Voces

Tuesday 23 Apr 2024 | Actualizado a 01:10 AM

‘Tatake’, nuestro gigante

/ 22 de junio de 2019 / 21:25

Las ciudades modelan su imaginario todos los días, especialmente cuando reciben algo inusual que rompe la rutina y se lo apodera para sí misma. Esto ocurrió cuando Wálter Quisbert Limachi irrumpió en el escenario urbano rebautizado posteriormente como Tatake, en alusión a un personaje malévolo asiático, enemigo del héroe híbrido Kalimán y su acompañante Solín, exitosa radionovela popular que se la puede encontrar aún en compactos en las ferias de El Alto. Su desmesurado tórax y su altura de 2,35 lo transfiguraron en un personaje singular, que se disputaban políticos, fraternidades y entrenadores deportivos.

Durante su corta estadía en Chile, en la década de los 70, emprendió su carrera como boxeador y fue reclutado para representar a Bolivia en los Juegos Bolivarianos de 1977, con la innegable ventaja de su estatura y la fuerza descomunal de sus 123 kilos. Dada la peculiar inutilidad de los deportistas bolivianos para ganar medallas de oro, el triunfo de Tatake sobre sus adversarios, quienes lo miraban boquiabiertos, desató una euforia inédita en los aficionados al box pero, sobre todo, fue aprovechado por los políticos de entonces para justificar sus actos represivos (era un año conflictivo por las movilizaciones sociales en los estertores de la dictadura militar).

Obligado por la Ley del Servicio Civil Obligatorio, Quisbert nos representó en aquel certamen deportivo y su actuación fue la más exitosa por el aura, casi circense, que sus patrocinadores armaban. Esa medalla lo marcó para el resto de su vida. Nunca más dejaría los cuadriláteros, ya sea como luchador, boxeador o promotor. Sus presentaciones posteriores llenaban el Coliseo Cerrado de la calle México. Fue un renacer del box boliviano. Con Isidro Guarachi, otro destacado púgil boliviano, le dieron impulso, aunque efímero, a esta disciplina deportiva en el país.

En su ciudad natal, La Paz, nunca fue derrotado. Y eso me trae a la memoria a un tío que era un seguidor incondicional suyo, quien nos venía a buscar para llevarnos al Coliseo, hacer fila durante horas, y obtener los mejores sitios para animar a nuestro ídolo con gritos machistas como “¡Dale como a tu chola!”, y otros estribillos que se confundían con la algazara popular que no mide su entusiasmo con protocolos de finura y que ahora serían políticamente incorrectos y censurados por su ordinariez.

En una ocasión sus promotores trajeron a un luchador venezolano muy apuesto, una especie de Tarzán latino al que no habían advertido que se iba a enfrentar con un hombrón de 2,25 metros de altura y 123 kilos de peso o un poco más, ya que el éxito había incidido positivamente en su peso. Cuando el luchador venezolano subió al ring, un grupo femenino numeroso vitoreaba al Tarzán llanero, que de un salto subió a las cuerdas del cuadrilátero para lanzar besos a las damas que suspiraban y le arrojaban flores, entusiasmadas por la reciprocidad del púgil. El ingreso del Tatake fue apoteósico, con su capa azul y plata y en cada pierna un enano enmascarado que se balanceaba al paso del gigante. La reacción del público fue de un fervor que nos remontaba a los circos romanos.

Los encuentros entre pesos pesados no profesionales solamente duran tres rounds de tres minutos, por uno de descanso. Por lo tanto, entre 12 a 15 minutos debe suceder todo. Luego de algunos airados reclamos, el púgil venezolano tomó valor, animado por su entrenador y seguro de que tenía una técnica superior a su rival.

Se escabullía de los largos brazos de Tatake, quien no lograba ni rozar su humanidad. Entonces envalentonado por su agilidad, le propinó un golpe directo al rostro, haciendo volar su protector bucal y ocasionándole una hemorragia nasal. Fatal momento, Tatake retiró la sangre con su antebrazo sin ningún estilo y lanzó un huaracazo huracanado de derecha que el púgil venezolano eludió con un juego de cintura, pero cometió otro error fatal: se irguió otra vez para atacar, sin pensar jamás que el huaracazo podía volver en reversa. Un ruido de algo quebrado sonó en el Coliseo. Final del combate. Según nuestro tío, Quisbert revolucionó el box con este golpe letal.

