Voces

miércoles 20 oct 2021 | Actualizado a 10:14

Impulso empresarial

El empresariado debe tener una voz relevante en el debate de los desafíos macroeconómicos y productivos.

/ 16 de marzo de 2019 / 04:12

El empresariado privado es un actor imprescindible para el de-sarrollo de cualquier país. La creación de empleos y el impulso a la innovación precisan de un tejido vibrante y dinámico de emprendedores. En ese sentido, la reactivación de un diálogo entre los gremios del sector y las autoridades que genere resultados tangibles debiera ser una prioridad.

El proceso de elección del nuevo presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) generó un saludable debate sobre el rol que ese sector debe asumir en la vida nacional y su relación futura con el Gobierno y con otros sectores de la sociedad. Como era previsible, el reto de los afiliados de esta institución consistió en construir un delicado equilibrio en la representación regional y los variados puntos de vista que coexisten en su seno. Luis Barbery, el nuevo representante del empresariado nacional, tiene ahora el de- safío de articular esa valiosa diversidad y desplegar una agenda que contribuya al crecimiento económico y a la convivencia democrática.  

Le toca a este nuevo liderazgo encarar esta tarea en un momento políticamente complejo, relacionado con las naturales incertidumbres que caracterizan a los periodos electorales. Pero también en un periodo crucial en el que se deben perfilar los nuevos retos de la modernización económica del país, con miras a consolidar el crecimiento y la reducción de la pobreza logrados en el último decenio. El empresariado debe tener una voz relevante en la discusión de los desafíos macroeconómicos y productivos que la actual y la futura administración tendrán que resolver en los próximos años.

Esto acontece, además, después de un año complejo en el que la relación entre la CEPB y el Gobierno se ha visto tensionada por varias decisiones que no fueron del agrado del sector empresarial; pero en el que, por otra parte, cristalizaron inéditas alianzas público-privadas en torno a la industria del etanol o la apertura de nuevas vías para el comercio exterior en el oriente. Equilibrar estos elementos pasa necesariamente por renovar los contenidos a tratar y quizás también las formas en las que se realiza el diálogo entre ambos actores.

Lo cierto es que el futuro del país no podrá construirse sin una cooperación entre actores privados y el Estado. Tal objetivo requiere pragmatismo, creatividad, generosidad y realismo para resolver los problemas. Seguramente no es posible alcanzar todos los objetivos que unos y otros se plantean, pero al menos se debería converger en un conjunto de acuerdos básicos, que desate las energías de los cientos de miles de emprendedores que invierten, producen y crean empleos en todo el país. Sin este impulso, el esfuerzo de mejoramiento de las infraestructuras básicas y de las condiciones de vida de los que tanto se enorgullece la actual administración podría verse mermado.

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El pánico moral por Instagram

/ 20 de octubre de 2021 / 02:29

En su testimonio ante una subcomisión del Senado, Frances Haugen, una exempleada de Facebook convertida en informante, planteó una serie de cuestiones políticas importantes y complejas sobre cómo la sociedad podría regular mejor al caprichoso gigante de las redes sociales.

Pero también planteó una cuestión muy básica, para la que ni la audiencia ni sus documentos internos filtrados proporcionaron una respuesta clara. La pregunta es: ¿las redes sociales son un peligro para los adolescentes? La respuesta es: no tenemos ni idea.

Nadie lo sabe a ciencia cierta, ni los expertos en desarrollo infantil, ni las empresas tecnológicas, ni los adolescentes, ni, por desgracia, los desventurados padres como yo. Y al llegar a la conclusión de que la plataforma Instagram de Facebook y otros servicios de redes sociales serán la ruina de la próxima generación, nosotros —los medios de comunicación en particular y la sociedad en general— podemos estar cayendo en una trampa que nos ha atrapado una y otra vez: un pánico moral en el que sacamos conclusiones generalizadas y alarmantes sobre los peligros ocultos de las nuevas formas de medios de comunicación, las nuevas tecnologías o las nuevas ideas que se propagan entre los jóvenes.

Los cómics, la televisión, la música rock, el rap, la música disco, los videojuegos, el inglés negro vernáculo y la corrección política son algunos de los temas que han generado pánico colectivo en el pasado. Se podría pensar que esta letanía de sobresaltos mediáticos evitaría nuevos sustos, pero seguimos teniendo tanto pánico como siempre.

En los últimos dos años me he vuelto en particular cauteloso con estos pánicos. Mientras veía el testimonio de Haugen la semana pasada, no pude evitar detectar patrones de pánico moral. Muchas de las preguntas de los legisladores y las respuestas de Haugen parecían tener menos sustento en los datos y más en las suposiciones. A veces, la audiencia parecía una versión de la vida real de ese meme de Los Simpsons: “¿Por favor, que alguien piense en los niños?”.

Haugen se refirió a las investigaciones de Facebook que sugieren que Instagram puede exacerbar la ansiedad, la depresión, los pensamientos suicidas y los problemas de imagen corporal de los adolescentes. Entre otras sugerencias, propuso aumentar la edad mínima de cualquier persona que utilice las redes sociales de 13 a 17 años.

Como escribió el psicólogo Laurence Steinberg en el Times, la investigación que cita Haugen es bastante débil. Gran parte de ella es correlativa y los mismos documentos filtrados también muestran que muchos adolescentes parecen pensar que, en muchos aspectos, Instagram desempeña un papel más positivo en sus vidas que negativo.

Como analista, la propuesta de Haugen de aumentar la edad mínima para usar las redes sociales me parece una precaución razonable. También ha defendido con firmeza que los legisladores y los reguladores impongan una transparencia radical a Facebook para que los investigadores externos puedan conocer mucho mejor el papel de las redes sociales en la sociedad.

Pero como padre de niños a los que les falta un par de años para ser adolescentes, mis preocupaciones son más inmediatas. ¿Debería (en algún momento) dejar que mis hijos tuvieran teléfonos inteligentes y exploraran la naturaleza de Instagram, TikTok y cualquier otra cosa de Internet que los niños utilicen ahora y de la que yo no haya oído hablar? Si es así, ¿a qué edad?

Por el momento, mis mejores respuestas son: no sé y no sé.

La permisividad y la prohibición tienen un posible costo. Es factible, como sugiere la investigación filtrada de Haugen, que las redes sociales tengan efectos desastrosos en el bienestar mental y social de mis hijos; también es posible que tengan efectos positivos significativos (en la encuesta que Haugen señaló, muchos chicos y chicas adolescentes dijeron que Instagram aliviaba su soledad, el estrés familiar y la tristeza, mientras que muchos también dijeron que no tenía ningún impacto).

También está la cuestión de cómo un bloqueo de las redes sociales puede afectar al bienestar de mis hijos. Hoy en día, para bien o para mal, el mundo funciona con las redes sociales; ¿quiero que mis hijos crezcan sin entender su dinámica, sus riesgos y sus posibilidades? ¿Una prohibición los convertirá en parias sociales? Si les impido usar la aplicación en la que se reúnen todos sus amigos, ¿estoy actuando como el padre inflexible que no dejaría a sus hijos escuchar a Elvis?

Vivimos en tiempos difíciles. Pero no podemos empezar a resolver nuestros verdaderos problemas si nos dejamos llevar por exageraciones. 

Farhad Manjoo es columnista de The New York Times.

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Neoliberalismo vs. neopopulismo

/ 20 de octubre de 2021 / 02:24

En las recientes elecciones en Perú y actualmente en la pelea electoral de Chile, el debate se ha centrado en las propuestas económicas y han tendido a reducir la discusión en la elección de mercados o populismo, en el caso del Perú, o en el peligro de la bifurcación, en el caso de Chile, si gana Boric, candidato de izquierda, puesto que según algunos economistas “el país arriesga a moverse en la dirección de los peores ejemplos de la región, incluso Venezuela”.

Así de simple, toda una discusión sobre el rumbo económico de un país se reduce a la dicotomía o falsa alternativa entre liberalismo económico o intervención del Estado.

