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sábado 18 sep 2021 | Actualizado a 00:38

Tráfico de marfil

/ 27 de octubre de 2017 / 04:00

En 2016 la incautación de marfil llegó a las 40 toneladas, un nuevo récord mundial. Esta cifra, dada a conocer el miércoles por la Convención sobre Comercio Internacional de Fauna y Flora (CITES), pone en evidencia que la caza furtiva de elefantes en particular y de animales silvestres en general no conoce de treguas.

Sin embargo, no todos los datos son negativos: por quinto año consecutivo la caza ilegal de paquidermos en África ha descendido, luego de alcanzar un pico en 2011. Además, siempre según la misma fuente, una de las razones de este aumento se debe a la intensificación de los controles en las aduanas y a una vigilancia más rigurosa del transporte. También es posible que las existencias almacenadas en años anteriores hayan comenzado a comercializarse ahora por temor a la expansión de las prohibiciones.

De todas maneras, según la CITES, esta reducción sigue siendo insuficiente para garantizar la preservación de estos majestuosos animales, cuya población se ha reducido en un 30% en los últimos 10 años, y que cada año decrece en 8% debido precisamente a la angurria de grupos criminales que los cazan para comercializar sus colmillos particularmente a mercados de Asia donde son utilizados para elaborar artesanías y para la medicina tradicional.  

De allí la importancia de redoblar los esfuerzos en el ámbito mundial para contrarrestar los incentivos detrás de este nefasto negocio. De ello depende que se pueda garantizar el derecho de las futuras generaciones a vivir bien, en un entorno saludable. 

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Teléfonos inteligentes, ¿demasiado buenos?

/ 17 de septiembre de 2021 / 01:38

Voy a plantear una pregunta intencionalmente provocadora: ¿y si los teléfonos inteligentes son tan exitosos y útiles que están frenando la innovación? Los tecnólogos están imaginando en la actualidad cuál podría ser la próxima gran innovación. Pero puede que nunca más exista algo como el teléfono inteligente, la primera y quizás última computadora transformadora a nivel mundial para el mercado masivo.

Quizás termine pareciéndome a una de esas futuristas del siglo XIX que no pudo imaginar que los caballos serían reemplazados por los automóviles. Pero déjenme argumentar mi teoría de que probablemente el fenómeno de los teléfonos inteligentes nunca más podrá ser replicado.

Primero, cuando las personas en el mundo de la tecnología imaginan el futuro, apuestan de manera implícita a que los teléfonos inteligentes serán desplazados como el centro de nuestras vidas digitales por cosas menos obvias. Es decir, no unas placas que nos alejen de nuestro mundo sino tecnologías casi indistinguibles del aire que respiramos.

Actualmente, las gafas de realidad virtual son molestias aparatosas, pero la apuesta es que las tecnologías como la realidad virtual o las computadoras que pueden “aprender” como las personas, con el tiempo lograrán difuminar la línea entre la vida real y la vida en línea, entre humano y computadora, hasta el punto de borrarla por completo. Esa es la visión detrás del “metaverso”, una visión general en el que las interacciones humanas virtuales serán tan complejas como las reales.

Quizás pienses que tecnologías más envolventes y que luzcan humanas suenan intrigantes o tal vez te parezcan los sueños fantasiosos de un grupo de chiflados (o quizás un poco de ambos). De cualquier manera, los tecnólogos deben demostrarnos que el futuro que imaginan es más convincente y útil que la vida digital que ya tenemos gracias a las supercomputadoras mágicas en nuestros bolsillos.

El desafío para cualquier nueva tecnología es que el éxito de los teléfonos es tan grande que llegamos al punto en el que es difícil imaginar alternativas. Con un auge de ventas que duró cerca de una década, los dispositivos pasaron de ser una novedad para nerds ricos a la única computadora que miles de millones de personas en todo el mundo han tenido. El éxito de los teléfonos inteligentes es de tal magnitud, que ya no necesitamos prestarles mucha atención (sí, eso incluye los modelos actualizados de iPhone de los que Apple habló el martes).

El atractivo de estos dispositivos en nuestras vidas y en la imaginación de los tecnólogos es tan poderoso que en la actualidad cualquier nueva tecnología tiene que existir casi en oposición al teléfono inteligente.

Cuando mi colega de The New York Times, Mike Isaac, probó el nuevo modelo de gafas de Facebook que puede tomar fotos con un toque en la sien, un ejecutivo de la compañía le dijo: “¿No es eso mejor a tener que sacar tu teléfono y sostenerlo frente a tu rostro cada vez que quieras capturar un momento?”.

Entiendo el punto del ejecutivo. Es cierto que dispositivos como el Apple Watch, las gafas de Facebook y los Spectacles de Snap han sido ingeniosos al momento de adaptar algunas funciones de los teléfonos inteligentes y hacerlas menos molestas. Varias compañías, entre ellas Facebook, Snap y Apple, también están trabajando en productos ópticos que — al igual que el fallido Google Glass— buscan combinar información digital como mapas con lo que vemos a nuestro alrededor.

El comentario del ejecutivo también demuestra que cualquier nueva tecnología de consumo tendrá que responder las preguntas inevitables: ¿por qué debería comprar otro dispositivo para tomar fotos, buscar rutas en bicicleta o reproducir música cuando puedo hacer la mayoría de esas cosas con el teléfono que ya tengo en mi bolsillo? ¿Necesito acaso vivir en el metaverso cuando tengo una experiencia similar en la pantalla rectangular de mi teléfono?

Es poco probable que los teléfonos inteligentes sean la apoteosis de la tecnología y tengo curiosidad por ver el desarrollo de la tecnología que quiera distanciarse de ellos. Pero al menos por ahora, y quizás para siempre, la mayoría de las tecnologías para nuestra vida diaria serán complementos de nuestros teléfonos en lugar de reemplazos. Estas pequeñas computadoras son tan condenadamente prácticas que quizás nunca exista una revolución posterior a los teléfonos inteligentes.

Shira Ovide es columnista de The New York Times.

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Leyendo a Paulo Freire desde Bolivia

/ 17 de septiembre de 2021 / 01:33

El 2021 trae consigo una crisis civilizatoria de múltiples efectos incrementados por la pandemia, que para muchos es una sindemia, el virus se debe analizar y enfrentar desde la salud y todos los ámbitos del quehacer humano. Sin embargo, en medio de la incertidumbre, en palabras de Paulo Freire, siempre hay esperanza crítica para seguir construyendo historia, el inédito viable. Al final de cuentas, somos seres inacabados y éticos. Esa esperanza, desde las culturas del Abya Yala, está en nuestros orígenes y pasado para entender el futuro, nos hace entender el significado de los 100 años de nacimiento de Paulo Freire, “figura paradigmática de los 70, sus prácticas y su pensamiento fueron un refugio placentero y desafiante para miles de latinoamericanos, no solo en el ámbito de la educación, sino también en el de las luchas sociales y políticas…” (Roberto Iglesias) que construyó sus experiencias y propuestas en Brasil, su país de nacimiento, y en el exilio vivido en Bolivia, Chile y Europa. Así como la trascendencia de los 90 años de la creación de la Escuela Ayllu de Warisata, una de las experiencias educativas más significativas de Bolivia y América Latina, por transmitir los principios de libertad, solidaridad, reciprocidad, revalorización de la identidad cultural y producción comunal en armonía con la Madre Tierra. La Escuela Ayllu fue fundada en 1931 y destruida físicamente por las fuerzas conservadoras en 1940, falsa ilusión de los represores, en sus ideales y principios, hoy sigue viva en el Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo que se ejecuta según la Ley de la Educación 070 “Avelino Siñani-Elizardo Pérez”, principales creadores de la experiencia.

Ese el sentido del presente artículo, leer la historia y contexto de la pedagogía liberadora de América Latina desde dos experiencias de profunda trascendencia para nuestra realidad: Las luchas, vivencias y pensamiento de la Escuela Ayllu de Warisata- Bolivia y la educación popular, con base en los postulados de Freire, asumiendo que la realidad, junto a la educación, “se rehace constantemente en la praxis y que para ser tiene que estar siendo”.

Entre la lectura crítica de la realidad y la construcción de experiencias “educativas” con intencionalidad política. La Escuela Ayllu de Warisata nació en una época de “humillación y explotación inhumana” (Simeón Villca). “Los que se atrevieron a fundar escuelas fueron torturados y encarcelados. Los hacendados eran los principales enemigos de la educación india… La fundación de la Escuela de Warisata fue parte de la lucha por la recuperación de tierras…” (Raúl Zibechi). Por su parte, Freire comienza a estructurar sus análisis, propuestas y una campaña de alfabetización en el nordeste brasileño, una de las regiones más pobres de América Latina, cortadas abruptamente por un golpe militar (1964) y el exilio que termina expresándose en el libro La pedagogía del Oprimido (1970) dedicado “A los desharrapados del mundo y a quienes descubriéndose en ellos, con ellos sufren y con ellos luchan” (Paulo Freire). Ambas experiencias no se quedan en la palabra, leen el mundo y constatan discriminación, marginación y opresión, en el que la educación es parte de la lucha por la liberación y transformación social con los movimientos populares, en el caso de Warisata, desde la propia Ulaka, Parlamento Amauta, que discute y toma decisiones sobre la organización, trabajo comunitario y reivindicaciones sociales-políticas.

La lectura crítica, desde la praxis, contribuye a generar un proyecto educativo holístico, liberador, transformador e inclusivo. La Escuela Ayllu une práctica con teoría, hace evidente el “aprender haciendo”; el aula se une al taller y sembrío; genera la formación integral; desarrolla la complementariedad entre pisos ecológicos y núcleos- escuelas seccionales; la educación es más que escolaridad; y la producción, intra e interculturalidad es parte de la vida de los procesos educativos. Desde Freire se desarrolla la pedagogía dialógica, concienciación, praxis y metodología dialéctica que parte de la práctica, se hace teoría y retorna a la práctica para transformarla, además que es profundamente humana.

Los caminos se encuentran e invitan a pasar de la resistencia a la re-existencia, a recrear experiencias para fortalecer la educación liberadora y el pensamiento latinoamericano. Compromiso para seguir en la lucha. Homenaje al centenario de Paulo Freire.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Concierto barroco

/ 17 de septiembre de 2021 / 01:26

No existe mayor acierto que aquella definición conceptual sobre el barroquismo: “El mundo es un teatro”. Metáfora que forma parte del sentido de la época barroca y que indica que fueron momentos que denotaban las inmensas contradicciones de las sociedades.

Una realidad que Alejo Carpentier supo explotar en su obra Concierto barroco, dentro de una historia capaz de acercarnos a las culturas propias de las naciones latinoamericanas. En este caso, Coyoacán (México), lugar donde Montezuma (denominado así por el escritor), sentado en un trono de estilo mixto entre pontificio y michoacano, demuestra cómo el escritor buscó revelar que nuestras sociedades viven en el mismo espacio y tiempo, situaciones de distintas temporalidades.

Concierto barroco se enmarca en una ópera de Antonio Vivaldi que fue estrenada en Venecia en 1733. Y es justamente aquello que se percibe en el relato que adopta Carpentier en su escrito, en el que Montezuma, poetizado por Giusti y puesto en ópera por Vivaldi, salta después de casi dos siglos en una especulación sobre el tiempo.

De ese modo, la vertiginosa adaptación de ese ritmo musical —denominado endiablado por la crítica— alcanza su cometido de hacer vivir el pasado y el presente; por tanto, la presencia musical demuestra que tiene un tono rítmico y hasta melódico, lo que obviamente le da un significado singular.

Lo interesante de la creatividad del autor es que con ese detalle logra no solo revelar el sentido del libro, sino remarcar el valor de la música para hablar de Latinoamérica utilizando un estilo intencionalmente representativo de la época barroca. Esto apoyado por todo un entorno de relatos inspirados y representativos que consiguen transmitir la visión de ese tiempo.

De ahí que lo importante para algunos estudiosos de la obra Concierto barroco fue traducir su interés por descifrar la realidad latinoamericana y comprender su unidad cultural, para llegar, según ciertos críticos, a la auténtica conciencia latinoamericana.

Un sistema integral que utiliza Carpentier, cuyo propósito —a nuestro parecer— está dirigido intencionalmente a diseñar una visión sobre América Latina para el lector. Y para ese fin es que aclara que se trata de un elogio a la música barroca, para hablar de nuestros países.

Sin embargo, el hecho de mostrar una obra de dos dimensiones en dos mundos (en este caso del barroco), logra ilustrar al lector sobre la importancia que debiera dar a la lectura de las bellas obras del ayer, las cuales fueron poetizadas por literatos como Carpentier, que en medio de su tarea como escritor selecto hizo posible una obra que conlleva un trasfondo del gran valor: armar una trama a través de algo tan sensible como es la música y algo tan fuerte como es la identidad.

Para él, en síntesis, Latinoamérica es un territorio geográfico-espiritual constituido por diversas formas de simbiosis culturales, donde es justamente esa identidad singular la que permite que en una sola y gran región convivan tantas culturas, que la convierten en única. En este caso, se fundamenta en lo social latinoamericano y lo musical como gestor de la identidad.

Finalmente, es preciso señalar que el fenómeno musical latinoamericano posee características formales expresivas y claramente diferentes de la música europea que responden a un registro universal. Asimismo, sus temporalidades son distintas, pero “los componentes musicales se relacionan con la aprehensión del tiempo y la libertad estética”, como afirma Carpentier en Concierto barroco.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Presupuesto público boliviano

/ 16 de septiembre de 2021 / 01:30

La Constitución Política establece que la administración económica y financiera del Estado y de todas las entidades públicas se rige por su presupuesto; en este contexto, el Presupuesto General del Estado (PGE) se constituye en el instrumento más importante de la política fiscal para reconstruir y reactivar la economía boliviana, priorizando la asignación de recursos a la inversión pública, así como los gastos en los sectores de salud y educación, políticas sociales, alimentos, servicios básicos, entre otros programas de interés social y de necesidad poblacional.

Desde una perspectiva estructural, Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías, por lo que el PGE incorpora a las empresas públicas, entidades de seguridad social, universidades públicas, entidades descentralizadas, los Órganos del Estado; gobiernos autónomos departamentales, regionales, municipales, indígenas originarios campesinos y entidades de control y defensa del Estado, entidades públicas financieras y no financieras, los cuales suman 579 instituciones que elaboran su presupuesto institucional de manera anual, en el marco del modelo económico, social, comunitario y productivo (MESCP) y la normativa presupuestaria vigente.

Al respecto, el PGE se compone de dos grupos de cuentas. Por un lado, los ingresos, que corresponden a la estimación de recursos que podrían ser captados por las actividades que realiza cada entidad, ingresos por recaudación tributaria, regalías, donaciones y otras fuentes financieras. Y por el otro lado, los gastos, que constituyen las erogaciones recurrentes basadas principalmente en la administración y operación de la institución pública, como ser sueldos y salarios, servicios básicos, materiales y suministros, impuestos, así como gastos destinados a proyectos de inversión orientados a la creación o adquisición de bienes de capital, como ser la compra de maquinaria, construcción de edificios, entre otros que contribuyen a la formación bruta de capital fijo.

En el periodo neoliberal (1985- 2005), los gobiernos de turno elaboraban el Presupuesto General de la Nación (PGN), el cual respondía a un modelo neoliberal y tenía carácter regulador, discrecional y solo administrativo del Estado, cuyo principal objetivo era reducir la participación pública en la economía local en beneficio de las empresas transnacionales que operaban en el país.

Asimismo, el PGN se elaboraba con base en las recetas dictadas por los organismos internacionales, no existía claridad en los gastos, presentaban constantes déficit, y otras deficiencias, por ejemplo los gastos no se transparentaban, evidenciando la existencia de los gastos reservados, cuyos recursos económicos eran asignados al Ministerio de Gobierno sin fiscalización, o el pago de sobresueldos a ministros, viceministros y otras autoridades estatales, con dinero proveniente del exterior; otro ejemplo, en dicho periodo se recurría a préstamos externos para el pago de salarios o aguinaldos de los empleados del sector estatal, maestros del magisterio fiscal y trabajadores en salud.

A partir de 2006, el PGE refleja el impacto de la intervención del Estado en la economía boliviana, asumiendo con responsabilidad el papel protagónico para la implementación y aplicación del MESCP, convirtiendo al sector estatal en planificador, empresario, inversionista, regulador, benefactor, promotor y banquero del país, a cuyo efecto, el PGE consolidado y agregado para la gestión mencionada alcanzaba a Bs 46.332 millones y Bs 59.834 millones, respectivamente. Para la presente gestión fiscal, el PGE aprobado asciende a Bs 228.357 millones (consolidado) y Bs 295.600 millones (agregado), es decir que, el presupuesto público en los últimos años ha cuadruplicado sus cifras.

Sin duda, este aspecto incremental del PGE ha permitido a nuestro país la obtención de los siguientes logros: crecimiento económico sostenido, acumulación de niveles récord de reservas internacionales, reducción de la deuda externa, inflación controlada, bolivianización de la economía, incrementos de los depósitos y créditos en el sistema financiero, aumentos salariales, nivel de ejecución alta de inversión pública, reducción de la pobreza extrema, redistribución del excedente económico a sectores desprotegidos, disminución del desempleo y de la desigualdad económica.

Fernando Chuquimia es especialista financiero.

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¿Oposición que agoniza?

/ 16 de septiembre de 2021 / 01:26

La última declaración de la senadora Barrientos en su condición de jefa de bancada de Comunidad Ciudadana sobre la aparente “coincidencia con el MAS, que con Creemos”, no fue respaldada por su propia organización, que posteriormente radicó en la renuncia a la jefatura; a esto se sumó la voz de sugestión de Camacho, para no perder brillo. En síntesis, esta fue la semana que caracterizó la agenda de la oposición.

En el funcionamiento de nuestra democracia representativa tenemos a las organizaciones políticas como los titulares —que si bien no solo son la disputa electoral— de la democracia como institución política, pues son el liderazgo y la administración de los gobiernos nacional, departamental, regional y municipal; las organizaciones, sean partidos, frentes o agrupaciones, deben ser la institucionalidad política en el sistema de gobierno.

Sin embargo, las organizaciones políticas con candidatos, sigla, color y eslogan se han constituido en un club de amigos electorales que viven, disfrutan y se realizan solo en el tiempo electoral; posteriormente, para subsistir públicamente su identidad política es ser nombrado oposición —concepto vacío—.

Es en este escenario el libreto improvisado que no está en función de un horizonte de país, por el contrario, solo se encuentra la posibilidad incierta del tiempo de ser un abanderado de las oposiciones.

La opinión política vertida por la senadora fue considerada desde CC como “una opinión personal que no involucra a la organización”, esto representa la orfandad política, es la característica que se ha ido repitiendo desde 2006 en todas las oposiciones: desautorizan una opinión política parlamentaria bajo el supuesto que no representa al partido, cuando en los hechos esta aparente organización es inexistente pues solo constituye una sigla —nostalgia electoral— y no una institución política.

Esto se convirtió un problema estructural de nuestra democracia representativa. Las organizaciones en la oposición tienen una aparente “institucionalidad” únicamente en la medida que lideren temporalmente un espacio subnacional, su justificativo discursivo no dejó de mirar alrededor de lo público-administrativo en lo coyuntural, ya que su subsistencia depende de la permanencia en ella. Sin este último objetivo en las próximas elecciones, agonizan.

Entre ellos citaremos al Movimiento Sin Miedo (MSM), reconvertido en Soberanía y Libertad (Sol.bo), que administró el gobierno municipal de La Paz por 21 años y en la elección de este año no logró obtener ni un solo concejal; en Santa Cruz, Rubén Costas lideró la gobernación desde 2006 hasta 2021 con su agrupación APB, que luego se transformó en Movimiento Demócrata Social, y en la última elección departamental Demócratas no pudo postular candidato propio a la gobernación y se limitó a una pírrica participación electoral municipal donde apenas obtuvo el cuarto lugar.

A nivel nacional, desde 2005 hasta esta última elección, la participación de los frentes electorales se constituyó en alianzas circunstanciales de siglas bajo el común denominador de ser oposición. Implícitamente formaron una costumbre política limitada en dos tiempos: primero, las fases pre y electoral que abanderan un eslogan coyuntural; segundo, poselectoral, como comportamiento mediático sin norte político circunscrito a los momentos de oportunidad política donde muchas de las y los actores limitan su opinión a los titulares de prensa, este hecho es una constatación de lo que percibimos diariamente.

Nuestra democracia representativa no tiene la institucionalidad partidaria para constituir un sistema político sólido. Hoy, éste gira bajo el paraguas monopartidario del MAS, es la única organización nacional que no cuenta con una estructura partidaria clásica; por el contrario, se construyó como la expresión política y electoral de una confederación de organizaciones de todo el país, que a diferencia de las oposiciones tiene un horizonte de país.

Este déficit en la institucionalidad partidaria opositora, lejos de ser superada, tiende a agudizarse, y se muestra en las miradas de los líderes políticos de las siglas electorales que están concentradas en mantener imágenes individuales como referente personal y no así como opción política de gobierno. Es por eso que la certidumbre para las oposiciones es incierta, pues dependen de los errores del Gobierno, del actuar político y articulador de algunos medios privados de comunicación, de cívicos, de movilizaciones indígenas y regionales para cabalgarse sobre banderas que no son suyas, pero que les son necesarias para subsistir; es la agonía de quienes aparentan ser oposición.

César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.

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