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domingo 9 may 2021 | Actualizado a 03:00

A la vanguardia en la lucha contra los plásticos

Para garantizar un planeta más justo y sostenible hoy debemos afrontar una batalla clave contra el plástico.

/ 3 de junio de 2018 / 04:00

América Latina y el Caribe está tomando medidas audaces en la lucha contra la contaminación por plásticos. Los países de la región están creando leyes y políticas osadas para impulsar una nueva economía del plástico y proteger sus preciosos recursos naturales. Un planeta sin contaminación por plásticos es el tema del Día Mundial del Medio Ambiente 2018. ¡Celebremos y reconozcamos lo poderosa que puede ser la acción directa de los gobiernos para abordar este problema global!

Los beneficios del plástico son innegables. Es barato, liviano, duradero y fácil de hacer. Se puede usar de mil formas distintas. Nuestra comida se mantiene fresca por más tiempo gracias al plástico, y la medicina moderna no existiría sin él. Pero las mismas propiedades que hicieron del plástico un producto revolucionario han propiciado también un ciclo de producción irresponsable y un consumo y desperdicio excesivos.

Cada año descargamos en los océanos cerca de 13 millones de toneladas de plástico, incluidas micropartículas que entran en la cadena alimenticia y afectan la salud de todos los seres vivos del planeta. Las proyecciones actuales muestran que la producción mundial de plástico se disparará en las próximas décadas: se espera que llegue a la asombrosa cifra de 619 millones de toneladas en 2030.

En América Latina y el Caribe los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil han entendido la urgencia de reconsiderar la manera en que producimos, usamos y gestionamos el plástico. Ahora, se están tomando medidas decisivas “aguas arriba” para enfrentar la creciente marea de plásticos. Antigua y Barbuda fue el primer país del continente en prohibir las bolsas plásticas en 2016. Poco después, Colombia dictó una prohibición similar, y en 2017 aplicó un impuesto a las bolsas grandes de plástico que ha permitido reducir el consumo en un 35% y recaudar $us 3,6 millones en el primer año.

Costa Rica adoptó una estrategia nacional para reducir drásticamente el uso de plásticos desechables para 2021 y Panamá se convirtió en 2017 en el primer país de América Central en prohibir las bolsas de polietileno.

Chile propuso un proyecto de ley para imponer una prohibición nacional de bolsas de plástico de un solo uso, mientras que Ecuador pretende transformar las remotas Islas Galápagos en un archipiélago libre de plásticos: a partir del 21 de agosto de 2018 no se podrán vender ni usar sorbetes, envases de polietileno expandido, bolsas y botellas de plástico. Mientras tanto, Belice y Bahamas están promoviendo estrategias ambiciosas para erradicar los plásticos y proteger la biodiversidad del mar Caribe, que es el segundo más contaminado con plásticos en el mundo.

El liderazgo y una fuerte intervención de los gobiernos son clave para adoptar nuevos modelos de negocios sostenibles. Las regulaciones y los incentivos pueden guiar a las empresas a innovar y buscar rentabilidad utilizando alternativas al plástico. En América Latina y el Caribe, fabricantes, innovadores y consumidores ya se pusieron mano a la obra.

En Perú, empresas privadas están usando botellas reciclables para elaborar mochilas que tienen un poncho incorporado y sirven para abrigar a los escolares más pobres de los Andes. En Tamaulipas (México), un grupo de jóvenes fabrica platos desechables utilizando la fibra del nopal en lugar del plástico, mientras en Chile, estudiantes universitarios diseñaron una herramienta de localización geoespacial para recuperar basura marina.

Luchar contra la contaminación por plásticos nos ayudará a preservar ecosistemas preciosos, mitigar el cambio climático y proteger la biodiversidad y nuestra salud. ¡Esta es una batalla clave que debemos librar hoy para garantizar mañana un planeta más justo y sostenible!

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Cinco formas de ganar a la contaminación

Durante demasiado tiempo se ha entendido que la naturaleza debe ser sacrificada a cambio de la prosperidad.

/ 19 de noviembre de 2017 / 11:53

En América Latina y el Caribe 100 millones de personas habitan en zonas con mala calidad del aire y están expuestas a serios problemas de salud. Actualmente la contaminación atmosférica es el mayor riesgo ambiental para la salud humana: se estima que una de cada nueve muertes en el mundo está relacionada con este tipo de polución.

Los latinoamericanos también están en riesgo por la contaminación del agua y del suelo. El mar Caribe, que evoca imágenes de aguas turquesas y corales prístinos, es considerado uno de los mares más contaminados con plásticos en el mundo. Cerca del 25% de todos los ríos de la región sufren una severa contaminación por patógenos; el costo económico de la exposición infantil al plomo asciende al 2% del PIB; y el uso incorrecto de pesticidas afecta agudamente a los ecosistemas y a los pequeños agricultores.

Frenar la contaminación es vital para proteger los sistemas naturales que no solo sustentan a miles de millones de personas, sino a toda la vida en la Tierra. Es por eso que la tercera sesión de la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, que tendrá lugar del 4 al 6 de diciembre en Nairobi (Kenia), eligió el tema “Hacia un planeta sin contaminación”. Puede parecer un objetivo utópico, pero es alcanzable.

Gobiernos, científicos, expertos, financistas, grupos comunitarios e intelectuales se reunirán con el fin de discutir soluciones innovadoras para poner fin a la contaminación.

Durante demasiado tiempo se ha entendido que el medio ambiente debe ser sacrificado a cambio de la prosperidad; que enfrentar la contaminación es un costo no deseado para la industria y una desventaja para el crecimiento económico. Pero las tendencias mundiales están demostrando que este ya no es el caso. Ahora está claro que el desarrollo sostenible es la única forma de desarrollo que tiene sentido, incluso en términos financieros y económicos. El impulso hacia un planeta sin contaminación nos brinda la oportunidad de innovar y ser más competitivos.

La revolución energética que se desarrolla actualmente es un motor de cambio, al igual que la creciente movilización en torno al clima. El abaratamiento en los costos de la energía a partir de fuentes renovables, como la eólica y la solar, implica que los países que están alejándose de los combustibles fósiles obtendrán los mayores beneficios para sus economías y el medio ambiente. Estos países tendrán mejores y más rápidas redes de transporte y matrices eléctricas más flexibles.

Con la transición al desarrollo verde y sostenible en marcha, ahora debemos centrarnos en cómo intensificar y acelerar estas tendencias para proteger el medio ambiente, combatir el cambio climático y frenar la contaminación. Tal y como lo veo, hay cinco piezas críticas en este rompecabezas.

Necesitamos liderazgo político y asociaciones. Un pacto mundial sobre la contaminación garantizaría un compromiso sostenido al más alto nivel y haría de la prevención una prioridad para todos.

Necesitamos las políticas correctas. Es necesario fortalecer la gobernanza ambiental, con medidas específicas contra los contaminantes más agresivos mediante evaluaciones de riesgos y una mejor aplicación de la legislación ambiental.

Necesitamos una nueva manera de dirigir nuestras vidas y economías. Se debe promover el consumo y la producción sostenibles a través de una mejor eficiencia de recursos y cambios en el estilo de vida.

Necesitamos invertir en grande. Movilizar las finanzas y la inversión hacia oportunidades bajas en carbono y una producción y consumo más limpios impulsará la innovación y ayudará a contrarrestar la contaminación.

Y, finalmente, necesitamos promover la acción. Los ciudadanos deben estar informados e inspirados para reducir su propia huella de contaminación y abogar por compromisos audaces de los sectores público y privado contra la contaminación.

Con la Asamblea de la ONU para el Medio Ambiente a poco menos de un mes, ahora tenemos la oportunidad de aumentar drásticamente la ambición de nuestros objetivos. Estoy seguro de que América Latina y el Caribe será determinante en el movimiento para lograr un mundo sin contaminación.

