Voces

domingo 7 mar 2021 | Actualizado a 01:20

Dos mujeres, heroínas de nuestra época

Hathloul y Sotoudeh deberían recibir el Nobel por su valiente trabajo en defensa de los derechos de las mujeres.

/ 14 de abril de 2019 / 01:26

Estamos en una época desalentadora de hombres fuertes y bravucones. A pesar de ello, descubres que entre lo peor también está lo mejor. Así las cosas, busquemos inspiración en dos heroínas. Son mujeres que valientemente desafiaron la misoginia y la dictadura, una en Irán y la otra en Arabia Saudita. Ambos países podrán ser enemigos entre sí, pero tienen una causa en común: el trato salvaje hacia las mujeres. Puesto que están intentando reprimir y dominar a estas dos mujeres, estamos obligados a gritar sus nombres desde lo alto.

Nasrin Sotoudeh, de 55 años, es una escritora y abogada defensora de los derechos humanos que durante décadas ha luchado por las mujeres y los niños en Irán. Su familia reporta que días atrás fue sentenciada a otros 33 años en prisión, que se suman a una sentencia de cinco años que está cumpliendo en este momento, además de 148 azotes.

Loujain al-Hathloul, de 29 años, líder del movimiento saudita por los derechos de las mujeres, se presentó a juicio el 13 de marzo, luego de meses de encarcelamiento y tortura, incluyendo palizas, acoso sexual, ahogamiento con la técnica del submarino y choques eléctricos. Su hermana Alia al-Hathloul me comentó que finalmente se anunciaron los cargos contra Loujain, los cuales incluían comunicarse con organizaciones en favor de los derechos humanos y criticar el sistema saudita de “custodia” para las mujeres.

Anteriormente había sugerido que debía darse a Hathloul el Premio Nobel de la Paz, y ahora ha sido nominada. Así que permítanme corregir mi propuesta: Hathloul y Sotoudeh deberían recibir el Premio Nobel juntas por su valiente trabajo en defensa de los derechos de las mujeres ante dictadores rivales que tienen una cosa en común: una cruel misoginia.

Sé que voy a recibir mensajes de gente que se quejará de que el problema es el islam, lo cual es demasiado simplista, pero es justo decir que el príncipe heredero de la corona saudita, Mohamed bin Salmán, y el ayatolá iraní, Alí Jamenei, empañan juntos la imagen del islam en el mundo más de lo que podría hacerlo cualquier ejército de blasfemos.

“Esta sentencia supera la barbarie”, afirmó el Departamento de Estado respecto a la sentencia de Sotoudeh. Muy cierto, pero el Departamento de Estado no es parejo en sus críticas al negarse a denunciar también la tortura y el encarcelamiento de Hathloul. Esto se debe a que considera aliados a los sauditas y enemigos a los iraníes. Lo que la Administración de Trump parece no entender es lo siguiente: si te preocupan los derechos humanos solo en los países que desprecias, en realidad no te importan los derechos humanos.

Alia al-Hathloul dijo que le ordenaron a su hermana firmar una carta solicitando la absolución real. Y lo hizo, y que al parecer la tortura ha llegado a su fin. Espero que el príncipe heredero esté buscando la manera de abandonar ese brutal maltrato hacia las activistas en favor de los derechos de las mujeres y que en algún momento otorgue el perdón que Loujain Hathloul “solicitó”.

Entretanto, Irán parece estar aplicando medidas más duras. Amnistía Internacional reporta que la nación persa arrestó a más de 7.000 disidentes el año pasado y que la sentencia combinada de 38 años para Sotoudeh, de ser cierta, es la más severa que se ha impuesto a una defensora de los derechos humanos en Irán en años recientes. Los medios de comunicación estatales iraníes sugirieron que se le había dado una sentencia menor, pero Sotoudeh y su familia tienen mucha más credibilidad que el Gobierno iraní.

