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Thursday 18 Apr 2024 | Actualizado a 22:47 PM

Estafas y maletas

/ 9 de agosto de 2019 / 23:44

Hace ya varios meses que se puso “de moda” la estafa de las maletas, perpetrada a través de cuentas falsas en Facebook o WhatsApp con información personal recabada en las redes sociales. Con estos datos, los estafadores se ponen en contacto con las potenciales víctimas, haciéndose pasar por amigos o familiares cercanos, y les solicitan apoyo con el argumento de que se encuentran varados en el exterior tras perder su vuelo y necesitan ayuda para recuperar sus maletas, que se encuentran en un aeropuerto de Bolivia. Luego, les brindan un número de contacto.

Si el “familiar” cae en el engaño y llama a ese número, la persona que responde confirma que las maletas se encuentran en el aeropuerto y solicita un monto de dinero a una cuenta móvil para cubrir el sobrepeso del equipaje y el costo de almacenamiento. Si se accede a esta petición, los estafadores muchas veces vuelven a contactar a la víctima solicitándole más dinero, señalando que las maletas han sido retenidas por la Aduana por contener elevados montos de dinero o sustancias controladas, e incluso amenazan con inculparlos por este delito en caso de no acceder a sus peticiones monetarias.

A pesar de que se han difundido innumerables advertencias sobre esta forma de estafa, entre ocho y 12 personas siguen cayendo con este engaño al mes en el país, según datos de la Policía. Por ello, urge insistir en la necesidad de impulsar campañas educativas para que la ciudadanía sepa distinguir cuando está frente a un potencial fraude, y evite proporcionar datos personales y financieros en las redes.  

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Dejarlos ser

Lucía Sauma, periodista

/ 18 de abril de 2024 / 10:02

Niños, niños, niños. Todos fuimos parte de ese mundo que en la adultez, misteriosamente y para nuestra desventura, se convierte en una pócima de olvido, en un laberinto imposible de seguir, se reduce a la búsqueda de un tesoro, sin mapa, sin isla, sin brújula.  Sabemos que vivimos esa etapa en la que unos fueron muy felices, otros no tanto, tenemos flashes de lo que sentíamos, pero ya no está el panorama completo, es un vuelo muy rápido, crecemos demasiado pronto y solemos deshacernos raudamente de la niñez, seguramente por temor a seguir siendo inocentes, francos, despojados del miedo a amar sin medida.   

Cuando la niñez queda en el pasado, buscamos que los niños respondan y actúen como adultos en miniatura, es decir que si nuestro hijo pequeño o nuestro nieto interviene en  una conversación como si sería una persona mayor, inmediatamente lo catalogamos como un ser inteligente, una verdadera lumbrera, un superdotado, es cuando se pone en evidencia que nuestro mayor deseo es tener un hijo o un nieto que no actué como un niño, sino como un ser pequeño, alguien que copia muy bien a sus mayores.

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Este 12 de abril, “Día del Niño Boliviano”, se volvió a repetir la historia: sentamos a niños (cuanto más pequeños mejor) para que lean o repitan de memoria lo que sus profesores, o padres, o pastores de iglesias evangélicas, o cualquier otro adulto escribió para poner en la boca de los niños que hicieron de parlamentarios, concejales, repetidores de citas bíblicas u otras autoridades, para que, precisamente el Día del Niño, dejen de hablar, de actuar como niños. ¿Tan mala nos parece la infancia que pedimos a los niños que parezcan grandes para calificarlos de inteligentes?

Los niños debieran actuar, sentir y sobre todo hablar como lo que son: niños. Es un enorme trabajo aprender la vida, verla con ojos de niño, construirla con corazón de niño. Ser niños, esa es su labor. Y a lo que debiéramos dedicarnos los padres, abuelos, tíos… es a facilitarles lo que pueden o deben hacer para crecer sanos y felices. Los adultos tampoco podemos cambiar nuestro verdadero papel pensando en que lo hacemos muy bien cuando muy ufanos decimos: “más que su padre soy su amigo”, olvidando que tu hijo o hija tendrá los amigos que quiera, lo que necesita son padres, que lo quieran y acompañen como padres.

En resumidas cuentas, este mundo, nuestra sociedad, necesita niños que actúen como niños, padres que actúen como padres. Que cada quien cumpla con su papel en el momento que corresponde. Los niños son maravillosos actuando como niños, no tienen por qué cambiar de papel.

(*) Lucía Sauma es periodista

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Decadencia

La decadencia del cuerpo humano no tiene por qué transferirse al mundo de la vida ni al sistema y sus instituciones

Claudio Rossell Arce

/ 18 de abril de 2024 / 09:58

El ser humano, que se cree a sí mismo la medida de todas las cosas, y solo en esa dimensión logra calcular tiempo y espacio (y muchísimas otras cosas, incluyendo la opinión sobre cualquier tema), le teme como al abismo a la decadencia. No es para menos, cualquiera puede mirar en su propio físico el paso del tiempo, sintiendo cómo a una avanzada edad, todo parece entrar en irreversible decadencia por los cambios biológicos y fisiológicos que hacen fallar la maravallosa máquina del cuerpo.

Pero no todo es o debe ser decadencia en el cuerpo humano, con un poco de esfuerzo y disciplina, cualquier persona puede asegurarse de tener el cerebro funcionando tan bien como sea posible, especialmente en el área cognitiva. Leer, escribir, pensar, criticar, dibujar, pintar, tejer, caminar, respirar, dicen, ayudan a conservar cuerpo y alma lejos de la decadencia, sobre todo a esta última. Hay quienes se olvidan de hacer cada vez más de esas cosas y sobreviene el declive, que en muchos casos se manifiesta primero en las actitudes y comportamientos. Esa no es una decadencia biológica, sino moral.

Consulte: Camarada

Así, en un ejercicio de simplificación excesiva, es posible encontrar los rasgos de la decadencia de los individuos en todos los aspectos de la vida humana (porque ellos se proyectan), y hasta se la considera inevitable, incluso cuando no lo es. Decadencia moral, ya se dijo, provoca la pérdida del aprecio por los principios éticos fundamentales en diversos ámbitos de la actividad humana, incluyendo los negocios, la política y las relaciones personales, a veces, incluso, todo ello en un mismo contrato.

Decadencia ecológica, que nada tiene que ver con el ciclo de vida individual de cada especie viva, sino de la capacidad del conjunto para equilibrarse, adaptarse, regenerarse. Es la mano humana, que en nombre de sus negocios y su política se ha servido de la naturaleza hasta depauperarla a tal punto que amenaza la supervivencia de la especie, no del planeta y la vida en él, sino de este mamífero en particular. Habrá que añadir que, en muchos casos (¿la mayoría?), quienes toman decisiones sobre los negocios y la política son ancianos mamíferos (y machos, y blancos), que en su decadencia física probablemente han perdido el aprecio por el futuro, del que ya no esperan nada.

La política, que en teoría podría no entrar en decadencia, muestra su declive cuando, por ejemplo, hace posible el aumento de la corrupción en los gobiernos, con la consiguiente pérdida de confianza y legitimidad de las instituciones políticas entre los ciudadanos. Desde ese punto de vista, causan decadencia de la democracia las prácticas clientelares, los inmerecidos favores y regalos con recursos públicos, los negocios personales a cuenta del Estado, pero también la incapacidad de buscar y encontrar acuerdos, y de respetarlos.

Probablemente se puede hablar de decadencia económica (¡que el capitalismo liberal no lo permita, por Dios!) luego de periodos extendidos de estancamiento de la economía, alta inflación o deflación y desempleo, todos ellos síntomas de incapacidad para mantener el crecimiento y el bienestar económico. Síntomas de esta decadencia también son la aparición de gurúes de la economía, salvadores de la patria con receta neoliberal; la creciente cantidad de personas embelesadas con esos cantos de sirena; la incapacidad de revisar, siquiera un poquito, los prejuicios; la envidia por quien tiene más y el desprecio por quien tiene menos.

Este es un buen fermento para la decadencia social. El incremento en la desigualdad, la polarización y la erosión de las redes comunitarias, por los delirios del jefe de turno o por la venalidad de algunos miembros, daña el tejido social que sostiene a las sociedades y provoca la desconfianza, cuando no el desprecio o, peor, el odio mutuo. Para empeorar las cosas, son cada vez más quienes se ceban de ese estado de cosas, de ese humor colectivo, cual “chanchos aqueros”, esos que comen, literalmente, cualquier cosa. Difícil que no haya decadencia en los medios y los fines de tales líderes.

La decadencia del cuerpo humano no tiene por qué transferirse al mundo de la vida ni al sistema y sus instituciones, pero parece inevitable que así sea. El ejercitar el cuerpo y el pensamiento tal vez sean el camino para evitar que la decadencia, propia y ajena, nos lleve a la chingada.

(*) Claudio Rossell Arce es profesional de la comunicación social

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Noboa y su reprochable irrupción a una embajada

Queda claro que la política aplicada por Noboa genera escenarios bastante oscuros y preocupantes

Alfredo Jiménez Pereyra

/ 18 de abril de 2024 / 09:53

Las acciones ordenadas por el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, para irrumpir en la embajada mexicana en Quito para detener al expresidente Jorge Glas, han sido totalmente repudiadas en los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo.