El enfoque neoliberal es presentado en los medios como una propuesta técnica, seria, que proviene de los economistas, mientras que el planteamiento “populista”, cuyo término se utiliza en forma peyorativa y descalificadora, es una propuesta política e ideológica y que, según la RAE, pretende atraer a las clases populares, aunque nadie dice que el neoliberalismo pretende atraer a las clases más altas.

Tanto el neoliberalismo como el neopopulismo tienen sus vertientes económicas en el profuso árbol genealógico de la economía. El neoliberalismo está más asociado a la escuela neoclásica, a los Chicago Boys de Milton Friedman, a la corriente del ofertismo (reducción de impuestos) que inspiró la experiencia de Thatcher y Reagan y la corriente del neoinstitucionalismo. Estrictamente deberían llamarse neoconservadores, aunque en la región a la experiencia chilena se la bautizó con el modelo neoliberal.

Como corriente económica, el neopopulismo está más relacionado con la corriente marxista continuadora de la economía política, pero principalmente está muy vinculado a la corriente keynesiana, especialmente en cuanto al rol del Estado en la economía y, en el caso latinoamericano, al pensamiento estructuralista de la CEPAL. Es un término utilizado para descartar las experiencias que se apartan del dominio del mercado, la privatización, la liberalización comercial y financiera, y la libre inversión extranjera.

De esta forma, a las políticas neoliberales se denominaban políticas correctas por parte de los organismos como el FMI, mientras que al resto de países como Venezuela, Argentina, en su momento Ecuador y Brasil, así como Bolivia, se los etiquetaba como “populistas” y como peores ejemplos.

Sin embargo, tanto la teoría como la realidad en materia de política económica nos muestran que existen distintas alternativas y combinaciones en la intervención del Estado y el rol del mercado, así como distintos manejos del instrumental o arsenal económico, como la política tributaria, cambiaria, monetaria, y en especial en el manejo del gasto fiscal con fines redistributivos del ingreso, como demuestro en el análisis de los casos de Bolivia y Chile en mi libro Neoliberalismo vs. neopopulismo: un falso debate, de próxima aparición en formato digital a través de Amazon, iBooks y Google Play.

Es así que si comparamos la economía con la medicina, es tan equivalente que cuando el paciente tiene un problema, la primera discusión es si lo operan o le dan un tratamiento de acuerdo con la gravedad del caso, lo que en economía sería tratamiento de shock o gradual. La segunda discusión es que si está en la sala de operaciones el paciente, los médicos deben utilizar todo el instrumental o arsenal médico para salvarlo y no pueden descartar de entrada o prohibir el uso de algunos instrumentos.

Chile, por ejemplo, aplicó restricciones a los movimientos internacionales de capitales en la década de los 90. En el caso boliviano, el Decreto 21060 fue un ejemplo de tratamiento de shock que tenía medidas ortodoxas (liberalización de precios, cambios y financiera) como heterodoxas (no pago de la deuda, bolsín, entrega obligatoria de divisas). En el modelo de economía plural (2006-2019) se mantuvo la Ley SAFCO, la Ley de Participación Popular, un sistema de precios centrado en el mercado, el mecanismo del bolsín, un régimen monetario basado en cantidades de dinero, un sistema financiero saneado y supervisado. Por supuesto otras medidas se modificaron (Bonosol- Renta Dignidad) y otras se cambiaron radicalmente, como la capitalización.

Como una reflexión final de mi libro, en formato digital, señalo que tanto el modelo neoliberal de Chile como el modelo de economía plural en Bolivia, si bien fueron producto de las condiciones históricas para su surgimiento y tuvieron un éxito relativo en su momento, la gran preocupación es el peligro de agotarse al no adaptarse a las nuevas condiciones cambiantes de su economía, sociedad y los intereses y preocupaciones de la gente.

Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.

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La pandemia será una época

/ 20 de octubre de 2021 / 02:17

Los esqueletos se mueven por un paisaje estéril hacia unas cuantas personas aterrorizadas y desamparadas aún vivas. La escena, imaginada por Pieter Brueghel el Viejo en la pintura El triunfo de la muerte de mediados del siglo XVI, ilustra el impacto psíquico de la peste bubónica. Era un terror, dicen los historiadores, que permaneció incluso al retroceder la enfermedad. Las olas destructivas del COVID-19 han infligido su propia desesperanza en la humanidad del siglo XXI, dejando a muchos con la duda de cuándo terminará la pandemia.

“Tendemos a pensar en las pandemias y las epidemias como episódicas”, comentó Allan Brandt, un historiador de la ciencia y la medicina de la Universidad de Harvard. “Pero vivimos en la época del COVID-19, no en la crisis del COVID-19. Habrá muchos cambios que son significativos y perdurables. No vamos a mirar atrás para decir ‘Ese fue un momento horrible, pero ya terminó’. Vamos a lidiar con muchas de las ramificaciones del COVID-19 durante décadas, décadas”.

Algunas enfermedades, como la gripe de 1918, retrocedieron. Otras, como la peste bubónica, siguieron ardiendo a fuego lento. El VIH sigue con nosotros, pero con medicamentos para prevenirlo y tratarlo. En cada caso, el trauma persistió mucho después de que retrocedieron la amenaza inminente del contagio y la muerte.

En las pandemias del pasado, como ahora, fuertes movimientos anticiencia obstaculizaron la salud pública y el declive de la enfermedad. Tan pronto como Edward Jenner presentó la primera vacuna contra la viruela en 1798, aparecieron afiches en Inglaterra que mostraban a los humanos vacunados con “brotes de cuernos y pezuñas”, dijo Frank Snowden, historiador de la medicina en la Universidad de Yale. “En la Gran Bretaña del siglo XIX, el movimiento más grande fue el movimiento antivacunas”, añadió. “Y al resistirse los opositores a las vacunas, las enfermedades que debían haberse domado persistieron”.

La diferencia, no obstante, entre los escépticos de las vacunas y la desinformación pandémica de entonces y de ahora, dijeron los historiadores, es el auge de las redes sociales, que amplifican los debates y las falsedades de una forma que es realmente nueva.

Otras pandemias, como esta, fueron restringidas por lo que Snowden llama “arrogancia desmesurada”, certezas altaneras de los expertos que añaden a las frustraciones de comprender cuándo y de qué modo desaparecerá.

Con el COVID, expertos destacados declararon en un principio que los cubrebocas no servían para evitar el contagio, solo para dar marcha atrás después. Los epidemiólogos publicaron, confiados, modelos de cómo avanzaría la pandemia y lo que se requeriría para alcanzar la inmunidad de rebaño, solo para encontrar que estaban equivocados. Los investigadores dijeron que el virus se transmitía en las superficies y luego dijeron que no, que se propagaba por gotículas en el aire. Dijeron que era poco probable que el virus se transformara de manera significativa y luego advirtieron que la variante Delta era mucho más transmisible. “Lo pagamos caro”, dijo Snowden. Muchas personas perdieron la confianza en las autoridades entre tantas directivas y estrategias cambiantes que debilitaron el esfuerzo por controlar al virus.

Jonathan Moreno, historiador de la ciencia y medicina en la Universidad de Pensilvania, dijo que el fin del COVID sería análogo a un cáncer en remisión: aún presente pero no tan mortal. “Nunca te curas. Siempre está de fondo”.

Gina Kolata es columnista de The New York Times.

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Israel, principal obstáculo para la paz en la región

/ 19 de octubre de 2021 / 01:07

El gobierno israelí continúa sus intentos de dar la vuelta a los conceptos y fundamentos de la acción política en el Medio Oriente con el fin de servir a su verdadera agenda colonial, dirigida principalmente a fagocitar los territorios ocupados de Cisjordania y sabotear cualquier oportunidad de encarnar un Estado palestino independiente en las fronteras del 4 de junio de 1967, con su capital Jerusalén Oriental.

En el intento de marginar el problema palestino y sacarlo de las agendas regionales e internacionales, alegan falsos pretextos y argumentos, siendo el más importante el de la “amenaza” regional. Desafortunadamente, el gobierno israelí encuentra un seguimiento a su narrativa y posiciones engañosas.

