Voces

jueves 29 jul 2021 | Actualizado a 08:36

Brutal maltrato de caballos

/ 11 de junio de 2019 / 23:45

D esde hace varios años diferentes organizaciones han denunciado las pésimas condiciones en las que “trabajan” los caballos cocheros del país, así como el brutal maltrato del que son víctimas. Esto pese a que en 2015 entró en vigencia la Ley 700, que prohíbe abusos y explotaciones de este tipo. Por su gran número, este fenómeno es particularmente evidente en la ciudad de Santa Cruz, donde operan unas 900 carretas que transportan todo tipo de carga, impulsadas por cerca de un millar de caballos.

Según las denuncias, a cambio de largas horas de trabajo sin las herraduras adecuadas para transitar en vías asfaltadas o empedradas (se estima que solo uno de cada 10 caballos cuenta con casquillos pertinentes), estos animales reciben una deficiente alimentación (algunos incluso se alimentan en basurales) y muy poca agua para soportar el intenso calor. Por ello, no sorprende que todos los caballos que han sido rescatados en las calles cruceñas a punto de morir padecían anemia infecciosa.

Por ejemplo, el domingo un grupo de vecinos decidió quemar un carruaje y rescatar al corcel que lo impulsaba luego de que su dueño se negara a darle agua y dejarlo descansar, pese a su evidente desnutrición y mal estado. Este hecho viene a recordarnos que, cuando el Estado brilla por su ausencia, la población decide realizar las tareas que deberían ejecutar las autoridades; peligroso extremo que suele dar lugar a delitos y abusos de toda laya. De allí que urge insistir en la necesidad de que las municipalidades se preocupen por combatir el maltrato de animales que impera en sus jurisdicciones. 

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Golpe de Estado 2.0

/ 29 de julio de 2021 / 01:53

Durante el periodo comprendido entre los años 60 y 80 los golpes de Estado, entendidos como la toma de poder de manera ilegal y en muchos casos violenta que desconoce un mandato democrático, fueron comunes en la región y en particular en nuestro país. Fuerzas militares en alianza con grupos políticos hacían uso de la fuerza imponiendo de esta manera gobiernos dictatoriales con la finalidad de ostentar el poder, aplicando medidas conservadoras y alineadas al sistema económico internacional.

Las ráfagas de las ametralladoras, las balas que se escuchan a lo lejos, los tanques y tanquetas circulando por las ciudades, el inusitado vuelo de helicópteros y aviones militares, generaban miedo en la población, que confundida trataba de informarse con ansiedad de lo que estaba sucediendo en el país, sintonizando las pocas radioemisoras que existían en Bolivia y el canal estatal que era el único medio de comunicación audiovisual con horarios restringidos en cuanto a su programación. En ocasiones de golpe de Estado, de manera excepcional la televisión estatal iniciaba su transmisión en cualquier momento, instante en el cual se entonaba la marcha militar y posteriormente el mensaje del nuevo presidente.

Las características de la toma del poder por parte de los gobierno dictatoriales se caracterizaron por las persecuciones y amedrentamiento de adversarios políticos que en un extremo eran ejecutados; el confinamiento de compatriotas obligados a abandonar el país con destinos lejanos y en muchos casos sin retorno; el establecimiento de los famosos “estado de sitio” que restringían la circulación vehicular y el libre tránsito de personas; detenidos y presos políticos, representaban la circunstancia perfecta en un momento de confusión y crisis. La débil resistencia popular de organizaciones sociales que con marchas, conformación de barricadas y bloqueos, manifestaban su disconformidad con este hecho; sin embargo, debido a la confrontación desigual, era diezmada con el avasallamiento y la opresión del más fuerte en detrimento de los más débiles, el pueblo.

Solamente después de 1982 se recuperó la democracia, con la presencia de Hernán Siles Zuazo como presidente elegido por el voto popular, y uno de los pilares de la revolución nacional y la alianza de clases. Se iniciaba un nuevo periodo en la política boliviana con una democracia incipiente, plagada de esperanza en un nuevo futuro que valoró la libertad de pensamiento, la convivencia pacífica y en comunidad de todos los bolivianos.

En el siglo XXI, este modelo de golpe de Estado y sus características ya no son habituales y de hecho las nuevas generaciones no tienen la experiencia de haberlos vivido. En la actualidad, son otras las características que envuelven a esta desdicha, el contexto ha cambiado, mas no el resultado final que es la toma del poder. La falta de respeto a la voluntad popular, la interpretación antojadiza de la normativa, el amedrentamiento por parte de la fuerza militar, la utilización premeditada de las tecnologías de la información y las redes sociales, entre otros, son los ejes del nuevo modelo de golpe de Estado, claro está que esto no quiere decir que una interrupción al estado democrático con las características del siglo pasado no se vuelva a repetir, existirá siempre esa posibilidad.

Hasta 2019 pasaron diferentes gobiernos, con una democracia que consolidaba su transición de representativa a participativa. Sin embargo, en noviembre del mismo año, con la llegada abrupta a la presidencia por parte de Jeanine Áñez, se produjeron al menos cuatro hechos ilegales e irregulares, que son parte del nuevo modelo de golpe de Estado: utilización de las redes sociales como un medio subversivo; se interrumpió el mandato de un presidente democráticamente elegido mediante el voto popular y que debía concluir su mandato en enero de 2020; se interpretó e implementó un procedimiento inconstitucional, vale decir que no existió destitución parlamentaria sino renuncia forzada por diferentes actores minoritarios de la población; y un factor decisorio, las Fuerzas Armadas del país, que decidieron el desenlace de este suceso, pidiendo la renuncia del presidente en un acto de amedrentamiento.

Las diversas interpretaciones seguirán por parte de la población, como también por los analistas políticos, quienes seguramente continuarán con la confrontación de ideas en torno a los hechos que generaron el alejamiento del expresidente Morales, pero sin lugar a dudas, en la memoria de todos los bolivianos quedará grabada la imagen de un militar colocando la banda presidencial a una persona que hasta ese momento era desconocida.

Gustavo Gómez es economista.

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El origen de los partidos

/ 29 de julio de 2021 / 01:49

Algunos sostienen que no tenemos partidos, que eso que podrían llamarse como tales no son más que clubes de amigos organizados alrededor de un liderazgo en particular. Por supuesto que hay una sensación extendida como punto común para todos, respecto del cuestionamiento de esto que conocemos como lo que podría ser la forma partido y su correspondiente representación política de la sociedad.

Sin embargo, incluso asumiendo que la idea mencionada sea así, pues estamos frente a los que se conocen en la literatura como partidos de élites, porque la esencia de este tipo de partidos es un pequeño núcleo de individuos con acceso personal e independiente a los recursos y con capacidad para situar a uno de los suyos o a sus nominados como representantes en el Legislativo.

Es verdad que varios partidos no tienen una secuencia en el tiempo reconocible más que el MAS, el resto son organizaciones políticas cuya duración, por distintas razones, terminó siendo bastante efímera. Pero quisiera ir a una tesis de fondo que tiene que ver con que los partidos nacen justamente porque intentan partir una parte del todo que es la sociedad, a esa parte con la que inician es a la que pretenden representar en primera instancia. Entonces una pregunta central que emerge es ¿cuál es el punto de partida de los partidos?

Para responder a esta pregunta, primero me concentro en identificar las distintas razones por las que estamos fraccionados, es decir, divididos como sociedad. Aquí encontraremos distintos tipos de fracturas sociales que nos dividen, como el regionalismo, el indigenismo, lo popular, la condición de clase social, la ideología. Para mencionar solo algunas.

Es a partir de estas fracturas sociales que se van formando en el país lo que podemos llamar partidos políticos, o lo que usamos conceptualmente como organizaciones políticas (partidos, agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas). Basta con indagar, por ejemplo, en los últimos años observando a éstas: Creemos tiene un origen claramente regionalista del oriente del país, al igual de lo que en su momento fueron los Demócratas. De organizaciones políticas regionalistas también se sirvieron el Movimiento Sin Miedo y Sol.bo.

Comunidad Ciudadana tiene un origen que mezcla la condición de lo urbano con la condición de clase social. Y en menor escala, pero apelando a los mismos orígenes se encuentra Unidad Nacional de Doria Medina. Hasta aquí, como se darán cuenta, no hay ninguna organización política que reclame el componente ideológico, creo que por eso el MAS los apunta con el dedo peyorativo para identificarlos como la derecha ideológica. Y no estaría mal que alguno de ellos se identificara como tal, porque eso obligaría al actual partido oficialista para arriesgarse a salir de su zona de confort en la que se ubica afirmando que solamente ellos son la representación genuina de la sociedad boliviana, y entonces el debate no sería exclusivamente en torno a fracturas sociales, sino en términos ideológicos generales.

El MAS, en lo que le toca, concentra en su nacimiento las fracturas sociales de lo indígena, lo regional y la condición de clase social; a todas esas fracturas juntas las llegó a denominar como el complejo mundo de lo popular en el país. Mantenía cierta hegemonía en ese cuadrante hasta antes de las pasadas elecciones subnacionales de este año, cuando le salieron disidencias internas que llegaron a ser la expresión de verdaderos fenómenos políticos electorales, como el caso de Eva Copa y de Damián Condori.

En síntesis, cambiar la polarización social que vivimos no es posible porque tenemos al frente la razón misma por la que las organizaciones políticas existen, que es a través de las fracturas sociales históricas que nos dividen como sociedad; esto no es del todo malo, el peor escenario es cuando de manera simultánea se juntan estas fracturas porque pueden generar verdaderas crisis políticas como la que vivimos en 2019, aquí la responsabilidad mayor es de la clase política.

Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario.

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¿Ya te vacunaste?

/ 29 de julio de 2021 / 01:45

En este tiempo las vacunas son tema de conversación entre todos los grupos sin importar edad, ocupación, estado civil o profesión. Se arman charlas sobre si ya están vacunados, si ya tienen la segunda dosis o no. La comunicación entre los grupos de amigos o compañeros de trabajo, sea virtual o presencial, tiene a las vacunas como tema favorito para romper el hielo. La conversación fluye, se comparten las direcciones sobre dónde están vacunando, en qué centros las filas son más cortas o en qué lugares lo hacen sábados y domingos. El tema da para mucho, porque siempre queda averiguar sobre los efectos que sintió, si en su familia todos recibieron la misma vacuna, etc., etc.

Frente a esas voces, hay otras que sin ninguna vergüenza propagan una serie de negras profecías decretando la muerte para quienes se vacunan, de tonterías como convertirse en hombres lobo, de quedar estériles, de la introducción de un chip para ser controlados. Lo dicen sin empacho, sin sonrojarse por su enorme ignorancia. Son los grupos antivacunas que siembran dudas, difunden teorías conspiracionistas absolutamente dislocadas. El Centro de Lucha Contra el Odio Digital (CCDH), del Reino Unido, ha detectado 12 grupos antivacunas con 58 millones de seguidores en varios países del mundo, estos grupos pagan anuncios en Facebook dirigidos a madres jóvenes en los que muestran niños enfermos supuestamente por efecto de las vacunas. Esas madres pasan la información en sus redes y así se convierten en activistas. El mismo centro también ha calculado que las redes sociales se embolsan $us 1.000 millones al año por diseminar información falsa y nunca desmentirla. En esos anuncios aparecen supuestos “expertos” que arguyen, por ejemplo, el poco tiempo en el que los científicos han elaborado las vacunas. Ocultan el hecho de que estos experimentos llevan al menos 20 años de trabajo. Los movimientos antivacunas generalmente representan a otros intereses sectarios de grupos religiosos, políticos o económicos que buscan su propio beneficio sin importarles el daño que puedan ocasionar. Así se inició en Europa y Estados Unidos el rebrote del sarampión hace cuatro años. Así también es el peligro al que exponen a las personas que enferman con el COVID-19 y terminan muriendo después de pasar por el calvario de una unidad de terapia intensiva.

