Voces

domingo 20 jun 2021 | Actualizado a 04:59

Elogio al populismo

La presencia de gobiernos progresistas en la región reavivó el debate teórico y político en torno al populismo.

/ 30 de septiembre de 2019 / 23:45

A las seis de la mañana de un domingo, cuando los primeros rayos del sol aparecen, en un sindicato rural cochabambino los afiliados toman apuntes en cuadernos escolares e intercambian opiniones. Más allá de las encuestas urbanas, están evaluando el desarrollo de la campaña electoral. La reunión sirve para organizarse: cocer y, en algunos casos, para zurcir banderas viejas; para planificar mítines. Ellos están convencidos de que este proceso político en curso les pertenece y, en consecuencia, debe continuar. Ernesto Laclau caracteriza a este fenómeno político como populismo.   

El populismo es una palabra que tiene diversas acepciones; por ello, ha adquirido varios sentidos en el espectro político. Y esta polifonía de significaciones hace necesario recuperar su sentido originario, aquella que da cuenta de una “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”. O sea, “ir al pueblo”, y allí buscar el sentido de las acciones. En América Latina diríamos lo nacional popular.

La presencia de gobiernos progresistas en América Latina, lo que se denominó como el giro a la izquierda, reavivó este añejo debate teórico y político en torno al populismo. En este contexto, en el texto La razón populista (2005), Laclau propone avanzar en la reflexión sobre la relación entre populismo y democracia.

Mientras tanto, desde sectores conservadores la impronta populista es vista peyorativamente, incluso con miedo. El retorno de la izquierda representaba una amenaza para los intereses de “la élite”, que encarnaba la desigualdad política y económica. En el caso boliviano, ese miedo ha estado marcado por un proceso colonial. Entonces, la estigmatización elitista adquirió connotaciones raciales por la presencia de indígenas en el Gobierno. Visión despectiva que se encarnó en los sectores elitistas; incluso hasta hoy sus intelectuales dan rienda suelta con un lenguaje ilustrado para menguar el potencial de este proceso político. “Casi la mitad de los bolivianos no leen. He ahí una pista para entender el ‘proceso de cambio’”, escribía por ejemplo un columnista que funge de erudito politólogo.

Más allá de esas estigmatizaciones, Laclau dice que el populismo implica “constituir un pueblo como sujeto político”. Aquí radica el sentido del populismo: entre nosotros y ellos. De allí, se desprende que los discursos presidenciales de Evo Morales sean “inclusivos”: él se involucra en el “nosotros”: Evo soy yo; lo cual, según explica Fernando Mayorga, obedece a que “un líder puede ser un ‘nosotros’, puesto que somos (yo soy en minúscula) el espejo donde él se refleja”. En sus discursos, el presidente hila una lealtad con sus “hermanos” (no solo compañeros, sino, sobre todo, hermanos) de los pueblos indígenas, o sea, con sus pares.   

Según Laclau, esta imbricación entre el líder y sus bases sociales, cimentadas desde los tejidos discursivos, posibilita la “construcción de una identidad popular que articula una serie de demandas insatisfechas mediante la identificación de una élite que se opone a los designios del pueblo”. Entonces, el populismo encarna, por lo menos en Bolivia, lo nacional-popular. En sus últimos días, René Zavaleta se percató de este fenómeno, aludiendo al mundo campesino/indígena como un componente sintetizador de ese populismo arraigado en las entrañas de la sociedad diversa. Lo cual hoy se refleja constitucionalmente en el Estado Plurinacional. Quizás allí radica el potencial democrático del partido oficialista.

* Sociólogo.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Carta abierta a Carlos Diego Mesa Gisbert

/ 20 de junio de 2021 / 01:10

Recuerdo cuando decidiste tomar distancia de Gonzalo Sánchez de Lozada en octubre de 2003, aludiendo que no tenías valor de matar. Hoy, tus manos están repletas de la sangre de las masacres de Senkata y Sacaba.

Recuerdo cuando vociferabas que se había producido un “fraude monumental” en las elecciones de 2019, indicando que “cualquier resultado que dé por ganador a Evo Morales en primera vuelta es producto de un fraude”. Aún no había terminado el conteo de votos y tu argumentación era que la caída del TREP era para forzar que Morales asuma su cuarto mandato constitucional.

A partir de ahí, se suscitaron 21 días donde, sobre la base de un discurso lleno de odio, racismo, mentiras y manipulaciones, se consumó un golpe de Estado, del cual fuiste uno de los actores principales y de eso hay un sinfín de pruebas documentadas y en la memoria de las y los bolivianos que vimos cómo tu connivencia con la élite más fascista de Bolivia reeditó el horror de la visión colonial del Estado.

No pudiste asumir tu derrota en las elecciones y sembraste dudas acerca de la transparencia del escrutinio, alentando y apoyando el golpe que depuso a Evo Morales, destruyendo 14 años del mejor gobierno que haya tenido Bolivia.

Todas estas actitudes no son novedad; tu cobardía es conocida. Perteneces a ese grupo de personas que bajo tu fachada de “intelectual” finamente vestido, te has dedicado a sembrar calumnias e hipocresías; a través de un falso discurso de decencia y honor, desprecias profundamente la tierra que te vio nacer; eres un sicario de la política, sin patria ni ley, con el hedonismo de un egoísmo sin límites.

Con gente como tú, Mesa, parafraseando al gran Serrat, tengo algo personal.

Tu paso por el gobierno fue igualmente, triste y cobarde; cuando las cosas se ponían duras, no tuviste mejor idea que renunciar y poner cara de yo no fui, dejando a Bolivia sumida en el caos que provocaste, desoyendo el clamor popular de nacionalización de los hidrocarburos. Rompiste la fe y las promesas que hiciste, con la misma facilidad que te cambias la camisa y las miserias.

Y hoy, en esta coyuntura, ninguna actitud digna y valiente, patriótica y sincera podría venir de ti. Al contrario, valiéndote de artimañas legales, te acoges al silencio. Me recuerdas la actitud maldita de García Meza cuando en su juicio de responsabilidades dijo que “no recordaba nada”.

Tus declaraciones posteriores son inconcebibles, Mesa. Eres un rey de la actuación; tus argumentos de un histrionismo estudiado frente a las cámaras, con tu vocabulario y prestancia artificial, son solamente la careta que contiene un alma que ha perdido toda veracidad. Eres, definitivamente, un Nadie más. Solo eso, un Don Nadie.

Mientes aseverando que las cuatro principales autoridades del Estado ya tenían un acuerdo político para renunciar. Eso es absolutamente falso: Evo Morales y Álvaro García Linera renuncian para parar los enfrentamientos y es Adriana Salvatierra junto con Teresa Morales quienes, en un acto de heroísmo que la historia recordará por siempre, otorgándoles un sitial de honor en la defensa de nuestra Patria, se enfrentan a unos machos emborrachados de poder, para exigir que el comienzo de toda negociación sea asegurarse que el avión que trasladaba a Evo, Álvaro y Gabriela Montaño salga del país con ellos a salvo. Por lo tanto, esta es también una impresentable mentira. Tan impresentable como aquella esgrimida por tus socios vestidos de sotana, que, en nombre de Dios, mienten asegurando que tanto Adriana como Susana Rivero rechazaron la Presidencia del Estado.

Aseguras que todo es un “martirio fiscal y judicial” para los ciudadanos y ciudadanas que, según tú, han defendido la democracia, la paz, la Constitución y la libertad. Yo quisiera saber a qué le llamas paz y libertad; qué significado tienen esas palabras para ti. Porque para mí, desde noviembre de 2019 hasta octubre de 2020, en Bolivia hubo todo menos paz y libertad, hubo masacres, persecuciones, detenciones ilegales, desapariciones, dolor y muerte.

Eres el triste actor de una historia de terror y dolor que nadie olvida y que en tu mente extraviada quieres hacer creer que jamás existió. Eres el lacayo que defiende al amo que le da de comer migajas y luego le aplasta el cuello. Eres un ser sin dignidad, sin memoria, sin decencia y sin principios ni valores. Un hombre que ha convertido a la política en una colección de falsedades y que desde allí inventa una serie de justificaciones para tergiversar una realidad que, de tan dura y tan dolorosa, pero a la vez tan digna y tan grande, te caerá encima y te abofeteará en pleno rostro. Lo juro, y no por Dios. Lo juro por la sangre de mis hermanos y las lágrimas de mis hermanas. Lo juro. Así será tu final.

