Voces

lunes 12 abr 2021 | Actualizado a 21:11

Adiós al Palacio Quemado barroco

La Casa Grande del Pueblo ha logrado desvalorizar el lugar central y colonial de la ciudad de La Paz

/ 25 de agosto de 2018 / 04:19

La inauguración de la Casa Grande del Pueblo (CGP) el pasado 9 de agosto, ha despertado una serie de reacciones, desde las más reflexivas, hasta los más racistas, que dicen que no es algo bueno, porque su construcción fue ideada por un indio, refiriéndose al presidente Evo Morales. Otro grupo de ciudadanos pide que se reconozca al Palacio Quemado como un lugar histórico patrimonial, y creo que eso está implícito cuando se anuncia que muy pronto se convertirá en un museo, accesible para todos los pobladores.

Lo más importante de la CGP es que ha logrado desvalorizar el lugar central y colonial de la ciudad de La Paz: la plaza Murillo. La ubicación y la construcción de la Casa Grande del Pueblo, a pesar de estar en el centro histórico, han puesto en crisis el símbolo del poder de la ciudad de La Paz: el kilómetro cero de la plaza Murillo. Hay que recordar que este espacio, como el de muchas otras ciudades latinoamericanas fundadas por los españoles, alberga a la plaza principal o plaza mayor de la urbe, cercada por la Catedral, la Gobernación y la Asamblea Legislativa. Para los que reclaman que el Poder Ejecutivo ya no ejerza desde el Palacio Quemado, resulta importante precisar que las ciudades latinoamericanas fueron fundadas sobre otras ciudades, sobre las wak’as o lugares sagrados ancestrales. Hay muchos ejemplos de ello como Tenochtitlán en México, Cusco en Perú y nuestro Chuqiyapu marka.

Para los colonizadores, Abya Yala o América era un continente casi vacío, casi sin población ni cultura; y para ellos, la escasa población y su bajo nivel de civilización eran desdeñables. Así se constituyó la mentalidad fundadora. Es decir, se trató de implantar casi todo sobre la casi nada, sobre una naturaleza que se desconocía, sobre una sociedad ancestral a la que se pretendió aniquilar, sobre una cultura que se daba por inexistente. La ciudad se convirtió en un reducto europeo en medio de la nada. Así se organizó el sistema político y administrativo colonial, los usos burocráticos, el estilo arquitectónico, las formas de vida religiosa, las ceremonias civiles… de modo que la nueva ciudad comenzara a funcionar cuanto antes, como si fuera una metrópoli europea extendida, ignorante de su contorno, indiferente al mundo subordinado de los indios, de los negros al que se superponían.

A pesar de este proceso de colonialismo triunfalista, el peligro de un levantamiento de los indios se mantuvo latente en muchas ciudades y obligó a sus pobladores a mantenerse en pie de guerra. Por eso crearon la ciudad-fuerte, la ciudad-fortín, que les garantizaba la unión del grupo colonizador, la continuidad de sus costumbres, y el ejercicio de la vida “noble” que se había grabado en su memoria de emigrados. En síntesis, así se construyó la sociedad barroca colonial, escindida en privilegiados y no privilegiados. La idea de ciudad-fortín también fue aplicada a la ciudad de La Paz, ¿acaso no se convirtió en fortín frente al levantamiento de Túpac Katari-Bartolina Sisa en 1781; así como durante las movilizaciones indias y populares contemporáneas?

Esa idea de ciudad-fuerte fue el justificativo para que los indios no ingresen a la plaza Murillo. ¿Será que aquellos que se lamentan de que el viejo Palacio de Gobierno ya no se utilice añoran estas causas coloniales y racistas?

El desmarque de la Casa Grande del Pueblo no solo es físico y arquitectónico, sino fundamentalmente es descolonizador, frente a un emblema que hasta hace poco representaba el ejercicio del poder político central fundado por la colonización y continuado por sus seguidores.
 

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La Paz, prefirió a un ‘pitita’ como alcalde

/ 4 de abril de 2021 / 00:45

El pasado 7 de marzo, en las elecciones subnacionales para alcalde del gobierno municipal de la ciudad de La Paz, se eligió a un representante de los “pititas”, Iván Arias Durán. El término diminutivo de pita, es decir, de la soga, el garrote o aquella especie de trenza que sirve para liar, para amarrar o atar que se denomina pitita en nuestro medio, es sinónimo de los continuadores de una política procolonialista, con mucho dinero de por medio y coadyuvados por empresarios, políticos conservadores, sectores de la Iglesia retrógrados y apoyados por el Gobierno de Estados Unidos. ¿Cómo fue posible el triunfo de un cruceño como alcalde de La Paz? Al parecer la clase media, incluidos algunos indios desclasados, siguen actuando de manera muy acrítica y sin mucha reflexión sobre lo que sucedió en los luctuosos días de noviembre de 2019 y que terminó con un golpe de Estado atípico.

Recordemos algunas acciones de los/as “pititas”, como sus amenazas, tomas y quemas de las instituciones del Estado, amedrentamiento por redes sociales, guerra sucia e insultos en las calles, difusión de grafitis racistas, segregación abierta y solapada a las mujeres de pollera. Además, los/as “pititas” siempre utilizaron alambres con púas, cadenas para obstaculizar la circulación, aunque se diga hasta el empacho que son inofensivos y tolerantes. Todas estas estrategias callejeras y racistas, ¿serán las herramientas con las que gobernarán el alcalde electo y sus concejales?

Hay que recordar que la ciudad de La Paz y su trazado, como de muchas otras ciudades latinoamericanas fundadas por los españoles, albergan a la plaza principal o plaza mayor, cercada por la Catedral, la Gobernación y la Asamblea Legislativa, y fueron fundadas sobre otras ciudades antiguas, sobre las wak’as o lugares sagrados ancestrales; ejemplos hay muchos como Tenochtitlán en México, Cusco en Perú y nuestro Chuqiyapu marka.

La ciudad se convirtió en un reducto europeo. Así se organizó el sistema político y administrativo colonial, los usos burocráticos, el estilo arquitectónico, las formas de vida religiosa, las ceremonias civiles, de modo que la nueva ciudad comenzara cuanto antes a funcionar, como si fuera una ciudad europea extendida, ignorante de su contorno, indiferente al mundo subordinado de los indios, los negros a los que se superponía. ¿El alcalde camba electo en la ciudad de La Paz, continuará con esta herencia colonial excluyente de gobernar la ciudad para unos pocos?

A pesar del triunfalismo colonialista, como de los “pititas”, el peligro de un levantamiento de los indios se mantuvo latente en muchas ciudades y obligó a sus pobladores a mantenerse en pie de guerra. Por eso crearon la ciudad-fuerte, la ciudad-fortín, que les garantizaba la unión del grupo colonizador, la continuidad de sus costumbres y ese ejercicio de la vida “noble” que se había grabado en su memoria de emigrados. ¿El alcalde Arias solo fortalecerá a la ciudad “pitita” de La Paz, despreciando a Chuqiyapu marka y sus habitantes aymaras y quechuas…?

La idea de ciudad-fortín también fue aplicada en su cabalidad a la ciudad de La Paz, ¿acaso no se convirtió en fortín frente al levantamiento de Tupaj Katari-Bartolina Sisa en 1781 y movilizaciones indias y populares contemporáneas? Esa idea de ciudad- reducto fue el justificativo para que los indios no ingresen a la plaza Murillo. Los “pititas” repitieron ese esquema obstaculizando con las pitas-garrotes. Entonces, ¿qué le espera a Chuqiyapu marka con un alcalde “pitita”? Nuestra ciudad siempre fue muy hospitalaria y generosa con sus habitantes que no nacieron en estas tierras andinas; pero estamos llegando al colmo de que no somos representados dignamente, porque cualquiera hoy es alcalde. Los hijos/as de estas tierras no lo son, no estamos encarnados. Se está re-produciendo cada vez más visiblemente, una forma de colonialismo interno urbano, donde los nacidos/as en estas tierras ancestrales se han convertido en simples votantes, en simples espectadores e incluso en simples pongos citadinos de los políticos colonialistas y golpistas.

Chuqiyapu markasanxa, uka lunthata jaqinakakiwa irpnaqaskistu, jiwasanakaxa janiw arsusktanti. ¿Kunapachakamasa ukham apnaqayasiñani? Wakisiwa mä pita jiwas pachpa apnaqasiñani jach’a Chuqiyapu marka.

 Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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A 100 años de la masacre de Jesús de Machaqa

/ 21 de marzo de 2021 / 00:20

El pasado 12 de marzo se cumplió 100 años de la masacre perpetrada por el Ejército boliviano a los comunarios/ as aymaras de la Marka de Jesús de Machaqa de la provincia Ingavi del departamento de La Paz, por órdenes del presidente de entonces, Bautista Saavedra.

La historiografía nacional apenas menciona este hecho cruel, cuando fue todo un debate nacional, sobre todo en el Parlamento de entonces. El pionero de la investigación histórica fue Roberto Choque Canqui, quien en tres ediciones (1976, 1986 y 2016), nos muestra los detalles históricos documentales del porqué y cómo ocurrió el infausto acontecimiento.

En la década de 1990 me tocó coadyuvar en la recuperación de la memoria oral de los/as comunarios de Machaca sobre la citada masacre. Fruto de estas inquietudes fue la publicación del libro con Roberto Choque, Sublevación y masacre de 1921, de la serie Jesús de Machaqa, la marka rebelde, volumen 2, en 1996, que es una ampliación de la investigación pionera de Roberto con testimonios orales. En esta serie también participan Xavier Albó y Félix Layme.

Recuerdo el estigma más cruel que se perpetró a los machaqueños después de la intervención militar y como justificativo a la masacre. Que los machaqueños son “comecuras”, es decir, que en aquel levantamiento se lo habrían consumido al cura del pueblo Manuel Demetrio Encinas. En varios diálogos que sostuvimos en diferentes momentos con los comunarios, les pregunté si era verdad lo que se decía de este hecho.

A pesar de los años transcurridos este estigma no se había borrado y las nuevas generaciones lo llevaban como una carga histórica pesada y casi irreparable. Así surgió la idea de recuperar y esclarecer con voz propia este acontecimiento de 1921.

Los mallkus y mama mallkus organizaron una reunión con personas sobrevivientes y en otros casos con hijos/as a quienes les contaron sus familiares más cercanos sobre la matanza. Recuerdo a Wenceslao Guarachi, partícipe de la rebelión, quien en su intervención enfatizaba que se levantaron contra los abusos de los mestizos del pueblo, contra las iniquidades del cura del pueblo, sobre todo con las mujeres, en fin. Cómo no recordar el llanto de Petrona Calle, sobreviviente de la represión militar cuando ella contaba con aproximadamente siete años. Recalcaba que habían huido de su casa con sus padres a una comunidad vecina, porque los militares no solo acamparon en varios lugares como el ayllu Qhunqhu, sino que consumían su ganado, sus víveres, además de cometer abusos y violaciones. Pero, ¿cuál fue el motivo de la rebelión? El cuestionamiento profundo al trato de los mestizos del pueblo, que los habían convertido en pongos, porque les obligaban a realizar trabajos forzosos en sus casas e inclusive saludarlos de hinojos. El trasfondo de la rebelión fue también el recuperar el poder comunal, que había sido usurpado por los vecinos mestizos, que eran los eternos políticos del pueblo.

En la década de 1990 surge la necesidad de organizar cada 12 de marzo un acto de recordación a los caídos en la masacre, que en los hechos se convirtió en una especie de terapia colectiva. Aquel trauma histórico impuesto por la sociedad q’ara racista boliviana de la época, de que eran “salvajes y comecuras”, se tornó en orgullo. Es decir, lo negativo se volvió positivo. Porque el cura Encinas no murió en este acontecimiento, como constatamos en los archivos de la parroquia del pueblo. Hoy las nuevas generaciones han entendido perfectamente de la importancia histórica de sus ancestros. Porque la rebelión del 12 de marzo marca un hito en las luchas políticas ancestrales contemporáneas, a pesar de la muerte de muchos comunarios/as.

Sabemos que este 12 de marzo se hizo otro acto para recordar los 100 años de la matanza cruel y a sus líderes como Faustino Llanque, Marcelino Llanque, Francisco Choque y otros. Marcelino y Francisco fueron los pioneros en la instauración de las escuelas clandestinas, ante la prohibición de las autoridades y la sociedad de la época para que el indio se eduque en las escuelas. Honor y gloria a los caídos en la masacre.

Amtastanwa patak mara, uka jach’a unxtasiwi Machaq markachirinakana. Pallapallanakawa wali jiwayapxatayna uka sartasirinakaruxa. Jiwas pachpa apnaqasiña amuyuxa jichhurunakanxa wali mirtatawa ¡Jallalla Marka Jesús de Machaqa!

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Dificultades para la democracia intercultural

/ 7 de marzo de 2021 / 00:32

Hoy, 7 de marzo, se llevan a cabo en el país las elecciones subnacionales, vale decir, para elegir gobernadores y sus respectivas asambleístas a nivel de cada departamento; los alcaldes y los concejales, en cada municipio, además de representantes de la región autónoma del Gran Chaco.

A estas alturas, después de oír y ver a tantos postulantes, hay muy pocos interesantes y muchos son de la peor calaña. Tenemos muchas dudas de su desempeño futuro y particularmente creo que con estos candidatos inservibles estamos en una democracia caduca, que no condice con los postulados teóricos de nuestra Constitución Política del Estado plurinacional. Por ejemplo, ¿por qué se ha permitido que los golpistas del Estado de noviembre de 2019 se hayan postulado a cargos públicos mencionados? Aunque hay mucho enredo desde lo jurídico, pero desde lo político el hecho de que se haya quebrado un orden constitucional y se haya removido a los gobernantes bajo amenazas y persecución, nos lleva a la interpretación de que fue un golpe de Estado sui generis.

Al menos se hubiese inhabilitado a los golpistas postulantes hasta que se aclare su situación jurídica, hubiera sido muy sano para la democracia. La Justicia boliviana debió haber actuado de oficio, pero sabemos de las enormes limitaciones y desatinos en su accionar.

En nuestras sociedades existe el afán de saber sí o sí sobre alguna actividad. Las encuestas de opinión se han convertido en algo imprescindible, pero es preciso avanzar en nuevas metodologías para saber cómo está el pulso en lo político y creo que esa tarea no siempre puede pasar por las empresas privadas encuestadoras. ¿Cómo creamos nuevas formas del quehacer del pulso político? En los últimos días se han presentado varias encuestas, pero no sabemos cuán creíble sea ese trabajo. Una forma de verificar sería que las empresas no solo actúen de buena fe, sino que haya reglas claras en el manejo de la ciudadanía encuestada, con márgenes de error claros, preguntas en todos los idiomas reconocidos, las zonas donde se han encuestado. Además, precisamos saber cuánto cuestan esas encuestas y quién las financia, etc., etc.

Estas empresas encuestadoras han empujado más la tendencia de hacernos creer que hay ciudades de primera y de segunda. Es decir, solo han considerado en sus actividades “las ciudades eje”: La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Las otras seis ciudades y departamentos ¿son de segunda y no merecen mayor atención? ¿Cuál es la posición política de estas empresas interesadas en marcar estas diferencias?

¿Por qué seguir llamando ejes a las tres ciudades citadas? Argumentar desde lo económico sigue siendo un grave error de mirada sociológica integral sobre cómo debemos construir nuestras ciudades.

Otro gran desliz de estas encuestas es impulsar más caudillos/as, cuando se debería considerar otros temas necesarios como el quehacer cultural, la educación y sus formas de fortalecimiento, en fin. Quedarnos en temas absolutamente coyunturales es no pensar a futuro. Posicionar la preferencia de algunos caudillismos y salvadores es absolutamente reñido con los valores que poseen verdaderamente estos candidatos.

Otro detalle que aún se discurre en nuestra sociedad es pensar ¿por qué tiene que haber debate preelectoral? Es menester que el OEP promueva una presentación pública no solo de los programas de los candidatos, sino también que exija una especie de diagnóstico de los departamentos y ciudades para que la ciudadanía opte votar por alguna preferencia.

La propuesta para cinco años de ejercicio fue sustituida por soluciones tan efímeras. Lo más grave es permitir muchas promesas y poco cumplimiento. Aquí observamos, ¿cómo sancionar a aquellos candidatos que prometen y no cumplen? Tendría que haber algún precepto, aunque sea de carácter moral ejemplificador, para no caer en la politiquería y la prebenda barata.

Banalizar los programas de televisión con postulantes preparando comiditas, etcétera, es una pérdida de tiempo, cuando se podría preguntar sobre cuánto conocen la ciudad, el departamento. Es decir, cuál es su diagnóstico y cómo serían las grandes soluciones.

Uka lunthat jaqinakaxa wasitampiw apqañan munapxistu, wakisiwa wutus jaquntañatakix wali suma amuyt’asiñani ¿ janicha ukhamaxä?

   Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Médicos, enfermeras… o ¿misántropos políticos?

/ 20 de febrero de 2021 / 23:40

Hace varios años vemos a los médicos, enfermeras, bioquímicos, laboratoristas, en fin, a todas las ramas anexas que realizan el quehacer de la medicina occidental en los espacios públicos quejarse de todo y nada. Es decir, para esta agrupación casi siempre no hay ítems, no hay material de trabajo adecuado, en fin. Ahora con la pandemia del COVID-19 están peor. Cuando ha colapsado la atención en los hospitales, no quieren atender a los ciudadanos.

Hay varios aspectos que nos llaman la atención en sus movilizaciones. La profunda insensibilidad que muestran frente a sus pacientes, habrá uno que otro/a que se salva de esta apreciación. En los espacios privados no es tan diferente, aunque prima el dinero. Me extraña que se haya fijado tan altos precios referenciales por parte del Estado en estas clínicas exclusivas. Resaltamos que la industria farmacéutica no ha dejado de trabajar y ha recibido jugosas ganancias, incluidas las farmacias, en esta etapa del COVID-19. Ni qué decir de sus formas de especulación con los remedios.

La pandemia citada nos permitió develar que los médicos y ramas anexas no son soldados de la vida y por tanto de la salud. Muchos galenos han optado por desertar de la guerra, que supone no estar en el campo de la batalla, en este caso frente al COVID-19.

Sabemos que el Ministerio de Salud del gobierno de Luis Arce Catacora acordó con los médicos la modificación de tres artículos de la flamante Ley de Emergencia Sanitaria, que es cuestionada. Uno de los temas que se discute es la prohibición de suspender los servicios en salud por protestas sectoriales y también se pretende normar la contratación de personal médico durante la declaratoria de emergencia sanitaria.

Sobre el primer tema, podemos hacer una analogía: ¿las Fuerzas Armadas en tiempos de guerra podrían cuestionar alguna ley de emergencia nacional para no asistir a la guerra? Si la respuesta fuese positiva, sería la peor vergüenza y deshonra de una institución que está hecha para estar en la guerra. ¿Acaso los médicos no están formados para salvar vidas y combatir cualquier enfermedad, como el COVID-19?

En cuanto a la contratación de personal médico, el titular de Salud explicó que, en un estado de emergencia sanitaria, el proyecto de ley confiere al Ministerio de Salud la posibilidad de contratar a profesionales en previsión de garantizar la atención médica. Desde el plano más cultural llama la atención la perspectiva etnocéntrica de los médicos. Pareciera que tienen una especie de síndrome del colonizado, porque contratar a otros médicos es convenir nuevamente con los médicos cubanos. ¿Por qué tienen tanto miedo a los galenos cubanos? ¿Es menosprecio a una escuela de salud tan importante del mundo? Si se sienten tan importantes, ¿alguna vez la medicina boliviana —dudo que la haya— fue invitada a socorrer situaciones de salud en el mundo?

Escuchando a los dirigentes de los médicos del país, su rechazo a los cubanos adquiere el sentido de xenofobia y racismo. Desde el plano humano y cultural, ¿no les enseñaron a los médicos a conocer otras sociedades y pueblos? ¿Acaso no les gusta conocer a otros colegas, a otras escuelas de medicina? Qué miseria de conocimiento y soberbia. Mucho peor en la perspectiva de lo intercultural en salud. Desde el centro de sus dogmas piensan que son científicos de la medicina. ¿Qué han descubierto? ¿Hay algún aporte concreto en la lucha científica contra el COVID-19?

En esta alineación, el presidente del Colegio Médico de La Paz no tiene ninguna ética cuando anuncia una huelga indefinida, cuando es candidato a la Alcaldía de La Paz. ¿No es política cuando este mismo señor apoyó la consolidación del golpe de Estado en noviembre de 2019?

Uka llaytha jaqi kharinakaxa, janiw irnaqaña munapkiti. Uñisistuwa, qullqiki munasipki, janiw jaqirjamax uñjapkistitu, ¿janicha ukhamaxa?

    Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Demetrio Marca Marca

/ 6 de febrero de 2021 / 23:57

Nos toca vivir días muy difíciles, pues este tiempo del contagio masivo del COVID-19, muchos hermanos/as, amigos/as han partido a la eternidad, aunque no siempre por el virus. Pareciera que vivimos al filo de la muerte. A pesar de no saber por qué ha muerto algún allegado, automáticamente nos restringimos a acompañar a los que han partido, por varias razones como el miedo, las prohibiciones del Gobierno en sus diferentes entidades, etc. Pero también esta época se ha vuelto tiempos de la incomunicación, a pesar de la existencia de los medios masivos de información.

Apenas supimos de la partida de Demetrio Marca, pero ¿quién fue Demetrio? Un hermano aymara migrante del área rural a la ciudad de La Paz, gran músico y compositor de muchas canciones en aymara. Fue poeta e investigador del quehacer cultural andino. Formó parte del Taller de Historia Oral Andina (THOA), comunidad intelectual aymara creada en la década de los 80. Era una persona muy solidaria y amigable. Recuerdo que cuando se enroló en el THOA realizaba transcripciones de entrevistas en aymara, además de traductor al castellano. Luego incursionó en la investigación sobre música y poesía aymara, mediante la recopilación de la tradición oral en los ayllus y comunidades. Esta inquietud le permitió asistir con ponencias escritas a varios eventos académicos y en diferentes lugares del país. En su intento de formarse más estudió sociología en la UPEA de la ciudad de El Alto.

No fue fácil para Demetrio realizar su primera grabación, cuando había monopolio de algunas empresas de discos y a éstas no les interesaba la música de los indios. Recuerdo que casi siempre andaba acompañado de su charango o guitarra e interpretaba sus composiciones muy al estilo de las tonadas nortepotosinas, pero cantadas en aymara. La época de los casetes facilitó hacer su primera grabación y a partir de ahí arrancó de manera exitosa su carrera artística como cantautor. Hoy se puede acceder a algunas de esas creaciones en YouTube o en varios puestos de venta en El Alto. ¿Qué contenido tienen las composiciones de Demetrio? En los videos, se ve a Demetrio en alguna comunidad del altiplano, acompañado de algunos músicos, además de personas que bailan homenajeando a la Pachamama y sus frutos, realizando algunos rituales, expresadas en canciones como Ch’uqi panqarita (Flor de la papa), K’illpa uru y otras similares.

Extracto de uno de sus trabajos, un fragmento de la poesía que recopiló: Qullu thayachay suni thayachay/Aka markaru irpanpachïtu/ Qunt’atajansay sayt’atajansay/Jararankhukiy winkusiski (El frio del cerro o del suni/Me ha traído/donde me sentaba y paraba/ El lagarto nomás esta echado).

Demetrio, a pesar de vivir en la ciudad, seguía siendo el hombre profundo que se relaciona con la naturaleza, le agradece y enaltece a la vida aymara con canciones y bellas poesías. Así de simple y profundo era nuestro hermano.

A pesar del paulatino reconocimiento al pueblo aymara por la sociedad boliviana, no todas sus manifestaciones tienen trascendencia, en este caso el arte musical y el canto en aymara. Incluso en el movimiento aymara no siempre se valora el hablar y el escribir en este idioma. Hoy muchos jóvenes anticolonialistas ya no hablan su idioma ancestral y posiblemente ni lo conozcan y ni lo entenderán a Demetrio.

A él le encantaba hablar en aymara o wali suma parlt’asirinwa aymara arusata. Recuerdo que en el THOA incursionábamos en el quehacer del teatro y la radionovela en aymara y él formaba parte de ese emprendimiento. Al oír nuevamente algunas de sus composiciones interpretadas por él, lo encuentro siempre apegado al mundo ancestral de las comunidades, aunque en alguna de sus canciones le canta a la ciudad de El Alto (Alto Markansa), donde vivía.

Lo veía en su puesto de venta de música en la Ceja de El Alto, donde difundía música aymara y de todas partes. Nos vimos después de varios años y estaba en silla de ruedas. Me sorprendí y antes que le pregunte me dijo “así he quedado hermano”, pero como siempre alegre y lleno de humor. Nunca supe qué le había ocurrido para quedar postrado. Sé que fue dirigente activo en las movilizaciones de los discapacitados de algunos años atrás.

Demetrio jilataxa wiñay markaparuwa sarawayxi. Wali k’uchisiyistu khirt’asiwinakampixa. ¡¡¡Jallalla jilata Demetrio!!!

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

 

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