Con esos absurdos comentarios hacen escarnio de los tremendos esfuerzos que realiza la humanidad para salvarse del virus. Las vacunas son una forma de decirle sí a la vida, a la esperanza, al regreso de los niños y adolescentes a la educación, a la recuperación de las fuentes laborales, de las actividades culturales, de los viajes, los encuentros. La vacuna es la única alternativa para continuar con la vida.

Lucía Sauma es periodista.

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Más Margulis, menos Darwin

/ 29 de julio de 2021 / 01:39

Los descubrimientos científicos determinan nuestras visiones del mundo o pasa lo contrario? Esa parece haber sido la principal eventualidad con la que chocó la bióloga estadounidense Lynn Margulis. En los años 50, Margulis, tras releer una serie de trabajos sobre el mundo microbiano desestimados o ridiculizados años atrás, encontró las bases para su teoría sobre el origen de las células complejas. Pero esa teoría —y aquellos trabajos— contradecían el muy difundido paradigma evolutivo de la “sobrevivencia del más apto”, basado en El origen de las especies, de Charles Darwin, como mecanismo de la evolución.

Margulis tuvo dificultades entonces para difundir sus ideas. Lo que demostraban sus trabajos suponía un cambio de visión sobre la evolución de los seres vivos. No es solo el más fuerte o el más apto quien logra sobrevivir, también es fundamental que los organismos puedan cooperar para que la evolución suceda. Para el neodarwinismo de la época —y el statu quo económico que de alguna manera éste encauzó— aquello sonaba a herejía.

Todo indica que hay que cambiar esta noción — el único mecanismo evolutivo es la competencia— y destronar uno de los paradigmas más difundidos por el pensamiento moderno: quizás ahí está la última posibilidad del futuro del planeta y de la especie humana y de miles de otras especies que están en riesgo de extinción por la actividad del ser humano. Difundir más la tesis de Margulis, una bióloga que incluso hoy es relativamente poco conocida, y seguro que nunca tan famosa como Darwin, ni como su primer marido, el cosmólogo y autor de bestsellers Carl Sagan, puede ser una buena respuesta.

El rechazo a las teorías de Margulis cambió parcialmente cuando los adelantos en biología molecular y la secuenciación del ADN probaron sus hipótesis. La bióloga, quien murió en 2011, fue tardíamente reconocida con varios premios y su trabajo es hoy una referencia central de las críticas al darwinismo.

Margulis demostró que la cooperación es el origen de uno de los más importantes saltos evolutivos: el de las células simples a las complejas, sin el cual no habría organismos pluricelulares y la vida se reduciría a un conglomerado de bacterias. La simbiogénesis —esto es, la asociación, integración y cooperación entre diferentes especies para originar nuevas formas de vida— tuvo que aceptarse entonces como una fuerza evolutiva esencial.

Pero si la simbiogénesis, que reivindicó Margulis, es un movimiento evolutivo esencial, obviamente no somos los vencedores de la cadena evolutiva, sino una parte ínfima en una extraordinaria red de cooperaciones entre seres vivos que ha permitido la continuidad de la vida.

La voracidad de la economía ha llevado a destruir cada vez más los hábitats donde viven animales que hospedan virus que resultan letales para los humanos (el origen de algunas epidemias y probablemente la del COVID-19). También la pandemia reveló la falta de presupuestos para la salud pública. La posibilidad de levantar las patentes para las vacunas para beneficiar a la población global ha sido, hasta ahora, imposible. Y los países más ricos acapararon la mayor cantidad de dosis, dejando a los más pobres y vulnerables sin posibilidades sencillas o baratas de inmunizar a su población.

Las disciplinas humanísticas y sociales podrían contrarrestar las populares creencias de que el egoísmo y la explotación, la autoimportancia y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, son determinaciones naturales del género humano y no aprendizajes que se pueden revertir o transformar.

El mecanismo evolutivo que descubrió Margulis revela que cooperar es una capacidad biológica y es una ventaja competitiva crucial. Y quizás sea nuestra esperanza más tangible de salvarnos a nosotros mismos y al planeta.

