Voces

domingo 13 jun 2021 | Actualizado a 19:15

Tres lecturas acerca del mar

El Día del Mar adquirió este año contornos especiales por coincidir con los alegatos en la CIJ.

/ 25 de marzo de 2018 / 04:01

El Día del Mar coincidió con los alegatos en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), y esto hizo que el tema adquiera este año contornos especiales. Con mayor intensidad que nunca, bolivianos y bolivianas nos hemos zambullido intensamente en el océano de nuestra legítima aspiración de volver al mar, y que ante el mundo entero esgrimimos como un derecho irrenunciable. A lo largo de más de un siglo se han producido centenares de libros, ensayos, artículos de prensa y debates públicos sobre la cuestión. De ese inmenso caudal comparto tres de reciente lectura.

Uno: el investigador naturalista francés Alcide D’Orbigny, quien recorrió América del Sur entre 1826 y 1833, en su monumental obra Viaje a la América Meridional hace una detallada descripción de la región costera de Chile, Bolivia y Perú. Resalta la bahía de Mejillones, “la más hermosa y segura de las radas de la costa de Perú y Bolivia”. Asimismo, relata su estadía en Puerto La Mar o Cobija, sus dificultades en la provisión de agua dulce y la existencia del grupo étnico de los Changos, aparentemente ya desaparecido en la actualidad. Éstas y otras referencias muy interesantes sobre la Bolivia recién nacida están en los tomos III y IV del libro publicado por Plural en 2002.

Dos: Antonio Paredes Candia, prolífico escritor y también editor de libros, dio a conocer en 1986 un relato testimonial de Miguel Birbuet España titulado Recuerdos de la Campaña de 1879; hasta entonces inédito y totalmente desconocido para los historiadores. Paredes en la notícula introductoria dice que el manuscrito le fue entregado por Moisés Ponce de León Birbuet, descendiente de Miguel Birbuet. Infelizmente no dice cuál fue el destino final del manuscrito. No se sabe si fue devuelto a los familiares o estaba en el inmenso legado que Paredes Candia dejó en el museo de El Alto que lleva su nombre. En todo caso, la transcripción publicada se destaca por relatar las peripecias del Escuadrón de Franco Tiradores de la que Birbuet formaba parte, y por dar una versión un poco distinta del gesto heroico del puente Topáter, dice al respecto en la página 22: “Don Eduardo Abaroa, cuando se le había intimado rendición les había contestado, según afirmación de varios de sus compañeros: ‘Que se rinda su abuela y la p… que los parió’, sucumbiendo después de haber disparado más de 300 tiros…”. Si recordamos que el manuscrito de Birbuet está fechado en diciembre del aciago año de 1879, esto significaría que el surgimiento de la imagen casi mítica de Eduardo Abaroa es casi contemporánea a los hechos mismos, aspecto que después es confirmado por versiones provenientes del propio bando chileno, como lo sostiene el historiador Roberto Querejazú Calvo en su gran libro Guano, salitre, sangre.

Tres: Édgar Oblitas Fernández, en 1993 defenestrado por el neoliberalismo de la presidencia de la Corte Suprema de Justicia, en una conferencia que dictó en 1979 recordó que en su libro Historia secreta de la Guerra del Pacífico demuestra que se podía evitar la derrota si los gobiernos de Perú y Bolivia hubiesen seguido el plan estratégico del boliviano Julio Méndez, consistente en que los Ejércitos aliados no debían dar batalla en la región costera, donde Chile era fuerte, y más bien atraer a los invasores hacia la sierra, donde ambos podían hacerse fuertes; además de alejar a los chilenos de su aprovisionamiento marítimo. Si tanto Napoleón como Hitler tuvieron en su contra el general “invierno” cuando invadieron Rusia, Chile tenía en su contra al general “puna” al invadir Bolivia y Perú, sostiene Oblitas al destacar la propuesta estratégica de Julio Méndez, consistente en organizar grandes ejércitos en Potosí y Puno y operar desde allí como una tenaza sobre las tropas chilenas. Como para pensar ¿verdad?

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Una vez más sobre el Che y los libros

/ 13 de junio de 2021 / 02:01

Se han escrito y se siguen escribiendo libros sobre el personaje que este 14 de junio hubiera cumplido 93 años: Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como el Che.

Solo de autores bolivianos hemos registrado alrededor de un centenar; y no se crea que todos son encomios y alabanzas, baste mencionar que por lo menos 15 de ellos son de autores militares que, como es previsible, respiran por la herida; los hay también ensayos históricos de gran factura como los realizados por Gustavo Rodríguez Ostria (el último de los cuales tendrá una pronta edición póstuma); otros de matiz interpretativo y a la vez testimonial como los publicados en serie por Humberto Vázquez Viaña antes de fallecer; y también recopilaciones documentales como la serie El Che en Bolivia en cinco volúmenes (con dos ediciones impresas y una última digital descargable sin costo en www.chebolivia.org).

A ojo de buen cubero, podríamos afirmar que solamente la cruenta Guerra del Chaco y la irrenunciable reivindicación marítima produjeron en Bolivia un mayor número de libros que el Che.

He aquí algunos trabajos de bolivianos y extranjeros que nos parecen relevantes: los 10 Quaderni della Fundazione Ernesto Che Guevara (1998-2016), publicados en Italia por Roberto Massari, en los inicios solo en italiano y después en ediciones multilingües; más de una quincena de libros de la pareja cubana Froilán González-Adys Cupull producidos con similar persistencia; el rico aporte explicativo y reflexivo de En la selva (Los estudios desconocidos del Che Guevara… con el que el argentino Néstor Cohan rodea la publicación primicial de lo que él llama Cuadernos de lectura de Bolivia (apuntes y fichas bibliográficas de puño y letra del Che, confeccionados en Bolivia); Ramiro Barrenechea publicó en Santa Cruz Che: Revolución absoluta (2018), comprende: 1) La máscara invisible (destinada a demoler la argumentación de los dirigentes del PCB, principalmente Jorge Kolle), 2) La otra cara del espejo (sostiene la existencia de un “cerco interno” de los dirigentes comunistas bolivianos contra el Che), 3) Frente al capitalismo absoluto: revolución absoluta (ingresa al debate ideológico actual sobre el capitalismo y contra las posverdades que descartan cualquier cambio revolucionario), 4) Hacia una sociedad comunitaria postestatal (interesante parte propositiva).

Una escena imaginaria extravagante: sentados en torno a una mesa dialogan sobre la pertinencia de la obra y el pensamiento del Che, Humberto con Dogmas y herejías de la guerrilla del Che, Gustavo con su inmenso bagaje de información acumulada como historiador, Ramiro con Frente al capitalismo absoluto: revolución absoluta, Néstor con lo mejor de En la selva …, Roberto con Guevara y Marx: ´remaque´ crítico de una antigua película y la pareja Froilán-Adys con La CIA contra el Che. De seguro se desatarían interesantes controversias, enfoques diversos y dejarían temarios abiertos, tanto a la investigación histórica como a la reflexión teórica. Lástima que ya no se pueda realizar “en vivo” dicho debate. Humberto, Gustavo y Ramiro fallecieron en los últimos tiempos, solo quedan sus textos que, de uno u otro modo, recuperan al Che histórico, amenazado de ser convertido en un mito.

¿Puede y debe ser abordada por el mundo académico boliviano la temática aquí planteada? Creemos firmemente que sí, a la sola condición de hacer a un lado la maraña de prejuicios y nada más abrir los ojos ante la realidad que, dicho sea de paso, está mostrando sus más crueles y dramáticas aristas en virtud de la pandemia que actualmente padecemos.

