Voces

Saturday 25 May 2024 | Actualizado a 04:25 AM

La noticia de un feminicidio

/ 18 de mayo de 2019 / 23:27

En lo que va del año, 43 feminicidios han ocurrido en el país, según datos del Ministerio Público y un recuento de La Razón. La cifra, lamentable y alarmante, fue reflejada con historias periodísticas que se contaron de muchas formas, incluidos eufemismos que matizan la cultura machista que llega a justificar la violencia y, por ese camino, a estos crímenes.

“Fue por celos”; “era un bebedor”, o esos pedestres “motivos pasionales” exculpan al agresor. Además, frases como “porque usaba minifalda”, “era guapa” o “salía con amigos” condenan a la mujer, pues terminan mellando su dignidad. Para evitar prejuicios, que afectan al entorno familiar de las víctimas, organizaciones especializadas recomiendan evitar expresiones encubridoras.

La violencia contra la mujer no son hechos aislados, son la consecuencia más visible del machismo y las desigualdades entre hombres y mujeres todavía vigentes (Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano). “Difunde las sentencias condenatorias y la respuesta social”,  recomienda el Consejo Audiovisual de Andalucía.

Tampoco es aconsejable apoyarse en rumores u opiniones de vecinos. Las fuentes deben ser la Policía o Fiscalía, personas expertas en la materia y testigos directos. Se debe evitar la reconstrucción de los hechos que abunde en detalles escabrosos del crimen. La utilización de un lenguaje violento desvirtúa las razones de la agresión. Expresiones como “certera puñalada” y “había una gran mancha de sangre”, entre otras, dirigen la atención a aspectos colaterales en desmedro de “los motivos reales de la agresión”, se lee en el manual de estilo de la Corporación de Radio y Televisión Española (RTvE).

Los periodistas deben tener presente que la violencia de género no es un asunto privado, sino un problema social y político que viola los derechos fundamentales. Por eso, se debe “evitar reproducir mitos sobre agresiones”. Por ejemplo, dejar las premisas: “las mujeres más pobres son las que más sufren violencia”; “si una mujer es maltratada, es porque es sumisa o le gusta recibir golpes”, o si “un hombre golpea a una mujer es porque es violento por naturaleza”.

A la hora de dar cuenta de estos crímenes es aconsejable preguntarse: ¿hombres y mujeres son igualmente dignos y libres? ¿Me alejo de los “es que” o estereotipos… “es que era mujer”, “es que es homosexual”; “es que es hombre? ¿Me refiero a mujeres como sujetos de derechos y no en cuanto a sus atributos físicos? ¿Si yo fuera una mujer (o si lo soy) me sentiría bien representada, valorada y reflejada en mi noticia? Las respuestas las tenemos todos nosotros.

* Periodista de La Razón.

Comparte y opina:

El Zoo de Santa Cruz

¿Qué es un zoológico? ¿Cuál es su objetivo? No debería ser solo para exhibir animales, sino también para preservarlos y educar, pues allí se envían a los animales que han sido rescatados del tráfico de especies con fines comerciales y en algunos casos aquellos que están en peligro de extinción.

/ 8 de abril de 2018 / 04:00

Su mirada es imponente, sus ojos se asemejan a dos esferas de vidrio tornasoladas, como dos canicas; su plumaje es realmente deslumbrante. Este tucán, que está encerrado junto a otros animales y aves de su especie en el aviario del zoológico de Santa Cruz de la Sierra, simplemente perdió el miedo a los humanos. Cada vez que lo desea llega a unos 30 centímetros de los visitantes. Es admirable verlo tan de cerca. Además, otras dos parabas hacen lo mismo y hasta parecen posar para cámaras y celulares.

El zoológico de Santa Cruz, administrado por la Alcaldía, mantiene a una gran variedad de felinos, peces, mamíferos, serpientes, arácnidos, aves y hasta monos. Es un lugar para conocer a estos relucientes animales, pero, al parecer, más que educativo ya es un sitio comercial. En la entrada al aviario un cartel advierte que solo pueden ingresar 20 visitantes por turno, pero un centenar de personas permanece allí tratando de lograr una selfi con el tucán y las parabas.

En otro punto, dos jóvenes golpean constantemente el vidrio de la guarida acuática de los cocodrilos con la esperanza de ver a alguno, pero su deseo se vuelve imposible, pues a pesar de su insistencia, los animales no emergen. Además el agua, de color verdusco, luce contaminada.

Los carteles de “Prohibido alimentar a los animales” parece no importarle a casi nadie. Pipocas, pasancallas, papas fritas, todo sirve para arrojar a las jaulas. Así, un niño atraviesa una baranda y se acerca a un arroyo artificial con pipocas para arrojarlas a los peces. Nada ni nadie impide que el infante eche sus sobras al agua.

¿Qué es un zoológico? ¿Cuál es su objetivo? No debería ser solo para exhibir animales, sino también para preservarlos y educar, pues allí se envían a los animales que han sido rescatados del tráfico de especies con fines comerciales y en algunos casos aquellos que están en peligro de extinción.

A pesar de contar con una hermosa fauna, el zoológico cruceño está descuidado. Se ven animales estresados por la gran cantidad de visitantes, la mayoría de ellos dotados con cámaras y flashes. Justamente un hombre usa el celular con flash para tomar una foto a un pacú. El animal parece atontado. El serpentario tiene un letrero de “Silencio”, pero nadie hace caso y muchos golpean los vidrios y las rejas.

Cada jaula tiene una descripción, pero algunos carteles no se pueden apreciar por estar cubiertos con vegetación. ¿Algún cuidador está presente? Simplemente no. Pero lo que sí abundan son los comerciantes que contribuyen a que la basura aumente. También están los que ofrecen pipocas. Ante este panorama, se debería pensar en restablecer el orden y el verdadero propósito del zoológico… los animales que allí viven se lo agradecerán.

*es periodista de La Razón.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Servicio policial

Todos los ciudadanos deberían conocer las líneas de los módulos policiales más cercanos a su barrio

/ 17 de mayo de 2015 / 04:00

Pregunté a mis vecinos, a mis compañeros de trabajo y a mi familia a qué número llamarían en caso de tener alguna emergencia o en caso de ser testigos de algún hecho delictivo. Todos respondieron que discarían a la línea corta 110. Sin embargo, es bueno conocer que la Policía tiene más de 100 líneas gratuitas para atender emergencias.

En 2011 comenzó un proceso de descentralización de la Policía en todo el país, con el objetivo de proporcionar una mejor atención a la población. En lo que respecta a la sede de gobierno, se crearon hasta ahora, en coordinación con el Gobierno Municipal, diez Estaciones Policiales Integrales (EPI), que atienden determinadas áreas geográficas de la ciudad: San Pedro, San Antonio, Max Paredes, Sur, La Portada, La Merced, Chasquipampa, Cotahuma, Ferroviario y Bosquecillo de Pura Pura.

Adicionalmente, se construyeron cerca de 80 módulos policiales en diferentes barrios, que están bajo tuición de las EPI. Todas estas dependencias policiales, que en su mayoría llevan los nombres de las calles o zonas donde operan, tienen sus propias líneas gratuitas y atienden las 24 horas, los 365 días del año. Por ejemplo, el número de teléfono del módulo Niño Kollo, ubicado en la Av. Pablo Lazarte, de la zona Niño Kollo, es el 800-140013; el del módulo Killi Killi, situado en el mirador del mismo nombre, en la zona de Villa Pabón, es el 800-140049, y el del módulo de la Av. San Jorge es el 800-140092. La EPI Cotahuma, ubicada en la misma zona, tiene el número 800-142222.

En las Estaciones Policiales Integrales se brindan los servicios que proporcionan la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC), la Unidad Operativa de Tránsito, la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) y la Unidad de Conciliación Ciudadana. Mientras que en los módulos trabajan efectivos policiales que realizan patrullajes diarios.
Luchar contra la inseguridad ciudadana no solo depende del Gobierno y de las diferentes unidades de la fuerza policial, sino también de uno mismo. Todos los ciudadanos deberían conocer los números de teléfono de las EPI o de los módulos policiales más cercanos a su barrio; justamente por esa razón fueron construidos.

Para conocer estas líneas gratuitas y la dirección de los módulos policiales uno puede ingresar al portal www.ciudadsegura.com.bo y luego hacer click en el link “La Policía a tu Servicio”. Ahí están registrados varios números de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y El Alto. También se puede consultar sobre estas líneas gratuitas en la Dirección de Seguridad Ciudadana de la Alcaldía paceña o visitando directamente alguna estación policial o módulo más próximo.

Es periodista de La Razón.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Violencia infantil

Cuando hay maltrato, un niño comprende que las situaciones se resuelven solo con violencia.

/ 9 de noviembre de 2014 / 04:00

Escuchar los relatos de menores de edad abusados sexualmente, asesinados, maltratados y abandonados es atroz. Estas denuncias se presentan casi a diario en el país y los derechos de las víctimas, incluso de recién nacidos, son vulnerados. ¿Qué sucede? ¿Quién es el agresor? ¿Por qué lastimar a una persona que no puede defenderse?

El 25 de octubre, la Defensoría de la Niñez y Adolescencia informó que un hombre abusó sexualmente de su hija y de sus dos hijastras en complicidad con su pareja, y también incitó a uno de sus hijos a violar a su hermana. Tres días después fue encontrado el cadáver de una niña de nueve años en un terreno baldío en El Alto. La noche antes, su progenitor le ordenó acompañar a su “amigo” que estaba ebrio hasta la puerta. El padre se durmió y ella nunca regresó.

En octubre se registraron otras tragedias. El viernes 31 se conoció de la violación y muerte de una menor de cuatro años en el norte de La Paz, y días antes se supo del asesinato de otra niña de ocho años en la misma localidad. El autor confeso, un adolescente de 16 años.

En los tres casos, los agresores fueron parientes o amigos de la familia, no por nada la Policía informó que el 90% de los abusos sexuales se dan dentro del entorno familiar. Los datos señalan además que de enero a septiembre, la Defensoría edil recibió 183 denuncias de violación. Las víctimas tenían entre 12 y 17 años. Si nos referimos al país, estadísticas del Comando de la Policía señalan que de enero a agosto de este año al menos 1.016 menores de edad sufrieron violencia física, psicológica, familiar e incluso económica.

Los maltratos no solamente se refieren a puñetes, patadas o empujones, igualmente se reportaron abusos extremos como quemaduras, encadenamientos, encierros, prohibición de alimento y agua. Una noticia que indignó a la ciudadanía sucedió el 12 de octubre en la zona Sur de La Paz, María Antonieta A. V., de 51 años, fue acusada de asfixiar a su hijo de diez años. Un mes antes, María, de cuatro años, fue hallada sin vida en la habitación del albañil Aldo H., en Santa Cruz.
 Algunos adultos piensan que los golpes pueden ayudar a educar a un niño, pero sucede lo contrario, ya que el infante adopta una actitud negativa e internaliza que las situaciones se resuelven con violencia.
Los niños deben conocer cuáles son sus derechos, conocer los teléfonos de auxilio de la Policía (119, Bomberos; 110, Radio Patrullas), y para evitar los abusos sexuales, los padres no deben abandonarlos ni dejarlos con extraños. Un niño puede cometer errores, pero ello no debe llevar a que sea castigado, hay que poner reglas, pero no sobre la base de agresiones.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Kurmi Wasi, un arcoíris para aprender en común

En Achocalla se desarrolla un proyecto educativo que acerca a los niños y jóvenes a la naturaleza y enseña a trabajar en equipo.

/ 1 de junio de 2014 / 04:00

Suena la campana, son las 08.30 y comienza la clase de aymara en la unidad educativa Kurmi Wasi (Casa del arcoíris traducido del aymara y quechua), ubicada en Achocalla, a unos 30 kilómetros de la sede de gobierno. Es martes y es turno de los niños de prekínder, kínder, 1° y 2° de primaria. “Nos toca cocinar jamp’i (tostado)”, dice el profesor Luis Gómez, un joven experto en el habla, de 30 años, y que se graduó de la carrera de Comunicación Social.

Los ingredientes están listos. Gómez entrega un puñado de granos a algunos niños y al unísono comienzan a contar cada maíz mientras los introducen al jiwk’i (tostadora) que sujeta el profesor y luego calentará en el k’eri (fogón): maya (uno), paya (dos), kimsa (tres), pusi (cuatro), phisqha (cinco)… hasta llegar a pätunka (veinte). En otra olla de barro se cuece otro de los alimentos con los que acompañarán.

“Aprender aymara es fantástico, nuestras clases no se llevan dentro de cuatro paredes, sino con juegos, cánticos, poesía, dibujo y viviendo la cultura enseñada por nuestros abuelos”, enfatiza el maestro.

Muy aparte están los estudiantes, quienes también se encargan de sembrar papa, maíz, quinua y otros alimentos en un pequeño terreno ubicado al lado del fogón y que es cosechado para la enseñanza de clases posteriores y la preparación de otros alimentos que se comparten con otros compañeros.

“El k’eri lo hicimos entre profesores y alumnos hace cuatro años, también enseñamos a los de secundaria y preparamos chairo, sopa de quinua, hasta k’ispiña (especie de galleta de quinua) con forma de animales del campo, como llamas, y nos servimos con el té. Los chicos ya saben usar el phusaña (instrumento para soplar) y encender el fuego. A la par de vivir esta experiencia, aprenden a escribir”, explica Luis muy emocionado.

Esta forma de enseñanza también se refleja en otras especialidades que el colegio imparte y están divididas en cinco talleres que duran dos años y que los estudiantes eligen: Conservación de alimentos (donde se aprende a hacer tunta, charque, mermeladas, escabeches y otros); Medicina tradicional (para lo cual tienen su propio jardín farmacéutico donde plantan manzanilla, menta, sábila, caléndulas y otros que luego los convierten en jarabes, pomadas y demás). Por otro lado, está el invernadero (donde cultivan hortalizas como lechugas, tomates, nabos y plantas aromáticas y ornamentales, frutas como fresas y más); Agroecología (lombricultura y postaje); y Comunicación (fotografía, serigrafía, radio y video).

“Queremos ir construyendo una propuesta educativa que aporte a las políticas educativas del Estado, queremos difundir esta experiencia y compartirla.

Abordamos la educación desde lo integral con los niños y la idea de venir a Achocalla fue para convivir con la naturaleza y estar fuera de la ciudad, cultivando y criando animales”, señala a Escape el director del establecimiento, Juan José Obando.

Estas experiencias de convivencia y en torno al cuidado animal y natural se aplican hace 14 años, cuando la Fundación Taypi —que es propietaria de Kurmi Wasi— fundó el colegio. Los alumnos comparten las clases de forma multigrado, es decir, se juntan niños de diferentes niveles, como 1° y 2° de secundaria para pasar una clase. Actualmente el colegio tiene 152 estudiantes, que llegan de la misma comunidad, de la sede de gobierno y de El Alto, y 17 maestros, de los cuales siete dan las materias regulares como Matemáticas, Lenguaje y Ciencias, y el resto las especialidades. En cada curso también hay un niño con capacidad diferente que es integrado en actividades colectivas.

“Con relación al pago de la mensualidad existe la lógica del que tiene más, paga más. Hay padres que pagan en efectivo y otros con su producción, papas, habas, leche, harina, fideos, que son usados en el colegio”, indica Juan José.

Desde el primer año del Kurmi, en 2005, se implementó un sistema de padrinazgos con la idea de crear vínculos entre niños y adolescentes, la ciudad y el campo. Desde entonces, en una primera asamblea general del año cada niño escoge a una madrina o un padrino por medio año, quien siempre está presente cuando el ahijado necesita que le ayuden a amarrase los zapatos, ser intermediario en una pelea, llevarlo a la góndola o a la enfermería, si se cayó.

Además de rescatar las fechas festivas andinas como Todos Santos, cuando preparan el festejo a los muertos; también agradecen a la Pachamama cada agosto, con la realización de una mesa de ofrenda. Este año esperan llevar a cabo otro festival de lengua aymara, donde se hacen presentes autoridades originarias, se organizan apthapis, y hay música autóctona amenizada por el grupo musical Willkamayu, al cual pertenece Luis, el profesor, quien además de la melodía ofrece abrigo para los estudiantes con los “cueros de oveja de sus abuelos”.

Picotona la que picotea, así se llama una de las diez gallinas que Will Obando, de siete años y alumno de primaria, debe cuidar a diario junto a otros 20 niños. Además de recoger sus huevos, les dan alimento y agua. “No lastima, solo es su nombre (Picotona la que picotea), debemos cuidarlas”, enfatiza el niño en el gallinero instalado dentro del colegio. Al igual que él, otros se encargan de las ovejas, las llamas y los patos, estos últimos pasean libremente por los jardines y están a cargo de los de kínder.

Lo que estos animales producen es utilizado para su educación y la preparación de alimentos que luego venden para financiar sus viajes de investigación. Así, una vez al año van a Kala Kala, a Tocaña, a la Isla del Sol, Sucre, Potosí… donde alcancen los fondos.

Melany Trigo, de 14 años y que está en 4° de secundaria, recuerda que uno de los últimos viajes que hizo fue en septiembre de 2012 a Luribay. “Nos quedamos en la casa de una de las abuelas de nuestra compañera, aprendimos el arte de hacer vinos, singani, también fuimos a Coroico para conocer plantas medicinales”.

Otra forma de sostener los viajes es a través de la materia de Conservación de alimentos, y el profesor Rolando Huallpa es un experto en el tema.

Actualmente tiene 12 estudiantes de secundaria a quienes les enseñó a producir desde comienzos del año mermeladas, jaleas, frutas en almíbar, luego proseguirá con la conservación de sales, con escabeches; lácteos con la producción de quesos artesanales y, finalmente, con harinas para elaborar panes, galletas y fideos. “Estamos planificando hacer, incluso, quesos criollos con morrón, cebolla y hasta con locoto. Impulsamos a los muchachos esta educación que se asemeja a la formación técnica. Se les enseña desde conocer el alimento, sus propiedades y prepararlos”, menciona el profesor, sin embargo, advierte frunciendo el ceño que “no es una clase de cocina”.

De acuerdo con el director de primaria del Ministerio de Educación, el profesor Salustino Ayma, este tipo de educación que imparte el Kurmi Wasi es “adecuada”, y en un futuro se quiere que otros establecimientos de aprendizaje también adopten esta modalidad educativa.

“Kurmi Wasi está en el marco del modelo educativo, hemos visto que están aplicando el currículo del sistema educativo, y ahí está presente también la educación productiva, se percibe el respeto a la madre tierra, incluso la limpieza que desarrollan es bastante interesante. El colegio se ha adelantado un poco y de a poco tenemos que entrar a esa línea de trabajo, ya que todas la unidades educativas de convenio, fiscales y particulares deben trabajar en el marco planteado por el ministerio y nosotros vamos a exigir ese modelo”, señaló.

Algo que no es permitido en Kurmi Wasi es contaminar la Madre Tierra, por lo que las bolsas plásticas son excluidas. Cuando es momento de compartir el apthapi, todo es envasado en tapers. Tampoco es bienvenida la comida chatarra que se venden en kioscos, como frituras. “Los jueves se prepara merienda vegetariana. Las cosas que traen los chicos son en bolsa de tela que se les proporciona y se evita la basura, si se trae algo, se lo deben llevar a casa”, advierte Juan José, el director.

En esta Casa del arcoíris también se enseña arte, otros idiomas y emprendimientos. Ortencia Yana, quien enseña trabajos tallados en arcilla hace dos años en el establecimiento, prefiere que sus estudiantes de 3° a 6° de primaria opten por moldear sus propias figuras, además de aquellas rescatadas de la cultura tiwanacota y las clásicas como macetas.

Casi nada se desperdicia. Al principio de cada semestre la graduada en artes reúne a sus alumnos, quienes con sus bolsas de tela salen del colegio para traer arcilla que donan los cerros cercanos al establecimiento. “Traen  lo que pueden, luego yo les doy la técnica, ellos ponen su creatividad; tenemos moldes, pero ellos prefieren trabajar con sus manos, luego los pintan”.

Cuando los trabajos están terminados algunos alumnos se quedan una noche en el colegio para proceder al quemado, para lo cual la profesora enciende la fogata. Entonces están listos para su exposición ante toda la comunidad educativa.

Además del aymara, en las clases de inglés los chicos crean sus propias historias. Comienza la teatralización en una comunidad donde hay policías, dos delincuentes, un médico y un fiscal y juez. Mientras uno relata, los otros deben continuar la historia… con sus personajes ya elegidos.

“Hay mucho movimiento, no son clases de gramática como otras, hacemos canciones, debates en el jardín, juegos, videos en inglés, poemas, el objetivo es comunicar ideas”, complementa el profesor Gadir Lavadenz.

 “Ya sé hacer nabos, es lo más fácil, sale en un mes, la lechuga en dos y tres meses, lo regamos a diario, y lo vendimos en cantidad. Recuerdo que mis amigos hicieron acelgas, se siente bien conocer esto. Creo que voy a estudiar Agroecología”, menciona Melany Trigo cuando termina la visita de Escape a la unidad educativa.

Comparte y opina:

Con una técnica, bolsas plásticas toman forma de artículos útiles

Desde 2005, la Legión de la Buena Voluntad forma artesanos en el reciclaje de este tipo de material. Con él hacen ovillos y aprenden a tejer adornos, carteras, tapetes, ropa para muñecas y más que ofertan en ferias.

/ 4 de noviembre de 2012 / 04:00

Tejer con hilo hecho de bolsas plásticas es un negocio. Durante siete años, cerca de 7.000 personas se formaron en la Legión de la Buena Voluntad (LBV) en técnicas para crear las hebras y tejer, con palillos, crochet y telares, diversidad de objetos decorativos y funcionales.

Esta iniciativa de la organización no gubernamental, dedicada a apoyar a familias de escasos recursos, nació en 2005 cuando emprendió la capacitación de personas de zonas alejadas de El Alto en temas del cuidado del medio ambiente y en este caso en la reutilización de bolsas plásticas y botellas pet (de refrescos).

Jenny Mancilla, capacitadora y trabajadora social de la institución creada en 1985, dice que esta labor forma parte de la campaña anual “Jesús, el pan nuestro de cada día”, que se realiza de septiembre a diciembre.

“Hemos capacitado a unas 7.000 personas, de las que alrededor de 600 eran hombres. El objetivo es contribuir a reutilizar los desechos plásticos en desuso o los que están tirados en la calle y contaminan el ambiente”, explica Mancilla. Pero además de aprender, los beneficiarios se convierten en artesanos capaces de generar un ingreso adicional con la venta de los artículos que producen.

La materia prima está a la vista: desde la bolsa plástica que usa la casera del mercado para envasar el azúcar, arroz, fideo u otro producto, hasta aquella que entregan en una boutique, una zapatería o el supermercado.

Aplicar la técnica comienza por reunir la mayor cantidad de bolsas, lavarlas bien y dejarlas secar. Los expertos como Mancilla enseñan un doblado especial del material y el corte preciso para formar los ovillos.

“Utilizamos cualquier tipo de bolsas, grandes, pequeñas, de colores. Lo mejor es que no invertimos nada de dinero”, destaca la instructora.

La lista de objetos que se pueden elaborar es larga, por ejemplo, prendas de vestir para muñecas (chompas, chalecos, gorras, chalinas, incluso zapatos), además de billeteras, carteras y bolsones para damas y mochilas, estuches para lápices y cosméticos. También están los artículos ornamentales como tapetes, flores (rosas principalmente) y más.

El color de las bolsas da alas a la creatividad y el artesano elige la herramienta y el punto ideal en función de la textura de la materia prima. Así, unos optan por emplear el palillo o el crochet en punto simple, derecho y varetas, el doble, jersey, mosca, ladrillo y otros que aprenden en el taller.

La capacitación tiene cuatro etapas. El personal de la LBV primero dicta talleres teórico-prácticos sobre el cuidado de la naturaleza; luego da el curso de reciclaje (creación del ovillo y técnicas de tejido) más uno adicional de chocolatería; continúa con el concurso de creatividad y finalizan con una exposición.

Fue Sayuri Tejerina, artesana y voluntaria de la LGB, quien efectuó la primera capacitación en tejido con bolsas plásticas. Año que pasa, crece la participación.

Mancilla subraya que gracias a la creatividad se amplían las técnicas del tejido. Por ejemplo, el año pasado confeccionaron bolsones con la técnica del macramé. 

Esta organización visita diversos distritos alteños para brindar ayuda humanitaria y fue en ese andar que los voluntarios observaron en las calles de esa ciudad cientos de bolsas tiradas, cerca de las viviendas y también en lugares baldíos, donde los niños juegan; y ganado, algunas vacas y ovejas que buscan alimento.

Efraín Fernández, director de Gestión Ambiental de la Alcaldía de

El Alto, recuerda que una bolsa tarda unos 200 años en degradarse. Un informe de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema) detalla que  las bolsas dispersas sobre parcelas agrícolas pueden evitar la germinación de semillas y provocan problemas digestivos en los animales que las ingieren accidentalmente.

Para la LGB, la meta de este año es llegar a 330 hogares del Distrito 7 de El Alto. Estima que la mayoría de las familias consta de seis integrantes, por tanto, el programa beneficiará a 2.000 personas. Mancilla dice que, con miras en Alasita 2013, producirán ropa para la muñeca Barbie.

Prendas son sólo para los juguetes

Alerta

Mancilla afirma que las prendas de vestir tejidas con bolsas plásticas sólo sirven para muñecos porque dañan a la piel humana.

Contacto

Las personas interesadas en los cursos pueden llamar al teléfono 2733759.

Comparte y opina: