Voces

martes 15 jun 2021 | Actualizado a 12:57

Ilusiones de las TIC

/ 15 de octubre de 2018 / 10:50

Las tecnologías de información y comunicación (TIC), internet, concretamente, son subyugantes. Comparten un halo de modernidad, de conexión con el mundo, de globalización. Se cree que tienen la capacidad de resolver nuestros problemas con poquísimo esfuerzo, casi solo presionando el botón de encendido de nuestros equipos. O al menos de esa manera las empresas y algunos organismos internacionales publicitan a la tecnología.

Por ejemplo, el programa She Trades promueve la inclusión de mujeres al comercio internacional. Entonces, no tiene mucho pudor en decir que mujeres periurbanas y rurales pueden vender sus productos en un mercado global a través de internet; y muestran ejemplos de esto, pero no explican que entre una mujer que vende sus productos artesanales en su pueblo y una mujer que vende sus productos artesanales al mundo a través de internet hay una serie de pasos y condiciones que resultan onerosos en tiempo, dinero y energía. Se requiere conocer algo de tecnología para contratar a alguien que desarrolle el sitio web o al menos saber operar un sitio de Facebook u otra plataforma; se requiere conocer los mercados donde se quiere llegar: temporadas, gustos, patrones culturales, etc., muy probablemente se requiere asimismo saber hablar inglés y conocer políticas de comercio externo. La tecnología claramente en este caso complica más las cosas, y puede ser fuente de frustraciones más que de éxitos. Pero la forma en la que se la publicita promete otra cosa: la inclusión al mercado global de una manera sencilla.

Otras manifestaciones de esta ilusión de la tecnología como solucionador de todos nuestros problemas son los casos de muchachos y muchachas que ganan un concurso por el cual van a la NASA o a un concurso internacional. Las noticias nunca cuentan el esfuerzo de volverse experto en un lenguaje de programación o en tecnología robótica; solo queda la idea de que al acercarse a la tecnología también se accede al mundo. No se cuenta por ejemplo que muchachos que juegan ajedrez o se dedican al deporte también tienen contacto con el mundo cuando compiten con sus pares. Ahí el relato que se construye es que los deportistas no reciben apoyo del Estado, como si los tecnólogos sí lo recibieran.

Estas ilusiones acerca de la tecnología construyen nuestra realidad. Somos más felices si tenemos el último Smartphone, aunque no sepamos utilizar todas sus capacidades, solo porque tenemos tecnología en nuestras manos; no pensamos que ahí las únicas que ganan son las empresas que venden la tecnología con la promesa de resolver problemas, y encima obtienen nuestros datos que comercian. Un negocio redondo, en el que nosotros actuamos en todas las fases como simples sujetos pasivos.

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Espacio cívico

/ 7 de junio de 2021 / 00:20

La organización Civicus realiza un monitoreo anual de libertades y derechos humanos en el mundo, mide tres derechos como indicadores de espacio cívico: libertad de asociación, libertad de reunión pacífica y libertad de expresión.

El informe de 2020 muestra que la gran tendencia global es la restricción del espacio cívico, 87% de la población mundial actualmente vive en países clasificados como cerrados, represivos u obstruidos. En América Latina varios países han retrocedido en la garantía de derechos o ya tenían serias restricciones: Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, Nicaragua, Guatemala, México y Venezuela.

Algunas de las causas son las medidas para combatir la pandemia que crearon un contexto de emergencia sanitaria aprovechado por los gobiernos para imponer medidas restrictivas de los derechos humanos y si bien la declaración de emergencia sanitaria era necesaria, los estándares internacionales de derechos humanos aclaran que estas medidas deben ser proporcionadas, necesarias y no discriminatorias, lo que no se respetó en la mayor parte de los casos.

Las tácticas más usuales para restringir libertades y derechos, según Civicus, son la intimidación, el acoso, los ataques a periodistas, la detención de manifestantes y el uso excesivo de la fuerza contra protestantes.

Además, para luchar contra la desinformación asociada a la pandemia se implementaron medidas de control de noticias y se tomó presa a gente bajo el cargo de desinformar. Esto último también sucedió en Bolivia durante el gobierno de transición y los decretos por la pandemia que incluían artículos contra la libertad de expresión que luego fueron anulados debido a la presión internacional de organizaciones de derechos humanos.

Lo que está sucediendo en Colombia las últimas semanas, lo que pasó en Chile antes de su referéndum, en Estados Unidos durante las protestas por el caso George Floyd o en Brasil con la difamación pública de las organizaciones de sociedad civil y la criminalización de activistas, todos estos casos, incluido el boliviano, forman parte de este fenómeno de restricción del espacio cívico que se extiende a espacios digitales con apagones de internet, ataques computarizados en redes sociales contra activistas y colectivos (lo que Facebook ha dado por llamar coordinated unauthentic behavior) o vigilancia estatal de civiles.

Sin duda, la situación es preocupante porque nos estamos acostumbrando a vivir con esas restricciones y las justificamos muchas veces como parte necesaria de la experiencia de la pandemia. No debemos olvidar que tenemos derecho a vivir con libertad y que el retorno al disfrute de una vida así debe ser uno de los objetivos colectivos.

   Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com

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Cambio de términos en WhatsApp

/ 10 de mayo de 2021 / 01:50

Este 15 de mayo, WhatsApp actualizará sus términos de uso después de un infructuoso primer intento en febrero de este mismo año que fue rechazado por un gran grupo de expertos en tecnología en el mundo, defensores de derechos de privacidad, ONG e incluso Elon Musk, quien sugirió cambiarse a otra app de mensajería que respeta más los datos personales de sus usuarios y usuarias, Signal.

La razón para este cambio se debe a que WhatsApp es una empresa deficitaria, es decir, funciona a pérdida. Entonces, este es un intento de hacerla rentable, que dé ganancias a partir de publicidad y de convertirse en una plataforma de ventas.

Sus directivos explican que hay tres grupos de productos de WhatsApp: la app por la que todos nos comunicamos a nivel personal, el WhatsApp Business y la API del WhatsApp Business. Los cambios, dicen, solo se darán para el tercer grupo de productos, pero el cambio de términos de uso deberá ser aceptado por todos los usuarios y usuarias, no solo por quienes usen ese tercer grupo de productos.

Con este cambio se podrá incluir en la lista de contactos a empresas, por lo que se podrá aceptar publicidad de empresas y hacer pedidos a éstas. Ese cambio le permitirá a WhatsApp compartir datos personales con las otras empresas del grupo como Instagram y el propio Facebook independientemente de que tengan cuentas en ellas o no. También se compartirá información de contactos, tengan o no tengan cuentas en esas apps. Zuckerberg dijo que nunca haría esta integración.

El contenido de los mensajes no será leído por Facebook porque tiene cifrado de punta a punta, pero sí la información de compras, frecuencia, ubicación, tipos de dispositivos, etc.

Si una persona no desea aceptar los cambios, desde el 16 de mayo tendrá acceso restringido a su cuenta de WhatsApp. Es decir, podrá recibir llamadas y notificaciones, pero no podrá leer ni enviar mensajes hasta que acepte el cambio en los términos de uso, y luego vendrán otros bloqueos. Si no acepta el cambio, tendrá bloqueado el servicio.

Más allá de que a algunas personas no les preocupe compartir sus datos con un holding de empresas ¿es necesario que todos debamos aceptar un cambio en términos de uso aunque no vayamos a usar el servicio y que en caso de no aceptar, tengamos bloqueos paulatinos de los servicios de la app?

Pero en serio, ¿es posible dejar de usar WhatsApp? Para la mayor cantidad de personas la respuesta será negativa porque sus contactos están en esa app, porque no tienen suficiente memoria en sus celulares o porque desconocen cómo hacerlo y esto es una muestra de que la decisión no se hará de una forma informada y libre, sino que no les quedará otra.

 Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com

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GeoBolivia no se debe perder

/ 26 de abril de 2021 / 01:22

Desde 2012, un grupo de geógrafos que trabajaban en varias instituciones públicas se concentraron para crear GeoBolivia, un portal web de mapas oficiales del Estado boliviano que permitía mirar los mapas en línea y descargar los datos de esos mapas para usarlos en diversos proyectos.

Se dice fácil pero es un trabajo monumental y con varias barreras que vencer: el desconocimiento del valor de proyectos de datos abiertos por parte de las autoridades, la coordinación interminable para encontrar acuerdos que permitan uniformar los diversos sistemas informáticos en los que se guardaban los datos geográficos públicos, la presión de algunos grupos que obtenían beneficios del desorden vendiendo esos mapas en mercados informales e incluso a las mismas instituciones públicas una y otra vez y, claro, la inercia del sector público tan reacia a innovar.

Ocho años después, este caro proyecto ha logrado 2.500 capas. Por decirlo en términos fáciles aunque pierda alguna precisión: 2.500 mapas. Todos estos mapas de libre disposición (datos abiertos), actualizados y oficiales. Esta característica de datos abiertos ha beneficiado a variados públicos: investigadores —solo en los registros de la UMSA y de la UMSS hay 100 tesis que han usado sus datos—, a iniciativas tecnológicas que usan esos datos para desarrollar servicios —OpenStreetMap es un servicio de mapas abierto y alternativo a Googlemaps que usa los datos de GeoBolivia— y ante todo, al Estado — varias entidades públicas y municipios han utilizado estos datos para su planificación.

Funcionarios de más de 100 instituciones públicas se reunieron varias veces a lo largo de estos años en grupos de trabajo para consensuar normativa y protocolos técnicos, además de crear un diseño con nodos que alimenten en línea un portal web de mapas del Estado que permitía conocer la ubicación de recursos como escuelas, postas sanitarias, pozos petrolíferos, ríos, caminos, telecentros, etc.

Todo esto hasta los primeros días de marzo de este año cuando el acceso a este portal ya no fue posible sin que medie ninguna explicación de parte de la Vicepresidencia, bajo cuya responsabilidad se hallaba el proyecto, que aún no ha emitido una comunicación oficial ni ha dado respuesta a varias cartas que se le han remitido al respecto.

Cuesta creer que el Gobierno quiera perder capacidad de análisis, desechar un proyecto que ayuda a ahorrar recursos para la planificación y mejora su calidad (¿con qué información se hará el PDES que está actualmente en elaboración, por ejemplo?), además de reducir posibilidades de duplicación de esfuerzos de recojo de información geográfica. Esperemos que se trate de un error y que se reponga el servicio pronto.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. Blog: www.internetalaboliviana. word-press.com

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Facebook y los DDHH

/ 12 de abril de 2021 / 01:39

El 16 de marzo de este año, Miranda Sissons, directora Global de Derechos Humanos de Facebook Inc., presentó la Política Corporativa de Derechos Humanos de esa empresa que es válida para todas sus apps. Es la primera política empresarial de este tipo emitida por una plataforma digital, como se les dice de manera genérica a las empresas de redes sociales, mensajería instantánea, streaming o cualquier otro servicio que se da en Internet de manera masiva.

La directora ha expresado el compromiso empresarial con un sinfín de cuerpos legales de defensa de los Derechos Humanos como los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos, la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial y contra la Mujer, la Convención sobre los Derechos del Niño, la de las personas con discapacidad, los Principios de Libertad de Expresión y Privacidad del Global Network Initiative (GNI) y los Principios de la OCDE sobre Inteligencia Artificial, entre varios otros.

Sin duda es un enorme trabajo y un enorme cuerpo de principios al que se compromete Facebook y lo hará además con un fondo de apoyo a los defensores de Derechos Humanos en el mundo. ¿Por qué lo hace siendo que esto implica recursos y un esfuerzo importante de cambio en sus procesos empresariales?

Es una respuesta a presiones que viene recibiendo hace varios años acerca de vulneraciones de Derechos Humanos en sus plataformas relacionadas a libertad de expresión, privacidad, discriminación, discurso de odio, entre otros. Estas denuncias hicieron crisis con el escándalo de Cambridge Analytica que implicó el uso de millones de registros personales de usuarios y no usuarios de la plataforma para la supuesta manipulación de elecciones. Mark Zuckerberg confesó ante el Parlamento norteamericano que no entendía plenamente los efectos que su plataforma podría estar provocando en la democracia. Se dio cuenta de que se había metido en temas grandes y serios que necesitaban otro tipo de soluciones, no solo las tecnológicas.

Será interesante seguir el desarrollo de estas iniciativas que juntan dos mundos, el privado y el público; dos intenciones: la búsqueda de beneficios y la defensa de derechos.

Este debate y sus soluciones están en inglés, responden a la opinión pública de Estados Unidos y conversan con Asia y África en inglés, por el momento. Es de esperarse que algo más adelante lleguen a América Latina y conversen acerca de nuestras propias preocupaciones en castellano.

 Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com

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Prontis y la pandemia

/ 29 de marzo de 2021 / 00:54

Uno de los efectos de la pandemia del COVID-19 es la aceleración de la digitalización de nuestras actividades cotidianas, lo que hace que el acceso a internet con estándares mínimos de calidad resulte fundamental.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en colaboración con sus relatorías especiales, ha presentado una guía práctica que titula ¿Cómo promover el acceso universal a internet durante la pandemia de COVID-19? Esta guía menciona que “las comunidades indígenas, mujeres, afrodescendientes, niños, niñas y adolescentes, personas mayores, entre otros grupos con necesidades específicas, están sufriendo limitaciones de forma desproporcionada en el acceso y asequibilidad de las tecnologías digitales.” Es decir, las brechas digitales que ya existían se incrementan durante la pandemia afectando a las poblaciones que previamente estaban precariamente conectadas o incluso peor, desconectadas.

La guía también aconseja que los gobiernos deben acelerar las políticas de acceso universal a internet, ampliando la infraestructura que lo sostiene, facilitando el acceso a dispositivos idóneos y promoviendo la alfabetización digital. En Bolivia, el Programa Nacional de Telecomunicaciones de Inclusión Social (Prontis) tiene parte de la responsabilidad para aportar a la solución de este problema, la parte referida a la infraestructura de telecomunicaciones (la que permite llevar internet) en áreas rurales y alejadas.

El Prontis y Entel se hacen cargo —por decirlo de una manera excesivamente sencilla— de comprar antenas y tender fibra óptica para conectar a municipios rurales y lo han venido haciendo durante varios años, pero hay al menos un par de temas que requieren mejora en la gestión de este programa: 1) Falta de transparencia de su ejecución. Imaginé que los municipios que reciben la infraestructura conocen el Prontis, pero en contacto con algunas autoridades municipales, no suelen conocerlo aunque mencionen que les han instalado antenas e incluso que tienen fibra óptica a su territorio. Lo cierto es que nadie sabe del Prontis, ni reciben información de su ejecución. 2) La inclusión tecnológica no solo se logra con infraestructura de telecomunicaciones sino con alfabetización digital adecuada a las necesidades de cada grupo poblacional, que vendría bien que esté incluida entre las atribuciones de este programa, mucho más tomando en cuenta que cuenta con un presupuesto abultado y porque nadie en el Estado se encarga de esto.

Ya hemos cumplido un año de usar internet intensamente para reducir los efectos de la pandemia, pero no se conocen políticas de conectividad y alfabetización digital que resuelvan el problema de raíz.

Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com

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