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viernes 1 jul 2022 | Actualizado a 00:58

Perdonazo tributario

/ 22 de agosto de 2018 / 03:52

Ante la elevada mora que persiste en las principales entidades tributarias del nivel central (el Servicio Nacional de Impuestos y la Aduana), días atrás el Ejecutivo envió a la Asamblea un proyecto de ley que contempla condonar hasta el 95% de las multas y el 100% de los intereses a los contribuyentes individuales y a las empresas que se acojan a este programa en los próximos meses.

Con la aprobación de esta norma, las autoridades prevén recabar al menos Bs 5.980 millones de un total de Bs 29.900 millones que los contribuyentes adeudan al fisco por multas e intereses. Además, permitiría regular la situación de las empresas que hoy se encuentran en mora, algunas de las cuales previsiblemente siguen funcionando pero en la informalidad.

Se trata sin duda de una medida más que necesaria, más aún tomando en cuenta que en los últimos años no pocos contribuyentes han adquirido elevadas multas con el SIN por faltas u omisiones en sus declaraciones cuya existencia se enteraron solamente después de que las sanciones alcanzaran cifras astronómicas, por los intereses y otros gravámenes que se van sumando progresivamente. Además, no pocos negocios y empresas tuvieron que cerrar por confiar el pago de sus impuestos a contadores con mala intención y/o incompetentes que terminaron engañándoles o haciendo mal su trabajo, con las consiguientes sanciones que el SIN suele aplicar ante cualquier vulneración tributaria, independientemente de si hubo dolo o no en la infracción.

Sin embargo, como bien han señalado representantes del sector privado, este “perdonazo” puede resultar insuficiente, pues aún prevalecen las deficiencias en el actual Código Tributario que le permite al SIN aplicar multas contra los contribuyentes desde el mismo día en el que son detectadas las supuestas irregularidades. Hecho que vulnera la presunción de inocencia y el derecho al debido proceso de los “infractores”. Además, lo lógico sería que si una persona ha cometido alguna vulneración a la norma, por ejemplo en el llenado de algún formulario, se le advierta oficialmente de esta irregularidad y se le permita presentar sus descargos y/o se le dé un tiempo prudente para corregir los errores antes de aplicar las sanciones e intereses, que cada día se incrementan geométricamente, tal y como hoy ocurre.

Por último, urgen mayores facilidades a la hora de pagar impuestos, especialmente para quienes trabajan de manera independiente o cuentan con un negocio unipersonal. Por ejemplo, permitiéndoles honrar sus deudas tributarias de manera directa, una sola vez al año, a través de cuentas bancarias, por medio de programas de fácil manejo que calculen el monto a cancelar, y sin la necesidad de tener que acudir a contadores legalmente reconocidos. Esto no solo evitaría estafas fomentadas por contadores de mala fe, sino también impulsaría una mayor formalidad en la economía.

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El MIR y la unidad de la izquierda

/ 30 de junio de 2022 / 01:04

El Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) creado en 1971, desde su fundación se preocupó por la unidad de la izquierda. La izquierda en Bolivia nació en los años 30, la mayoría de estos partidos se dividieron, podemos nombrar al Partido Obrero Revolucionario (POR, 1935); el Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR, 1940-1955). De una escisión del PIR nació el Partido Comunista de Bolivia (PCB, 1950). Luego el PCB se dividió y surgió el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML, 1965). Se creó el Ejército de Liberación Nacional (ELN, 1967), el Partido Socialista (PS, 1970). De una disensión del PS, surgió el Partido Socialista-1 (1978).

En su primera participación electoral, el MIR, bajo la consigna “El poder de la unidad”, creó un Frente Unitario de Izquierda (mayo, 1971) compuesto por el Movimiento Espartaco, Marxistas Independientes y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), para terciar en las elecciones de la Federación Universitaria Local (FUL) de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), con la sigla MIR-UMSA donde obtuvieron el triunfo electoral.

Al momento de su nacimiento (septiembre, 1971), el MIR se fundó con la unidad de tres corrientes ideológicas: Marxistas Independientes, Grupo Espartaco y la Juventud Demócrata Cristiana Revolucionaria (JDCR), escisión del Partido Demócrata Cristiano.