“La sentencia impactantemente severa en su contra es señal de lo perturbadas que están las autoridades iraníes”, me comentó Kumi Naidoo, secretario general de Amnistía Internacional. Indicó que las activistas por los derechos de las mujeres en Irán se han vuelto más valientes y que en ocasiones ondean sus hiyabs en la punta de un palo y publican videos en las redes sociales. “Con esta sentencia cruel, las autoridades iraníes parecen estar buscando usar a Nasrin Sotoudeh como un ejemplo para intimidar a otros defensores de los derechos de las mujeres”, dijo.

En enero, el esposo de Sotoudeh, Reza Khandan, recibió una sentencia por separado de seis años en prisión por publicar en Facebook actualizaciones acerca del caso de su esposa. La pareja tiene dos hijos: un niño de 12 años llamado Nima y una joven de 19 llamada Mehraveh. Hadi Ghaemi, del centro de Derechos Humanos en Irán, afirmó que ahora los familiares quizá tendrán que criar a Nima y a Mehraveh.

“Mi querida Mehraveh”, escribió Sotoudeh a su hija desde prisión, “fuiste mi principal motivación para defender los derechos de los niños… Cada vez que regresaba a casa al salir del tribunal después de haber defendido a un niño violentado, te abrazaba a ti y a tu hermano, y me costaba trabajo soltarlos”. Del mismo modo, el otoño pasado le escribió a Nima explicando por qué estaba en la cárcel y no con él en su primer día de escuela. “¿Cómo podía ser testigo de la ejecución de jóvenes en mi país y quedarme callada? ¿Cómo podría voltear la mirada ante casos de abuso infantil?”.

“Simplemente no pude, hijo mío”. Agregó: “Ese fue mi pecado”. Este es mi mensaje para Nima y Mehraveh: ¡Su mamá es una heroína! Inspira a mucha gente como yo en todo el mundo y ningún encarcelamiento ni paliza podrá cambiarlo. Será recordada en la historia como Loujain al-Hathloul, una líder moral, tal vez ganadora del Premio Nobel de la Paz, que enfrentó a tiranos y cambió el mundo para bien.

* Periodista y analista político, columnista del New York Times. © The New York Times, 2019.

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Una nación de maltratadores de niños

/ 7 de febrero de 2021 / 00:46

Imagina que tienes unos vecinos que viven en una mansión al final de la calle y que consienten a un hijo con una tarjeta de crédito, la mejor escuela privada y un Tesla. Esos vecinos tratan a la mayoría de sus otros hijos de manera decente pero sin lujos. Sin embargo, descubres que esa familia tiene encerrada a una hija en una habitación sin calefacción e infestada de alimañas en el sótano, que le niega el cuidado dental y a menudo la deja sin comer.

Llamarías al 911 para denunciar ese abuso infantil. Dirías que los responsables deberían estar en la cárcel. Estarías indignado ante lo viles que deben ser esos adultos para permitir que una niña sufra de esa manera. Pero esos somos nosotros. Ese hogar es una representación de Estados Unidos y nuestra mancha moral de pobreza infantil.

Algunos niños estadounidenses acuden a guarderías que cuestan $us 70.000, pero 12 millones de niños viven en hogares donde no hay comida. Estados Unidos ha tenido durante mucho tiempo una de las tasas más altas de pobreza infantil en el mundo desarrollado, y luego llegó la pandemia del coronavirus para agravar el sufrimiento.

En la actualidad podríamos tener un avance emocionante: el presidente Joe Biden ha incluido una propuesta en su Plan de Rescate Estadounidense de $us 1,9 billones que, según un estudio, podría reducir la pobreza infantil a la mitad. En los medios de comunicación nos hemos enfocado en los pagos directos a individuos, pero el elemento verdaderamente histórico del plan de Biden es su esfuerzo por asestar un buen golpe a la pobreza infantil.

“El Plan de Rescate Estadounidense es la propuesta más ambiciosa para reducir la pobreza infantil que ha presentado un presidente estadounidense”, me dijo Jason Furman, un economista de Harvard. Dentro de un par de décadas, Estados Unidos será más o menos el mismo país si los pagos directos terminan siendo de $us 1.000 o 1.400. Pero esta será una nación transformada si somos capaces de disminuir la pobreza infantil ahora.

Es por esto que la parte más alarmante de la contrapropuesta de 10 senadores republicanos a Biden fue su decisión de eliminar el plan para frenar la pobreza infantil. Por favor, señor presidente, no ceda en este punto.

A su favor, algunos senadores republicanos, como Mike Lee de Utah y Marco Rubio de Florida, han hablado positivamente de elementos en el plan de Biden para atacar la pobreza infantil. Pero, en general, lo que sorprende es que un programa tan importante para el futuro de Estados Unidos haya recibido tan poca atención.

La pieza central del plan contra la pobreza infantil es una ampliación del crédito tributario por hijos de hasta $us 3.600 al año por cada niño menor de 6 años. Esto costaría hasta $us 120.000 millones al año y sería un pago mensual crucial para las familias que ganan muy poco como para pagar impuestos. Incluso una suma tan modesta como $us 3.600 es transformadora para muchas familias de bajos ingresos.

Una razón para pensar que esto tendría gran éxito es que muchos otros países han implementado estrategias similares para reducir la pobreza infantil en amplios márgenes.

Nada de esto es sencillo, y los subsidios mensuales no resuelven todos los problemas. Uno de cada ocho niños vive con un padre que tiene problemas de abuso de sustancias. Aunque he visto a muchos padres de familia esforzarse por hacer lo mejor para sus hijos pese a ser explotados en empleos con bajos salarios, una vez visité un hogar en Arkansas en el que un niño tenía tres televisores en su habitación, pero no había comida en la casa. El amor y la disfunción pueden coexistir.

Así que seamos honestos: el crédito tributario por hijos ayudaría enormemente, pero también necesitamos programas de visitas domiciliarias, preescolares de alta calidad, reducción de plomo, tratamiento contra las adicciones y otros tipos de apoyo para madres y padres, iniciativas serias para combatir la carencia de viviendas familiares y planes para ayudar a los padres a obtener mejores trabajos, de manera que ellos y sus hijos puedan salir de la pobreza.

¿Crees que tal vez esto no pueda costearse? Un cálculo importante sugiere que la pobreza infantil le cuesta a Estados Unidos cerca de $us 1 billón al año en productividad reducida de los adultos, aumento de la delincuencia y costos de atención médica más elevados. Entonces, la pregunta no es si podemos costear la ayuda a los niños, sino si podemos permitirnos no hacerlo.

Sí, todo esto es complicado, pero otros países desarrollados han sido más efectivos que nosotros ayudando a los niños porque esos países lo han convertido en prioridad.

Ahora nosotros también podemos convertir en nuestra prioridad ayudar a los niños y a nuestro país al mismo tiempo. Como dice Furman: “Las inversiones en los niños no son una mera limosna, sino una mano amiga”. Empoderemos a los niños de nuestra nación y dejemos de maltratarlos.

    Nicholas Kristof es columnista de The New York Times.    

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Guerra contra la soledad

El aislamiento social es más letal que fumar 15 cigarrillos al día o que la obesidad.

/ 14 de noviembre de 2019 / 23:41

Los humanos somos una multitud solitaria, y eso nos está matando. El aislamiento social es más letal que fumar 15 cigarrillos al día o que la obesidad, según una investigación publicada por Julianne Holt-Lunstad de la Universidad Brigham Young. Debido a que la obesidad está asociada en Estados Unidos con entre 300.000 y 600.000 muertes al año, la implicación es que la soledad es un enorme, y silencioso, asesino.

Los investigadores aseguran que la soledad incrementa la inflamación, las enfermedades cardiacas, la demencia y las tasas de mortalidad y, especialmente, la depresión. La epidemia de opioides y las crecientes tasas de suicidios en EEUU tienen orígenes complicados, en parte económicos, pero también son el resultado del aislamiento social. Las familias numerosas se han disuelto, y las instituciones sociales como las iglesias y los clubes vecinales se han desgastado. Ya no estamos insertados en nuestras comunidades tan profundamente.

“Me especialicé en medicina interna, y esperaba que la mayor parte de mi tiempo la dedicaría a tratar pacientes con diabetes, padecimientos cardiacos o cáncer”, me dijo el doctor Vivek Murthy, quien fue la máxima autoridad sanitaria de EEUU durante el gobierno del presidente Barack Obama. “Lo que no esperaba era que tantas personas que yo atendía estuvieran luchando contra la soledad”.

Más de una quinta parte de los adultos en EEUU y el Reino Unido dijeron en una encuesta de 2018 que a menudo o siempre se sienten solos. Más de la mitad de los adultos estadounidenses no se ha casado, y los investigadores han descubierto que incluso entre los que están casados, el 30% de las relaciones están severamente afectadas. Una cuarta parte de los estadounidenses ahora viven solos, y, como dice la canción, uno es el número más solitario.

El egoísmo puede ser un indicador del aislamiento social. Murthy dice haber visto familias dejar a sus parientes en un hospital para el Día de Acción de Gracias o un fin de semana largo. En el hospital, los médicos a veces son los únicos en presenciar la muerte de un paciente, sin que ninguno de sus seres queridos esté presente.

La soledad afecta a la salud física de dos maneras. Primero, produce hormonas del estrés que pueden provocar inflamación y otros problemas de salud. Segundo, las personas que están solas tienen menos probabilidades de acudir a citas médicas, que tomen medicamentos o que se ejerciten y sigan una dieta saludable. Podemos resentirnos por regañar a nuestros seres queridos, pero nos pueden mantener vivos.

En el Reino Unido incluso han impulsado la campaña “Hablemos de soledad”, la cual ha puesto en evidencia conversaciones difíciles en todo el Reino Unido, y está entregando pequeñas ayudas económicas a clubes locales de jardinería, grupos de observación de aves y otros para que puedan difundir el mensaje e invitar a más personas a unirse. También apoya las “bancas amistosas”, que son bancas públicas creadas para que las personas puedan ir y conversar. El ministerio ejerce presión para mantener abiertos los espacios comunitarios y evitar que el transporte público sea interrumpido de maneras que aíslan a las personas. El Gobierno también está colocando trabajadores sociales en consultorios médicos para dar “recetas sociales” y, de esta manera, conectar a pacientes solitarios con organizaciones locales.

Algunos piensan que internet ha agravado el problema, pues un vistazo a Facebook o Instagram hace parecer que todas las personas en el mundo están pasando momentos fabulosos y disfrutan de relaciones perfectas. Mientras tanto, las razones para abordar el tema son convincentes. “Si pudiéramos enfrentar la soledad”, dijo Murthy, “las personas se sentirían más fuertes, más resilientes, más optimistas sobre el futuro”. Holt-Lunstad ha descubierto que una mayor conexión social está relacionada con un 50% menos de riesgo de sufrir una muerte temprana.

Australia, Canadá, Alemania y Nueva Zelanda han mostrado interés en adoptar los enfoques británicos. Tal vez Estados Unidos también debería experimentar. ¿Qué tal un nuevo puesto en el Departamento de Salud y Servicios Humanos? ¿Un secretario asistente para la soledad? 

* Periodista y analista político, columnista del New York Times. © The New York Times, 2019.

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Trump y el informante

Trump intentó coaccionar a Ucrania para que interfiriera en la elección presidencial de 2020. La pregunta central es si el Presidente puede salirse con la suya usando como arma el Gobierno federal.

/ 27 de septiembre de 2019 / 23:50

Hay tanto que no sabemos sobre la denuncia de un informante relacionada con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Pero estas son cuatro cosas que sí tenemos claras. Primero, al parecer a un experimentado funcionario de inteligencia le inquietaron tanto las interacciones de Trump con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que sintió la necesidad de presentar una queja. Segundo, al inspector general de la Comunidad de Inteligencia, Michael Atkinson, quien fue designado por Trump y tiene una larga experiencia en temas de seguridad nacional, la preocupación del informante le pareció legítima y apremiante.

Tercero, la denuncia del informante llegó después de que Trump y sus asociados presionaron al Mandatario de Ucrania para que iniciara una investigación de corrupción que involucra a Joe Biden y su hijo, Hunter. El resumen ucraniano de una llamada telefónica hecha el 25 de julio entre Trump y Zelenski incluía este críptico enunciado: “Donald Trump está convencido de que el nuevo Gobierno ucraniano rápidamente podrá mejorar la imagen de Ucrania, concluir la investigación de los casos de corrupción, que inhibieron la interacción entre Ucrania y Estados Unidos”. The Wall Street Journal informa que, en dicha comunicación, Trump pidió a Zelenski unas ocho veces que trabajara con el abogado de Trump, Rudy Guliani, para investigar a los Biden. ¡Ocho veces! Sin embargo, ¡persistió!

Cuarto, Trump retuvo 250 millones de dólares en asistencia militar que Ucrania necesitaba con urgencia para defenderse de las agresiones rusas, aunque el país eslavo no estuvo al tanto sino hasta agosto. La Casa Blanca liberó el dinero recién después de la denuncia del informante y de que miembros del Congreso intercedieran. Aunque la situación es turbia, hay algo claro: esto apesta.

La postura de Trump es que su llamada con Zelenski tuvo “un tono adecuado y correcto” y que “no importa lo que se discutió”. Por lo tanto, parece que, tras beneficiarse de la interferencia rusa en las elecciones de 2016, Trump intentó coaccionar a Ucrania para que interfiriera en la elección presidencial de 2020. Es especialmente atroz que Trump pareciera estar más que dispuesto a dar 250 millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses a cambio de la ayuda de Ucrania para infamar a un rival democrático.

Giuliani ha sido de ayuda al reconocer que instó al Gobierno ucraniano para que investigara si los esfuerzos diplomáticos de Biden habían tenido como propósito apoyar a su hijo, Hunter, quien había formado parte de una compañía de gas en Ucrania (no hay evidencia de esto). Giuliani también presionó a Ucrania para que volviera a investigar unas antiguas acusaciones de corrupción contra Paul Manafort, el antiguo director de campaña de Trump, y concluyera que habían sido un ataque político en contra de Trump.

Es decir, que al parecer el Mandatario intentó usar el poderío diplomático de Estados Unidos y sacar partido de la ayuda militar para hacer que Ucrania exonerara a Manafort por lo ocurrido durante las elecciones de 2016, y mancillara a Biden en las de 2020. La incoherencia de la postura de Trump y Giuliani es evidente en esta entrevista que se transmitió la tarde del jueves pasado por CNN. Chris Cuomo: —¿Le pediste a Ucrania que investigara a Joe Biden? Rudy Giuliani: —No. En realidad no lo hice… Cuomo, 24 segundos después: —¿Entonces sí le pediste a Ucrania que investigara a Joe Biden? Giuliani: —¡Claro que lo hice!

Trump ha sido acusado, de manera creíble, de usar la influencia de la Casa Blanca para enriquecerse (¡reuniones de cumbres en propiedades de Trump!), de protegerse contra la Justicia (presionando al exdirector del FBI James Comey, ¡ofreciendo indultos!) y de castigar a quienes percibe como adversarios (Amazon, CNN, Andrew McCabe, entre otros). Ahora, quizá se haya servido del poder de la presidencia para obtener una ventaja política.

Esto es una bomba tras otra. Además de la acusación inicial del informante, está la negativa del director interino de inteligencia nacional, Joseph Maguire, de obedecer la ley federal y pasar la resolución del asunto al Congreso. La ley es muy clara, pero también es cierto que tanto Bill Clinton como Barack Obama sugirieron que puede haber situaciones relacionadas con información confidencial en las que un presidente no debería seguir las normas. Estas son cuestiones muy delicadas que enfrentan al Poder Ejecutivo con la supervisión del Congreso.

Jeffrey Smith, el consejero general de la Agencia de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) durante el gobierno de Bill Clinton, me comentó que, a pesar de los argumentos técnicos y legales, siempre debe haber maneras para permitir la supervisión, sobre todo si en el fondo el asunto está una promesa hecha por el presidente a una potencia extranjera.

Smith mencionó una ocasión durante su tiempo en la CIA en que surgió un asunto que en términos estrictos no requería que se informara al Congreso, pero que de cualquier manera planteaba cuestiones inquietantes. Después de estudiar mucho el tema en la agencia, dio un informe a los líderes congresistas conocidos como “la banda de los ocho”, y Smith me dijo que ahora sería apropiado hacer lo mismo.

Miren, la denuncia de este informante se va a filtrar. La contumacia del gobierno de Trump solamente va a contribuir para que este asunto llame más la atención. Cuando los historiadores estudien el período de Trump, creo que verán una lucha entre un Presidente fuera de control y diversas instituciones estadounidenses, como los tribunales, la función pública, las fuerzas de seguridad pública, la comunidad de inteligencia, la Cámara de Representantes y los medios noticiosos, los cuales generalmente han realizado una labor creíble de defender las leyes y normas y pronunciarse contra el gobierno de un solo hombre. La única institución que Trump ha absorbido por completo es el Partido Republicano que está en el Congreso.

La lucha actual en torno al informante quizá sea recordada como la batalla definitoria de esa confrontación épica. La pregunta central es si el Presidente de Estados Unidos puede salirse con la suya usando como arma el Gobierno federal para castigar a sus oponentes políticos, o si las restricciones legales y la supervisión del Congreso lo pueden mantener a raya. Esta es una prueba para el sistema político estadounidense, y los próximos meses determinarán si la aprobamos.

* Periodista y analista político, columnista del New York Times. © The New York Times, 2019.

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El ‘más grande fraude’ llega a Florida

Resulta irracional esta indiferencia ante la posibilidad de que estemos cocinando el planeta de manera colectiva.

/ 13 de octubre de 2018 / 04:01

Ahora que el huracán Michael arrasa con casas y comunidades nos solidarizamos con todos los que se encuentran en su camino, pero también retomemos lo que algunos residentes destacados de Florida han dicho sobre el cambio climático. “Uno de los embustes más absurdos en la historia del planeta”, exclamó Rush Limbaugh de Palm Beach. La administración de Rick Scott incluso llegó a prohibir a algunas agencias que usaran el término “cambio climático”, de acuerdo con el Centro para la Investigación Periodística de Florida (Scott lo negó).

Los floridanos miopes no están solos en absoluto. El presidente Donald Trump tachó el cambio climático como un fraude “creado por y para los chinos”. El senador James Inhofe, republicano de Oklahoma, “refutó” el cambio climático llevando una bola de nieve a la sala del Senado y señalando que afuera hacía frío. Mediante métodos científicos igual de rigurosos, escribió un libro acerca del cambio climático llamado The Greatest Hoax (El más grande engaño).

Por desgracia, negar el cambio climático no evita que suceda. Carolina del Norte aprobó una ley en 2012 que prohíbe el uso de la ciencia climática en ciertos programas de planificación estatal. Sin embargo, eso no intimidó al huracán Florence el mes pasado. Además, censurar el término “cambio climático” no está ayudando en nada a Florida en este momento.

Algunas personas dirán que este no es el momento para hablar de política. ¿Pero acaso no es nuestra responsabilidad mitigar el próximo desastre? Tomemos en cuenta que los últimos tres años han sido los más cálidos que se hayan registrado. Por si fuera poco, los 10 años con mayores pérdidas de hielo marino se ubican en la última decena de años.

Es verdad que no podemos vincular de manera definitiva el daño de un huracán en específico (o sequía o incendio forestal) con las emisiones de carbono en aumento. No obstante, digamos que es como jugar con dados cargados: podría haber caído un seis doble de cualquier manera, pero con mucha menos frecuencia.

“Hay un firme consenso entre los científicos que estudian los huracanes y el clima acerca de que las temperaturas más altas pueden hacer que los huracanes sean más intensos”, me dijo Kerry Emanuel, experto en huracanes en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Y agregó que la probabilidad de lluvias con la intensidad del huracán Florence en Carolina del Norte casi se había triplicado desde mediados del siglo XX.

Cuando se forma un huracán, las inundaciones provocadas por el fenómeno causan más muertes que el viento, y el cambio climático las amplifica de dos maneras. Primero, eleva el nivel básico del mar, además de que ocurre una marejada. En segundo lugar, el aire más cálido retiene más humedad —casi un 10% más hasta el momento— y eso implica más lluvias.

El profesor Michael E. Mann, de la Universidad Estatal de Pensilvania, me dijo que el huracán Michael debería ser una llamada de atención. “Como también debieron serlo Katrina, Irene, Sandy, Harvey, Irma o Florence”, agregó sarcásticamente. “En cada una de estas tormentas podemos ver el impacto del cambio climático: los mares más cálidos implican más energía disponible para intensificar estas tormentas, más daño a causa del viento, mayores tormentas y más inundaciones costeras”.

A principios de la década de 2000 no había mucha diferencia entre los partidos en torno a la política climática, por ejemplo, el senador John McCain hizo su campaña de 2008 como líder en la reducción de emisiones de carbono. En 2009, Trump se unió a otros ejecutivos empresariales para respaldar más acciones que abordaran el problema del cambio climático.

Sin embargo, durante los años siguientes Al Gore ayudó a que el cambio climático se convirtiera en un tema democrático, así como los hermanos Koch ayudaron a que la negación de ese fenómeno fuera la prueba de fuego para la autenticidad republicana. El tribalismo tomó las riendas y el escepticismo climático se volvió parte del credo republicano. Por lo tanto, ahora las encuestas muestran que la negación del cambio climático es mucho mayor en Estados Unidos, hogar de las más importantes investigaciones científicas del mundo, que en casi cualquier otro país notable.

Trump dice que sacará a Estados Unidos del Acuerdo de París, además de que no tuvo nada significativo que señalar acerca de un nuevo informe de las Naciones Unidas, el cual se ha calificado como un “llamado de alerta ensordecedor y penetrante” sobre las consecuencias catastróficas que plantea el cambio climático.

Los republicanos tienen razón en afirmar que todo esto es incierto. Sin embargo, en cualquier otro contexto sí intentamos evitar amenazas, aunque sean dudosas; por eso es irracional que Trump esté obsesionado con Irán, por ejemplo, pero sea indiferente ante la posibilidad de que estemos cocinando todo el planeta de manera colectiva.

Hay debates legítimos acerca de la mejor manera para reducir las emisiones de carbono, y hay motivos para ser escépticos de que lograremos frenarlas. Los impuestos al carbono tendrían que ser considerables para que tengan un impacto más grande, la geoingeniería es incierta y habrá dolorosas compensaciones en el futuro. También deberíamos frenar el disfuncional Programa Nacional de Seguros para Inundaciones, que anima a la gente a vivir en zonas de baja planicie. Una casa en Misisipi se inundó 34 veces en 32 años, y recibió pagos de indemnización por un total equivalente a 10 veces el valor original de la casa.

No obstante, ni siquiera estamos teniendo ese tipo de debates. Me preocupa que la cobertura televisiva en los próximos días esté dominada por héroes en botes que rescatan a viudas de los techos de las casas. Sí, el drama humano es fascinante, pero no aborda el problema más amplio. La forma de atacar el cáncer de pulmón no significó rendir homenaje a los médicos heroicos que trataban a los pacientes en cancerología, mientras se ignoraba el tabaquismo, sino más bien reducir el consumo de cigarrillos.

El cambio climático podría ser el problema más importante que enfrentamos, pues está transformando el mundo de nuestros hijos. En algún momento, quienes lo llaman un “fraude” desaparecerán y llegaremos a un nuevo consenso acerca de los peligros que plantea. Sin embargo, para entonces, quizá sea demasiado tarde.

* Periodista de investigación ganador de un premio Pulitzer, columnista del The New York Times. © The New York Times, 2018.

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