un clásico caliente a changos como Kevin Salvatierra, Miguel Ángel Villarroel y Thiago Jiménez.

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La gloria no necesita medallas

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 25 de julio de 2021 / 20:18

Londres 1908, estaba a punto de culminar la prueba reina del atletismo y de los Juegos Olímpicos: la maratón. El desaparecido estadio White City lucía atestado por 75.000 almas expectantes. Los parlantes informaban que ya se acercaban los primeros corredores. El público esperaba ver a un fornido atleta a paso triunfal encabezando el pelotón, sin embargo, en medio de la zozobra de policías y oficiales de la prueba, apareció por la boca principal del recinto un hombrecito esmirriado de un metro y 59 centímetros, demacrado, con unos resaltantes mostachos negros. La inesperada y diminuta figura lucía al borde del colapso, se tambaleaba de modo dramático y, en su extenuación física y mental, equivocó el sentido de la pista, tomó para la izquierda. Los controladores, viendo su confusión y sus ojos desorbitados, intentaron indicarle que era para el otro lado; el montoncito de huesos se desplomó. Las piernas temblorosas ya no respondían a su mente. Fue socorrido y se levantó.

Conmocionado, el estadio entero se puso de pie. Agentes y encargados lo rodearon y ayudaron a pararse. Dio media vuelta y prosiguió su insólita marcha. Daba unos pasos y volvía a caer. Cuatro veces más dio de bruces contra el piso tras haber corrido 42 kilómetros entre el castillo de Windsor y el coliseo. La angustia sobrecogió a los presentes. Apenas lo separaban unos metros de la línea de meta y nadie lo perseguía, pero se veía desfalleciente, casi a punto de morir de fatiga, ya sobrepasado el límite del esfuerzo humano. Sólo parecía impulsarlo el anhelo de las tribunas y su extraordinaria fuerza interior. Altos y corpulentos deportistas al borde de la pista lo alentaban para que llegara; cada metro era una ovación. En noble actitud, parte del público lo aplaudía, otros miraban aterrados y los guardianes del orden y fiscalizadores lo auxiliaron hasta que pudo cruzar el cordón de sentencia. Cortó la cinta, hizo un par de metros y cayó como fulminado, siendo retirado en camilla. La muchedumbre aclamó su esfuerzo, más que una gesta deportiva, casi un acto de heroísmo. Luego sabrían su nombre: Dorando Pietri, un italianito de 22 años cuya colosal voluntad era mayor a sus fuerzas. Su escuálida figura venía siendo vitoreada por decenas de miles que bordeaban su paso por las calles londinenses. El número 19 se veía demasiado grande en su pecho. ¡Pero iba primero…! Justo en esa ocasión la maratón fue alargada hasta los 42 kilómetros y 195 metros, como hasta hoy.

«Y al final apareció, ¡pero cuán distinto al exultante vencedor que todos esperábamos!», escribió el británico Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, al ver a Pietri ingresando al escenario. El célebre escritor estaba allí, en el recién inaugurado White City, encargado de cubrir el final de la carrera para el diario Daily Mail. “No creo que ningún hombre de entre la multitud deseara que la victoria se le escapase a aquel valiente italiano”, comentó en su crónica.

La emoción general dio paso a una noticia desconcertante y amarga: Pietri no recibiría la medalla de oro, había sido descalificado por el reclamo del norteamericano John Hayes, que llegó segundo y denunció que Pietri había sido asistido por parte de los fiscales y vigilantes. Hayes llegó después, no había presenciado la ayuda, pero sí los miembros de su delegación. En efecto, el italiano quedó marginado del podio pese a su descomunal sacrificio. No obstante, ese día había nacido un héroe y tenido lugar una leyenda, la de Dorando Pietri.

Fue hospitalizado y estuvo debatiéndose con la muerte, pero se repuso. Unos días después, en el mismo estadio y a modo de compensación, la reina Alejandra de Gran Bretaña, que había presenciado la proeza y estaba enfadada con la inflexibilidad de los jueces, obsequió a Dorando una hermosa copa totalmente de oro y de gran tamaño.

Pietri se convirtió en una celebridad internacional y al año siguiente fue invitado a participar profesionalmente de muchas carreras en diversas ciudades de Estados Unidos, venciendo casi todas las veces a Hayes, demostrando que su victoria en Londres no había sido casualidad. Se montó una pista en el Madison Square Garden para un mano a mano con el estadounidense, el duelo tuvo altísima repercusión y congregó un gentío. Ya había protagonizado otras hazañas, como la del día en que, con 18 años, se enteró que había una competencia pedestre en su pueblo, Carpi, y que tomaría parte Pericle Pagliani, el mejor fondista italiano de la época. Pietri, que estaba con ropa de trabajo (era confitero), se anotó y le ganó al campeón nacional. Allí empezó a cobrar fama.

Pese a su juventud, su carrera fue extrañamente breve. Al convertirse en deportista rentado, no volvería a competir en los Juegos. En el marco del jubileo del Centenario argentino, en mayo de 1910, se organizó una maratón y fue invitado a disputarla. Buenos Aires lo vio correr por última vez y, curiosamente, cronometró su mejor marca personal: 2 horas 38 minutos y 2 segundos.

Dorando Pietri es la más cabal demostración de que ganar no es lo único. Su epopeya y la severidad de su descalificación fueron llevadas al cine, se escribieron cientos de artículos durante más de un siglo, Irving Berlin le compuso una canción, la célebre foto de su llegada ilustra una estampilla, hay pistas atléticas con su nombre y una inmensa estatua lo recuerda en la ciudad de Carpi. Hizo mucho por el orgullo italiano. No pudo ganar una medalla olímpica, aunque pocos promocionaron tanto el olimpismo como el modesto maratonista. Su foto cruzando la meta tambaleante, la mirada perdida y los comisarios de la competición instándolo a cortar la cinta es un ícono del deporte. Hayes ganó el oro, Pietri la idolatría. Era una época romántica de los Juegos, tiempos puros, sin política, sin corrupción ni mercantilismo, sin dopajes ni recompensas económicas, los atletas no eran máquinas, apenas jóvenes fuertes y ágiles con destreza natural para determinadas disciplinas.

El viernes comenzó la 32ª. edición de las Olimpíadas en Tokio. Como cada vez que llega la fiesta olímpica, reaparece la figura de aquel mínimo gigante italiano que enamoró a Inglaterra con su endeblez aparente y su fortaleza real.

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