En 1972, el MIR impulsó la creación del Frente Revolucionario Antiimperialista (FRA) —durante la dictadura de Hugo Banzer—, con la participación de todos los partidos de izquierda: ELN, PCB, POR (Guillermo Lora), PCML, PS (Marcelo Quiroga Santa Cruz), PRIN (Juan Lechín Oquendo). A pesar de sus postulados estratégicos para derrocar a la dictadura banzerista su duración fue corta, las pugnas internas especialmente con el PCB y el PS, llevaron a la ruptura del FRA. El resultado para el MIR fue la pérdida de sus filas de René Zabaleta Mercado, Pablo Ramos Sánchez, Adalberto Kuajara y otros, que se adscribieron al PCB.

Luego de la experiencia del FRA, el MIR continuó su camino de lucha solo, en alianzas estratégicas coyunturales con los otros partidos de izquierda hasta la creación del frente de la Unidad Democrática y Popular (UDP) en 1978, del cual fue su principal impulsor. La UDP estaba conformada por el MIR, PCB y el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNRI), frente con el cual el MIR gobernó (1982-1984).

El MIR se dividió en MIR MASAS (1984-1990), MBL (1985-2006) y MIR Nueva Mayoría (1985-2006).

El MIR MASAS, en su tradición de unidad de la izquierda, creó el Eje de Convergencia Patriótica (ECP), una alianza con la Coordinadora 4 de Marzo (C4M), el Bloque Popular Patriótico (BPP) y el Partido Comunista V Congreso —escisión del PCB—. Participó como Eje de Convergencia Patriótica en las elecciones nacionales (1989-1993), en el frente de la Izquierda Unida (IU), cuyos candidatos fueron Antonio Araníbar (MBL) y Wálter Delgadillo (MIR MASAS). Se desintegró en 1990. Sus bases aún continúan en la actividad política, dispersos al interior del MAS.

El MIR Bolivia Libre (luego MBL) participó en las elecciones nacionales (1985-1993) en el Frente del Pueblo Unido (FPU), junto al PCB, PS-1, PRIN; los candidatos fueron Antonio Araníbar (MBL) y Óscar Salas (PCB). En las elecciones (1989-1993) se presentó con la Izquierda Unida (IU), junto al ECP, PCB, PS- 1 ( fracción Ramiro Velazco), MAS (ala de izquierda, de Falange Socialista Boliviana, FSB —de David Áñez—), Filemón Escóbar y todo el saldo de la izquierda; sus candidatos fueron Antonio Araníbar (MBL) y Wálter Delgadillo (MIR MASAS). Participó de las elecciones generales (1993-1997) con sus candidatos Antonio Araníbar y Miguel Urioste. Para el periodo 1997-2002 sus candidatos fueron Miguel Urioste y Marcial Fabricano. Perdió su sigla en 2006. De una fracción del MBL, nació el Movimiento Sin Miedo (MSM).

La fracción que se quedó con la sigla del MIR creó la Nueva Mayoría, y se convirtió en MIR Nueva Mayoría. Con la sigla MIR participó en las elecciones de 1985 a 2002. Fue gobierno (1989-1993). Perdió su sigla en 2006. Del MIR Nueva Mayoría nació Unidad Nacional (UN).

Claudia Miranda Díaz es economista.

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El tono rojo de nuestro progresismo

/ 30 de junio de 2022 / 00:58

Si seguimos la discusión política en la región en torno a que la política se lee cada vez menos con la imagen y los textos del Che o de Marx, y más con la identidad de Pluto o Goofy; entonces podremos convenir que estamos frente a un escenario que invita a la movilización cada vez menos motivada por criterios ideológicos, cada vez más por la identidad política que se tiene, y mucho más aún por el interés que busco obtener a partir del gremio al que pertenezco o de la identidad que profeso.

Este asunto identitario está obligando a los candidatos de izquierda en el continente a moderar —conservadurizar— el discurso, primero porque el discurso que se posicione en un extremo del polo es el que menos incentivo genera a los ismos urbanos de hoy: ecologismo, feminismo, ambientalismo, etc.

Segundo, el contexto político y social que sufrimos en los últimos tres años ha invadido la política de miedo, enfado y desesperanza. Casi nadie está dispuesto por apostar su futuro por algo que no conoce, esto nos hace más cautos de alguna forma a la hora de apoyar algún liderazgo, y también nos inclina a revivir lo añejo en aquello que representa la nostalgia en la que pensamos que vivíamos más cómodamente.

Estos rasgos, grosso modo, son los que se evidenciaron en al menos los dos últimos procesos electorales como los casos chileno y colombiano; es decir, si la hipótesis es que la región de este continente se encuentra en una nueva ola de izquierda de similar impulso como la tenía el socialismo del siglo XXI con Evo, Chávez, Correa y Kirchner; en este caso no es así, porque así, o bien los presidentes de hoy son vistos como figuras tuteladas por otros líderes anteriores a ellos, o bien porque carecen de la fuerza política suficiente como para tomar decisiones de fondo.

Por tanto, quizá esto que se dice que es una ola, solamente alcanza a ser considerado como una brisa con un aliento significativo que viene desde distintas direcciones y no con una fuerza unificada. Con esto no me suscribo tampoco en esas visiones que ya le dieron fecha de caducidad al progresismo latinoamericano usando el atajo más simple y mecánico para denostar esta corriente a través de decir que es mero populismo.

Lo que estamos viviendo en la región es tan incierto que no alcanza como para que los partidarios de la izquierda latinoamericana, cada vez que alguno de sus partidarios triunfa en una elección, entonces se abra demasiado las compuertas como para lanzar vivas en torno a que el bien estaría triunfando sobre el mal. O del otro lado, simplificar demasiado las cosas pensando que todo se reduce a una lucha entre la democracia contra una dictadura.

Son tiempos cuyo color para describirlo se me ocurre que son grises, en distintas tonalidades cuando se habla de la disputa izquierdaderecha. Y para el caso del progresismo latinoamericano diría que es menos color rojo intenso de combate y más tenue hacia un rosado ecléctico; quizá no sería mala idea replantearse el alcance de esto porque en la vereda de la derecha lo que se trabaja últimamente y mucho es cohesionar en torno a valores a su electorado con el marco de que lo que vivimos hoy son auténticos tiempos del libertinaje.

Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario.

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Vacaciones, tiempo de disfrute

/ 30 de junio de 2022 / 00:55

El lunes 4 de julio, casi 3 millones de estudiantes de primaria y secundaria saldrán de vacaciones invernales en Bolivia. ¿Qué harán? ¿A qué se dedicarán? ¿Cuántas horas estarán pegados a sus celulares, tablets o a sus computadoras? Aprovecharán para dormir hasta más tarde, estarán en sus casas quizás callados, quietos, encerrados. ¿Ese silencio, esa rutina, ese dejarse estar es el que queremos para los niños y adolescentes? Si algún adulto contesta que eso sería lo ideal, es porque olvidó cómo era él mismo cuando tenía 6, 10 o 18 años.

Las vacaciones son un tiempo para aprender, sobre todo de la vida, de su importancia, de cómo ser mejor ser humano, más creativo, más útil para sí mismo y por ende para los demás. Este periodo fuera de las aulas debe ser fuente de revelaciones para descubrir verdaderos talentos en el deporte: fútbol, ráquet, natación, atletismo. Vocaciones artísticas en el arte: pintura, danza, teatro, escribir historias, cuentos. O el desarrollo de liderazgos: organizar actividades en la casa, la cuadra, el barrio, conformar grupos con actividades específicas.

Es verdad que en el caso sobre todo de los niños pequeños, se debe contar con la voluntad, la participación y parte del tiempo de los padres o los adultos que están a cargo de los menores para supervisar estas actividades, se requiere el traslado de los pequeños, llevarlos, recogerlos, pero eso sucede también cuando están en la escuela o el colegio, así que las personas mayores también deben estar dispuestas a continuar con sus tareas de cuidado durante las vacaciones.

Las autoridades han determinado que están prohibidas las tareas, los profesores no pueden mandar a hacer deberes durante las vacaciones. Eso está bien, porque los estudiantes deben tener tiempo para otras actividades. Los municipios por ejemplo, deberían abrir los museos para que niños y adolescentes los visiten. Los encargados de turismo tienen la oportunidad de ofertar viajes cortos y económicos. Este es un buen tiempo también para promocionar visitas urbanas por sitios con interés histórico, paseos que también pueden ser programados por los adultos sin esperar la iniciativa de autoridades.

