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Blancura

Hace falta mucha sabiduría para profundizar en los cambios fundamentales que necesitamos

/ 27 de julio de 2019 / 21:45

El panorama de las elecciones de octubre se presta para reflexionar acerca de elementos interesantes, como la forma en la que hoy procede la derecha. Este sector busca preservar el sistema y el orden mundial de manera que se mantenga la opresión, la discriminación, la explotación y la muerte de la mayoría de la humanidad en beneficio y usufructo de un pequeño grupo de personas.

Me parece necesario recordar qué es la derecha, sobre todo porque en un mundo en el que se despolitizan las palabras, a veces se pierde el sentido histórico y la fuerza de la denuncia indignada. La derecha es basura, es una m… En cada etapa de la historia, las fuerzas políticas que hacen posible las acumulaciones revolucionarias son aquellas que han interactuado con sus errores, de tal manera que, al aprender de ellos, la autocrítica se vuelve una práctica revolucionaria.

Pensar que quienes conducen los sueños de los pueblos no deben tener errores y deben ser intachables es un pensamiento fascista. Para nosotras, lo fundamental es que permanentemente podamos rehacernos, replantearnos. La idea básica es que, siendo humanas y humanos con muchas fallas, cotidianamente queremos ser mejores; y a pesar de eso igual volvemos a fallar y volvemos a rehacer nuestras vidas y nuestras historias como pueblos.

Por eso quiero que reflexionemos sobre el purismo de la derecha, en su propaganda, sobre el moralismo de los derechosos, sobre la supuesta blancura de sus vidas; toda una parafernalia para esconder lo podridos que son. La derecha es humana, como todos, y sus comportamientos, sus delitos, su crueldad son efectuados de manera premeditada. Los realizan sabiendo el daño que hacen.

Por eso también necesitan verse en nosotros y en nosotras. Por eso buscan corrompernos, comprarnos, seducirnos con el poder, con el halago y el dinero. Y cuando no lo logran, nos quieren matar y destruir. Por eso magnifican cualquier error de los indios, de los de la izquierda, del pueblo; y buscan quitarnos el derecho de la palabra. Pues no, no nos vamos a dejar. Este proceso de cambio no es una maravilla ni es el paraíso. Pero es lo mejor que se ha construido en nuestro territorio, y vamos por más. Más profundidad, más beneficios para el pueblo, más fuerza en nuestras convicciones.

En octubre tenemos que defender nuestro derecho a soñar, nuestro derecho a equivocarnos y a corregir nuestros errores. La confianza está puesta en nosotras y en nosotros mismos, en nuestro trabajo. Hace falta mucha sabiduría para profundizar en los cambios fundamentales que necesitamos. Tenemos que saber ubicar a los y las derechosas que se han infiltrado dentro de nuestro proceso y convocarlos a que cambien, o en su defecto, que se vayan con la oposición. Ahí pueden ahogarse en medio de tanto veneno. Aquí, en el proceso de cambio (que no solo es del partido, sino fundamentalmente de las organizaciones del pueblo, que es desde donde hablamos), construimos, asumimos lo que falta, corregimos lo que se hizo mal y continuamos, soplando futuro, contra viento y marea.

* es feminista comunitaria.

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La wawa de María

En Bolivia a Jesús lo llaman niño Manuelito por aquello de Emmanuel, que significa, ‘Dios con nosotros”.

/ 24 de diciembre de 2017 / 04:00

La historia que nos cuentan de una madre soltera llamada María que va a parir un hijo de nombre Jesús es un relato que busca conmover, año tras año, durante la Navidad. En Bolivia a Jesús lo llaman niño Manuelito por aquello de Emmanuel, que significa “Dios con nosotros”.

Respeto aquello de Dios, pero yo no me adhiero a nada de eso de dioses. Quiero más bien, a propósito de Jesús (esa wawita que según nos cuentan nació para morir crucificado, difamado y calumniado —uff qué terrible para la criaturita—) resaltar que se trata de un niño que nace calanchito (desnudo), y no sé si su padre le cantaba aquella canción de Savia Andina cuyo estribillo dice “(…) Cada vez que paso su puerta, palomitay, se me acerca el angelito, k’alanchito. / Y me dice casi llorando, palomitay, quizás me lo has traído pancito, papacito (…)”. El padre de Jesús después de embarazar a María se hizo gas, como muchos, pero fíjense que hay hombres bien compañeros de nosotras, las mujeres, como José el carpintero, que ya le chekeaba a la María, pero era tímido, y como la vio en problemas, se atrevió a hablarle. Y este cuate, el José, se hace responsable de la wawita y les acompaña a la mamá y a la wawita en la primera etapa de su vida.

Podríamos decir que es una historia para afirmar la familia heterosexual y que aunque te violen o engañen igual debes parir, aunque no tengas las condiciones de criar a tu wawa. Y que por fe y milagro aparecerá un hombre que te proteja. Sí, también es válida esta versión, pero prefiero aquella del compañero José.

Quiero hablar de María, de José y de su wawita Jesús. El niño Manuelito nació sin la asistencia de médicos no porque estuvieran de huelga o paro, sino porque atender el parto y la salud de las y los pobres es una práctica de los privilegiados (y a fin de cuentas hoy en Bolivia ocurre lo mismo: a los médicos no les importa la gente, les importa su impunidad).

Decía que le fue bien a la wawita, nació sanita y si hubo problemas durante el parto, lo resolvieron entre pastoras y pastores que aprendieron a lamerse las heridas, porque los médicos, además de hacerse a los dioses, nunca están para el pueblo. La mirada nerviosa de José, que sabía de madera, clavos y cola, pero no de wawas, le daba el toque de los mirones compañeros (no hablo de voyeristas). Cuántas wawitas en Bolivia estando sanitas en el vientre de sus mamás al momento de nacer se encontraron con médicos y médicas chacras (ineptos), irresponsables que sin respeto y sin cuidado actuaron con negligencia y la wawita nació asfixiada, con graves problemas en su salud para toda la vida, de ellas y de sus mamás. También pasó que por negligencia médica la madre falleció, y se quedaron huerfanitas, a expensas de muchas violencias por no tener quién las proteja.

Espero que este niño Manuelito crezca este año sin el mandato de ser macho. Que este 2018 Manuelito no golpee ni lastime a sus primitas, porque les duele. Que no oculte su sensibilidad; que llore todo lo que le duela y que abrace a quien llora, preparándose para predicar en el desierto. Bienvenido, Manuelito.

Julieta Paredes, es feminista comunitaria.

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