En una violación flagrante de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961 y la Convención de Caracas de 1954 sobre el Asilo, Noboa no escatimó esfuerzos y mandó a un escuadrón especial, enmascarados y carros blindados para irrumpir en la legación diplomática mexicana a punta de armas de asalto para detener al exvicepresidente ecuatoriano.

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Glas, quien fue vicepresidente de 2013 a 2017, fue condenado por corrupción en Ecuador, pero había salido libre luego que un juez aceptara un recurso de habeas corpus por parte de sus abogados defensores.

Tras nuevas investigaciones en su contra, se refugió desde el 17 de diciembre en la embajada mexicana, país que le concedió asilo político el viernes 5 de abril, horas antes de su sorpresivo arresto.

La misma Convención de Viena establece que ningún Estado podrá invocar normas de derecho interno para incumplir el tratado. Un principio básico y universalmente respetado por los países democráticos.

El accionar del presidente ecuatoriano impresiona y retrotrae la política a épocas prosaicas de la convivencia entre naciones.

Semejante acción no se vio ni en la época tenebrosa cuando imperaba el Plan Cóndor, donde las hordas militares gobernaban a punta de fusil, arrestos, torturas y desapariciones en varios países de Sudamérica.

Noboa no solo destrozó el derecho internacional, también lo hizo con la ley ecuatoriana, artículo 482 del COIP (Código Orgánico Integral Penal). Convirtió a Ecuador en el país de la barbarie y lo arbitrario.

El artículo en cuestión reza: «Para allanar una misión diplomática o consular o la residencia de los miembros de las respectivas misiones, la o el juzgador se dirigirá con copia del proceso a la entidad encargada de las políticas de relaciones exteriores, solicitando la práctica de la diligencia. En caso de negativa del agente diplomático o consular, el allanamiento no podrá realizarse. En todo caso, se acogerá lo dispuesto en las convenciones internacionales vigentes en la República del Ecuador sobre la materia».

La reacción no se dejó esperar y amparado en el derecho internacional, el gobierno de México rompió relaciones diplomáticas con su par ecuatoriano, denunciando la flagrante violación de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y las lesiones sufridas por el personal diplomático mexicano en Ecuador. Además, pidió suspender a Ecuador de la ONU en una denuncia que presentó ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

En la querella, México exigió “la suspensión de Ecuador como integrante de la Organización de las Naciones Unidas en tanto no se emita una disculpa pública, reconociendo las violaciones a los principios y normas fundamentales del derecho internacional”. También solicitó “juzgar y declarar que Ecuador es responsable del daño que las violaciones de sus obligaciones internacionales han causado y siguen causando a México”.

Asimismo, la Organización de los Estados Americanos (OEA) calificó como “improcedente” el operativo policial lanzado por el mandatario ecuatoriano.

Tratando de justificar lo injustificable, Noboa defendió su accionar en el que argumentó que tuvo que tomar decisiones excepcionales “para proteger la seguridad nacional” y añadió que su país “rechaza cualquier tipo de inmunidad a criminales, delincuentes, corruptos y narcotraficantes”.

Recordemos que el mandato presidencial de Noboa se extenderá hasta el 23 de mayo de 2025, que era el final previsto para el gobierno de Guillermo Lasso.

En los pocos meses de gobierno, Noboa, ávido de popularidad, se ha caracterizado de ingresar a la esfera de presidentes como el argentino Javier Milei y el salvadoreño Nayib Bukele, este último caracterizado por las constantes violaciones de los derechos humanos en su lucha contra el crimen organizado.

A inicios de su gestión, Noboa catalogó a 22 bandas criminales de Ecuador como “terroristas”, y en medio de la tensa situación presentó el diseño de dos centros penitenciarios de máxima seguridad para albergar al menos a 1.400 reclusos, algo similar a lo realizado por su homólogo salvadoreño Bukele.

Queda claro que la política aplicada por Noboa genera escenarios bastante oscuros y preocupantes en un Ecuador donde las muertes violentas, secuestros, robos, extorsiones y atentados son cada vez más cotidianos.

(*) Alfredo Jiménez Pereyra es periodista y analista internacional

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Conan ha muerto

Lo peor de todo no es esta fotografía fija; lo peor es el aire de resignación que se respira en las calles de Buenos Aires

Ricardo Bajo

/ 17 de abril de 2024 / 11:08

“Conan, basta de ajustarnos”. Así reza una pancarta de protesta en la avenida 9 de Julio, cerca del famoso Obelisco de Buenos Aires. “Conan, tengo hambre”, dice otra. Sobre el paso de cebra alguien ha pintado “Milei te quiere pobre”. Todos sabemos quién es Milei, pero ¿quién es Conan? Conan es un perro, un mastín inglés para más señas. O era, porque el famoso Conan murió hace siete años. Entonces, el ahora presidente de la Argentina se gastó $us 50.000 en clonar a su mascota. Lo hizo a través de una compañía estadounidense de Texas llamada Perpetuate.

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Milei vive ahora con cinco perros idénticos (“son mis hijitos”) en la Quinta de Olivos, la residencia presidencial. Se llaman Conan, Milton (por el economista Milton Friedman), Murray (por el economista Murray Rothbard), Robert y Lucas (por el también economista Robert Lucas). Hasta aquí, todo “normal”. Por cierto, el estadounidense Murray Rothbard, de la Escuela Austriaca de Economía, sostiene que “el padre debería tener el derecho legal a no alimentar al niño, es decir, dejarlo morir”. Un (ex)amigo del presidente contó que “los perros le bajan a Milei un mensaje de Dios”.

Dice el escritor argentino Martín Caparrós en su nuevo libro (El mundo entonces: una historia del presente) que Milei está claramente incapacitado para gobernar, que es un personaje siniestro, que está notoriamente desquiciado. Y se pregunta: “¿por qué votaron quince millones de argentinos a un tipo que asegura recibir instrucciones de un perro muerto?” El psicoanalista Hernán Scorofitz —en una columna de la revista Noticias— cree que Milei no ha aceptado la muerte del animal; “parece imposibilitado de tramitar simbólicamente su falta y por eso necesitar inmortalizarlo a través de acciones que parecen bizarras y hasta delirantes”.

El delirio pasó por la clonación del perro muerto y de sus cuatro “hijos”. Y por abrirle una cuenta de Twitter al susodicho (e interactuar con ella). Scorofitz va más allá: “Conan ocupa un lugar de padre, un padre muerto pero del cual se reniega su muerte”. Hay que recordar que la infancia y la adolescencia de Milei fueron marcadas por maltratos físicos y psicológicos por parte de su padre y de sus compañeros de escuela. Por eso los argentinos y argentinas que marchan estos días en las calles (un día sí y otro también) contra las políticas de ajuste y hambre, contra los recortes y despidos, le hablan al perro y no al presidente. Argentina es un manicomio a cielo abierto.

“¿Cómo podemos confiar en una persona que no tiene familia y habla con Dios al que llama “El Uno” a través de un “canal de luz” que le abrió su perro muerto?, me dice un hincha de Defensa y Justicia en el barrio de Florencio Varela mientras mata mosquitos a cada rato por la epidemia de dengue.

El segundo cuatrimestre en las universidades nacionales está en riesgo porque no alcanza para pagar la factura de luz y gas. El presidente dice que podría mandar tropas a Ucrania. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich (a la que Milei llamó en campaña “terrorista tirabombas”), se reúne con la CIA y el FBI en Washington. El presidente y su hermana reciben en Miami la distinción de “embajadores de la luz” por parte de una secta judía ortodoxa. Uno de los diputados de su partido (La Libertad Avanza) no cree en la obligatoriedad de la enseñanza pública y le dice a una periodista: “La libertad es también si no querés mandar a tu hijo a la escuela para que ayude en el taller.” Libertad rima con esclavitud. Argentina es una pesadilla “orweliana”.

Las librerías de avenida Corrientes están vacías. Ha caído la venta de libros. La nueva obra de Leila Guerriero (La llamada, sobre la exmontonera Silvia Labayru) cuesta 32.500 pesos ($us 33 si cambias en negro y $us 38 al cambio oficial). En el aeropuerto, todavía es peor, sale a 37.000 pesos, $us 43. La cultura ha vuelto a ser un lujo, un privilegio para unos pocos. Milei ha iniciado una guerra contra la clase media. Y a futuro, todo esto solo cierra con represión y muerte.

La paralización de la obra pública ha puesto a miles de bolivianos en la calle, sin trabajo. El plan de Milei es desmontar Argentina, borrarla del mapa. La eliminación de ayudas al cine, a la literatura, al teatro y a la música —verdaderas banderas argentinas reconocidas en todo el mundo— arruinan a todo un país, irritado hasta el extremo.

Lo peor de todo no es esta fotografía fija; lo peor es el aire de resignación que se respira en las calles de Buenos Aires. ¿Por qué no se vislumbra una resistencia? ¿Por qué no aparecen en el horizonte líderes que puedan capitalizar este descontento/decepción? Lo único que queda —por ahora— es joder a Milei donde más le duele: Conan ha muerto.

