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sábado 16 oct 2021 | Actualizado a 05:42

La historia oficial

El Gobierno de Estados Unidos ha decidido arremeter contra la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya.

/ 21 de septiembre de 2018 / 04:24

Con mucha razón, Franz Oppenheimer, maestro de Ludwig Erhard Albert y discípulo de Jay Nock, rechazó la idea del supuesto contrato “social”, de John Locke, coactivamente impuesto sobre ciudadanos que no sabían de su existencia al nacer, afirmando en su libro Der Staat (1908) que “El Estado (…) es una institución social, forzada por un grupo victorioso de hombres sobre un grupo vencido”, el cual impone su monopolio de la violencia en un territorio dado. Y por ello es destructivo, ya que la violencia es siempre destructiva, como ya lo analizaron los filósofos griegos, incluido Aristóteles. Por esto, y no por otra cosa (ni por ideología ni por cuestiones de fe), debe disminuirse el peso del Estado.

Como “fotografía” actual de esta realidad, Rusia ha dejado en claro que la ley internacional es la fuerza, al iniciar las mayores maniobras militares de su historia (incluida la de la Unión Soviética), que transcurrirán del 11 al 17 de septiembre con la participación de China y unidades de Mongolia. Cerca de 300.000 uniformados, 1.000 aviones, helicópteros, aparatos volantes no tripulados, 80 buques, 36.000 tanques y otros tipos de transporte formarán parte de estas maniobras.

Así, la “historia” que suelen imponer los gobiernos en los planes “educativos” obligatorios es el relato oficial, cuando en realidad la historia debería ser el relato del progreso humano civil. De igual manera, las guerras oficiales supuestamente siempre han sido “liberadoras” y sus enemigos, delincuentes; a tal punto que por ejemplo ya en 1919, luego de la Primera Guerra Mundial, los victoriosos quisieron juzgar al káiser Guillermo II. Posteriormente sí prosperaron tribunales en Núremberg y Tokio para juzgar a los criminales de guerra de Alemania y Japón, finalizada la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, no se juzgaron los crímenes cometidos por los aliados, como el bombardeo de civiles en Dresde y otras ciudades alemanas, o el uso de bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, ni las violaciones masivas cometidas mayormente por militares soviéticos, pero también por los ejércitos aliados.

En los albores de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) —es decir, de los oficialistas unidos—, el Consejo de Seguridad recomendó una corte permanente de justicia. La idea no prosperó hasta después de los genocidios registrados en Yugoslavia (1991-1995) y en Ruanda (1994). Entonces se celebró en 1998 en Roma una conferencia diplomática sobre el establecimiento de una Corte Penal Internacional (CPI).

Ahora, el Gobierno de Estados Unidos ha arremetido contra la CPI, amenazando con sanciones a los magistrados de este tribunal internacional situado en La Haya si continúan con la investigación sobre presuntos crímenes de guerra cometidos por soldados y personal de inteligencia estadounidenses en Afganistán. La Administración Trump estudia prohibir a los jueces y fiscales la entrada a Estados Unidos, procesarlos en la justicia estadounidense o imponer sanciones a fondos que pudieran tener en su sistema financiero. Las sanciones se extenderían a cualquier empresa o Estado que colabore con la CPI contra ciudadanos estadounidenses.

Adicionalmente, el Gobierno de Estados Unidos planea dar pasos en el Consejo de Seguridad de la ONU para restringir los poderes de la CPI, incluyendo que no ejerzan su jurisdicción sobre los estadounidenses y los nacionales de aliados que no hayan ratificado el Estatuto de Roma. Durante el primer mandato de George W. Bush, Estados Unidos no ratificó este estatuto que creó la CPI (tampoco lo hizo Israel), tribunal internacional que cuenta con 123 Estados firmantes y cuya supuesta misión es llevar ante la Justicia a los autores de crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio.

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Violentos y con el cerebro lavado

La presión de un grupo sobre el individuo puede ser aplastante y atentar contra los derechos humanos básicos

/ 5 de junio de 2020 / 06:26

Por nombrar una de mis publicaciones, en un tuit en el que me oponía a las cuarentenas forzadas, se produjeron hasta ahora 7.000 interacciones y 300 mensajes con fuertes insultos (y 210 “likes”). Mi reacción fue doble; por un lado, la sensación de estar en lo cierto ya que, cuando insultan tanto, es que a falta de argumentos no les queda más alternativa que agredir y, como no pueden por la razón, imponen sus ideas por la fuerza.

Por otro lado, me entró un escalofrío, me recordó al Tercer Reich y al fanatismo imperante y dónde terminó todo eso. Jamás se me ocurriría imponer mis ideas por la fuerza, aun si la ciencia me diera toda la razón, lo que no es posible, porque no es posible llegar a la verdad absoluta ni a una verdad irrefutable, de otro modo no existiría ciencia que, precisamente, es la incesante búsqueda de la verdad a la que nunca se llega del todo.

El fanatismo ha llegado a tal punto que para gran parte de los medios y la opinión pública, todo es culpa de la “pandemia”. Si cae la bolsa, titulan “Bajó la bolsa por el coronavirus”. No razonan, no relacionan causa y efecto. Porque el virus provoca fiebre y otros síntomas, pero no que bajen las acciones.

Una nota en un diario importante de Buenos Aires titulaba “Por el coronavirus peligra el nivel de desarrollo humano”. Mamma mia, cómo no va a ser que la gente le tenga terror al virus si hasta “provoca pobreza”. Debería haber dicho la verdad, o sea, que la pobreza es el resultado de las cuarentenas forzadas, por la violencia de los gobiernos, y la violencia siempre destruye.

 “El nivel de desarrollo humano —que mide la educación, la salud y las condiciones de vida— corre el peligro de sufrir un retroceso… evaluó el PNUD”, dice la nota que continúa afirmando que “10 millones de niños más en todo el mundo podrían enfrentarse este año a desnutrición aguda como resultado de la pandemia (sic), lo que los dejaría a un paso de morir de hambre”. O sea que “la pandemia” provoca desnutrición cosa que deberían informar a los médicos que todavía no se han dado cuenta de ese síntoma.

Solomon Asch, psicólogo polaco radicado en EE.UU., estudió el proceso de “conformidad”. Formó grupos y los sometió a un experimento falso. El resultado fue que el 75% respondía lo mismo que los demás, sumándose a la respuesta errónea. Pero en privado confesaron distinguir la verdad, pero que no lo habían dicho en voz alta por miedo.

La conclusión es que la presión que ejerce el grupo sobre el individuo es aplastante y uno de los mayores temores del ser humano es no ser aceptado. El experimento de Asch demuestra hasta qué punto importa evitar el juicio social negativo y que cuestionar las bases del relato que sostiene todo el andamiaje social provoca pánico. Por eso las personas son capaces de negar la realidad y los hechos irrefutables. Y hoy el relato oficialista es abrumador a partir de los Estados que tienen una capacidad casi infinita de propaganda.

El otro 25%, que no se dejó llevar por la mayoría, despertó envidia y un resentimiento porque se animaba a dar libremente su opinión. De aquí la tendencia de los resentidos al insulto, su irracionalidad y la prepotencia de imponerse por la vía violenta, forzada, como las cuarentenas obligatorias.

 Y así, con este lavado de cerebro, es que han impuesto algo tan incoherente como decir que “para el bien de las personas” les quitan un derecho humano, básico, como es el de la libertad.

Alejandro A. Tagliavini, asesor senior en The Cedar Portfolio y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California. Twitter: @alextagliavini; www.alejandrotagliavini.com

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¡‘Chapeau’ Suecia!

La vía sueca amenaza con desmentir el relato que muchos políticos y expertos querrían leer en los libros de historia.

/ 9 de mayo de 2020 / 06:15

A pesar de las duras críticas, Suecia sigue sin confinamiento, fronteras abiertas, libertad de movimiento, niños asistiendo a la escuela, comercios, bares y restaurantes atendiendo clientes en tanto no permanezcan parados; solo recomendaciones, sin imposiciones, prohibiendo únicamente reuniones de más de 50 personas. Algunos parecen desear que surja un fuerte rebrote de la pandemia que los induzca a decretar el confinamiento. Pero pasan semanas, y la curva sueca no diverge de la media europea. Y por cierto, sus unidades de cuidados intensivos nunca estuvieron ni cerca de saturarse.

Juan M. Blanco pregunta “¿por qué tanta contrariedad al comprobar que la COVID-19 no explota en Suecia?… La vía sueca amenaza con desmentir el relato que muchos políticos y expertos querrían leer en los libros de historia: en 2020 unos héroes salvaron al mundo de una horrenda mortandad decretando el confinamiento”.

El país escandinavo constituye lo que se conoce en experimentos como un “grupo de control”, capaz de señalar lo que habría ocurrido sin cerrar la actividad económica. Y temen que, finalmente, alcance los mismos resultados, o incluso mejores; y que se confirme lo que escribió Cheryl K. Chumley en The Washington Times: “El coronavirus es el mayor engaño político de la historia”.

Para los suecos, en el mejor de los casos, el confinamiento podría retrasar los contagios, pero a un costo muy elevado en destrucción económica. Y todo para llegar al mismo lugar. En una entrevista en The Wall Street Journal, John P.A. Ioannidis, profesor de Stanford, epidemiólogo, matemático y uno de los 100 expertos más consultados del globo, aseguró que “poner en cuarentena (…) es irracional. Es como si un elefante fuese atacado por un gato (…), y tratando de evitarlo se lanza por un precipicio”.

El eslogan de los demagogos para justificar las cuarentenas forzadas era que preferían cuidar la salud aun a costa de la economía. Pero la destrucción de la economía está resultando tan grande que acarreará muchos más muertos que la COVID-19, enfermedad que, de momento, registra una tasa de mortalidad similar a la de la influenza. No solo porque la pobreza (en Argentina por ejemplo, pronto llegará al 50% de la población y sigue) y el hambre se están disparando dramáticamente, sino porque además se destruye el sistema sanitario. 

Por miedo o por causa de la cuarentena, se han suspendido diversos tratamientos médicos y muchos otros enfermos están siendo descuidados. Por caso, en Bogotá, hospitales de alta complejidad que tenían ingresos mensuales en torno a los $us 375 millones hoy perciben $us 180 millones. “El bajonazo es enorme”, dice César Castellanos, del Hospital San Ignacio. La ocupación en hospitalizaciones está en la mitad; tal como ocurre en muchos otros países. Y las consultas externas, cirugías y exámenes están cancelados casi en su totalidad. Hasta las urgencias, antes colapsadas, operan hoy al 70%.

Pero los políticos no son tontos. Como su recaudación impositiva cae mucho por causa de la paralización económica, en Buenos Aires empezaron a desandar el camino: “Nos tenemos que contagiar”, dijo un funcionario desdiciendo el argumento de evitar los contagios por el que se impuso la cuarentena. Ya dirán que nunca quisieron una cuarentena, sino que fueron forzados por la opinión pública. En fin, por respetar el derecho humano a la libertad —la no violencia— y consecuentemente lograr un mejor resultado, los hombres de buena voluntad en todo el globo brindamos: ¡Salud Suecia!

Alejandro A. Tagliavini, asesor senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California. Twitter: @alextagliavini; www.alejandrotagliavini.com

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Exagerado optimismo por el fin de la crisis

La cuarentena obligatoria tiene efectos que matarán entre 10 y 100 veces más personas que por la pandemia

/ 8 de abril de 2020 / 07:13

Como anticipó el Dr. Stephen Smith, quien recomienda la hidroxicloroquina, ha comenzado el principio del fin de la pandemia del coronavirus COVID-19, y como lo avisamos muchos desde hace tiempo, se da naturalmente y con menos muertes que por causa de la influenza. El martes China anunció el primer día sin muertos y la situación allí se normaliza. En países como Italia o regiones como New York la pandemia se está nivelando, según su gobernador. Esto ha traído un exagerado optimismo, y las Bolsas han cerrado con incrementos de más del 10% en dos días. Exagerado optimismo porque la crisis económica se debe a la represión del mercado por parte de algunos gobiernos en términos de paralizar la producción. Y no está claro que esta política terminará una vez controlado el coronavirus; por el contrario, hasta podría aumentar.

Ahora, ¿cómo se llegaron a tomar estas medidas represivas cuando los especialistas serios, como Howard Markel, dicen que la cuarentena obligatoria es contraproducente? La clave la da el mejor especialista de Corea del Sur, país exitoso en el tema, Kim Woo-Joo: mi país “es una República democrática… un bloqueo no es una opción”. 

Ante el pánico de la opinión pública, gobiernos como el de Italia copiaron la receta del Partido Comunista chino, que ha controlado la pandemia como siempre ha controlado todo: con violencia, represión, cuarentena policial. Y esta “solución” totalitaria ha sido recomendada por la OMS, que es un organismo de la burocracia estatal —política— internacional, cuyo presidente es Tedros A. Ghebreyesus, militante del marxista y guerrillero Frente Democrático Revolucionario Etíope. Así, politizaron la solución, desviándola de la ciencia, violando el enunciado moral de no violencia y el derecho humano a la libertad, desoyendo la lógica cuyo primer principio, el de no contradicción, supone que de un mal (la violencia) no puede salir un bien.

Obviamente, los países con cuarentenas (v.gr. Italia y España) tienen muchos más muertos que Corea del Sur y Japón. Además, la cuarentena obligatoria tiene efectos que matarán entre 10 y 100 veces más personas que por la pandemia. Leyó bien: los efectos directos de la cuarentena forzada provocarán entre 10 y 100 veces más muertos que este virus; por causas incontables. El encerramiento debilita al organismo y a la psiquis. En Francia, los feminicidios aumentaron un tercio. Si hasta muchos venezolanos vuelven a su país por la situación de hostilidad y xenofobia.

Como sistema marxista, la cuarentena no solo ha establecido violencia y denuncias incluso entre familiares, sino que además decidió de hecho la muerte de las religiones y prohibió las celebraciones de Semana Santa en muchos países. Según el IFES, 39 países “postergaron” procesos electorales. La paralización de las economías podría dejar hasta 22 millones de personas más en pobreza extrema en Latinoamérica, según la Cepal. Muchos de ellos morirán por desnutrición o malas condiciones de vida, amén de engrosar el delito. Así como la crisis económica no se termina con el coronavirus, sino cuando los Estados dejen de reprimir, la humanidad no tendrá futuro sin un “Nüremberg”. No creo que encarcelar a nadie sea una solución, pero tiene que ocurrir una fuerte condena dejándole claro a los ciudadanos que el pánico no puede ser el motor de sus votos, que el periodismo terror no es ético y, sobre todo, que los dirigentes no pueden actuar con sus criterios políticos violando el Estado de derecho, la moral y los derechos humanos.

Alejandro A. Tagliavini, asesor senior en The Cedar Portfolio, y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California. Twitter: @alextagliavini; www.alejandrotagliavini.com

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Mucho más aterrador es el ‘Estadovirus’

La gente, asustada, ante el mínimo síntoma acude a los centros de salud, colapsándolos

/ 17 de marzo de 2020 / 23:39

Algún día entenderemos que la violencia solo destruye a la naturaleza, la cual provee los recursos para una vida digna para todos. Entretanto, seguiremos autoflagelándonos, creando pobreza y desorden. Antes del aislamiento de Italia, Bloomberg estimaba que las pérdidas globales “por el coronavirus” COVID-19 podrían llegar a $us 2,7 billones, el PBI del Reino Unido. A su vez, la OCDE bajó sus previsiones de crecimiento global desde el 2,9% hasta el 1,5%.

Ahora, esto no es culpa del virus, sino de las medidas “preventivas” de los gobiernos, como prohibiciones de trabajar y viajar, implementadas de manera policial (violenta), coartando libertades personales como si la actividad privada no fuera más eficiente incluso en el control de epidemias. Y como toda violencia, la represión estatal solo destruirá, agrandando el mal.

El estrés resultado del pánico, provocado por los Estados al exagerar la pandemia, afecta las defensas del cuerpo para combatir el virus, según expertos como Ryan Landau; y la gente, asustada, ante el mínimo síntoma acude a los centros de salud, colapsándolos.

Y falta lo peor. Para tener una idea de la magnitud, recordemos que hace 20 años morían 15 millones de personas por desnutrición. Lo que fue disminuyendo hasta llegar a ocho millones con la actual tasa de crecimiento de la economía. Por tanto, si bien es imposible un cálculo exacto, si el PBI dejara de crecer un 1,4%, en 2020 morirían de hambre aproximadamente 112.000 personas más por causa de las medias “anti-coronavirus”; o sea, al menos 28.000 en el mismo periodo en el que murieron unas 5.000 por causa del virus. Por otra parte, cabe recordar que los muertos globales debido al golpe de un mueble rondan los 100.000 anuales; y más de 1,3 millones por accidentes de tránsito.

El totalitarismo ha logrado idiotizar a la opinión pública; y una enorme y miedosa masa pide que coarten libertades básicas como la de trabajar, viajar y aun salir de sus casas. El Partido Comunista chino se jacta de haber logrado controlar al COVID-19 gracias a su autoritarismo, e Italia lo sigue. Las redes sociales estallan con personas que perdieron su empleo o que les faltan alimentos. Recibí un mensaje de una italiana (y su madre) terriblemente angustiadas, su padre (y esposo) muere en la clínica (no por coronavirus), y no pueden despedirse porque la Policía bloquea la clínica. No imagino la angustia del hombre al morir así.

Por cierto, es importante que, cuando se descubra una vacuna, no se cree un monopolio, vía una “ley de patentes” que impida su rápida difusión en el mercado natural (el pueblo, las personas). El cual es un ámbito de trabajo y cooperación pacífica para beneficio individual y social, en contraposición con el Estado, que se impone coactiva, violentamente.

Augusto y Michaela, padres de Lorenzo Odone (afectado con adrenoleucodistrofia), descubrieron un remedio para esta enfermedad “incurable”, aun contra la opinión de los médicos “legalmente” aceptados. El padre de Lorenzo (que murió a los 30 años) aseguró que “mi implicación en la enfermedad (…) no viene del amor a la ciencia, sino a mi hijo… Debía haber muerto a los 13 años, y hoy tiene 24”. La historia se popularizó por la película Lorenzo's Oil, y Phil Collins compuso la canción Lorenzo, con un poema de Michaela.

Corolario: parafraseando a los que recomiendan en los vuelos que, en caso de accidente, primero se ponga usted la mascarilla antes que a sus hijos: cuídese antes del “virus” Estado, y luego ocúpese de los otros.

* Es asesor senior en The Cedar Portfolio, y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California; @alextagliavini; www.alejandrotagliavini.com

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Drogas y violencia: échale la culpa al bitcoin

La represión de las criptomonedas no va a solucionar el problema delictivo creado por la prohibición de las drogas.

/ 26 de febrero de 2020 / 06:53

Según la Agencia antinarcóticos de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), cárteles mexicanos como el de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación o Los Zetas han empezado a utilizar el bitcoin y otras monedas virtuales para el blanqueo de capitales, a través de transacciones en la “red oscura” (dark web). El uso de criptomonedas sería el método de lavado del siglo XXI: “Hay evidencia de la utilización de criptomonedas por organizaciones criminales transnacionales mexicanas como medio para transferir su riqueza”, detalla el informe desclasificado en enero.

A pesar de que hasta la fecha existen más de 2.000 monedas virtuales, el bitcoin sigue siendo la más importante y utilizada en el mundo, de acuerdo con las autoridades estadounidenses. El más reciente reporte de la unidad de inteligencia estratégica de la DEA afirma que los cárteles también utilizan la dark web como plataforma para vender drogas, aunque las transacciones de los grupos criminales aún son a pequeña escala.

“Los mercados anónimos de la dark web, inspirados en la ya desaparecida Ruta de la Seda, son una fuente de drogas ilícitas y contrabando”, detalla el documento. Es por eso que “detener a criminales que eluden los sistemas financieros regulados es clave” para desmantelar sus estructuras. Y sería, además, crucial para proteger la integridad y estabilidad de los sistemas financieros. En otras palabras, quieren “proteger” las finanzas estatales (manejadas por los políticos) de la amenaza de descentralización que implica las divisas privadas.

A la par que ha aumentado el uso de dinero virtual, han surgido servicios de intercambio que ayudan a convertir la moneda fiduciaria en virtual, y viceversa; lo cual es aprovechado por los cárteles para blanquear sus ganancias. “Debido a que la mayoría de los intercambiadores de EEUU cumplen con las regulaciones antilavado, los delincuentes buscan intercambiadores sin licencia y de igual a igual”, dice el documento.

Estas metodologías para lavar dinero consisten en transferencias electrónicas convenientes para los narcotraficantes porque, debido a las distintas partes por donde pasa el dinero, logran ocultar la verdadera identidad de los beneficiarios. Dado que habrían encontrado una tendencia creciente de organizaciones criminales asiáticas dedicadas al lavado de dinero, relacionadas con el negocio del tráfico de drogas, el Gobierno de China estableció un límite para la transacción de divisas hacia EEUU.

En otras palabras, como los gobiernos (los políticos) no consiguen ganar la guerra “contra las drogas”, restringen cada vez más las libertades individuales y culpan a cualquiera con tal de no asumir su fracaso. En primer lugar, los políticos (los Estados) deberían saber que la violencia solo destruye y que, por tanto, la represión que ellos inician, al prohibir algunas drogas muy dañinas, nunca llegarán a buen fin.

Mientras se prohíban algunas drogas, existirán delincuentes (por cierto, asociados con policías, jueces y políticos); y responderán con violencia a la represión violenta del Estado. Además, los mismos drogadictos se pondrán violentos y consumirán sustancias de mala calidad que pueden provocar peores daños, ya que, al ser clandestinas, su origen será desconocido.

Finalmente, baste decir dos cosas. Primero, que los drogadictos son personas con problemas y, por ende, necesitan ayuda, no represión. Segundo, las criptomonedas son instrumentos sumamente útiles y reprimirlas no solucionará el problema delictivo creado a partir de la prohibición.  

Alejandro A. Tagliavini

es asesor senior en The Cedar Portfolio,

miembro del Consejo Asesor del Center

on Global Prosperity, de Oakland, California;

@alextagliavini; www.alejandrotagliavini.com

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