Voces

Thursday 13 Jun 2024 | Actualizado a 20:00 PM

Victorias electorales por defecto

El voto por razones negativas se está volviendo cada vez más corriente.

/ 28 de septiembre de 2019 / 00:07

Para ganar una elección es deseable que se proponga a los votantes un horizonte de futuro, y que la retórica de los candidatos no se limite solo a hablar del pasado o a denigrar al contrincante. No hay que olvidar que cualquiera que sea el elegido, le tocará hacerse cargo de los problemas concretos y del destino de la nación.

La desconfianza en los políticos, la individualización de los electores y el debilitamiento de las grandes propuestas ideológicas está haciendo cada vez más impredecibles los comportamientos de los votantes. Hasta pocos días antes de los comicios, muchos electores se mantienen indecisos o son incapaces de definir una posición clara frente a las propuestas políticas en competencia; de ahí la creciente imprecisión de las encuestas y la sorpresa de analistas y periodistas frente a resultados inesperados.

Muchas elecciones recientes se han resuelto no tanto por la capacidad de los actores para seducir o convencer a los ciudadanos, sino sobre todo gracias a su habilidad para articular rechazos y malestares con relación a sus contrincantes. El voto por razones negativas se está volviendo cada vez más corriente, generándose mayorías contingentes con pocos puntos de coincidencia salvo el rechazo a algo o alguien. Este tipo de estrategia electoral es, por supuesto, legítima, aunque sus efectos negativos en la gobernabilidad y en la calidad de la democracia son evidentes.

Pasados los comicios, la autoridad electa deberá encarar los problemas del país con propuestas mínimamente coherentes, y que necesitarán el apoyo de coaliciones sociales y políticas mínimas. Lo ideal sería que algunos de esos proyectos e ideas sean discutidos y contrastados en el periodo electoral, contribuyendo, de esa manera, a la construcción de ciertos respaldos sociales iniciales para su concretización.

El mayor riesgo es que, ante la ausencia de tales consensos, los gobiernos emergentes de este tipo de elecciones no cuenten con condiciones ni instrumentos políticos para gobernar con un mínimo de estabilidad y coherencia. Las elecciones no son únicamente un mecanismo para la participación de los ciudadanos en la selección de sus autoridades, son también un momento irrepetible para discutir sobre el futuro del país y las diversas opciones que la política propone para su construcción colectiva. Tomando en cuenta todo ello, resulta conveniente contrastar programas y horizontes, para ordenar el tablero y organizar la conflictividad política en torno a ciertas ideas.

Es posible ganar elecciones por defecto, es decir, transformándose en el menos malo de todos los candidatos; lo difícil es gobernar posteriormente basados únicamente en mayorías frágiles, poco convencidas y sin ningún tipo de compromiso o consenso sobre un núcleo de propuestas de futuro. Ese podría ser el germen de la ingobernabilidad o de la parálisis. Hagamos, pues, un esfuerzo colectivo para discutir sobre el futuro del país.

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Historia

El registro más antiguo de tareas históricas proviene de la antigua Mesopotamia, específicamente de la civilización sumeria

Claudio Rossell Arce

/ 13 de junio de 2024 / 10:48

A inicios del siglo XX, un filósofo de nombre George Santayana escribió en su libro más conocido la frase “aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Desde entonces, memoriosas o no, muchas personas han repetido la frase en toda clase de circunstancias y con diversas transformaciones, que sin embargo no le quitan su sentido. Es, como muchas, una de las joyas del pensamiento moderno que enfatizan en la importancia de la historia como fuente de conocimiento y luz para el porvenir.

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La historia es la disciplina académica que se dedica al estudio de los acontecimientos pasados de la humanidad; no solo se centra en la narración de hechos, sino también en la interpretación y análisis de las causas, consecuencias y significados de dichos acontecimientos. Para lograrlo, se vale de infinidad de recursos, que incluyen fuentes vivas, (casi) tanto documentos en toda clase de soportes, incluyendo los monumentos. Tal vez por eso en tantos lugares de herencia colonial los mementos de personajes como Cristobal Colón son a la vez tan despreciados por unos como protegidos por otros.

El registro más antiguo de tareas históricas proviene de la antigua Mesopotamia, específicamente de la civilización sumeria. La obra más reconocida de esta época es la Lista Real Sumeria, documento que mezcla hechos históricos con mitología, y data de alrededor del año 2.100 antes de Cristo (a.C.) y habla de personajes que vivieron hasta 400 años antes de que esas tablillas con grabados cuneiformes se escribieran. En Oriente, el Rigveda, un texto sagrado de la antigua India, que data aproximadamente del 1500 a.C., es considerado como el más antiguo registro histórico, pues, aunque su principal propósito es religioso, contiene valiosa información sobre la vida, la sociedad y las prácticas de aquellas épocas.

En China, uno de los textos históricos más antiguos y significativos es el Shiji o Registros del Gran Historiador, escrito alrededor del siglo II a.C. Esta obra monumental abarca la historia de China desde los tiempos míticos hasta la dinastía Han, pero además es considerado uno de los textos historiográficos más antiguos que se conocen. En Occidente, se reconoce como el registro histórico e historiográfico más antiguo la Historia, de Heródoto, escrita en el siglo V a.C. La distinción no es menor: mientras la historia se encarga de los hechos del pasado y su interpretación, la historiografía es una reflexión crítica sobre la propia práctica de la historia.

Así, seguramente pertenece al dominio de esta última la frase “la historia la escriben los vencedores”, recordando que ni todo recuento es exhaustivo ni toda interpretación es imparcial. En tiempos de postverdad la cosa se pone más complicada: aunque el estudio de la historia es el antídoto contra la desinformación, la mentira generalizada dificulta la tarea de recoger relatos que ayuden a construir el mosaico del estudio histórico. Qué difícil se hará estudiar los registros de estos tiempos, llenos de distorsiones creadas ya no solo por “los vencedores”, y en todo caso fabricados con objetivos políticos e ideológicos.

También ayuda a preservar la historia el monumental y a menudo sorprendente trabajo contemporáneo del estudio, entre muchas otras, de la historia oral, la historia comparada, la historia de las emociones y la historia digital, que seguramente está apenas en el umbral de todo lo que habrá de sucederle a la humanidad en el ciberespacio. Las nuevas formas de aproximarse a los sucesos del pasado obligan a mirar de otra forma el contexto, de cuando ocurrió el hecho y de cuando se interpreta. De ahí surgen, también, las críticas al modo en que “los vencedores” han contado la historia, omitiendo no solo hechos, sino incuso a pueblos enteros. Hay reivindicación en estas miradas contemporáneas.

El inglés reconoce History (así, con mayúsculas) de story, siendo la primera la disciplina científica y académica y la segunda el modo de nombrar cualquier relato. En español existe tal distinción, pero se nombra con la misma palabra. Tal vez por eso es cada vez más común que haya jefes y líderes que creen que están haciendo historia, pero no hacen más que contarnos historias, que para colmo son poco edificantes.

(*) Claudio Rossell Arce es profesional de la comunicación

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Nuevos y reincorporados

Luis Callapino López

/ 13 de junio de 2024 / 10:44

Conforme al artículo 5 del Reglamento de Selección y Designación de Maestros y Personal Administrativo del Subsistema de Educación Regular, y de Educación Alternativa y Especial, aprobado mediante la Resolución Ministerial 0224/2024, el periodo de designación en las unidades educativas y centros educativos se procesará de enero a octubre de cada gestión.

No obstante, el Decreto Supremo 253, del 19 de agosto de 2009, en su artículo único dispone que la contratación de personal docente se procesará únicamente entre enero y mayo de cada año. Asimismo, determina que solo en caso de existir acefalías se contratará a los reemplazantes cuando éstas se produzcan.

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La normativa citada, al señalar la contratación de personal docente, hace mención a maestros en función, vale decir, quienes se encuentran en planillas del Sistema Educativo Plurinacional (SEP), que pueden participar solamente de enero a mayo de cada gestión de los procesos de selección y designación mediante compulsa de méritos a otros distritos, unidades educativas y centros educativos.

Posterior al plazo establecido, los procesos de selección y designación mediante compulsa de méritos a ítems en acefalía, de nueva creación y/o por reordenamiento, es de exclusividad para maestros nuevos y reincorporados, egresados (obviamente) de las Escuelas Superiores de Formación de Maestros (ESFM).

Los maestros nuevos son aquellos recién egresados de las ESFM o en su caso que todavía no ejercieron. En cambio, el personal docente reincorporado implica a quienes solicitaron licencia indefinida, refrendada mediante una resolución departamental, lo cual genera prioridad en los procesos de selección y designación por compulsa de méritos, posteriores a mayo de cada año.

En el caso de los maestros que ingresen a trabajar a unidades educativas y/o centros educativos bajo flexibilización, en sus vertientes de pertinencia académica y años en provincia, deberán ingresar en el plan de reordenamiento en enero de la siguiente gestión.

Ahora bien, es imperante resaltar que el Decreto Supremo 253 también aplica para las permutas, que es el intercambio del puesto de trabajo entre dos maestros o administrativos que ocupan similares cargos, y el procedimiento también es de enero a mayo de cada gestión.

En sujeción a todos estos antecedentes señalados y en pleno mes de junio, los maestros nuevos y reincorporados tendrán mayores posibilidades de optar a un cargo docente en unidades educativas y centros educativos fiscales y de convenio del Subsistema de Educación Regular, y de Educación Alternativa y Especial.

(*) Luis Callapino López es magister en Políticas de Formación Docente

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La crisis económica ya está y el Gobierno, ‘bien, gracias’

La falta de combustibles también es un termómetro para medir que la economía atraviesa por un mal momento

Alfredo Jiménez Pereyra

/ 13 de junio de 2024 / 10:40

En el gobierno del presidente Luis Arce, Bolivia se caracteriza por ser el único Estado en la región donde los productos suben, pero la inflación es baja; donde el mandatario afirma que no hay plata, pero al día siguiente dice que la economía crece siendo la envidia de otros países; donde la población siente la crisis día a día, pero no así los gobernantes.

El 11 de mayo, Arce dijo que su Gobierno no puede estar en crisis y, por el contrario, aseguró que el país se encuentra en proceso de industrialización. Fue enfático en aseverar que su mandato continuará con el proceso de crecimiento económico, pero que el escenario es desafiante.

Lea: Milei camina sin norte en política exterior

Para el mandatario, las Reservas Internacionales Netas (RIN) se están estabilizando y llegaron a cerca de $us 1.800 millones a abril de este año. Incluso consideró que el “golpe más fuerte” ya pasó y aseguró que la economía se está normalizando.

Sin embargo, a los pocos días, él mismo indicó que su Gobierno necesita créditos internacionales porque “no hay de dónde sacar plata” debido a la baja de ingresos por concepto de hidrocarburos. Con un llamado lacónico, Arce exhortó a la Asamblea Legislativa Plurinacional que apruebe créditos internacionales.

Recordemos que el último informe dado a conocer por la calificadora de riesgo Moody’s rebajó la calificación de Bolivia de Caa1 a Caa3, lo que pone al país en una posición crítica.

A fines de mayo, Arce reconoció que el país atraviesa por “ciertas dificultades” en el acceso al dólar, pero garantizó que “no estamos en una crisis económica estructural, como han señalado distintos analistas económicos”. Para el Gobierno, la escasez de la divisa estadounidense se debe a un desfase en la producción agrícola producto de la crisis climática, que retrasó la llegada de las divisas de exportación.

Sin embargo, es necesario indicarle al mandatario que los precios de algunos productos han subido en las últimas semanas, así como la oferta de éstos debido a la dificultad de los importadores para obtener la divisa estadounidense al tipo de cambio oficial. Esto implica que los importadores suban sus precios al recurrir al tipo de cambio paralelo, que ronda los Bs 9 por dólar. Los rubros cuya materia prima es de importación, como construcción, farmacéuticas, agroquímicos, insumos para maquinarias y otros, reclaman también la falta de acceso al dólar para realizar el pago de los productos.

Hay que recordar que los importadores en Bolivia se dividen en dos grandes sectores. El formal, que normalmente hace sus operaciones bancarizadas y que enfrenta, por ejemplo, el incremento del costo del dólar a través de una “comisión que el Gobierno ha tratado de regular sin mucho éxito”; y, por otro lado, el informal, que necesita divisas en físico porque gran parte de sus transacciones se hacen en las fronteras y son en efectivo. En cualquiera de los dos casos las consecuencias las sufre la ciudadanía con un incremento de precios.

Según estadísticas del Instituto Boliviano de Comercio Exterior, el país necesita en promedio cerca de $us 2.500 millones al mes para satisfacer importaciones, servicio de deuda, servicio de deuda privada y otro tipo de obligaciones con el exterior. Actualmente, el Banco Central posee en liquidez apenas $us 200 millones, es decir, no es una fuente confiable de divisas, y el sector privado, los bancos que canalizan los dólares de los exportadores hacia los importadores, está enfrentando una serie de problemas porque nuestras exportaciones han caído fuertemente.

La falta de combustibles también es un termómetro para medir que la economía atraviesa por un mal momento. Cientos de camiones cisternas aguardan en refinerías y puertos de Chile, Perú y Paraguay para adquirir los carburantes. No pueden comprar los líquidos porque el pago se hace en efectivo y con dólares. El Gobierno, en su desesperación y para “marear la perdiz”, acusa sin pruebas a la gestación de un “golpe blando” y que los bloqueos en carreteras impiden el paso de los cisternas con los carburantes.

Con todos estos antecedentes hay que preguntarle al presidente Arce: ¿qué país gobierna? E indicarle que no debe subestimar la inteligencia, ni jugar con el bolsillo de los bolivianos, porque más temprano que tarde “le pasarán la cuenta”.

(*) Alfredo Jiménez Pereyra es periodista y analista internacional

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Morir en la montaña

La laguna/macho es un lugar que no existe, parece de otro tiempo. Nos lleva más allá de nosotros, a otro lugar

Ricardo Bajo

/ 12 de junio de 2024 / 07:16

(“Sublime es aquello en comparación con lo cual todo lo demás parece pequeño”, Kant)

“Mi hijo es ahora un dios de la montaña, un guardián. La montaña se lo tragó, estaba celosa”. Así habla Pablo delante del Pico Tunari, catedral sin altar. Hace quince años su hijo Santi murió mientras ascendía hacia los dioses, mientras buscaba en solitario una ruta alterna —la alegría del inicio eterno. Han pasado quince años y el padre todavía se emociona en lágrimas cuando recuerda al hijo. Somos cincuenta personas alrededor de la laguna Macho, en el campo base del Pico Tunari. Estamos a cuatro mil quinientos metros sobre el nivel del mar, falta oxígeno, sobran corazones agitados, la cabeza duele.

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Antes del apthapi, una ceremonia ancestral con olor a incienso, copal y mirra convoca a tres cóndores de cuello blanco. En una piedra tatuada —huella inmortal al borde del agua—, una placa conmemorativa dice así: “Santi, en tu montaña mágica te nos has vuelto pájaro”. El padre cree que uno de esos cóndores es su hijo. Y tiene razón.

Los que vamos a la montaña somos los últimos románticos. Los que suben en soledad a las cumbres más elevadas encuentran su libertad (y su soberanía) en los límites entre la vida y la muerte. Cada pico/cumbre vuelve diminuta nuestra terca voluntad de conquista. “Las montañas siguen matando, indiferentes, a los insectos que les hacen cosquillas cuando ascienden, y sus laderas están sembradas de calvarios, de cruces, de túmulos de piedra”, escribe el francés Pascal Bruckner en su ensayo De la amistad con una montaña: pequeño tratado de elevación (Siruela, 2023).

Los hombres y mujeres que mueren en la montaña no están muertos pues son capaces de convocar a conocidos y desconocidos. Somos cincuenta en la laguna del Pico Tunari y no todos nos conocemos. Hemos dicho nuestros nombres en voz alta durante la ceremonia ancestral, nos hemos abrazado, algunos han llorado. Hemos recordado a los que ya no están y sabemos que alguna vez otros hombres y mujeres harán lo mismo con nosotros. Unos pocos serán olvidados.

Cuando alguien muere en la montaña, la muerte se parece un poco a la gloria (casi) eterna. Las cumbres más altas obligan a veces a sus adoradores a dejar la vida para conservar su esplendor. La montaña es hermosa/tóxica; puede matar a quien la ama. Es nacimiento, resurrección y transmutación. Santi es ahora un cóndor de cuello blanco, nos protege y protege (a la montaña).

La laguna/macho es un lugar que no existe, parece de otro tiempo. Nos lleva más allá de nosotros, a otro lugar. Puro por naturaleza. No ha sido soñada ni manoseada por los hombres y mujeres de las ciudades. A su alrededor, visibles por la lenta erosión, millones de fósiles llevan escritos en su piel pétrea el recuerdo del cráter del viejo volcán, hoy dormido. Lejos están las huellas humanas. ¿No deberíamos separarnos de estos paisajes para conservarlos vírgenes?

La laguna, sumergida en su baño de cerros, es simplemente sublime. Decía Immanuel Kant en Crítica del juicio que lo sublime no deleita ni da placer, lo sublime conmueve. Etimológicamente hablando sublimar significa el paso del sólido al gas. Ante lo sublime uno se eleva físicamente sino de forma espiritual. El sonido de los tambores y el olor a k’oa ponen su granito de arena.

Los juegos de luces llegan con la tarde. La montaña nunca es la misma. Cambia con las horas, con los días, con los meses, con los años y siglos. Muda, trasmuta como Santi en pájaro libre. La montaña está y no está, se esconde detrás de las nubes, juega con nosotros, como la muerte. En su escenario de teatro, la obra nunca es la misma. Con la tarde el sol se posa sobre las aguas y los espíritus bailan al son de una música que no podemos escuchar. La montana mágica es el único espectador. Nosotros, los cincuenta, estamos de paso, somos intrusos. Nuestra presencia quizás no es deseada. El cóndor sobrevuela para decirnos adiós. O hasta luego.

Cuando bajamos hacia la ciudad, el hongo de humo se ve a lo lejos. Las llamas nos contemplan con la frente altiva y orgullosa. El hielo nos regala “estalactitas” con tiempo de caducidad. ¿Dónde va el hielo cuando se derrite? Las siluetas geométricas que nos rodean esconden secretos que no podemos descifrar. Serán pintadas y dibujadas por artistas y locos hasta la saciedad. Cuando las dejemos de mirar, el enigma todavía seguirá ahí. Terminamos en las calles de Cochabamba donde todo vuelve a ser banal, donde el mundo camina deprisa sin saber a dónde ir, donde nos sentimos huérfanos y aislados en burbujas. El Pico Tunari, como el Everest, crece milímetros cada año. Solo los dioses y sus guardianes estarán vivos para ver crecer a todas las cordilleras, todas. Será el honor de los que mueren en las montañas.

(*) Ricardo Bajo es un intruso

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Bolivia: ¿mirando al futuro?

Una Bolivia que me llama mucho la atención es la que ha realizado pasos importantes para erradicar la corrupción

Gabriel Loza

/ 12 de junio de 2024 / 07:12

Cuando se está inmerso en un entorno donde proliferan los conflictos económicos como la escasez “transitoria” de divisas, combustibles y de tomates, y el casi haber alcanzado la meta de inflación para todo el año (3,6%), solo con la inflación a 12 meses a mayo (3,52%), además del bloqueo de caminos del transporte pesado y de los gremiales, el paro ya tradicional de los médicos de la Caja, los conflictos regionales (devolución del IDH) y municipales (como en nuestra ínclita ciudad de La Paz), se suman como si fuera poco los conflictos político-judiciales  con la “accidentada” sesión de la Asamblea Legislativa, que además aprobó un crédito externo de $us 174 millones.

Vea: ¿Dólar fuerte: deuda insostenible?

Así, en medio de todos estos aprietos, apuros y arrebatos (véase sinónimos de crisis), me llegó a mis manos el libro del doctor en economía Rolando Morales, titulado Bolivia mirando al futuro: aportes para un plan de Gobierno. Grande fue mi sorpresa al constatar que alguien esté mirando al futuro cuando la mayoría está enguerrillada sacando cuentas del pasado, mirando en un horizonte ni siquiera de corto plazo sino de sus propias sus narices y propios intereses. Fue como un shock de frescura, de aire renovado, de energía positiva que un economista, analista y comentarista esté presentando propuestas identificando problemas, trazando objetivos específicos y ofreciendo recomendaciones concretas que abarcan más allá de lo que uno podría pensar los temas económicos, puesto que empieza con las “tareas urgentes”, empezando por el déficit fiscal, subsidio a los carburantes y el problema de escasez de dólares, para abarcar la reforma de la justicia, la participación regional, el problema de la tierra y la recuperación de la minería.

Pero Rolando Morales va más allá de los clásicos programas económicos, puesto que presenta la Plataforma Democrática, dentro de ella el monitoreo de conflictos; la Plataforma económica y social, donde toca el tema de las intervenciones del Estado y las sinergias del sector privado, su énfasis en la productividad y en especial en el capital humano; la Plataforma Ambiental y el problema de los centros poblados, para terminar, como propuesta, con las instituciones públicas: poderes Ejecutivo y Legislativo.

Como se puede observar, son propuestas de amplio espectro, son nuevas plataformas, más allá de las electorales que simplemente son una sumatoria de medidas reivindicativas derivadas de consultas de opinión a través de encuestas y redes sociales y que no se piensan cumplir.

Y su punto de partida es muy simple: la visión del país que queremos “como fuente fundamental de inspiración de las políticas públicas”. Así, nos habla o sueña con un futuro, esperamos que sea próximo, donde ya se han realizado muchos de sus objetivos como, por ejemplo: Una Bolivia Verde, un plan de reordenamiento territorial, Bolivia inició cambios institucionales asegurando el ejercicio de la democracia y la participación ciudadana, la reforma de la justicia y de la Policía, la seguridad física y el bienestar de los vecinos con programas de inducción social y mejoramiento de barrios.

Una Bolivia que me llama mucho la atención es la que ha realizado pasos importantes para erradicar la corrupción, ha buscado el restablecimiento de la ética en una sociedad con cohesión social. Una Bolivia, que me gustaría, es la que en relación al parlamento, “el número de representantes fue drásticamente reducido para dar funcionalidad a los debates y a los procesos de toma de decisión”. Además, se solucionó el álgido problema de acceso a la propiedad rural y las regiones tienen participación institucional en las inversiones y, por fin: “Bolivia ha logrado erradicar el narcotráfico”.

Podríamos seguir esa Bolivia de ensueño, pero deben comprar el libro en Plural porque es solo la puntita de iceberg lo que les muestro, para verificar que los economistas también podemos pensar más allá de nuestro ámbito y tener una visión menos cuantitativa, más amplia como la que nos presenta Rolando Morales.

Para concluir quiero resaltar el punto central del desarrollo de Bolivia que le preocupa a Rolando: “Bolivia acepta que su principal riqueza está constituida por el capital humano conformado por millones de trabajadores formales e informales y que, orientando las políticas públicas hacia el mejoramiento de sus rendimientos laborales, el país podría asegurar un desarrollo sostenido y el fin de la pobreza”.

(*) Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista

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