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Monday 4 Mar 2024 | Actualizado a 21:27 PM

Seguridad vial

Una ley de seguridad vial debe, entonces, orientarse a disciplinar a quienes conducen automóviles

/ 30 de agosto de 2019 / 00:50

Como coincidiendo con el impasse protagonizado por los choferes sindicalizados del transporte urbano de pasajeros el domingo pasado, el Viceministro de Seguridad Ciudadana anunció que el anteproyecto de Ley de Seguridad Vial está en su fase final de concertación. La norma debería reemplazar al vetusto Código de Tránsito, promulgado en 1973. El último sector en discutir el proyecto es el de los transportistas.

Se trata de una de las tantas conclusiones de la Cumbre de Seguridad Ciudadana, que resaltó la necesidad de transformar y mejorar no solo la lucha contra el delito y los crímenes, sino también de dar seguridad a las personas en todos los aspectos de su vida cotidiana, comenzando por lo que sucede en las calles.

Estadísticas de la Dirección Nacional de Tránsito, de la Policía Boliviana, revelan que en 2018 el 99,2% de los accidentes viales registrados tuvieron como causa el exceso de velocidad, el consumo de bebidas alcohólicas y el desacato de las normas de tránsito; es decir, todas éstas atribuibles al conductor. Una ley de seguridad vial debe, entonces, orientarse a disciplinar a quienes suelen ponerse detrás del volante, pero también, y sobre todo, a proteger al peatón de los conductores.

Sin brindar detalles, la autoridad anunció “un capítulo especial en cuanto a las sanciones administrativas y punitivas que deben aplicarse” contra quienes provoquen hechos de tránsito. También se refirió a la obligatoriedad de instalar dispositivos de posicionamiento geográfico (GPS) en buses de transporte de pasajeros interdepartamentales e interprovinciales, a fin de hacer un seguimiento en tiempo real a estos coches, para prevenir accidentes como los que recientemente enlutaron a la sociedad.

Habrá que ver, sin embargo, el peso que este proyecto normativo asigna a la educación vial. Tema todavía no publicitado, pero que debería merecer la mayor parte de los esfuerzos por transformar un sistema vial caótico y peligroso en uno relativamente seguro. Cambiar las percepciones y actitudes de las y los más jóvenes podría ser un buen punto de partida; mas no puede olvidarse de que este mismo propósito debe cumplirse con quienes ya están detrás del volante, a menudo ignorando por completo la existencia de normas y reglas básicas de comportamiento en las calles.

Las y los peatones, en tanto usuarios de servicios de transporte públicos y privados o caminantes de las calles, requieren asimismo una reeducación para que comprendan que la seguridad propia y ajena también depende de su comportamiento. Intentar medidas coercitivas o siquiera disciplinarias sin más probablemente termine en franco desacato.

Probablemente no solo haga falta consensuar con los choferes sindicalizados, el gremio más díscolo y a la vez responsable en gran medida de la inseguridad vial. Hará falta asegurar que la sociedad en su conjunto conozca el proyecto normativo, y comprenda que ha sido pensado para producir un cambio tan necesario como urgente. Ojalá así sea.

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Desnudez

Farit Rojas

/ 4 de marzo de 2024 / 09:57

Fingir que no se está desnudo es uno de los temas de uno de los cuentos infantiles de Hans Christian Andersen. El traje nuevo del emperador narra la historia de un gobernante y su desnudez. Cuenta Andersen que un día llegaron al reino dos tejedores capaces de manufacturar hermosos vestidos. Se decía que poseían unas telas mágicas que solo podían ser vistas por personas inteligentes y merecedoras de su cargo, en contrapartida, no podían ser vistas por tontos e impostores. El gobernante pidió a estos tejedores que elaboren un traje para él con estas telas mágicas para que al vestirlo pueda saber quiénes merecen su cargo y diferenciar a los listos de los tontos. Los tejedores pidieron, además de una enorme paga, seda e hilos de oro, los cuales guardaron para ellos. Montaron un telar en el cual dijeron que estaban haciendo el traje nuevo del emperador. El inquieto gobernante quería saber cuánto habían adelantado, entonces, mandó a uno de sus ministros a ver. Al llegar ante el telar y no ver las telas ni el traje, el ministro se puso nervioso. Los impostores le preguntaron su opinión sobre el hermoso color del traje nuevo del emperador, el ministro pensó: ¿seré tonto? ¿O tal vez no merezco mi cargo? Mejor no debo decir que no veo la tela, entonces exclamó: ¡qué colores! Le diré al emperador lo mucho que me gustan. Los tejedores entonces pidieron más dinero, más seda e hilos de oro. El emperador mandó a otro de sus colaboradores y a éste le ocurrió lo mismo. Fue entonces que el gobernante, acompañado de ministros y consejeros, llegó al telar de los astutos tejedores y el horror lo asaltó, pues no veía el traje. ¿Seré tonto? ¿O no mereceré ser emperador? Entonces exclamó: ¡Oh, la tela es bellísima! Los impostores entonces cortaron la tela invisible y con agujas con hilo invisible movían en el aire sus manos, como si cosieran. ¡He aquí los pantalones, el vestido y la capa! El emperador se despojó de todas sus ropas y los impostores simularon vestirlo con el traje nuevo. El emperador entonces empezó a contonearse delante del espejo como si viera el traje. Todos sus acompañantes lo adularon: ¡que traje más esplendido! Y el emperador marchó en procesión ante el pueblo. Un niño gritó: ¡pero si no lleva nada! Pero inmediatamente su padre lo reprimió. Disculpen la inocencia del niño, les dijo a los guardias. Sin embargo, la gente empezó a murmurar que el emperador estaba desnudo.

