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sábado 18 sep 2021 | Actualizado a 07:26

Entrenamiento

Su venganza se ensañó donde más le duele al hincha, en la humillación de perder sin haber dado batalla.

/ 6 de julio de 2019 / 00:19

Nuestras estrellas se niegan a brillar. Durante su participación en la Copa América, en el Brasil, una vez más demostraron en cancha su molestia por el esfuerzo al que fueron sometidos para poder formar parte de una selección nacional, representar a un país y tener que jugar en un certamen internacional. Lo que mal empieza debe terminar igual, eso es ley. Los seleccionados empezaron descontentos por el pago de casi $us 7.000 por partido para cada jugador y exigieron cobrar el doble. En vez de $us 20.000 por los tres partidos de la primera ronda, demandaron $us 40.000. No se les concedió este pedido y en cancha dejaron muy claro su descontento, su molestia. Simplemente no jugaron.

Su venganza se ensañó donde más le duele al hincha y al boliviano, en la humillación de perder sin haber dado batalla. Y eso avergüenza y humilla. Los que saben de fútbol dicen que, con lo que se tiene, no se puede pretender el campeonato, pero sí es posible una representación decorosa, que demuestre esfuerzo, que contribuya al espectáculo y a la fiesta del fútbol.

El seleccionado mayor, el director técnico de la selección (Eduardo Villegas), dio el santo y seña del fracaso apenas llegó al Brasil. En una entrevista con una cadena internacional de noticias dejó muy en claro que los bolivianos no iban a competir, sino a participar “de un entrenamiento de muy alto nivel”. Y de ahí se pueden inferir los gajos que se desprenden de este argumento: que iban a “ganar experiencia”, “roce internacional”, iban a “perder el miedo escénico” y un rosario de etcéteras. Quedó claro, entonces, que los bolivianos fueron a cualquier cosa menos a competir, menos a ganar. Para hacerse cargo de la selección de fútbol, el señor Villegas también exigió más dinero que el que le habían ofertado, que por supuesto no es poco, y tampoco coronó con éxito sus pretensiones.

Bolivia lleva esforzándose décadas por ser un buen competidor en el ámbito futbolístico. Y tras cada derrota se repite que estamos adquiriendo experiencia. Experiencia para ser derrotados, porque los muchachos de quienes se dice que están adquiriendo experiencia terminan su vida útil en el fútbol en eso, adquiriendo experiencia. Y vienen nuevos a los que les va igual. Uno se pone verde de la envidia de ver jugar a los japoneses o a los venezolanos, países sin tradición futbolera, pero con una exuberante dignidad deportiva. Es imposible pensar que los nuestros no saben jugar, porque no hacen nada más que eso. Entrenan todo el tiempo, con un salario, comida especial y todo lo que precisa un profesional. Se les trata y paga como a profesionales para que compitan, pero al final no lo hacen. Y para curarse en salud, el entrenador aclara que no van a competir, sino a entrenar.

Algo debiera cambiar tras estas historias conocidas. Ya que queda claro que a los seleccionados no les motiva ni el honor, ni su orgullo deportivo, ni la camiseta, ni el país. Entonces este asunto debiera resolverse solo con dinero, que parece ser el idioma que dominan: se les paga extra por participar. Tomando como parámetro los casi $us 7.000 que cobraron por partido en la Copa América, en torneos de este tipo se les debería pagar $us 3.000 por jugar, por competir, por esforzarse en la cancha y $us 4.000 adicionales por ganar. Y no debería pagárseles antes del campeonato, sino después de que concluya.

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Impensable en democracia

/ 14 de septiembre de 2021 / 00:33

Es imposible imaginar al gobierno de Luis Arce reprimiendo, en la frontera común, a centenares de bolivianos que retornan de Chile, con policías disparándoles gases lacrimógenos, para que no regresen. Pero ocurrió mientras era presidenta la señora Jeanine Áñez. Al extremo que las autoridades de Chile instalaron campamentos para auxiliar a los bolivianos que intentaban volver concluida la época de cosecha de frutas.

Tampoco es imaginable que el actual ministro de Defensa amenace a un ciudadano que reclame por los excesos militares en una provincia del Beni, con un “éste (señalando a un uniformado) te puede hacer desaparecer en 10 segundos”, como hizo Luis Fernando López, ministro de Defensa de Jeanine Áñez.