La esencia del proyecto político colonial israelí es anexar la Cisjordania ocupada, cambiar su realidad histórica, jurídica, religiosa y demográfica existente e inundarla de asentamientos y colonos, además de trabajar para desviar la atención regional e internacional de esta realidad hacia pistas laterales falsas.

Israel, sobre el terreno y a diario, realiza la expansión de asentamientos y los procesos de judaización de Jerusalén, la separación de su entorno palestino y la anexión gradual y progresiva de Cisjordania, acompañadas de la limpieza étnica y del desplazamiento forzado de ciudadanos palestinos. Israel está entrando en la región y empujándola hacia una espiral de inestabilidad, arrastrándola a cuadrículas de violencia y oleadas de guerras sucesivas, socavando sistemáticamente las posibilidades de lograr la paz sobre la base del principio de los dos Estados. Además, recurre a congelar y deportar esta solución y reemplazarla por caminos de normalización que golpearían el pilar más importante de la política de Medio Oriente, basado en el hecho de que la solución al problema palestino es la verdadera puerta de entrada a la seguridad y la estabilidad en la región y la base para la construcción de relaciones de paz normales entre sus países.

El Estado ocupante en los últimos años también continúa manipulando las prioridades políticas y económicas de la región al mezclar los papeles para reordenarlos de acuerdo con sus intereses coloniales, arrojando luz sobre temas secundarios y así oscurecer la causa palestina. Los intentos israelíes de exagerar el “peligro” regional y mantenerlo presente tanto a nivel del debate público en Israel como en la mesa de diálogo de Israel con la región y la comunidad internacional le permiten engañar a algunas partes con la ilusión de que Israel es la parte capaz de lograr sus intereses de seguridad y también le permiten desempeñar el papel de víctima en términos de seguridad.

La comunidad internacional no debe dejarse llevar por la propaganda engañosa de Israel destinada a comercializar su supuesto papel de seguridad en el logro de la estabilidad en la región y a mantener sus intentos de desalojar cualquier proceso político con los palestinos. En lugar de impulsar la solución de dos Estados, persiste en un ciclo de congelación y espera con el pretexto de la fragilidad de la coalición gobernante y la falta de climas adecuados para no avanzar en la solución del tema palestino. Debido a las diferentes prioridades de Israel en la región, mientras la rueda del colonialismo y la judaización siga girando a un ritmo acelerado, ellos serán quienes dicten la solución a los futuros problemas y marquen las negociaciones finales por el poder de la ocupación y de la fuerza. La comunidad internacional tiene la responsabilidad por el sospechoso silencio hacia la guerra de asentamientos y ocupación, y la continua inacción hacia los resultados y repercusiones de esta guerra en el principio de la solución de los dos Estados; este silencio internacional no es solo complicidad, sino su participación internacional continuada en la comisión del crimen de los asentamientos.

El gobierno palestino está coordinando un movimiento a varios niveles; un movimiento popular que se organizará a través de la resistencia popular que se intensificará significativamente y, en paralelo, un movimiento a nivel político regional e internacional y con las organizaciones internacionales; existe la aspiración de convocar a una reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas bajo el tema “Unidos por la Paz” y solicitar una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad. Para conseguirlo se requiere la acción de los países amantes de la justicia y de la paz para formar una visión clara y una comprensión profunda de los peligros de la actividad de los asentamientos del estado de ocupación y del daño que hacen a la solución de los dos Estados.

Mahmoud Elalwani es embajador del Estado de Palestina en Bolivia.

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El ‘fraude’ que justifica el golpe

/ 19 de octubre de 2021 / 01:03

El 10 de octubre se recordó la recuperación de la democracia, el 18 se diría lo mismo. En nuestra azarosa vida política la democracia es un concepto resbaladizo; según el ojo con que se mira, su conceptualización va desde un mecanismo de elección de gobierno, un sistema de dominación o una forma de convivencia ciudadana. Entre estos conceptos, la acción política oscila de un extremo a otro.

