Voces

Sunday 16 Jun 2024 | Actualizado a 16:40 PM

Juez de Morochata

/ 29 de junio de 2019 / 00:00

Un juez ordinario asentado en Morochata, hoy en función de juez electoral, tendrá la responsabilidad de definir si el presidente Evo Morales y candidato presidencial del MAS cometió o no una falta electoral y, en su caso, cuál es la sanción que corresponde conforme a norma. Dadas sus implicaciones, la decisión no es menor. El juez debe pronunciarse en los próximos días.

La semana pasada, en un acto oficial de entrega de obras en el municipio de Morochata, Cochabamba, el Mandatario ofreció al alcalde “lo que pidan el próximo año” con la condición de garantizar el 100% (de votos) para su candidatura. Ante las críticas de la oposición, Evo pidió disculpas por la declaración, aludiendo que se debió a un desafío con “espíritu bromista”.

El TSE decidió actuar de oficio y, según lo establecido en el reglamento para las elecciones de 2019, derivó el caso a un juez electoral. Previamente un informe técnico estableció la “posible vulneración” de la ley sobre período de propaganda y prohibiciones. Ahora, el juez en Morochata debe resolver el hecho en primera instancia. Su decisión puede ser apelada ante el TED.

Hay quienes sostienen que la posible falta electoral del candidato Morales debió ser tratada en única instancia en la Sala Plena del TSE. Otros creen que se trata de una distracción o un mecanismo para no asumir responsabilidades y, por tanto, evitar presiones. Lo cierto es que ahora todos los reflectores político-mediáticos están sobre el juez ordinario y su delicada actuación.

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Las armas del pueblo palestino

Franz J. Zubieta Mariscal

/ 16 de junio de 2024 / 00:09

El pueblo palestino ha elegido las armas del derecho internacional y la diplomacia. Armas que, aunque imperfectas y limitadas, han permitido que el pueblo palestino haya conquistado un campo de batalla en el que el gobierno de Netanyahu ha perdido la opinión y el respeto de la comunidad internacional. De hecho, sus recientes ataques y bombardeos en campos de desplazados densamente poblados en Rafah son prueba inequívoca de un plan de extermino injustificable que, por supuesto, está siendo rechazado categóricamente por los tribunales y foros internacionales más importantes de la humanidad.

El más reciente rechazo internacional provino de la Corte Internacional de Justicia, que el 24 de mayo emitió una nueva orden de protección solicitando al gobierno de Netanyahu a “detener inmediatamente su ofensiva militar y cualquier otra acción en la gobernación de Rafah que pueda infligir al grupo palestino en Gaza condiciones de vida que podrían provocar su destrucción física total o parcial». Corte que, asimismo, confirmó que la situación humanitaria en Gaza es “desastrosa”, y que los supuestos esfuerzos de ayuda del ejército israelí son pantomimas. De hecho, las privaciones materiales a las que está siendo sometido el pueblo palestino, confirman el uso de la hambruna como método de guerra. ¿La respuesta del gobierno de Netanyahu a esta Corte? Instantes después de la lectura de esta orden, aviones de combate lanzaron ataques contra el campamento de refugiados en Shaboura y hace días 45 personas, entre ellos niños y mujeres, fueron masacradas y quemadas vivas sin compasión por “un trágico error”, según Netanyahu.

El segundo rechazo a la justificación kafkiana del genocidio palestino, provino de la Corte Penal Internacional, que el 20 de mayo a través de su fiscal, Karim A.A. Khan, anunció que se posee evidencia razonable para creer que Netanyahu y su ministro de Defensa tienen responsabilidad penal por varios crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad desde octubre de 2023. Entre ellos, usar el hambre como método de guerra, causar grandes sufrimientos y daños graves a la integridad física y la salud de los palestinos, homicidio y exterminio masivo intencional, ataques y persecución deliberados contra la población civil. Razón por la que solicitó a la Sala de Cuestiones Preliminares de la Corte emitir ordenes de aprehensión contra estas autoridades. Tal como informó la relatora de Naciones Unidas, Francesca Albanese, en su reporte La Anatomía del Genocidio, el gobierno de Netanyahu ha subvertido los principios del Derecho Internacional Humanitario para crear un “camuflaje humanitario” para justificar sus ataques indiscriminados. Categorías como “escudo humano terrorista grupal” o “infraestructura civil como objetivo militar necesario” fueron forjadas en la jerga militar y política israelí para justificar y ejecutar sus bombardeos indiscriminados a población e infraestructura civil. Asimismo, la Corte Penal Internacional solicitó órdenes de arresto para tres líderes de Hamás que son igualmente responsables por el brutal ataque a la población civil israelí el pasado 7 de octubre, toda vez que el uso del terror como política es inaceptable venga de donde venga.

En el frente diplomático, hace poco Palestina logró que la Asamblea General de las Naciones Unidas vote mayoritariamente para solicitar que el Consejo de Seguridad la acepte como Estado pleno, lo que confiere derechos adicionales a Palestina ante la ONU, permitiéndole participar en los debates, proponer temas para la agenda y designar sus representantes ante varios comités. ¿La respuesta del gobierno de Netanhayu a la ONU? El embajador israelí Erdan destruyó la Carta de la ONU en una pica papeles frente a los ojos del mundo. Hecho que seguro motivó a España, Irlanda y Noruega a acelerar su reciente reconocimiento en bloque a Palestina, y por otra parte a Colombia, Nicaragua, Libia y México a presentar una solicitud de intervención en el caso judicial en La Haya. La diplomacia de Netanyahu hoy se comporta como matón de barrio que mientras masacra a unos, intimida a otros. No obstante, la ejecución de esta agenda política de muerte produce lo contrario, la unidad en torno a la justicia de la causa palestina.

Franz J. Zubieta Mariscal es docente de la UMSA y de la Academia Diplomática Plurinacional. 

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Hay niños hasta en la sopa

/ 16 de junio de 2024 / 00:07

Los violadores pueden estar hasta debajo de una piedra. Un portero del colegio, un profesor de la escuela, un chofer de taxi, un amigo de la familia que se quedó en una borrachera, un hermano, un padrastro, un padre biológico, un abuelo, un primo, un inquilino, un tío, un amigo del marido, un docente universitario, un compañero del colegio, un vecino, un actor famoso, un presidente de Estado, un diputado, un médico, un albañil, un censista el día del censo, un esposo, un policía, una pareja, una expareja, un desconocido al final de un callejón, un amigo, un delincuente, un jefe… En esta interminable lista de posibilidades, el peor de todos es el sacerdote.

¿Cuántas veces quedamos boquiabiertos con las noticias que confirmaban una violación de parte de un cura o un pastor evangélico a una niña, una adolescente, una mujer casada, un niño o un joven? ¿Y cuántas veces una noticia enterró a otra dejando estas violaciones en el silencio mediático, cuando no en el silencio judicial? ¿Y por qué esta A amante vuelve a escribir sobre los casos de abuso sexual de parte de religiosos? Gracias por la pregunta.

El dolor, la indignación y la más humana bronca empujan a volver al asunto porque los abusadores sexuales que tapan sus delitos con el manto de la religión, de la fe, del amor con mayúscula, son los peores entre los peores delincuentes. Son execrables porque son los delincuentes doblemente abusadores por su hipocresía. Ellos sí que se irán al mismísimo infierno si no están durmiendo con el demonio al que nos enseñaron a temer.

Ahí está la foto: el sacerdote pederasta Alfonso Pedrajas, con una guitarra entre las manos, cantando al lado de Luis Tó Gonzáles, otro pederasta, rodeados por jóvenes bolivianos con las cabezas inclinadas mirando las páginas de sus libros. ¿Son sólo acusaciones malintencionadas de enemigos de la Iglesia Católica? No es así, creyentes y no creyentes. El jesuita Alfonso Pedrajas dejó un diario cuya existencia es hoy pública gracias a un sobrino que entregó el texto al periódico español El País. En el diario admite haber abusado de 85 menores bajo la protección de sus superiores. Los textos son escalofriantes. En el mismo diario cita a quien está a su lado en esa foto: Luis Tó. ¿Que se acusa injustamente a Tó? Ya son públicas las cartas que certifican el traslado (estrategia tan recurrente) de Tó de Barcelona a La Paz en 1992, justo un mes después de su condena en la Audiencia de Barcelona por abusos sexuales a menores. Tiempo después, el pecador es enviado a la parroquia Virgen Milagrosa en El Alto. Ya en 1994, un responsable del colegio Casp advierte al provincial de los jesuitas en Bolivia, Marcos Recolons, que tenían indicios de que Tó podría estar abusando de menores. Lo que no es indicio es que los jesuitas mintieron en 2018 cuando afirmaron que Tó no estuvo en contacto con niños. En 2001 un novicio de los jesuitas denuncia a sus superiores que Tó abusaba de menores indígenas. La reacción fue expulsar al denunciante Pedro Lima. Y mandan a Tó a Perú. Después de un año allí, Luis Tó le pide a Recolons volver a Bolivia. La respuesta es afirmativa: un puesto en la dirección de Fe y Alegría, la entidad que gestiona colegios en nuestro país. Recolons remata la gran solución con esta medida de seguridad: “Lo que no me queda claro es si conviene que vivas en Següencoma o en San Calixto, porque en Següencoma hay niños hasta en la sopa (bueno, un poco menos)”.

La bronca y el dolor que dictan estas líneas no es por el caso Pedrajas. No es por el caso Tó. El caso es que son más. Son decenas y decenas. Son centenas. Son miles y miles de casos de violaciones, de abusos sexuales practicados por sacerdotes y miembros de la Iglesia Católica en Bolivia, en España, en Francia, en Estados Unidos… No son únicamente los religiosos católicos, de acuerdo. La bronca de este rincón de papel es primero contra los curas católicos por una fundamental razón: mi abuela me enseñó a rezar en católico, a tener fe en católico, a amar en católico y hoy solo queda agradecer que la abuela se haya ido sin saber de este inhumano escándalo que desnuda la peor miseria que puede habitar en un hombre, católico o no.

Entrevistamos hace pocos días al denunciante Pedro Lima. Recordó ante nuestras cámaras la respuesta cuando confrontó al violador: “Estás exagerando. Deberías olvidarte del tema, eran niñas aymaras indígenas, son pequeñas, ya se han debido olvidar”. Ni olvido ni perdón. Ni olvido ni perdón. Ni olvido ni perdón.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista. 

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El juez Alito tiene razón en una cosa

Jamelle Bouie

/ 16 de junio de 2024 / 00:04

El juez Samuel Alito tiene razón. No se trata de la Constitución o del uso de la historia o de si Donald Trump tiene inmunidad total por los crímenes cometidos durante su mandato. No, el juez Alito tiene razón sobre el hecho de que existe un conflicto irresoluble en la vida política estadounidense.

Como le dijo a Lauren Windsor, una documentalista liberal que grabó subrepticiamente su conversación en una cena celebrada por la Sociedad Histórica de la Corte Suprema: “Un lado o el otro va a ganar”. Continuó: “Puede haber una manera de trabajar, una manera de vivir juntos pacíficamente, pero es difícil, ya sabes, porque hay diferencias en cosas fundamentales que realmente no se pueden comprometer. Realmente no pueden verse comprometidos. Así que no es que vayas a dividir la diferencia”.

Está claro, tanto por su retórica como por su jurisprudencia, que Alito se refiere a la guerra cultural. Su visión de una intolerancia religiosa casi tiránica no parece corresponder a la realidad de un país donde tres cuartas partes de los estadounidenses afirman tener una afiliación religiosa u otra, donde una gran mayoría de ellos se identifican como cristianos y donde la profesión de creencia religiosa es, en la mayoría de los lugares, un requisito de facto para un cargo público.

Aun así, hay un conflicto fundamental en este país. Pero no es el que Alito imagina. Más bien, es un conflicto entre quienes esperan preservar y expandir la democracia estadounidense y quienes pretenden asfixiarla.

Está Trump, por supuesto, que está llevando a cabo su tercera campaña para la Casa Blanca como un autoritario descarado. Ha prometido venganza y retribución por cada esfuerzo, por vacilante que haya sido, para responsabilizarlo por su comportamiento criminal, incluido su esfuerzo por anular los resultados de las últimas elecciones presidenciales. Y cuenta con el respaldo de un grupo de burócratas dispuestos y deseosos de imponer su visión autocrática en todo el país.

El esfuerzo por poner al gobierno nacional en contra de la democracia estadounidense se refleja, a nivel estatal, en el esfuerzo por estrechar las vías de la disidencia política y la competencia electoral. En los estados donde los republicanos se han manipulado hasta alcanzar mayorías legislativas casi impenetrables, también han tomado medidas para tratar de cerrar los caminos que el público en general podría utilizar para que sus opiniones sean respetadas en el gobierno.

Los republicanos conservadores, que han adoptado la estrategia de “detener el robo” y ya están poniendo en duda cualquier resultado salvo una victoria de Trump en noviembre, no aceptan la legitimidad de sus oponentes demócratas. Creen que ellos, y solo ellos, tienen derecho a gobernar. Y están trabajando, de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, para limitar al máximo el derecho del pueblo a elegir a sus líderes.

El juez Alito participa en este esfuerzo desde su posición en la Corte Suprema. Y nuevamente, tiene razón. Hay conflictos irreconciliables y «diferencias sobre cosas fundamentales que realmente no pueden transigirse». Y lo más fundamental sobre lo que no se puede llegar a un compromiso es la cuestión de la democracia estadounidense. ¿Se mantendrá la República o caeremos en un futuro de gobierno minoritario?

Jamelle Bouie es columnista de The New York Times.

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Socialistas vs. libertarios

Miguel Marañón Urquidi

/ 15 de junio de 2024 / 01:15

Cuando se analizan las acciones económicas de los países, se tienen datos fríos (financieros) que tienen que ver generalmente con el desempeño monetario y/o con los registros contables financieros; por ejemplo, tenemos el déficit fiscal, el incremento o decremento del PIB. Paralelamente a estos datos, se tienen las estadísticas sociales, ahí tenemos la disminución de la pobreza, la equidad económica y otros que afectan al ser humano como parte de una sociedad.

Tenemos que las dos principales economías de Sudamérica (Argentina y Brasil) tienen como presidentes a representantes de ideologías antagónicas (libertarios y socialistas del siglo XXI), estas corrientes económicas radicalmente opuestas tienen sus datos financieros y también sociales, ambos son una representación, simbolismo y representatividad de economías emergentes de América latina.

Tenemos que el primer trimestre, la economía de Brasil creció 0,8%, superando con esto a Italia para convertirse en la octava economía del mundo; pero este crecimiento no solo se dio en los “datos fríos”, sino que se dio por aplicar políticas sociales: su economía creció por el incremento del consumo de las familias, y también destaca el crecimiento del sector agrícola, entre otros.

En el caso de Argentina, el crecimiento en el mismo periodo fue de 0,7%, sin embargo, el consumo de los hogares argentinos disminuyo en 4,1%, esto debido a la liberación de precios y la disminución de los subsidios, empero, sus defensores dirán que se logró un superávit fiscal después de varios años, aunque resulta que el mejor logro económico de Milei fue porque no pago los servicios, transfirió el pago para el siguiente trimestre. Vaya logro.

En cuanto a los niveles de pobreza, Brasil disminuyó de 31,6% a 27,5% y la indigencia llego a 4,4%. Mientras que la Argentina de Milei subió la pobreza de 44,7% a 55% y la indigencia se elevó de 9,6% a 11%. Como se puede ver, los datos sociales tienen una mejor perspectiva en Brasil que en Argentina.

El liberalismo promueve la “libertad económica” y cuando el empresario tiene esa libertad, su primera opción es vender al extranjero, porque los precios son mejores en los países desarrollados que en el mercado interno. Vale decir que los privados no tienen como prioridad abastecer el mercado interno, su prioridad es obtener la mayor ganancia posible y eso es vendiendo su producto en el exterior, y paralelamente pregonan que el Estado no puede subvencionar a ningún sector (esto implica el no dar bonos sociales a sectores sociales) y por tanto la generación de riqueza llega a muy pocos.

En el caso de los gobiernos progresistas o socialistas del siglo XXI, se fomenta el mercado interno, incrementando los ingresos de sus habitantes (oferta) mediante la redistribución de los ingresos de subsidios a sectores pobres de la sociedad, pero también fomenta la demanda protegiendo el mercado local, con subvenciones a los hidrocarburos y otros, logrando una inflación baja para que los ingresos de las familias mantengan el poder adquisitivo y de esta manera consuman la producción de los empresarios; cabe mencionar que con estos gobiernos no se prohíbe exportar, los privados que quieren exportar simplemente tienen que subir su producción.

Miguel Marañón es economista

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Vamos todos juntos de nuevo

/ 15 de junio de 2024 / 01:13

“Del capitán de los argentinos: Acá están los pueblos, las ciudades y nuestro suelo. Acá están mis compañeros, los utileros, los ayudantes y todos los que se pusieron esta camiseta. Acá están los clubes de barrio, las canchas de barro. Y las escuelas. Acá están las alegrías. Las tristezas. Los abrazos y los llantos. Acá está mi familia y la familia de cada uno de ustedes. Acá están los que ya no están. Acá estás vos. Acá, en el corazón, está Argentina. Vamos todos juntos de nuevo. (Que lindo es ser hincha de Argentina).”

A veces los maestros de la creatividad y la redacción publicitaria son capaces de construir piezas como esta que compendia toda una historia, la de millones de vidas entrelazadas que asumen conciencia de ese entrelazamiento cuando juega la selección argentina: cinco millones de personas celebrando en plazas y avenidas la obtención de la tercera estrella en diciembre de 2022, lo que 100 líderes políticos juntos no podrían lograr ni aunque renacieran una y otra vez.

El mensaje que inicia esta columna es tan perfecto y emocionante que me hizo retroceder hasta 1978, cuando la celeste y blanca ganó por primera vez una Copa del Mundo y empecé a comprender que el don de la palabra y su relación con la pelota permitían que el ser humano expresara su totalidad de la cabeza a los pies. Personas que juegan al fútbol, no futbolistas a secas, como diría el prócer del castellano futbolero, César Luis Menotti, nos enseñó que en el buen decir podrían estar guardados muchos secretos de cómo llegarle mejor a aquel hombre que salta al verde césped con la ilusión de hacer un gran partido y de entregarle a la gente de las gradas y a aquella que aguarda frente al televisor, un espectáculo capaz de llenarle los ojos y hacer que por sus venas corra la sangre de la felicidad.

Messi les habla a los argentinos para convocarlos a la reinauguración del sueño y la ilusión de un nuevo triunfo ahora que se viene una nueva Copa América. Lo hace leyendo un texto con las pausas que le aconsejan quienes dirigen el audiovisual para decir, para hablar, para traducir precisamente en palabra todo lo que su incomparable talento desata en la gente con los movimientos, los pies, las asistencias para que alguno de sus compañeros convierta, las triangulaciones infinitas, los amagues, las gambetas, con los disparos al arco con pelota en movimiento o esos envíos de pelota parada que entran por las escuadras para sacudir las mallas, allá donde los mejores porteros no llegan ni en su mejor vuelo. Messi también puede emocionar con la palabra, como ya lo demostrara en la arenga a sus compañeros en el vestuario antes de salir a la cancha del Maracaná para ganarle a Brasil en Rio de Janeiro esa Copa América que la albiceleste pudo obtener después de 28 años, sumando 15 trofeos continentales para su palmarés.

Las palabras que pronuncia Messi certifican eso que el entrenador italiano Arrigo Sacchi dijera con lucidez sobre este juego que desata pasión, militancia y fanatismo: El fútbol es lo más importante de lo menos importante. Y eso menos importante comprende una soberanía popular acerca de una forma de jugar, un territorio del que ha nacido esa soberanía de estilo, una conciencia y una memoria histórica que nos recuerda siempre que el fútbol es un proyecto colectivo con quienes están en las canchas y quienes están afuera generando todas las condiciones para que en los gramados las cosas sucedan de la mejor manera.

El fútbol es una forma de ser desde cuando se comienza en el patio de la casa, en el callejón del barrio, en la cancha de tierra del pueblito más recóndito y para que todo esto pueda materializarse están los nuestros y las nuestras, los que nos dieron vida y a quienes trajimos al mundo. El fútbol, en buenas cuentas, forma parte de nuestras construcciones históricas y eso en Argentina lo tienen más claro que en otros territorios, lo mismo que con la música, el cine y el teatro y cada vez menos con la política, allá donde el chanterío es el lado B de la identidad, allá donde un presidente les dice, nos dice, “zurdos de mierda”, a aquellos que admiramos a esos comunistas de pensamiento y entraña que creen que el mundo como el fútbol es una obra colectiva.

Messi está jugando en el Inter de Miami con una camiseta rosada que ya se ha vendido por millones. Se está retirando del fútbol en cámara lenta junto con sus más queridos compañeros. Ahí están Luis Suárez, Jordi Alba y Sergio Busquets abrazándose con él, como en el potrero jugando un picado a cualquier hora. Lo ha planeado todo en una combinación de últimos negocios como futbolista y de geografía bien pensada: juega en Estados Unidos donde ahora tiene lugar la Copa América y en 2026 la Copa del Mundo. No sabe si estará en condiciones de jugar un sexto mundial. Lo que siempre tiene presente es ese “vamos todos juntos de nuevo”. Es el más grande futbolista de todos los tiempos, por perseverancia y por conciencia de lo que son triunfo y derrota. Aunque Menotti diga que fue Pelé.

Julio Peñaloza Bretel es periodista

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