Imaginemos al actual ministro de Gobierno anunciando a los cuatro vientos que está de cacería como hizo Arturo Murillo con el añadido de que se practicaban “rastrillajes” en las oficinas estatales para detectar masistas (y despedirlos).

¿Cómo reaccionaría la derecha y sus medios de comunicación si se revelara una carta del cónsul de Bolivia en Barcelona en la que informa al canciller que hay que apurar la decisión de compra de 170 respiradores españoles porque hay ofertas de los mismos equipos por mitad de precio, como sucedió con la señora Karen Longaric, quien se justificó señalando que viceministros y funcionarios de su gabinete le escondieron ese informe? (Y el negociado se concretó con doble sobreprecio porque esos respiradores no sirven y ocurrió en plena pandemia).

Cómo reaccionarían ambos, (la derecha y sus medios) que cada día buscan o inventan algún detalle para promover escándalos, si el gerente de Entel alquilara un avión privado para ir y venir de Santa Cruz el momento que se le antoje, y se aumentara el sueldo a sí mismo y a 13 amigos a los que pagó hospedaje en hotel de cinco estrellas y casi Bs 900.000 de beneficios sociales por menos de 90 días de trabajo.

¿Cómo reaccionarían si hubiese miles de detenidos porque el régimen los considera no amigos o por “parecer” afines a alguna tienda política y se los sometiera a torturas? Si se produjeran masacres y ejecuciones extrajudiciales como las de Senkata, Sacaba, El Pedregal y el ministro de Defensa justificase las muertes con un “son alcohólicos y drogadictos”.

Alguien, en su sano juicio, ¿puede imaginar, en democracia, a la señora Jeanine Áñez encadenada a una cama mientras se recupera de sus dolencias, incomunicada y sin asistencia médica? (Casos Lorgia Fuentes y Patricia Hermosa).

¿O la suspensión de la señal de CNN u otra cadena internacional de noticias como hizo la señora Áñez con TeleSur y Rusia Today? Tan impensable como que los trabajadores de un medio de comunicación, aterrorizados por las amenazas de un grupo político rueguen que se despida a un compañero solo por publicar su opinión, como sucedió en La Razón con el caricaturista Al Azar.

Lo descrito, que ni siquiera resume lo ocurrido durante el gobierno de la señora Áñez, es imposible de imaginar en un gobierno democrático. Si la derecha y sus medios entonces no reclamaron, solo se explica porque estaban convencidos que se trataba de un periodo extraordinario donde la democracia era lo de menos. Además, era “su gobierno” (no un gobierno salido de las urnas). Se era cómplice consciente a cambio de anular a un enemigo político y económico. Y porque no había forma de hacerlo democráticamente (como después de la experiencia se reconfirmó). La única vía era el golpe de Estado (aunque fuera con un Legislativo en contra y funcionando a medias como fue otra de las opciones que tomaron).

Freddy Morales es periodista.

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Nuestro desprecio

/ 24 de mayo de 2021 / 01:00

Si Alexis fuese boliviano, ya estuviera acusado, en proceso judicial penal, por difamación, incitación al racismo y más, conminado a retractarse y pedir disculpas por haber dicho que tal ciudad del país huele mal o es sucia. Así le fue a Milena Fernández en julio de 2012, en Oruro, cuando dijo que tras las fiestas olía fétido. En febrero de este año, Frances Peláez padeció el mismo acoso por decir que la ciudad de Uyuni es fea. El secretario de la Alcaldía Roberto Guzmán anunció “todos los procesos legales para que esta persona sea sancionada”.

Pero Alexis Dessard, rubio y joven turista francés de 25 años, no es boliviano. Cuando en un video mostró la basura en el Cementerio de Trenes de Uyuni y dijo que había que limpiar (que es una forma de decir que está sucio o feo), se convirtió en héroe. En vez de acusarlo en proceso judicial penal, la Alcaldía de Uyuni, las juntas vecinales que declararon a Peláez “persona no grata”, el Regimiento de Infantería IV Loa y voluntarios se pusieron a órdenes y le ayudaron a limpiar. Pasó lo mismo en el lago Uru Uru de Oruro, en el río Rocha de Cochabamba, el Titicaca, el Choqueyapu… El miércoles por la noche, un presentador de Bolivisión le ofreció mujeres: “Tres amigas están enamoradas de ti, ¿qué respondes?”, preguntó el aprendiz de Celestina. “No me importa”, replicó Alexis. Periódicos y radios hablan del romance del francés con una boliviana y dicen que si esos amores prosperan podría quedarse a vivir en Bolivia.

