Voces

lunes 16 may 2022 | Actualizado a 07:36

Exportación de carne no sostenible

Una ganadería no es sostenible cuando se basa en la destrucción de bosques y el cambio de uso de suelos.

/ 21 de agosto de 2019 / 23:23

La Mesa Redonda Global para la Ganadería Sostenible (GRSB, por sus siglas en inglés) es una iniciativa que involucra a múltiples entidades para promover que todos los aspectos de la cadena de valores de la ganadería sean ecológicos, tengan responsabilidad social y sean viables económicamente. Debido a que la actividad ganadera es actualmente una de las mayores impulsoras de la deforestación a nivel mundial, esta institución define a la carne sostenible como un producto socialmente responsable, que respeta al ambiente priorizando al planeta, a los individuos, a los animales y al progreso.

En cambio, una carne no es sostenible cuando su ganadería se basa en la destrucción de bosques y el cambio de uso de suelos, como las últimas concesiones hechas por el Gobierno que autorizan la deforestación en áreas comunitarias y cambian la normativa que obliga a la reforestación de áreas desboscadas.

Va a ser muy difícil “posicionar a Bolivia entre los 15 mayores exportadores de carne del mundo” atentando contra los principios de la GRSB, que excluye a países sin responsabilidad ambiental. Los mercados a los que accederá la carne de Bolivia son exigentes en cuanto a medidas sanitarias, cuyo cumplimento en el país sería un gran avance, pero no en cuanto a sostenibilidad.

La ganadería es hoy uno de los rubros con mayor incidencia en el cambio climático, al ser una de las mayores fuentes de emisión de gases de efecto invernadero, a través de la deforestación, la generación de gas metano, la quema de praderas, el sobrepastoreo y el transporte e industrialización en la fabricación de alimentos de animales. Para minimizar estos efectos, la eficiencia y la innovación son fundamentales en la producción ganadera, en un esfuerzo para que recursos naturales como el agua, el suelo y la biodiversidad sean sosteniblemente utilizados.

La exportación de carne bovina es una vieja aspiración de Bolivia, planteada hace más de 30 años junto con Paraguay. Nuestro vecino, que no cuenta con nada que nosotros no tengamos, pasó de planes a acciones hace más de una década, y hoy exporta 400.000 toneladas anuales de carne bovina de primera calidad a los mercados más exigentes, siendo el sexto exportador de carne del mundo, cumpliendo los lineamientos de la GRSB.  Incluso cuenta con su propia Mesa de Carne Sostenible, que busca convertir al Paraguay en un referente global en este rubro.

Mientras tanto, nuestra ganadería está basada en la ineficiencia del no manejo, desaprovechando millones de hectáreas de praderas naturales, y enormes áreas ya desboscadas que son presa del fuego todos los años. En más de 2 millones de hectáreas, la ganadería es un pretexto para la ocupación con fines especulativos, donde lo que se engorda no es ganado, sino el valor de la tierra.

La experiencia ha demostrado que los esfuerzos por introducir formas de producción ganadera compatibles con la conservación de la diversidad son de escaso impacto si no van acompañados de políticas públicas adecuadamente aplicadas. Por eso es contraproducente que, en vez de promover la eficiencia a través de unidades demostrativas silvopastoriles, fomentar la investigación, el desarrollo para el pastoreo racional o sensibilizar al público para cambiar el consumo de carne, el Gobierno se dedique a promover las viejas prácticas que han destruido millones de hectáreas de bosque y de praderas naturales.

* Ingeniero agrónomo especializado en Desarrollo Rural, autor del libro “Ganadería ecológica en las sabanas inundables de Bolivia”.

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Educación y desigualdad

/ 16 de mayo de 2022 / 01:14

El presidente Joe Biden dice que está analizando detenidamente el alivio de la deuda de los estudiantes, lo que probablemente significa que se avecina un alivio significativo. Por un lado, Biden prometió alivio durante la campaña de 2020. Por otro lado, es una prioridad progresista que puede abordar mediante una acción ejecutiva, lo cual es importante dada la extrema dificultad de obtener algo a través de un Senado dividido en partes iguales.

¿Cuánto alivio ofrecerá? No tengo ni idea. ¿Cuánto alivio debería ofrecer? Estoy a favor de ir tan grande como lo permitan las realidades políticas, pero entiendo que una condonación de deuda demasiado generosa podría producir una reacción violenta. Y no tengo confianza en saber dónde se debe trazar la línea.