El tiempo es veloz y más vale que le tomemos la delantera, los hijos crecen muy rápido, dicen adiós justo cuando queremos disfrutarlos, influir amorosamente en sus vidas, pero ya no podemos. Las vacaciones de invierno tienen su encanto, es un tiempo para transmitir nuestras tradiciones en la comida, cada región ofrece su propia bebida caliente para combatir el frío, su propia sopa, su propio pan. Tienen sus propios cuentos, sus personajes. Siempre hay un adulto mayor dispuesto a contar, a invitar para que las vacaciones, estas vacaciones de invierno sean inolvidables.

Lucía Sauma es periodista.

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Los fantasmas de la IED

/ 30 de junio de 2022 / 00:51

Durante los años 90, con la aplicación de las medidas de ajuste estructural que direccionaron la economía boliviana hacia un modelo de mercado en el cual la participación del Estado era reducida, la Inversión Extranjera Directa (IED) se constituyó en el elemento central dentro de la llamada “capitalización” de las empresas públicas, que en el fondo se instituyó en una privatización disfrazada.

En el actual marco, de acuerdo con datos publicados por el Banco Central de Bolivia en el Reporte de Capital Privado Extranjero en Bolivia-Gestión 2021, de junio de 2022, la Inversión Extranjera Directa neta fue de $us 594 millones el pasado año, siendo que en términos brutos alcanzó los $us 1.048 millones en comparación a los $us 165 millones registrados en 2020, denotando una mejora significativa de la IED y la confianza de los inversionistas en sectores de la economía nacional.

Los flujos más importantes de la IED bruta se dirigieron al sector de la industria manufacturera con $us 382 millones (36% de participación), minería con $us 296 millones (28% de participación), hidrocarburos con $us 186 millones (18% de participación), comercio al por mayor y menor con $us 75 millones (7% de participación) e intermediación financiera con $us 68 millones (6% de participación), siendo estos sectores los más beneficiados.

En la gestión 2021, los recursos de la IED bruta provinieron de Suecia con $us 286 millones (27% de participación), Perú con $us 250 millones (24% de participación), España con $us 159 millones (15% de participación), Países Bajos con $us 74 millones (7% de participación), Suiza con $us 69 millones (7% de participación), entre los que más recursos de inversión inyectaron a nuestro país.

Las partes numérica y estadística son muy claras y certeras, reflejando datos concretos, medibles y comparables, que no dan margen a ningún tipo de interpretación y que muestran la realidad de este tipo de inversión en el Estado Plurinacional de Bolivia.

La confianza demostrada por los inversionistas denota el desempeño económico boliviano, considerando que los mismos realizan una evaluación exhaustiva con relación a los riesgos que puedan asumir sus capitales; la aversión o no al riesgo que puedan afrontar, el nivel de rentabilidad que le permita al inversionista la recuperación de su inversión, los flujos de fondos, la tasa de retorno y seguridad jurídica, entre otros aspectos que son considerados por cualquier inversionista, previo a la toma de decisiones para la respectiva transferencia de recursos.

La economía boliviana está en pleno tránsito hacia la reactivación, reflejado en la estabilidad de los principales indicadores macroeconómicos, elemento necesario para generar certidumbre entre los inversionistas que decidan transferir sus recursos a los diferentes sectores de la actividad económica nacional o iniciar nuevos emprendimientos estratégicos.

La Inversión Extrajera Directa dejó un sinsabor en el país, en la época donde las empresas bolivianas se transferían al sector privado a precios subvaluados, con diversos argumentos que descalificaban y cuestionaban al Estado como un buen administrador, así como la necesidad de que las grandes empresas inyecten capitales que permitan fortalecer las empresas “capitalizadas”, situación que no ocurrió plenamente.

Las señales de estabilidad que se están generando atraen nuevas inversiones de diferentes países y empresas internacionales, es de esperar que la confianza demostrada por parte de los inversionistas se incremente, desmontando de esta manera los viejos resabios contrarios a los fantasmas que aún rodean a la Inversión Extranjera Directa; controladora y depredadora de las empresas nacionales, faceta mostrada en tiempos de la mal llamada “capitalización”.

Gustavo Gómez es economista.

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¿El retorno de la estanflación?