¡Qué bendición! Antes de Alexis, otro europeo también hizo furor: Alejandro Entrambasaguas, joven periodista de Vox, un medio como él sin escrúpulos y ultraderechista de España. A nuestros presentadores y presentadoras de televisión al entrevistarlo se les caía la quijada de admiración. El español insultaba, acusaba y practicaba contra bolivianos el peor periodismo (si periodismo se puede llamar), a “investigar” relaciones sexuales y varios etcéteras del sensacionalismo ruin. A quien apuntaba con el dedo era detenido y encarcelado. Eran los tiempos del gobierno de facto de Jeanine Áñez. Y muy obvio que de allí salían las “revelaciones” que fluían por la boca de Entrambasaguas en nuestros medios de comunicación. Sus entrevistadores lo anunciaban con redoble de tambores porque Alejandro decía lo que ellos no se atrevían pero, que no ocultaban que les encantaba oír y divulgar.

“El votante medio del Movimiento Al Socialismo es un votante de un nivel intelectual nulo, prácticamente inexistente, ya no te digo cultural, no, no, no, no tienen prácticamente nivel. La mayoría de gente que ha votado a Evo Morales es gente que vive en el campo, no sabe lo que es un teléfono móvil, no sabe lo que es internet y mentalmente no tiene absolutamente idea de prácticamente nada, son analfabetos literales. Hay mucha gente que no sabe hablar el español, hablan aymara, quechua o idiomas nativos indígenas y no tienen ni idea de lo que es la civilización”, declaró Entrambasaguas a un medio de su país. Un periodista boliviano sugirió a la Asociación de Periodistas crear un premio especial para el español. En estos días, residentes bolivianos en España le rindieron homenaje y depositaron en sus manos la democracia de Bolivia. “Yo tengo un compromiso con Bolivia, con los bolivianos y sobre todo con la libertad, porque lo que está ocurriendo en vuestro país es una aberración, es una barbaridad… me tenéis para lo que queráis”, dijo el español y recibió una lluvia de aplausos.

Estos dos europeos (el bueno y el ruin) desnudan nuestro desprecio por nosotros mismos (y cosas peores).

Freddy Morales es periodista.

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Ilusión de verdad

/ 7 de abril de 2021 / 01:09

Acabamos de ser testigos de un proceso en el que una mentira se intenta convertir en verdad. La experiencia gira en torno al libro de Evo Morales Volveremos… (primera edición, septiembre 2020) y que en la tapa también dice El golpe de Estado, el exilio y (…) Refleja las reflexiones del autor en las horas cruciales de noviembre de 2019, cuando ni Policía ni Fuerzas Armadas respondían a su mando y grupos civiles irregulares tomaban rehenes a sus partidarios, colaboradores o familiares, les incendiaban la casa y quemaban tribunales electorales, para presionarle a renunciar. Morales escribe que sopesó el costo de vidas humanas si se intentaba resistir con sectores populares primero a civiles, pero también a militares y policías armados. Y concluye que era mejor renunciar. Escribe: “Antes de renunciar bien lo medité”. “Y para que no haya muertos renuncié”, “… para evitar masacre, mejor renunciar…” “Entonces dormí con la conciencia tranquila, la decisión de renunciar era un buen cálculo para evitar una masacre. Renuncié el domingo”. Y dos líneas más abajo: “Domingo renuncié, les repito”.

Esas reflexiones fueron tituladas como que no hubo golpe porque Evo “renunció” un día antes de que las FFAA se lo sugirieran, con el añadido de que en el libro no menciona una sola vez las palabras “golpe de Estado”. Con esas dos “pruebas”, resuelto el asunto: no hubo golpe de Estado. El problema es que el libro menciona más de cien veces “golpe de Estado”, y no dice que renunció el sábado. Se intentó, entonces, arreglar con que había pensado renunciar un día antes y, como no fue suficiente, que había pensado renunciar, pero ahora no lo admite. Incluso se llegó a publicar como prueba de que renunció el sábado, la página donde dice dos veces que renunció el domingo. Y nada, la mentira no convence. Entonces los insultos al autor del libro y a quienes no aceptan la manipulación.

Lo extraordinario es que sus promotores (algunos medios y redes sociales la difunden), son los mismos que ofrecen un acuerdo pacificador: no se hable de fraude electoral (en casi un año que estuvieron en el gobierno no lo demostraron y en los procesos judiciales abiertos no presentaron pruebas) ni de golpe de Estado. Y tampoco se investigue nada hasta contar con un poder judicial perfecto. Se cierren los procesos judiciales y se libere a los detenidos. Es el discurso de la OEA, de los comités cívicos, de los obispos católicos, de la oposición legislativa y de otros que también promovieron el golpe de Estado y callaron durante casi un año de excesos y abusos del gobierno que instalaron y que, entre otras varias cosas, persiguió y reprimió a quienes rechazaron sus mentiras, por ejemplo, de sucesión constitucional:

Constitución: Art. 161- 3, Reunión en Asamblea Legislativa: “Admitir o negar la renuncia de la Presidenta o del Presidente del Estado, y de la Vicepresidenta o del Vicepresidente del Estado”.

Reglamento del Senado: “Capítulo III de la Directiva. Artículo 35. (Composición y Elección). II. Para asegurar la participación y pluralidad política de la Cámara, la Presidencia, Primera Vicepresidencia, Primera y Tercera Secretaría corresponderán al bloque de mayoría; y la Segunda Vicepresidencia y la Segunda Secretaría al bloque de minoría”.

No hubo reunión de Asamblea Legislativa, lo que fue aprovechado para que la minoría se autoproclame en la presidencia del Senado (cargo al que, legalmente, no podía acceder).

*Los psicólogos definen el intento de imponer una mentira como Ilusión de verdad.

Freddy Morales es periodista.

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Entonces, cuándo es cuándo

/ 24 de marzo de 2021 / 01:29

La OEA tiene al país enfrentado, otra vez. En 2019 dio el santo y seña para que sus aliados ejecuten el golpe de Estado al “confirmar” lo que visionariamente medios de comunicación y dirigentes políticos conservadores habían anunciado por lo menos 20 días antes de las elecciones: fraude electoral (hasta ahora no probado). Fracasado el golpe de Estado por la derrota democrática de la derecha en las elecciones de octubre del año pasado, ahora la OEA nos ofrece, otra vez, resolver el asunto. Sin ruborizarse, los líderes de la derecha que perdieron en las elecciones de octubre del año pasado, casi todos otra vez aliados en los Comités Cívicos, hicieron suyas las directrices extranjeras:

OEA, 15 de marzo: “Conformar en el marco del sistema de la ONU y/o de la OEA una comisión internacional para la investigación de casos de corrupción desde el último periodo de gobierno del expresidente Evo Morales hasta la actualidad (…)

“La reforma de la justicia es imprescindible para transformarla legítimamente en un poder del Estado independiente y revertir el proceso acelerado de cooptación que sufre actualmente…

“La liberación de todos los detenidos en el marco de este contexto, hasta contar con procesos y mecanismos imparciales…”

Comités Cívicos, 16 de marzo: “Pedimos que se conforme de manera inmediata una comisión internacional que investigue los hechos de corrupción y persecución política, hasta lograr la independencia del sistema judicial de Bolivia.

“Exigir la liberación inmediata para todos los presos y perseguidos políticos…”

Pudo ser a la inversa para intentar algo de dignidad: que primero se pronuncien los Comités Cívicos y un día después la OEA apoye sus demandas. Pero ahí tenemos a la derecha defendiendo la posición de la OEA, y a otro sector de la población, incluido el gobierno de Luis Arce, en campaña de denuncia de inaceptable injerencia en los asuntos internos.

Lo mismo ocurre con las demandas de justicia para las víctimas de la violencia de la administración de la señora Jeanine Áñez: las propias víctimas y gente en las calles que pide justicia y gente en las calles que exige impunidad, incluidas buenas gentes de un sector del activismo feminista que ahora salen a apoyar el acoso sexual y el intercambio de trabajo por sexo durante el gobierno de Áñez.

Trece meses después, un Obispo católico revela que por iniciativa de su gremio el golpe de Estado se resolvió en una reunión realizada en la Universidad Católica, lo que incluyó designar a la senadora Jeanine Áñez presidenta transitoria. Si era lícito, legal, ¿por qué se mantuvo oculta esa información? La respuesta parece demasiado simple: porque el único lugar donde se podía resolver en democracia ese tema, era en una reunión de las Cámaras del Legislativo, incluso para concretar los supuestos “acuerdos políticos de la Cato”. Lo contrario era golpe. Y esa reunión de senadores y diputados nunca se realizó porque alguien ordenó a los paramilitares que tenían a su cargo la plaza Murillo y alrededores que no dejen ingresar a los legisladores del MAS (tenían dos tercios en ambas Cámaras).

