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miércoles 1 dic 2021 | Actualizado a 11:54

Día Internacional de los Bosques

/ 2 de abril de 2019 / 04:00

Cada 21 de marzo se celebra el Día Internacional de los Bosques, con el objetivo de concientizar sobre su vital importancia para las personas y el planeta. La Asamblea General de las Naciones Unidas decidió conmemorar esta fecha a través de una resolución aprobada en 2012, cuya celebración se inició al año siguiente. El 21 de marzo coincide con el inicio de la estación otoñal en el hemisferio sur y la primaveral en el hemisferio norte.

Los bosques representan una fuente directa de alimentos, medicinas y combustible para más de 1.000 millones de personas en el mundo, incluyendo a más de 2.000 pueblos indígenas. Cubren un tercio de la superficie terrestre. Albergan el 80% de las especies de plantas y animales terrestres del planeta. Además, ayudan a mitigar los efectos del cambio climático, protegen los suelos y el agua, y proporcionan numerosos productos y servicios que contribuyen al desarrollo socioeconómico de los países. Sin embargo, a pesar de su importancia la pérdida de las áreas forestales se ha incrementado en los últimos años. La expansión de la agricultura, la ganadería, la tala de árboles y la minería impulsan su destrucción cada año a escala mundial.

En Bolivia, en los últimos siete años se han perdido en promedio 276.000 hectáreas de bosques cada año por causa de la deforestación. Como consecuencia de esta destrucción, paisajes naturales, caracterizados por llanuras inmensas de bosques y ecosistemas muy ricos en biodiversidad, se están transformando en llanuras desiertas, con baja capacidad de producción agrícola. Esto debido a que la vocación de los suelos en la mayoría de las áreas deforestadas es forestal (dependen del bosque para mantener su productividad y fertilidad).

A esto se suman los efectos del cambio climático, que están afectando de manera creciente al sector productivo con las sequías. Y es que la destrucción de los bosques está alterando el comportamiento de las lluvias, y está generando un desbalance en la recarga de agua en los suelos. Además, la necesidad de agua para producir alimentos se va a agudizar con el incremento en la pérdida de las áreas forestales.

La fuerte perturbación de los bosques en Bolivia pone en evidencia la necesidad urgente de mejorar el manejo forestal. Su buen manejo y aprovechamiento puede generar ganancias muy atractivas para el país. Por otro lado, la urgencia de desarrollar mecanismos que aumenten la producción agrícola y mejoren la seguridad alimentaria sin reducir la superficie boscosa sigue siendo uno de los mayores desafíos del país.

* Gerente de proyectos de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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Amazonía transformada

/ 13 de octubre de 2021 / 01:33

La Amazonía, con una extensión de más de 8,47 millones de km2 compartidos entre nueve países: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Guyana Francesa, Perú, Surinam y Venezuela, representa el 47% de América del Sur. Es una región megadiversa con una variedad de ecosistemas. Contiene el bosque tropical continuo más extenso del mundo y juega un rol muy importante como regulador del ciclo de carbono y del cambio climático. Además, posee una gran diversidad cultural con más de 410 grupos indígenas que poseen un legado cultural único.

Por otra parte, la Amazonía también es un territorio de altísima diversidad socioambiental en proceso de cambio acelerado, lo que genera presiones, amenazas y grandes transformaciones en el paisaje de esta región.

El 30 de agosto, la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), en Alianza con MapBiomas dieron a conocer los resultados de Colección 3.0 MapBiomas Amazonía, una herramienta de mapeo que a partir de imágenes satelitales permite monitorear los cambios del uso del suelo a nivel de toda la Amazonía y hacer seguimiento de las presiones sobre sus bosques y ecosistemas naturales (https://amazonia.mapbiomas.org/). Los resultados revelan que entre 1985 y 2020, la Amazonía perdió el 52% de sus glaciares y 74,6 millones de hectáreas de su cobertura vegetal natural, un área equivalente al territorio de Chile. En el mismo periodo hubo un crecimiento del 151% en la agropecuaria, es decir, de los 48,6 millones de hectáreas que había en 1985, a 2020 esta área casi triplicó, alcanzando a 122,1 millones de hectáreas.

Asimismo, en este periodo, en la cuenca amazónica de Bolivia se perdió alrededor de 6,9 millones de hectáreas de su cobertura vegetal natural y la agropecuaria creció un 464%, de los 1,5 millones de hectáreas que había en 1985 se pasó a 8,2 millones de hectáreas en 2020.

Por otro lado, estudios recientes publicados en la revista Science Advances apuntan que la pérdida de 20 a 25% de la cobertura boscosa de la Amazonía podría significar el tipping point (punto de no retorno) para los servicios ecosistémicos de la región. Si continuara la tendencia actual verificada por MapBiomas, este punto de inflexión se podría alcanzar en esta década.

Estos resultados nos deberían llamar la atención. La situación de la Amazonía tiene que convertirse en un asunto de prioridad esencial, requiere de acciones urgentes en todos los niveles, local, nacional, regional e internacional, tanto en el ámbito público como en el privado.

“Reconstruir la historia de nuestra Amazonía mirando los cambios año a año de sus coberturas naturales, identificando pérdidas de coberturas tan importantes como los glaciares y los bosques en general, nos ayuda a construir y proponer estrategias más exactas de conservación”, Beto Ricardo, coordinador de la RAISG.

Saúl Cuéllar es gerente de Proyectos de la FAN.

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El suelo, ¿por qué es tan importante que lo cuidemos?

/ 21 de julio de 2021 / 00:53

El Día Internacional de la Conservación del Suelo se estableció el 7 de julio de 1963 en memoria del doctor Hugh Hammond Bennet (1881-1960), científico estadounidense considerado pionero en el campo de la conservación del suelo. Dedicó gran parte de su vida a demostrar que el cuidado del suelo influye directamente en su capacidad productiva. El propósito de este día es el de concientizar a la humanidad sobre la importancia fundamental que tiene el suelo dentro del frágil equilibrio medioambiental.

El suelo es un recurso muy complejo debido a su capacidad cambiante, en él ocurren numerosos procesos químicos, físicos y biológicos para la vida misma. No solo sirve como soporte para todas las formas de vida, como las plantas y animales, sino que además sirve de sustrato para el crecimiento de la vegetación, garantizando los nutrientes necesarios para todas las especies. El suelo es un recurso sustancial para combatir el cambio climático; así como en el caso de los océanos, los suelos pueden absorber gran cantidad de dióxido de carbono, lo que contribuye a mitigar el impacto de las emisiones de CO2 en el planeta.

El 95% de los alimentos que consumimos las personas provienen del suelo. El manejo sostenible de este recurso puede producir 58% más de alimentos que una producción agrícola deteriorada. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), hasta dos cuartas partes del suelo en el planeta se encuentran en proceso de desertificación, mientras que el 70% de la superficie agrícola mundial enfrenta un deterioro severo.

El suelo sufre una degradación progresiva a causa de la erosión, la deforestación, las quemas descontroladas, el sobrepastoreo, la expansión de las fronteras agrícolas, el uso continuado y excesivo de abonos y fertilizantes artificiales, entre otros, causando restricciones a la capacidad de producción, degradación de los ecosistemas, afectando al suministro de agua y amenazando a la seguridad alimentaria mundial.

Estamos en una época crítica para el país. Los incendios forestales son una fuerte amenaza hacia la degradación del suelo. Dependiendo de su intensidad pueden quemar las partes superficiales y hasta más profundas, llegando a la parte viva que está ahí, es decir, hongos, bacterias, bichitos y todo lo que genera biomasa que está en las capas más superficiales y que le dan su fertilidad.