/ 29 de junio de 2022 / 03:06

La tendencia de la ciencia económica a parecerse cada vez más a la física, a basarse en evidencia irrefutable y en modelos matemáticos, le ha hecho olvidar la estanflación de los años 70 del siglo pasado, hace más de 50 años.

En mi libro digital en Amazon, Neoliberalismo vs Neopopulismo, escribo cómo el Gran Auge de entre 1946 y 1970, de estabilidad de precios, crecimiento del producto y bajo desempleo fue interrumpido bruscamente por la crisis energética de 1973 o la Guerra de Yon Kipur.

En EEUU, entre 1948 y 1972, la tasa de inflación había sido de 2,4% en promedio y la tasa de desempleo de 4,8%, mientras que el crecimiento del PIB de 4%, todo ello por si acaso con un déficit fiscal promedio de 0,4% del PIB. Es así que surge a principios de los años 70 la estanflación, dado que entre 1973 y 1981, la tasa de inflación promedio trepó a 9,3% y el desempleo a 6,9%, mientras que el crecimiento del PIB se desaceleró a 2,1% (1974-1982).

Como creyeron que la inflación era provocada por el Gobierno, aplicaron políticas monetarias duras incrementando la tasa de interés. Así, se registraron en EEUU dos recesiones, una en 1974-1975 con una caída de 0,5% y 0,2% del PIB, pero precedida por una inflación de 8,7% en 1973 y acompañada de una inflación de 12,3% en 1974, lo que sería una estanflación. La otra en 1982, con una caída de 1,2% en el PIB, precedida por una inflación de 12,5% en 1980 y 8,9% en 1981, que mostraría una combinación de recesión con alta inflación.

La recesión mundial desde 1981 hasta fines de 1984 tuvo una duración de cinco trimestres y fue provocada por el segundo choque petrolero de 1979; un endurecimiento de las políticas monetarias en los Estados Unidos y otras economías avanzadas que impulsaron hacia arriba las tasas de interés y que gatillaron la crisis de la deuda latinoamericana.

Desde los años 80 hasta 2020, la inflación en EEUU tuvo un promedio del 2,7% y desde la crisis financiera hasta 2020 fue persistentemente baja, de 1,7%, por debajo de la meta del 2% de la Reserva Federal de EEUU (Fed).

En 2021, la inflación en EEUU subió al 7% y hasta mayo a 8,6% a 12 meses, y generalmente precede un estancamiento o recesión. Ante esta situación, el Comité Federal de Mercado Abierto de la Fed, en su cita de junio, decidió intensificar el alza de su tasa de interés, incrementándola en 0,75 puntos base, el mayor aumento que ha aprobado en 28 años desde 1994, llevándola a un nivel de 1,75% y previendo llevarla hasta 3,4% al finalizar el año, buscando que el proceso inflacionario, que supera en más de cuatro veces su meta objetivo del 2%, pueda descender.

Como vemos la historia se repite y los errores también. Se pensó que la inflación era transitoria y por la “regla” de los bancos centrales de si es transitoria es mejor no hacer nada, retornaría al equilibrio por sí sola. Se le echó la culpa a los excesivos gastos fiscales como consecuencia de las ayudas otorgadas para paliar la crisis generada por el COVID-19, que habrían provocado una inflación por el lado de la demanda y que, por lo tanto, hay que contraerla, puesto que la “fiesta no dura siempre”. Otros dijeron que fue la inyección de demasiado dinero de los bancos centrales desde 2008, durante demasiado tiempo con una tasa de interés cercana a cero provocando un auge ficticio, que la inflación se disparara, por lo que sería buena la normalización financiera y el alza de las tasas de interés. Y, recientemente, se está reflexionando sobre las consecuencias de la guerra entre Rusia y Ucrania y las sanciones económicas, el default deliberado a Rusia, cuyos efectos son incontrolables en un entorno de alta incertidumbre, con restricciones a la oferta de alimentos y combustibles y problemas en las cadenas de suministros, a las que se sumaron las caídas bursátiles.

Lo cierto es que por más que quiera la Reserva Federal va a ser muy difícil retornar rápidamente a los años de baja inflación con tasas en torno al 2% y de crecimiento del PIB de 2,7%, puesto que parece que entramos a una fase de alta inflación y bajo crecimiento o estancamiento del PIB, regresando de esta manera al pasado, a los años 70, olvidado por el Alzheimer de algunos economistas.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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