Quienes profetizaban fraude mucho antes de las elecciones dicen que no es momento (en coincidencia con la OEA) para que las víctimas procuren justicia. Entonces, siguiendo la lógica de las protestas de calle, a la OEA y a su derecha boliviana habría que preguntarles: “¡¡¡cuándo es cuándo…!!!”

Freddy Morales es periodista.

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Cabos sueltos

La fábrica de mentiras debe convencernos que el gobierno de Áñez no tomó por asalto el Estado.

/ 12 de diciembre de 2020 / 23:48

La fábrica de mentiras trabaja laboriosamente para convencernos de que en noviembre del año pasado no hubo golpe de Estado en Bolivia. A sus testigos los prefiere masistas, y mejor si tienen o tuvieron algún alto cargo. Cuando les hacen decir que lo de noviembre de 2019 no fue golpe, festejan con grandes titulares. Por un instante, supongamos que tienen razón, pero dejan varios cabos sueltos. Por ejemplo, deberían demostrarnos que un mes antes de las elecciones de octubre de 2019 no hicieron una campaña para convencernos que habría fraude. Que sus candidatos presidenciales no anunciaron que no reconocerían el resultado, que el informe de la OEA y su secretario Luis Almagro, que los aupó en su campaña, demostraron el fraude. 

Deberían convencernos de que Luis Fernando Camacho y otros dirigentes de comités cívicos no desconocieron el resultado de la elección antes de que se realice. Que Camacho no dijo que su papá arregló con policías y militares para que desconozcan de hecho la autoridad del gobierno de Evo Morales, y que es falso que los uniformados no hicieron nada para evitar el incendio de edificios de los tribunales electorales de varias ciudades y que el mismo Camacho dijo que personalmente pagó a los movilizados.

Deben convencernos que es mentira que, en la Universidad Católica, personas sin ninguna representación designaron a la senadora Jeanine Áñez como presidenta “transitoria”, y que es mentira que los grupos paramilitares no dejaron ingresar a los parlamentarios del MAS a las sesiones legislativas que debían debatir y resolver la crisis. Que es falso que a la senadora Adriana Salvatierra, del MAS, la atacaron en el ingreso al Legislativo. Y que es falso que Jeanine Áñez se autoproclamó presidenta y que un general de Ejército le impuso la Banda Presidencial en el Palacio de Gobierno. Y que es falso que el Alto Mando Militar de las Fuerzas Armadas pidió la renuncia al presidente constitucional y que es falso que la Policía se amotinó para exigir se les nivele el salario y la jubilación al mismo nivel que ganan los militares, un pretexto, más que reclamo.

También deberían convencernos que es falso que en Potosí y Oruro se tomaron rehenes a familiares o militantes de dirigentes del MAS y de organizaciones sociales para obligar la renuncia, por ejemplo, del presidente de la Cámara de Diputados cuyo hermano, en Potosí, fue torturado durante varias horas hasta finalmente anunciar que sería ejecutado. Que no sucedió el incendio de varias viviendas de masistas, incluida la casa de Esther (+), la hermana de Evo Morales.

Si no hubo golpe, también es falso que Arturo Murillo, apenas asumió como ministro de Gobierno, anunció que estaba de cacería y cientos fueron detenidos y torturados bajo la repetida acusación de “terrorismo y sedición”. Y que es falso que el gobierno de transición aprobó un decreto que eximía a policías y militares de responsabilidad por sus acciones represivas.

La fábrica de mentiras debe convencernos que el gobierno de Áñez no tomó por asalto el Estado. Ejemplo: que no compró con sobreprecio casi 500 respiradores de España y China que resultaron inútiles, que su gerente de Entel no contrató un avión privado a tiempo completo para que lo lleve y traiga de Santa Cruz, ni se aumentó el sueldo de unos Bs 26.000 a 100.000, ni se pagó junto a su plana mayor sueldos y aguinaldos adelantados.

Deberían convencernos que decenas de personas no fueron heridas de bala y que otras 37, asesinadas, retornarán esta Navidad a casa, porque todo fue un invento o una broma. Tan mentira como el mismo golpe de Estado.

*Es periodista

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