Voces

sábado 27 nov 2021 | Actualizado a 12:57

Fin de ciclo (corto) en Ecuador

La única forma de dirimir en política este tipo de situaciones es pedirle a la ciudadanía que vote.

/ 14 de octubre de 2019 / 04:40

Ecuador es un ejemplo más de la incapacidad que tiene el neoliberalismo para brindar estabilidad política, social y económica. Y también lo es de cómo el FMI puede llegar a ser un “arma de destrucción masiva” en tiempo récord. Y más aún si el país fue previamente transformado con políticas progresistas bajo principios de soberanía. Como muchas veces nos precipitamos a creer, la ciudadanía no olvida tan velozmente. El ciclo progresista ecuatoriano, bajo la impronta del correísmo, no se terminó por ahora, a pesar del giro de 360 grados que ha pretendido imponer Lenín Moreno; quien, por cierto, vale la pena recordar que no fue electo para ello.

Precisamente este es uno de los puntos nodales en el que radica buena parte del dilema ecuatoriano. El Presidente ecuatoriano no ganó la cita electoral con un programa neoliberal, ni tampoco planteando la salida de la Unasur y la adhesión al Grupo de Lima, y mucho menos pactando con toda la vieja política. Obtuvo el respaldo en las urnas con una propuesta que traicionó desde el minuto uno de juego. Y es realmente ese hecho político el que le ha condicionado desde el principio.

Así, la figura presidencial se fue debilitando a gran velocidad, porque toda la ciudadanía sabía que no era el Presidente quién gobernaba, sino que esta responsabilidad era de otros. En una encuesta elaborada en marzo de este año por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) ya se constataba esta percepción tan generalizada. Ante la pregunta de quién gobierna en Ecuador, el 46% manifestaba que los grandes grupos económicos; el 27%, Estados Unidos y el 26%, el viejo político socialcristiano Jaime Nebot.

Un presidente que no gobierna acaba siendo rehén de otros y, en consecuencia, comienza a tomar decisiones en función del tironeo de intereses de actores que lo sostienen mientras se los satisfaga. Y ello tiene una contraparte inmediata: la figura presidencial se convierte en una autoridad ficticia que deriva en una institucionalidad frágil. Y, para colmo, el único intento de ganar legitimidad se hace con base en una crítica recurrente a la “pesada herencia”, mientras la gente en la calle piensa mayoritariamente en el presente.

De esta forma, era inevitable que Lenín Moreno se transformara en un presidente de usar y tirar, y cuya caducidad depende de dos factores. Uno, del sostén que le quieran dar ciertos poderes (internacional, mediático, judicial, militar y económico). Y dos, del momento en el que el cansancio y hartazgo de la gente explote con una medida determinada. Y éste ha sido el caso: recorte de “subsidios” de la gasolina, al mismo tiempo que se otorgan “incentivos” a los grandes empresarios. Mejor dicho, y sin eufemismos: se eliminan las ayudas a la gente que lo necesita mientras se subsidia a las grandes corporaciones empresariales por la vía de exoneraciones tributarias.

Entonces, al decidir deliberadamente atentar contra el bienestar ciudadano, todas las chispas latentes saltan por los aíres; la gente protesta y todo se tambalea. El clima hace meses, medido también por la Celag en marzo, era el siguiente: seis de cada 10 ecuatorianos tenían sensaciones negativas sobre la situación nacional (enojo, incertidumbre, miedo, resignación y sensación de caos). Con ese mar de fondo, y con la debilidad del Presidente, unido a una medida innecesaria impulsada por el FMI, el desenlace era el esperado. Un país al borde del precipicio con un Gobierno no acostumbrado a gobernar; al que se le nota demasiado su falta de práctica, y que lo único que hace es abusar de la fuerza en contra de las protestas. Estado de excepción, toque de queda, huida a Guayaquil del Mandatario, orden de prisión a opositores y límite a la libertad de prensa han sido algunas de las armas usadas para procurar “estabilizar” al país. Es decir, frenar la protesta y desalentar a los manifestantes, mientras permite que gobiernen aquellos que no fueron electos para tal menester.

Es imposible a partir de ahora saber qué sucederá. Pero sí hay dos hechos inequívocos. Uno, Ecuador está en emergencia democrática, y la única forma de dirimir en política este tipo de situaciones es pedirle a la ciudadanía que vote, más aún cuando esto es permitido constitucionalmente a través del mecanismo de muerte cruzada (se disuelve todo: Ejecutivo y Legislativo, y se llama a elecciones). Y dos, puede que Lenín sortee transitoriamente este momento gracias al apoyo de sus soportes, pero ya no hay vuelta atrás: el acertijo solo está en la fecha cuándo se pondrá fin a su mandato. Y sea cuando sea el momento de decir “good bye Lenín”, sea ahora o, incluso, llegando hasta el final de su mandato, la competencia electoral en este próximo tiempo solo tiene dos alternativas: el correísmo o un país inestable.

Alfredo Serrano Mancilla 

es director del Centro Estratégico

Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

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La izquierda y la derecha en la política argentina

/ 23 de noviembre de 2021 / 01:10

Cada vez que intento analizar la política argentina, llego a la misma conclusión: además del omnipresente marco del peronismo, no debemos perder de vista todo lo que podría explicarse desde el clivaje tradicional entre izquierda y derecha.

La hipótesis de partida es que el reciente resultado electoral de las legislativas dibuja un panorama político claramente alineado en cuatro bloques ideológicos: la izquierda, el centroizquierda, la derecha, y la extrema-derecha.

1) La izquierda. Es uno de los grandes ganadores de esta elección. Está encarnado en el Frente de Izquierda (FIT). Ha logrado obtener 1,4 millones de votos. Se constituye así en una fuerza política nacional con voz y voto.

2) El centro-izquierda. Que abarca un espacio más amplio y heterogéneo, con sectores que son tan de izquierdas como los que podríamos encontrar en el FIT; con otras facciones más defensoras de una línea socialdemócrata; y con otra parte en sintonía con esos “fanáticos centristas”, como los llama Stiglitz, más cercanos a una opción socioliberal. Toda esa amalgama conforma el Frente de Todos, en el que hay peronistas de izquierda, peronistas de centro, radicales socialdemócratas, y también gente de izquierda no peronista. Sumaron 7,8 millones de votos.

3) La derecha. Está representada por la coalición Juntos por el Cambio. El núcleo central reside en una corriente de derecha tradicional que presenta dos caras, una más radicalizada que la otra, pero sin grandes diferencias en su corpus teórico neoliberal. En esta alianza también participan peronistas y radicales de derecha. Obtuvieron 9,8 millones de votos.

4. La extrema derecha. Muy alineada con los valores del trumpismo. Se exhiben como libertarios, pero en el fondo son ultraconservadores que no saben convivir con los principios democráticos básicos. En Argentina, se llaman Avanza Libertad y La Libertad Avanza, “tanto monta, monta tanto”. Consiguieron 1 millón de votos.

Y aún nos falta un quinto bloque, imprescindible para descifrar la ecuación completa: el “abstencionismo nuevo”. Nos referimos a aquel ciudadano que iba a votar habitualmente pero que, tanto en las elecciones PASO como en las recientes legislativas, prefirió quedarse en casa. Si comparamos los datos 2021 con 2017 (no con 2019, por coincidir con las presidenciales), el “abstencionismo nuevo” supone unos 2 millones. Es decir, casi un 6% del padrón electoral, del que todavía no sabemos a ciencia cierta si se trata de un fenómeno coyuntural o perpetuo.

La resolución en los próximos tiempos de este dilema será determinante en la disputa izquierdaderecha. Si el “abstencionismo nuevo” pasa a ser crónico en los próximos años, entonces, la sumatoria de votos de la derecha y extrema derecha (10,8 millones) superaría a la de la izquierda y centro-izquierda (9,2 millones). Esta potencial correlación de fuerzas indudablemente tendría su correlato en posiciones en relación al Estado y las políticas sociales, la política exterior, el modelo económico, etc.

La única manera que tiene la izquierda de modificar esas proporciones actuales es sintonizar políticamente con gran parte de su exelectorado (el que no fue a votar). ¿Cómo? No hay receta simple para tan mayúsculo desafío. Pero sí hay una premisa básica: ocuparse de lo que cotidianamente preocupa a la gente, y hacerlo bajo los principios que les permitieron conformar mayoría en un pasado no muy lejano.

Las posiciones de izquierda y derecha siempre dependen del tema en cuestión. Como dice Lakoff, no siempre una persona es de una ideología en todo. Hay más contradicción de lo que presuponemos. De ahí la importancia de la “agenda”. La clave está en instalar asuntos que atañen a la gente y salir de burbujas mediáticas que distraen la atención de lo verdaderamente importante. ¿Por qué no hablar de la deuda que tienen las familias en Argentina en vez de debatir hasta el cansancio si el populismo es bueno o malo? Seguramente, existe una mayoría de izquierdas que no está de acuerdo en las prácticas abusivas de unos pocos bancos.

Vienen por delante dos años de alta intensidad política. Y aunque no hay duda que habrá debate garantizado en torno al peronismo, kirchnerismo, radicalismo, trotskismo, macrismo y libertarios, también sería apropiado no perder de vista el viejo clivaje clásico, de izquierda y derecha, porque nos ayuda a entender cómo se ordena el tablero político argentino. Y, lo que es más importante, cómo evolucionaremos en cuanto a los temas fundamentales para el día a día.

En fin, esta es otra forma de explicar lo de la grieta..

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

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Evo, operación rescate

‘Todos compartíamos un estado de ánimo trastornado entre la alegría y la tristeza al unísono’.

/ 7 de noviembre de 2021 / 19:01

DIBUJO LIBRE

Había que valorar las diferentes alternativas y tener la autorización de cada país para atravesar su espacio aéreo. Aunque, antes de todo eso, debíamos asegurar que el aterrizaje en Asunción se llevara a cabo sin ningún tipo de incidentes.

Todo parecía bien atado, pero aún tenía una pequeña preocupación: Evo, Álvaro y Gabriela estaban sin pasaportes. Se me había grabado lo que me había dicho Álvaro en una de las tantas llamadas que nos hicimos a lo largo del día: “Hermano, ni pasaporte ni cédulas. Salimos con lo puesto. Nunca pensamos que íbamos a salir del país”. Más claro, agua.

Eso me generaba un cierto cosquilleo. Todo estaba pactado con Paraguay, pero nunca se sabe si el funcionario de turno, a quien le toca atender la situación en el aeropuerto, hace caso omiso a una instrucción superior, la desconoce o no la conoce, o no dimensiona que se trata de un tema de Estado.

En ese tiempo, mientras el vuelo seguía su ruta entre Chimoré y Asunción, nos dedicamos a lograr todos los planes de vuelo que fueran necesarios. Las diferentes embajadas de México en la región estaban trabajando sin cesar para que la operación llegara a buen puerto.

Aunque es cierto que todavía teníamos la adrenalina a flor de piel, se percibía en el chat de whatsapp llamado AHU-EVO un tono más relajado; tanto fue así que incluso nos concedimos un tiempo para pensar en la importancia de lo que estaba gestándose en esos momentos, un nuevo capítulo de la Historia geopolítica de América Latina.

(…)

Desde los cielos no llegaba ninguna noticia, y esa era la mejor noticia posible. Se acercaba la una de la madrugada y estábamos a la espera del aterrizaje en Asunción. Los mensajes y llamadas se sucedían. Venían de todas partes, y muy especialmente desde el continente latinoamericano, que estaba con todos los focos puestos en esa secuencia.

(…)

La siguiente buena nueva ya me agarró en casa.

[12/11/19 01:24:42] Alfredo Serrano: Esperamos confirmación de nuestro piloto estrella?

[12/11/19 01:30:08] Alfredo Serrano: La tenemos?

[12/11/19 01:30:46] Piloto Froy Sacar Evo: Hola. Llegando.

[12/11/19 01:31:06] Efraín Guadarrama Mx:

[12/11/19 01:31:46] +59162001778:

[12/11/19 01:32:10] Alfredo Serrano: Esoooooo!!!

[12/11/19 01:32:12] Max Reyes: Bien, Froy.

[12/11/19 01:32:31] Alfredo Serrano: Muy muy contentos… Avisa por fa cuando aterrices…

[12/11/19 01:35:03] Alfredo Serrano: Froy, aterrizaron? O estás en eso?

[12/11/19 01:35:10] Piloto Froy Sacar Evo: Aterrizamos.

Ahora sí. Evo estaba con vida, así como Álvaro y Gabriela, y fuera de Bolivia. Nos parecía mentira. Pensé que era muy tarde para llamar a Alberto y opté por mandarle un mensaje:

[12/11/19 01:36:11] Alfredo Serrano: Buenísima noticia!!! Ya tenemos el avión en Asunción, aterrizado… Qué alegría!!

[12/11/19 01:38:23] Alberto Fernández: Ufff, por fin… Ningún problema en la llegada??

[12/11/19 01:39:11] Alfredo Serrano: Todo perfecto.

[12/11/19 01:39:49] Alberto Fernández: Lo conseguimos!!!!!! Evo con vida a salvo!!!

[12/11/19 01:40:12] Alberto Fernández: Y cuándo salimos a México? Recuerda que tenemos el permiso para sobrevolar Brasil.

[12/11/19 01:41:11] Alfredo Serrano: Sí, sí, ya estamos con eso. Estamos preparando.

La ruta de vuelta debía evitar pasar por Bolivia; esa era la única limitación. No tenía ningún sentido volver a atravesar ese espacio aéreo después de lo que nos había costado salir. El recorrido se haría más largo, pero merecía la pena, por seguridad.

Quería hablar con Álvaro, pero sabía que su teléfono no estaría activo en el extranjero. Le pedí a Froylán que lo hiciéramos a través del suyo. Pude intercambiar unas palabras que me sirvieron para testear su estado de ánimo, que era más bien contradictorio: dichoso por haber salvado la vida de Evo, pero también afligido por dejar su país, por saber que partían con una derrota a cuestas. Me sorprendió su capacidad para evaluar con perspectiva histórica ese momento.

Todos compartíamos un estado de ánimo trastornado entre la alegría y la tristeza al unísono. Sin embargo, un sentimiento compartido reinaba en el ambiente: la satisfacción plena por haber realizado con éxito los propósitos que nos habíamos autoimpuesto la noche anterior. Apenas habían pasado algo más de veinticuatro horas. Nos parecía una eternidad, una inmensidad.

En Asunción todo transcurrió sin ningún contratiempo. No pidieron pasaportes a los pasajeros, repostaron el combustible con gran velocidad y autorizaron el vuelo una vez que se cumplimentaron todos los trámites administrativos.

[12/11/19 01:58:33] Piloto Froy Sacar Evo: Me dicen el canciller de México hay permisos de sobrevolar Perú-Brasil y Ecuador.

Todo estaba en orden. Los permisos de sobrevuelo de tres países estaban concedidos. Ahora solo faltaba materializarlos, o sea, lograr el documento que lo acreditara formalmente para cada país.

Se habían enviado los formularios de solicitud de sobrevuelo a todas las autoridades competentes de los tres países en cuestión. Y recibíamos con júbilo y algarabía cada autorización concedida, como si fueran goles de nuestra selección en un mundial de fútbol.

Ya habían pasado las cuatro de la madrugada, de ese lunes a martes, y estábamos a la espera de los permisos. El primero en llegar fue el de Brasil; luego, a los diez minutos el de Perú. Y faltaba el de Ecuador. Se hizo esperar, pero llegó a las 4:37.

[12/11/19 04:39:00] Piloto Froy Sacar Evo: Ya nos vamos.

[12/11/19 04:39:04] Efraín Guadarrama Mx: Vamos!!!

[12/11/19 04:40:18] Pari Diego Bolivia canciller: Muchas gracias!!!

[12/11/19 04:41:23] Piloto Froy Sacar Evo: Gracias a todos.

[12/11/19 04:43:41] Piloto Froy Sacar Evo: Iniciamos.

[12/11/19 04:44:01] Efraín Guadarrama Mx: Buen viaje.

[12/11/19 04:44:13] Alfredo Serrano: Gracias gracias gracias gracias. Solo sé decir gracias y más gracias.

[12/11/19 04:52:24] Pari Diego Bolivia canciller: Muchas gracias!!!

[12/11/19 04:52:31] Piloto Froy Sacar Evo: En pista.

[12/11/19 04:55:12] Piloto Froy Sacar Evo: Despegando.

(*) Este es un fragmento del libro Evo Operación Rescate. Una trama geopolítica en 365 días (Editorial Sudamericana), de Alfredo Serrano Mancilla. Se narra el momento en el que el avión mexicano había partido de Bolivia, con Evo, Álvaro y Gabriela, con destino a Paraguay. El objetivo era parar, repostar y luego tomar rumbo a México.

CELAG, Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica.

 (*)Alfredo Serrano M. es economista, director del CELAG (*)

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Argentina, entre PASO y PASO

/ 9 de septiembre de 2021 / 01:24

Estimar el resultado de una elección legislativa siempre es una tarea altamente compleja. Si, además, se trata de unas PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), entonces, es casi misión imposible. Sin embargo, nada ni nadie es capaz de detener el “espíritu insaciable adivinador” de las encuestas. Contra viento y marea, lo importante es presentar una cifra sea como sea, aunque ésta tenga que afrontar una apatía generalizada de la ciudadanía ante una contienda electoral. Es decir, hay que hacer lo que sea para obtener respuestas, aunque las preguntas no sean de interés para los encuestados.

En Argentina, hace varias semanas que comenzó el baile de números en relación a la intención de voto de las principales fuerzas políticas de cara a las PASO a nivel nacional y también a escala provincial. Hay para todos los gustos y colores. Muchas de ellas arriman el agua a su molino. Esto es, fuerzan sus números para contentar a su contraparte, sea porque les paga o porque les simpatiza, hasta al punto, por ejemplo, del inolvidable ridículo que hizo Management & Fit precisamente en unas PASO, en las presidenciales de 2019, cuando auguraba empate técnico y al final acabó ganando el Frente de Todos por más de 16 puntos.

Nosotros, como CELAG, también hemos participado en este festín, pero a nuestra manera. Quiero decir: nuestra obsesión no es dar con precisión un número de cara a las PASO; nuestro objetivo es caracterizar el panorama político y electoral en el marco de las legislativas, con sus dinámicas y tendencias.

Para ello, hemos realizado una encuesta en estas últimas semanas (2 al 23 agosto), a nivel nacional, con 2.002 casos, con sistema CATI (Computer Assisted Telephone Interview). (Ésta podría considerarse como la segunda fórmula más confiable para entrevistar, muy por encima del aluvión de encuestas IVR (Interactive Voice Response) y las que se hacen “por internet”; lo ideal es lo presencial, pero aún estamos en tiempo de pandemia).

A partir de este estudio, nuestras principales hipótesis se podrían resumir en tres ejes. 1) En relación al reparto de las dos fuerzas más destacadas, el panorama es parecido al de las presidenciales de 2019: a) El Frente de Todos continúa con un nivel de fidelidad muy similar al de hace dos años. Posee un piso muy sólido y elevado (30-33% sobre el padrón electoral) y, a partir de ahí, tiene margen para alcanzar la votación lograda en 2019. Ese “voto probable” sigue estando cerca, a pesar de ser más crítico. b) Juntos por el Cambio conserva su núcleo duro, pero presenta una gran dificultad para ampliar su base. No logra transitar a ser un “Frente”, que sume y amplíe, y por ahora se queda en una suerte de “Mínimo Común”, muy anclado en lo que aportan Macri y Bullrrich, quienes siguen estancados y con una imagen positiva baja. Larreta y Vidal tienen mejor imagen, pero aún no comandan ni les dejan. La disputa interna está servida.

2) En relación al presidente y la vicepresidenta: a) Alberto Fernández cuenta con mayor apoyo (visto en imagen, sentimientos positivos y atributos) que el porcentaje de votos que obtuvo en las elecciones de 2019. Muchos ven su caída de imagen desde inicios de 2020 como una catástrofe. Sin embargo, no tienen en cuenta que no se pierde lo que no se tiene. La imagen positiva de 70-90% es pura ciencia ficción, algo efímero. En política, un 50% de imagen positiva después de dos años vale más que un 90% momentáneo, como el que se puede tener en plena luna miel al inicio del mandato. El Presidente logró estabilizar su imagen positiva en 46% luego de la caída provocada por la “foto en Olivos”. b) Por su parte, Cristina Fernández continúa con estabilidad en su imagen y su nivel de apoyo desde 2019 hasta hoy en día. Es una base leal innegociable que supone el núcleo sobre el que se edifica el “Frente Ampliado”.

3) En lo económico, tres dimensiones: a) Las necesidades económicas están encima de la mesa. Se valora algo mejor la gestión económica de lo cotidiano, pero aún es insuficiente. Precios de medicamentos y alimentos y salarios/empleo es lo que más preocupa a las familias. Y también el endeudamiento creciente para afrontar gastos básicos. b) La combinación de herencia macrista y pandemia es hasta el momento considerada como la principal responsable de la actual situación económica. Pero seguramente esto no persistirá por mucho tiempo más. c) La sociedad sigue manteniendo sentidos comunes progresistas (aprecio por el rol del Estado, necesidad de más salud pública, el “cepo” es necesario, no podemos pagar la deuda al FMI a cualquier coste —éste tiene una imagen negativa muy alta—).

En el CELAG consideramos que lo que salga de las PASO, primero, y de las legislativas, después, será parecido a la fotografía de octubre 2019, con un más-menos propio de singularidades de cada cita electoral (caída de participación, aparición de otras iniciativas electorales, el componente territorial). Las presidenciales de 2023 aún están demasiado lejos.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).

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El enigma de lo popular

/ 26 de agosto de 2021 / 00:48

Le encanta conceptualizar lo de ‘pueblo’, pero le molesta cuando el pueblo con ojos, nariz y boca se le acerca a pedirle una selfie”. Esta frase, tan lapidaria como provocadora, me la comentó un amigo acerca de un dirigente político que se jactaba de teorizar de cómo hay que sintonizar con el “pueblo”, pero que luego le incomodaba tener el más mínimo roce con la gente que habita las calles de cualquier ciudad. ¡Que viva el pueblo, pero cuanto más lejos de mí, mejor!

¿Nos estará pasando algo similar como Progresismo Latinoamericano? ¿Será que interpelamos a la clase popular creyéndonos que se trata de la clase media? ¿Será que abusamos de una visión paternalista en base a prejuicios? ¿Será que no entendemos sus códigos porque tenemos otros marcos referenciales?

No hay respuesta única para un asunto de dimensiones tan complejas. Debemos considerar un eje clave: la episteme local, que determina qué es lo popular, desde lo económico, social y cultural. No debemos caer en la trampa de considerar a América Latina como un todo monolítico. Seguramente encontraríamos infinitas diferencias si comparamos el comportamiento de los sectores populares en Colombia y Argentina. También debemos considerar otros aspectos determinantes como el clivaje rural/urbano, el género, la edad, etc.

Esta gama de variables nos obliga a enfrentar un dilema de época en el que no caben atajos. Este desafío para el progresismo es impostergable. Y más si consideramos que la pandemia ha hecho estragos, que el neoliberalismo está en crisis de respuesta y expectativas y que se ha iniciado la segunda ola progresista a nivel regional en este siglo XXI, por lo que todos los focos están puestos sobre los nuevos proyectos políticos que tienen como base, precisamente, la mejora de las clases populares.

¿Y qué es justamente lo que la misma clase popular entiende como mejora para sí? Estoy seguro que si a una pareja con bajísimo nivel de ingresos le hablamos de que debe esforzarse para mejorar su situación, seguramente nos mandará “a la mierda” porque ambos se despiertan a las 05.00 y regresan a casa a las 23.00 (en encuestas CELAG, alrededor del 80%, en ocho países de la región, considera que el origen de la riqueza no está en el esfuerzo); si hacemos referencia a la importancia de la deuda externa nos dirán que lo que les preocupa es el endeudamiento que no les deja vivir porque los intima la tienda de la esquina u otro prestamista informal; inclusive, en muchos países, si pretendes implementar una necesaria agenda feminista, una mayoría de mujeres aún no están del todo de acuerdo (como lo hemos visto en encuestas de CELAG en Perú, Ecuador, Bolivia y Paraguay).

El otro tema recurrente es el de la “meta aspiracional” que, si bien es cierto que hay un patrón de imitación de la clase media, también es cierto que este horizonte no es inmóvil. Cuando una familia no puede llegar a mitad de mes, deja de pensar en aquello que pensaba cuando tenía la posibilidad de llegar a fin de mes con relativa holgura. Las prioridades y hasta los sueños mutan al compás del cambio en las condiciones materiales.

Esto no significa que las clases populares estén despolitizadas. Aceptar esta premisa es lo que pretende hacernos creer la iglesia neoliberal. La clave está en saber cómo la gente se politiza, sobre qué temas, qué les preocupa. Conocer si de verdad se sienten representados por la clase dirigente que quiere defenderlos. En muchos casos ocurre que encontramos un porcentaje marginal de representantes y candidatos progresistas de extracción popular, salvo excepciones como Pedro Castillo en Perú o Evo Morales en Bolivia. El tipo de liderazgo también importa. Vargas Llosa nunca ganó una elección.

¿Por qué un barrio popular le ha dado la espalda a un candidato progresista si es éste el único que seguramente tomará medidas en su favor? Para muestra la votación a favor de Lasso en zonas populares de Quito. La mejor explicación es mirar holísticamente la relación que tenemos con lo que llamamos “lo popular”, muy por encima de campañas y apuntes coyunturales.

Estas reflexiones constituyen un esbozo de lo que estamos interpelando en CELAG. Al enigma de lo popular solo lo podremos afrontar con éxito asumiendo que aún estamos lejos de saber a ciencia cierta cómo piensan, sienten, consumen, votan, sueñan, cuál es su unidad de tiempo (cómo conjugan presente y futuro). Y si nos toca cambiar metodologías y marcos teóricos, pues deberá hacerse tanto como sea necesario.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).

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De Lima a Puebla

/ 12 de agosto de 2021 / 01:12

En geopolítica la distancia física no siempre es el mejor indicador de la verdadera distancia que existe entre dos ciudades. Lima y Puebla, hoy en día, están separadas por mucho más de los 4.165 kilómetros que indica cualquier mapa. Ambos enclaves representan simbólicamente dos visiones diametralmente opuestas en la manera de concebir las relaciones políticas en América Latina.

En edad, el Grupo de Lima (GL) es mayor que el de Puebla (GP), en casi dos años. El primero fue creado el 8 de agosto de 2017, mientras que el segundo nació un 12 de julio de 2019. Sin embargo, no por mucho madrugar amanece más temprano. Este “empezar antes” del GL no ha supuesto de ningún modo una ventaja comparativa respecto al GP. En verdad, lo relevante no es el momento de nacer. La clave siempre está en cómo se evoluciona en el camino. El GL empezó con gran ímpetu, pero progresivamente fue evaporándose. Justo lo contrario de lo que le sucede al GP, que inició su periplo inadvertidamente, pero a medida que transcurren los meses se va transformando en un pivote geopolítico cada vez más sólido a nivel regional.

¿Por qué el GL fue de más a menos y el GP de menos a más? ¿Por qué el GL parece haber envejecido tan rápido y, por el contrario, al GP no se le encuentra su fecha de caducidad? He aquí algunas razones, tanto de lo uno como de lo otro.

En relación al GL, su precoz obsolescencia se explica porque: 1) fue fabricado para un único objetivo: acabar con el gobierno de Nicolás Maduro. El propósito no se logrará, y por tanto, se diluye su razón de existir. 2) Tiene un asidero estrictamente coyuntural; dependía excesivamente de una correlación de fuerzas en un determinando momento de la historia sin prever que en democracia hay elecciones y no siempre ganan los presidentes conservadores/ neoliberales (véase Macri en Argentina, el caso boliviano y peruano). 3) Nació bajo la tutela de Trump, pensando que sus demencias antidemocráticas podrían llegar a ser hegemónicas en América Latina. Y no lo fue ni en la región ni en Estados Unidos, donde no consiguió revalidar su mandato. 4) Su composición genética se encuentra alejada de todo aquello que le preocupa cotidianamente a la ciudadanía. Jamás el Grupo de Lima habló de políticas sociales o de iniciativas económicas; ni siquiera de qué hacer frente al COVID. 5) La matriz neoliberal ha entrado en una profunda crisis, sin respuestas ni expectativas, y enfrenta un delicado punto de bifurcación en relación a qué hacer con la democracia: si respetarla o violarla cuando no se obtiene victoria electoral.

Por su parte, en dirección opuesta, el GP continúa yendo a más porque: 1) Nace por fuera de los gobiernos, es decir, es un espacio que aglutina a expresidentes, presidentes y ministros, pero también a otros representantes políticos que son alternativa en algunos países; además de académicos, intelectuales y periodistas. Así, el GP conforma su solidez muy por encima de una victoria o una derrota electoral. 2) Se caracteriza por la amplitud del universo progresista. Está diseñado con una premisa básica: el disenso en matices al interior del progresismo no es visto como falta de unidad sino como fortaleza. 3) Se dedica a múltiples tareas que sí son de interés público latinoamericano: buscan mejorar la economía con gran variedad de iniciativas, demandan respuestas frente al COVID, acompañan procesos electorales, alzan la voz contra los bloqueos, etc. 4) Tiene una mirada de largo plazo (por ejemplo, terminar con la injusta OEA de Almagro), pero con un virtuoso don de la ubicuidad en el corto plazo (qué hacer en medio del golpe de Estado en Bolivia). 5) No tiene tutela externa ni un dominador interno. Es evidente que hay rostros muy visibles (Marco Enríquez-Ominami en su rol de articulador, Alberto Fernández y Luis Arce como presidentes, ahora también Pedro Castillo, la presencia del Gobierno de México, expresidentes como Zapatero, Evo, Correa, Dilma, Lula y Samper), pero ninguno tiene más poder que otro. El equilibrio reside en la heterogeneidad.

En política no hay casi nada que permanezca estático. El GL pensó que sí, y creyó que el contexto en el que nació persistiría para siempre. Y no. Eso ya fue. Su autoprofecía del “fin del ciclo progresista” les falló. Su obsesión contra el Gobierno de Venezuela les cegó. Y, para colmo, están sin su Norte fundacional, o sea, gobierna Biden en vez de Trump.

En ese marco, el GP ha sabido dar pasos, poco a poco, con firmeza construyendo cimientos y una red de confianza; y, a partir de ahí, haciendo camino al andar. Y lo más importante: sintonizando con la evolución de los sentidos comunes latinoamericanos en cuanto a la necesidad de un Estado protagónico en las políticas sociales, un modelo económico más justo e inclusivo, a favor del impuesto a las grandes fortunas, más integración regional, más multilateralidad y más democracia.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).

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