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Wednesday 17 Apr 2024 | Actualizado a 11:58 AM

Trump y el informante

Trump intentó coaccionar a Ucrania para que interfiriera en la elección presidencial de 2020. La pregunta central es si el Presidente puede salirse con la suya usando como arma el Gobierno federal.

/ 27 de septiembre de 2019 / 23:50

Hay tanto que no sabemos sobre la denuncia de un informante relacionada con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Pero estas son cuatro cosas que sí tenemos claras. Primero, al parecer a un experimentado funcionario de inteligencia le inquietaron tanto las interacciones de Trump con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que sintió la necesidad de presentar una queja. Segundo, al inspector general de la Comunidad de Inteligencia, Michael Atkinson, quien fue designado por Trump y tiene una larga experiencia en temas de seguridad nacional, la preocupación del informante le pareció legítima y apremiante.

Tercero, la denuncia del informante llegó después de que Trump y sus asociados presionaron al Mandatario de Ucrania para que iniciara una investigación de corrupción que involucra a Joe Biden y su hijo, Hunter. El resumen ucraniano de una llamada telefónica hecha el 25 de julio entre Trump y Zelenski incluía este críptico enunciado: “Donald Trump está convencido de que el nuevo Gobierno ucraniano rápidamente podrá mejorar la imagen de Ucrania, concluir la investigación de los casos de corrupción, que inhibieron la interacción entre Ucrania y Estados Unidos”. The Wall Street Journal informa que, en dicha comunicación, Trump pidió a Zelenski unas ocho veces que trabajara con el abogado de Trump, Rudy Guliani, para investigar a los Biden. ¡Ocho veces! Sin embargo, ¡persistió!

Cuarto, Trump retuvo 250 millones de dólares en asistencia militar que Ucrania necesitaba con urgencia para defenderse de las agresiones rusas, aunque el país eslavo no estuvo al tanto sino hasta agosto. La Casa Blanca liberó el dinero recién después de la denuncia del informante y de que miembros del Congreso intercedieran. Aunque la situación es turbia, hay algo claro: esto apesta.

La postura de Trump es que su llamada con Zelenski tuvo “un tono adecuado y correcto” y que “no importa lo que se discutió”. Por lo tanto, parece que, tras beneficiarse de la interferencia rusa en las elecciones de 2016, Trump intentó coaccionar a Ucrania para que interfiriera en la elección presidencial de 2020. Es especialmente atroz que Trump pareciera estar más que dispuesto a dar 250 millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses a cambio de la ayuda de Ucrania para infamar a un rival democrático.

Giuliani ha sido de ayuda al reconocer que instó al Gobierno ucraniano para que investigara si los esfuerzos diplomáticos de Biden habían tenido como propósito apoyar a su hijo, Hunter, quien había formado parte de una compañía de gas en Ucrania (no hay evidencia de esto). Giuliani también presionó a Ucrania para que volviera a investigar unas antiguas acusaciones de corrupción contra Paul Manafort, el antiguo director de campaña de Trump, y concluyera que habían sido un ataque político en contra de Trump.

Es decir, que al parecer el Mandatario intentó usar el poderío diplomático de Estados Unidos y sacar partido de la ayuda militar para hacer que Ucrania exonerara a Manafort por lo ocurrido durante las elecciones de 2016, y mancillara a Biden en las de 2020. La incoherencia de la postura de Trump y Giuliani es evidente en esta entrevista que se transmitió la tarde del jueves pasado por CNN. Chris Cuomo: —¿Le pediste a Ucrania que investigara a Joe Biden? Rudy Giuliani: —No. En realidad no lo hice… Cuomo, 24 segundos después: —¿Entonces sí le pediste a Ucrania que investigara a Joe Biden? Giuliani: —¡Claro que lo hice!

Trump ha sido acusado, de manera creíble, de usar la influencia de la Casa Blanca para enriquecerse (¡reuniones de cumbres en propiedades de Trump!), de protegerse contra la Justicia (presionando al exdirector del FBI James Comey, ¡ofreciendo indultos!) y de castigar a quienes percibe como adversarios (Amazon, CNN, Andrew McCabe, entre otros). Ahora, quizá se haya servido del poder de la presidencia para obtener una ventaja política.

Esto es una bomba tras otra. Además de la acusación inicial del informante, está la negativa del director interino de inteligencia nacional, Joseph Maguire, de obedecer la ley federal y pasar la resolución del asunto al Congreso. La ley es muy clara, pero también es cierto que tanto Bill Clinton como Barack Obama sugirieron que puede haber situaciones relacionadas con información confidencial en las que un presidente no debería seguir las normas. Estas son cuestiones muy delicadas que enfrentan al Poder Ejecutivo con la supervisión del Congreso.

Jeffrey Smith, el consejero general de la Agencia de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) durante el gobierno de Bill Clinton, me comentó que, a pesar de los argumentos técnicos y legales, siempre debe haber maneras para permitir la supervisión, sobre todo si en el fondo el asunto está una promesa hecha por el presidente a una potencia extranjera.

Smith mencionó una ocasión durante su tiempo en la CIA en que surgió un asunto que en términos estrictos no requería que se informara al Congreso, pero que de cualquier manera planteaba cuestiones inquietantes. Después de estudiar mucho el tema en la agencia, dio un informe a los líderes congresistas conocidos como “la banda de los ocho”, y Smith me dijo que ahora sería apropiado hacer lo mismo.

Miren, la denuncia de este informante se va a filtrar. La contumacia del gobierno de Trump solamente va a contribuir para que este asunto llame más la atención. Cuando los historiadores estudien el período de Trump, creo que verán una lucha entre un Presidente fuera de control y diversas instituciones estadounidenses, como los tribunales, la función pública, las fuerzas de seguridad pública, la comunidad de inteligencia, la Cámara de Representantes y los medios noticiosos, los cuales generalmente han realizado una labor creíble de defender las leyes y normas y pronunciarse contra el gobierno de un solo hombre. La única institución que Trump ha absorbido por completo es el Partido Republicano que está en el Congreso.

La lucha actual en torno al informante quizá sea recordada como la batalla definitoria de esa confrontación épica. La pregunta central es si el Presidente de Estados Unidos puede salirse con la suya usando como arma el Gobierno federal para castigar a sus oponentes políticos, o si las restricciones legales y la supervisión del Congreso lo pueden mantener a raya. Esta es una prueba para el sistema político estadounidense, y los próximos meses determinarán si la aprobamos.

* Periodista y analista político, columnista del New York Times. © The New York Times, 2019.

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Un año terrible y quizás también el mejor

/ 31 de diciembre de 2023 / 01:15

Termina el año, los civiles están muriendo a un ritmo asombroso en Gaza y es posible que se esté reanudando el genocidio en Darfur. Un hombre acusado de 91 delitos graves lidera las encuestas presidenciales estadounidenses, y nuestras emisiones de carbono corren el riesgo de cocinar nuestro planeta. Pero algo más también es cierto: en cierto modo, 2023 puede haber sido el mejor año de la historia de la humanidad. ¿Cómo puede ser eso posible?

Casi la peor calamidad que le puede ocurrir a un ser humano es perder a un hijo, e históricamente, casi la mitad de los niños en todo el mundo murieron antes de cumplir 15 años. Esa proporción ha disminuido constantemente desde el siglo XIX, y la División de Población de las Naciones Unidas proyecta que en 2023 se alcanzó un mínimo histórico en la mortalidad infantil mundial, con solo el 3,6% de los recién nacidos muriendo antes de los cinco años. Esa es la cifra más baja de ese tipo en la historia de la humanidad. Todavía significa que alrededor de 4,9 millones de niños murieron este año, pero eso es un millón menos de los que murieron en 2016.

O consideremos la pobreza extrema. También ha alcanzado un mínimo histórico, afectando a poco más del 8% de los seres humanos en todo el mundo, según proyecciones de las Naciones Unidas. Todas estas cifras son aproximadas, pero parece que alrededor de 100.000 personas están saliendo de la pobreza extrema cada día, por lo que pueden acceder mejor al agua potable, alimentar y educar a sus hijos y comprar medicinas.

Nada de esto alivia el dolor de quienes han perdido a sus hijos en 2023, ni es un bálsamo para quienes están atrapados en guerras o catástrofes climáticas. Sin embargo, a fin de año, vale la pena reconocer este telón de fondo de progreso, no para distraer a nadie de todo lo que va mal, sino para recordar que cuando nos esforzamos lo suficiente, podemos lograr cosas asombrosas. En este momento, viendo la angustia en todo el mundo, diría que no nos estamos esforzando lo suficiente.

Escribo una versión de esta columna cada año por esta época y molesta a muchos lectores. Creen que es ofensivo aclamar el progreso cuando tantas personas están muriendo innecesariamente a causa de guerras y enfermedades, cuando el futuro les parece tan sombrío. Entiendo su punto. Mi carrera se ha dedicado a cubrir genocidio, guerra y pobreza. Pero una cosa que aprendí hace mucho tiempo como periodista es que cuando nuestra cobertura es incesantemente negativa, la gente se desconecta y se da por vencida. Si queremos abordar los problemas (desde la guerra en Gaza hasta el cambio climático), entonces ayuda saber que es posible avanzar.

Otras noticias de salud también son alentadoras, un reflejo de la forma en que las herramientas de salud pública están detrás de muchos de los avances en el bienestar. Dos terribles enfermedades están a punto de erradicarse: la polio y la dracunculosis. Solo se han notificado 12 casos de poliovirus salvaje en todo el mundo en 2023,y 20 24 puede ser el último año en el que se transmita la polio salvaje. Mientras tanto se notificaron 11 casos de dracunculos de Guinea en humanos en los primeros nueve meses de 2023.

Del mismo modo, el gobierno de Estados Unidos aprobó recientemente nuevas técnicas de edición de genes CRISPR para tratar la anemia de células falciformes, y la esperanza es que enfoques similares puedan transformar el tratamiento del cáncer y otras dolencias. Otro hito: se han aprobado nuevas vacunas contra el VSR y la malaria, y se espera que ambas salven vidas de niños.

El tracoma que causa ceguera también está desapareciendo en varios países. Una mujer que padecía tracoma en Malí me dijo una vez que la peor parte de la enfermedad no era la ceguera sino el dolor insoportable, que, según ella, era tan intenso como el parto pero que duraba años. Por eso estoy encantado de que Mali y otros 16 países hayan eliminado el tracoma.

Quienes ven 2023 como un año notablemente sombrío también tienen razón, por supuesto. Mi reportaje sobre Oriente Medio a finales de este año fue personalmente deprimente, y el cambio climático amenaza los avances en naciones pobres como Bangladesh y Madagascar. Sin embargo, la desesperación es paralizante, no fortalecedora. Parece contradictorio en un mundo rebosante de dolor, pero la tendencia más importante del mundo en mi vida puede ser la revolución en la mortalidad infantil, la enorme disminución de la pobreza global y el enorme aumento de la alfabetización del que muchas personas parecen no ser conscientes.

Destaco este telón de fondo de progreso para que pueda fortalecernos en 2024 para afrontar todos los demás sufrimientos que persisten.

Nicholas Kristof es columnista de The New York Times. 

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Un asesinato, una disputa

India es tan importante que otras naciones se sentirán tentadas a desviar la mirada y no involucrarse

Nicholas Kristof

/ 25 de septiembre de 2023 / 09:00

El Día del Padre de este año, dos hombres corpulentos merodeaban cerca de un templo sij en Columbia Británica. Luego, el presidente del templo, un ciudadano canadiense y activista llamado Hardeep Singh Nijjar, salió y se subió a su camioneta para conducir a casa a cenar con su familia.

Los dos hombres que esperaban, con máscaras, dispararon a través de la ventana de Nijjar una docena de veces. Los miembros del templo corrieron valientemente tras los pistoleros, quienes escaparon en un automóvil conducido por un tercer hombre.

Ahora, el primer ministro Justin Trudeau de Canadá ha afirmado públicamente que el gobierno indio puede ser responsable del asesinato de Nijjar, una acusación explosiva que, si se determina que es cierta, debería servir de advertencia a los países occidentales en sus relaciones con el primer ministro Narendra Modi y su cada vez más gobierno autoritario. India niega la acusación y la califica de “absurda”.

Lea también: ¡Larga vida al rey!

En su declaración inicial, Trudeau se mostró cauteloso y habló de “acusaciones creíbles de un vínculo potencial” entre el asesinato y el gobierno indio. Pero en una visita al New York Times el jueves, Trudeau parecía completamente seguro de que el gobierno indio había estado involucrado.

Trudeau dijo sin rodeos que quería ver “a varias personas encarceladas”, además de “una serie de lecciones aprendidas y cambios en la forma en que operan los servicios de inteligencia indios”.

Si bien Trudeau no compartiría las pruebas que vinculan el crimen con la India, apuesto a que son sólidas. Nijjar, que nació en India, abogó por crear un Estado separatista llamado Khalistan en Punjab, una propuesta que enfurece a muchos indios porque en la década de 1980 la campaña para lograrlo involucraba terrorismo. En 2020, India calificó a Nijjar, sin pruebas, de terrorista y luego ofreció una recompensa en efectivo por información que condujera a su arresto.

Trudeau busca trabajar con India en una investigación del incidente, pero el gobierno de Modi ha intensificado la tensión. Dejó de emitir visas a los canadienses y ordenó a Canadá que redujera su personal diplomático en la India.

Como señaló Trudeau en su visita al Times, tenía la obligación de actuar. «Cuando tenemos razones creíbles para creer que esto sucedió, no podemos ignorarlo», dijo.

La paradoja es que Nijjar no parece haber representado hoy ninguna amenaza para la India. Hubo un movimiento separatista violento que apoyaba a Khalistan a principios de la década de 1980, y conocí a sus líderes cuando era estudiante de derecho y viajaba con mochila por la India y dormía en el suelo del Templo Dorado Sikh para ahorrar dinero. Pero ese movimiento ha fracasado y el sueño de Khalistan parece más vivo en la diáspora sij que en la propia India.

Si se descubre que India miente sobre su papel en el asesinato, habrá dañado su posición internacional mucho más de lo que Nijjar jamás podría haberlo hecho.

En este caso, sin embargo, Modi no muestra ninguna señal de investigar y parece estar tratando de sacar provecho político, inflamando el nacionalismo punzante que ha impulsado su carrera hasta ahora.

Modi es una figura complicada. Es uno de los líderes más populares del mundo actual y, como escribí durante una visita a la India a principios de este año, merece crédito por su pragmatismo económico y por elevar significativamente los niveles de vida. Pero el gobierno de Modi también ha hecho que la India sea menos libre, tomando medidas enérgicas contra la prensa y provocando una islamofobia ardiente que ha llevado al linchamiento de musulmanes.

India es tan importante que otras naciones se sentirán tentadas a desviar la mirada y no involucrarse en la disputa de Canadá con Delhi. En 2018, en respuesta a un asesinato ruso en suelo británico, Estados Unidos expulsó a 60 rusos y 14 países europeos tomaron medidas similares; Eso no sucederá esta vez.

Hay que reconocer que la administración Biden apoyó a Canadá y pidió a la India que cooperara en la investigación del asesinato, aunque ayudaría si esto viniera públicamente del propio Biden. En otros lugares, ha habido mayormente silencio e irresponsabilidad.

Sin prejuzgar los resultados, los países occidentales deberían apoyar categóricamente a Canadá al pedir una investigación justa del asesinato y justicia para los responsables. El actual silencio internacional es notoriamente ruidoso. Los canadienses merecen algo mejor de nuestra parte, al igual que los indios.

(*) Nicholas Kristof es columnista de The New York Times

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¡Larga vida al rey!

Gran Bretaña está tan polarizada que cualquier líder político es odiado por una parte considerable de la población

Nicholas Kristof

/ 3 de julio de 2023 / 07:57

Con la emoción de la coronación aún en el aire fuera del Palacio de Buckingham, es tentador para un yanqui burlarse de los británicos por los escaparates llenos de platos de coronación y tazas de café del rey Carlos III. ¿Y cómo no poner los ojos en blanco cuando un trozo de pastel de la boda de 2005 entre el nuevo rey y la reina ahora se vende por $us 1.600?

Sin embargo, no me permitiré burlarme por dos razones. Primero, muchos de los turistas que compran los recuerdos tienen un innegable acento estadounidense. En segundo lugar, nunca admitiría esto en público, pero he llegado a pensar que tal vez tener una familia real tiene ventajas.

Lea también: El arresto de un presidente

Gran Bretaña está, como Estados Unidos, tan polarizada que cualquier líder político es odiado por una parte considerable de la población, lo que genera conflictos y corre el riesgo de sufrir violencia. Pero con la monarquía, el Reino Unido tiene garantizado un jefe de estado apolítico que equivale a una fuerza unificadora.

Una encuesta de mayo encontró que el 62% de las personas en Gran Bretaña estaban a favor de permanecer como monarquía, en comparación con el 28% que prefería una república. Los jóvenes estaban algo menos entusiasmados con la realeza que las personas mayores, pero eso ha sido cierto durante décadas: a medida que envejecen, los británicos parecen volverse más pro-monárquicos.

Un monarca no es la única opción para un jefe de estado apolítico. Alemania, Israel y otros países tienen jefes de estado no pertenecientes a la realeza, en gran parte ceremoniales, que pueden defender la armonía por encima de la refriega. El presidente Isaac Herzog de Israel trató de hacer eso este año para promover el compromiso, preservar las normas democráticas y calmar las protestas masivas en Israel; advirtió que el conflicto podría conducir incluso a una guerra civil.

Pero incluso los presidentes apolíticos como Herzog son a menudo expolíticos y no parecen tener el poder curativo de los monarcas. El rey Carlos se negó a ser entrevistado (cuando solicité tiempo con él, creo que su personal se rió tontamente). Pero ocasionalmente he interactuado con otros miembros de su familia y con la realeza en otros países, y es gracioso cómo incluso nosotros, los estadounidenses, nos ponemos nerviosos incluso ante una miserable duquesa o, digamos, un rey de Tonga.

Un estudio de 137 países durante más de un siglo encontró que las monarquías funcionan mejor económicamente que las repúblicas a largo plazo. Los autores concluyeron que esto se debió en parte a que los monarcas proporcionaron un símbolo nacional de unidad, reduciendo los conflictos internos y las amenazas a los derechos de propiedad.

Los reyes pueden ser costosos, por supuesto, y puede parecer ridículo proporcionar viviendas públicas en forma de palacios a una familia, mientras que muchos otros están sin hogar. Pero en Gran Bretaña, la familia real puede pagarse a sí misma con los ingresos del turismo y constituye una herramienta útil de política exterior: cada líder extranjero quiere tomar el té con el soberano, por lo que cuando los primeros ministros alborotan las plumas extranjeras, la realeza puede suavizarlas.

La familia real es “una parte integral de nuestra estrategia de poder blando”, señaló Arminka Helic, ahora baronesa Helic, experta en política exterior. Helic creció en la ex Yugoslavia y llegó a Gran Bretaña a la edad de 24 años, pero dice que todavía ve a la realeza como «la familia con la que todos estamos relacionados sin importar de dónde venimos».

No estoy abogando por la realeza en Estados Unidos, incluso si podemos estar divididos más peligrosamente que en cualquier otro momento en un siglo. Jorge III nos amargó para siempre con los reyes. Lo que plantea la pregunta: ¿Qué sucede cuando aparece un rey malo (o loco)?

Gran Bretaña esquivó una bala cuando el rey Eduardo VIII abdicó en 1936, porque era un racista blando con el nazismo, especialmente porque vivió una larga vida, muriendo recién en 1972. El Reino Unido ganó el premio gordo con la reina Isabel II y parece haber herederos relativamente confiables en la forma del rey Carlos y el príncipe Guillermo.

Tailandia es menos afortunada. Cuando el último rey tailandés muy venerado murió en 2016, no fue sucedido por la hija del rey, sino por su hijo plagado de escándalos, que pasó mucho tiempo en Alemania con sus amantes y una vez promovió a su caniche, Foo Foo , al rango de “mariscal jefe del aire”.

Los reyes malos son difíciles de recuperar. Son una de las razones por las que el número de monarquías ha caído de 160 en 1900 a menos de 30 ahora. Pero las monarquías constitucionales de hoy, como Gran Bretaña, Japón, Suecia y los Países Bajos, pueden beneficiarse recurriendo a una familia apolítica que, a cambio de palacios, proporcionará a una nación chismes, turismo y un poco de armonía.

Así que no se lo digas a nadie, pero mientras estoy frente al Palacio de Buckingham, pienso: “¡Dios salve al rey!”

(*) Nicholas Kristof es columnista de The New York Times

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El arresto de un presidente

/ 1 de abril de 2023 / 01:15

En 1872, el presidente Ulysses S. Grant fue arrestado por un oficial de policía por exceso de velocidad en su carruaje tirado por caballos en Washington. El oficial extendió la mano para indicar que se detuviera, y Grant obedeció y luego acompañó al oficial a la estación de Policía. ¿Eso degradó a la presidencia?

No, yo diría que fue un hermoso tributo a la democracia. Lo que era impensable para el Rey Sol francés, Luis XIV —L’état, c’est moi (“Yo soy el Estado”)— es apropiado en un sistema de igualdad ante la ley.

The Times informa que un gran jurado votó para acusar a Donald Trump por pagos de dinero secreto a una estrella porno, pero que la acusación, por ahora, está sellada. Hay preguntas legítimas sobre este enjuiciamiento en particular, y aunque no conocemos los detalles de los cargos, después de conjeturas informadas, nos preguntamos: ¿Debería ser la primera acusación de un expresidente bajo una teoría legal novedosa que podría ser rechazada por un juez o un jurado? ¿Qué hacemos con las dudas sobre este caso, incluso entre aquellos que tienen cero simpatía por Trump? ¿Sabe el fiscal de distrito Alvin Bragg lo que está haciendo?

Ninguno de nosotros puede estar seguro de la respuesta a estas preguntas hasta que haya visto las pruebas presentadas en el juicio, y me preocupa que un enjuiciamiento fallido pueda fortalecer a Trump. Pero, también me preocuparía, incluso más, el mensaje de impunidad que se enviaría si los fiscales desviaran la mirada porque el sospechoso era un expresidente.

El mediador del expresidente, Michael Cohen, fue sentenciado a tres años de prisión por obedecer las órdenes de Trump, y un principio fundamental de justicia es que si se castiga a un agente, también se debe castigar al director. Eso no siempre es factible, y puede ser difícil replicar lo que logró un enjuiciamiento federal en el caso de Cohen. Pero el objetivo debe ser la justicia, y esta acusación honra ese objetivo.

Eso es particularmente cierto porque este es claramente un delito de mayor riesgo que un caso típico de falsificación de registros comerciales; aparentemente, el objetivo era afectar el resultado de una elección presidencial, y eso pudo haber sucedido.

Cuando arresten a Trump, se le tomarán las huellas dactilares, se le fotografiará y posiblemente se le esposará. Surge la pregunta: ¿Es degradante para una democracia procesar a un exlíder?

Hay un contraargumento de que este es el momento de Estados Unidos para la discreción procesal para permitir que el país se recupere y siga adelante. Cuando era adolescente, me indignó cuando el presidente Gerald Ford perdonó preventivamente al expresidente Richard Nixon, pero con el tiempo llegué a pensar que era la decisión correcta y que permitió que el país sanara. Sin embargo, una diferencia es obvia: Nixon en 1974 ya estaba completamente desacreditado, condenado al ostracismo y arruinado, mientras que Trump niega haber actuado mal y se postula nuevamente para la Casa Blanca.

Es difícil en esta etapa para mí evaluar la fuerza de la acusación del fiscal de distrito de Manhattan contra Trump, pero encuentro inspiración en las palabras de William H. West, la oferta policial que arrestó a Grant por exceso de velocidad. Según un relato que dio muchos años después, publicado en The Washington Post, le dijo a Grant: “Lamento mucho, señor presidente, tener que hacerlo, porque usted es el jefe de la nación y yo no soy más que un policía, pero el deber es el deber, señor, y tendré que ponerlo bajo arresto”.

Esa es la majestuosidad y la dignidad de nuestro sistema legal en su máxima expresión. Y si un oficial de policía en 1872 pudo extender su mano y obligar a detener el veloz carruaje del presidente, entonces, nosotros también deberíamos hacer lo que podamos para defender el magnífico principio de la igualdad ante la ley.

Nicholas Kristof es columnista de The New York Times.

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Irán y el recato a las mujeres

/ 26 de diciembre de 2022 / 01:08

Un indicio de la hipocresía del régimen iraní son los reportes verosímiles de que está haciendo cumplir su código moral supuestamente estricto deteniendo a mujeres y niñas acusadas de abogar por la falta de recato, para luego agredirlas sexualmente.

En un informe devastador sobre la violación de manifestantes por parte de las fuerzas de seguridad, la CNN relataba cómo una mujer de 20 años fue detenida supuestamente por encabezar protestas y más tarde fue llevada por la Policía a un hospital de Karaj, temblando con violencia, la cabeza rapada y una hemorragia rectal. La mujer se encuentra ahora de nuevo en prisión.

Así pues, la movilización en Irán no se trata de velos. Se trata de derrocar a un régimen incompetente, corrupto, represivo y brutal. Me sorprende y decepciona que la revolución popular iraní de hoy no haya recibido más apoyo en Estados Unidos y en todo el mundo. Creo que hay un par de razones para ello.

En primer lugar, Irán ha prohibido la entrada a la mayoría de los reporteros extranjeros, por lo que no tenemos equipos de televisión en las calles para grabar a las estudiantes que arriesgan sus vidas para enfrentarse a los matones del régimen. Como no estamos en el terreno, creo que en general los periodistas no le hemos dado a esta noticia la importancia que merece.

En segundo lugar, hay cierto recelo hacia los iraníes por parte de los estadounidenses, una percepción errónea de que son fanáticos que corean “Muerte a Estados Unidos”. De hecho, de persona a persona, Irán es quizá el país más proestadounidense del Medio Oriente.

Unas jóvenes audaces son las que encabezan las protestas de estos días. Cuando un miembro de la fuerza paramilitar Basij habló en una escuela, las niñas se quitaron el hiyab y lo abuchearon.

Estados Unidos y otros gobiernos están alzando la voz y los iraníes lo agradecen. Nasrin Sotoudeh, abogada iraní defensora de los derechos humanos que ahora disfruta de un permiso médico tras una condena de 10 años de prisión (reducida de 38,5 años y medio y 148 latigazos), me dijo que apreciaba sobre todo que una comisión de las Naciones Unidas sobre los derechos de la mujer haya expulsado a Irán. Pero a Sotoudeh y a otros les gustaría que el gobierno de Joe Biden hiciera más por deslegitimar al Gobierno iraní y criticara las ejecuciones, y pide a los gobiernos occidentales que tienen embajadas en Irán que retiren a sus embajadores.

Me gustaría que Biden colaborara con otros países para que la indignación internacional ante la represión tenga mayor repercusión.

Occidente también podría tratar de aumentar las sanciones selectivas contra los funcionarios y sus familiares que hacen fiestas en el extranjero o canalizan activos al exterior. Mientras tanto, la comunidad de inteligencia debería espiar más la represión masiva de Irán y filtrar información, cuando sea posible, para que las autoridades del país rindan cuentas.

Presionar a Irán es difícil, porque ya está aislado y se le han impuesto fuertes sanciones. Pero debemos esforzarnos porque Irán está entrando ahora a su siguiente fase: ha comenzado a ejecutar a manifestantes para aterrorizar a la población y que se rindan. Hasta ahora se sabe que dos manifestantes han sido ahorcados y al menos otras 35 personas han sido condenadas a muerte o están detenidas por delitos punibles con la pena capital.

En 1978, cuando la revolución de Jomeiní cobraba impulso, The New York Times citó a un abogado iraní con temores premonitorios: “Espero que no salgamos de una zanja solo para caer en un pozo”, dijo.

Más de cuatro décadas después, los iraníes intentan desesperadamente salir de ese pozo, liderados por colegialas que perseveran a pesar de la amenaza de detenciones, torturas y ejecuciones. Ellas entienden que la inmoralidad flagrante no reside en el cabello descubierto de una niña, sino en el gobierno que la viola por ello, y deberían contar con mucho más apoyo internacional.

Nicholas Kristof es columnista de The New York Times.

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