Quisbert Limachi nació en la zona del Gran Poder, y el sábado anterior, en la entrada de nuestro Señor del Gran Poder, recordamos su presencia cuando danzaba con paso cansino, saludando a la gente que lo aplaudía y vitoreaba. Fue nuestro héroe.

* Artista y antropólogo.

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Los señores de los páramos

/ 21 de abril de 2024 / 00:20

La relación del hombre de las tierras altas con los camélidos que la habitan, es de un fuerte vínculo familiar. A diferencia de la cultura occidental donde son considerados solamente como insumos productivos, para las mujeres y hombres del altiplano de Abyayala, son seres cercanos a quienes les ponen nombre y los consideraran parte de su familia y en algunos casos, son criados para ritos consagratorios y considerados sagrados, como el llamo blanco llamado napa y el apuruku, destinados a este fin. Los fetos también componen las mesas rituales anuales, asimismo su grasa, llamada llampu. Pueden estar sin beber agua un largo tiempo, por su lana los clasifican de varias formas: chak’u, lana densa que crece en sus orejas y frente; su color varía desde blanco, gris hasta marrón y negro; se alimentan, como los de su género, de pasto duro y seco, y pueden recorrer entre 16 y 20 kilómetros diarios.

La llama (Lama glama) es la de mayor altura y resistencia, es un ejemplar que no se desperdicia, todo es útil, desde sus deposiciones hasta sus pezuñas con almohadillas que le permiten recorrer grandes extensiones, vinculando poblados repartidos en la inmensidad altiplánica, transportando sal y productos agrícolas.

La familia a la que pertenece, artiodáctilos, suborden tilópodos, tiene tres géneros y otros que se extinguieron en el transcurso del tiempo, a causa de los fenómenos naturales y la depredación humana. Otro ejemplar es el guanacu (Lama guanacoie), la alpaca (Vicugna pacos) y la vicuña (Vicugna vicugna), agreste y salvaje, buscada y asediada por su exquisito pelaje. Desde niños aprendimos el soneto de Gregorio Reynolds: Inalterable por la tierra avara/ del horizonte ostenta la mesura/ la sobria compañera del aymara/ Parece, cuando lánguida se para y mira la aridez de la llanura/ Que en sus grandes pupilas la amargura/ del erial horizonte se estancara (…)

Todas las designaciones terminan en femenino, es por eso que en estas tierras siempre se compara la altanería y el donaire de las jóvenes indígenas con su soberbia apostura.

Estos cuatro magníficos ejemplares de la fauna altiplánica han contribuido a la formación de las civilizaciones de Tiwanaku y el incario durante milenios, su presencia se encuentra en pinturas rupestres, cerámicas y textiles que atestiguan su importancia y veneración. Así, se descubrieron representaciones de oro en el fondo del lago Titicaca que fueron arrojadas como ofrenda. El grado de sofisticación al que llegaron para su diseño es fruto de su relación con la religiosidad indígena al conformar seres híbridos con su correspondiente simbología. Existen representaciones de cóndores y llamas, asimismo jaguares, peces y víboras entrelazadas, significando la unión del cielo y la tierra, conformando un imaginario de extraordinaria belleza.

Un espectáculo fascinante es ver, en el salar de Uyuni, los grupos de llamas que se confunden con la sal y solo resaltan sus cargamentos multicolores. Tienen un líder que luce una campana que lleva el ritmo y conoce el camino; avanza junto al llamero que entona una melodía en aerófono que hace la excursión más llevadera. Muchos dueños les fabrican pequeños calzados para que la sal no maltrate sus almohadillas. El origen de la llamerada tiene relación con esta conjunción humana a los que sirven, y éstos le rinden su homenaje y veneración por sus servicios, antropomorfizándolas en esta danza ritual.

En algunas comunidades de Bolivia, seleccionan ejemplares que se distinguen por la finura de su lana, los crían para que cuando estén listos para ser trasquilados, teñidos y luego tejidos con su historia por la abuela o la madre para abrigar al futuro infante que nacerá. Durante este proceso, el padre o los padrinos componen música que escuchan estos camélidos para que su lana sea suave y delicada, y acoja al nuevo ser.

Durante las crisis económicas que nuestro Estado sufre cíclicamente, su carne —antes despreciada— fue consumida en embutidos caseros y en las llamadas llameradas de la Pérez Velasco, que los consumidores devoraban pensando que era res.

En la etapa colonial, los españoles no consumían su carne, en cambio, para los mitayos era su principal fuente de proteína con la quinua y podían guardar el tasajo o charqui que es parte de la gastronomía de Bolivia.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo. 

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Censo de 1900 y emigración

/ 7 de abril de 2024 / 04:28

Mi compadre Teo tuvo que viajar a su pueblo, donde tiene su dotación de tierra que la cultivaba antes de ser desplazado a la urbe; viajó un día antes que se verifique el Censo de 2024. En ese territorio nacieron sus abuelos y sus padres. El motivo era simple, si no lo hacía podía incubar un problema jurídico con su comunidad y el Estado para conservarlos.

El Decreto Supremo 05678 de 1963, promulgado durante el menguante gobierno del MNR presidido por Paz Estenssoro, decretaba en Consejo de Ministros lo siguiente:

“Artículo Único. Los ex comunarios o descendientes en línea directa de éstos, que hubieran obtenido tierras por vías de restitución o afectación y que las abandonaron por más de tres años de conformidad al DS Nº 4235 elevado a rango de ley en 29 de octubre de 1956, para dedicarse a actividades distintas a la agricultura dejando su condición de campesinos al no trabajarlas personalmente, perderán su derecho de propiedad, revirtiéndose a dominio del Estado para su dotación mediante el procedimiento ordinario de Reforma Agraria, a los campesinos que las trabajan en condición de colonos, arrenderos, arrimantes o bajo cualquier otra forma y siempre que no tuvieran otras dotaciones, o a los insuficientemente dotados, a ex-colonos del fundo y finalmente para beneficio de la misma comunidad mediante cultivo común.

El señor Ministro de Estado en el Despacho de Asuntos Campesinos, queda encargado de la ejecución y cumplimiento del presente decreto. Es dado en el Palacio de Gobierno de la ciudad de La Paz, a los treinta y un días del mes de diciembre de mil novecientos sesenta años” (sic).

Los ministros que acompañaban a Paz Estenssoro eran: Jordán Pando, Arze Quiroga, Fortún Sanjinés, coronel Rivas Ugalde, Mario Sanjinés, Franco Guachalla, Gumucio Reyes, Cuadros Sánchez, José Fellman, Ñuflo Chávez, Peres Alcalá, G. Jáuregui y José Antonio Arce. Todos conspicuos movimientistas que fueron cercanos colaboradores de Paz Estenssoro durante sus gestiones constitucionales. Llama la atención la presencia de José Antonio Arce que, seguramente, fue unos de los pilares para dicho decreto, sin prever las contingencias futuras que propiciaron el engorde de tierras y la especulación, sobre todo en el oriente boliviano, a donde nunca llegó la Reforma Agraria. Se vislumbra nítidamente que los grandes conflictos sociales se generarán en estos territorios, de hecho, con el Censo actual ya reverdecen intereses territoriales de corporaciones y clanes familiares que detentan miles de hectáreas que nunca fueron saneadas, muchas en manos de extranjeros que ocupan cargos políticos ejecutivos.

Las calificaciones de “malagradecidos, que no vuelvan estos indios que convierten la ciudad en un basurero, que se queden en sus puebluchos”, eran recurrentes, no solo de algunos habitantes de las ciudades, sino de ejecutivos del Estado que develaron su profundo racismo que les brotaba inconscientemente, siendo grotesco en algunas autoridades.

Mi compadre Teo fue a hacerse censar a su pueblo y mi comadre se quedó en El Alto. Ese fenómeno que produjo el decreto y la emigración masiva no es nuevo, porque la Reforma Agraria nunca dotó de la infraestructura comercial y logística para que se desarrolle el agro, sobre todo en el occidente de Bolivia, de ahí que el desarrollo es asimétrico y la migración interna y externa sigue siendo una posibilidad de buscar mejores condiciones de vida. Recientemente un grupo de bolivianos fue timado con visas falsas a España con la ilusión de que un año o dos saldrán de la pobreza. Muchos regresan a su país derrotados y desilusionados a engrosar a los gremiales y comerciantes.

En el Censo de 1900, reedición facsimilar (2012) realizado por el Archivo y Bibliotecas Nacionales de la Fundación Cultural del Banco Central, elaborado durante el gobierno del presidente Pando, que acababa de derrotar al Zárate Willca, la oligarquía minero feudal asumió la tarea de encarar un censo general de población pese a las dificultades logísticas. Existen datos que revelan que la mayoría de los bolivianos vivían en al área rural y eran originarios de las regiones, con sus propios sistemas de organización política y económica.

Existen muchos datos en el texto que actualmente nos parecerían curiosos y nos develan un país en vías de consolidación y ya, desde entonces, fracturado.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo. 

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Elogio del lápiz

/ 24 de marzo de 2024 / 01:38

Los seres humanos nos distinguimos de la fauna zoológica por nuestra capacidad —para unos innata y para otros adquirida— en nuestra necesidad de expresarnos hacia afuera desde adentro. Así, en la edad de las cavernas los primigenios humanos usaban los carbones con grasa animal para ritualizar la caza dibujando en sus cavernas, también con un afán estético de decorarlas con elementos de la naturaleza y de paso, memorizar y aprender a reconocer con quienes convivían. Fueron los primeros inicios de la ciencia y el arte.

La humanidad, antes de concebir el lenguaje, ya hacía incisiones en los muros, los primeros petroglifos, una forma rudimentaria de la escritura ideográfica para alertar o informar geográficamente si el lugar era seguro y podían instalarse para su alimentación con los frutos del sitio y la caza.

Durante miles de años, los inquietos inventores buscaron una manera de plasmar ideas, proyectos, dibujos y sus sueños con la creación de un instrumento que fuera fácil de llevar y de ser corregido para enmendar y pulir una idea.

Alberto Durero (1471-1528), afanado por obtener resultados para sus proyectos, concibió una varilla de aleación de plomo y estaño, pero requería de un soporte especial y su aplicación necesitaba tiempo y extrema habilidad, por lo que fue desechada por su costo y sus exigencias técnicas. Así pues, siguió buscándose un medio de dibujo y escritura más inmediato y versátil, y que pudiera corregirse.

El material idóneo, el grafito, se descubrió en Bavaria en 1400, pero no sabían de su potencial, como siempre ocurre cuando se descubre algo. Recién en 1504 se encontró un yacimiento de grafito puro en Burrowdale, Cumberland, Inglaterra. Pensaban que era plomo y como se utilizaba para marcar piedras, lo nombraron “lápiz de plomo”, originándose un error hasta que se comprobó que era un mineral distinto, y a partir de 1789 se le llamo grafito.

El primer lápiz grafito se inventó en 1662, los primeros sistemas de envoltura consistieron en rodearlo de una cuerda que se iba desenrollando a medida que se gastaba la punta del lápiz, además del portaminas latón, similares a los de hoy. En Inglaterra, Faber estableció su fábrica en 1761, empleando una mezcla de dos partes de grafito con una de azufre. En el siglo XVIII, Napoleón, irritado porque por que importar los ingredientes, pidió a Conté que desarrollara un sustitutivo. El resultado fue una mezcla de arcilla, grafito, agua y pasta endurecida en hornos y después introducida en surcos hechos de madera. Este fue el antecesor del lápiz moderno, al que se le añadió un cabezal de goma para enmendar errores, corregir y sellar el resultado final.

Sus hermanos, los lápices de colores, se fabrican con mezcla de caolín, ceras y variedad de tintes. Actualmente existe una enorme variedad de este maravilloso instrumento en calidades de dureza, además de sus múltiples usos en arte, contaduría, arquitectura pese al AutoCAD, ingeniería, etc. Hasta hoy la tecnología no ha podido anularlo y excluirlo. Se aprende a escribir y leer acompañado del lápiz, innumerables bocetos de los principales inventos fueron hechos con lápiz, las primeras constituciones y leyes, para luego pasarlas con tinta indeleble para su registro final, obras clásicas de la literatura fueron escritas y corregidas gracias al lápiz.

La enorme esterilidad de nuestros legisladores y políticos buscan los pretextos más triviales y banales para aprovechar cualquier acción gubernamental para desacreditarlo, que el Gobierno alimenta con su gestión lerda y vacilante. Es el caso del Censo en que, ahora a falta de argumentos sólidos, ya adelantan un supuesto fracaso por culpa del lápiz. Sin embargo, las disputas regionales solo ratifican lo que sabemos la mayoría de los habitantes: el Estado boliviano no está consolidado como tal y existe una desconfianza mutua entre los caciques de las regiones que se atrincheran para supuestamente defender “sus territorios”, como si no pertenecieran a un mismo Estado. Sacan a relucir su candorosa interpretación de un Censo de Población y Vivienda con un lenguaje belicoso contra sus vecinos, con el único propósito de apuntalar su efímero poder y mantener sus privilegios. El lápiz, maldecido por la crápula política, puede originar mayores disputas. He ahí su poder.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo. 