Lo que creo que sé es que gran parte de la reacción violenta a las propuestas para el alivio de la deuda de los estudiantes se basa en una premisa falsa: la creencia de que los estadounidenses que han ido a la universidad son, en general, miembros de la élite económica. La falsedad de esta proposición es obvia para aquellos que fueron explotados por instituciones depredadoras con fines de lucro que los alentaron a endeudarse para obtener credenciales más o menos inútiles.

Lo mismo se aplica a aquellos que asumieron una deuda educativa pero nunca lograron obtener un título, no un grupo pequeño. De hecho, alrededor del 40% de los deudores de préstamos estudiantiles nunca terminan su educación. Pero incluso entre aquellos que lo logran, un título universitario difícilmente es una garantía de éxito económico. Y no estoy seguro de cuán ampliamente se entiende esa realidad.

Lo que se entiende ampliamente es que Estados Unidos se ha convertido en una sociedad mucho más desigual en los últimos 40 años más o menos. Sin embargo, la naturaleza de la creciente desigualdad no es tan conocida. Sigo encontrándome con personas aparentemente bien informadas que creen que principalmente estamos viendo una brecha cada vez mayor entre los que tienen educación universitaria y todos los demás. Esta historia tenía algo de verdad en las décadas de 1980 y 1990, aunque incluso entonces no tuvo en cuenta las enormes ganancias de ingresos en la parte superior de la distribución: el aumento del 1% y aún más entre el 0,01%.

Sin embargo, desde 2000, la mayoría de los graduados universitarios han visto estancarse o incluso disminuir sus ingresos reales. El Instituto de Política Económica tuvo un análisis muy útil de estos datos justo antes de la pandemia. Entre 1979 y 2000, hubo una coincidencia aproximada entre el crecimiento en una medida de la desigualdad general (la brecha entre los salarios en el percentil 95 y los del trabajador medio) y su estimación de la prima salarial promedio para los trabajadores con educación universitaria. Sin embargo, desde 2000, la desigualdad salarial ha seguido aumentando, mientras que la prima universitaria apenas ha cambiado. Además, no todos los graduados universitarios han tenido la misma experiencia. A algunos les ha ido bastante bien, pero muchos no han visto ganancias en absoluto.

Ahora, los estadounidenses en el percentil 95 no se consideran ricos, porque seguramente no lo son, en comparación con los directores ejecutivos, los financistas de fondos de cobertura, etc. No obstante, han visto ganancias sustanciales.

Por otro lado, el típico graduado universitario, que es, recuérdelo, alguien que lo logró y recibió un título acreditado, no lo ha hecho. Entonces, así es como lo veo: gran parte de la deuda estudiantil que pesa sobre millones de estadounidenses se puede atribuir a falsas promesas. Algunas de estas promesas fueron estafas puras y simples; piensa en la Universidad Trump.

Sin embargo, incluso aquellos que no fueron engañados por completo, fueron atraídos por mensajes de élite que les aseguraban que un título universitario era un boleto para el éxito financiero. Demasiados no se dieron cuenta de que las circunstancias de su vida podrían hacer que sea imposible terminar su educación: es difícil para los estadounidenses acomodados de clase media alta darse cuenta de lo difícil que puede ser permanecer en la escuela para los jóvenes de familias más pobres con ingresos inestables.

Muchos de los que lograron terminar descubrieron que las recompensas financieras eran mucho menores de lo que esperaban. Y demasiados de los que fueron víctimas de estas falsas promesas terminaron cargados con grandes deudas.

Por supuesto, hay muchos estadounidenses que han sufrido el aumento de la desigualdad. No diría que los deudores universitarios son mayores víctimas que, digamos, los camioneros que han visto caer sus salarios reales o familias atrapadas en áreas rurales en declive y pequeños pueblos. Y deberíamos estar ayudando a todas estas personas.

Desafortunadamente, la mayoría de las cosas que podríamos y deberíamos hacer por los estadounidenses necesitados, como extender el crédito fiscal ampliado por hijos, no se pueden hacer frente a 50 senadores republicanos, más Joe Manchin. El alivio de la deuda de los estudiantes, por el contrario, es algo que Biden puede hacer. Así que debería.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía y columnista de The New York Times.

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Educación pospandemia

/ 16 de mayo de 2022 / 01:10

Lo último que pensaba escribir al reflexionar sobre el noble tema de la columna, era el repudio al uso de los estudiantes como carne de cañón para los apetitos de poder de las dirigencias universitarias. Ningún título póstumo, ni homenaje es pertinente a estas alturas de lo ocurrido en Potosí. Justicia es lo que buscan las familias de las jóvenes que murieron en las instalaciones de la universidad potosina, y justicia es lo que el país les debe.

¿En qué condiciones están desarrollando sus estudios los y las jóvenes que sufrieron dos años de suspensión de clases presenciales?

Un reciente informe del BID (¿Cómo reconstruir la educación pospandemia?), nos alerta, entre varios otros elementos, lo siguiente: que en América Latina, 166 millones de jóvenes perdieron aproximadamente 237 días de clases debido a la pandemia; que 35 millones de alumnos abandonaron sus estudios y que la brecha de aprendizaje entre alumnos pobres versus alumnos con recursos económicos es de 2,5 años.

Otros impactos se refieren al deterioro de la salud mental ocasionado por el aislamiento, la sensación de inseguridad y el empeoramiento de las condiciones de accesos al mercado de trabajo.

Estos impactos habrá que medirlos en nuestro país, pero más allá de las cifras, lo cierto es que la tendencia es que las brechas educativas entre colegios públicos y privados, entre campo y ciudad, entre hombres y mujeres, se han ensanchado durante la pandemia. Un estudio en profundidad ayudaría a dar más detalles sobre el fenómeno y tal vez a diseñar mecanismos precisos para tratar de revertir la situación.

La adolescencia, que es la etapa de la vida que se inicia luego de los 10 años y acaba alrededor de los 25, es una etapa a la vez delicada y llena de oportunidades: es el momento clave para el apoyo en el desarrollo de habilidades cognitivas y socioemocionales. Se requiere dedicar atención y recursos para tal fin.

Si se logra una buena intervención, los resultados individuales y sociales se potencian. De lo contrario, los resultados individuales y sociales se deterioran.

Entonces, ¿qué opciones tenemos? El estudio del BID señala varias líneas de acción; entre ellas gastar más y mejor en educación, reabrir los centros educativos —cosa que se logró en Bolivia en parte gracias a la presión de madres y padres de familia—.

Otra opción identificada en el informe del BID, apunta al aprovechamiento de la inversión que se hizo para las clases virtuales. El acceso y la colectividad son claves, pero solo tienen impacto cuando están acompañados de contenidos de calidad, pautas de acceso y formación de los profesores.

El Internet nos da la posibilidad de ir más allá de la oferta de las universidades locales. Cursos más o menos formales, que van desde costo cero a los varios miles de dólares, abundan en la web.

¿Hasta qué punto esta oferta actual y potencial está siendo utilizada en Bolivia? ¿Existe posibilidad de que jóvenes del país se conecten con un mercado laboral virtual con otro tipo de oportunidades gracias al desarrollo de nuevas habilidades y destrezas adquiridas por medios no convencionales? ¿Qué tan dinámico es el propio mercado laboral nacional para absorber este nuevo tipo de talento humano?

Sería interesante contar con análisis y datos sobre estas tendencias, junto con el desarrollo de lineamientos que nos den pautas para superar las inequidades que se pueden generar en estos procesos.

Las nuevas competencias que se desarrollan al margen del sistema educativo boliviano impactarán (tarde o temprano) en nuestro mercado laboral. Community managers, científicos de datos y programadores ya tienen demanda en nuestro entorno. Parece ser un buen momento para actualizar y agilizar nuestro sistema.

Pablo Rossell Arce es economista.

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Bourdieu

/ 16 de mayo de 2022 / 01:05

Para hablar de un autor se puede partir con su fecha de nacimiento, sus libros más importantes, o por el concepto o categoría que caracteriza su obra. Pierre Bourdieu nació en Denguin (Francia) el 1 de agosto de 1930, no es un dato menor pues nos revela que no era parisino y su lengua materna no era el francés. Decimos «era» pues murió en 2002. Escribió muchos libros importantes, depende del interés de sus lectores. Para mí, el conjunto de artículos reunidos en libros como Cuestiones de sociología, Cosas dichas, Meditaciones pascalianas, Razones prácticas y Poder, derecho y clases sociales, son sus mejores libros, pero su gran obra se titula La distinción, criterio y bases sociales del gusto, aunque para otros tal vez sea La reproducción: elementos para una teoría del sistema de enseñanza, escrito en co-autoría con Jean Claude Passeron. Continuando con el concepto o categoría que caracteriza la obra de Bourdieu, podríamos quedarnos con habitus.

Habitus es una categoría sociológica que se refiere al conjunto de modos de ver, sentir y actuar que, aunque parezcan naturales, son sociales, es decir, están moldeados por las estructuras sociales, se aprenden y se aprehenden. El habitus aparece como la mediación entre las condiciones objetivas y los comportamientos individuales. Hablar de habitus es colocar lo personal como colectivo.

Bourdieu lo concibe como “la interiorización de la exterioridad y la exteriorización de la interioridad” o también como “sistemas de disposiciones duraderas, estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes”. Esta manera de referirse al habitus como estructuras estructuradas y como estructuras estructurantes a la vez, es tal vez, la manera más clara de explicarlo, en tanto Bourdieu nos está diciendo que el habitus se aprende, al participar de un determinado campo y en consecuencia se trata de una estructura (exterior) estructurada (interior) y que desde ese interior (estructura estructurada) el agente se encarga de reproducir con su práctica el conjunto de relaciones sociales, solo entonces el habitus funciona como estructura estructurante. Es decir, el habitus es una subjetividad socializada.

El ejemplo más claro es el del jugador de fútbol. Un futbolista aprehende las reglas del campo y las interioriza, ya no decide sus acciones de forma racional, sino por medio de su habitus, por ejemplo, no tiene que preguntarse si puede o no levantar la pelota con las manos, simplemente se comporta con su habitus. Los deportistas llaman a esto «sentido del juego».

El habitus no es solo un término de investigación sociológica, sino una categoría para comprender por qué un sujeto, pese a rechazar constantemente un determinado comportamiento, puede terminar siendo parte de él.

Farit Rojas T. es abogado y filósofo.

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Dios salve a Liverpool… Y a Klopp

Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

/ 15 de mayo de 2022 / 18:50

La Guardia Real de la Reina, la de uniformes rojos y enormes sombreros de piel negra enfundados hasta los ojos, ocupaba el campo de juego mientras la sensual cantante londinense Raye entonaba Good Save the Queen (Dios salve a la Reina). Y 90.000 espectadores en el imponente estadio de Wembley, no del todo silenciosos, los hinchas del Liverpool silbaron el himno. Al cumplir 150 años, una puesta en escena fabulosa dio apertura a la final de la Football Association Cup, la célebre Copa Inglesa, la competencia futbolística más antigua del mundo. En 1872, cuando empezó, no había Mundiales ni Champions ni ligas, ese fue el primer intento formal de rivalizar entre clubes. Luego vino todo lo demás. Sólo no se disputó durante las dos Guerras Mundiales. Setecientos veintinueve equipos participan, incluso de categorías aficionadas. O sea, representa realmente a toda Inglaterra, hasta el último cuadrito de barrio la juega. Semejante tradición se respeta de modo reverencial, por lo cual, a diferencia de otros países, el campeón de copa tiene en el fútbol inglés una importancia bastante cercana al campeón de liga. No es una hermanita menor.

Al igual que en la Copa de la Liga -segunda en importancia- llegaron a la final en el histórico escenario Liverpool y Chelsea. Como en aquella ocasión -27 de febrero-, jugaron ardorosamente, igualaron 0 a 0, fueron al alargue y a los penales. Y, como entonces, se coronó el Liverpool desde los doce pasos. En catorce penales, la mayoría maravillosamente ejecutados, venció 6 a 5 el club liverpooliano. La habitual angustia de la tanda penalicia sirvió para decretar un campeón y dar emotividad a la coronación. Y no es que faltaran emociones antes, hubo cantidad de situaciones de gol, sólo faltó la precisión, un elemento clave en este juego.

Actualmente hay que patear obligadamente bien los penales, caso contrario los arqueros los atajan. Son atléticos, estudian a los pateadores, entrenan mucho. Di Stéfano contaba que en su época los goles de penal no se festejaban, porque era demasiado fácil hacerlos. “Te dabas vuelta e ibas al centro del campo sin gritar”, recordaba Alfredo. Los arqueros casi no se movían, uno tiraba a asegurar, a una punta, y era gol seguro. Ahora, disparo que no va fuerte o esquinado es un postre para los porteros, muy felinos. Salvo que los rematadores sepan amagar bien, como sucede con los que se animan a hacer un Panenka. Terminada la serie y con Liverpool campeón, Jürgen Klopp no paraba de abrazar a Sadio Mané, el magnífico atacante senegalés; él fue quien falló el único tiro del campeón, quería que la tierra se lo tragara. Pero Alisson lo salvó tapándoselo a Mason Mount.

El príncipe Williams y Debbie Hewitt, la primera mujer presidenta de la Asociación Inglesa de Fútbol en 158 años, entregaron el trofeo al capitán liverpooliano Jordan Henderson, duro guerrero de arduas batallas. Es la segunda corona de la temporada del cuadro rojo, ahora deberá lidiar ante el Real Madrid por la Champions el 28 de mayo y espera un resbalón del Manchester City a ver si puede hilvanar también la Premier League, pero esa se le puso difícil. El City depende de sí mismo. Falta una fecha y, si los de Guardiola vencen al Aston Villa el domingo, serán campeones. Klopp buscaba un epopéyico cuatriplete, tal vez deba conformarse con tres.

Liverpool y Chelsea son gemelos presionando, se asfixian uno al otro, por eso les cuesta superarse. No obstante, hubo cantidades de llegadas de peligro de los dos. Y la más clara la tuvo en sus pies Luis Díaz, grandísima figura en el primer tiempo. Alexander Arnold le puso un pase de primera con tres dedos, toda una delicatessen, y lo dejó sólo de cara al gol; Lucho picó bien, sacando ventaja, como es su virtud, dominó, entró al área y definió rápido, pero la bola, entre las piernas de Mendy, se frenó y esto permitió que la defensa del Chelsea rechazara. El colombiano se metió a espaldas de Chalobah, en el hueco que había entre este y Reece James, y por ahí causó estragos, pero siempre le faltó la puntilla, los cinco centavos de puntería para hacer red. No obstante, a los 8 minutos ya era la estrella del juego con sus internadas por izquierdas, amagues, gambetas y centros. En la segunda parte también fue un factor de alto riesgo para los de Tuchel, y probó varias veces desde el borde del área, pero no era su tarde para el gol. En tiempo extra, Klopp lo sustituyó por Firmino porque estaba perdiendo frescura física y ya no ganaba en los piques, aunque con su titularidad y sus movimientos eléctricos y punzantes ratificó que es uno de los preferidos del técnico alemán y que está a la altura de Mané y Salah. Incluso todos los compañeros lo buscan con el pase más a él que a los otros dos. Un síntoma de confianza de aquellos, cuando el jugador trae la bola, la pasa al que cree que puede hacer alho. Si se le daba el gol, era el héroe de Wembley.

Fue una lucha sin respiro. Klopp le lleva a su compatriota Thomas Tuchel una ventaja de 10 victorias a 3; lo consigue, pero le cuesta ganarle. Y el Chelsea tuvo varias buenas frente al arco de Alisson. A Pulisic le pasó lo mismo que a Luis Díaz: brilló, desequilibró, no se le dio el grito sagrado y luego se fue desgastando, hasta ser reemplazado.

Un detalle del fútbol actual, de su grado de oposición: ambos equipos son claramente ofensivos -más el Liverpool- sin embargo, en todos los córners o tiros libres desde las bandas, los dos defienden con sus once hombres en el área. Cada vez se dan menos ventajas y es más difícil desnivelar. Pese a todo, se dan partidos espectaculares.

Liverpool llevaba treinta años sin ganar la Premier, trece sin conquistar la Champions y quince sin levantar la Copa Inglesa. Ya está: Klopp le ha devuelto todo. Si Liverpool pudiera emitir moneda propia, sus billetes llevarían la cara de Jürgen.

El jueves último, en memorable actuación, el Inter le ganó 4 a 2 a la Juventus en la final de la Copa Italia. Pocos lo vieron, muchos ni se enteraron. A nivel jerárquico, ambas competiciones son idénticas, pero a la Copa Inglesa la vio el mundo. Aquel fue un gran partido, éste un notable acontecimiento, un megaevento con toda la pompa. Lo mismo pasa con la Copa del Rey (España) o la Copa de Alemania. Es la diferencia abismal que ha establecido el fútbol inglés como espectáculo por calidad futbolística, presentación, buen gusto y elegancia en el decorado. Inglaterra sabe que ha creado el mayor entretenimiento de la humanidad y lo cuida con orgullo, prolijidad y excelencia.

A la final de la Copa de la Liga, entre los mismos contendientes, habían concurrido 85.512 pagantes. Esta agotó las 90.000 entradas. Los inventores del fútbol se descuidaron por años, pero han retomado la vanguardia en casi todos los aspectos. Y ahora es difícil que la pierdan.

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De Fausto a Hilda Reinaga: herencia y sueños

/ 15 de mayo de 2022 / 01:01

Hace poco tiempo Hilda Reinaga Gordillo, sobrina del gran pensador quechuaymara Fausto Reinaga, publicó su libro titulado Mi llegada a la casa del Amauta, editado por la Fundación Amautica F. Reinaga y Mirada salvaje. El trabajo está dividido en seis capítulos, con un pequeño anexo de fotografías y manuscritos inéditos. La portada del libro es muy ilustrativa. Hilda en la Biblioteca del Amauta, rodeada de libros, fotografías de Fausto y una wiphala en el centro. Hilda enseñando la máquina de escribir con la que trabaja el Amauta y seguramente fue también la herramienta con la que trascribía los manuscritos de su tío. Se hizo varias presentaciones en diferentes lugares del país, pero no ha merecido gran atención. A excepción de algún escritor que publicó en un medio escrito de alcance nacional. En estos últimos días se hará la presentación en Argentina y la recepción no será tan fría como en Bolivia.

Uno lee la memoria, el testimonio de Hilda e inmediatamente recuerda a los escritos de Fausto, por ejemplo, en la forma crítica (incluso autocrítica) de abordar su experiencia vivida, pero también los análisis a temas históricos del país y el acercamiento a momentos felices y difíciles subsistidos, junto a su tío.

Está claro, el estilo de abordar la realidad la aprendió de esa especie de escuela del indianismo que formó Fausto, pero a la vez es conjuncionada con el espíritu de la rebeldía de la mujer quechua del Norte de Potosí. Si bien cumplió distintas tareas en la casa junto al escritor, la obra de Hilda es una manifestación de la mujer india pensante y escritora.

Hay varios acápites históricos que son abordados profundamente por Hilda, como complementos o ampliaciones a las obras de Reinaga, quien no solo utilizaba las páginas centrales sino notas de pie y hasta algún anexo de sus libros. Sin embargo, hay datos inéditos de varios momentos existidos en la familia Reinaga, como algunas fotografías únicas, desde que Hilda era niña y su llegada a la casa de Fausto en Chuqiyapu marka del mundo aymara.

Como toda familia andina, no están exentos las contradicciones y tensiones permanentes, que no se resuelven a lo larga de la vida de Hilda, incluso con la muerte de Fausto en 1994. No solo es un simple testimonio, sino que hay argumentos sólidos, citando acciones de algunos personajes públicos del mundo indio, sean kataristas e indianistas, y que son aclaradas o son cuestionadas abiertamente.

Hilda, muy al estilo de Fausto, no tiene miedo de criticar a la nueva generación de indianistas/kataristas, que en alguna medida fue apoyada por ella y hoy varios integrantes de esa juventud han quedado atrapados en la obsesión por el poder, hasta de vicios occidentales, generándose una especie de desarraigo de los orígenes interesantes de la nueva camada de indianistas y kataristas del presente. Valoro el cuestionamiento de Hilda a la perdición de la juventud, que en el fondo no es más que un sueño de tener una nueva generación sana y lúcida que pueda llevar adelante varias propuestas del indianismo que Fausto soñó en vida. A pesar de los agradecimientos que realiza Fausto a Hilda en varias de sus obras, en ese momento no aparece la Hilda pensadora y narradora.

Creo que hay muchos aspectos desconocidos en la vida de Fausto y quien puede retratarlos mejor es Hilda, como la vida cotidiana, su apego a la madre naturaleza. No en vano se fue a vivir a K’illi k’illi (hoy Villa Pabón), que en su época era un barrio marginal de indios y el lugar simbólico donde fue depositada una de las partes del cuerpo descuartizado de Tupaj Katari. Fausto fue gran amante de la vegetación, en un lugar de migrantes de pueblos ancestrales.

En nuestra reciente conversación con Hilda, le pedí que escriba más, que nos cuente otros aspectos para conocer mejor a Fausto, de quien nos hemos quedado solo con la idea del creador de ideas y de libros. Aunque esos libros de Reinaga tienen un estilo particular. Sería lindo que en otro libro nos cuente del hijo de Fausto, Kolla, que recientemente falleció y que también fue escritor, aunque aún no conocemos sus obras.

Jallalla Kullaka Hilda. Wali sumawa qillt’atamaxa jach’a markasataki.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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