Voces

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Miss Chile contra el sistema

/ 13 de noviembre de 2017 / 12:20

Cuando la miss Chile Valentina Schnitzer dijo que “el mar es de Bolivia”, seguramente no se imaginaba que sus palabras iban a desencadenar una tormenta en la clase política de su país, ni que le iban a causar el linchamiento mediático que está sufriendo en estos momentos. Pese a ello y ya en medio del vendaval, la reina de belleza tuvo el coraje de mantener su opinión y de reiterar su respaldo a la causa marítima boliviana.

La valentía de la Miss Chile hace honor a su nombre y causa admiración y respeto. Es deplorable el rosario de insultos que la joven se encuentra recibiendo en las redes sociales, en las que sus compatriotas la tildan cuando menos de “tonta” e “ignorante”; cuando en todo caso son ellos los que demuestran una bajeza deplorable al ensañarse con una mujer. Y también una elocuente falta de conocimiento histórico al negar que el mar le fue arrebatado a Bolivia mediante una invasión infame.

Quienes quieren ofender a Valentina deben saber que no es la primera ni la única chilena que apoya la causa marítima boliviana, sino que hubo y hay muchos chilenos que lo han hecho públicamente. Entre ellos se encuentran notables intelectuales entre los que hay que destacar a Pedro Godoy, historiador y director del Centro de Estudios Chilenos (Cedech), y a decenas de personalidades como el reconocido pianista Roberto Bravo y la cantante de rap Ana Tijoux, quienes coincidieron en la importancia de otorgar a Bolivia un acceso soberano al mar y criticaron la situación política de su país.

Pero ahora las redes sociales están siendo utilizadas por cobardes que se esconden en el anonimato para agredir verbalmente no solo a Valentina, sino también a muchos que nos atrevemos a decir en voz alta lo que pensamos. Acertadamente, el escritor y filósofo italiano Umberto Eco dijo que internet es “una invasión de imbéciles”, porque las redes sociales están dando a esta legión de imbéciles el mismo derecho a la palabra que a un Premio Nobel.
Miss Chile está ahora viviendo un calvario por haber tenido el coraje de decir la verdad y enfrentarse a la clase política de su país. En eso me recuerda al norteamericano Edward Snowden y al australiano Julian Assange, quienes están pagando cara su osadía de haberse enfrentado al sistema y que son perseguidos por el Gobierno de Estados Unidos por haber revelado sus vergonzosos secretos.

Seguramente, la persecución a Valentina no llegará a esos extremos, pero resulta preocupante, porque ella es particularmente vulnerable por su condición de mujer y de joven, y porque no se sabe qué se puede esperar de una clase política chilena que tiempo atrás apresó durante meses a un grupo de funcionarios de la Aduana boliviana y que ahora pretende silenciar hasta al mismo Papa.

Al haber tenido el coraje de decir lo que piensa y de no retractarse, Valentina está escribiendo una nueva página en la historia de la dignidad del ser humano. Por ello, el corazón de los bolivianos está hoy con Valentina.

*es periodista e historiadora.

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Valverde y la posverdad

/ 23 de febrero de 2018 / 04:57

Los primeros días de febrero de 2016, justo antes de Carnaval, el periodista Carlos Valverde anunció que el presidente Evo Morales tenía un hijo, para dos meses después decir que el hijo no existía y escapar. Y con esas acciones, nos dio una de las más importantes lecciones de vocabulario: nos enseñó lo que es la posverdad.

En ese par de meses, tras las primeras declaraciones de Valverde, se desató una tormenta de declaraciones y rumores que se fueron desenvolviendo en una trama telenovelesca. El ataque, además, estuvo acompañado por una enorme campaña de desinformación en las redes sociales. Nos bombardearon con  tuits y mensajes de WhatsApp que habían sido elaborados con premeditación, para atacar nuestra confianza.

La posverdad de Valverde tuvo un importante eco no solo en los opositores, sino también en sus medios de comunicación. Por todas partes se produjeron grandes cantidades de información; y en la mayoría de los casos ni siquiera los ojos de los analistas más entrenados pudieron discernir lo verdadero de lo falso. También se supo, aunque tardíamente, que antes de lanzar su mentira Valverde se había reunido con funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en Bolivia, lo que confirmó que la campaña de desinformación estaba dirigida desde ese país.

El Gobierno, sorprendido, actuó de manera errática en principio, para luego acudir a la Justicia, que de manera paquidérmica comenzó sus investigaciones, las que esclarecieron la verdad meses después, muy posteriormente al referéndum del 21 de febrero. La mentira provocó que el 21F la población no estuviese en condiciones de emitir un voto sereno, ocasionando que el “No” gane por un mínimo margen, y que los líderes de la oposición se aferren a ese resultado, obtenido mediante uno de los recursos más bajos.

Vimos con asombro, que al manipular las emociones humanas, la posverdad puede destruir desde dignidades hasta gobiernos, y gran parte de lo que consideramos importante en nuestras vidas, nuestras instituciones y hasta nuestras familias. Aunque la derecha ganó la batalla del 21F, no cabe duda de que todo lo acontecido nos hizo reflexionar. No solo ganó el imperialismo, sino que se creó un falso equilibrio entre la mentira y la verdad como si fuesen entidades igualmente importantes.

Dos años después, con el presidente Evo Morales habilitado a postularse nuevamente, el pueblo ha recobrado su capacidad de elegir y de decidir su futuro, y la posverdad ha caído por su peso. Sin embargo, ningún otro acontecimiento como el 21F define con mayor precisión el neologismo “posverdad”, un eufemismo para una de las armas más bajas de la política: la mentira.

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El Che en el gobierno

‘Sean capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte’ (Che Guevara).

/ 20 de octubre de 2017 / 04:08

El 8 de enero de 1959, Fidel Castro realizó su entrada triunfal en La Habana e instauró gobierno. El Che fue enviado por Fidel a una gira como embajador itinerante de Cuba que duraría tres meses. En la República Árabe Unida se entrevistó con Gamal Abdel Nasser; en India se reunió con Nehru e Indira Gandhi. También visitó Birmania, Tailandia, Japón, Indonesia, Singapur, Hong Kong, Yugoslavia, Italia y España, despertando simpatía por la Revolución cubana en el extranjero.

En noviembre de 1959, Ernesto Che Guevara fue nombrado presidente del Banco Nacional de Cuba, cargo en el que desarrolló una actividad frenética. Hablaba en actos públicos, escribía un libro y numerosos artículos, dirigía el Departamento de Industrialización y participaba en las jornadas de trabajo voluntario de construcción de escuelas. Aunque tenía un alto cargo, conservó la austeridad espartana de los tiempos de la guerra, se negó a cobrar sueldos por los diferentes cargos y solo cobraba el de comandante de 440 pesos, que apenas le alcanzaban.

En octubre de 1960, tras dejar sus funciones en el Banco Nacional, emprendió un viaje a Europa oriental con la misión de obtener ayuda soviética, créditos y una salida comercial para los productos cubanos bloqueados. En Moscú, Nikita Kruschev le ofreció su apoyo, y el Che firmó convenios que dieron salida al azúcar cubana, abastecimiento petrolero, créditos para fábricas y auxilio técnico para la minería. Fue invitado a participar en el desfile por el aniversario de la Revolución de octubre y su presencia provocó una enorme ovación. En noviembre visitó China para conseguir créditos blandos y fue recibido calurosamente por el pueblo chino. Durante su entrevista con Mao Tse-Tung sufrió un acceso de asma que le provocó un desmayo y un ataque cardiaco.

En febrero de 1961 fue nombrado Ministro de Industria de Cuba, con la misión de abastecer al país y viabilizar una industria dependiente y bloqueada. El trabajo del Che era de hasta 20 horas por día visitando fábricas, buscando soluciones para los problemas y propiciando la participación de los trabajadores. Comía en la cafetería del ministerio como cualquier trabajador, haciendo colas con su plato de aluminio. Los domingos, al finalizar la jornada de trabajo voluntario, se ponía a leer informes de pie y con la punta de la silla en la espalda para no quedarse dormido. Los tiempos eran duros, había racionamiento, pero él rechazó una cuota adicional de alimentos: “Todo lo que haya se va a repartir entre todos los que somos”.

En abril de 1961 el Che se desempeñó como comandante de occidente en el desembarco de Bahía de Cochinos. Experimentó con una máquina para cortar caña. Trabajó en ese proyecto personalmente y cortó en dos semanas, con jornadas de 13 horas diarias, más de 100.000 arrobas, a pesar de que la nueva herramienta era todavía defectuosa.

En marzo de 1964 viajó a Nueva York para participar en la Conferencia de Comercio y Desarrollo de la ONU, en la que denunció el bloqueo contra Cuba. Su discurso fue profético: “El imperialismo estadounidense ha pretendido hacer creer que la coexistencia pacífica es de uso exclusivo de las grandes potencias de la tierra (…) me siento tan patriota de Latinoamérica como el que más, y en el momento que fuera necesario estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie”. Probaría su sinceridad partiendo primero al Congo para unirse a la guerrilla y después a Bolivia, donde encontraría la muerte.

Una vez había escrito a sus hijos: “Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”.

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Un guerrillero llamado Che

El Che había roto el cerco con una tremenda marcha en condiciones infrahumanas. La leyenda había nacido.

/ 5 de octubre de 2017 / 04:25

Esos días el Che daba lástima, hasta que se le consiguió ropa y un atomizador que no hizo ceder el asma. El viaje en el Granma había sido lento debido al sobrepeso de los 82 hombres hacinados y con muy poco alimento. Cuando llegaron a la isla, fueron recibidos por bombas desacertadas. Caminaron como sombras hambrientas y recibieron su bautizo de fuego en Alegría del Pío. Los sobrevivientes continuaron la penosa marcha hasta que fueron socorridos por una red revolucionaria.

Emprendieron marcha al interior de la Sierra Maestra padeciendo hambre y sed. El Che era tan equitativo que cuando tenía un caramelo lo partía con una piedra para compartirlo. La caminata para él era agravada por su enfermedad, no obstante, fungió de médico entre los campesinos.

Lograron tomar el primer cuartel tras un durísimo combate en el que Guevara avanzó disparando de pie. Terminada la lucha se puso a curar a los heridos por orden de gravedad, sin importar si eran amigos o enemigos. Así, los rebeldes fueron despertando simpatía en la montaña, porque los guerrilleros ayudaban, curaban y enseñaban.

Fidel vio en el Che tesón, actitud igualitaria y capacidad de mando, y lo nombró comandante de la segunda columna del ejército guerrillero con tres capitanes asignados a su escuadra. El Che apuntó: “La dosis de vanidad que todos llevamos dentro hizo que me sintiera el hombre más feliz del mundo. El símbolo de mi nombramiento, una pequeña estrella, me fue dado por Celia”.

En El Hombrito, Guevara creó una base estable con abastecimiento, un hospital de campaña, y produjo el periódico El cubano libre con un mimeógrafo. Su base fue repetidamente bombardeada por la aviación y atacada por tierra, por lo que tuvo que replegarse. Pero había obtenido una red campesina que lo respetaba y quería: “El Che es justo, igualitario, no pide a nadie que haga lo que él no hace”.

Fidel planeó una arriesgada estrategia en la que el Che debía marchar con su columna a Las Villas para batir al enemigo en el territorio central de Cuba, mientras Camilo Cienfuegos debía marchar hacia Pinar del Río, el otro extremo de la isla. Guevara partió el 30 de agosto de 1958 con 144 combatientes seleccionados. La caminata se inició bajo insistentes lluvias ocasionadas por un huracán. Marcharon día y noche, a veces trabando combate. El Che tuvo que imponer una férrea disciplina para que sus exhaustos hombres continuaran, porque se quedaban dormidos sobre el fango.

El 10 de octubre fueron ametrallados por la aviación, y en esa situación desesperada divisaron Las Villas, el Escambray, su objetivo. Desde ese momento caminaron como autómatas evadiendo al Ejército. La noche del 15 de octubre la columna llegó a Las Villas. El Che había roto el cerco con una tremenda marcha en condiciones infrahumanas. La leyenda había nacido.

La primera ciudad que los rebeldes decidieron tomar fue Santa Clara. Batista envió su mejor arma para exterminar a los alzados: un tren blindado con 400 soldados y arsenal. El Che ordenó levantar un tramo de la línea férrea haciendo que se descarrilara. De esa manera 18 rebeldes controlaron a 400 soldados y obtuvieron un botín de armas fabuloso.  

Al mediodía del 1 de enero de 1959 concluyó la batalla de Santa Clara. El 31 de diciembre, Yaguajay se había rendido a las tropas de Camilo Cienfuegos. Esa noche Fulgencio Batista huyó del país. Las columnas rebeldes enfilaron hacia La Habana por orden de Fidel. El Che puntualizó: “Se ganó la guerra, la revolución empieza ahora”.

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¡Yo acuso…!

A todas luces, la aprehensión de los nueve súbditos bolivianos en Chile es de carácter político

/ 29 de mayo de 2017 / 04:05

Bajo el título ¡Yo acuso…!, el prestigioso novelista Emilio Zola publicó en 1898 una enérgica carta dirigida al presidente de Francia, clamando por la liberación de Alfredo Dreyfus, quien expiaba en la isla del Diablo una condena por un delito que no había cometido.

“Mi deber es hablar, no quiero ser cómplice. Mis noches serían atormentadas por el espectro del inocente que expía allí, en la tortura más horrible, un crimen que no cometió”, señalaba Zola en su primer párrafo. Y con éste valiente y comprometido acto coronaba no solo una brillante carrera literaria, sino una vida de principios.

Dreyfus había sido sentenciado a cadena perpetua en 1894 por supuestamente proporcionar información sobre la actividad militar francesa a los alemanes, delito que en realidad fue cometido por Fernando Esterhazy, quien había sido absuelto y su lugar fue ocupado por Dreyfus, cuya inocencia, sin embargo, se comprobó documentalmente años después.

La condena de un inocente es siempre un acto execrable por quien lo comete, y debe llamar la atención de la sociedad, la que no puede quedar callada ante la injusticia. Este es el caso de nueve bolivianos inocentes que se encuentran presos en el penal de Alto Hospicio de Iquique, Chile, purgando un delito que no cometieron, ya que cuando fueron arrestados se encontraban realizando acciones para detener el contrabando.

La Fiscalía chilena acusa a los siete funcionarios de la Aduana Nacional Boliviana y a dos militares bolivianos de los presuntos delitos de robo con violencia, porte y tenencia de armas prohibidas y contrabando, en un incidente sucedido el 19 de marzo en un paso fronterizo. De esa manera, un Estado que se jacta del más alto desarrollo humano de América Latina comete, paradójicamente, la mayor injusticia de los últimos tiempos.

La detención de los nueve bolivianos se produjo en momentos en que Bolivia presentaba argumentos irrebatibles sobre la demanda marítima ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, por el reclamo boliviano de una salida al Pacífico; por lo que, a todas luces, la aprehensión de los nueve es de carácter político.

Estos ciudadanos bolivianos que son padres, hermanos, amigos e hijos ya llevan dos meses y medio presos, y fueron prejuzgados, acusados de “robo” por la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, cuando fueron detenidos. El Gobierno de Bolivia está tomando acciones para liberar a nuestros compatriotas, y en ese contexto, el ministro boliviano de Justicia, Héctor Arce Zaconeta, señaló con dignidad que los bolivianos no se declararán culpables de crímenes que no cometieron.

Indignarse ante la arbitrariedad refleja autoridad moral y nobleza. No en vano el ‘Che’ Guevara escribió una vez a sus hijos: “Sobre todo sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”.

 ¡Yo acuso…!, carta escrita por Zola el 23 de enero de 1898 en el periódico La Aurora de París, es uno de los documentos más importantes de la conciencia de la humanidad, por ser una denuncia pública y valiente de un gran escritor, pero sobre todo de un hombre honrado, ante la injusticia.

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Coca es una cosa y narcotráfico, otra

La Ley 1008 confundió el cultivo tradicional de coca con un delito de dimensiones internacionales.

/ 25 de marzo de 2017 / 04:42

Después de varias décadas de confusión, solo un presidente con muchas agallas y un sentido muy claro del significado de las palabras soberanía y dignidad, como es Evo Morales, ha sido capaz (mediante la promulgación de la Ley General de la Hoja de Coca) de poner las cosas en su lugar: la hoja de coca es una cosa y el narcotráfico, otra.

La demonización de la hoja de coca comenzó con fuerza en la década de los 70 a causa del tráfico de cocaína, y ocasionó que en 1988 se promulgase la Ley 1008, una norma impuesta por Estados Unidos a Bolivia cuyo propósito era reprimir el narcotráfico, pero que además ponía a la hoja al margen de la ley limitando su cultivo y con la clara intención de penalizar su producción. Desde entonces, la hoja de coca fue el factor central de la “negociación” anual de la ayuda de Estados Unidos a países latinoamericanos, siendo la reducción de los cultivos decisiva para que la nación del norte apoye o no económicamente a los países latinoamericanos, los que podían ser penados con la famosa “descertificación” en caso de incumplir sus exigencias.

La Ley 1008 confundió la producción tradicional con un delito de dimensiones internacionales. Es vergonzoso recordar aquellos tiempos de indignidad y mendicidad de los gobiernos bolivianos, que en su afán de erradicar cultivos, no dudaron en traer tropas estadounidenses y permitieron que se asesine a cultivadores de la hoja, tan ciudadanos bolivianos como cualquiera. Paradójicamente, aunque Bolivia es el país con mayor consumo tradicional de coca en la actualidad, no es el mayor productor de la hoja en el mundo, sino que ocupa el puesto número tres.

El akulliku era una práctica frecuente desde la época de Tiwanaku, lo que está probado por los bolos de coca en el pómulo de varios vasos-retrato correspondientes a dicha civilización, según explica el arqueólogo Carlos Ponce Sanginés en su libro Tiwanaku: Cosmovisión y religión (2003).

Otras pruebas del uso milenario de la coca la constituyen los asentamientos precolombinos en las zonas cocaleras, ya que cuando Tiwanaku era un Estado, entre los años 374 y 1187 de nuestra era, la coca era cultivada en las actuales provincias de Larecaja, Inquisivi, Nor y Sur Yungas del departamento de La Paz. Uno de los sitios tiwanacotas más extensos en los que se cultivaba coca era Pasto Grande, en la actual provincia Sur Yungas, y que abarca 250 hectáreas con un potencial de producción de 561 toneladas métricas de coca anuales, cantidad suficiente para el akulliku de 200.000 personas.

Desde los Yungas, la coca era distribuida hasta el Pacífico, cubriendo la costa y valles aledaños. Se han encontrado representaciones con el bolo de coca y a la misma hoja en tumbas en diversos lugares de la costa, por ejemplo en Pica, norte de Chile.

Fuera del akulliku, está ampliamente documentado que en la época precolombina la coca se utilizó para el tratamiento de varias enfermedades, con finalidades adivinatorias y en ofrendas a las deidades. Por sus propiedades químicas y farmacológicas, era utilizada para aliviar dolores de muelas, estómago y acidez estomacal (en infusión), como cataplasma en sitios adoloridos del cuerpo y para bajar la fiebre.

El consumo de la coca continuó durante el inkario, la Colonia y llegó a la época republicana, hasta que en la última parte del siglo XX, la producción de la hoja sagrada fue tomada como rehén por intereses extranjeros y utilizada como factor de chantaje y humillación a los países andinos.

La hoja de coca es curativa, un símbolo de nuestra identidad, y su consumo se remonta a lo más profundo de nuestra historia. Por eso, el 8 de marzo de 2017 es un día histórico, porque la nueva ley no solo reconoce a la planta como patrimonio cultural, sino que además busca regular la cadena de producción, comercialización, industrialización y exportación de coca.

 

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