Voces

Sunday 25 Sep 2022 | Actualizado a 14:35 PM

Coches eléctricos bolivianos

/ 22 de octubre de 2019 / 01:46

La puesta en venta de los primeros coches eléctricos hechos en Bolivia, semanas atrás, acaparó la atención de la opinión pública. Pues esta noticia no solo daba cuenta de un salto cualitativo en la industria automotriz nacional (para alegría de todos los bolivianos), sino también la existencia de un vacío legal que impedía legalizar la circulación de vehículos bolivianos —paradójicamente— en territorio nacional. Esto porque hoy en día la póliza de importación de un vehículo constituye un requisito indispensable para obtener el certificado de propietario (RUAT), las placas de control y el SOAT. Documentos sin los cuales no se puede transitar.

Ante este absurdo burocrático, que no pasó desapercibido dentro y fuera del país, el Gobierno se comprometió a resolver este vacío legal cuanto antes. Una tarea más que necesaria, y no solamente para promover la industria automotriz nacional, sino también para cuidar el medio ambiente. Y es que, como bien se sabe, la polución generada por los motores a diésel y gasolina es uno de los principales responsables del calentamiento global. Además, está relacionada con una mayor incidencia de arteriosclerosis, enfermedades respiratorias, cáncer, diabetes y problemas en el desarrollo neuronal, según investigaciones difundidas por la OMS. De allí que la venta masiva de vehículos eléctricos constituye una necesidad ética, de salud y medioambiental de primer orden.

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El sistema migratorio de EEUU es obsoleto

/ 25 de septiembre de 2022 / 02:34

Desde abril, el gobernador de Texas, Greg Abbott, ha enviado en autobús a más de 7.900 migrantes a Washington DC. En agosto, comenzó a enviar migrantes a Nueva York. Ahora, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, se está sumando, y envió dos aviones llenos de personas que llegaron a Estados Unidos a Martha’s Vineyard, en Massachusetts. Al referirse al tema, Abbott pone en evidencia a los gobernadores de los estados demócratas que dicen dar la bienvenida a los migrantes indocumentados. También es parte de un plan republicano no tan secreto para incitar la ira contra los demócratas antes de las elecciones intermedias.

Dejando de lado la política, una cosa está clara: nuestro sistema migratorio es obsoleto y está sobrecargado desde hace mucho tiempo, y el proceso de asilo es una parte importante de lo que no funciona. El número de nuevas solicitudes de asilo presentadas en los tribunales migratorios de Estados Unidos aumentó de 32.895 en todo 2010 a 156.374 en 2022 y todavía faltan cuatro meses para que termine el año. Esto se debe en parte a que los conflictos y el COVID-19 generaron una migración masiva en todo el mundo. Los tribunales migratorios no han podido seguir el ritmo del aumento de la oleada de recién llegados.

Estas cifras reflejan un incremento reciente en la inmigración. En los últimos dos años, se les permitió ingresar al país a cerca de un millón de personas que esperan una audiencia ante el tribunal migratorio. A cada persona se le dio un año para presentar su solicitud de asilo. Eso no es solo un fenómeno de la era Biden: el gobierno de Trump admitió un número similar de casos durante un lapso de 24 meses en 2018 y 2019, años en los que se produjo el último gran aumento de la migración. En conjunto, esos números saturaron el sistema.

Parte del problema es que el asilo es una de las pocas vías legales a las cuales las personas que están en una situación económica desesperada pueden recurrir para vivir y trabajar en Estados Unidos. Los solicitantes de asilo cuyos casos son auténticos son los más afectados por estas peticiones falsas, que aumentan de manera considerable el tiempo que deben esperar protección jurídica.

El brote mundial de COVID-19 supuso una nueva oportunidad de disminuir las solicitudes de asilo. El título 42, la política de salud pública relacionada con la pandemia que el gobierno de Trump implementó en marzo de 2020, ha permitido a las autoridades estadounidenses expulsar con rapidez a los migrantes en la frontera sin otorgarles la oportunidad de presentar una solicitud de asilo. A muchos de ellos se les regresa a México, lo cual los expone a más peligro. El gobierno de Biden anunció que reabriría el procesamiento de asilo en la frontera y buscaría poner un alto al uso del título 42, pero más de 20 fiscales generales republicanos presentaron demandas para mantener en vigor dicho título.

El título 42 acabará por eliminarse; en ese momento, el país se apoyará en el título 8, la regla que prevalecía antes de la pandemia en virtud de la cual los agentes estadounidenses pueden deportar o multar de inmediato a las personas que sean sorprendidas entrando al país de manera ilegal, a menos que se considere que cumplen los requisitos para solicitar asilo. Esto es justo; un sistema bien gestionado debe estar facultado para descartar y expulsar sin demora a las personas con solicitudes infundadas, al tiempo que conecta a los que tienen casos auténticos con redes de apoyo social. En este frente, el gobierno de Biden no ha recibido el crédito que merece por un importante, aunque subestimado, cambio de reglas que podría reformar el sistema.

La nueva norma no es el tapete de bienvenida que muchos activistas de los derechos de los migrantes querían del gobierno de Biden después de cuatro años del mandato de Trump. Tampoco es el tratamiento de tolerancia cero que muchos republicanos ven como la única manera de disuadir que los migrantes se acumulen en la frontera. Pero es una política sólida basada en recomendaciones y una extensa investigación de grupos respetados, incluido el Instituto de Política Migratoria, que es apartidista.

En una época en la que los estadounidenses ya están en desacuerdo sobre lo que podríamos llamar valores fundamentales —las creencias culturales que mantienen unido al país— es razonable preocuparse de que la llegada de más migrantes complique la tarea de forjar un futuro común. Sin embargo, también es una cuestión que afecta la esencia de lo que somos y si seguiremos siendo un lugar donde los cansados, los pobres y las masas hacinadas del mundo puedan tener una segunda oportunidad. Para ser fieles a nuestra identidad como país pluralista, necesitamos un sistema de asilo que garantice que las personas que reúnen los requisitos para recibir protección puedan obtenerla, al tiempo que se minimiza el abuso del sistema por parte de quienes solo intentan saltarse la fila.

Farah Stockman es columnista de The New York Times.

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Matria íntima

/ 25 de septiembre de 2022 / 02:32

Agobiado por un tinnitus desatado por las ingestas descontroladas en las fiestas de devoción al Tata Santiago- Tata Illapa, fuimos a buscar una sierra de carpintería de 42 cm a las ferreterías antiguas de la avenida Buenos Aires. Dicha excursión fue un fracaso, otra había sido realizada semanas antes en la inmensa feria de la 16 de Julio, también infructuosa. Decidí volver a mi favela de la ladera y para ello monté a un minibús al lado del maistrito conductor, furibundo fan de la cumbia y así, con el volumen a todo ku’chi de sus temas favoritos, recorrimos ese tramo de comercio endiablado donde cada espacio está ocupado y el abigarramiento no deja resquicio alguno en este textil humano.

Con un mohín de molestia, le rogué al conductor que bajara el volumen de su radio, me dirigió una mirada de paramilitar y cambió de emisora a una religiosa, en ella un pastor alertaba sobre la inminente llegada de Jesucristo para meter en una gigantesca hoguera a todos los pecadores. Durante el trayecto, escuchamos la cadena de torturas y padecimientos a los que serían sometidos todos los herejes y paganos que quemaban mesa para la Pachamama e iban a los prestes a pecar y rendir devoción a estatuas de yeso. Por supuesto yo era un candidato perfecto para tal venganza celestial. Pensé, en ese momento, que era mejor escuchar a David Castro, Luna Cruel o a cualquier grupo de bulliciosos cumbieros que hacen de su ritmo percutivo una especie de mantra que nos hipnotiza en las fiestas. Sin embargo, nadie escuchaba, era solo un acompañamiento al viaje porque todos los pasajeros estaban presos de sus celulares. Recientemente había perdido a mi comadre Wendy, componente de nuestra cofradía de devotos del Tata y de Amaru, el hijo del músico Adrián Villanueva, mi compañero de colegio. Escoltado por estos sentimientos y el irritante tinnitus, arribé a mi ladera, divisé un saco del que emergían unas papas de piel dorada y me acerqué a mi casera Lidia que me recordó: —¡Por qué no has escrito la semana anterior! Y recién me percaté de mi olvido y pensé: —Ya estoy kaivo, ¡Cómo me olvidé! Lidia me relató que ya había sembrado la papa en su comunidad y que para noviembre estará lista la cosecha. Me enseñó que la papa es siempre hembra y que se la debe respetar y festejar para que sus frutos alimenten a las personas. Compré una cuartilla y la cociné, era sabrosa y harinosa y puede servir para puré o fritura, en tanto bullían me puse a revisar el calendario de festividades en septiembre: el 8 fue de la Virgen de la Natividad, en la zona Luis Espinal de El Alto, en Peñas, Kasani, Chuchulaya; del Señor de la Exaltación en Central Dolores en El Alto, Santiago de Machaca, Garita de Lima, en Obrajes, Vino Tinto, Calamarca, en Cota Cota, Villa Ingavi en El Alto, Rosas Pampa, Sorata, en Tiwanaku, Villa Exaltación en El Alto, Caja Ferroviaria; el Señor de Lagunas, en Alto Tejar; del Apóstol San Mateo, en el Cantón Sivicani; la Octava de Exaltación en Puerto Chaguaya. Viene la fiesta de mi virgencita, la Mechita, la patrona de los presos, en Valencia, Chiaramaya, Karhuisa, Villa Esperanza, en la penitenciaría de San Pedro, Centro de Orientación Femenina de Obrajes; y finalmente la fiesta de San Miguel, en Iruma, provincia Aroma y en Palomar, río Abajo. Como se podrá apreciar, los candidatos a arder son millares y forman ese entramado íntimo que la patria oficial desconoce. Patria es, popularmente, la tierra natal o adoptiva, ordenada como nación, a la que se siente arraigada el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y, sobre todo, en las clases populares, afectivos.

En cada barrio, como en el mío, el entramado humano se vuelve casi familiar, aquí viven personas de todas partes y el afecto que cultivamos entre compadres y amistades con los que convivimos es sustancial. El aislamiento de la pandemia y las turbulencias políticas generaron una ruptura; ahora estamos sanando las heridas porque nos necesitamos entre todos. El espíritu comunitario nunca se extinguió y el valor de la vida prevalece en esta Matria íntima que nos cobija como una madre.

Édgr Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Un mundo más inseguro

/ 25 de septiembre de 2022 / 02:25

Las medidas adoptadas recientemente por Putin colocan al mundo en un nivel inédito de inseguridad, casi similar al de la crisis de los misiles en Cuba en 1962. Las principales diferencias estriban en que en esa ocasión las decisiones estratégicas definitivas estuvieron a cargo de Kennedy y Jruschov, y excluyeron al propio Castro. En cambio, ahora hay varios actores involucrados directa e indirectamente en el conflicto de Ucrania, cada uno con intereses y posiciones diferenciadas, además de que por de pronto no existe condición alguna para una mediación eficaz que logre sustituir la confrontación bélica por una negociación diplomática.

La movilización parcial hasta un total de 300.000 nuevos reservistas; la convocatoria a cuatro referendos similares al de Crimea en 2014 en los territorios ocupados en la zona del Donbás, y la amenaza de recurrir a la utilización de armas nucleares tácticas en caso de que continuaran las sanciones a Rusia por parte de los Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea, parecen responder a la exitosa contraofensiva de Ucrania, que ha cambiado el curso de la guerra y coloca a Putin en una posición defensiva, la cual podría traer consigo sensibles repercusiones internas. Esta perspectiva se agrava en la medida en que, debido a las sanciones impuestas a ese país, su industria militar no recibe los suministros tecnológicos necesarios para el mantenimiento y reparación de sus equipamientos y artefactos bélicos.

La guerra en Ucrania tiene también repercusiones en otras zonas del mundo, sea porque se ha suspendido el abastecimiento de gas proveniente de Rusia, como es el caso de Alemania, o sea porque resulta imposible la exportación de trigo, maíz y aceite de oliva desde Ucrania hacia los mercados de Europa y África. Ante los riesgos evidentes de una hambruna en varios países del África, la mediación del Secretario General de las Naciones Unidas ha logrado algunos embarques de alimentos desde el Mar Negro hacia los puertos del norte de África. Nada dice sin embargo que esto pueda continuar en el futuro, puesto que la escalada de la guerra podría incluso llegar a inutilizar total o parcialmente los puertos y barcos aptos para el mencionado propósito humanitario.

Dicho esto, conviene tener en cuenta que la guerra de Ucrania no ha originado todas las calamidades que amenazan al mundo. Así, por ejemplo, la posibilidad de avanzar en los compromisos de combate al cambio climático se ve seriamente dificultada por la imposibilidad de cumplir con los compromisos colectivos adoptados sobre la materia en las reuniones pasadas de la Conferencia de las Partes (COP). Son por tanto inciertas las perspectivas sobre los resultados de la COP 27, convocada para noviembre en Egipto.

Por otra parte, algunos países industrializados tienen necesidad de poner de nuevo en funcionamiento sus fuentes de energía nuclear y del carbón, con el retraso consiguiente en cuanto a la instalación de fuentes de energía renovables.

Por consiguiente, los desastres naturales que trae aparejado el calentamiento global seguirán causando sufrimiento humano y destrozos materiales cada vez mayores.

Un tercer aspecto que provoca gran incertidumbre internacional es el que se relaciona con la inflación rebelde que campea en todas las zonas económicas, con los efectos de profundizar las brechas sociales y aumentar la pobreza. Por de pronto, las medidas monetarias adoptadas por los principales bancos centrales del mundo lograrán su objetivo únicamente al costo de alentar una gran recesión internacional, que ya se anuncia por parte de varios observadores para el próximo año.

Por último, el conjunto de circunstancias mencionadas anticipa claramente una inminente crisis de deuda externa, alimentada por el nivel del endeudamiento de algunos países de Europa y América Latina y el aumento del costo del financiamiento.

Horst Grebe es economista.

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Ángeles y demonios

/ 25 de septiembre de 2022 / 02:23

Los seres humanos, ya quedó ampliamente demostrado, somos capaces de los actos más crueles, más obscuros y malvados, como somos capaces de transformarnos en centros de irradiación de ternura, de compasión y de bondad. Somos, en un mismo cuerpo, ángel y demonio.

Perros matados, sin piedad, salvajemente, a palos, en un botadero. La investigación en la ciudad de El Alto sobre este hecho está en curso a raíz de una denuncia de Comunidad Ciudadana pero imágenes provenientes de un celular nos han lastimado el fondo del pecho y nos avergüenzan como sociedad. Sin embargo, devuelve el aliento saber que hay mujeres y hombres (afortunadamente entre ellos muchos jóvenes) amantes de los animales y comprometidos con acabar el sufrimiento, el abandono o el maltrato tanto a perros o gatos como a tantas especies silvestres víctimas de nuestra violencia contra una naturaleza hoy tras las rejas del salvajismo capitalista y de nuestra ignorancia.

Podemos ser indolentes con otros seres vivos como podemos ser indolentes y abusivos con nuestros semejantes. Lo saben en los barrios paceños de Villa Fátima y Villa El Carmen, donde los estudiantes no pueden ir a estudiar porque las invasiones de organizaciones cocaleras siembran miedo mediante agresiones a quienes nada tienen que ver con estos obscuros conflictos del mundo cocalero; quiebran derechos ciudadanos básicos a punta de dinamitazos aun a costa de sus propias vidas. Al frente está esa otra categoría de personas que, pudiendo dedicar su vida a algo más rentable, velan genuinamente por los derechos humanos, sin permitirse exclusiones en función de sus conveniencias políticas, sin temor al poder establecido, sin utilizar la violación de derechos de los más frágiles pensando en su propio proyecto político o en una estrategia de marketing personal.

El maltrato y el abuso no solo sale de la mano con el palo en un biocidio o de la mano despiadada y odiadora del feminicida. Se puede agredir en las circunstancias menos pensadas, durante nuestros tiempos libres, por ejemplo. ¿O no lo hacen las empresas que ofrecieron conciertos de famosos que llegaron de otros países para estafar a miles de personas que pagaron su entrada sin ver nada? En la otra vereda están los artistas que sí se comprometen con su trabajo. Hace poco las Mentes Ociosas presentaron una velada maravillosa en un restaurant paceño. Como cada vez que convocan, lo hacen para transmitir una propuesta creativa, talentosa y, ante todo, cariñosa y agradecida con su público. Tan por encima de los 40 bolivianos que cobran por entregarlo todo en su escenario, un trabajo envuelto en una manta de cariño que endulza el lugar y diez cuadras a la redonda.

Así pasa donde pongamos la vista. La moneda con sus dos caras rueda por cada rincón de nuestra sociedad boliviana. La cara de esa moneda puede ser un calculador comerciante de ropa que saca a su importación un obsceno margen de ganancia mientras la cruz de la moneda está en una joven diseñadora que en un mercado de arte ambulante ofrece, bajo sol o castigada por el frío de una plaza, sus diseños de bolsos y billeteras, su trabajo cuidado, su trato empático y sus precios amistosos. La cara puede ser un grupo de autoritarios machistas que sacan al Alcalde de Viacha de un inicio de obra, a empujones, para obligarlo a “dialogar” y en acto de agravio le ponen una pollera. El otro lado de esa moneda son todas las mujeres que a diario visten esa pollera para ir a limpiar o cocinar en casas ajenas a cambio de poco; para trabajar en las construcciones pese a la discriminación o el acoso de los albañiles varones; para legislar en una Asamblea donde son mal miradas por algunos señoritos “bien”; para abrir desde temprano su puesto de fruta y enseguida instalarse arriba de las mejores frutillas, de las verdes o rojas manzanas, en la cima de imponentes chirimoyas, escoltadas por ejércitos de plátanos verdes y maduros, para mirarnos y vendernos desde ese trono, con más orgullo, con más elegancia y con mucho más derecho que la mismísima Isabel II.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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Si puedes leer esto, llora

/ 25 de septiembre de 2022 / 02:20

Hace muchos años, una amiga me dijo que era totalmente irresponsable tener hijos en esta época, porque esos niños tendrán que vivir en un mundo sin agua. Su hijo es hoy unos meses menor que mi hija.

Los expertos en clima nos dicen que para cuando nuestros hijos tengan la edad que nosotras tenemos ahora, casi todos los picos de la cordillera andina podrán haberse derretido. Que el Titicaca podrá haber bajado su nivel al punto de dividirse en tres pequeñas lagunas. La Paz podría enfrentar una aguda crisis por falta de agua potable, mientras que en el norte y el este del país el cambio en los patrones de lluvia generaría sequía en el invierno e inundaciones en el verano, destruyendo las selvas y convirtiéndolas en desiertos. En la época en que nacieron nuestros hijos llamábamos Cambio Climático a la causa de estos angustiantes pronósticos. Ahora los científicos la denominan Emergencia Climática. Ese simple ajuste en el nombre ya debería estremecernos.

En 2018, la adolescente sueca Greta Thunberg dejó de asistir a clases cada viernes para manifestarse en solitario demandando la acción de su gobierno contra el cambio climático. Tenía la edad que mi hija tiene ahora cuando empezó un movimiento juvenil mundial de lucha por el futuro del planeta, que es en realidad por su futuro y el de todas nuestras guaguas. A veces parece que olvidamos que el planeta nos antecede por millones de años y así como ha sobrevivido todo tipo de cataclismos, seguramente sobrevivirá los cambios en el equilibrio de los ecosistemas que estamos provocando nosotros. Los que muy probablemente no los sobrevivamos somos los humanos. Y serán nuestros hijos y nietos quienes sufran las consecuencias sociales y económicas de los desastres que estamos empezando a experimentar ahora y, de acuerdo con los científicos, no harán más que agravarse en las próximas décadas.

Esta semana un invierno muy crudo nos dejó, acompañado de un bellísimo arcoíris circular alrededor del sol que no faltó quien viera como un mal presagio. En el hemisferio norte se terminó uno de los veranos más calientes desde que se registran las temperaturas para futura referencia. El insoportable calor estuvo acompañado en Europa de una intensa sequía, que disminuyó el caudal de los ríos dejando al descubierto varias piedras del hambre: mensajes grabados en rocas que solo son visibles cuando el nivel del río baja lo suficiente para presagiar miseria. Una de ellas reza: Si puedes verme, llora.

No puedo dejar de imaginar a los antiguos habitantes de esas zonas ribereñas, agobiados por el hambre pero todavía con fuerzas para esculpir en la roca una advertencia ominosa para las generaciones futuras. No puedo dejar de pensar en mi hija cuando tenga la edad que yo tengo ahora. No puedo dejar de recordar las palabras de una de las responsables del Acuerdo de París, Christiana Figueres:

Cuando nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos nos miren a los ojos y nos pregunten “¿Qué hicieron ustedes?”, nuestra respuesta no puede ser “hicimos lo mejor que pudimos”. Tiene que ser más que eso. Hay solo una respuesta correcta a esa pregunta: “Hicimos todo lo que tenía que hacerse”. En el espacio entre esas dos respuestas está el destino de nuestra especie.

Verónica Córdova es cineasta.

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