Desde 1964 las dictaduras apelan a este concepto para justificar la titularidad del poder. Barrientos, arguyendo el prorroguismo de su presidente Víctor Paz, dio un golpe de Estado para luego entrar por la puerta ancha del Palacio de Gobierno, en unas elecciones con un movimiento sindical proscrito y la vigencia del pacto militar-campesino. Ovando, en cumplimiento de un mandato de las Fuerzas Armadas, sacó el Ejército de las minas, dio la libertad sindical, nacionalizó el petróleo: el movimiento obrero le dio su apoyo afirmando que era un gobierno democrático. La juventud universitaria impuso el examen de competencia para optar a la cátedra, el gobierno respetó la autonomía universitaria. Banzer y su sector consideraron que se cedía demasiado al castro- comunismo, golpeó a nombre de una civilización occidental, cristiana y democrática, su tarea era enseñarnos a ser democráticos mientras ellos acumulaban riqueza tal como corresponde a una clase dirigente.

La experiencia demostró que la dictadura tenía la virtud de unir a un amplio espectro de la ciudadanía, en su contra. Con el asomo de la victoria sandinista en Nicaragua, Estados Unidos cambió de estrategia. Así surgió la “democracia controlada”. Banzer, como alumno aplicado, llamó a elecciones en noviembre de 1977, la llave maestra: no podían participar en ellas 500 ciudadanos. Una huelga masiva de hambre impuso la amnistía general el 18 de enero de 1978, el sector popular considera que ese día se recuperó la democracia.

La transición no fue fácil: nueve presidentes en menos de cuatro años, entre golpes, elecciones, fraudes, sucesiones constitucionales. El proceso llevó a un gobierno de izquierda, que en las elecciones de 1980 había logrado un 55%, pero para ese entonces se mostraba dividida. La alianza de izquierda, temor de la derecha, estaba liquidada después de la muerte de Marcelo Quiroga Santa Cruz; se dejó en la impunidad a Banzer. La salida fue el Congreso de 1980, que se concretizó el 10 de octubre de 1982. Así Siles se convirtió en heredero del desastre económico, prisionero de un Congreso opositor y asediado por las promesas electorales. La renuncia a un año del final del mandato de Siles-Paz Zamora fue la capitulación de la izquierda y la consolidación del sistema de partidos, en el cual importaba más el equilibrio para el disfrute del poder, que el sustento de visiones de país y sociedad.

En agosto de 1985 se inició el período neoliberal y de la democracia pactada que aniquilaría el sustento de la nacionalidad: el movimiento obrero-popular. Con la ley en la mano, fueron necesarios sucesivos estados de sitio para liquidarlo, todo con la consabida defensa del Estado de derecho y las prerrogativas del poder. A título de la democracia se engendró a las más aberrantes criaturas, cruzando puentes de sangre, alterando los resultados electorales, renunciando y olvidando las promesas y ofensas electorales, todo con el afán de aprovechar la oportunidad de disfrutar el poder. La voluntad popular expresada en el voto contra el neoliberalismo de pronto se negociaba para garantizar la paz y gobernabilidad de los neoliberales. Tanto oprobio provocó revueltas populares que pusieron fin al sistema de la democracia pactada, una ficción de democracia.

Llegó el 18 de diciembre de 2005, elecciones generales que dieron como resultado una contundente victoria que enterró a los partidos y los pactos; esa masa plebeya obligaba a cumplir las promesas y programas electorales: nacionalización de hidrocarburos y Asamblea Constituyente.

Se emprendió la construcción del Estado Plurinacional, objetivo sancionado con voto popular que nunca fue aceptado por la élite. Su acción opositora no se empeñó en la construcción de los nuevos tiempos, fue una constante conspiración para retrotraerse al pasado oligárquico. Finalmente, cuando el gobierno se apoltronaba en la burocracia, la oligarquía sacó sus mañas, retomando el fraude para justificar el golpe.

Será la memoria histórica que brotará en los bloqueos y paros de agosto de 2020 que reencauzará la construcción del Estado democrático, que no sabemos cómo será, pero sin duda captará el deseo de las inmensas masas que se pronuncian en asambleas, las carreteras, las marchas. Democracia directa y participativa.

José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.

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