El coloquio Che Guevara (1967-2017): imágenes, símbolos y legados, organizado en 2017 por la Université de Versailles Saint Quentin (Francia), hubiera sido imposible sin esos dos elementales requisitos. Se anuncia ahora que, con las presentaciones, también se hace un libro impreso. Uno más.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Lo que deben y no deben hacer los periodistas

/ 30 de mayo de 2021 / 00:33

Varias personas amigas y algunos colegas saludaron el recordatorio que hicimos sobre el Código Nacional de Ética Periodística y el reglamento vigente para el funcionamiento de su tribunal (TNÉP).

Dado que vivimos una temporada saturada de corruptelas, completamos la tarea resumiendo los puntos esenciales del código que, dicho sea de paso, soportó la prueba del tiempo: más de un decenio de vigencia. El TNÉP funcionó, a pesar del alejamiento del sector empresarial que estableció por separado su propio mecanismo exclusivo y excluyente. Remarcamos esto pues cuando el código se aprobó incluía a “los propietarios de los medios públicos y privados”. ¿Será que lo asumen por lo menos en parte, al haber participado en su elaboración?

Pues bien, luego de los propietarios el código abarca a directores, editores, periodistas, trabajadores que tengan que ver con las tareas informativas… así como quienes expresen opiniones a través de los medios. Todos ellos deben:

1) Informar con exactitud, equilibrio, veracidad, oportunidad, pluralismo y contextualizando los contenidos; 2) Presentar las distintas facetas de la información, tomando en cuenta las diversas fuentes…; 3) Presentar la información claramente diferencia de los comentarios. En ningún caso la información debe ser mezclada con opinión o condicionada por publicidad comercial, publicidad y o propaganda o por cualquier otro tipo de presión; 4) Usar siempre fuentes reconocidas, idóneas, apropiadas, confiables y verificadas para obtener noticias, grabaciones, fotografías, imágenes y documentos; 5) Proteger la identidad de las fuentes confidenciales…; 6) Citar obligatoria y correctamente las fuentes cuando éstas no sean confidenciales; 7) Respetar el embargo informativo y el “fuera de registro” (off the record); 8) Acatar y promover el respeto a la legislación referida a proteger los derechos de las personas sin discriminación alguna en el marco de la diversidad humana cultural y social; 9) Defender la naturaleza como un bien colectivo, contribuir a educar para su cuidado y promover la denuncia de hechos que generen contaminación y destrucción ambiental; 10) Salvaguardar la presunción de inocencia promoviendo un tratamiento informativo respetuoso para las personas involucradas; 11) Respetar la dignidad, el honor, la intimidad y la vida privada de todas las personas públicas y privadas (grupos humanos específicos…), deben referirse a sucesos o circunstancias de carácter privado cuando éstos involucren un interés público justificado y demostrable; 12) Proteger la identidad e integridad de todas las personas… sin discriminación alguna.

Asimismo, no deben:

1) Difundir informaciones falsas ni tendenciosas ni guardar silencio, parcial o total sobre hechos noticiosos; 2) Acudir al sensacionalismo ni exhibir… imágenes de cadáveres, de heridos graves o de personas en situaciones extremas, de manera morbosa y reiterativa; 3) Engañar, sobornar, intimidar, presionar… a sus fuentes, ni recurrir a dispositivos no autorizados para obtener información; 4) Invadir la privacidad de las personas fotografiando, grabando o filmando, cuando se le haya solicitado no hacerlo; 5) Hacer apología del delito ni emitir juicio anticipado sobre personas acusadas; 6) Utilizar su influencia como periodistas para obtener ventajas personales de cualquier índole…; 7) Utilizar información reservada… para su beneficio, en detrimento de terceros; 8) Recibir remuneración, obsequio o prebenda alguna de instituciones… que frecuenten en el ejercicio del periodismo.

Dejamos pendientes la cláusula de conciencia y el derecho a réplica y rectificación. Lo dicho hasta aquí basta y sobra para el comentario. ¿No les parece?

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Más de un decenio del Código Nacional de Ética Periodística

/ 16 de mayo de 2021 / 00:04

Tiempos hubo en que los trabadores de la prensa jugaban un importantísimo papel en el conjunto del movimiento popular boliviano, sobre todo en las tareas de esclarecimiento y la formación de conciencia en torno a los grandes temas nacionales. Dos de esos grandes temas estuvieron preponderantemente en la agenda periodística: la defensa de los recursos naturales, principal afluente para la formación de una conciencia patriótica y la lucha contra las dictaduras y sus resabios, así como contra nuevos brotes autoritarios surgidos en democracia. ¿Que esto significaba y significa asumir una posición política? ¡Claro que sí! En los mejores términos, lejos de la politiquería barata y los espectáculos circenses que, como en el caso de la Gobernación de La Paz, ofrecen estos días los políticos.

Asombra y duele que algunos colegas de las nuevas generaciones, cargados de títulos académicos y de pronto convertidos en “analistas”, arrojen por la borda esa loable tradición de luchas y, a título de apolíticos, escondan sus verdaderas posiciones no precisamente muy democráticas y menos patrióticas. Y este fenómeno se acrecienta por el extremo debilitamiento, casi dispersión, de las organizaciones sindicales y profesionales de la prensa en todos los niveles. ¿Están desapareciendo los espacios de reflexión y debate que, además, canalizan demandas y preocupaciones laborales? ¿Es dable imaginar a muchos jóvenes, varones y mujeres, trabajando aislados, atenazados por la inseguridad, la soledad y el miedo?

No es la hora de lamentaciones. Al contrario, con el optimismo que resta destacamos una importante creación del gremio: el Código Nacional de Ética Periodística, en torno del cual funciona un mecanismo de autorregulación que incluye un Tribunal y un Consejo Nacional que lo sustentan. Todo esto arrancó en 2009, pero después de un largo proceso de maduración, de intensos debates y construcción de consensos que involucraron a trabajadores de la prensa (sindicatos, federaciones y Confederación), asociaciones profesionales de periodistas (departamentales y la nacional ANPB), asociación de radioemisoras (Asbora), entidades de investigación académica y también agrupaciones empresariales (dueños de medios), aunque estos últimos muy pronto abandonaron la iniciativa y formaron su propio tribunal de honor exclusivo a cargo de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), situación que por similitud de siglas suele ocasionar confusiones. Para evitarlas, he aquí el Preámbulo:

“Este Código —que será aplicado por el Tribunal Nacional de Ética— recoge principios universalmente reconocidos para la autorregulación y el ejercicio ético del periodismo y buscará garantizar el derecho a la información y a la comunicación, …reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Art. 19), en la Convención Americana de Derechos Humanos (Art. 13) y en la Constitución Política del Estado de Bolivia (Art. 21 numerales 3, 5, 6; Art. 106 y Art. 107)”.

Luego vienen los cuatro Fundamentos y en una docena de incisos se establece lo que DEBEN HACER quienes tengan responsabilidades en el trabajo informativo y en otros ocho se apunta lo que ellos NO DEBEN HACER.

En sus respectivos acápites están el derecho a réplica y a rectificación, la cláusula de conciencia y el referido al funcionamiento del Tribunal Nacional de Ética Periodística (TNÉP), organismo constituido por personalidades representativas de la sociedad civil y connotados periodistas. El TNÉP funciona hace más de 10 años y emitió numerosos e importantes fallos. Al igual que muchas instituciones tiene actualmente dificultades, no solo por la pandemia, sino también por el inesperado fallecimiento, poco antes, de su última presidenta, la periodista Sandra Aliaga. Sin embargo, todos aguardamos que la pronta reactivación del TNÉP contribuya nuevamente a darle un norte al quehacer periodístico.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Hablar con propiedad mejora la comunicación

/ 1 de mayo de 2021 / 23:52

Jamás olvidaré una muy saludable charla ofrecida hace muchos años por Isaac Sandoval Rodríguez en el viejo Sindicato de Trabajadores de la Prensa de La Paz (todavía me cuesta llamarlo “Federación”), acerca de la utilización apropiada de conceptos, especialmente en el trabajo periodístico. El prominente abogado, catedrático e investigador del desarrollo histórico social boliviano, se refirió a semejanzas y diferencias entre términos como “Estado”, “nación”, “nacionalidad”, “patria”, “territorio”, “país” y otros afines a veces utilizados desaprensivamente como sinónimos. Nos remarcó también, según creo recordar, que no es lo mismo decir “casa superior de estudios” que “casa de estudios superiores”, o “sesión por tiempo y materia” que “sesión permanente por tiempo y materia”, o peor aún, “ciudad del pagador” en vez de “ciudad de (Sebastián) Pagador”. Por supuesto, Sandoval hizo mención además a la carga histórica que frecuentemente expresan los conceptos y los enconados debates que se producen en torno a ellos.

El tema viene a cuento estos días no precisamente de la irresuelta polémica entre “golpe de Estado” y “fraude” que tiene visos de nunca acabar. Haremos énfasis más bien en los conceptos que encierran “1 de mayo” y “genocidio” con sus correspondientes baños de actualidad. Vayamos por partes. El primer día del quinto mes del año, ayer en el calendario vigente, está dedicado al mundo del trabajo y tiene su raíz histórica en Chicago, cuando en 1886 se desató la lucha por la jornada laboral de 8 horas y culminó con el ahorcamiento de un grupo de dirigentes, los Mártires de Chicago, condenados injusta e ilegalmente. Fueron las organizaciones socialistas que años después propusieron y extendieron a casi todo el mundo la celebración de esta fecha como Día Internacional de los Trabajadores (y de las Trabajadoras, le añaden ahora los movimientos feministas). Se la considera como una jornada de lucha y de reafirmación de las propuestas políticas de igualdad social y fin de la explotación. Pese a la pandemia, esas voces han sido las predominantes en esta ocasión. Claro que también están los que desde siempre buscan limitar la fecha a un inocente “Día del Trabajo”. En su libro El poder minero, Juan Albarracín relata cómo el periódico El Diario elevó el grito al cielo porque los trabajadores paceños decidieron dar el “temerario paso” de conmemorar el 1 de mayo de 1907 y calificó de “criminal” la “igualdad soñada”.

Pasemos al otro tema. Hace pocos días el presidente Biden, por primera vez como política oficial de los Estados Unidos, admitió que Turquía había practicado un genocidio contra el pueblo armenio. Los hechos ocurrieron nada menos que hace ¡106 años! en momentos en que se desmoronaba el Imperio Otomano, pero mantienen una sorprendente actualidad, no otra cosa significa que el presidente turco Erdogan se haya enfurecido y le exige a Biden una urgente retractación, atenido a su rol de potencia intermedia en la región y su posición prominente en el seno de la OTAN, razones que hacen que otros países se abstengan de seguir los pasos de Estados Unidos. Apelamos a una “Guía para Estudiantes” del Museo Memoria y Tolerancia de México para recordar que el caso de Armenia es el más mencionado después del Holocausto, provocado contra el pueblo judío por la Alemania nazi. Pero están también los casos más o menos recientes de Camboya, Guatemala, Antigua Yugoslavia, Ruanda, Sudan, que ingresan a la definición de la “Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio” adoptada en 1948 y se reconocen como genocidio o están en vías de serlo por tribunales o comisiones de la verdad. Cuando hablamos de genocidio, entonces, no nos estamos refiriendo a cualquier acto de violencia criminal o masacres tan frecuentes en el mundo de hoy, sino a la aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos.

   Esito sería.

 Carlos Soria Galvarro es periodista.

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A 60 años de un hito histórico

/ 18 de abril de 2021 / 00:25

En Playa Girón, Bahía de Cochinos, en el centro sur de la isla de Cuba, el 19 de abril de 1961 fue escrita una importante página de la historia contemporánea. Una operación militar y política preparada al mínimo detalle por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), generosamente financiada y aprobada por el gobierno estadounidense (primero Eisenhower y luego Kennedy) era derrotada en menos de 72 horas por el pueblo cubano, sus Fuerzas Armadas, sus milicias populares y el indiscutible liderazgo de Fidel Castro.

No se trataba de una acción improvisada a último momento con exilados reclutados por su antipatía al gobierno fidelista, sino la culminación de una serie de atentados terroristas, boicot económico (retiro de la cuota azucarera y negativa a proveer de petróleo), aislamiento diplomático y minuciosos planes para el asesinato del líder cubano. El plan consistía en destruir en tierra la aviación mediante la simulación de un levantamiento (aviones yanquis con etiquetas cubanas); desembarco en un lugar alejado y solitario de más de un millar de exiliados anticastristas fuertemente equipados y entrenados, que partieron de Nicaragua (bajo la tiranía de los Somoza); establecimiento de una “cabecera de Playa” en territorio cubano en la cual se instalaría un “gobierno provisional” reconocido de inmediato por la OEA y por el gobierno de Estados Unidos, que a partir de ese momento tendría las manos libres para intervenir directamente.

Pero, les salió el tiro por la culata, fracasaron en toda la línea, se autoengañaron quienes decían que los invasores serían recibidos como libertadores y con los brazos abiertos. Todo lo contrario, la respuesta popular fue unitaria y muy resuelta, además con el acicate de que fue precisamente en esos momentos difíciles que se anunció el rumbo socialista del proceso revolucionario cubano.

La documentación oficial de los archivos estadounidenses, paulatinamente “desclasificada” y expuesta al público, es pródiga en información irrefutable sobre los objetivos y la forma en que fue llevada a cabo esta operación, típicamente imperialista. Sorprende el grado absoluto de sometimiento de los participantes anticastristas, se comportaban como obedientes mercenarios de un poder extranjero, sin tener ni voz ni voto en el diseño y la planificación del operativo.

Tampoco se trataba de una acción aislada y solitaria, era más bien parte sustancial de la política exterior norteamericana obsesionada por la posibilidad de que cundiera el ejemplo de Cuba. Por eso se ajustaban las clavijas de la dependencia en todo el continente y estaba a punto de lanzarse la llamada Alianza para el Progreso, programa de cooperación que resultó un verdadero fiasco, más propaganda que resultados efectivos y condiciones inaceptables para el más mínimo desembolso.

En Bolivia, la punta de lanza de esta política vino a ser el famoso “Plan Triangular” (EEUU, Alemania Federal y BID) para el sector de la minería nacionalizada que, ahora se sabe a ciencia cierta, era un plan condicionado al desmantelamiento de los sindicatos mineros de Catavi- Siglo XX ante el pánico de los yanquis porque Bolivia siga los pasos de Cuba. O sea cuando los trabajadores del subsuelo, con el apoyo de otros sectores laborales, ofrecían tenaz resistencia al “Plan Triangular” no solamente estaban defendiendo sus salarios y sus fuentes de trabajo, sino que también resistían a un modelo autoritario impuesto desde el norte (al respecto, volvemos a recomendar el documentado libro Minas, balas y gringos de Thomas C. Field).

Claro que, en el caso de Playa Girón, la solidaridad del pueblo boliviano no se redujo solo a los mineros. Amplísimos sectores populares se lanzaron a las calles, miles se inscribieron como voluntarios para ir a defender Cuba y otros tantos hicieron largas filas para donativos de sangre.

En 60 años pasaron muchas cosas, pero estos gestos solidarios se quedan para siempre en la memoria.

 Carlos Soria Galvarro es periodista.

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