Sabina Caula es bióloga y Sandra Caula es filósofa, son columnistas de The New York Times.

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Nuestra arquitectura emergente

/ 28 de julio de 2021 / 02:34

Hace un par de semanas, en una entrevista con un amigo periodista coincidí, a la hora de hablar de política, con una nota que él presentaba, referida a un tipo de edificaciones a las cuales denominaba “los cholets”, y bueno, viniendo este servidor del campo de la arquitectura, no pude contenerme y salí del contexto político para verter una reflexión sobre el significado de ese denominativo. Él me respondió que lo oportuno era desarrollar la idea escribiendo un artículo específico como éste. Es así que a través de este medio quiero compartir con ustedes algunos criterios al respecto.

Desde hace varios años nuestra generación ha sido una privilegiada testigo del nacimiento de una arquitectura novedosa en Bolivia, de elevado contenido cultural, de un fuerte simbolismo y una calidad estética importante.

Esta arquitectura está anidada en la ciudad de El Alto y es ésta la característica en la que se afinca su fuerza, importancia y trascendencia por varias razones, aquí las más importantes: la primera porque no hablamos de cualquier conjunto urbano, sino de una de las ciudades más grandes de Bolivia en términos poblacionales, y otra es el hecho de que en esta ciudad se nota con mucho más potencia la imbricación entre lo urbano y lo rural (la cual es una de nuestras contradicciones más fuertes a nivel nacional), y que hace de ella algo muy representativo de la sociedad boliviana, aspectos que cargan a esta arquitectura de gran legitimidad y representatividad.

Pocas veces en nuestra historia habíamos visto con tal energía el nacimiento de una arquitectura boliviana que traduzca de forma contemporánea la cultura atávica de los Andes y que además se plasme en una ciudad entera expandiéndose a gran velocidad en toda su mancha urbana, con edificaciones que son iniciativas exclusivamente privadas.

Las construcciones enmarcadas en esta arquitectura con raíces andinas emulan una estética proveniente de los tejidos de las culturas y naciones bolivianas. Esta estética que ha hecho de los textiles una de las características más ricas de gran parte de nuestra población a lo largo de siglos hoy se ve reflejada en infinidad de edificios de diferentes características en la ciudad de El Alto y poco a poco en otras ciudades de nuestro país.

Es un indiscutible acierto de arquitectos y constructores en la medida en que de forma brillante, por un lado, plasman en edificaciones (comerciales, lúdicas y residenciales principalmente) una estética con cimientos ancestrales y, por otro lado, logran que la población espontáneamente se proyecte en esa arquitectura haciéndola suya.

Por lo tanto, encasillar esta arquitectura emergente bajo el nombre que se le pretende asignar: “cholets”, es cuando menos desatinado y hasta engañoso.

No se puede forzar a que un nuevo concepto de arquitectura en nuestro país se encuadre a la unión de estas dos palabras: chalet y cholo. ¿Acaso se pretende reducir esta arquitectura a “la vivienda del mestizo”? ¿Desde cuándo las tendencias arquitectónicas en el mundo se refieren especial y exclusivamente a lo étnico? ¿Y por qué pretender subyugar esta arquitectura solo al uso vivienda?

No es mi intención pasar por alto la evidente contradicción étnica subyacente en nuestra sociedad ni soslayar sus relaciones de poder, pero me parece grosero intentar invisibilizar las connotaciones que tiene esta arquitectura andina en cuanto a nuestra cultura y su trascendencia en la historia de la arquitectura boliviana, así como el esfuerzo y el resultado del quehacer de arquitectos y constructores alteños que están logrando un lenguaje simbólico propio, salido de las mismas raíces culturales de nuestra patria.

Es mi interés reconocer este esfuerzo en su verdadera magnitud, teniendo en cuenta que nuestra historia no está plagada de vastos ejemplos de sistemas semióticos como hoy lo expone esta arquitectura andina.

Javier Zavaleta López es arquitecto, exdiputado y exministro.

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