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Este hermoso cuento de Andersen brinda una curiosa enseñanza política anotada por Jacques Derrida, quien sugiere que solo se es emperador a partir de un traje invisible que todos disimulan que lo ven, empezando por el mismo emperador, cuyo temor no es la desnudez sino el pudor de verse despojado de la simulación compartida que permite tanto ser gobernante como ser gobernado.

(*) Farit Rojas es abogado y filósofo

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Hijos de la misma madre

¿En qué se parecen el exdictador nicaragüense Anastasio Somoza y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu?

Javier Bustillos Zamorano

/ 4 de marzo de 2024 / 09:53

¿En qué se parecen el exdictador nicaragüense Anastasio Somoza y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu?

1.- En 1838 Nicaragua se convirtió en una república soberana e independiente y 55 años después, en 1893, cayó dentro de la órbita estadounidense que buscaba apropiarse de sus recursos naturales: oro, plata, cobre, café y banano. En 1912, el ejército estadounidense ocupó el país e impuso un gobierno títere que, entre otras cosas, permitió el establecimiento de una base naval, derechos exclusivos para la construcción de un fallido canal interoceánico y el control de la United Fruit Company sobre la industria del banano. Se quedaron hasta 1933, cuando fueron echados por las tropas revolucionarias encabezadas por el general Augusto César Sandino quien, un año después, sería asesinado por órdenes del embajador estadounidense Arthur Bliss Lane.

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Quien lo mató, mediante un sicario, y reprimió sin piedad a sus seguidores, fue un aventurero, hijo de ricos, que había vivido desde chico en Estados Unidos y de regreso al país, se había convertido en cómplice de los invasores que lo premiaron nombrándolo jefe de la Guardia Nacional. Tres años después, ascendió a testaferro de los norteamericanos, mediante un golpe de Estado. Ya en el poder, Anastasio Somoza García inició una dictadura familiar que duró 43 años.

Gobernó a sangre y fuego, dio manga ancha a empresas norteamericanas y convirtió a su gobierno en una gerencia de Estados Unidos. Pero sobre todo se hizo multimillonario no solo con la explotación del oro, sino con la apropiación de los principales recursos económicos del país como el café, azúcar y el transporte, encarcelando, torturando o desapareciendo a quien se le opusiera. Se convirtió en el hombre más rico del continente.

Un día le preguntaron al entonces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, que porqué protegía a un corrupto y sanguinario como Somoza, a lo que él contestó: “Si, puede ser que Somoza sea un hijo de puta; pero es nuestro hijo de puta” (revista Time, noviembre, 1948).

2.- A finales del siglo XIX, a un periodista austrohúngaro llamado Theodor Herzl, se le ocurrió la idea de crear un Estado judío y buscó sitios donde instalarlo. Primero pensó en Uganda, Chipre, Kenia, Mozambique, el Congo y Argentina, pero se decidió por Palestina y bautizó a su proyecto con el nombre de sionismo. En ese entonces, Palestina estaba bajo el dominio del imperio otomano, región a la que ya le habían echado el ojo Francia y Gran Bretaña que en 1916, habían firmado un tratado secreto: al término de la Primera Guerra Mundial, Francia se quedaría con Siria y Líbano y Gran Bretaña con Jordania Irak y Palestina. Pero no esperaron al cese de fuego y, en 1917, Gran Bretaña invadió Palestina.

Herzl, que ya había creado la Organización Sionista Mundial, buscó de inmediato el apoyo de banqueros ingleses y otros personajes, que, tras una serie de negociaciones, finalmente le ayudaron a convencer al gobierno británico de establecer  “un hogar nacional judío en Palestina”. Lo que los británicos no sabían es que el sionismo no sólo buscaba ese hogar judío, sino también una limpieza étnica del territorio.

Así, comenzó la colonización blanca que, como la humedad, fue avanzando tan rápido que en 1947 Gran Bretaña se lavó las manos de la masiva expulsión de palestinos, pasando la estafeta a Estados Unidos, que se había convertido en mandamás de la naciente Organización de Naciones Unidas. La ONU emitió una resolución que dividió en dos el territorio, una parte judía y otra árabe, cosa que los sionistas no respetaron y en 1948 declararon unilateralmente la creación del Estado de Israel, con la complicidad estadounidense que desde ese año, le proporciona armas, protección política y una ayuda económica que, a la fecha, suma más de $us 130.000 millones. Los palestinos que, de ser dueños de todo el territorio, acabaron amontonados en la franja de Gaza y Cisjordania. El resto es historia que ya conocemos.

Cuando medio mundo le dice al gobierno de Estados Unidos que lo de Palestina no es una guerra, sino un genocidio; que ya van más de 30.000 muertos, la mayoría mujeres y niños; que Netanyahu debe ser juzgado como un criminal, Washington contesta como sabe: Si, puede ser que Netanyahu sea un hijo de puta; pero es nuestro hijo de puta.

(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista

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Lluvias, lluvias y más agua, pero se deja rebalsar…

/ 3 de marzo de 2024 / 00:57

Entre los meses de octubre y noviembre de 2023 había mucha preocupación, sobre todo en los ayllus y las comunidades andinas por la posible sequia de este 2024, ya que no habían caído las primeras lluvias, como suele suceder para realizar las primeras siembras agrícolas. Se realizaron muchos ritos para que llueva, por ejemplo, visitando a las wak’as con cánticos de los niños. Incluso algunos grupos evangélicos se aprovecharon para “ganar almas” en su fe, incorporando las rogativas para que llovizne.

Parece que las plegarias tuvieron sus grandes efectos, porque hoy en la región andina boliviana llueve a cántaros, pero también en la Amazonía. Aunque en algunas regiones del valle alto de Cochabamba realizaron bombardeos para que llueva. Para la gran región de los Andes no es ninguna novedad que llueva mucho o que haya sequía. A lo largo de muchos años los pobladores andinos se enfrentaron a estas climatologías extremas y aprendieron a diseñar estrategias para que ambos efectos no golpeen a los pobladores. Varias prácticas siguen vigentes, como el uso de las qhutañas o el almacenamiento del agua para un mejor uso, posterior a la época de las lluvias.

En tiempos de la escasez de agua se abren nuevamente la gran pregunta, no solo para las sociedades ancestrales, sino para todos los habitantes, incluidas las ciudades: ¿Cómo fue antes, cómo es ahora y cómo debería ser a futuro la relación del agua con los pobladores?

¿Qué pasa hoy en las ciudades como La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca y Cochabamba? Presenciamos dramáticamente el crecimiento de varios ríos y las consecuencias de la fuerte precipitación pluvial que terminan en riadas, inundaciones, mazamorras, etc. Está claro que un primer aspecto es el olvido de esa antigua relación equilibrada entre seres humanos y la lluvia.

Hace unos días escuché la declaración del interventor de EPSAS, entidad gubernamental que administra el agua potable en la ciudad de La Paz. Utilizando la metáfora del vaso que se llena de agua y se derrama inevitablemente, justificaba el desperdicio de las aguas de las represas que se llenaron. Oír a una autoridad del agua, en una ciudad como La Paz después de la difícil experiencia de 2016 cuyas consecuencias aún se sienten cada año, totalmente desatinada. La gran pregunta del año es si no habrá racionamiento del agua por falta de lluvias y de políticas adecuadas por parte de los niveles de gobierno. Afirmar con la metáfora citada es no entender de la escasez de agua y tampoco de sus posibles soluciones. Lo mínimo que esperaría de la autoridad citada es que las aguas de las represas que están al tope sean muy bien utilizadas. Por ejemplo, su traspaso a otras represas o destinarlas para el riego de algunas comunidades agrarias. Esta absurda declaración hace pensar que el Gobierno central y otras autoridades del agua casi nada han hecho para contar con más represas y su mejor uso en momentos difíciles.

Lo más preocupante, urge trabajar en torno a la relación profunda de los seres vivos con el agua, su uso adecuado, su almacenamiento o cosecha concreta e incluso sobre las formas de solidaridad que genera. Recuerdo que en 2016, varias comunidades aledañas a la ciudad de La Paz fueron muy fraternas, posibilitando el acceso, es decir, autorizaron el uso de sus manantiales para el consumo en la urbe. Pero hoy, la ciudad cuenta con el agua al tope en sus diques y solo se mira el rebalse, que es una forma de desperdicio.

Para la Amazonía e incluso para los valles que se han inundado también con el agua, urge recuperar las técnicas hidráulicas de los pueblos moxeños que supieron controlar la gran cantidad de agua. Hoy la ciudad de Cobija aparece casi llena de agua, urge preguntarse: ¿cómo adaptar esa técnica moxeña para ciudades que crecen sin tener en cuenta estas consecuencias de fuertes precipitaciones pluviales? Jichha maraxa walipunirakiwa jalluntawayxi. Lup’iñasawa kunjamsa uka jallu uma katuqsna ¿ jach’a qhuthañakaru? mach’a pachanxa uka jallu umxa, suma apnasqnaxa ¿ janicha?

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Pequeña historia marcada por la guerra

/ 3 de marzo de 2024 / 00:54

Es sabido que la historia de un país o región no es la suma inconexa de historias individuales o familiares, de microrregiones o de sucesos aislados y circunstanciales. Sin embargo, todo historiador sabe muy bien que tales fragmentos pueden jugar el rol de referencias útiles, de ejemplos aleccionadores o de pistas para la investigación. Ilustran y enriquecen el relato histórico, haciéndolo más ameno y asequible.

Preámbulo ineludible para contar esta pequeña historia.

Nació en Uncía, entonces la ciudad más poblada del norte de Potosí, un 26 de febrero de 1913, el año anterior al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Sus progenitores: Natalio y Pilar, provenían de los valles cochabambinos. El conjunto familiar era parte de la avalancha migratoria provocada por el auge de la minería del estaño. No solamente atraía fuerza física de las áreas rurales, sino también personal salido de las capas medias y artesanales de las ciudades, medianamente instruido para los puestos subalternos de la cadena administrativa. Sacrificando sus minúsculas fortunas o sus medianas o pequeñas propiedades muchos se lanzaban tras las huellas de Simón I. Patiño, el empresario triunfante al que todos admiraban y querían imitar. Por cierto, la inmensa mayoría quebraba y unos pocos terminaban de simples empleados de las empresas. Ese era el caso de Natalio, padre de nuestro personaje, que llegó a ocupar el cargo de Jefe de Pulpería de una de las empresas de Patiño. Eran épocas en que todo viajero que se respete, portaba en su equipaje un “cateador”, herramienta manual con pico puntiagudo para escarbar las rocas aledañas a los caminos con la ilusión de encontrar una veta como la que halló Patiño.

Nuestro biografiado, llamado Carlos Eduardo, circulaba entre Caraza, Quillacollo y la ciudad de Cochabamba, donde estaban sus raíces y Uncía, en el norte potosino, donde había nacido y crecía junto a nuevos campamentos y maquinaria moderna.

Emprendió estudios de topografía y agrimensura que abandonó para enrolarse en el servicio militar al cumplir 19 años. Unos meses más tarde estalló la Guerra del Chaco. Marchó directamente del cuartel ubicado en la frígida Challapata, hasta las candentes arenas del Chaco boreal.

Después de más de dos años de campaña, herido y enfermo fue evacuado a La Paz, donde recibió atención médica. Parcialmente recuperado, retornaba al sudeste, cuando terminó la guerra (junio de 1935). Comenzaron para él nuevas batallas.

La artritis reumática dejó un daño irreparable en su sistema circulatorio, el corazón le comenzó a fallar.

Se casó con Gabriela, vecina de una de las casas gemelas en Catavi. Ella había perdido a sus dos hermanos varones, el uno no retornó del Chaco y el otro falleció en una clínica paceña cuando se aprestaba a recibir tratamiento especializado de las secuelas del conflicto bélico.

Carlos Eduardo incursionó en la ruta empresarial. Compró arboledas para producir callapos, troncos de madera para apuntalar los socavones mineros. Le fue bien hasta que una temporada lluviosa inundó el valle y se llevó todo el material listo para ser embarcado al tren en la estación de Vinto. Quedó completamente arruinado. Afortunadamente consiguió un trabajo asalariado de cajero contable en la Hacienda Pairumani (actual propiedad de la Fundación Patiño). Casi cinco años después, buscando mejorar los ingresos probó suerte en la empresa constructora de la carretera Cochabamba a Santa Cruz, trabajo que concluyó cuando la obra quedó terminada en 1955.

Carlos Eduardo y Gabriela tuvieron ocho hijos, tres varones y cinco mujeres (una de las cuales no sobrevivió a la coqueluche). Los últimos años de su vida fueron los más penosos para él: enfermo (sin seguro médico alguno), desempleado absoluto (sin ninguna propiedad o renta proveedora de ingresos), situación agravada por la crisis económica reinante, la hiperinflación y las duras medidas de estabilización monetaria.

Carlos Eduardo Soria Galvarro Silva, murió el 14 de abril de 1957 de una trombosis coronaria, la guerra le pasó la factura a la edad de 46 años. Era mi padre.

Carlos Soria Galvarro es periodista. 

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La noche oscura del parlamento

/ 3 de marzo de 2024 / 00:50

La semana pasada, la agenda informativa nos ha sometido a un ejercicio de paciencia sin límites. Las bochornosas escenas en la Cámara de Diputados exponen un parlamento que, más que espacio para debatir ideas, se ha trasformado en un cuadrilátero de lucha libre. Este capítulo de la pulseta entre el bloque arcista (que exige debatir primeramente siete créditos externos) y el ala evista, que con CC y Creemos pretenden dar prioridad a las leyes antiprórroga, no tiene la más mínima empatía sobre la sensibilidad cotidiana de las personas. “Los políticos nos tienen hartos” fue la sentencia que más he escuchado estos días.

¿Qué época estamos viviendo? ¿Qué sentido tiene? Con estas jugadas de la política, ¿qué ganamos realmente las mujeres, los jóvenes, los jubilados, los desempleados? Nuestra indignación ¿acaso importa? Y ese es el espíritu que hoy se vive en las calles: el hartazgo de tanta desfachatez. Hay mucho silencio en todos los frentes. Ya nadie discute horizontes de futuro, reformas audaces, cambios posibles… ya todos prefieren seguir su camino, cabizbajos, afanados por llegar a casa, resistiendo para no perder lo ganado, lo ahorrado, ese pequeño mundo de comodidad que 15 años de Estado Plurinacional nos ha brindado.

Se nos presenta un tiempo de lucha contra el despojo y la violencia que, de manera sistemática, amenaza con dejarnos sin ilusiones. ¿Por qué a pesar de tantos esfuerzos para transformar, hoy vivimos un presente del absurdo y un futuro incierto? Toda la energía desplegada en la Asamblea Constituyente se desdibuja hoy frente a la confrontación de todo un ejército de liderazgos chatos, deslucidos; como un conjunto de renacuajos que brotan por la lluvia y amenazan con convertirse en sapos buscando votos en las próximas elecciones.

Mientras tanto el horizonte económico se cierra para favorecer a unos cuantos; y frente al temor del desempleo, cada vez se aceptan sueldos más bajos, condiciones más precarias y extensión de las horas de trabajo. Y la poca transparencia estatal solo genera mayor incertidumbre. La desactualización de la información financiera en la página web del Banco Central de Bolivia, la escasa información sobre el desempeño de las empresas públicas y la opacidad en los contratos del litio nos mantienen en vilo.

Y la vida cotidiana transcurre al margen de ese teatro del horror en que se ha transformado la Cámara de Diputados. Preferimos cambiar de canal para no verles las caras (u otras cosas) y buscamos información sobre hechos importantes, como la conmovedora campaña en redes sociales de guardaparques de todo el país en apoyo a Marcos Uzquiano y Raúl Santa Cruz, enjuiciados por el cooperativista minero Ramiro Cuevas Echave. «En un mundo donde la naturaleza se encuentra amenazada, existen héroes silenciosos que día a día luchan para cuidar nuestras áreas protegidas. Sin embargo, su valentía y dedicación son cuestionadas y se enfrentan a juicios injustos por cumplir con su deber», es la voz de Beatriz Quispe, una de las pocas mujeres “guardas” del país.

Y nuestra atención ahora está en Cobija, que sufre la peor inundación de su historia. El desborde del río Acre ha sobrepasado los 15 metros y más de 900 familias han sido evacuadas a zonas seguras y albergues. Por la magnitud de esta inundación, la Alcaldía de Cobija declaró el miércoles a su municipio como una zona de desastre y la alcaldesa Ana Lucía Reis dijo que no tienen condiciones para enfrentar la etapa posinundación.

Son estos los temas que los diputados y diputadas deben considerar antes de dar un espectáculo que solo genera mayor indignación. En la sede de gobierno, cada vez más nos acercamos a compartir la peligrosa certeza que hace unos años acompañó al pueblo argentino: es mejor “que se vayan todos”.

 Lourdes Montero es cientista social.

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