Voces

domingo 13 jun 2021 | Actualizado a 18:56

Cámaras de seguridad estropeadas

/ 9 de julio de 2019 / 23:30

En reiteradas oportunidades hemos ponderado la significativa contribución de las cámaras de vigilancia para combatir la inseguridad ciudadana en el país. Por ejemplo, en 2018 permitieron detectar 2.065 casos de inseguridad tan solo en la sede de gobierno, entre robos, asaltos, peleas entre pandillas y la venta de drogas. Cifra que durante el primer semestre de 2019 alcanzó los 644 casos, según datos de la FELCC. Además, gracias a su aporte fue posible identificar los lugares más peligrosos no solo de La Paz, sino también de El Alto y de otras urbes del país. Identificación que a su vez ha contribuido a evitar varios atracos, varios de los cuales podrían haber culminado con la muerte de la víctima.

Sin embargo, pese a esta importante contribución, según datos del Departamento Nacional de Monitoreo y Videovigilancia, de las 346 cámaras instaladas en la ciudad de La Paz, actualmente solo funcionan 46 de manera óptima (13%), 205 están operativas, pero con fallas técnicas o imágenes pixeleadas (59%); 88 se encuentran inactivas (25%) y siete fueron desinstaladas (2%). Porcentajes que en el resto de las urbes pueden ser incluso mayores. Por ejemplo, solamente ocho de las 30 cámaras que fueron instaladas en los últimos dos años en la Ceja de El Alto funcionan.

Estos datos ponen en relieve la necesidad de reforzar el soporte técnico de las cámaras de vigilancia, así como también la institucionalidad entre las fuerzas del orden, de tal manera que cuenten con unidades especializadas que aseguren la sostenibilidad y la efectividad de los proyectos. (09/07/19)

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El comercio exterior a través de Arica

/ 13 de junio de 2021 / 02:19

El puerto de Arica, por su localización geográfica, es un puerto natural de relevancia estratégica para Bolivia desde la Colonia y la República. Se encuentra aproximadamente a 510 kilómetros de la ciudad de La Paz y tiene una conectividad con más de 24 ciudades, alcanzando a más de 20 millones de consumidores. Por este puerto circulan mercaderías desde y hacia Europa, Centroamérica, América del Norte e incluso América del Sur.

Pero además es esencial comprender el nivel de significancia que tiene el puerto de Arica en el comercio exterior boliviano, es así que cuando se analizan tanto las exportaciones como las importaciones, según vía de salida o entrada, concluimos que del total de las exportaciones que nuestro país realiza en valor, el 18% usa a ese puerto como salida. Mientras que el 31% de la mercadería que se interna por concepto de importaciones, lo utiliza como vía de entrada.

Cuando analizamos la importancia de la carga boliviana en el puerto de Arica llegamos a la conclusión de que ésta, en 2020, representó el 75% del total de carga movilizada, siendo aproximadamente 42% de exportación y 33% de importación.

La operativa dentro de este puerto refleja la importancia de los volúmenes y el movimiento para el país. Cuando se analiza el movimiento de camiones por esa terminal, se recibieron 40.285 y se despacharon 50.274 en 2020. Referente a los contenedores se descargaron 40.161 y se embarcaron 19.244; adicionalmente, se despacharon 12.156 contenedores desconsolidados y se consolidaron 2.495 contenedores en terminal.

En cuanto al movimiento de otras cargas, se registraron 429.697 toneladas de granel limpio, 111.802 toneladas de granel mineral y 63.654 toneladas de carga suelta.

El ferrocarril no solo mejorará el flujo de cargas, sino que también permitirá regular las tarifas y, lo más importante, descongestionará el puerto de Arica, reduciendo así costos adicionales de despacho indirecto y pago por demoras a las navieras. El ferrocarril permitirá devolver los contenedores vacíos antes de los 21 días y por ende bajarán los pagos por demoras.

La empresa Ferroviaria Andina no necesita autorización para operar el tramo Charaña-Viacha, en virtud a que tiene un contrato vigente con el Estado. Esta compañía transportaría 320.000 toneladas anuales, tanto de ida como de vuelta. Se transportaría como máximo el 16% de la carga de Arica.

Los efectos de la pandemia se notaron en todos los sectores de la economía nacional. Por ejemplo, en 2020, las exportaciones de nuestro país alcanzaron los $us 7.015 millones, registrando una caída del 21% con relación a periodo similar de 2019, en el cual se alcanzó $us 8.924 millones.