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Lectura de comprensión

/ 10 de marzo de 2024 / 00:41

Obligado por un embate inesperado a nuestra salud, abandonamos la columna periodística. Enterado mi compadre Teo, apareció en mi casa, intrigado por séptima vez que salía casi moribundo de una clínica. Él está informado que en mi seguro casi me eliminan dos veces, así es que mi desconfianza me llevó a recurrir a la medicina privada que es, como todos sabemos, cara. Sin embargo, me resolvieron el problema por el momento y me pauperizaron por un buen tiempo.

Como no podía ser de otra manera, para elevarme mi ajayu, comenzó por rebautizar a los parlamentarios que promovieron el box, la lucha libre, practicados por las cholitas wrestling en el Polifuncional alteño, aparte de las improvisadas chasqueaduras y patadas.

Ejemplo que fue replicado, incorporando la nueva técnica de las sillas voladoras en un congreso campesino en Oruro.

Todos sabemos que el lenguaje es la expresión del pensamiento por medio de palabras. El pensamiento se produce bajo dos formas, las ideas y los juicios; los legisladores demostraron que no tienen ninguno de estos requisitos para entenderse. Esa puede ser una prueba palpable de cómo la competencia de la lectura no solo afecta a las nuevas generaciones, sino que las pasadas las tienen arraigadas en su comportamiento, dando un atroz ejemplo a la práctica democrática que privilegia el diálogo. Así, Teo dice que la legisladora Gloria ahora es “Tyson” Callisaya, que el señorito Ormachea es “Mister Tabla siqi”, y otro luchador es el “Provocador” Roca que huye, entre otras la “Boquita Pintada” Náyar que nunca emite una idea y lucha con su boca, estilo k’atera o la “Llorona” Campero que ahora incuba un juicio contra su contendora. A tal deterioro obsceno han llegado que urdieron un debate intenso y casi metafísico por el pollo frito que habían recibido algunos boxeadores en desmedro de otros. Esos son “nuestros” representantes que hemos elegido.

En los primeros años de la escuela, los profesores se afanan para enseñarnos a leer a través de ilustraciones y signos para entender y fijar, con textos cortos y fáciles, las primeras frases. Es un proceso crucial porque nos prepara para comprender y reflexionar sobre el universo cultural que ha creado la humanidad. En los raros debates que vemos en la Asamblea, la mayoría está presa de sus celulares, no atienden y escuchan de refilón, esperando fin de mes para cobrar su jugoso sueldo por estar vigilando su celular de sentados.

Por eso no es de extrañar que el compromiso escrito que suscribieron el oficialismo con las oposiciones no fue leído y entendido correctamente y para facilitarles el trabajo, recibieron instrucciones para oponerse sin aquilatar los resultados: trifulcas y vergonzosas escenas capitaneadas por las vanguardias femeninas como grupo de choque.

¿Entenderían lo que estaban firmando? O es como ocurre con la ley de jubilación que todos los países tienen, grupos de dirigentes que, seguramente en el colegio y la universidad, eran pésimos estudiantes a la hora del Control de Lectura y entendieron otra cosa. Ahora las oposiciones usan el Censo de Población y Vivienda como instrumento para generar, esta vez, polarizaciones regionales. El ancestral desorden de la república que, en más de siglo y medio, no pudo resolver los límites jurisdiccionales de los departamentos y ciudades, y menos el Gobierno actual, eso devela la fragilidad de un Estado secuestrado por caudillos de republiquetas. Justamente ahora, manipulan y tergiversan el Censo para fines políticos, tal pareciera que el control de lectura no sirve de nada para los legisladores que interpretan a su antojo los textos con fines espurios, cuando éste es útil para evaluar los aspectos y de comportamiento en función del capítulo que se usa para su análisis. Sirve, a su vez, para probar el conocimiento de su campo de acción. Éste se considera un paso más allá de la comprensión que pueda a alcanzar el lector de un texto, suscitando dudas, crítica, adaptación, pero llegando a generar una habilidad de cara a los textos relativamente complejos para una posterior reflexión y análisis.

¿Estarán enterados estos individuos que su poder no es ilimitado y su menosprecio a la inteligencia popular les costará el olvido y el desprecio de sus electores? Están menoscabando la credibilidad de la democracia, irresponsablemente.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo. 

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El fracaso de los políticos

/ 17 de diciembre de 2023 / 03:03

Una persistente lluvia que se filtraba a mi taller me obligó a pedir ayuda a mi compadre multipropósito Teo. Personaje éste que evolucionó de zapatero quebrado —durante la pandemia— a librero y voraz lector, sin perder sus habilidades como albañil, plomero y otras competencias que ejercería si fueran requeridas. Es rutinaria la aparición de estas personas que emigraron del área rural a una ciudad hostil y racista que las obligó a desplegar su creatividad e inteligencia para sobrevivir y, en muchos casos, remontar la pobreza con un alto costo humano al desarraigarse de su cultura comunitaria y alejarse de su ethos que las vinculaba umbilicalmente con la tierra. Este importante grupo humano también, pese a todo, cree en la democracia.

La solución que encontró para mi percance fue sencilla y eficaz. Sin mayor trámite resolvió el problema con una bolsa de nailon y una piedra. Después de la breve intervención ingenieril nos instalamos para hacer digresiones, ejercicio que disfrutamos mucho. Decidimos, hace mucho tiempo, en no creer nada y en cambio, pensar. Así surgió el tema de la política boliviana, sus actores, su entorno y su visceral inutilidad a la hora de servir, supuestamente, a la razón de Estado a la que se deben.

En 1531, Maquiavelo escribió un texto sobre el origen de éste: “En un principio del mundo, siendo los pobladores contados, vivieron dispersos como animales. Después, al multiplicarse las generaciones, buscaron entre ellos al más robusto y esforzado, le hicieron jefe y le obedecieron. De ahí provino el conocimiento de lo bueno y lo honesto y su distinción de lo malo y lo depravado (…) y se manifestaron los primeros conceptos de la justicia. Después, en caso de elegir, no buscaron al más robusto sino al más prudente y justo”.

Se supone que, cuando hay elecciones democráticas, elegimos no solo a los más prudentes, sino también a los honestos, creativos e instruidos para resolver problemas estatales. La creación de la República está a punto de cumplir 200 años de fracasos, frustraciones y siempre, en estado de guerra interna porque fue un engendro que excluyó a las mayorías.

El Estado, solo visible en actos simbólicos cívicos donde las Fuerzas Armadas exhiben sus deslumbrantes uniformes ante una población inocente que supone que vivimos en un Estado fuerte y sólido; sin embargo, nuestras fronteras son permeables y los delincuentes y contrabandistas entran y salen pavoneándose. Poco podemos decir de la Policía Nacional, con una minúscula cantidad de integrantes que mantienen su honestidad en medio del flagelo de la corrupción que ha carcomido su credibilidad.

Los políticos que medran en el parlamento, la mayoría, son la parte del infame combo; listos para llevar sus ofrendas florales a cuanto aniversario acuden para visibilizarse, pero incapaces de ponerse de acuerdo. Corroídos por su codicia y rencores personales; su aparición en los medios se torna desagradable cuando farfullan incoherencias teñidas de odio y revanchismo. Oposiciones y oficialismo han logrado desprestigiar la democracia, demostrando una total falta de respeto a la sociedad que los eligió y que, lamentablemente, no puede destituirlos con un revocatorio. Los encargados de hacer cumplir la Constitución se encargan de violarla y luego claman en el desierto indilgando la culpa a sus adversarios y viceversa. Se rasgan sus vestiduras, pero no sus bolsillos. Como siempre, sus promesas las archivaron como un reflejo de lo que acontece en elecciones universitarias en las que un candidato ofreció una pasarela como un acto demagógico, lo mismo acontece en juntas vecinales, sindicatos, clubes, etc. Un batallón de demagogos y farsantes está corroyendo la democracia, aparentemente por codicia personal en connubio con intereses de logias y corporaciones que desean un cambio de rumbo drástico, relegando a las fuerzas populares que, por primera en la historia, lograron la inclusión social que parecía lejana e imposible.

La fábula del zorro y el león que Wilfredo Pareto (1848-1923) usaba para patentizar la conversión que genera el poder de los leones que surgen de la masa para sustituir a los zorros de la élite gobernante y terminan devorados por sus antecesores. Tenemos ya un vecino león que promete un próximo edén; sin embargo, ya tiene cola de zorro y prepara su cena con los que detestaba.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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