Voces

Saturday 13 Apr 2024 | Actualizado a 09:07 AM

Mayor acceso a retrovirales

/ 1 de agosto de 2019 / 23:27

De acuerdo con estimaciones del Ministerio de Salud, al menos 18.402 personas se han registrado como portadoras de VIH en el país. Este registro es de gran importancia, pues le permite al Estado tratar a los afectados con retrovirales para contener el avance de esta peligrosa enfermedad. A pesar de ello, del total registrado solamente el 54% está siendo tratado. El resto, 8.382 personas (un 46%), no está ingiriendo retrovirales de manera regular, pese a conocer su estado serológico.   

Según las autoridades, este peligroso “descuido” deviene principalmente por la desidia de los propios pacientes, pues muchos de ellos, después de conocer los resultados positivos, no se preocupan por seguir el tratamiento o lo dejan a los pocos meses. Aunque también existen testimonios de personas con VIH que se han acercado a centros de salud en busca de orientación, y en lugar de ayuda han recibido un trato agresivo y discriminador de parte de personal médico y administrativo que temía contagiarse.

Más allá de los diversos factores de por qué hay tantas personas con VIH sin recibir tratamiento en el país (que urgen investigar con mayor rigor), resulta evidente que hacen falta más esfuerzos para ampliar esta baja cobertura, que condena a la muerte a cientos de personas y a la vez impide contrarrestar el avance de esta peligrosa enfermedad. Cruzada que necesariamente pasa por organizar campañas de detección del VIH y de información, que hagan hincapié en que una persona infectada puede tener una vida prácticamente normal si toma retrovirales de manera regular.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Pobreza Terminal

Lindsay Ryan

/ 13 de abril de 2024 / 07:20

Tiene una sonrisa fácil, ojos azules y una infección ósea en un brazo que pone en peligro su vida. Agradecido por el tratamiento, bromea con el médico interno todas las mañanas. Un amigo, un colega médico, supervisa el cuidado del hombre. Ambos trabajamos como internistas en un hospital público en la red de seguridad médica, un término vago para instituciones que atienden de manera desproporcionada a pacientes con Medicaid o sin seguro. También se podría describir la red de seguridad de otra manera, como un lugar que es un espejo de nuestra nación.

Lo que se refleja puede resultar difícil de afrontar. Es esto: después de enterarse de que los antibióticos no erradican su infección y que la amputación es la única posibilidad de curación, el hombre se retira y apenas le dice una palabra al interno. Cuando ella le pregunta qué está pensando, su respuesta es tan vacilante que tiene que pedirle que repita lo que dice. Ahora con voz clara, le dice que si hay que amputarle el brazo, no quiere vivir. Ella no entiende lo que es sobrevivir en las calles, continúa. Si tiene una discapacidad, será un objetivo: le robarán y le agredirán. Preferiría morir, a menos, como dice más tarde, que alguien pueda encontrarle un apartamento permanente. En ese caso, procederá a la amputación.

Los psiquiatras lo evalúan. No es suicida. Su razonamiento es lógico. Los trabajadores sociales buscan habitaciones, pero en San Francisco necesitan un realojamiento a largo plazo muchas más personas de las que las unidades disponibles pueden albergar. Que la atención médica que recibe el paciente supere el coste de un año de alquiler no supone ninguna diferencia práctica. Finalmente, lo ven los médicos de cuidados paliativos. Pasa a un hospicio y muere.

Un certificado de defunción diría que murió de sepsis por una infección ósea, pero mi amigo y yo tenemos un término para la enfermedad que lo mató: pobreza terminal. Necesitábamos acuñar una frase porque muchos de nuestros pacientes mueren por lo mismo.

Los hospitales y clínicas de la red de seguridad atienden a una población fuertemente inclinada hacia los pobres, los inmigrantes recientes y las personas de color. Los presupuestos de estos lugares son siempre ajustados. Y cualquiera que trabaje en ellos podría decirle que la enfermedad en nuestros pacientes no es solo un fenómeno biológico. Es la manifestación de la desigualdad social en los cuerpos de las personas.

La solución a este problema es confusa, incremental, proteica y vergonzosa. Requiere una inversión masiva en vivienda, tratamiento de adicciones, atención sanitaria y servicios sociales gratuitos y con pocas barreras. Requiere tanta innovación en el ámbito social como en el biomédico, y el reconocimiento de que las desigualdades (basadas en la raza, la clase, el idioma primario y otras categorías) median en la forma en que la enfermedad se encarna. Si la atención de salud se interpreta en el sentido más auténtico de cuidar la salud de las personas, debe ser una práctica que se extienda mucho más allá de los límites de los hospitales y clínicas.

Cuando interrogamos, los residentes me dicen cuánto luchan con la disonancia moral de trabajar en un sistema en el que la mejor medicina que pueden proporcionar a menudo se queda corta. Tienen razón sobre lo mucho que duele, así que no sé exactamente qué decirles. Quizás nunca lo haga.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

El asilo cuestionado

Carlos Antonio Carrasco

/ 13 de abril de 2024 / 06:58

La violenta irrupción policial ecuatoriana a la embajada mexicana en Quito, cometida el 5 de abril, para atrapar al exvicepresidente Jorge Glas escondido allí, ha provocado la ruptura de relaciones entre esos países y la reacción universal de condena al irrespeto a las convenciones y los tratados internacionales sobre la inmunidad territorial de las sedes diplomáticas y la potestad de conceder asilo político que goza el Estado acreditado. Esa figura típicamente latinoamericana ha sido hasta hoy sagradamente cumplida tanto por regímenes autocráticos como por gobiernos democráticos, por ello se explica el alboroto suscitado. Un recuento apurado de ejemplos emblemáticos nos trae a la memoria los 63 meses (1948-1954) de encierro que padeció el famoso líder peruano Víctor Raúl Haya de La Torre en la embajada colombiana en Lima, ante la negativa del dictador Manuel Odría de concederle el salvoconducto respectivo. Ni la Corte Internacional de Justicia en La Haya pudo resolver el diferendo, sino un acuerdo entre las partes que permitió el viaje del asilado a Bogotá. Otro caso singular fue la invasión americana (operación Justa Causa) a Panamá (1989) para extraditar al general Manuel Antonio Noriega (alias Cara de piña) de su refugio en la Nunciatura Apostólica, sin observar su condición de jefe de Estado en funciones, aduciendo sus nexos comprobados con el narcotráfico.

Irónicamente, fue en la legación de Ecuador en Londres donde encontró amparo por casi siete años (2012-2018) el australiano Julián Assange, fundador de WikiLeaks, acusado de espionaje por Washington, quien ahora está en manos de la Justicia británica.

Y también ha sido la sede diplomática ecuatoriana en La Habana la que fue intervenida en 1961 y 1981, por la policía castrista para impedir el refugio que buscaban disidentes cubanos.

En Bolivia, a raíz del narcogolpe de García Meza (1981), la presidenta Lydia Gueiler fue albergada en la Nunciatura Apostólica y yo, como su cumplido ministro de Educación y Cultura, encontré asilo en la embajada de Francia, en Obrajes, donde al cabo de tres meses, sin salvoconducto, tuve que salir sigilosamente al exilio.

La actual crisis bilateral entre Quito y México, como explica el comunicado oficial, tiene su origen en la incontinencia injerencista del presidente López Obrador, quien logra aquel extraño goce sensual injuriando a sus homólogos de la región. Esta vez, insinuando que Daniel Noboa salió victorioso, en los comicios del 20 de agosto de 2023, aprovechando el asesinato del candidato Fernando Villavicencio, insidia que provocó la declaración de persona no grata de su embajadora. En revancha, México concedió aceleradamente asilo político a Jorge Glas, sin observar que éste fue sentenciado por la Corte Suprema de Justicia por corrupción, a la pena total de 14 años de cárcel. Ante cierto rumor que un avión mexicano estaba listo para exfiltrar al sujeto fuera del país, aventura favorita de AMLO, el gobierno quiteño ordenó esa desafortunada incursión a la embajada.