* es director ejecutivo de ONU Medio Ambiente

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La vida es mejor en contacto con el planeta

Para quienes viven en ciudades, la naturaleza puede verse a menudo como algo solamente decorativo.

/ 4 de junio de 2017 / 12:59

El campo noruego es un magnífico sitio de juegos para un niño. Ninguna aventura supera la de lanzarse por colinas onduladas o adentrarse en misteriosos bosques. Siempre he vivido en la ciudad, pero tuve la suerte de criarme explorando estos tesoros naturales de Noruega, mi país.

Algunas de mis memorias favoritas son de aquellas aventuras. Recuerdo la emoción de cruzar un manantial burbujeante, el olor del pino empapado tras la lluvia o los altos pastos acariciados por el viento. Los inviernos eran fríos, pero también divertidos. Los bosques y montañas quedaban cubiertos de una sábana de nieve y hielo, pero en los días soleados los destellos a través del hielo en los árboles proporcionaban una escena mágica. En esta época se desarrolló en mí un amor profundo por la naturaleza, uno que ha permanecido.

Para quienes viven en ciudades, la naturaleza puede verse a menudo como algo decorativo. Allí el pasto es domado y recortado y los árboles se encajan en el pavimento. Los parques urbanos proveen un refugio, pero a medida que el trabajo copa cada vez más el tiempo de la gente, parece haber menos oportunidades para disfrutar del mundo natural. Eso es un problema para todos.

La mitad de la población mundial vive en ciudades y la urbanización se extiende rápidamente. La mayoría de nosotros, habitantes de la ciudad, sentirá a veces que pierde el contacto con el medio ambiente. Pero justo cuando más nos alejamos de la naturaleza, se vuelve cada vez más crucial protegerla.

Los símbolos de la vida moderna (rascacielos, teléfonos inteligentes, comida rápida, etc.) se construyen sobre los fundamentos de complejos sistemas naturales. Ríos, selvas, desiertos, océanos, todos son ecosistemas que nos dan lo que necesitamos para sobrevivir y prosperar. Sin una naturaleza saludable, nuestra vida moderna se derrumbaría.

Pero algunos de estos ecosistemas son tan complejos que se hace muy difícil comprender cuán importantes son. Un insignificante cambio, como la desforestación o el desvío de ríos, puede causar efectos desastrosos. Lo vemos con el cambio climático. Un pequeño aumento global en la temperatura está causando un incremento del nivel del mar, más inundaciones y sequías, y la disminución de especies. Fundamentos naturales como las lluvias anuales o los polinizadores que hacen que crezcan los cultivos de repente tambalean.  

Está claro. Es importante que garanticemos esta base para la supervivencia humana. ¿Pero cómo lo haremos si casi no entendemos la conexión?

Conocer sobre la naturaleza ayuda, pero para verdaderamente entender la conexión tenemos que sentirla cerca. La sensación que tenemos cuando estamos en contacto con la naturaleza es que somos parte de algo mucho más grande que nosotros. Es algo instintivo.

Por eso, este Día Mundial del Medio Ambiente, que mañana se celebra, estamos pidiendo a las personas retomar esa cercanía, salir y conectarse con la naturaleza. Que el 5 de junio hagan una caminata en la montaña, atraviesen la selva en bicicleta o naden en un lago. Aprovechen cualquier oportunidad de acercarse a la naturaleza, y desde ese día no dejen de hacerlo.

La vida es mejor si estamos en contacto con nuestro planeta. Cuando nos conectamos con la naturaleza, nos estamos permitiendo entenderla, y con ello ayudamos a salvarla. Fui afortunado de encontrar un mundo lleno de maravillas cuando era joven. Mientras crecía descubrí las vastas maravillas de nuestro mundo. Hay tanto qué explorar, tanto con qué inspirarnos y tanto qué proteger fuera de nuestra burbuja urbana.

¡Salgamos y disfrutemos!

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