(*) Ricardo Bajo vende escobas

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China: ¿En la trampa de ingresos medios o de EEUU?

Según las estadísticas de la OMC (2024), China ocupa en 2023 el primer lugar como exportador en el mundo

Gabriel Loza

/ 17 de abril de 2024 / 11:05

La semana pasada, dos tópicos llamaron la atención sobre China: el primero, el riesgo que corre China de caer en la “trampa de los ingresos medios”, nada menos de Nouriel Roubini, y el segundo, la declaración a Bloomberg de la Secretaria del Tesoro de EEUU, relativa a que “la aceleración de la industria china está distorsionando la economía mundial: Yellen”.

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Roubini (2024, abril), uno de los pocos que anticipó la crisis financiera de 2008, aunque hasta el presente todavía no registró otro éxito similar, advierte la trampa de ingresos medios para China: “¿Será China la excepción? Después de más de 30 años de tasas de crecimiento cercanas al 10%, su economía se desaceleró bruscamente en esta década; incluso el año pasado —cuando experimentó un fuerte rebote después de la era de la ‘política de cero COVID-19’— su crecimiento según los indicadores oficiales solo fue del 5,2%. Aún peor es que según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional su crecimiento caerá al 3,4% anual para 2028, y teniendo en cuenta sus políticas actuales muchos analistas prevén que la tasa de crecimiento potencial solo será del 3% para fines de esta década. Si eso ocurre, China habrá efectivamente caído en la trampa del ingreso medio”.

En 2007, el Banco Mundial sugería que Asia Oriental pronto se convertiría en una región de ingresos medios y planteaba la idea de la «trampa de los ingresos medios», concepto que no definió. En 2011, Homi Kharas y Harinder Kohli (2011) profundizaron en el concepto, especificando que cuando un país escapa de la trampa de la pobreza en la etapa de desarrollo de bajos ingresos y entra en la fase de desarrollo de ingresos medios, puede enfrentar un estancamiento del crecimiento y la incapacidad de seguir ascendiendo en la escala hacia el rango de ingresos altos.

Shaojie Zhou y Angang Hu precisan que: “…cuando un país entra en la categoría de país de ingresos medios desde la etapa de desarrollo de ingresos bajos, pierde las ventajas comparativas de un costo de mano de obra más barato y se vuelve menos competitivo en las exportaciones de manufacturas frente a los países de ingresos bajos y bajos salarios debido al aumento de los costos laborales (What Is the “Middle Income Trap”).

De esta manera, para salir de la supuesta trampa de ingresos medios había que ser más competitivos en las exportaciones totales, en las de manufacturas y en productos de alta tecnología.

Según las estadísticas de la OMC (2024), China ocupa en 2023 el primer lugar como exportador en el mundo con una participación del 14,4% del total y en el segundo lugar EEUU, con un 8,3% del total mundial. En las exportaciones de manufacturas, China tiene el primer puesto, así como, por ejemplo, en las exportaciones de equipo de oficina y telecomunicaciones, en cambio EEUU está en tercer lugar como exportador de manufacturas y en el sexto puesto en exportaciones de equipo de oficinas y telecomunicaciones. Es en las exportaciones de automóviles que EEUU está en segundo lugar, mientras que China en el quinto lugar, según la OMC (2024).

Lo cierto es el meteórico ascenso de China en el sector manufacturero, de un 5% de la cuota de la producción bruta mundial en 1995 subió a un 35% en 2020, mientras que EEUU, que en 1995 participaba con el 22% de la producción mundial manufacturera, cayó de importancia en 2020 a un 12%.

En este contexto hay que situar las declaraciones de la Secretaria del Tesoro de EEUU, que en nombre de todos los países y las instituciones encargadas de velar las reglas multilaterales acusa que “el exceso de capacidad de China distorsiona los precios y los patrones de producción mundiales y perjudica a las empresas y los trabajadores estadounidenses, así como a empresas y trabajadores de todo el mundo”. Es la primera vez que se acusa a un país por tener exceso de capacidad industrial y se cuestiona su política industrial.

¿Qué tienen entonces que hacer los países con sus políticas industriales y tecnológicas? Esperar el visto bueno de EEUU, una especie de “certificación mundial”. Me imagino a la India, dentro de unos pocos años, puesto que es el séptimo exportador mundial de productos y el tercer exportador mundial de servicios digitales. En conclusión: ¿No seria mejor denominarla la trampa de EEUU? 

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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