Por su parte las importaciones bolivianas llegaron a $us 7.080 millones, cifra menor en 2.704 millones a la registrada en el mismo periodo de 2019, cuando alcanzó a $us 9.784 millones. Este comportamiento representa una disminución de 27,6% durante el periodo de referencia.

Como consecuencia, en 2020 Bolivia registró un déficit comercial de $us 65 millones, efecto explicado por un descenso en los precios internacionales de materias primas ante la baja en la demanda de estos productos.

En medio de este escenario, resulta importante analizar la importancia del puerto de Arica para el comercio exterior del país, que es sin duda uno de los puntos de ingreso y salida de productos más importante para la logística nacional.

Con el objetivo de brindar mejores condiciones al empresariado boliviano, la Terminal Puerto Arica ha estado llevando adelante una serie de mejoras en su infraestructura, por ejemplo el aumento de calado operativo de los sitios 4/5 a 11,4 metros, lo que permite la atención a naves de mayor tamaño, menor tiempo de tránsito y como consecuencia menores costos en fletes marítimos, reportando un ahorro de entre $us 300 y 600 por contenedor.

Por otra parte, en esta última temporada se ha estado aplicando la metodología del despacho directo, modalidad que tiene prioridad de carguío y cuyo objetivo es beneficiar a los clientes importadores al disminuir el tiempo de espera de despacho de su carga y principalmente percibir el ahorro en costos, ya que la tarifa que se aplica es cero. Entre octubre de 2020 y abril de 2021, el 21% del total de despachos aplicaron este procedimiento.

Rolando Kempff Bacigalupo es economista, presidente de la Cámara Nacional de Comercio y miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

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Empresarios-capitalistas y colonizadores perversos

/ 13 de junio de 2021 / 02:14

En estos tiempos del COVID-19, en varios países de nuestra gran Abya Yala o América, incluido el Caribe, se han denunciado formas perversas de usufructuar en la pandemia. Mejor dicho, maneras de robar, aprovechando las circunstancias de la emergencia sanitaria. Nuestro país no ha sido la excepción, bajo el paraguas de la “reconquista de la libertad y la democracia”, los políticos/as “pititas” han instaurado y organizado formas atroces de la práctica humana, como es la delincuencia política, en el gobierno de facto de Jeanine Áñez.

A raíz de algunos hechos dolosos en pleno esclarecimiento, como el “blanqueamiento” de dinero del exministro Arturo Murillo y sus seguidores, descubierto en su adorado Estados Unidos, o la supuesta condonación de deudas del Estado del actual gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, cuando éste ejerció a distancia el poder con Áñez; preguntamos, ¿qué es el Estado para estas élites locales? ¿Qué es el Estado plurinacional para estos políticos retrógrados? Muchas investigaciones históricas y sociológicas nos muestran lo difícil que es caminar para estos grupos del Estado colonial, republicano al Estado plurinacional. En otras palabras, continúan confundiendo la cosa pública con la tenencia privada. Incluso en lo privado ¿es permitido alguien que se robe o se autorrobe? A pesar de que dicen ser modernos y hasta muy liberales, pero su pensamiento y sus acciones siguen siendo arcaicos y coloniales, como de sus abuelos hacendados, que a costa del pongueaje y formas de servidumbre social se apropiaron de las riquezas de este país.

A pesar de que nacieron en este país, sus prácticas siguen siendo del extranjero colonizador y siniestro, quieren seguir explotando a fuerza de formas de violencia y chantaje y entrelazando con la política, sea mediante logias o simplemente agrupaciones que hoy se denominan ciudadanas, plataformas, etc., que no son más que formaciones clasistas y racistas.

No lejos de estas prácticas está la Iglesia, particularmente la Católica, que a nivel institucional aún se siente parte del Estado, cuando ya somos un Estado laico. No hay otra explicación de cómo se empoderaron en los días del golpe de Estado de noviembre de 2019. Propiciaron la presidencia de Áñez, favoreciendo diálogos de conjura en la Universidad Católica en la ciudad de La Paz. Muchos estudiantes de varias carreras fueron obligados a marchar a favor de los/as “pititas”. Que desmientan si no es cierto.

En estos tiempos, cómo ensanchan su capital a costa de formas de malversación, tanto Murillo, Camacho y otros similares. ¿Con esas prácticas del robo descarado y chantaje fundaron sus empresas? ¿Este es el legado que se quiere dar a las nuevas generaciones? ¿Esta práctica del pillaje es el espíritu de la democracia, la libertad, que tanto pregonan? Hoy los/as “pititas” electas como autoridades departamentales no tienen vergüenza de justificar lo injustificable. Lo que está claro, el capitalismo a nivel mundial y a nivel nacional, en su versión más real, no es más que una forma de acumulación de riquezas despojando a los más necesitados, que en teoría se llama explotación, plusvalía o trabajo excedentario.

A pesar de la vergüenza nacional sobre el caso Murillo, aún hay políticos que valoran a la justicia estadounidense por haber detenido al exdictadorcillo. Lo atribuyen a una justicia justa, cuando de por medio esa justicia ya negoció, ya transó con el delincuente para aminorar los años de cárcel. ¿A cambio de qué se hizo ese convenio? Seguramente Murillo acumuló mucha información de los contrarios al sistema capitalista o información sobre nuestras riquezas naturales. Posiblemente en el fondo de ese pacto esté la traición a la patria, por delatar información confidencial. ¿No dirán una sola palabra sobre estos hechos los políticos y supuestos defensores de la democracia y la libertad?

Uka anu q’uxtañ jaqinakaxa wali lunthatapxchistuxa. Murillo, Camacho uka ipi jaqinakaxa jan p’inqan jaqinakapxchixaya. Lunthatañampixaya utt’ayapxchixa imprisanakapxa.

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Colombia cambia

/ 13 de junio de 2021 / 02:06

Todo hito político es resultado de un proceso, de un cúmulo de causas. Si en 2022 Gustavo Petro fuera electo presidente de Colombia, ese hecho se explicaría por una multiplicidad de razones que vienen de lejos.

Uno de los aportes fundamentales de una encuesta es que nos permite detectar aquellas transformaciones subjetivas que derivan en resultados electorales. Sin embargo, caemos en el constante error de interpretarlas únicamente en base al dato de intención de voto. Nos seduce más adivinar cómo será el desenlace final en vez de disfrutar todo lo que acontece en cada capítulo de una buena serie. La cultura del atajo está de moda.

La última encuesta CELAG para Colombia nos proporciona una fotografía muy nítida de un país que vive una época de grandes cambios, con una mayoría que sufre, piensa y siente de manera muy distinta de lo que instalan los grandes medios de comunicación. El mejor ejemplo es el tema del paro prolongado: tres cuartas partes de Colombia lo aprueba, y seis de cada de 10 consideran que las fuerzas de seguridad reprimen de manera excesiva.

Hay una gran mayoría que valora negativamente al presidente Duque, tanto en gestión (76,3%) como en imagen (77,5%). La ciudadanía padece una crisis económica que ha sido agravada por la pandemia pero que viene desde mucho tiempo atrás. Un alto porcentaje de los hogares con menos de un millón de pesos colombianos al mes no tiene cómo afrontar los gastos básicos (75%) y, en consecuencia, están teniendo que acudir al endeudamiento privado como mecanismo habitual para afrontar esta situación (66%). El Estado les da la espalda tanto a ellos como a una cada vez más raquítica clase media. La ciudadanía quiere más Estado en todo lo que concierne a políticas sociales; también quiere un sistema tributario que aumente los impuestos a los más ricos (74%). En Colombia, muy pocos “compran el cuento” de que los ricos lograron su riqueza gracias al esfuerzo (solo el 18%).

El neoliberalismo fallido en Colombia se aprecia también en la percepción sobre uno de sus pilares: la banca. La mayoría evalúa negativamente su desempeño (70%) y además existe hartazgo por su abuso en el cobro de comisiones.

El modelo colombiano hace aguas por todas partes. La Fiscalía General del Estado tampoco goza de buena imagen (66% imagen negativa), ni los medios de comunicación tienen gran credibilidad (por ejemplo, Caracol y Semana tienen una desconfianza del 74% y 64%, respectivamente).

Dicho de otro modo: todo lo que debía sostener el proyecto neoliberal se viene desvaneciendo progresivamente, inclusive el uribismo. La imagen del expresidente sigue en caída libre (su negativa es de 76%). El antiuribismo se ha convertido en la principal identidad política; casi la mitad de la población se declara así frente a un 11% que dice ser uribista. La gran mayoría de la población cree que Uribe es corrupto, es cosa del pasado y está vinculado con el paramilitarismo.

En pleno proceso de cambio, todo ocaso tiene su contrapartida en la consolidación de otro horizonte. En Colombia, esta nueva alternativa la lidera Petro y Colombia Humana. Si en 2018 la irrupción de Petro en la escena nacional le tomó a muchos por sorpresa, ahora hay casi un 60% que cree que será el próximo presidente. Petro tiene la imagen positiva más alta en comparación con el resto de dirigentes; también posee el techo electoral más elevado; y en intención de voto probable aventaja al resto (30 puntos frente a 14 de quien le sigue, Fajardo).

Petro encarna el cambio en múltiples dimensiones: en la propuesta económica, en el rol del Estado, en materia de derechos sociales, en los valores y en la conexión con la juventud. Hoy Petro está en la centralidad de la política colombiana.

Cualquier análisis concluyente y cerrado en lo electoral será tan irresponsable como carente de rigor. Ni siquiera conocemos los nombres de las candidaturas. Pero lo único que sí podemos afirmar con certeza es que se atisba una disputa a tres bandas: un bloque mayoritario encabezado por Petro, y otros dos que se disputarán el segundo lugar: el uribismo y el espacio centrista Coalición de la Esperanza (conformado por los verdes y un sector de los liberales). La incógnita es saber si Petro logrará ganar en primera vuelta, a lo Fernández en Argentina, AMLO en México o Arce en Bolivia; si lo hará en la segunda vuelta contra todos los poderes fácticos unidos como Castillo en Perú; o si pasará lo de Lasso en Ecuador.

Veremos. Aún resta mucho en esta Colombia que cambia. Continuará.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).

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Una vez más sobre el Che y los libros

/ 13 de junio de 2021 / 02:01

Se han escrito y se siguen escribiendo libros sobre el personaje que este 14 de junio hubiera cumplido 93 años: Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como el Che.

Solo de autores bolivianos hemos registrado alrededor de un centenar; y no se crea que todos son encomios y alabanzas, baste mencionar que por lo menos 15 de ellos son de autores militares que, como es previsible, respiran por la herida; los hay también ensayos históricos de gran factura como los realizados por Gustavo Rodríguez Ostria (el último de los cuales tendrá una pronta edición póstuma); otros de matiz interpretativo y a la vez testimonial como los publicados en serie por Humberto Vázquez Viaña antes de fallecer; y también recopilaciones documentales como la serie El Che en Bolivia en cinco volúmenes (con dos ediciones impresas y una última digital descargable sin costo en www.chebolivia.org).

A ojo de buen cubero, podríamos afirmar que solamente la cruenta Guerra del Chaco y la irrenunciable reivindicación marítima produjeron en Bolivia un mayor número de libros que el Che.

He aquí algunos trabajos de bolivianos y extranjeros que nos parecen relevantes: los 10 Quaderni della Fundazione Ernesto Che Guevara (1998-2016), publicados en Italia por Roberto Massari, en los inicios solo en italiano y después en ediciones multilingües; más de una quincena de libros de la pareja cubana Froilán González-Adys Cupull producidos con similar persistencia; el rico aporte explicativo y reflexivo de En la selva (Los estudios desconocidos del Che Guevara… con el que el argentino Néstor Cohan rodea la publicación primicial de lo que él llama Cuadernos de lectura de Bolivia (apuntes y fichas bibliográficas de puño y letra del Che, confeccionados en Bolivia); Ramiro Barrenechea publicó en Santa Cruz Che: Revolución absoluta (2018), comprende: 1) La máscara invisible (destinada a demoler la argumentación de los dirigentes del PCB, principalmente Jorge Kolle), 2) La otra cara del espejo (sostiene la existencia de un “cerco interno” de los dirigentes comunistas bolivianos contra el Che), 3) Frente al capitalismo absoluto: revolución absoluta (ingresa al debate ideológico actual sobre el capitalismo y contra las posverdades que descartan cualquier cambio revolucionario), 4) Hacia una sociedad comunitaria postestatal (interesante parte propositiva).

Una escena imaginaria extravagante: sentados en torno a una mesa dialogan sobre la pertinencia de la obra y el pensamiento del Che, Humberto con Dogmas y herejías de la guerrilla del Che, Gustavo con su inmenso bagaje de información acumulada como historiador, Ramiro con Frente al capitalismo absoluto: revolución absoluta, Néstor con lo mejor de En la selva …, Roberto con Guevara y Marx: ´remaque´ crítico de una antigua película y la pareja Froilán-Adys con La CIA contra el Che. De seguro se desatarían interesantes controversias, enfoques diversos y dejarían temarios abiertos, tanto a la investigación histórica como a la reflexión teórica. Lástima que ya no se pueda realizar “en vivo” dicho debate. Humberto, Gustavo y Ramiro fallecieron en los últimos tiempos, solo quedan sus textos que, de uno u otro modo, recuperan al Che histórico, amenazado de ser convertido en un mito.

¿Puede y debe ser abordada por el mundo académico boliviano la temática aquí planteada? Creemos firmemente que sí, a la sola condición de hacer a un lado la maraña de prejuicios y nada más abrir los ojos ante la realidad que, dicho sea de paso, está mostrando sus más crueles y dramáticas aristas en virtud de la pandemia que actualmente padecemos.

El coloquio Che Guevara (1967-2017): imágenes, símbolos y legados, organizado en 2017 por la Université de Versailles Saint Quentin (Francia), hubiera sido imposible sin esos dos elementales requisitos. Se anuncia ahora que, con las presentaciones, también se hace un libro impreso. Uno más.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Una Asamblea de la vergüenza

/ 13 de junio de 2021 / 01:52

Los bolivianos y bolivianas elegimos una Asamblea Legislativa como el espacio donde, salvando diferencias, se construye el bien común. Aspiramos a un órgano donde, a través de la exposición y debate de ideas, se deliberen las distintas visiones de país y se procesen los disensos de la que somos portadores todos y todas las bolivianas.

Actualmente ese espacio no existe. El bochornoso incidente que protagonizaron los honorables asambleístas la semana pasada demuestra que hoy prima una cultura política del irrespeto, la intolerancia y el uso de la violencia para imponer las ideas. ¿Les suena familiar esta descripción? Pues sí, son las características que las feministas utilizamos para describir una cultura patriarcal donde es legítimo el uso de la fuerza para “disciplinar” al otro e imponerle nuestra visión del mundo. Esa forma de hacer política es a quien debemos el mal nombre de nuestro sistema de representación.

Voy a ser más radical en mi afirmación. La Asamblea pasada (2015-2020) era liderada por mujeres que imprimieron a la cultura política una forma distinta de procesar las diferencias. Michelle Bachelet dijo: “Si una mujer entra a la política, cambia la mujer; si muchas mujeres entran a la política, cambia la política”. Hoy extrañamos el liderazgo de esa Asamblea donde el poder lo gestionaban Gabriela Montaño, Adriana Salvatierra, Susana Rivero y Sonia Brito; pero también extrañamos la oposición que ejercían Lourdes Millares, Jimena Costa, Norma Piérola y Fernanda San Martín. Y no es que estas contrincantes políticas fueran menos duras y radicales en su polarización (todavía recordamos las fuertes interpelaciones que han protagonizado), pero claramente se gestionaban las diferencias de manera distinta.

Por supuesto no se trata de que estas mujeres sean portadoras de virtudes biológicamente determinadas, pero entendemos que como ellas no necesitaban ejercer el despliegue viril de los caballeros, preferían prácticas políticas distintas.

Hoy tenemos una Asamblea que carece de liderazgos que generen respeto. Parece que nuestros asambleístas, del oficialismo y la oposición, no han comprendido dónde están y qué espera la población de su mandato. Hoy solo vemos el despliegue de una “moral viril” imperante, base del machismo, que perpetúa el poder vinculado al hombre dominador y violento. Quien es irrespetuoso no puede exigir ser respetado, pues el respeto debe ser recíproco y construido día a día, como también se construye la legitimidad política de un órgano de representación.

Solo hace unos meses, en el mismo hemiciclo, aplaudíamos emocionados el discurso del presidente de la Asamblea Legislativa cuando sostenía “Es obligación comunicarnos, obligación dialogar”, “los bolivianos nos miramos a todos iguales y sabemos que unidos valemos más” o “el cóndor levanta vuelo solo cuando su ala derecha está en perfecto equilibrio con su ala izquierda”. Es momento de llevar esas hermosas palabras a la práctica concreta, solo así la Asamblea Legislativa puede recuperar el respeto de sus votantes. Y para ello, se requiere de un liderazgo claro que desde todos los bandos transmita un estilo de hacer política distinta al que hoy observamos.

Los bolivianos y bolivianas que acudimos a las urnas para elegirlos no merecemos ser representados por esos pugilatos primitivos. En medio de una pandemia, con una crisis en la educación y en la economía, esperamos líderes de mayor talla. Tal vez vale la pena recordarles a nuestros asambleístas que no han sido elegidos de una vez para siempre y que deben construir su legitimidad en cada una de sus acciones.

Lourdes Montero es cientista social.

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