Las acciones de cuidado y conservación del suelo de manera eficaz deben aplicarse todos los días de manera colectiva e individual para intentar reducir los efectos del cambio climático sobre este recurso. De lo contrario, la sostenibilidad de los ecosistemas agrícolas y la productividad del suelo podrían verse gravemente alteradas.

“La tierra productiva es nuestra base, porque cada cosa que nosotros hacemos comienza y se mantiene con la sostenida productividad de nuestras tierras agrícolas”, Bennett.

Saul Cuéllar es gerente de Proyectos de la FAN.

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Día Internacional de los Bosques

/ 16 de marzo de 2020 / 23:17

El 21 de marzo se celebra el Día Internacional de los Bosques, con el objetivo de concientizar sobre su importancia para las personas y el planeta. El 21 de marzo coincide con el inicio de la estación otoñal en el hemisferio sur y la primaveral en el hemisferio norte. El tema de este año es “Bosques y biodiversidad”.

Junto con los océanos, los bosques constituyen los pulmones de la tierra. Actualmente cubren un tercio de la superficie terrestre y son los ecosistemas más diversos de la superficie. Albergan el 80% de las especies de plantas y animales terrestres. También son una fuente directa de alimentos, medicinas y combustible para más de 1.000 millones de personas, incluyendo a más de 2.000 pueblos indígenas. Además, ayudan a mitigar los efectos del cambio climático, protegen los suelos y el agua, y proporcionan numerosos productos y servicios que contribuyen al desarrollo socioeconómico de los países.

A pesar de todos estos beneficios, la deforestación continúa a un ritmo imparable de cerca de 13 millones de hectáreas al año. La quema de las áreas forestales produce entre el 12% y el 20% de total de gases de efecto invernadero que emitimos cada año, más que todo el sector de transporte mundial. En Bolivia, según estudios de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), en los últimos ocho años la tasa de deforestación se encuentra en torno a las 302.000 hectáreas por año, debido principalmente al cambio de usos de suelos para la agricultura, ganadería, la minería y la tala de árboles.

Como consecuencia de esta destrucción, paisajes naturales, caracterizados por llanuras inmensas de bosques y ecosistemas muy ricos en biodiversidad, se están transformado en llanuras desiertas, con baja capacidad de producción agrícola. Esto debido a que la vocación de los suelos en la mayoría de las áreas deforestadas es forestal (dependen del bosque para mantener su productividad y fertilidad). La destrucción de los bosques está alterando el comportamiento de las lluvias y está generando un desbalance en la recarga de agua en los suelos. Y de continuar esta tendencia, la escasez de agua para producir alimentos se va a agudizar.

La acelerada pérdida de los bosques en Bolivia evidencia la necesidad de promover cuanto antes un manejo sustentable de las áreas forestales, que mitigue la deforestación y la degradación de los suelos. Asegurar la producción agrícola y la seguridad alimentaria sin afectar la superficie forestal es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo.

* Es Gerente de Proyectos de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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Día de la Madre Tierra

/ 17 de abril de 2018 / 04:05

En pocos días se celebrará el Día Internacional de la Madre Tierra, el 22 de abril. Esta fecha es aprovechada para recordar que el planeta y sus ecosistemas nos dan la vida y el sustento; pero también para recapacitar y concientizar a la población sobre la importancia de cuidar y reconocer a la Tierra como nuestro hogar, tal y como lo han expresado distintas culturas a lo largo de la historia, demostrando la interdependencia entre sus ecosistemas y los seres vivos que la habitamos.

El Día Internacional de la Madre Tierra se celebra desde 1970. Aquel año, aproximadamente 20 millones de personas salieron a las calles en Estados Unidos para manifestarse por un ambiente saludable y sustentable y exigir la creación de una agencia medioambiental estadounidense, en la que ha sido considerada como la primera gran manifestación ecologista del planeta. Dos años después, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano celebrada en Estocolmo en 1972 sentó las bases de la toma de conciencia mundial sobre la relación de interdependencia entre los seres humanos, otros seres vivos y nuestro planeta.

Han pasado casi 50 años desde entonces, y las amenazas contra la Madre Tierra, lejos de disminuir, se han incrementado y se han profundizado; por ejemplo, el cambio climático, la disminución de la biodiversidad, la contaminación, la deforestación y degradación forestal, las tendencias actuales de consumo y los dirigentes políticos que no apuestan por el medio ambiente.

En Bolivia, la Ley 300 Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien establece que la Madre Tierra alimenta y es el hogar que contiene, sostiene y reproduce a todos los seres vivos, los ecosistemas, la biodiversidad, las sociedades orgánicas y los individuos. Si bien en los últimos años en el país se han registrado avances en el plano ideológico respecto a la protección del medio ambiente, con la promulgación de normas y leyes como la mencionada, en los hechos estos avances quedan tan solo en papeles, sin que se desplieguen esfuerzos reales para reducir las presiones y amenazas que se ciernen sobre la naturaleza.

La Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar. Para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras es necesario que promovamos su desarrollo en armonía con la naturaleza y el planeta. A la fecha contamos con más de 22 millones de hectáreas en áreas protegidas y 15 millones de ha de sitios Ramsar. La conservación de este potencial natural que la Madre Tierra nos otorga es un desafío que no solo depende de las autoridades y de políticas estatales, sino también de nuestro accionar.

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Reconciliación

Hace falta una política de Estado de reconciliación hacia el vivir bien en armonía con la naturaleza

/ 20 de octubre de 2015 / 06:00

Donde quiera que miremos hoy en el mundo, podremos encontrar una gran diversidad de conflictos, sean éstos económicos, políticos, sociales u otros, pero muchos de ellos están relacionados con el uso de los recursos naturales. Asimismo, podemos observar que diferentes instituciones gubernamentales y no gubernamentales están preocupadas por el bienestar y el futuro del “patrimonio común de la humanidad”: el planeta Tierra. Para ello se organizan encuentros, conferencias, cumbres y simposios, en el ámbito local, nacional e internacional, en busca de dar buenas señales y acordar acciones en beneficio del cuidado y protección hacia la Madre Tierra. En Bolivia hemos avanzado con la promulgación de la Ley 300 (Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien), pero también somos conscientes de que vamos a paso lento en su aplicabilidad.

Tenemos que comprender la urgencia y la importancia de convertirnos en ciudadanos ambientalmente responsables. Nos hemos convertido en esclavos del consumismo, causante de la destrucción de nuestros bosques. Como dato histórico, según la publicación presentada por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), a  2013 en la Amazonía boliviana se han deforestado cerca de 2,4 millones de hectáreas de bosque. Según este estudio, las causas de este daño a la Madre Tierra se deben a la producción agropecuaria y ganadera, la explotación minera, el desarrollo de infraestructura y la falta de planeación territorial.

Está por demás de claro que la naturaleza nos está pasando la factura poco a poco: sismos en países vecinos, sequías e inundaciones cada vez más intensas (y que para este año se prevén bastante más agudas como consecuencia del fenómeno de El Niño, que en el país se presentará de diciembre a enero), derrumbes y deslizamientos, mortandad en lagos y suelos, y muchos más. Y también es de conocimiento general que solamente podremos ver escenarios diferentes si empezamos a cambiar nuestros hábitos de vida, si decidimos actuar y cambiar de actitud, y en el ámbito gubernamental, de una decisión de parte de las autoridades estatales por aplicar las normas como corresponde.

Los argumentos científicos nos demuestran la necesidad de generar una conciencia ambiental y sembrar desde temprana edad ese compromiso moral hacia nuestra Madre Tierra. Necesitamos reconciliarnos con ella, pensar que ella puede vivir sin nosotros, pero para la especie humana será imposible vivir sin ella. Estamos seguros que más allá de un cambio de actitud personal hace falta una política de Estado de reconciliación hacia el vivir bien en armonía con la naturaleza.

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