En resumen, podrían existir dos avenidas para resolver este diferendo. La primera sería designar dos países amigos como mediadores para estudiar soluciones equitativas y la segunda, más escabrosa, que Ecuador devolvería a Jorge Glas al recinto diplomático mexicano, pero no le concedería el requerido salvoconducto, salvo decisión de la justicia local.

El haber acudido a la Corte Internacional de Justicia es retardar una rápida solución por meses o por años (como en el caso de Haya de La Torre) o acudir a las instancias regionales como la OEA o la Celac, es someter el caso al vaivén de las inclinaciones político-ideológicas del vecindario.

Carlos Antonio Carrasco
es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Fragmentos de vida en la ciudad

La Paz es una ciudad en la que suceden hechos distintos y en tiempos fragmentados

Patricia Vargas

/ 12 de abril de 2024 / 07:15

La ciudad es un espacio que lleva a diferentes mundos, donde la mirada del observador encuentra relatos que dan cuenta de realidades distintas en la vida de los habitantes. Esta última se halla entrecruzada por situaciones particulares, como es el caso de la población dedicada a la venta de productos singulares, a través del caminar por ciertos sectores de La Paz.

Otra forma de comercio que va acompañada por las gesticulaciones del vendedor y que tiene como característica el recorrido por la ciudad. Este tipo de venta se desarrolla en una especie de ritual, que resulta llamativo por la singularidad que tiene de transitar la ciudad de forma cotidiana.

También revise: La ciudad y el mundo del cine

Esos vendedores en movimiento —que transitan y se detienen en lugares estratégicos de calles, plazas y avenidas— no están a la espera de un comprador, sino que van en busca de él.

Un gran número de comerciantes ambulantes en La Paz se movilizan por los sitios más vitales, como la avenida Camacho, la plaza Murillo, la calle 21 de Calacoto, entre otros. Territorios que, precisamente por su afluencia, terminan siendo disputados por los vendedores.

Lugares que son elegidos, además, por ser los más efervescentes de la vida económica de los ciudadanos. Y es justamente eso lo que lleva al ofertante callejero a aprovechar esos sitios para la venta de sus productos, a partir de un permanente movimiento corporal.

En los últimos años, sobre todo desde la pandemia, ese tipo de comercio móvil es practicado con mayor frecuencia, pues responde a la necesidad de sobrevivencia de esa parte de la población. Una realidad de esta ciudad que además demuestra que la venta de ciertos productos tiene lugar en tiempos mínimos.

Así, La Paz es una urbe en la que suceden hechos en fragmentos de tiempo, lo cual es parte de su esencia y cotidianeidad. Sin embargo, también hay que reconocer que la población se siente agobiada por la presencia cada vez mayor de comerciantes que se asientan o deambulan por las vías. Por esa razón, se espera que dicha venta móvil no se amplíe, ya que el libre transitar del habitante correrá más riesgo que hoy con los puestos callejeros en las aceras.

Lo singular de este tipo de comercio móvil es que así como aparece, desaparece en cuestión de minutos, sobre todo cuando los funcionarios ediles salen a hacer controles sorpresa. Son, pues, presencias sorpresivas las que encontramos en nuestro andar por la ciudad y que nos llevan a pensar en cuán creativa es la gente para lograr vender en las arterias paceñas. Esta actividad, empero, podría resultar hasta peligrosa si este comercio se dedicara a expender sustancias nocivas.

Definitivamente, La Paz es una ciudad en la que suceden hechos distintos y en tiempos fragmentados, lo que demuestra la infinidad de realidades que habitan en su interior. Todo en el contexto de una situación económica deteriorada que hoy exige prontas soluciones.

La multiplicación del comercio informal y sobre todo ambulante no solo delata la situación económica agobiante de estos momentos, sino la fragmentación de una economía que hace visible la existencia de otras realidades lamentables que enfrentar, como la de aquella población a la que le urge una fuente laboral oficial y bien establecida.

Es evidente que La Paz nos presenta diferentes mundos. Ciudad hecha de distintas historias que relatan realidades que se desarrollan en un territorio siempre en disputa con los comerciantes informales, quienes están sitiando cada vez más esta ciudad.

(*) Patricia Vargas es arquitecta

Temas Relacionados

Comparte y opina:

De libertarios, populistas, progresistas y otros (II)

Las interrogantes van a todos los grupos políticos en disputa, se necesitan soluciones, propuestas racionales

Dionisio J. Garzón M

/ 12 de abril de 2024 / 07:10

En un clima político cada vez más enrarecido en el país, de reacciones inéditas y de silencios comprometedores, después de cinco meses vuelvo al tema de mi columna De populistas, libertarios, progresistas y otros (La Razón, 24 de noviembre de 2023). En el país se vive tempranamente en modo electoral, todo está ligado a lo que vendrá en 2025 y que se supone será una oportunidad para un cambio positivo. Las corrientes políticas tradicionales deberían afinar su artillería para vender una imagen de cambio positivo y también sus propuestas. Esto que es la receta tradicional no tiene vigencia en los inéditos tiempos políticos que vivimos; nadie habla de programas de gobierno, de soluciones concretas a los problemas estructurales del país, peor aún si de lineamientos de cambio se trata. Domina el quehacer diario del país la lucha interna de los que tienen el poder hoy, la estrategia para conservarlo y definir quién será el líder en 2025 parece ser la única meta que les preocupa. Los grupos opositores están casi invisibilizados, aparecen para comentar los yerros del régimen actual, lanzan tímidamente algún misil con posiciones específicas y operan en el submundo de las redes sociales, donde miden sus fuerzas y sueñan con apoyos etéreos que se miden por la cantidad de likes que obtienen sus posteos; mientras tanto en la calle se da la batalla real de las masas populares que viven las consecuencias y esperan un nuevo líder mesiánico que las guie en los obscuros senderos de la economía popular.

Consulte: Minerales críticos, geopolítica y oportunidades (III)

En este clima tan atípico se ven, por ejemplo, antiextractivistas reclamando el detalle de las reservas de gas a la estatal petrolera, progresistas luchando por la aprobación de proyectos estatales de inversión del más puro estilo neoliberal, o liberales de todo cuño, actuando como abanderados de las luchas por la conservación de los bosques y de los cursos de agua hoy descontrolados por la depredación y la errada gobernanza de los recursos naturales no renovables. No hay coordenadas que limiten el actuar en cada caso y aquellos que viven de aprovechar la coyuntura, están haciendo su agosto con el desorden y la falta de iniciativa que predomina. Ejemplos hay muchos, solo mencionar los bloqueos, los cisternas varados en las fronteras en espera de cargar diésel y gasolina para retornar, los límites departamentales que originan minidebates y minibatallas por el control de comunidades fronterizas creadas por la herencia colonial del control territorial, la falta de divisas para mantener fluidez en el comercio, la creciente informalidad a la que el pueblo apela para mantener su economía, y podemos seguir… ¿Algún grupo político ha delineado una estrategia para salir de este embrollo? La respuesta es obvia, están esperando que el pueblo en las calles haga el trabajo para el cambio y de esa manera cobrar vigencia en el momento oportuno. Así ha sido a lo largo de nuestra historia.

Finalmente, un apunte sobre Tarija, la tierra que me vio nacer: ¿Algún grupo político podrá enseñar a mis paisanos a vivir como pobres a causa de la brusca disminución de las regalías por el agotamiento de los megacampos gasíferos, después de ser por años el departamento con el mayor PIB per cápita del país? ¿Hay alternativas reales para reemplazar estos ingresos? Las interrogantes van a todos los grupos políticos en disputa, se necesitan soluciones, propuestas racionales, menos propaganda y menos discursos, compromiso, capacidad y apego a la patria que es una y debemos cuidarla. Felicidades tierra tan pródiga y generosa que es parte del país por voluntad propia, a los chapacos en todo el mundo y honor a los héroes de La Tablada.

(*) Dionisio J. Garzón es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Momento de unidad

Pamela Paul

/ 12 de abril de 2024 / 07:05

T  al vez sea necesario un evento extraterrestre para unir a este país destrozado. Para un fenómeno que atravesó el país desde la polémica frontera sur hasta los confines de Nueva Inglaterra, el eclipse del lunes atrajo muy pocas teorías o acusaciones de conspiración. Desde donde yo estaba, en Buffalo, la mayor amenaza en ese momento era un pronóstico de nubes espesas. Traigamos las siniestras metáforas: no tenemos la menor idea de hacia dónde vamos. Este año, el eclipse pasa por América. Aquí viene la lluvia otra vez.

Lea también: Universidades y el riesgo de su futuro

Quizás estaba demasiado preparada para buscar significado, después de haber encontrado un significado inesperado en el último gran eclipse que atravesó el país, el 21 de agosto de 2017. Lo necesitaba. Cansada por la caótica agitación de la presidencia de Donald Trump y desesperada por unas vacaciones, le dije a mi familia que quería ver en este país algo que Trump no pudiera criticar, alterar, destruir o empañar. Quería montañas, estructuras rocosas, paisajes y vistas que me dieran esa sensación de que esto también pasará, y el planeta seguirá existiendo. Decidimos pasar 10 días en Dakota del Sur, comenzando en el Monte Rushmore y terminando en Badlands.

No me di cuenta de que en medio de toda esa permanencia, la visión más fugaz sería la más profunda. Esto no fue en Dakota del Sur en absoluto; estaba a medio día de viaje en Wyoming. Más de un millón de visitantes habían llegado al estado, un buen número de los cuales llegó a una ciudad con una población de aproximadamente 58.000 habitantes. A medida que la luna se movía a través del sol, un extraño tono amarillo plátano cayó sobre todo, diferente a cualquier luz natural que haya visto jamás: más cerca del sepia que del crepúsculo. Mis tres hijos, que entonces tenían entre 8 y 12 años, se quedaron boquiabiertos ante la forma en que la luz golpeaba sus manos y transformaba el color de sus camisas.

Todos guardaron silencio mientras el sol desaparecía. La temperatura bajó notablemente. Los pájaros parecieron quedarse en silencio. A las 11.42, el momento de la totalidad, y con el sol uno con la luna, una unidad palpable en el silencio aquí en la tierra. Luego hubo un estallido audible de exaltación.

Algunas personas dicen que un eclipse provoca una sensación de insignificancia y soledad en el gran esquema del universo. Tuve una reacción ligeramente diferente, más bien una alineación comunitaria con la naturaleza. Para esta atea, fue lo más parecido a una experiencia religiosa, una especie de momento monolítico. Aquí estábamos, solo un grupo de primates, aparentemente tan avanzados en inteligencia y poder, pero aún asombrados ante lo profundo.

En busca de ese mismo sentimiento raro, este año partí hacia Buffalo. A las 14.02, algunas manchas azules moteaban el cielo nublado. Dos minutos después del eclipse parcial, el sol apareció y estallaron vítores en todo el parque, como si, contra todo pronóstico, todos estuviéramos presionando al mismo equipo.

A las 14.55, las nubes se oscurecieron y el ambiente era sombrío. Pero cada vez que el sol asomaba, había otra oleada de vítores y aplausos, y abucheos cuando ganaban las nubes.

A las 15:18, el eclipse alcanzó su totalidad bajo una capa de nubes. El parque quedó oscuro como la noche. No podías ver el sol, pero podías sentir el eclipse. Lo que parecía una puesta de sol irrumpió en el horizonte y todo el parque gritó de alegría. A veces, solo a veces, todos queremos lo mismo.

(*) Pamela Paul es columnista de The New York Times

Temas Relacionados

Comparte y opina: