Voces

domingo 20 jun 2021 | Actualizado a 06:56

Irracionales demandas de Pompeo sobre Irán

Las demandas de Pompeo son un ultimátum que exige la entrega total de Irán a los deseos de EEUU.

/ 9 de junio de 2018 / 04:25

El 21 de mayo, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, presentó una lista con 12 demandas al Gobierno iraní, junto a un discurso amenazando con “aplastar” a Irán. Sus palabras llegan semanas después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, sacara a su país del acuerdo nuclear con Irán, las cuales no son nada más que ultimátum que exige la entrega total de Irán a los deseos de Estados Unidos.

Estas 12 demandas reflejan un malentendido de la política exterior iraní, el derecho internacional y las realidades de la región; por ello merecen ser rebatidas. En primer lugar Pompeo afirmó que Irán debe entregar al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) “un informe completo de las dimensiones militares previas de su programa nuclear”. Sin embargo, como parte del acuerdo nuclear —denominado Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés)—, la OIEA resolvió la cuestión de las “posibles dimensiones militares” del programa nuclear iraní después de años de investigación, incluidas varias visitas a instalaciones militares.

En segundo lugar, pidió a Irán “detener el enriquecimiento de uranio y no continuar el reprocesamiento de plutonio”, incluyendo el “cierre de su reactor de agua pesada”. Tal demanda contraviene directamente el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que permite a los signatarios desarrollar el ciclo del combustible nuclear para fines civiles, incluso el enriquecimiento. Como miembro del TNP, Irán ha desarrollado un programa de enriquecimiento de uranio, al igual que otros países como Brasil, Argentina y Japón; el cual dicho de paso fue reconocido por la resolución 2231 de la ONU, aprobada posteriormente en el JCPOA.

En tercer lugar, exigió a Irán “proporcionar a la OIEA acceso no calificado a todos los sitios del país”. Con el JCPOA, la nación persa ya aceptó los más altos estándares de transparencia nuclear en la historia de la no proliferación. Esto incluye aceptar el Acuerdo de Salvaguardias, el protocolo adicional y el Acuerdo Subsidiario 3.1.

En cuarto lugar, Pompeo dijo que Irán “debe terminar su proliferación de misiles balísticos y detener el desarrollo de misiles con capacidad nuclear”. Como han explicado expertos en control de armas en organizaciones como el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, ninguno de los misiles iraníes ha sido diseñado para poder transportar ojivas nucleares. Su programa balístico se gestó cuando Irán se vio obligada a defenderse de los misiles procedentes de Irak durante la guerra que entablaron ambas naciones durante ocho años. Ninguna nación en la historia reciente ha sido víctima de los ataques con misiles tan a fondo como lo ha sido Irán.

En quinto lugar, pidió liberar “a todos los ciudadanos estadounidenses detenidos por cargos espurios o desaparecidos en Irán”. En este aspecto, Pompeo debería respetar que Irán es un país soberano, al igual que Estados Unidos. Su demanda es tan ilegítima como si Irán le pidiera a Estados Unidos que libere a todos los prisioneros iraníes retenidos en sus cárceles.

Sexto, Pompeo solicitó a Irán “que deje de apoyar a los grupos terroristas de Medio Oriente, incluidos al grupo libanés Hezbolá, a Hamás y a la Yihad Islámica Palestina”. Esto a pesar de que estas organizaciones han participado y ganado las elecciones en sus respectivas regiones. En particular Hezbolá obtuvo una victoria aplastante en las recientes elecciones parlamentarias del Líbano. Por lo tanto, la demanda de Pompeo infringe la demanda de los pueblos libanés y palestino, no de Irán. El mismo Trump recientemente dijo con sarcasmo que con los aliados regionales de Estados Unidos como los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Catar financian el terrorismo, y agregó que “lo estamos deteniendo”.

En séptimo lugar, el Secretario de Estado declaró que “Irán debe respetar la soberanía del Gobierno iraquí y permitir el desarme, la desmovilización y la reintegración de las milicias chiitas”. Esta demanda es irónica, dado que Estados Unidos tiene actualmente miles de tropas en Irak. Incluso una coalición encabezada por Hadi Al-Ameri, un comandante popular de la milicia, quedó en segundo lugar en las elecciones parlamentarias de Irak. Altos funcionarios iraquíes han reconocido que sin el apoyo iraní el Estado Islámico (ISIS) “estaría parado en las puertas de Bagdad”.

Al posicionarse frente a las Unidades de Movilización Popular (PMU), que no son monolíticamente chiitas y fueron creadas después de una fatwa (pronunciamiento legal en el Islam) por el ayatolá iraquí Ali Sistani después de que el Estado Islámico invadiera gran parte de Irak en 2014, Pompeo alineó a los Estados Unidos contra el pueblo iraquí, no Irán.

Octavo, el Secretario de Estado afirmó que Irán debe “finalizar su apoyo militar a la milicia houthi y trabajar para lograr un acuerdo político pacífico en Yemen”. Desde el comienzo del asalto de la coalición liderada por Arabia Saudita contra Yemen en 2015, que según las Naciones Unidas creó “la peor crisis humanitaria del mundo”, Irán ha pedido una solución política al conflicto.

Noveno, Pompeo declaró que “Irán debe retirar todas las fuerzas bajo comando iraní de Siria”. Las fuerzas iraníes, al igual que las fuerzas rusas, están legalmente en Siria por invitación del Gobierno sirio para combatir a los grupos armados rebeldes. Solo Damasco puede pedir su retirada, y la demanda del Secretario de Estado infringe el derecho de Siria a luchar contra los grupos terroristas y defender su soberanía.

En décimo lugar, dijo que “Irán debe terminar con el apoyo a los talibanes y otros terroristas en Afganistán y la región, y dejar de albergar a Al Qaeda”. Acusar a la nación persa de apoyar a grupos terroristas como los talibanes y Al Qaeda carece de fundamento. Irán ha luchado activamente contra estos grupos radicales antiiraníes, los cuales fueron durante varios años los principales representantes de los aliados de Estados Unidos en Oriente Medio, como Arabia Saudita en Afganistán. La ex secretaria de Estado Hillary Clinton reconoció esto en 2011, cuando declaró: “hoy financiamos a la gente con la que luchamos hace 20 años”.

Undécimo, el Secretario de Estado declaró que Irán “debe terminar con el apoyo de las fuerzas Quds de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) para los terroristas y los socios militantes”. El mandato de la Fuerza Quds es el mismo que el del Comando Central de Estados Unidos (Centcom) en la región. La diferencia es que Irán se encuentra en la región y tiene intereses fundamentales de seguridad nacional para proteger sus fronteras y su integridad territorial, mientras que Centcom está operando a miles de millas de distancia de las fronteras estadounidenses.

Duodécimo, al señalar que Irán debe “poner fin a su comportamiento amenazante contra sus vecinos”, Pompeo dejó fuera más que un poco de historia; por ejemplo, el hecho de que el gobierno de Sadam Husein invadió a Irán en 1980 con el apoyo de Estados Unidos y de la mayoría de los Estados Árabes. La realidad es que Estados Unidos atacó a Irak, Afganistán y Libia, sembrando inestabilidad en la región.

A pesar del falso llamado de Pompeo a la diplomacia, su discurso por en evidencia un cambio oficial en la política estadounidense respecto al país persa. Sus demandas insostenibles eliminan las perspectivas diplomáticas entre Estados Unidos e Irán. Dado que la crisis nuclear iraní fue la única que se logró resolver a través de la diplomacia en Medio Oriente, este modelo debería ser utilizado para resolver otras crisis regionales.

Comparte y opina:

El camino a la paz entre Irán y Occidente

Una consecuencia positiva son las intensas conversaciones entre Estados Unidos e Irán. Varias décadas de desconfianza y animosidad no pueden desaparecer así como así, pero el hecho de que estén dialogando desde la revolución de 1979 es un dato positivo para la normalización.

/ 12 de abril de 2015 / 04:00

Después de ocho días de negociaciones sin descanso en Suiza, Irán y las potencias mundiales alcanzaron un acuerdo marco sobre la cuestión nuclear el pasado 2 de abril. Este convenio inicial sirve de base para continuar las conversaciones hasta el 30 de junio, plazo marcado para lograr un acuerdo definitivo. Tras una breve pausa, todas las partes empezarán a redactar sus disposiciones fundamentales para poner fin a más de un decenio de disputas.

El anuncio fue asombrosamente detallado en cuanto a los compromisos y las concesiones de Irán y el grupo P5+1, que incluye a Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, Francia, China y Alemania. El marco pactado establece un grado de intromisión insólito en las inspecciones y medidas de transparencia con el fin de garantizar unos fines exclusivamente pacíficos del programa nuclear iraní. También limita la producción y las reservas iraníes de materiales fisibles y decreta que la mayoría del uranio enriquecido se destine a la exportación. A cambio, el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, la Unión Europea y Estados Unidos revocarán todas las sanciones. El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) verificará que Irán respeta sus compromisos.

Si el acuerdo marco desemboca en un acuerdo global y entra en vigor, todas las partes saldrán ganando, porque satisface las principales exigencias. Desde el principio, los iraníes insistieron en obtener dos cosas fundamentales. La primera, que la comunidad internacional reconociera y respetase el derecho de Irán a disponer de tecnología nuclear para usos pacíficos, incluido el enriquecimiento, como firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). La segunda, que se levantaran las sanciones. A su vez, Irán ha demostrado su flexibilidad y compromiso para tomar medidas concretas que tranquilicen al P5+1 a propósito de la proliferación. Obama lo reconoció en su declaración posterior: “Este marco le cerraría a Irán cualquier posibilidad de desarrollar un arma nuclear. Irán sufrirá estrictas limitaciones en su programa, y ha aceptado las inspecciones y el régimen de transparencia más enérgicos y minuciosos jamás negociados para cualquier programa nuclear”. Irán ha admitido todas las medidas destinadas a crear confianza y garantizar que no se desviará hacia el armamento. A la hora de la verdad, este acuerdo va a elevar el listón en la política mundial de no proliferación.

CONTRARIOS. Los enemigos de cualquier avance diplomático se han hecho notar enseguida. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, proclamó su oposición en los medios estadounidenses y dijo que el acuerdo marco era “un pésimo acuerdo” que no basta para desmantelar la infraestructura nuclear iraní ni “detener sus agresiones en la región”. He aquí algunos datos relativos a las preocupaciones de Bibi (Netanyahu): Irán no tiene armas nucleares y es miembro del TNP, que propugna el desarme nuclear y su limitación. Por el contrario, Israel posee más de 400 cabezas nucleares y nunca ha firmado el TNP. Durante más de diez años, Irán ha permitido a la OIEA más de 7.000 inspecciones de sus instalaciones nucleares, un acceso sin precedentes en la historia de la agencia nuclear de la ONU. El número de inspecciones que ha permitido Israel en ese tiempo es impresionante: cero.

Sobre las agresiones regionales y lo que Netanyahu llama “la maquinaria militar iraní que está conquistando Oriente Próximo”, Irán no ha invadido ningún país en los últimos 200 años, mientras que Israel, desde su creación en 1948, ha ocupado territorios palestinos y librado guerras contra sus vecinos. Lo irónico es que las políticas insensatas han sido las de Netanyahu, como deja claro su reciente rechazo a la solución de dos Estados para el conflicto israelo-palestino.

Otra grave amenaza contra el acuerdo es el Congreso estadounidense, dominado por los republicanos, que quiere que aumenten las sanciones y la presión. El argumento de quienes apoyan estas políticas es que obligarían a Irán a capitular. Pero históricamente las medidas de ese tipo siempre han obtenido el resultado contrario. Los principios del acuerdo marco, firmado tras nueve años de amplias sanciones, sabotaje, asesinatos de científicos nucleares y aislamiento internacional de Irán, son los mismos que los propuestos a los países europeos en marzo de 2005. Yo era entonces portavoz del equipo nuclear iraní. Aquellas negociaciones fracasaron por la insistencia de Estados Unidos en que Irán no podía enriquecer en su territorio, una clara violación de los derechos iraníes.

En 2013, Estados Unidos aceptó que Irán enriqueciera uranio con arreglo al TNP, aunque con limitaciones y solo para cubrir sus necesidades prácticas. Este giro político fue lo que permitió desbloquear las conversaciones y alcanzar el acuerdo nuclear provisional o el Plan de Acción Conjunta (PAC) en noviembre de 2013. Washington cambió de actitud, no para aplacar a Irán, sino tras comprender que las sanciones habían acelerado su programa nuclear. Antes de las sanciones, Irán poseía unos cuantos centenares de centrifugadoras, enriquecía uranio por debajo del 5% y tenía una reserva de unos cientos de kilogramos. Desde las sanciones, Irán cuenta con 22.000 centrifugadoras, un nivel de enriquecimiento de uranio del 20% y 9.000 kilos de reservas. Los llamamientos de Netanyahu y el Congreso norteamericano a endurecer las sanciones e incluso a la guerra no lograrán más que la expansión del programa nuclear y las represalias de Irán.

El último triunfo diplomático pone en marcha unas medidas que superan cualquier régimen internacional de vigilancia, certificación e inspecciones en el ámbito nuclear. El responsable técnico del equipo negociador estadounidense, Ernest Moniz, ministro de Energía, ha dicho que el acuerdo proporcionará “acceso y transparencia sin precedentes” a los inspectores y que habrá “vigilancia continua de la producción de las centrifugadoras”, y ha advertido de que, “si no cumple alguno de estos requisitos, lo sabremos de inmediato”. Estas nuevas medidas podrían servir de base para un mejor sistema de no proliferación nuclear en la región. Y el acuerdo definitivo, previsto para junio, podría abrir la puerta a más discusiones entre Irán y las potencias mundiales sobre problemas —como la estabilidad y la seguridad en Irak y Siria y la lucha contra el extremismo— que tienen a la región sumida en el caos. Otra consecuencia positiva son las intensas conversaciones bilaterales entre EE UU e Irán. Aunque varias décadas de desconfianza y animosidad no pueden desaparecer así como así, el hecho de que las dos partes estén dialogando abiertamente por primera vez desde la revolución de 1979 es un dato positivo para la normalización.

Comparte y opina: