Voces

sábado 18 sep 2021 | Actualizado a 06:19

Exportación de carne no sostenible

Una ganadería no es sostenible cuando se basa en la destrucción de bosques y el cambio de uso de suelos.

/ 21 de agosto de 2019 / 23:23

La Mesa Redonda Global para la Ganadería Sostenible (GRSB, por sus siglas en inglés) es una iniciativa que involucra a múltiples entidades para promover que todos los aspectos de la cadena de valores de la ganadería sean ecológicos, tengan responsabilidad social y sean viables económicamente. Debido a que la actividad ganadera es actualmente una de las mayores impulsoras de la deforestación a nivel mundial, esta institución define a la carne sostenible como un producto socialmente responsable, que respeta al ambiente priorizando al planeta, a los individuos, a los animales y al progreso.

En cambio, una carne no es sostenible cuando su ganadería se basa en la destrucción de bosques y el cambio de uso de suelos, como las últimas concesiones hechas por el Gobierno que autorizan la deforestación en áreas comunitarias y cambian la normativa que obliga a la reforestación de áreas desboscadas.

Va a ser muy difícil “posicionar a Bolivia entre los 15 mayores exportadores de carne del mundo” atentando contra los principios de la GRSB, que excluye a países sin responsabilidad ambiental. Los mercados a los que accederá la carne de Bolivia son exigentes en cuanto a medidas sanitarias, cuyo cumplimento en el país sería un gran avance, pero no en cuanto a sostenibilidad.

La ganadería es hoy uno de los rubros con mayor incidencia en el cambio climático, al ser una de las mayores fuentes de emisión de gases de efecto invernadero, a través de la deforestación, la generación de gas metano, la quema de praderas, el sobrepastoreo y el transporte e industrialización en la fabricación de alimentos de animales. Para minimizar estos efectos, la eficiencia y la innovación son fundamentales en la producción ganadera, en un esfuerzo para que recursos naturales como el agua, el suelo y la biodiversidad sean sosteniblemente utilizados.

La exportación de carne bovina es una vieja aspiración de Bolivia, planteada hace más de 30 años junto con Paraguay. Nuestro vecino, que no cuenta con nada que nosotros no tengamos, pasó de planes a acciones hace más de una década, y hoy exporta 400.000 toneladas anuales de carne bovina de primera calidad a los mercados más exigentes, siendo el sexto exportador de carne del mundo, cumpliendo los lineamientos de la GRSB.  Incluso cuenta con su propia Mesa de Carne Sostenible, que busca convertir al Paraguay en un referente global en este rubro.

Mientras tanto, nuestra ganadería está basada en la ineficiencia del no manejo, desaprovechando millones de hectáreas de praderas naturales, y enormes áreas ya desboscadas que son presa del fuego todos los años. En más de 2 millones de hectáreas, la ganadería es un pretexto para la ocupación con fines especulativos, donde lo que se engorda no es ganado, sino el valor de la tierra.

La experiencia ha demostrado que los esfuerzos por introducir formas de producción ganadera compatibles con la conservación de la diversidad son de escaso impacto si no van acompañados de políticas públicas adecuadamente aplicadas. Por eso es contraproducente que, en vez de promover la eficiencia a través de unidades demostrativas silvopastoriles, fomentar la investigación, el desarrollo para el pastoreo racional o sensibilizar al público para cambiar el consumo de carne, el Gobierno se dedique a promover las viejas prácticas que han destruido millones de hectáreas de bosque y de praderas naturales.

* Ingeniero agrónomo especializado en Desarrollo Rural, autor del libro “Ganadería ecológica en las sabanas inundables de Bolivia”.

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Bolsonaro, más desesperado

/ 18 de septiembre de 2021 / 01:51

Durante semanas, el presidente de Brasil Jair Bolsonaro le ha estado pidiendo a sus simpatizantes que salgan a las calles a protestar. Es por eso que el 7 de septiembre, el Día de la Independencia de Brasil, anticipaba un poco la posibilidad de ver turbas de personas vestidas con camisetas amarillas y verdes, armadas, algunas con sombreros peludos y cuernos, asaltar el edificio del Supremo Tribunal Federal, en nuestra propia versión de los ataques al Capitolio.

Afortunadamente, eso no fue lo que sucedió. (La multitud al final se fue a casa y nadie intentó sentarse en las sillas de los magistrados del Tribunal Federal). Sin embargo, los brasileños no se salvaron del caos y la consternación.

Para Bolsonaro fue una demostración de fuerza. Por la mañana, cuando se dirigía a una multitud de aproximadamente 400.000 personas en Brasilia, dijo que tenía la intención de utilizar el tamaño de la multitud como un “ultimátum para todos” en las tres ramas del gobierno federal. Por la tarde, en un mitin en São Paulo con 125.000 personas, el Presidente calificó a las próximas elecciones de 2022 como “una farsa” y dijo que ya no acatará las sentencias de uno de los magistrados del Supremo Tribunal Federal. “Que lo sepan los canallas de una vez”, gritó. “¡Nunca iré a la cárcel!”

Parece ser parte de un plan. Al buscar una confrontación en particular con el Supremo Tribunal Federal, Bolsonaro está tratando de sembrar las semillas de una crisis institucional, con miras a permanecer en el poder. El 9 de septiembre trató de recular un poco: a través de una declaración escrita dijo que “nunca tuvo la intención de atacar a ninguna rama del gobierno”. Pero sus acciones son claras: está amenazando con dar un golpe de Estado.

Quizás esa sea la única salida para Bolsonaro (aparte de gobernar de manera adecuada al país, algo que al parecer no le interesa). Las excentricidades del Presidente, que sigue cayendo en las encuestas y está amenazado por la posibilidad de un juicio político, son una señal de desesperación. Pero eso no significa que no puedan tener éxito. Bolsonaro tiene buenas razones para estar desesperado. El mal manejo de la pandemia de COVID-19 por parte del Gobierno le ha causado la muerte a 587.000 brasileños; el país enfrenta tasas récord de desempleo y desigualdad económica; y también está azotado por una inflación en aumento, la pobreza y el hambre. Ah, y también viene en camino una enorme crisis energética.

Esto ha mermado la posición de Bolsonaro con los brasileños. Y las cosas no lucen bien de cara a las elecciones presidenciales del año que viene. De hecho, las encuestas sugieren que será derrotado. Luiz Inácio Lula da Silva, el político de centro izquierda y expresidente, aventaja con comodidad a Bolsonaro. Tal como están las cosas, Bolsonaro perdería contra todos los posibles rivales en una segunda vuelta.

Esto explica el afán de Bolsonaro por insistir en las acusaciones infundadas de fraude en el sistema de votación electrónica de Brasil. Ha amenazado repetidas veces con suspender las elecciones si el sistema de votación actual permanece vigente, y aunque el Congreso rechazó hace poco su propuesta de exigir recibos impresos, Bolsonaro sigue poniendo en duda el proceso electoral (¿les suena familiar?).

Y no hemos mencionado la corrupción. Un número cada vez mayor de acusaciones de corrupción se han realizado contra el Presidente y dos de sus hijos, quienes también ocupan cargos públicos (uno es senador; el otro es concejal de la Cámara Municipal de Río de Janeiro). Los fiscales han sugerido que la familia Bolsonaro participó en un plan conocido como “rachadinha”, que involucra la contratación de asociados cercanos o familiares como empleados para luego embolsarse una porción de sus salarios.

Para Bolsonaro, quien fue elegido en parte por su promesa de acabar con la corrupción, estas investigaciones ensombrecen su panorama. En este contexto de ineptitud y escándalo, los eventos del 7 de septiembre fueron un intento de distraer y desviar la atención, y, por supuesto, de cimentar las divisiones. Y los esfuerzos para destituir a Bolsonaro por la vía parlamentaria están estancados.

No hay tiempo que perder. Las manifestaciones de la semana pasada no fueron simplemente un espectáculo político. Fueron otra acción más para fortalecer la posición de Bolsonaro para una eventual usurpación del poder antes de las elecciones del año que viene. No obtuvo exactamente lo que quería —el número de simpatizantes, aunque sustancial, fue mucho menor de lo que esperaban los organizadores— pero seguirá intentándolo.

El 7 de septiembre marca otro momento importante en la historia de Brasil: fue el día en el que los objetivos totalitarios de nuestro Presidente quedaron claros. Para nuestra joven democracia, podría ser una cuestión de vida o muerte.

Vanessa Barbara es escritora y columnista de The New York Times.

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Una historia cruceña que contar

/ 18 de septiembre de 2021 / 01:46

Entrada la década de 1950, el catastro correspondiente a Santa Cruz de la Sierra registraba no más de 50 propietarios. Buena parte de estos señores ostentaba títulos de propiedad emanados de la colonia. Mínimamente el 70% de la población vivía en condiciones de hacinamiento. Las tres anteriores afirmaciones fueron hechas por quien fuera uno de los más importantes autores del crecimiento y esparcimiento urbano de Santa Cruz de la Sierra: Luis Sandoval Morón.

Lucho, como le llamaban sus allegados, escribió desde su exilio en Buenos Aires en 1975 el libro Revolución y contrarrevolución en el Oriente Boliviano. 1952-1964. La obra, como él mismo define en su introducción, es su testimonio sobre los hechos históricos después de la insurrección del 9 de abril, desde la óptica de Santa Cruz. El libro ha sido reeditado en diferentes ocasiones, por ejemplo por la Universidad Gabriel René Moreno durante la rectoría de Reymi Ferreira, o por el extinto fondo editorial de la Cámara de Diputados en 2009. Con todo, hoy es una pieza de colección, no disponible en versión física para la venta, razón por la cual el prologador de las últimas ediciones, Homero Carvalho, se brindó a compartirlo con esta autora en formato digital.

“Considero necesario que se empiece a escribir la historia del pueblo y sus dirigentes. Nosotros, los revolucionarios, tenemos la tarea de romper el monopolio de la historia escrita por las clases dominantes y explotadoras que se difunde hasta hoy.” (1) Esa es la sentencia de Sandoval con la que justifica la importancia de su libro. Quizás en aquel entonces el autor no sabía que su aporte sería uno de los pocos registrados en la bibliografía nacional con esa especificidad: Santa Cruz durante el gobierno emanado de la insurrección popular del 9 de abril de 1952.

Dirigente prominente del MNR, fue una de las voces con mayor autoridad en el oriente boliviano durante el gobierno de su partido. Luis Sandoval Morón, invicto en la conducción del comando departamental rosado, es reconocido como uno de los caudillos más relevantes del siglo XX en Santa Cruz. Su habilidad dirigencial le permitió liderar la conformación de sindicatos campesinos, células obreras, comandos zonales de vecinos y milicias urbanas en defensa de la línea popular del Gobierno Nacional. Enfrentó fervientemente desde lo que él denominó la “Tendencia Popular Revolucionaria” de izquierda, a la “Tendencia derechista del MNR”. La primera parapetada en el comando departamental y la segunda, empoderada con altos puestos en la burocracia nacional.

Lo anterior es el marco referencial para entender y, por supuesto, homenajear, la importancia de lo alcanzado por la izquierda emenerrista cruceña. En efecto, Luis Sandoval Morón está en los anales de la historia cruceña no solo por su liderazgo político, sino que por efecto de éste, por la reforma urbana que logró movido por sus principios de justicia social. Así pues, para 1956, el Comando Departamental del MNR había impulsado, incluso al margen de las normas vigentes de aquel entonces, la creación de más de 30 nuevos barrios habitados por trabajadores, maestros y artesanos.

“La mayoría de la población pobre se hacinaba en los llamados ‘tambos’ que, en relación a la extensión de la ciudad, habían proliferado mucho (tambo Hondo, tambo Comercio, tambo Cosmini, tambo Muchirí, tambo Aroma, tambo Limpio, tambo Calama entre muchos otros). Estas viviendas eran constituidas por una serie de cuartos simplemente de paja y barro. Algún alero hacia adentro y un patio común. Allí vivían, en cada cuarto, cuantas personas pudiesen entrar, en lamentable hacinamiento, con las graves consecuencias que ello trae tanto en el aspecto sanitario, y de deformación de la personalidad humana. Los alquileres eran cobrados a criterio del propietario”.

Solo la reforma urbana en sí misma constituye una revolución. Los pobres y vilipendiados accedieron en aquel entonces a un pedazo de tierra urbana propio. Aquel loteamiento modificó la disposición de la ciudad y, de hecho, fundó la ampliación de lo que hasta entonces no era más que la subsistencia de una pequeña urbe organizada en damero colonial.

Es evidente que los 12 años de gobierno del MNR, posteriores a la insurrección popular del 9 de abril, marcaron el crecimiento de Santa Cruz. Como sostiene Sandoval Morón, por un lado el gobierno central de entonces potenció la agroindustria cruceña buscando constituir la llamada burguesía nacional, financiando su desarrollo con recursos fiscales. Y por el otro, como se ha leído en este texto, otorgando a los de abajo la posibilidad del techo propio.

(1) Sandoval, Luis. “Revolución y Contrarrevolución en el Oriente Boliviano. 1952-1964”. Fondo Editorial de los Diputados. La Paz. 2009. Página 31 (2) Idem. Página 101

Valeria Silva Guzmán es analista política feminista. Twitter: @ValeQinaya.

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¡Sufragio libre, no reelección!

/ 18 de septiembre de 2021 / 01:40

Bajo el lema “sufragio libre, no reelección”, Francisco Madero fue impulsor principal de la Revolución Mexicana que, en 1910, marcó el final de las repetidas reelecciones de Benito Juárez (cinco veces) y Porfirio Díaz (siete periodos), al instaurar como principio constitucional ese grito libertario que es la base de la institucionalidad mexicana. Por ello, provocó sospecha los intentos del actual presidente Andrés Manuel López Obrador, alias AMLO, de que, a través de la astucia de una proyectada consulta popular para revocación del mandato, podría ocultarse la aspiración reeleccionista del fatigado mandatario. No sorprende ese furtivo deseo por la inclinación amistosa de AMLO con los jerarcas perpetuos, adversos a la alternancia. Ilustrativo ejemplo fue la visita inopinada que AMLO realizó el 20 de julio de 2020, a la Casa Blanca, para secundar a Donald Trump en su campaña electoral y la secuela de ese romance fue no reconocer la victoria de Joe Biden, hasta bien entrada su elección. Concordante con esa conducta, aparece en su reciente libro A la mitad del camino (Ed. Planeta, 328 pp. 248 pesos) en el capítulo de política exterior, páginas 138-174, una risueña narrativa referente al precipitado escape de Evo Morales en el avión que AMLO puso a su disposición para salvarlo de la vindicta popular, después de un porfiriato de 14 años que desembocó en un frustrado ensayo de fraude electoral denunciado por la misión observadora de la OEA.

AMLO escribe casi como cuando habla con el mismo tedio usado en sus cotidianas conferencias de prensa, ante un auditorio cautivo y somnoliento que tiene que aguantar sus peroratas francamente aburridas, prolongadas por silencios donde escudriña nombres, lugares y situaciones que huyen de su memoria, en incidentes que los neurólogos calificarían como comienzos de mentis-gap.

Esa condición clínica, harto evocada por la prensa mexicana, podría atribuirse a la revelación achacada al piloto de la nave que conducía a Evo y su comitiva quien, desde hace casi dos años nunca se refirió a aquel episodio, ni al supuesto ataque de un cohete disparado desde Cochabamba y esquivado por ese hábil aviador que podría haber inventado la historieta para lograr ascensos o condecoraciones al valor. AMLO reproduce ese sueño de una noche de verano, con pluma de afiebrada imaginación, propia para un libreto de sitting comedy mexicana o noveleta turca. Por otro lado, se duda que militares bolivianos anhelacen objetivo alguno en derribar esa aeronave extranjera cuya clientela a bordo, era francamente superflua para el interés nacional.

La agitada llegada a México de aquel expresidente boliviano admitido como refugiado, contrasta con la visita de Estado realizada por Víctor Paz Estenssoro en la primavera de 1963, invitado por el entonces presidente Adolfo López Mateos. Como miembro de la comitiva recuerdo que, al descenso del avión, por la alfombra roja, el gabinete en pleno y el cuerpo diplomático homenajearon al ilustre visitante y luego, el recorrido hasta la residencia presidencial de Los Pinos fue saludada por miles de obreros y simpatizantes de la Revolución Nacional, muñidos de banderolas alusivas a la analogía de las dos más grandes revoluciones latinoamericanas.

Era la época de notables estadistas, hacedores de la verdadera confraternidad indoamericana.

Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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Teléfonos inteligentes, ¿demasiado buenos?

/ 17 de septiembre de 2021 / 01:38

Voy a plantear una pregunta intencionalmente provocadora: ¿y si los teléfonos inteligentes son tan exitosos y útiles que están frenando la innovación? Los tecnólogos están imaginando en la actualidad cuál podría ser la próxima gran innovación. Pero puede que nunca más exista algo como el teléfono inteligente, la primera y quizás última computadora transformadora a nivel mundial para el mercado masivo.

Quizás termine pareciéndome a una de esas futuristas del siglo XIX que no pudo imaginar que los caballos serían reemplazados por los automóviles. Pero déjenme argumentar mi teoría de que probablemente el fenómeno de los teléfonos inteligentes nunca más podrá ser replicado.

Primero, cuando las personas en el mundo de la tecnología imaginan el futuro, apuestan de manera implícita a que los teléfonos inteligentes serán desplazados como el centro de nuestras vidas digitales por cosas menos obvias. Es decir, no unas placas que nos alejen de nuestro mundo sino tecnologías casi indistinguibles del aire que respiramos.

Actualmente, las gafas de realidad virtual son molestias aparatosas, pero la apuesta es que las tecnologías como la realidad virtual o las computadoras que pueden “aprender” como las personas, con el tiempo lograrán difuminar la línea entre la vida real y la vida en línea, entre humano y computadora, hasta el punto de borrarla por completo. Esa es la visión detrás del “metaverso”, una visión general en el que las interacciones humanas virtuales serán tan complejas como las reales.

Quizás pienses que tecnologías más envolventes y que luzcan humanas suenan intrigantes o tal vez te parezcan los sueños fantasiosos de un grupo de chiflados (o quizás un poco de ambos). De cualquier manera, los tecnólogos deben demostrarnos que el futuro que imaginan es más convincente y útil que la vida digital que ya tenemos gracias a las supercomputadoras mágicas en nuestros bolsillos.

El desafío para cualquier nueva tecnología es que el éxito de los teléfonos es tan grande que llegamos al punto en el que es difícil imaginar alternativas. Con un auge de ventas que duró cerca de una década, los dispositivos pasaron de ser una novedad para nerds ricos a la única computadora que miles de millones de personas en todo el mundo han tenido. El éxito de los teléfonos inteligentes es de tal magnitud, que ya no necesitamos prestarles mucha atención (sí, eso incluye los modelos actualizados de iPhone de los que Apple habló el martes).

El atractivo de estos dispositivos en nuestras vidas y en la imaginación de los tecnólogos es tan poderoso que en la actualidad cualquier nueva tecnología tiene que existir casi en oposición al teléfono inteligente.

Cuando mi colega de The New York Times, Mike Isaac, probó el nuevo modelo de gafas de Facebook que puede tomar fotos con un toque en la sien, un ejecutivo de la compañía le dijo: “¿No es eso mejor a tener que sacar tu teléfono y sostenerlo frente a tu rostro cada vez que quieras capturar un momento?”.

Entiendo el punto del ejecutivo. Es cierto que dispositivos como el Apple Watch, las gafas de Facebook y los Spectacles de Snap han sido ingeniosos al momento de adaptar algunas funciones de los teléfonos inteligentes y hacerlas menos molestas. Varias compañías, entre ellas Facebook, Snap y Apple, también están trabajando en productos ópticos que — al igual que el fallido Google Glass— buscan combinar información digital como mapas con lo que vemos a nuestro alrededor.

El comentario del ejecutivo también demuestra que cualquier nueva tecnología de consumo tendrá que responder las preguntas inevitables: ¿por qué debería comprar otro dispositivo para tomar fotos, buscar rutas en bicicleta o reproducir música cuando puedo hacer la mayoría de esas cosas con el teléfono que ya tengo en mi bolsillo? ¿Necesito acaso vivir en el metaverso cuando tengo una experiencia similar en la pantalla rectangular de mi teléfono?

Es poco probable que los teléfonos inteligentes sean la apoteosis de la tecnología y tengo curiosidad por ver el desarrollo de la tecnología que quiera distanciarse de ellos. Pero al menos por ahora, y quizás para siempre, la mayoría de las tecnologías para nuestra vida diaria serán complementos de nuestros teléfonos en lugar de reemplazos. Estas pequeñas computadoras son tan condenadamente prácticas que quizás nunca exista una revolución posterior a los teléfonos inteligentes.

Shira Ovide es columnista de The New York Times.

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Leyendo a Paulo Freire desde Bolivia

/ 17 de septiembre de 2021 / 01:33

El 2021 trae consigo una crisis civilizatoria de múltiples efectos incrementados por la pandemia, que para muchos es una sindemia, el virus se debe analizar y enfrentar desde la salud y todos los ámbitos del quehacer humano. Sin embargo, en medio de la incertidumbre, en palabras de Paulo Freire, siempre hay esperanza crítica para seguir construyendo historia, el inédito viable. Al final de cuentas, somos seres inacabados y éticos. Esa esperanza, desde las culturas del Abya Yala, está en nuestros orígenes y pasado para entender el futuro, nos hace entender el significado de los 100 años de nacimiento de Paulo Freire, “figura paradigmática de los 70, sus prácticas y su pensamiento fueron un refugio placentero y desafiante para miles de latinoamericanos, no solo en el ámbito de la educación, sino también en el de las luchas sociales y políticas…” (Roberto Iglesias) que construyó sus experiencias y propuestas en Brasil, su país de nacimiento, y en el exilio vivido en Bolivia, Chile y Europa. Así como la trascendencia de los 90 años de la creación de la Escuela Ayllu de Warisata, una de las experiencias educativas más significativas de Bolivia y América Latina, por transmitir los principios de libertad, solidaridad, reciprocidad, revalorización de la identidad cultural y producción comunal en armonía con la Madre Tierra. La Escuela Ayllu fue fundada en 1931 y destruida físicamente por las fuerzas conservadoras en 1940, falsa ilusión de los represores, en sus ideales y principios, hoy sigue viva en el Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo que se ejecuta según la Ley de la Educación 070 “Avelino Siñani-Elizardo Pérez”, principales creadores de la experiencia.

Ese el sentido del presente artículo, leer la historia y contexto de la pedagogía liberadora de América Latina desde dos experiencias de profunda trascendencia para nuestra realidad: Las luchas, vivencias y pensamiento de la Escuela Ayllu de Warisata- Bolivia y la educación popular, con base en los postulados de Freire, asumiendo que la realidad, junto a la educación, “se rehace constantemente en la praxis y que para ser tiene que estar siendo”.

Entre la lectura crítica de la realidad y la construcción de experiencias “educativas” con intencionalidad política. La Escuela Ayllu de Warisata nació en una época de “humillación y explotación inhumana” (Simeón Villca). “Los que se atrevieron a fundar escuelas fueron torturados y encarcelados. Los hacendados eran los principales enemigos de la educación india… La fundación de la Escuela de Warisata fue parte de la lucha por la recuperación de tierras…” (Raúl Zibechi). Por su parte, Freire comienza a estructurar sus análisis, propuestas y una campaña de alfabetización en el nordeste brasileño, una de las regiones más pobres de América Latina, cortadas abruptamente por un golpe militar (1964) y el exilio que termina expresándose en el libro La pedagogía del Oprimido (1970) dedicado “A los desharrapados del mundo y a quienes descubriéndose en ellos, con ellos sufren y con ellos luchan” (Paulo Freire). Ambas experiencias no se quedan en la palabra, leen el mundo y constatan discriminación, marginación y opresión, en el que la educación es parte de la lucha por la liberación y transformación social con los movimientos populares, en el caso de Warisata, desde la propia Ulaka, Parlamento Amauta, que discute y toma decisiones sobre la organización, trabajo comunitario y reivindicaciones sociales-políticas.

La lectura crítica, desde la praxis, contribuye a generar un proyecto educativo holístico, liberador, transformador e inclusivo. La Escuela Ayllu une práctica con teoría, hace evidente el “aprender haciendo”; el aula se une al taller y sembrío; genera la formación integral; desarrolla la complementariedad entre pisos ecológicos y núcleos- escuelas seccionales; la educación es más que escolaridad; y la producción, intra e interculturalidad es parte de la vida de los procesos educativos. Desde Freire se desarrolla la pedagogía dialógica, concienciación, praxis y metodología dialéctica que parte de la práctica, se hace teoría y retorna a la práctica para transformarla, además que es profundamente humana.

Los caminos se encuentran e invitan a pasar de la resistencia a la re-existencia, a recrear experiencias para fortalecer la educación liberadora y el pensamiento latinoamericano. Compromiso para seguir en la lucha. Homenaje al centenario de Paulo Freire.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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