Voces

martes 9 mar 2021 | Actualizado a 00:26

Adiós al Palacio Quemado barroco

La Casa Grande del Pueblo ha logrado desvalorizar el lugar central y colonial de la ciudad de La Paz

/ 25 de agosto de 2018 / 04:19

La inauguración de la Casa Grande del Pueblo (CGP) el pasado 9 de agosto, ha despertado una serie de reacciones, desde las más reflexivas, hasta los más racistas, que dicen que no es algo bueno, porque su construcción fue ideada por un indio, refiriéndose al presidente Evo Morales. Otro grupo de ciudadanos pide que se reconozca al Palacio Quemado como un lugar histórico patrimonial, y creo que eso está implícito cuando se anuncia que muy pronto se convertirá en un museo, accesible para todos los pobladores.

Lo más importante de la CGP es que ha logrado desvalorizar el lugar central y colonial de la ciudad de La Paz: la plaza Murillo. La ubicación y la construcción de la Casa Grande del Pueblo, a pesar de estar en el centro histórico, han puesto en crisis el símbolo del poder de la ciudad de La Paz: el kilómetro cero de la plaza Murillo. Hay que recordar que este espacio, como el de muchas otras ciudades latinoamericanas fundadas por los españoles, alberga a la plaza principal o plaza mayor de la urbe, cercada por la Catedral, la Gobernación y la Asamblea Legislativa. Para los que reclaman que el Poder Ejecutivo ya no ejerza desde el Palacio Quemado, resulta importante precisar que las ciudades latinoamericanas fueron fundadas sobre otras ciudades, sobre las wak’as o lugares sagrados ancestrales. Hay muchos ejemplos de ello como Tenochtitlán en México, Cusco en Perú y nuestro Chuqiyapu marka.

Para los colonizadores, Abya Yala o América era un continente casi vacío, casi sin población ni cultura; y para ellos, la escasa población y su bajo nivel de civilización eran desdeñables. Así se constituyó la mentalidad fundadora. Es decir, se trató de implantar casi todo sobre la casi nada, sobre una naturaleza que se desconocía, sobre una sociedad ancestral a la que se pretendió aniquilar, sobre una cultura que se daba por inexistente. La ciudad se convirtió en un reducto europeo en medio de la nada. Así se organizó el sistema político y administrativo colonial, los usos burocráticos, el estilo arquitectónico, las formas de vida religiosa, las ceremonias civiles… de modo que la nueva ciudad comenzara a funcionar cuanto antes, como si fuera una metrópoli europea extendida, ignorante de su contorno, indiferente al mundo subordinado de los indios, de los negros al que se superponían.

A pesar de este proceso de colonialismo triunfalista, el peligro de un levantamiento de los indios se mantuvo latente en muchas ciudades y obligó a sus pobladores a mantenerse en pie de guerra. Por eso crearon la ciudad-fuerte, la ciudad-fortín, que les garantizaba la unión del grupo colonizador, la continuidad de sus costumbres, y el ejercicio de la vida “noble” que se había grabado en su memoria de emigrados. En síntesis, así se construyó la sociedad barroca colonial, escindida en privilegiados y no privilegiados. La idea de ciudad-fortín también fue aplicada a la ciudad de La Paz, ¿acaso no se convirtió en fortín frente al levantamiento de Túpac Katari-Bartolina Sisa en 1781; así como durante las movilizaciones indias y populares contemporáneas?

Esa idea de ciudad-fuerte fue el justificativo para que los indios no ingresen a la plaza Murillo. ¿Será que aquellos que se lamentan de que el viejo Palacio de Gobierno ya no se utilice añoran estas causas coloniales y racistas?

El desmarque de la Casa Grande del Pueblo no solo es físico y arquitectónico, sino fundamentalmente es descolonizador, frente a un emblema que hasta hace poco representaba el ejercicio del poder político central fundado por la colonización y continuado por sus seguidores.
 

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Dificultades para la democracia intercultural

/ 7 de marzo de 2021 / 00:32

Hoy, 7 de marzo, se llevan a cabo en el país las elecciones subnacionales, vale decir, para elegir gobernadores y sus respectivas asambleístas a nivel de cada departamento; los alcaldes y los concejales, en cada municipio, además de representantes de la región autónoma del Gran Chaco.

A estas alturas, después de oír y ver a tantos postulantes, hay muy pocos interesantes y muchos son de la peor calaña. Tenemos muchas dudas de su desempeño futuro y particularmente creo que con estos candidatos inservibles estamos en una democracia caduca, que no condice con los postulados teóricos de nuestra Constitución Política del Estado plurinacional. Por ejemplo, ¿por qué se ha permitido que los golpistas del Estado de noviembre de 2019 se hayan postulado a cargos públicos mencionados? Aunque hay mucho enredo desde lo jurídico, pero desde lo político el hecho de que se haya quebrado un orden constitucional y se haya removido a los gobernantes bajo amenazas y persecución, nos lleva a la interpretación de que fue un golpe de Estado sui generis.

Al menos se hubiese inhabilitado a los golpistas postulantes hasta que se aclare su situación jurídica, hubiera sido muy sano para la democracia. La Justicia boliviana debió haber actuado de oficio, pero sabemos de las enormes limitaciones y desatinos en su accionar.

En nuestras sociedades existe el afán de saber sí o sí sobre alguna actividad. Las encuestas de opinión se han convertido en algo imprescindible, pero es preciso avanzar en nuevas metodologías para saber cómo está el pulso en lo político y creo que esa tarea no siempre puede pasar por las empresas privadas encuestadoras. ¿Cómo creamos nuevas formas del quehacer del pulso político? En los últimos días se han presentado varias encuestas, pero no sabemos cuán creíble sea ese trabajo. Una forma de verificar sería que las empresas no solo actúen de buena fe, sino que haya reglas claras en el manejo de la ciudadanía encuestada, con márgenes de error claros, preguntas en todos los idiomas reconocidos, las zonas donde se han encuestado. Además, precisamos saber cuánto cuestan esas encuestas y quién las financia, etc., etc.

Estas empresas encuestadoras han empujado más la tendencia de hacernos creer que hay ciudades de primera y de segunda. Es decir, solo han considerado en sus actividades “las ciudades eje”: La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Las otras seis ciudades y departamentos ¿son de segunda y no merecen mayor atención? ¿Cuál es la posición política de estas empresas interesadas en marcar estas diferencias?

¿Por qué seguir llamando ejes a las tres ciudades citadas? Argumentar desde lo económico sigue siendo un grave error de mirada sociológica integral sobre cómo debemos construir nuestras ciudades.

Otro gran desliz de estas encuestas es impulsar más caudillos/as, cuando se debería considerar otros temas necesarios como el quehacer cultural, la educación y sus formas de fortalecimiento, en fin. Quedarnos en temas absolutamente coyunturales es no pensar a futuro. Posicionar la preferencia de algunos caudillismos y salvadores es absolutamente reñido con los valores que poseen verdaderamente estos candidatos.

Otro detalle que aún se discurre en nuestra sociedad es pensar ¿por qué tiene que haber debate preelectoral? Es menester que el OEP promueva una presentación pública no solo de los programas de los candidatos, sino también que exija una especie de diagnóstico de los departamentos y ciudades para que la ciudadanía opte votar por alguna preferencia.

La propuesta para cinco años de ejercicio fue sustituida por soluciones tan efímeras. Lo más grave es permitir muchas promesas y poco cumplimiento. Aquí observamos, ¿cómo sancionar a aquellos candidatos que prometen y no cumplen? Tendría que haber algún precepto, aunque sea de carácter moral ejemplificador, para no caer en la politiquería y la prebenda barata.

Banalizar los programas de televisión con postulantes preparando comiditas, etcétera, es una pérdida de tiempo, cuando se podría preguntar sobre cuánto conocen la ciudad, el departamento. Es decir, cuál es su diagnóstico y cómo serían las grandes soluciones.

Uka lunthat jaqinakaxa wasitampiw apqañan munapxistu, wakisiwa wutus jaquntañatakix wali suma amuyt’asiñani ¿ janicha ukhamaxä?

   Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Médicos, enfermeras… o ¿misántropos políticos?

/ 20 de febrero de 2021 / 23:40

Hace varios años vemos a los médicos, enfermeras, bioquímicos, laboratoristas, en fin, a todas las ramas anexas que realizan el quehacer de la medicina occidental en los espacios públicos quejarse de todo y nada. Es decir, para esta agrupación casi siempre no hay ítems, no hay material de trabajo adecuado, en fin. Ahora con la pandemia del COVID-19 están peor. Cuando ha colapsado la atención en los hospitales, no quieren atender a los ciudadanos.

Hay varios aspectos que nos llaman la atención en sus movilizaciones. La profunda insensibilidad que muestran frente a sus pacientes, habrá uno que otro/a que se salva de esta apreciación. En los espacios privados no es tan diferente, aunque prima el dinero. Me extraña que se haya fijado tan altos precios referenciales por parte del Estado en estas clínicas exclusivas. Resaltamos que la industria farmacéutica no ha dejado de trabajar y ha recibido jugosas ganancias, incluidas las farmacias, en esta etapa del COVID-19. Ni qué decir de sus formas de especulación con los remedios.

La pandemia citada nos permitió develar que los médicos y ramas anexas no son soldados de la vida y por tanto de la salud. Muchos galenos han optado por desertar de la guerra, que supone no estar en el campo de la batalla, en este caso frente al COVID-19.

Sabemos que el Ministerio de Salud del gobierno de Luis Arce Catacora acordó con los médicos la modificación de tres artículos de la flamante Ley de Emergencia Sanitaria, que es cuestionada. Uno de los temas que se discute es la prohibición de suspender los servicios en salud por protestas sectoriales y también se pretende normar la contratación de personal médico durante la declaratoria de emergencia sanitaria.

Sobre el primer tema, podemos hacer una analogía: ¿las Fuerzas Armadas en tiempos de guerra podrían cuestionar alguna ley de emergencia nacional para no asistir a la guerra? Si la respuesta fuese positiva, sería la peor vergüenza y deshonra de una institución que está hecha para estar en la guerra. ¿Acaso los médicos no están formados para salvar vidas y combatir cualquier enfermedad, como el COVID-19?

En cuanto a la contratación de personal médico, el titular de Salud explicó que, en un estado de emergencia sanitaria, el proyecto de ley confiere al Ministerio de Salud la posibilidad de contratar a profesionales en previsión de garantizar la atención médica. Desde el plano más cultural llama la atención la perspectiva etnocéntrica de los médicos. Pareciera que tienen una especie de síndrome del colonizado, porque contratar a otros médicos es convenir nuevamente con los médicos cubanos. ¿Por qué tienen tanto miedo a los galenos cubanos? ¿Es menosprecio a una escuela de salud tan importante del mundo? Si se sienten tan importantes, ¿alguna vez la medicina boliviana —dudo que la haya— fue invitada a socorrer situaciones de salud en el mundo?

Escuchando a los dirigentes de los médicos del país, su rechazo a los cubanos adquiere el sentido de xenofobia y racismo. Desde el plano humano y cultural, ¿no les enseñaron a los médicos a conocer otras sociedades y pueblos? ¿Acaso no les gusta conocer a otros colegas, a otras escuelas de medicina? Qué miseria de conocimiento y soberbia. Mucho peor en la perspectiva de lo intercultural en salud. Desde el centro de sus dogmas piensan que son científicos de la medicina. ¿Qué han descubierto? ¿Hay algún aporte concreto en la lucha científica contra el COVID-19?

En esta alineación, el presidente del Colegio Médico de La Paz no tiene ninguna ética cuando anuncia una huelga indefinida, cuando es candidato a la Alcaldía de La Paz. ¿No es política cuando este mismo señor apoyó la consolidación del golpe de Estado en noviembre de 2019?

Uka llaytha jaqi kharinakaxa, janiw irnaqaña munapkiti. Uñisistuwa, qullqiki munasipki, janiw jaqirjamax uñjapkistitu, ¿janicha ukhamaxa?

    Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Demetrio Marca Marca

/ 6 de febrero de 2021 / 23:57

Nos toca vivir días muy difíciles, pues este tiempo del contagio masivo del COVID-19, muchos hermanos/as, amigos/as han partido a la eternidad, aunque no siempre por el virus. Pareciera que vivimos al filo de la muerte. A pesar de no saber por qué ha muerto algún allegado, automáticamente nos restringimos a acompañar a los que han partido, por varias razones como el miedo, las prohibiciones del Gobierno en sus diferentes entidades, etc. Pero también esta época se ha vuelto tiempos de la incomunicación, a pesar de la existencia de los medios masivos de información.

Apenas supimos de la partida de Demetrio Marca, pero ¿quién fue Demetrio? Un hermano aymara migrante del área rural a la ciudad de La Paz, gran músico y compositor de muchas canciones en aymara. Fue poeta e investigador del quehacer cultural andino. Formó parte del Taller de Historia Oral Andina (THOA), comunidad intelectual aymara creada en la década de los 80. Era una persona muy solidaria y amigable. Recuerdo que cuando se enroló en el THOA realizaba transcripciones de entrevistas en aymara, además de traductor al castellano. Luego incursionó en la investigación sobre música y poesía aymara, mediante la recopilación de la tradición oral en los ayllus y comunidades. Esta inquietud le permitió asistir con ponencias escritas a varios eventos académicos y en diferentes lugares del país. En su intento de formarse más estudió sociología en la UPEA de la ciudad de El Alto.

No fue fácil para Demetrio realizar su primera grabación, cuando había monopolio de algunas empresas de discos y a éstas no les interesaba la música de los indios. Recuerdo que casi siempre andaba acompañado de su charango o guitarra e interpretaba sus composiciones muy al estilo de las tonadas nortepotosinas, pero cantadas en aymara. La época de los casetes facilitó hacer su primera grabación y a partir de ahí arrancó de manera exitosa su carrera artística como cantautor. Hoy se puede acceder a algunas de esas creaciones en YouTube o en varios puestos de venta en El Alto. ¿Qué contenido tienen las composiciones de Demetrio? En los videos, se ve a Demetrio en alguna comunidad del altiplano, acompañado de algunos músicos, además de personas que bailan homenajeando a la Pachamama y sus frutos, realizando algunos rituales, expresadas en canciones como Ch’uqi panqarita (Flor de la papa), K’illpa uru y otras similares.

Extracto de uno de sus trabajos, un fragmento de la poesía que recopiló: Qullu thayachay suni thayachay/Aka markaru irpanpachïtu/ Qunt’atajansay sayt’atajansay/Jararankhukiy winkusiski (El frio del cerro o del suni/Me ha traído/donde me sentaba y paraba/ El lagarto nomás esta echado).

Demetrio, a pesar de vivir en la ciudad, seguía siendo el hombre profundo que se relaciona con la naturaleza, le agradece y enaltece a la vida aymara con canciones y bellas poesías. Así de simple y profundo era nuestro hermano.

A pesar del paulatino reconocimiento al pueblo aymara por la sociedad boliviana, no todas sus manifestaciones tienen trascendencia, en este caso el arte musical y el canto en aymara. Incluso en el movimiento aymara no siempre se valora el hablar y el escribir en este idioma. Hoy muchos jóvenes anticolonialistas ya no hablan su idioma ancestral y posiblemente ni lo conozcan y ni lo entenderán a Demetrio.

A él le encantaba hablar en aymara o wali suma parlt’asirinwa aymara arusata. Recuerdo que en el THOA incursionábamos en el quehacer del teatro y la radionovela en aymara y él formaba parte de ese emprendimiento. Al oír nuevamente algunas de sus composiciones interpretadas por él, lo encuentro siempre apegado al mundo ancestral de las comunidades, aunque en alguna de sus canciones le canta a la ciudad de El Alto (Alto Markansa), donde vivía.

Lo veía en su puesto de venta de música en la Ceja de El Alto, donde difundía música aymara y de todas partes. Nos vimos después de varios años y estaba en silla de ruedas. Me sorprendí y antes que le pregunte me dijo “así he quedado hermano”, pero como siempre alegre y lleno de humor. Nunca supe qué le había ocurrido para quedar postrado. Sé que fue dirigente activo en las movilizaciones de los discapacitados de algunos años atrás.

Demetrio jilataxa wiñay markaparuwa sarawayxi. Wali k’uchisiyistu khirt’asiwinakampixa. ¡¡¡Jallalla jilata Demetrio!!!

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

 

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24 de enero, el día del Iqiqu

El espacio de la illa ‘Iqiqu’ se asemeja mucho al lugar del ‘kuntur mamani’ o la pachamana de la casa que se celebra en agosto.

/ 24 de enero de 2021 / 01:06

Este 24 de enero es el día del Iqiqu, aunque hoy su celebración se llama Alasita. Es preciso hacer varias aclaraciones, para que en estos tiempos difíciles del COVID-19 podamos revitalizarla plenamente. Iqiqu es un denominativo que se refiere a una illa o una especie de amuleto de la abundancia. En el mundo ancestral andino existen muchas illas y el Iqiqu es una de ellas. Aunque en la sociedad boliviana aún colonizada, el término sufrió drásticos cambios de su denominación original, haciendo alusión a personas de baja estatura, para insultar con el denominativo de enano y petiso, peyorativamente.

En el mundo aymara, quechua y uru, hay muchas celebraciones a lo largo del año, por ejemplo, la celebración a la illa del ganado, de los alimentos y semillas que se realiza el 21 de diciembre y que el calendario gregoriano occidental trató de relacionarlo con la fiesta de Navidad.

Es muy importante que en estos últimos años se haya recuperado a uno de los Iqiqu originales, aquel de la precolonia que fue robado por el suizo Johann Jakob von Tschudi a mediados del siglo XIX y estaba en el museo de Berna. Este Iqiqu de rostro indio está pelado o q’ala, porque en cada celebración se le cubre de ropa y las illas siempre están q’ipichados en taris especiales. Es muy diferente del actual Ekeko que tiene el rostro cuasi español, con indumentaria mestiza patronal, fumando un cigarrillo, cargando muchos objetos, que en realidad no es el verdadero Iqiqu, sino aquel suplantado por el mundo mestizo colonial.

El espacio de la illa Iqiqu se asemeja mucho al lugar del kuntur mamani o la pachamana de la casa que se celebra en agosto. Por lo tanto, es muy del hogar, de la familia. ¿En qué momento se masifica la fiesta del Iqiqu? Muchos investigadores sostienen que tiene que ver con las consecuencias de la rebelión anticolonial y los cercos a la ciudad de La Paz, encabezados por Tupaj Katari y Bartolina Sisa en 1781. A los españoles vencidos por el hambre y la desesperación no les quedó más que apropiarse de la illa benefactora, para pedir que no les falte más la alimentación. También se cuenta que ahí se originó el “plato paceño”, alimento sin carne y que hoy es aplaudido por muchos vegetarianos.

¿Por qué el Gobierno Municipal Autónomo de La Paz no recupera la celebración ancestral? ¿Por qué nos quedamos con el Ekeko grotesco y barrigón, tan distinto al original? y sobre todo ¿por qué no apostamos a revitalizar el sentido espiritual y de los sueños de la fiesta del Iqiqu? Esta es la fiesta de la simpasiña, palabra aymara que significa “el sueño”, el deseo de convertir algo en realidad. Permitir que se llame Alasita, que viene del aymara cómprame, es conocer muy poco del sentido de nuestras raíces culturales ancestrales.

Lamentablemente este 2021 ha quedado postergada la celebración del Iqiqu en la multitud urbana. Creo que enhorabuena, pues los diferentes barrios de Chuqiyapu marka tienen la oportunidad de hacer el día del Iqiqu en sus zonas y en familia, ch’allando con agua y no con alcohol. Ese es el verdadero ritual de libación al Iqiqu y a los ancestros, que también fue distorsionado. También, ¿se prohibirá que se haga el ritual en los barrios, en las casas? Sabemos que hoy la fiesta del Iqiqu es también del mundo urbano mestizo y lo mejor que se podría hacer es alentar, en la línea de la interculturalidad descolonizadora, que sea la fiesta de la simpasiña, pero con productos ancestrales de todos los pueblos originarios y campesinos del país. Hoy el combate contra el COVID-19 llama a que lo hagamos también con la otra medicina, la tradicional, y sería bueno que nunca faltara en la fiesta al Iqiqu.

Iqiqun urupaxa, alasita sutinpikiw saraski. Wakisi jiwasanakaxa illa iqiqura yupaychañasa, kamisataxi lurtan yaqha illanakaruxa ukhama.

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Escuchar, entender y apoyar a las nuevas generaciones

El fútbol no solo permitió construir nuevos liderazgos indígenas, sino también democratizar la práctica deportiva urbana de algunas élites

/ 9 de enero de 2021 / 23:15

Recuerdo las palabras de Jenaro Flores Santos, uno de los fundadores de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesino de Bolivia (CSUTCB) y del movimiento katarista e indianista en la década de 1970 del siglo XX, que al ser preguntado sobre cómo surgió su liderazgo, me respondió: En su ayllu Antipampa Collana de la provincia Aroma del departamento de La Paz, “había una especie de rebelión de la gente joven de la comunidad, porque estos exigían que la comunidad apoye con implementos deportivos para su club…; pero los viejos, en este caso los comunarios mayores, han negado ese apoyo… Entonces varios jóvenes han dicho ‘bueno entonces que se haga del cargo del sindicato gente joven y no los viejos o los mayores…’ Entonces, toda la comunidad ha resuelto ‘nombren ustedes, quién va a ser el Secretario General’. De ahí surge el nombre de Jenaro como Secretario General del Sindicato de la comunidad…” Aquel episodio deportivo y rebeldía de los jóvenes aymaras del área rural, que comenzaban a apropiarse de las prácticas del fútbol del mundo urbano, aspiraban a que su ayllu les acepte y les apoye esa nueva actividad de la comunidad ancestral. Aquí se produjo la flexibilidad del sistema comunal del Thakhi, reconociendo una práctica ajena pero que los jóvenes lo habían hecho suyos.

Este tema es digno de estudiarse, porque el fútbol no solo permitió construir nuevos liderazgos indígenas, sino también democratizar la práctica deportiva urbana de algunas élites. Jenaro Flores, la CSUTCB y el movimiento katarista e indianista, también la usaron para combatir a la dictadura banzerista, camuflándose en la organización de los campeonatos relámpagos en las comunidades y las periferias urbanas, donde no solo se compartía información, sino también la instrucción política para las tareas clandestinas. Hay otras experiencias posteriores como de Evo Morales, que también inició su carrera política como secretario de deportes en el Chapare y de Felipe Quispe, el Mallku, que le permitió aglutinar a jóvenes aymaras dirigiendo un equipo de fútbol. Para Jenaro Flores, fue el inicio de las actividades sindicales y políticas bajo el perfil de una nueva generación, la generación posrevolución de 1952 que terminó cuestionando al Estado nación del 52.

¿Por qué se cuestionó al Estado del 52? A pesar de la revolución nacional, los pueblos ancestrales seguían siendo considerados ciudadanos de segunda clase, que la política de incorporación del campesino del Movimiento Nacionalista Revolucionario se había convertido en el pongueaje político, porque los indios solo servían para votar. Que el sindicalismo campesino del pacto militar campesino seguía siendo un pacto de subordinación a los cánones patronales de antaño. Que la educación masiva solo fue para la castellanización y autodiscriminación de la condición ancestral. Todos estos cuestionamientos fueron la base para conformar el movimiento social katarista e indianista de carácter anticolonial, porque a pesar de la revolución aún existía el colonialismo interno. No solo fue querella, sino también propuesta y esa nueva generación katarista e indianista propuso la creación del Estado plurinacional, que recién pudo cristalizarse formalmente en 2009.

Hoy, nuevamente aparece la disputa generacional y el ejemplo más claro es el relegamiento de la joven Eva Copa. Eva pertenece a la nueva generación de mujeres aymaras urbanas, que se visibilizó en la época del gobierno de facto de Jeanine Áñez (2019-2020). Lo más interesante es que surge con una juventud, particularmente alteña rebelde, que le sigue y que se ha convertido en su representante. Que una mujer sea actora política es digno de mención y elogio.

Ante la controversia de no haber sido elegida como candidata a la Alcaldía de El Alto, surgen muchas preguntas. Se ha insinuado que se debería haber aplicado las elecciones primarias como en otros países. Para mí es el nuevo reto de la comunidad urbana indígena, organizada mediante los barrios, las zonas, los distritos, sobre cómo representarse bajo la práctica del thakhi o ñan urbano. Esta salida permitiría que los jóvenes ancestrales citadinos estén representados por su generación y no sean excluidos por descendencias anteriores.

Waynanakaru, tawaqunakaruwa wali ch’amanchañasawa, jupanakaw jiwas thakhisaru suma sarantayapxani. Janiw uñisisiñax, jisk’achasiñax utjañapakiti jiwas taypinxa.

*Es aymara, sociólogo y antropólogo

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