Voces

martes 25 ene 2022 | Actualizado a 01:22

Paro médico

Este conflicto, que se activó hace ya casi dos años, no puede ser resuelto por falta de voluntad política.

/ 6 de septiembre de 2019 / 00:45

A 11 días de iniciado el paro indefinido de médicos y paramédicos, y con la explícita decisión de sus dirigentes de no negociar acuerdo alguno con el Gobierno ni reconocer la sentencia del TCP que prohíbe la huelga indefinida en el sector de salud, es evidente que la movilización tiene menos de legítima reivindicación que de interés político. En el camino, las y los pacientes pagan las consecuencias.

Es precisamente en nombre de las y los pacientes que el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) emitió un fallo, calificado por muchos como “tibio”, en el que se señala la vigencia del derecho a la protesta y a la huelga, pero también que ésta no puede ser indefinida en el caso de los trabajadores en salud, pues su labor está estrechamente vinculada con el derecho a la vida.

Es tan grave la situación en los servicios públicos de salud que las y los directores de los hospitales públicos de segundo y tercer nivel de todo el país salieron a pedir a sus colegas que hagan una pausa en su extrema medida de presión y se abran a dialogar con el Gobierno. La respuesta fue un frustrante no.

Los dirigentes del gremio médico, apoyados por los sindicatos de los salubristas, paramédicos y demás personal auxiliar, no solo se rehúsan a encontrar puntos de consenso con el Ejecutivo, sino que además han manifestado que no acatarán la decisión del TCP. Por donde se mire, hay una voluntad de causar daño político al Gobierno, usando a los pacientes como rehenes para tal efecto.

Es, pues, la situación de las y los pacientes de los servicios públicos de salud el verdadero problema detrás de la protesta de los médicos que se activó hace ya casi dos años; conflicto que no puede ser resuelto por falta de voluntad política y que se agrava paulatinamente al irse añadiendo nuevas demandas del gremio. Si antes fue el respeto a la jornada laboral de seis horas, hoy es, entre otros asuntos, la incorporación de los trabajadores del sector a la Ley General del Trabajo, donde, irónicamente, se establece la jornada laboral de ocho horas.

Los movilizados también demandan la institucionalización de los cargos en los servicios médicos, lo cual en rigor es complementario al derecho al trabajo; la abrogación de la ley que dispone construir nuevos hospitales para la Caja Nacional de Salud; la declaratoria del sector como “estratégico” a fin de suprimir el tope salarial; y la participación directa del sector en la elaboración del proyecto de Ley del Cáncer, que ya fue sancionado en la Asamblea Legislativa.

Por donde se mire, la dirigencia de médicos y paramédicos ha desvirtuado por completo el propósito y alcance de la protesta, al extremo que no es gracias al apoyo popular que se mantiene vigente. El resultado, al margen de los efectos políticos de corto plazo, será una profunda brecha entre prestadores y usuarios de los servicios públicos de medicina.

Comparte y opina:

El menospreciado ‘metal del diablo’

/ 24 de enero de 2022 / 00:20

Comienzo el año refiriéndome al estaño, metal que dio nombre y fama de país minero a nuestra patria, después de los avatares coloniales que buscaban el oro y la plata durante la conquista de las tierras del nuevo mundo; menospreciado y acompañante indeseado de la mineralización de la plata, el estaño (Y su mineral emblemático casiterita, SnO2) cambiaría en los albores del siglo XX de “metal del diablo” a símbolo de la nueva riqueza, paradigma militar e industrial de Europa y Norteamérica e ícono del Súper Estado Minero que dominó la economía, la política y la diplomacia del país en la primera mitad del siglo XX. Después vendría un largo periodo de desplome del mercado que llegó a cotizar la libra fina del metal a un promedio de $us 0,90 en 1955, produciendo una severa crisis en la producción nacional de la que a través del tiempo nunca pudo recuperarse completamente, aun en periodos de buenos precios (en 1980 el precio promedio alcanzó los $us 7,61/libra fina). El precio del estaño siempre estuvo cerca de la delgada línea de inviabilizar su explotación en el país, llegamos a ser el segundo productor a nivel global con hasta 46.000 toneladas finas anuales (tma) en la era Patiño para un mercado de 200.000 tma, para llegar en los últimos años y con dificultades a producir cerca de 20.000 tma para un mercado de 330.000-370.000 tma. Hemos dejado de ser participantes de los top ten de países productores de estaño refinado (según la International Tin Association ITA, 2020), una realidad lacerante por los antecedentes históricos, por la importancia que el estaño tiene en los últimos tiempos y por el actual récord de precios de mercado; sobre $us 18,53/libra fina en los últimos meses. El nivel de reservas de estaño que tiene el país sin estándares CRIRSCO (Committe for Mineral Reserves International Reporting Standards) lo ubican en el quinto lugar después de China, Rusia, Australia, e Indonesia según la percepción de ITA; el desarrollo de reservas ha sido ínfimo en el país en las últimas décadas, según se deduce de lo indicado por esa institución, que no consigna al país dentro de los cinco con mayores reservas con estándares CRIRSCO: Rusia, Australia, Perú, R. D. Congo y Brasil. Bolivia tendría un nivel de reservas de 700.000 toneladas de estaño, de las cuales solo 250.000 toneladas cumplirían los estándares CRIRSCO. Desde la percepción del país es obvio que nuestro potencial es mucho mayor, pero no lo desarrollamos al nivel de reservas.

Todo lo anterior demuestra la endeble gerencia y pobre planificación del aprovechamiento de nuestros recursos minerales, la priorización de la coyuntura y el apego a presiones corporativas que impiden desarrollar un adecuado portafolio de nuevos proyectos, se vive el momento y se lamentan las crisis cuando llegan. Somos un país que tiene la provincia estannífera mayor de Sudamérica y de la larga herencia de la explotación de estaño, hemos heredado también un enorme patrimonio de residuos minerales (desmontes, colas de ingenio, arenas y lamas residuales) que sumados a acumulaciones aluviales, coluviales y fluvio-glaciales con casiterita liberada en esos residuos, constituirían reservas adicionales de baja ley en superficie cuya explotación, al obviar los costos de minado, sería muy competitiva en estos momentos. Solo para citar dos ejemplos: la morrena Cotani en las faldas del Cerro Chorolque en el sudoeste potosino contiene 349.514 toneladas finas de estaño y las Colas y Arenas de la Planta Sink & Float en Siglo XX 59.894 toneladas finas (según información de Comibol de la época); solo falta voluntad y obviamente capacidad para generar negocios mineros en base a este potencial.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

Comparte y opina:

Convivir con el COVID sin morir en el intento

/ 24 de enero de 2022 / 00:16

La seguidilla de oleadas de contagios y de nuevas variantes del COVID- 19 van a continuar luego de que Ómicron deje de estar de moda. Los primeros 12 meses de la pandemia, críticos para encarar el problema con una visión de mundo, transcurrieron en un escenario global en el que los líderes mundiales relegaron la coordinación y prevaleció el sálvese quien pueda, olvidando que o nos salvamos todos o ninguno.

El escenario más probable es que enfrentemos una endemia. En Europa las autoridades sanitarias empiezan a asumir esta hipótesis y se habla de vigilar al COVID como si fuese una gripe fuerte.

En este escenario, lo que considerábamos trastornos temporales se convierten en trastornos permanentes para la economía, la vida doméstica y la gestión pública. La inevitable movilidad humana, los cuestionamientos religiosos e ideológicos a las vacunas y hasta el tráfico de animales son factores de persistencia para la transmisión del virus.

La vacunación masiva va a seguir siendo pertinente, pues gracias a ella los nuevos casos son menos severos y la mortalidad es reducida; el desarrollo de nuevos medicamentos para tratar la infección está ahora en una fase que promete y lo que se espera ahora es una mayor innovación en medidas de seguridad y bioseguridad.

Si los trastornos provocados por el COVID van a ser permanentes, se abren nuevos terrenos de requerimientos vitales: por ejemplo, se necesitarán laboratorios más sofisticados para producir vacunas masivamente —en Bolivia, hablamos de al menos 8 millones de dosis anuales—, medicamentos genéricos para tratar la infección e implementos de seguridad. De cualquier manera, necesitaremos proporcionar estas soluciones a toda la población: será el nuevo estándar de salud.

Para aprovechar esta ventana de innovación en Bolivia será preciso un diseño detallado de asociación público/privada que incluso contemple alianzas internacionales, con esquemas de incentivos y regulaciones calculados con precisión, pues el equilibrio puede ser frágil. Si lo hacemos bien, será un golazo para el país: produciremos los insumos necesarios para mantener la endemia controlada permanentemente. Si lo hacemos mal, el impacto irá en desmedro de nuestra balanza comercial.

Una segunda ventana de oportunidad se abre en el campo de la educación: no podremos mantener la virtualidad en todas las situaciones, así que lo más seguro es que transitemos hacia una semi-presencialidad. El escenario tendencial es que colegios y universidades del sector privado se adapten con algún rezago, pero que eventualmente lo logren, mientras el sector fiscal siga esperando el regreso de las condiciones imperantes desde hace 200 años. En este caso, las brechas entre la educación pública y la privada se ensancharán exponencialmente.

El segundo escenario (darwinista) es que las autoridades sectoriales pongan a disposición de los alumnos contenidos e infraestructura para que ellos accedan a programas más avanzados que los que las limitaciones actuales les permiten. Un puñado poco desdeñable de jóvenes del sector fiscal se beneficiarán de estas facilidades y lograrán cerrar las brechas.

El tercer escenario implica ponerle el cascabel al gato a todo el sistema fiscal y potenciar el acceso a más y mejor internet, innovar en metodologías de aprendizaje, optimizar los contenidos y dotar de equipos e infraestructura para que el sector fiscal garantice calidad para toda la población.

Otros ámbitos donde se presentan retos para superar con innovación y creatividad son los del turismo, los espectáculos culturales y los eventos deportivos. De nuevo, lo híbrido se impone como modalidad. Vale cada minuto que se le dedique a aprender cómo están lidiando, por ejemplo, los países que acostumbran a recibir más de 5 millones de turistas al año.

Por último, pero no por ello lo último, habrá que pensar en accesos y facilidades para las personas mayores, que proporcionalmente irán ganando peso en la pirámide poblacional.

Al final de cuentas, los ganadores serán quienes logren innovar en servicios híbridos y generen soluciones compatibles con una situación más o menos permanente de contagios, resolviendo problemas cotidianos con soluciones inventivas en comercio minorista, banca, educación formal y no formal, trámites, etc.

Pablo Rossell Arce es economista.

Comparte y opina:

Conspiración

/ 24 de enero de 2022 / 00:09

Se llama teoría de la conspiración a aquellas explicaciones alternativas a las oficiales, que dan información e iluminan sobre una cadena de acontecimientos en los que interviene algún grupo ultrasecreto de intereses y poder. Lo que caracteriza a estas teorías es la sensación de que la información que se nos va a compartir es ultrasecreta o clasificada y, en consecuencia, nosotros, que la conoceremos, somos privilegiados. La teoría de la conspiración presenta así, una narración alternativa que permite colocar entre comillas a la “historia oficial” y acusar de que hay poderes políticos, intereses económicos, misterios de alguna entidad superior, poderes, en fin, que no quieren que sepamos la verdad.

Según Anne Applebaum, la atracción emocional de una teoría de la conspiración está en su simplicidad, pues resuelve y articula fenómenos complejos para otorgar una explicación impensada o no vista, que genera la sensación especial de tener ese acceso privilegiado a la verdad.

Desde que la NASA inventó la llegada del hombre a la Luna, que Estados Unidos esconde un OVNI que se estrelló en Roswell, que canciones como Stairway to heaven de Led Zeppelin o Revolution 9 de The Beatles si se las escuchan al revés tienen un mensaje satánico, que el gobierno del mundo está a cargo de extraterrestres reptilianos, que hay un plan de dominio de los judíos, que el coronavirus fue creado por gobiernos y farmacéuticas, hasta la última teoría ultrasecreta que escuché: que el 29 de diciembre de 2021 se activó a nivel mundial la fase de contagios de coronavirus por un nanodispositivo tipo neovirus que fue inoculado en las vacunas y que no importa si estás en La Paz, Buenos Aires, Bogotá o Lima, no importa si es Delta, Ómicron o Alfa Beta Gama, lo cierto es que el 29 de diciembre de 2021 se activó un nuevo experimento controlado, y los que saben de esta información privilegiada deben pelear por no vacunarse, pues son ellos la esperanza de la humanidad. Sé que suena absurdo y simplón, pero esa es la idea de una buena teoría de la conspiración: explicar fenómenos complejos con una idea simple y con información a la que nadie tiene acceso, excepto tú, con la ayuda de Google y tu imaginación.

Recientemente, una película está teniendo cientos y hasta miles de reseñas, búsquedas en internet, artículos y ensayos muy sesudos, me refiero a la conocida Don’t look up, cuyo éxito se debe también en parte a esas teorías de la conspiración, la narración de que un asteroide chocará con la Tierra y que los encargados de la “historia oficial”, lo niegan. Una vez más, una teoría simple (asteroide, choca y mata), con una información que es negada o a la que nadie o casi nadie tiene acceso, solo los privilegiados científicos como Leonardo Di Caprio, Jennifer Lawrence, y claro, tú.

Farit Rojas T. es abogado y filósofo.

Comparte y opina:

Lewandowski, The Best en eficiencia y gol

Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

/ 23 de enero de 2022 / 21:45

Definitivamente, la FIFA parece haber dado por perdida su batalla con France Football por el premio al mejor futbolista del año. Una de las primeras medidas de Gianni Infantino al ser electo presidente de la matriz del fútbol fue la de poner fin al contrato que unía a la FIFA con la revista francesa para la entrega conjunta del galardón al mejor del año. FIFA pagaba por ello una suma importante a la familia Amaury, propietaria de la publicación y dueña del nombre Balón de Oro, pues fue France Football quien instituyó la premiación en 1956. Y, dado el peso y el gancho que ese nombre tiene, Joseph Blatter había celebrado un acuerdo y lo entregaban conjuntamente bajo el rótulo “FIFA Balón de Oro”. Un acierto de Joseph que el altivo e impetuoso Gianni derribó como un bolo.

¿Qué sucedió…? Que el mundo futbolístico y los miles de millones de hinchas siguen enganchados al Balón de Oro y no al The Best, denominación que decididamente no pega. Por ello la atención mundial estuvo atrapada el 29 de noviembre último cuando se concedió el Balón de Oro en el Teatro del Châtelet, de París, con todas las figuras del fútbol mundial presentes. En cambio, esta del The Best, el lunes último, pasó casi inadvertida. Una ceremonia no presencial, descafeinada, en la misma sede de la FIFA en Zurich, y celebrada por videoconferencia. Encima, con demasiado retardo. El 17 de enero se elegía a quienes más brillaron entre el 8 de octubre de 2020 y el 6 de agosto de 2021. El mérito queda muy lejano y el premio pierde frescura. Se realiza la entrega tanto tiempo después que hasta es posible que en ese momento el elegido esté jugando mal. Y el público se pregunta: “¿por qué a este…?”

En ese marco, se eligió por segunda vez consecutiva a Robert Lewandowski como el mejor del mundo. Una elección indiscutible, buena, justa, merecida y oportuna. Como también lo hubiese sido si lo ganaba Messi, porque hasta el 10 de julio, cuando fue campeón de América, Leo había coronado un gran año. Después ya no. Pero que ganara dos veces el polaco repara, en cierto modo, la injusticia de no recibir el Balón de Oro 2020 por haberlo declarado desierto France Football.

Con 33 años y el cuidado científico que tiene por su cuerpo y su carrera (sus padres, hermana y esposa también fueron deportistas de élite), Lewandowski suma, a día de hoy, 584 goles. Quizás marque cien más. Antiguamente, cuando un delantero alcanzaba los 300 goles se lo consideraba un fenómeno. Este podría llegar a 700. Son cifras que lo dimensionan. Pero ¿frente a qué futbolista estamos…? Ante un atleta altamente preparado, eficiente, de serena y fantástica definición ante el arco, con buena técnica de control y remate, frialdad absoluta para decidir en el lugar más caliente del campo. ¿Y fuera del área…? Ahí ya es un jugador normal, como hay miles. Todos nos admiramos más por la cantidad que por la calidad de sus goles. Probablemente nunca recordaremos un gol antológico de Robert. Y tal vez dentro de veinte años lo evocaremos como un nombre importante, no rutilante, de la talla de Kevin Keegan, Pavel Nedved o Allan Simonsen, vencedores del premio décadas atrás.

Es un justísimo ganador, pero no te mueve los cimientos. Nadie te llamará por teléfono para avisarte: “Che, poné ESPN que está jugando Lewandowski…” Es un nueve que necesita un equipo detrás. En estos últimos ocho años en Alemania ha disfrutado de la confiabilidad, la solidez, el funcionamiento, los brillantes compañeros y la excepcional conducción del Bayern Munich, que gobierna tiránicamente la Bundesliga desde hace una década. Que gana por goleada todos sus partidos y se asegura los títulos con doce o quince puntos de ventaja. No es un detalle trivial, el contexto lo ayuda muchísimo. Si Robert marcara la misma cantidad de goles en equipos menos organizados como el Manchester United, el Barcelona, el Milan o el Hamburgo, entonces estaríamos ante un fenómeno de todas las épocas. Es lo que le pasa en Polonia. Ahí no logra el brillo y el número de goles que en el Bayern. En Rusia 2018 cumplió una labor decepcionante y no pudo anotar, aunque vale subrayar que esa Polonia era un once muy flojo. Ha marcado en su selección, desde luego, aunque casi nunca a las potencias, siempre a los Chipres y Maltas, que Europa tiene por docenas. Es un matador, un finalizador, hizo una enormidad de goles y ganó de pleno derecho el The Best. Esto no está en discusión.

Las opiniones sobre él están divididas. Ricardo Vasconcellos, editor de Deportes de El Universo, de Guayaquil, lo pondera abiertamente: “Es una fuente inagotable de goles, los defensas que lo enfrentan deben sentir la misma terrorífica sensación de peligro mortal que se puede experimentar en el mar nadando con un tiburón blanco porque Lewandowski es un depredador”.

Para Ricardo Montoya, columnista de El Comercio, de Perú, “el premio hace justicia, Lewandowski se lo merecía. Es un gran, gran, gran goleador, una especie de Cristiano Ronaldo, aunque inferior a Cristiano. Lo que sí, necesita estar rodeado de un conjunto. En Polonia no le va tan bien, y no creo que sea mejor que Lato, por ejemplo”. Muy respetable, opinión, sin embargo volvemos a lo mismo: en aquella recordada Polonia de los ’70 Lato era un crack, pero estaba brillantemente acompañado, Lewandowski no. Esto deja en claro, una vez más, lo que importa el conjunto en el brillo personal de un futbolista. Porque esto no es tenis, es fútbol, juegan once.

“El premio está bien entregado. Creo que Lewandowski será reconocido como un goleador tremendo, con gran técnica, muchos recursos y que hace goles de todos los colores, pero hasta ahí nomás -opina el colega argentino Leandro Rodríguez, del portal digital Bitbol-. Mi análisis termina siempre en el mismo lugar: juega en la Bundesliga, y eso me baja el precio. Me parece bastante más jugador Harry Kane, pero está en la Premier League, que es mucho más difícil, y en el Tottenham, que no es precisamente una máquina, como el Bayern”.

No obstante, tuvo un mérito esta edición del The Best: se respetó el espíritu del galardón, esta es una distinción individual, no colectiva. Muchos mencionaron a Jorginho, por haber sido campeón de la Champions con el Chelsea y de la Eurocopa con Italia. De acuerdo, no obstante, además de los méritos o los títulos, el premio debe recaer en una figura que haga la diferencia también por calidad, por elegancia, por carisma, porque sacude a las multitudes. Con el máximo respeto, Jorginho es un obrero del fútbol. No se puede decir ¿quién salió campeón…? “El Chelsea”. Bien, entonces elijamos uno del Chelsea. No, no es ése el sentido de la premiación.

Algo así sucedió con Mario Gotze en el Mundial 2014. Legiones lo postulaban al Balón de Oro por marcar el gol en la final (un golazazo, por cierto), pero semejante honor es para el jugador del campeonato, el que deslumbró en varios partidos, y Gotze jugó muy poquito. Estaba lejos de ser una figura, incluso luego desapareció del mapa. En ese sentido, Lewandowski resultó una elección perfecta: fue muy regular y destacado en toda la temporada.

Comparte y opina:

Opinión

¡Adiós a los palacios y con casas propias!

/ 23 de enero de 2022 / 01:25

La inauguración de la Casa Grande del Pueblo (CGP) el 9 de agosto de 2018 y la del nuevo edificio de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) el 2 agosto de 2021 marcan hitos muy importantes en la vida política del país. ¿Qué significa sustituir a los antiguos palacios de arquitectura colonial por otros edificios contemporáneos? La oposición política y sus allegados sociales han vociferado diciendo que son construcciones del Estado plurinacional, que es “el edificio del Evo”, que no se justifica su edificación por el excesivo gasto ocasionado, etc.

Si hacemos alguna comparación ¿cómo son las viviendas donde habitan estas personas que protestan por la construcción de las casas de la ALP y la CGP? Estoy seguro de que sus domicilios son verdaderos palacios y de gran costo, además de tener lujos, estar adornados de costosos mobiliarios traídos del extranjero, etc. El caso de la CGP ha despertado una serie de reacciones, desde las más reflexivas hasta los más racistas que dicen “que no es bueno porque fue ideada su construcción por un indio”, refiriéndose al expresidente Evo Morales. Aunque otro grupo de ciudadanos/as pide que se reconozca al “palacio quemado” como un lugar histórico patrimonial y creo que eso está implícito cuando se anuncia que se convertirá en un museo y su acceso al público. Lo más importante de la CGP y ALP es haber logrado la desvalorización de un lugar central y colonial de la ciudad de La Paz: la plaza Murillo.

La ubicación y la construcción de la CGP y ALP, a pesar de estar en el centro histórico, han puesto en crisis la típica simbolización de la ciudad: el kilómetro cero de la plaza Murillo. Hay que recordar que su trazado, como el de muchas otras ciudades latinoamericanas fundadas por los españoles, alberga a la plaza principal o plaza mayor, cercada por la Catedral católica, la Gobernación y la Asamblea Legislativa. Para los que reclaman que ya no hay actividad del Poder Ejecutivo en el “palacio quemado”, es importante precisar que las ciudades latinoamericanas fueron fundadas sobre otras ciudades más antiguas, sobre las wak’as o lugares sagrados ancestrales, como Tenochtitlán en México, Cusco en Perú y Chuqiyapu Marka en La Paz.

Para los colonizadores, Abya Yala o América Latina apareció como un continente casi vacío, casi sin población y sin cultura, que en la idea de los españoles era totalmente desdeñable. Así se constituyó la mentalidad fundadora, es decir, se implantaba casi todo sobre la casi nada, sobre una naturaleza que se desconocía, sobre una sociedad ancestral que se aniquilaba, sobre una cultura que se daba por inexistente. La ciudad se convirtió en un reducto europeo en medio de la nada. Así se organizó el sistema político y administrativo colonial, los usos burocráticos, el estilo arquitectónico, las formas de vida religiosa, las ceremonias civiles, de modo que la nueva ciudad comenzara cuanto antes a funcionar, como si fuera una ciudad europea extendida, ignorante de su contorno, indiferente al mundo subordinado de los indios, de los mestizos conscientes y de los negros al que se superponían.

A pesar del proceso del colonialismo triunfalista, el peligro de un levantamiento de los indios se mantuvo latente en muchas ciudades y obligó a sus pobladores a mantenerse en pie de guerra. Por eso crearon la ciudad-fuerte, la ciudad- fortín, que les garantizaba la unión de grupo colonizador, la continuidad de sus costumbres y ese ejercicio de la vida “noble” que se había grabado en su memoria de emigrados.

En síntesis, así se construyó la sociedad barroca colonial, escindida en privilegiados y no privilegiados. La idea de ciudad-fortín también fue aplicada en su cabalidad a La Paz, ¿acaso no se convirtió en fortín frente al levantamiento de Tupaj Katari-Bartolina Sisa en 1781 y movilizaciones indias y populares contemporáneas? Esa idea de ciudad-fuerte fue el justificativo para que los indios no ingresen a la plaza Murillo. A aquellos que se lamentan que el viejo palacio de gobierno ya no se utilice ¿añoran estas causas coloniales y racistas? ¿Por qué no existe un monumento a Tupaj Katari y Bartolina Sisa en la plaza Murillo? Esta plaza debería albergar las estatuas de Bartolina Sisa y Gregoria Apaza, porque en esa plaza fueron humilladas cruelmente por los españoles. En plena esquina, hoy Museo de Arte, otrora domicilio donde estuvo presa Bartolina.

Este desmarque de la CGP y la ALP no solo es físico ni arquitectónico sino fundamentalmente es descolonizador frente a un emblema que hasta hace poco representaba el ejercicio del poder político central fundado por la colonización y continuado por sus seguidores.

El expresidente Morales había abierto al público la visita a la CGP, esa labor tiene que continuar y algo similar tendrá que ocurrir con la ALP, para que no se vuelva repetir el uso y la exclusividad de esas nuevas casas solo para los funcionarios, los diputados, senadores y visitantes extranjeros. Las visitas guiadas en nuestros idiomas ancestrales le darían un marco diferente para que la ciudadana/o común conozca, de qué lugar administran el país los políticos. Los antiguos palacios habría que convertirlos en museos de la memoria, para que no se reproduzca el colonialismo. Sería plausible que se retire al Regimiento Colorados que hoy la custodia. Estos vetustos palacios tienen que albergar documentación, libros, fotografías, periódicos antiguos, que con diseños llamativos permitirá conocer el país colonial, que hoy estamos transformándolo por nuestros thakhi/ñan o caminos de la descolonización profunda.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

Comparte y opina:

Últimas Noticias