María Bolivia Rothe es médica salubrista, exiliada en la dictadura de Jeanine Áñez.

Comparte y opina:

La verdad de la mentira

/ 20 de junio de 2021 / 00:59

Mi abuelita siempre decía que la mentira tiene las patas cortas. Eventualmente deja de andar, se le acaba la cuerda, se le vacía la batería y la verdad la sobrepasa para mostrarse en todos sus colores. El tiempo es, además, tamiz para las más evasivas falsedades. Sea por miedo, por arrepentimiento, por despecho o porque ya no les queda otra, los actores del golpe de Estado de 2019 están empezando a revelar sus cartas.

Ya el año pasado, en plena dictadura, María Galindo llamó sedición a la reunión en la que actores sin representación alguna decidieron el destino del país y de paso el de cada uno de nosotros. Ahora sabemos que no fue una reunión, sino varias a lo largo de tres días. Sabemos también que, con el pretexto de pacificar, sirvieron nada más que de pantalla para cubrir decisiones inconstitucionales tomadas por actores que no tenían mandato alguno para tomarlas. No debería sorprendernos: las reuniones de sedición en la Universidad Católica fueron el corolario de un proceso violento, en que se usaron los trucos más arteros para minar la democracia y acceder al poder sobre el odio, la división y la sangre de los bolivianos.

Los mismos señores que se reunieron para darle el poder a Jeanine Áñez a horas de la renuncia del Presidente, se habían reunido sobre un escenario meses antes. Era el 10 de octubre, y en un cabildo público en la plaza San Francisco anunciaron que si perdían no aceptarían los resultados de las elecciones. Carlos Mesa, Luis Fernando Camacho, Samuel Doria Medina, Tuto Quiroga, Waldo Albarracín, entre otros, ya habían decidido por el Plan B —es decir, la vía del golpe— mucho antes de que una sola papeleta entre a un ánfora el 20 de octubre.

Gritar fraude y descalificar al tribunal de elecciones es una estrategia muy útil en caso de salir perdedores. No solo pretende deslegitimar al ganador, sino que crea un argumento para soliviantar a tus seguidores hasta llevarlos a la violencia. Cuando Donald Trump lo hizo en Estados Unidos, generó la toma del Capitolio. En el caso nuestro, se logró una muy conveniente quema de los tribunales electorales, y con ellos de las actas que podían desvirtuar el fraude. Si no hay cadáver no hay crimen, dicen siempre los criminales.

Para sostener la violencia el tiempo suficiente, a la histeria de fraude debe sumarse la exacerbación de fisuras sociales pre-existentes. Lo hemos visto en Perú esta semana y lo vivimos nosotros dolorosamente. Para eso se genera noticias falsas, se crean miles de cuentas fantasmas en Facebook y cadenas en WhatsApp y se alienta el odio para que ayude a difundirlas.

No fue sencillo ni barato lograr que renuncie el Presidente y llegar a las famosas reuniones. Se sostuvo un paro por varias semanas. Se pagó transporte, viáticos y estadía a nutridos grupos de jóvenes para que se trasladen de Santa Cruz a otras ciudades y asesoren militarmente a cada punto de bloqueo. Se hizo acuerdos secretos con la Policía y compromisos turbios con el Ejército. Se cabildeó con la OEA, con las embajadas de países afines, con la Iglesia… Es mucho esfuerzo, mucho tiempo y mucha inversión para dejar que un “detalle” como la Constitución impida que se logre el objetivo. Si hubieran sido otros tiempos, se derrumbaba la puerta de Palacio con un tanque y asunto resuelto. Pero había que guardar las formas, cuidar el “qué dirán” y por eso se buscó la salida “más constitucional posible”. Como si la ley no fuera tan absoluta como el embarazo: o estás embarazada o no estás, o es constitucional o no lo es. No hay grados intermedios.

Mi abuelita también decía que el pez muere por la propia boca. Y así, en sus propias palabras, escritos, memorias y declaraciones, los protagonistas van echando luz sobre las sombras del golpe que organizaron, cometieron o propiciaron. ¿Habría que agradecerles?

Verónica Córdova es cineasta.

Comparte y opina:

FSTMB: gloriosa e histórica

/ 20 de junio de 2021 / 00:53

La actividad minera es tradicional en Bolivia, sus actores han sido los mitayos, los khajchas, los apiris, indígenas convertidos en mineros. El imperio español y toda Europa se engrandecieron gracias a las minas y al indio.

La industria de los “señores de la plata” y luego de los “barones del estaño” creó otro tipo de trabajador, el proletario, cuya relación con el patrón era el salario e incentivos para la permanencia en la mina: la vivienda, la pulpería, la escuela, el cine y la cancha de fútbol.

En ese espacio los mineros se formaron como clase. La lucha por mejoras les llevó a descubrir el mundo de la minería. La nueva tecnología puesta en sus manos era capaz de horadar montañas y procesar el mineral. El valor de cambio creado de un recurso natural por la acción de las máquinas y la fuerza de trabajo era enorme, como insignificante el costo laboral y social con que retribuían al obrero. Vieron a las empresas poner gobiernos y eludir obligaciones tributarias y sociales, mientras creaban su imperio en el extranjero, con minas, fundiciones, industrias y bancos.

La Guerra del Chaco cambió el escenario. Una fiebre patriótica movilizó a los bolivianos a defender el petróleo, los mineros fueron liberados de servir a la Patria, sus brazos eran necesarios para mantener la guerra, en realidad para garantizar las ganancias de los barones del estaño, que donaron dos aviones y facilitaron empréstitos, un negocio en medio de la tragedia. La derrota trajo el nacionalismo y la justicia social: se nacionalizó el petróleo, se dictó el Código del Trabajo, se impuso la entrega por el sector exportador de las divisas al Estado; semejante osadía provocó el crimen-suicidio del héroe Germán Busch.

La II Guerra Mundial nos ponía en pie de guerra, aliados con los Aliados, obligados a la provisión de estaño; la inflación creada por la guerra redujo los salarios; el pedido de un aumento salarial en Catavi fue ahogado en sangre un 21 de diciembre de 1942. La respuesta fue el golpe de Villarroel, que convocó al primer congreso indigenal y se creó la Federación de Mineros, el 11 de junio de 1944.

Derrocado Villarroel (1946), el movimiento minero se echó a andar independientemente. En el sexenio se ganó el título de vanguardia, el Bloque Minero Parlamentario denunció la acumulación de riqueza por los Barones: el saqueo se compensaba con un 3% del valor de exportación, mientras la prepotencia y la miseria rondaban en los campamentos mineros; su voz fue expulsada del parlamento. La lucha social no amainó, se fue creando formas de lucha conspirativas, las masacres de Potosí y Siglo XX en 1949 son testimonio. La organización se fortalecía con la democracia obrera. Pese a la represión cada año hacían sus congresos donde se ratificaba a la dirigencia histórica y se reiteraba la lucha contra la oligarquía minero-feudal.

En la insurrección del 9 de abril de 1952, el proletariado minero en El Alto y San José definió la batalla, mérito para imponer la nacionalización de las minas. La nacionalización integraba toda la cadena productiva minera, bajo la dirección de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) y el Control Obrero. Esta medida trajo el cerco internacional, el sabotaje, estudios técnicos pesimistas, la división de algunas organizaciones sindicales, trabas burocráticas y todas las mañas inventadas para mantener privilegios. De 1952 a 1964 la lucha fue entre el espíritu y la letra del nacionalismo revolucionario.

En mayo de 1965 se inició la desnacionalización de las minas. La dirección de la Comibol, en manos extranjeras, ordenaba a los generales gerentes: impuso la supresión de los sindicatos, la rebaja de sueldos y salarios, la anulación del Control Obrero; los campamentos fueron declarados zonas militares. Se desmembró a la Comibol; la exploración lo haría Geobol; la fundición, ENAF, se le impuso socios para pignorar sus yacimientos.

La defensa de las minas tenía como requisito derrotar a la dictadura. Se encaminó la lucha minera: la apertura democrática (1969-1971), la huelga de hambre de las mujeres mineras (1978), resistencia contra los golpes de Natusch y de García Meza. La huelga de Huanuni de noviembre de 1981 dio paso a la vigencia sindical y el derrumbe de la dictadura. Estos fueron algunos de sus aportes a la democracia.

La democracia liberal impuso un sistema de partidos políticos excluyente. Con el voto, después del desastre de la UDP, vino la ofensiva contra el proletariado minero. El DS 21060 destruyó la empresa estatal y al movimiento minero, dejando la actividad económica a la ley de la selva, sálvese quien pueda. Destruyó el ser nacional e incubó el individualismo.

Los trabajadores mineros llenaron páginas de la historia; superaron el gremialismo y su orientación política incidió en el país. La nueva Constitución Política del Estado Plurinacional recupera la larga memoria de nuestras luchas. Urge el patriotismo, la lucidez, el heroísmo del sujeto histórico.

José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.

Comparte y opina:

No tienen nada que ofrecer…

/ 20 de junio de 2021 / 00:50

La derecha democrática y las fuerzas conservadoras atrincheradas en las instituciones cívicas de Santa Cruz, así como los grupos de la ultraderecha fascistoide, están atravesando un periodo de reacomodo que puede durar una década o más.

El destape que ha provocado lo que todos sabíamos, pero que la prensa servil a los intereses de los grupos hegemónicos ocultaba, finalmente fue ratificado por la Justicia norteamericana al detener a un aventurero político que tuvo el siniestro talento de encaramarse en el poder, apoyado por sus colegas que ahora lo abandonan. Murillo, ahora convertido en soplón de la CIA y la DEA para conseguir su libertad, develó la debilidad ideológica y moral de la asociación política conservadora que asaltó el Estado, echando por la borda el apoyo de la clase media o “media clase”. Esos jóvenes airados y las señoras pechoñas que, luego del triunfo electoral del gobierno que fuera derrocado pedían arrodilladas y con velas encendidas ante los cuarteles que salgan los militares a matar masistas e indios para consolidar el golpe de Estado, no caben en su desilusión. El miedo a la indiada y al comunismo fueron los argumentos psicológicos que los medios de la clase hegemónica instalaron, día y noche, en sus débiles discernimientos sobre la realidad boliviana. La Iglesia, aliada desde que el gobierno de Morales declaró al Estado como laico, juró venganza en varias reuniones en el Arzobispado de Cochabamba. Ponían de ejemplo a la Iglesia argentina que derrocó a Perón junto a militares, ganaderos y agroindustriales; ese hecho histórico pudo servirles de modelo. Lo preocupante es el informe del Arzobispado que devela un profundo desprecio por la vida, al minimizar los actos de atropello por parte de las Fuerzas Armadas cuyos grupos de élite asentados en Sanandita, agredieron brutalmente a civiles indefensos, dejando huérfanos, viudas y minusválidos, como prueba irrefutable de que hubo masacres en Senkata, Huayllani, El Pedregal, Sacaba y otros actos de abuso en varias regiones del agro boliviano que no fueron registrados. Para este grupo de representantes de la Iglesia, no tiene importancia, más importante era deshacerse del indio que tuvo el atrevimiento de cuestionar sus privilegios mantenidos durante 500 años, a sangre y fuego. Este grupo, coludido con los grupos conservadores, tampoco tiene nada que ofrecer; detrás de ellos, pisándoles la sotana están otros sacerdotes que privilegian la vida, conocen el martirio de Luis Espinal y son la sombra antagónica de la Iglesia oficial que tomó partido en esta peligrosa polarización.

Se avizoran nuevos escenarios políticos y sociales en Abya Yala. Las recientes elecciones en el Perú, nuestro vecino con el que tenemos vínculos históricos profundos, devela las abismales cicatrices que dejó sedimentada durante la colonia el Virreinato de Lima (1542), al igual que en Bolivia la Real Audiencia y Cancillería de Charcas (1559). Desde esa condición de fuerza administrativa, promovieron a sus grupos familiares que manejaron siglos territorios ricos en recursos naturales, excluyendo a las mayorías de origen indígena y mestizo. Cuando se cansaron de expoliar, pasaron la posta a otros grupos de inversionistas que replicaron la fórmula, así los indios serranos peruanos seguían siendo la raza inferior y los costeños, superiores y de raza blanca.

Este orden simbólico ahora está a punto de desplomarse y hacen los últimos esfuerzos para que el profesor rural Pedro Castillo no asuma el poder y, si lo hace, la Iglesia y la oligarquía extranjerizante se ocuparán de roer su prestigio para castigar al “cholito” que se atrevió a desmontar el orden simbólico. Sin embargo, el precio puede ser muy alto, este viejo orden fosilizado fue la causa del nacimiento del grupo extremista Sendero Luminoso.

También en Chile están removiéndose las arenas. Piñera, reputado por su conservadurismo, vive su etapa de decadencia en la que arrastra a todo su grupo social; para contrarrestar algo de su fama de “momio” (así llaman en Chile a los ultraderechistas), en un acto espectacular aprobó una ley que permite el matrimonio civil entre parejas del mismo sexo, para desconcierto de la Iglesia y su grupo político.

Otros vientos soplan desde Colombia y Brasil, el desafío para las nuevas generaciones de la derecha consistirá en cambiar su viejo discurso anclado en el siglo XVIII, Piñera dio el ejemplo.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

Comparte y opina:

Prioridades discrepantes en el escenario nacional

/ 20 de junio de 2021 / 00:45

Las prioridades de la sociedad a corto plazo son el tratamiento de la pandemia del COVID-19 y la reactivación económica. La crisis sanitaria ya ha ocasionado cerca de 16.000 fallecimientos, que pueden aumentar dramáticamente en los próximos meses, si no se procede a organizar una eficaz vacunación masiva. En la esfera de las actividades económicas se registra, por su parte, una importante contracción de la producción, cierre de establecimientos, aumento del contrabando e incremento del desempleo, apenas disimulado por el aumento de la informalidad. Para enfrentar tales problemas, se requieren recursos financieros e institucionales, gestión pertinente y algunos acuerdos entre los diferentes agentes públicos y privados.

A mediano plazo, sin embargo, la agenda de prioridades del país incluye otros temas, a saber, un crecimiento dinámico, mejoras sustanciales en la calidad de vida y empleo, reducción de las desigualdades y supresión de las discriminaciones más odiosas, al mismo tiempo que se incrementa sustancialmente la capacidad de responder ante eventuales desastres naturales y efectos del calentamiento global. Para alcanzar tales objetivos se requiere una hoja de ruta de largo plazo, que podría tomar como referencia los Objetivos del Desarrollo Sostenible, e introducir las adecuaciones necesarias a la realidad económica, social y política del país.

Entre las adecuaciones imprescindibles se pueden mencionar el tratamiento de la informalidad y la superación del modelo extractivista de desarrollo. La informalidad porque ha llegado a tales niveles en Bolivia, que pone obstáculos significativos a las posibilidades de un crecimiento sostenido por aumentos sistemáticos de la productividad, al mismo tiempo que se generan eslabonamientos entre sectores económicos con repercusiones favorables en la cohesión social, y capaz de mejorar la calidad de los excedentes destinados a una acumulación creciente de capital humano.

En cuanto al modelo extractivista, está claro que los altos precios de los productos básicos están generando expectativas empresariales de corto plazo, discrepantes con el desarrollo sostenible del país a mediano plazo, puesto que se involucran actividades relacionadas con la deforestación en las tierras bajas del país, la cual trae aparejadas consecuencias negativas para los recursos naturales no renovables, además de aumentar la vulnerabilidad respecto del cambio climático.

Por otra parte, resulta imposible imaginar que se pueda llevar a cabo la reforma imprescindible en materia fiscal, consistente de una nueva pauta de recaudaciones tributarias, una racionalización del gasto público y un pacto fiscal para la redistribución de recursos entre los tres niveles del Estado. Una tarea de tal envergadura no tiene posibilidades en una economía que se encuentra en recesión. Casi se podría afirmar que ni siquiera existen holguras para abordar sin graves traumas los correctivos más importantes del déficit fiscal que se arrastra desde hace ocho años.

Por último, está claro que el país necesita desde hace tiempo una importante reforma de la vetusta normativa laboral, que data de 1942, para lo cual sin embargo no existen por de pronto las condiciones políticas apropiadas. A corto plazo bastaría que se cumpla con los convenios internacionales de la OIT que el país ha ratificado.

Todo lo anterior pone de manifiesto la discrepancia entre las prioridades urgentes de corto y las que son necesarias a mediano plazo, algo que es relativamente fácil de compatibilizar.

Lo que parece imposible de resolver es la discrepancia entre las aspiraciones y necesidades de la sociedad, por un lado, y los intereses y objetivos políticos del oficialismo, por otro, que no está dispuesto ni siquiera a pactar una tregua política para atender las crisis sanitaria y económica.

Horst Grebe López es economista.

Comparte y opina: